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Full text of "José Lameiras Olvera. Etnólogo y maestro"

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José Lameiras Olvera 

Etnólogo y maestro 


Andrés Fábregas Puig 


Colegio de Etnólogos y 
Antropólogos Sociales 



Serie biografías, núm. 3 


























Colegio de Etnólogos 
y Antropólogos Sociales 
Consejo Directivo 2005-2007 

Presidencia 

Femando L Salmerón Castro 

Vicepresidencia 
Laura Valladares de la Cruz 

Secretaría de organización 
Ma. Guadalupe Escarnida Hurtado 
Ángeles Uriega Ponce de León 
(suplente) 

Secretaría de Coordinación técnica 

Luis Alfonso Ramírez 
Pedro Bracamonte y Sosa (suplente) 

Tesorería 

Teresa Rojas Rabie la 
Amulfo Embriz Osorio 

Comité de vigilancia 

Antonio Escobar Ohmstede 
Carmen Bueno Castellanos 

Esta nueva serie de biografías pretende 
divulgar la vida y obra de los antropólogos 
y etnólogos que han contribuido de mane¬ 
ra significativa a la conformación y desa- 
rrollo de las ciencias antropológicas en 
nuestro país. 

Para cualquier asunto relacionado con esta 
serie o con el Colegio de Etnólogos y Antro¬ 
pólogos Sociales, favor de dirigirse al Apar¬ 
tado Postal 22230, Tlalpan 14000, México, 
D, F, o a la siguiente dirección electrónica: 
ceosQC@pahoo. com 

Serie dirigida por Teresa Rojas 
RabieJa. 

Segunda edición 


JOSE LAMEIRAS OLVERA 

Andrés Fábregas Puig' 


Figura indispensable en el contexto 
de la generación de estudiantes que 
ingresó a la Escuela Nacional de 
Antropología e Historia (ENAH) en 
1965, José Lameiras Olvera nació 
en el Distrito Federal en diciembre 
de 1938, de padre gallego y madre 
mexicana. Alto y eléctrico, a Pepe 
Lameiras -como le llamamos entre 
amigos- es imposible imaginárselo 
sin el cigarro, tas gafas y el traje. 
Es el hijo mayor de una familia en 
la que tiene tres hermanos y dos 
hermanas. El hecho de ser el mayor 
le significó a Pepe una relación es¬ 
trecha con su padre. Lo admiró y a 
través de él, a Galicia y España, 
empobrecidas en aquellos años en 
que despumaba el siglo XX, La tie¬ 
rra gallega, húmeda y verde, her¬ 
manada con el mar, vio partir a su 
población en busca de otros mun¬ 
dos en donde establecerse. La pa¬ 
sión que el gallego siente por su 
tierra al estar fuera de ella se con¬ 
vierte primero en nostalgia y des¬ 
pués en tristeza y fardo. Por eso Pe¬ 
pe no oyó de Galicia de parte de su 
padre, pero el caminar junto a él 
fue permanente lección de cuánto 
se puede amar a la tierra donde uno 


' Profesor-investigador de El Colegio 
de Jalisco; primer presidente del CEAS. 


nace. Aquel mundo distante se re¬ 
creaba en el Tupinamba y el Cam- 
poamor, cantinas entrañables defe- 
ñas, lugares en los que Lameiras 
vivió la diversidad cultural desde 
pequeño. 

Cursó las escuelas primaria y se¬ 
cundaria en colegios maristas del 
D.F. y allí experimentó las primeras 
formas autoritarias del poder, la 
prohibición sin más. Por ejemplo, 
veían cine pero censurado por uno 
de los sacerdotes de la institución. 
Desde esos días tuvo contactos es¬ 
porádicos con los jesuitas, que años 
más tarde serían intensos al desem¬ 
peñarse como profesor en la Uni¬ 
versidad Iberoamericana (UIA). La 
escuela secundaria despertó su inte¬ 
rés por el dibujo, el México prehis¬ 
pánico y la literatura. Su gusto por 
los libros aumentó en los años de 
preparatoriano y más aún al escu¬ 
char las espléndidas lecciones de 
Mauricio Magdaleno. Pero sobre 
todo se hizo consciente de su mexi- 
canidad. Creció su interés por el 
país y se afinó su sensibilidad hacia 
el arte, la literatura y la historia. Se 
fue configurando en él la idea de 
estudiar arquitectura, mientras au¬ 
mentaban sus visitas a la antañosa 
librería Robredo en donde adquiría 
novelas y libros de historia. "Ese 
fue mi descubrimiento de ser mexi¬ 
cano" -dice mientras conversamos- 
y agrega, “ viví la represión a los 
ferrocarrileros, a los maestros. Iba 
entrando a un México que jamás 
había imaginado.” 


