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Full text of "Boletín Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales 1990 Nueva Época Número 4"

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B OLE T íN 


COLEGIO DE ETNÓLOGOS Y ANTROPÓLOGOS SOCIALES, A.C. 


MARZO DE 1990 NUEVA ÉPOCA NÚM. 4 



Presentación 


Contenido 


NOTICEAS 

Informe del Consejo Directivo 

Acta de Asamblea General 

El CEAS y el Quinto Centenario 

Asociación Latinoamericana de 
Antropología 

Eventos 

Antropólogos y Derechos 
Indígenas 

Raúl Marcó del Pont 

Antropología e indigenismo 

La Integración en América 
Angel Palerm 

Funcionarios, Antropólogos e 
Indigenistas 

Entrevista a Guillermo Bonfil 
Jorge Chávez 

Entrevista a Arturo Warman 
Virginia García 

Noticiario antropológico 

Las revistas 

Reseñas 

Anuario de Etnología y 
Antropología Social 
Esteban Krotz 


D esde su primer número, la nueva 
época del Boletín del ceas ha sig¬ 
nificado un proceso de ajuste tanto en 
la selección de sus materiales como en 
el diseño de su formato. El número que 
ahora ponemos en sus manos'no sólo 
responde a un intento de afinar su fac¬ 
tura, sino también a la necesidad de 
imprimir en él un sello más ágil, eficaz 
y dinámico, que satisfaga las exigencias 
de sus lectores virtuales. Órgano de di¬ 
fusión al fin, su tarea no puede ser aje¬ 
na a las actividades del Colegio ni a la de 
los miembros que lo integran. Tampoco 
puede serlo, sin embargo, al mundo ca¬ 
da vez más vasto con que hoy se define 
a la antropología contemporánea. A 
cincuenta años de la Carta de Pátzcua- 
ro y a quinientos del descubrimiento de 
América, la antropología nacional ha 
terminado sin duda por entrar en ese 
mundo en expansión, pero sólo en la 
medida en que continúa revisando sus 
antiguos dilemas. Hoy, cuando el indi¬ 
genismo parece dar otra vuelta de tuer¬ 
ca, no sólo es justo volver a hacer 
presente su discusión, sino además es¬ 
clarecer ese vínculo casi matrimonial 
que lo ha unido a la antropología mexi¬ 
cana. 

En este sentido, hemos incluido 
en este número las opiniones de dos 
destacados miembros del Colegio, co¬ 
mo son Arturo Warman y Guillermo 
Bonfil. Desde los cargos públicos que 
han venido desempeñando al frente de 
instituciones directamente relacionadas 
con los grupos marginales del país, am¬ 
bos nos exponen sus posiciones en tor¬ 
no a lo que podría llamarse el quehacer 
indigenista de la antropología. A sus 
comentarios se aúna un artículo de 
Ángel Palerm, quien ha sido designado 
este año para recibir la medalla Manuel 
Gamio al Mérito Indigenista (post 
mortem). El artículo, originalmente 
publicado en la Revista Española de 
Antropología Americana (1971), no 


sólo sorprende por la vigencia que ad¬ 
quiere a casi veinte años de distancia, 
sino también por el rigor con que el an¬ 
tropólogo trata aquí el tema indigenis¬ 
ta. Incluirlo en este número es algo más 
que un homenaje a alguien que tanto 
contribuyó al desarrollo de la antropo¬ 
logía mexicana; es, sobre todo, la in¬ 
corporación de su discurso en el centro 
de una polémica que hoy resucita con 
nuevos ánimos. 

La sección destinada a los even¬ 
tos del Colegio incluye, además del in¬ 
forme de las actividades realizadas por 
la presente mesa directiva, la propuesta 
que ha enviado la Asociación Brasileña 
de Antropología, con el fin de promo¬ 
ver la creación de la Asociación Lati¬ 
noamericana de Antropología. El 
lector podrá encontrar en ella los esta¬ 
tutos que la aba propone para una 
discusión posterior. De igual forma, se 
reproduce la propuesta que ha elabora¬ 
do la Comisión del ceas para la Con¬ 
memoración del Quinto Centenario, en 
la cual se sugieren las actividades que el 
Colegio podría llevar a cabo en torno a 
este evento. 

Respondiendo a una sugerencia 
de Esteban Krotz, incluida en la reseña 
que él mismo realiza sobre el primer 
volumen del Anuario del CEAS 1989 , 
hemos incorporado en este número el 
Noticiario Antropológico que original¬ 
mente debió aparecer en el segundo vo- 
lúmen del Anuario. La propia 
naturaleza del Boletín , como Krotz lo 
indica, se presta con mayor facilidad a 
las noticias de corte antropológico y a 
las novedades del panorama editorial. 
A nuestro juicio, el Boletín del CEAS 
toma con este material un cuerpo más 
definido, que si bien no acaba de ma¬ 
durar, asegura para el futuro un perfil 
mucho más consistente y nítido. 


S.M. 