2 



En 1958 se inscribió en la Facultad 
de Arquitectura de la Universidad 
Nacional Autónoma de México 
(UNAM), en donde permaneció 
hasta 1961, A la postre esta expe¬ 
riencia resultó esencial en la forma¬ 
ción intelectual de José Lameiras. 
Tuvo la oportunidad de combinarla 


con el trabajo de museógrafo en el 
Instituto Nacional de Antropología 
e Historia (1NAH). Sucedió que 
gracias a su amistad con Manuel 
Oropeza, sobrino del paleontólogo 
Manuel Maldonado Koerdell, cono¬ 
ció a Eusebio Dávalos Hurtado, di¬ 
rector general del Instituto Nacio¬ 


nal de Antropología e Historia. Este 
último, a sugerencia de Maldonado 
Koerdell, incluyó a Lameiras y 
Oropeza en el equipo de museógra- 
fos de la institución. Se iniciaron 
trabajando en el Museo Nacional de 
las Culturas, Legendario recinto si¬ 
tuado en las calles de Moneda, en 
pleno centro de la ciudad de México. 
Allí Lameiras conoció a personajes 
como íker Larrauri, Jorge Angulo y 
Mario Vázquez, el museógrafo 
mexicano más importante. El grupo 
de intelectuales con los que Pepe se 
relacionó se amplió para incluir a 
Francisco de la Maza, Daniel Rubín 
de la Borbolla, Ignacio Bernal y 
Jorge Endso, es decir, antropólo¬ 
gos, historiadores, críticos literarios 
y arqueólogos, Al mismo tiempo, 
en las aulas de arquitectura recibía 
lecciones de Ramón Marcos, Santos 
Ruíz, Francisco Centeno, Félix 
Candela y, el que más lo influyó, 
Mathías Goeritz. Por su labor en el 
INAH, acompañó a excavar a ar¬ 
queólogos como Jorge Angulo, que 
trabajó en Tula, Hidalgo e Ignacio 
Bernal, que a la sazón excavaba en 
Oaxaca. Su experiencia como mu¬ 
seógrafo se enriqueció al entrar a 
formar parte del equipo del arqui¬ 
tecto Pedro Ramírez Vázquez, que 
trabajaba en el diseño y construc¬ 
ción de! Musco Nacional de Antro¬ 
pología. Este fue un mundo que en 
sus años juveniles Pepe compartió 
con Angélica Arenal, Victoria No¬ 
velo, las hijas de Diego Rivera, 
Ruth y Guadalupe, además de Zita 
y Federico Canessi, Durante meses 



Viaje de trabajo a la Sierra de Puebla, 1967. José Lameiras, Ma. de los Ángeles 
Romero Frizzi, Teresa Rojas Rabieta y Brigitte Bóehm Shondube. (Fotografía 

de Alfonso Muñoz). 


3 



conversó con Rufino Tamayo, 
mientras clasificaba la colección 
arqueológica del maestro oaxaque- 
ño. Años espléndidos, marcados 
por la pasión creadora: “La huella 
de la escuela de arquitectura no se 
me quitará jamás”, afirma, enfático, 
Pepe, 

Abandonó las aulas de arquitectura 
en 1961 buscando nuevos horizon¬ 
tes; ingresó a la Facultad de Filoso¬ 
fía y Letras de la propia UNAM, de 
la que egresó en 1965 para inscribir¬ 
se en la ENAH, Además del mundo 
intelectual en el que se desenvolvía, 
Lameiras había cursado algunas 
materias con don Pablo Martínez 
del Rio en los locales que ocupaba 
la ENAH en las calles de Moneda. 
Allí conoció a Brigitte Boehm, con 
quien se casó en 1964. Compañeros 
de vida, ambos han desarrollado 
excelentes trayectorias en la antro¬ 
pología mexicana, en sus respecti¬ 
vos campos de interés. El matrimo¬ 
nio con Brigitte lo relacionó con 
don Federico Boehm, su suegro, 
amigo de antropólogos como Igna¬ 
cio Bernal, Roberto J, Weítlaner, 
Irmgard Johnson y Barbro DahI- 
gren, A todos los unía e! interés por 
Oaxaca, su gente, sus textiles y ar¬ 
tesanías. Fueron su suegro y este 
grupo de antropólogos los que re¬ 
sultaron definitivos para que José 
Lameiras emprendiera el estudio de 
la antropología. Ingresó a la ENAH 
en el momento en que la histórica 
institución cambiaba su domicilio 
de las calles de Moneda al recién 


inaugurado por el presidente Adolfo 
López Mateos, edificio del Museo 
Nacional de Antropología en Cha- 
pultepec, El mundo de la ENAH, sus 
espacios físicos, los maestros, le 
eran familiares a Lameiras por sus 
experiencias previas. En aquel año 
de 1965, la ENAH abrió, por pri¬ 
mera vez, dos turnos de clases: uno 
matutino y vespertino el otro. A es¬ 
te último acudían quienes trabaja¬ 
ban además de estudiar, mientras 
que al matutino asistían los estu¬ 
diantes sostenidos por la familia. 
Éramos “el grupo de la mañana”, 
ingrimos en aquellos pasillos y au¬ 
las. La animación ocurría en la tar¬ 
de, por la coincidencia de los aproxi¬ 
madamente 200 alumnos inscritos; 
100 en el primer turno, para hacer un 
total de 300 en toda la Escuela. Pepe 
Lameiras, Javier Guerrero, Adolfo 
(Fito) Sánchez Rebolledo, Rafael 
Mendoza y Virgilio Caballero acu¬ 
dían en las mañanas para investigar 
quiénes éramos, “de qué color pin¬ 
tábamos”, Eran tiempos ideológica¬ 
mente cargados. Desde aquellos pri¬ 
meros momentos, Pepe se perfilaba 
como uno de los líderes generacio¬ 
nales y sin duda como el centro de 
un grupo entrañable de amigos en¬ 
tre quienes estaban Teresa Rojas, 
Gastón Kcrriou, Andrés Fábregas, 
Stella Quan, Lorenzo Ochoa. Pasa¬ 
do el primer semestre de aquel año 
de 1965, desapareció el turno matu¬ 
tino y nos agrupamos en uno solo, 
asistiendo a cursos por la tarde. Los 
alumnos más experimentados, como 


era el caso de Pepe, fueron también 
maestros para varios estudiantes que 
carecíamos de sus experiencias pre¬ 
vias. Las conversaciones en la cafe¬ 
tería del Museo son inolvidables y 
pasaron a ser verdaderos momentos 
de intenso aprendizaje. Junto con 
Brigitte Büehm, Lameiras abrió a 
sus compañeros las puertas de su 
casa, con inusual generosidad, com¬ 
partiendo también sus libros y su 
extraordinaria colección de discos 
que Pepe adquiría por catálogo. 
Fuimos los primeros en oír el sar¬ 
gento pimienta de los Beatles en 
una noche en la que no cesamos de 
escuchar el disco, asombrados y fe¬ 
lices con La música de aquel cuarteto 
excepcional. 