NOTICEAS 


EL CEAS Y EL QUINTO 
CENTENARIO 


Primera Reunión Latinoamericana de Reflexión sobre los 
500 Años de Invasión 


L a Comisión del CEAS para la Conmemoración del 
Quinto Centenario del Descubrimiento de América 
nos ha hecho llegar a una propuesta para llevar a cabo 
una Reunión Latinoamericana de Reflexión sobre los 500 
Años de Invasión. La reunión, cuya fecha está aún por 


determinarse, constaría de 7 sesiones plenarias, 6 de las 
cuales contarían con 4 ponentes y 2 comentaristas , mien¬ 
tras que la última estaría destinada a una discusión gene¬ 
ral y a la aprobación de la “Declaración” y el “Plan de 
Trabajo”. 


Temas de las sesiones (participantes) 

I. Recapitulación histórica y evaluación del impacto 
de la legislación relacionada con los grupos indios 
y negros (historiadores). 

II-III. Las políticas nacionales contemporáneas y su im¬ 
pacto en los grupos indios y negros (representantes 
de grupos indios). 


IV. Aportaciones de investigaciones no latinoamerica¬ 
nas (investigadores europeos y norteamericanos). 

V. La autonomía y la relación del Estado con los gru¬ 
pos indios. 

VI. Reformas a las Constituciones para garantizar el 
respeto a los grupos indios (abogados y antropólo¬ 
gos). 

VIL Discusión, Declaración y Plan de Trabajo. 


Propuesta 

que ante la Directiva y ante la Asam¬ 
blea General del Colegio de Etnólogos 
y Antropólogos Sociales presenta la 
Comisión Establecida para la Conme¬ 
moración del Quinto Centenario. 

Considerando 

que por su propia naturaleza le corres¬ 
ponde al ceas participar activamen¬ 
te en los actos relacionados con el 
llamado Quinto Centenario; 
que, sin embargo, la previsible canti¬ 
dad de actos realizados en relación 
con este evento, la especificidad de 
las ciencias antropológicas y la esca¬ 
sez de fondos exigen una cuidadosa 
selección de actividades y eventos 
que beneficien, de ser posible, a la 
propia antropología mexicana, a la 
población latinoamericana más ne¬ 
cesitada y que tengan impacto en la 
opinión pública; 

que el CEAS como entidad no podrá 
realizar muchas actividades especia¬ 
les al respecto, mientras que sí es 
factible que diversos socios dedi¬ 
quen diferencialmente tiempo de 
trabajo y esfuerzos a esta temática; 
que el motivo del Quinto Centenario 
constituye por sí mismo un impulso 
para una mayor integración de los 
antropólogos y, en general, de los 
habitantes de Latinoamérica y parti¬ 


cularmente del Caribe (que es la re¬ 
gión menos atendida desde México); 
que la actual coyuntura del CEAS favo¬ 
rece los intentos de establecer rela¬ 
ciones y programas de trabajo pro¬ 
fesional y científico a nivel supralo- 
cal y suprainstitucional; 
que las actividades patrocinadas por el 
CEAS deben desarrollarse principal¬ 
mente en el ámbito de la competen¬ 
cia profesional del Colegio y, por lo 
tanto, atender las necesidades de sus 
socios, pero teniendo siempre en 
cuenta también el intento de influir 
en la opinión pública en aras de una 
convivencia más justa y armónica de 
los pueblos; 

esta Comisión propone que el CEAS 
apruebe las siguientes dos actividades 
como la contribución oficial de dicho 
organismo para la conmemoración del 
Quinto Centenario: 

I. La realización latinoamericana de 
antropólogos. 

II. El establecimiento de un programa 
de trabajo denominado ‘La antro¬ 
pología mexicana y el Caribe’. 

A continuación se explican contenido, 
alcances y organización de estas dos ac¬ 
tividades. 

I. Reunión Latinoamericana de Antro¬ 
pólogos 

La Reunión Latinoamericana de An¬ 


tropólogos deberá realizarse en los si¬ 
guientes términos: 

a) En colaboración con cma, SMA. 

b) Sobre una gama limitada de proble¬ 
mas específicos. 

c) Reunión que combine el trabajo 
profesional de antropólogos con 
eventos dirigidos a la opinión pú¬ 
blica. 

d) Posible participación de ‘objetos de 
estudio’. 

e) Posible organización de una ‘cade¬ 
na’ de eventos que enlace varias 
partes del país. 

Adicionalmente, podría pensarse tam¬ 
bién en: 

0 Una cierta coordinación mínima 
con inah, ini, m, etc., donde segu¬ 
ramente también todos harán algo, 
g) A pesar de la dificultad para abor¬ 
darlos, ¿por qué no pensar en te¬ 
mas ‘difíciles’, que una institución 
gubernamental o una institución 
académica no tocarán? Menciona¬ 
mos varios. 