En la ENAH de aquellos años el 
ambiente intelectual era intenso, 
prolijo en discusiones, políticamen¬ 
te activo, involucrado en los asun¬ 
tos del país. Un grupo de maestros 
“fuera de serie” ofrecían su inter¬ 
pretación de México y de la antro¬ 
pología. De éstos, los que más in¬ 
fluyeron en José Lameiras fueron 
Paul Kírehhoff, Wigberto Jiménez 
Moreno, Carlos Martínez Marín, 
Carlos Navarrete, Luis González y 
González, Concepción Muedra, Ro¬ 
sa Camelo, Pedro Bosch Gimpera y 
José Luis Lorenzo. A Roberto J, 
Weitlaner lo unió el afecto y La ad¬ 
miración por este gran etnógrafo. 
Cultivó la amistad con Mauricio 
Swadesh y Evangelina Arana, a cu¬ 
ya casa Pepe solía acudir invitado a 
comer* Tuvo un trato cordial y 


4 


afectuoso con Ricardo Pozas e Isa¬ 
bel Horcasitas, de cuya hija. Iris, 
fue compañero de generación* La 
ENAH fue también el espacio para 
escuchar las voces críticas de los 
antropólogos jóvenes de aquel mo¬ 
mento. Excepcionales todos, con un 
vigor intelectual notable, introduje¬ 
ron puntos de vista alternativos, po¬ 
niendo en duda los dogmas políticos 
oficiales* Me refiero a Guillermo 
Bonfil, Mercedes Olivera, Daniel 
Cazés, Enrique Valencia, Margarita 
Nolasco y Arturo Warman. Pero el 
maestro definitivo para José Lameí- 
ras, como para muchos antropólo¬ 
gos mexicanos, fue Ángel Palerm, 
con quien conservó una cálida 
amistad. 

El ambiente intelectual se continua¬ 
ba en el barrio en donde vivían Pe¬ 
pe y Bríxi; el Olivar de los Padres. 
El casero de los Lameiras era otro 
de los maestros más estimados, Er¬ 
nesto de la Torre Villar. El vecin¬ 
dario estaba conformado por las ca¬ 
sas de Barbro Dahlgren, Fernando 
Solana y el propio maestro de la 
Torre* 

Llegó 1968. Los alumnos y profe¬ 
sores de la ENAH se unieron al mo¬ 
vimiento estudiantil. Como todos, 
Pepe vivió plenamente aquel mo¬ 
mento. Fue un líder “en las bases" 
como se decía, siempre orientando, 
solidario y leal* La masacre del 2 
de octubre lo conmovió. Preocupa¬ 
do por proteger a su familia de la 
ola represiva desatada por el go¬ 
bierno de Gustavo Díaz Ordáz, 


acondicionó un refugio usando el 
tinaco y la azotea de su casa. Com¬ 
partió con su familia y compañeros 
largas horas de angustia, profundi¬ 
zadas ante la falta de respuesta al 
por qué se mató a los jóvenes en 
ese trágico año* Sin embargo, se 
sobrepuso al clima de terror y logró 
escribir una etnohistoria de Meztí- 
tlán que presentó como tesis para 
graduarse de etnólogo en los días 
finales de 1969* Aconsejado por 
Kírchhoff, al año siguiente se tras¬ 
ladó a Alemania donde, a los pocos 
meses, lo alcanzaría su esposa con 
dos de sus hijas, Luisa y Lorenza. 
Marina, la más pequeña, nació en 
Alemania* 

Los años de la ENAH fueron defi¬ 
nitivos en la formación de José La¬ 
meiras como antropólogo. De esa 
escuela egresó con sus intereses in¬ 
telectuales definidos* Los estudios 
posteriores lo hicieron madurar, pe¬ 
ro su formación básica ya estaba 
lograda. En la Universidad de Ham- 
burgo, Alemania, estudió con Gtlnt- 
her Zimmermann; se dedicó sobre 
todo al análisis de los códices 
mexicanos. Con Wolfang y Haver- 
land estudió arqueología y con Eike 
Hinz, etnohistoria. Cuenta Pepe que 
“éramos ocho estudiantes en el De¬ 
partamento* Al principio, la rela¬ 
ción era fría, cortante. Eramos de 
edades similares pero a mi me tra¬ 
taban de usted y me saludaban cua¬ 
drándose porque estaba casado. Un 
día me invitaron todos a tomar un 
vaso de cerveza y allí me pidieron 


permiso para tutearme. Accedí. 
¡Ah! Y sólo fue un vaso. Cada 
quien pagó lo suyo y así terminó el 
convivio"* 

Viajó por Alemania aunque no pudo 
hacerlo por todo Europa. Conoció el 
muro de Berlín porque su visita era 
parte del curso de alemán previo a 
los estudios universitarios. Casado 
con hija de alemanes, descubrió un 
mundo del que había oído en las 
conversaciones familiares. Ahora sí 
estaba en un contexto nuevo para 
él* Le impresionó la avanzada edad 
de la población alemana y La esca¬ 
sez de jóvenes, tanto como la divi¬ 
sión tajante entre ambos y la mutua 
agresividad. Aun conserva vivo el 
recuerdo de los viejos pegando bas¬ 
tonazos a los jóvenes. Atestiguó el 
odio de los alemanes occidentales 
hacia el régimen comunista de la 
desaparecida Alemania del Este; le 
conmovieron las huellas de la gue¬ 
rra, los terribles recuerdos de la 
gente, los escombros debajo de las 
nuevas construcciones, las ciudades 
destruidas. En contraste, disfrutó de 
un mundo cultural dinámico y va¬ 
riado, sin represión, abierto a las 
manifestaciones humanas* “Para 
mí, Alemania significó la libertad 
después de los angustiosos dias de 
México 68", dice Pepe. 

Al retornar a México en 1971 se 
incorporó de lleno al trabajo antro¬ 
pológico. Renunció, presionado, a 
su plaza del INAH. Ingresó como 
profesor al Departamento de Antro¬ 
pología de la Universidad Iberoa- 


5 



Visita de estudio a Malinalco, con alumnos de la ENAH a cargo del maestro Carlos Navarrete, 1967- 

(Fotografía de Pedro Rojas)* 


mericana en donde se reencontró 
con Ángel Palerm. En 1972, se in¬ 
corporó al Seminario de Etnohísto- 
ria del Valle de México dirigido 
por Ángel Paterm en el Centro de 
Investigaciones y Estudios Superio¬ 
res del Instituto Nacional de Antro¬ 


pología e Historia, que a la postre, 
se convirtió en el CIESAS. La orga¬ 
nización de este importante Semina¬ 
rio se debió a Guillermo Bonfil 
cuando se desempeñaba como di¬ 
rector del Instituto Nacional de An¬ 
tropología e Historia. Pepe se in¬ 


corporó a un grupo que ya trabajaba 
con Palerm compuesto por Teresa 
Rojas, Victoria Miret, Armando Pe- 
reyra, Rafael Strauss y Brigitte 
B5ehm. El trabajo de Pepe, resulta¬ 
do de su participación en el Semi¬ 
nario está publicado en Teresa Ro- 


6 





jas, Rafael Strauss y José Lamei- 
ras, Nuevas noticias sobre las 
obras hidráulicas prehispánicas y 
coloniales en el Valle de México , 
con prólogo de Ángel Palerm, 
(México, SEP-INAH, 1974, pági¬ 
nas 17? a 228)* En los años de 
1973 a 1976, Lameiras fue director 
del Departamento de Antropología 
de la Universidad Iberoamericana, 
En 1974 formó parte del grupo de 
antropólogos que, bajo la dirección 
de Palerm, diseñó el programa de 
estudios con el que abrió el Depar¬ 
tamento de Antropología de la Uni¬ 
versidad Autónoma Metropolitana 
en (¿lapalapa, al que se incorporó 
como profesor en 1976* En 1979, 
bajo la presidencia de Luis Gonzᬠ
lez y González, se estableció El 
Colegio de Michoacán con sede en 
la ciudad de Zamora* José Lamei¬ 
ras está entre los fundadores de di¬ 
cha institución y actualmente es 
uno de sus más distinguidos inves¬ 
tigadores* 

José Lameiras ha contribuido nota¬ 
blemente al desarrollo de la antro¬ 
pología en México. Sus primeros 
trabajos versan acerca de La estruc¬ 
tura social del México prehispánico 
en relación con las obras de irriga¬ 
ción y la naturaleza del Estado. Es¬ 
te interés se continúa en el esplén¬ 
dido tratamiento de la guerra y el 
papel que jugó en la configuración 
de la sociedad precolonial mexica¬ 
na. Como etnólogo, José Lameiras 
ha escrito páginas esenciales dis¬ 
cutiendo la identidad y sus contex¬ 


José Lameiras en El Colegio de Jalisco, 1998. 


tos. Ha trabajado también en La his¬ 
toria de la antropología en México 
y es clásico su ensayo citado en la 
bibliografía. Actualmente trabaja 
en el análisis antropológico de la 
literatura, para ofrecernos una vi¬ 
sión de México desde esa perspec¬ 


tiva* Ha sido un profesor y confe¬ 
rencista notable, excelente en el 
trabajo de campo y escribiendo et¬ 
nografía. Son ya muchos los antro¬ 
pólogos formados por él a lo largo 
de una vida dedicada a investigar y 
enseñar. 


7 


SELECCIÓN BIBLIOGRÁFICA DE JOSÉ LAMEIRAS. 



José Lameiras en Chiapas, 1992, 


Al estar escribiendo esta semblanza 
de José Lameiras recordaba nuestros 
días de estudiantes. Me pregunté qué 
era lo que más admiraba y apreciaba 
de Pepe, para contestarme, sin duda, 
su brillante inteligencia y su extraor¬ 
dinaria generosidad. 


V 



Ciudad de Zapopan, Jalisco, 


Meztitlán . Notas para su etnohisto- 
ria . Tesis para obtener el título de 
etnólogo con especialidad en et- 
nohistoria y el grado de maestro en 
ciencias antropológicas. ENAH, 
México, 1969. 

“Relaciones en torno a la posesión 
de tierras y aguas: un pleito entre 
indios principales de Teoühuacán y 
Acolman en el siglo XVI 1 ', en Tere¬ 
sa Rojas, Rafael Strauss y José La¬ 
meiras, Nuevas noticias sobre las 
obras hidráulicas prehispánicas y 
coloniales en el Valle de México, 
México, SEP/INAH, 1974, pp. 177- 
228. 

“La antropología en México: su de¬ 
sarrollo en lo que va del siglo*', en 
Ciencias Sociales en México , Méxi¬ 
co, El Colegio de México, 1979. 

“El Estado que parte y re parte... El 
caso de los ejidatarios indígenas de 
Tuxpan, Jalisco", en La desintegra¬ 
ción de la gran propiedad en Méxi¬ 
co^ Memorias del III Coloquio de 
Antropología e Historia Regionales, 
coordinado por Heriberto Moreno 
García, Zamora, El Colegio de Mi- 
choacán/FONAPAS, 1982 (a), pp. 
125*143. 

“Tuxpan y su vecindad en los tiem¬ 
pos de la colonia", en Relaciones* 
vol. III, núm. 12, Zamora, El Colegio 
de Michoacán, 1982(b), pp. 5-43. 

“El proceso secular de una etnia. El 
caso de Tuxpan, Jalisco”, en Rela¬ 


ciones* vol. IV, núm. 15, Zamora, 
El Colegio de Michoacán, 1983, pp. 
5-28. 

Los déspotas armados , Zamora, El 
Colegio de Michoacán, 1985. 

Colima. Mar y palmeras al pié del 
volcán , México, Secretaría de Edu¬ 
cación Pública, 1986. 

“La comunidad, la fiesta y el muni¬ 
cipio" en El municipio en México , 
VI Coloquio de Antropología e His¬ 
toria Regionales, coordinado por 
Brigitte Bóehm, Zamora, El Cole¬ 
gio de Michoacán, 1987, pp. 628- 
645. 

El Tuxpan de Jalisco . Una identi¬ 
dad danzante , Zamora, El Colegio 
de Michoacán, 1990. 

“Identidad en las montañas", en Es¬ 
teban Barragán López, et al.* Ran¬ 
cheros y sociedades rancheras , Za¬ 
mora, El Colegio de Michoacán/ 
Centro de Estudios Mexicanos y 
Centroamericanos/ORSTOM, 1994, 
pp. 81-98. 

“El militarismo en Mesoamérica en 
el siglo XVI", en Sonia Lombardo 
y Enrique Nalda (coords.). Temas 
mesoamericanos , México, 1NAH/ 
CEMCA, 1996, pp. 135-166 

Pedro Bosch-Gimpera. Semblanza , 
Guadalajara, El Colegio de Jalisco/ 
Generalitat de Catalunya, 1999. 


8