II. El Programa de Trabajo ‘La Antro¬ 
pología Mexicana y el Caribe’ 

1. El objetivo general de este programa 
consiste en aprovechar la coyuntura del 
V Centenario para propiciar un mayor 


2 





acercamiento entre antropologías, an¬ 
tropólogos y, de esta manera también, 
pueblos de México y del Caribe. En es¬ 
ta área se inició la invasión europea de 
Latinoamérica y, como consecuencia 
de este proceso, ésta constituye hoy un 
mosaico extraordinariamente multifa- 
cético en términos sociales, culturales, 
étnicos, políticos, lingüísticos, artísti¬ 
cos, etc.; sin embargo, a pesar de ello, 
existen muy pocas relaciones entre los 
antropólogos mexicanos y sus colegas 
caribeños y, en general, poca informa¬ 
ción sobre la situación en el Caribe y 
los procesos sociales actuales. El V 
Centenario constituye una buena opor¬ 
tunidad para ocuparse de esta ‘tercera 
frontera’ del país, acercarse profesio¬ 
nalmente a diversos aspectos de esta 
región y contribuir así también a un 
mejor conocimiento del propio Méxi¬ 
co, que siempre ha estado vinculado de 
una manera u otra con el Caribe. 

2. Los objetivos específicos por alcan¬ 
zar mediante este programa son: 

a) Fomentar un mayor conocimiento 
de la situación social, cultural, étni¬ 
ca, política, etc., de los pueblos ca¬ 
ribeños en el gremio antropológico 
mexicano; 

b) Sentar las bases para relaciones de 
intercambio y de contacto con los 
colegas caribeños; 

c) Contribuir de esta manera a ubicar 
más explicitamente a la 
antropología mexicana en el con¬ 
texto de toda América Latina; 

d) Interesar a la opinión pública mexi¬ 
cana en la situación de los pueblos 
caribeños, en su problemática espe¬ 
cífica y en su contribución civiliza- 
toria para el futuro de una América 
Latina libre, digna y plural. 

3. Los motivos de esta propuesta se 
desprenden de los considerarlo y están 
contenidos también en la formulación 
de los objetivos. Es posible que este 
programa parezca un tanto limitado, 
ya que se le propone -en conjunto con 
la reunión latinoamericana 
mencionada- como única actividad ofi¬ 
cial del CEAS. Sin embargo, la Comi¬ 
sión opina que será más conveniente 
centrarse en una cuestión específica y 
concreta, que puede ser tratada con 
cierta profundidad (tomando en cuen¬ 
ta, además, de que para su realización 
se dispondrá casi sólo de trabajo ‘ex¬ 
tra’ por parte de los socios), que tratar 
de ‘cubrir’ de manera superficial mu¬ 
chos aspectos. La ventaja de esta pro¬ 
puesta consiste también en que puede 
ser realizada por diferentes socios en 
diversos niveles: estudio, difusión y es¬ 


tablecimiento de relaciones por parte 
de un pequeño grupo de socios espe¬ 
cialmente motivados, participación 
puntual de otros en determinadas acti¬ 
vidades específicas, información para 
todos a través de los mecanismos de co¬ 
municación del mismo CEAS, donde se 
ensayarían formas de trabajo y de acti¬ 
vidades entre socios y grupos de socios 
radicados en diversas partes del país; la 
situación actual, en la que se cuenta un 
buen número de instituciones antropo¬ 
lógicas capitalinas, que han establecido 
sucursales en otras partes del país, fa¬ 
vorece este tipo de ensayos. 

4. Organización , contenido y etapas 
del programa de trabajo serían los si¬ 
guientes: 

a) Se formará un grupo de trabajo con 
el mismo título que el programa; su 
núcleo serían uno o varios miem¬ 
bros de la Comisión que hace la 
presente propuesta. Se trataría de 
unos 10 a 15 socios, de los cuales 
aproximadamente un tercio pro¬ 
vendría de la capital y los restantes 
de las diversas ‘regiones’ del ceas: 
Norte (todavía en proceso de 
formación), Occidente, Veracruz- 
Puebla, Sur, Sureste. Este grupo de 
trabajo recibirá un nombramiento 
oficial por parte de la Directiva del 
CEAS y se formará para el paríodo 
1990-1993. Establecerá su propia 
forma de organización -tipo ‘red’- y 
mantendrá informada a la Comi¬ 
sión y a la Directiva de sus activida¬ 
des. 

b) Este grupo de trabajo formulará, 
con base en este documento apro¬ 
bado por el CEAS, su programa y su 
plan de trabajo para su primer año 
de actividades, correspondiente a 
1990. 

c) Entre las actividades correspon¬ 
dientes al primer año se consideran: 

• Identificar en los diversos niveles 
locales y regionales individuos, 
instituciones, fuentes, bancos de 
datos, proyectos, etc., relaciona¬ 
dos con la temática; 

• Elaborar un programa de estudio 
sobre la problemática para todos 
los miembros del grupo de traba¬ 
jo; 

• Identificar colegas e instituciones 
de tipo antropológico en el área 
del Caribe y el establecimiento de 
contactos iniciales con ellos; 

• Identificar medios de difusión a 
nivel nacional, regional y local 
idóneos para interesar a la opi¬ 
nión pública en estas temáticas; 

• Explorar las posibilidades para 


hacer presente la temática en las 
diversas organizaciones, eventos, 
instituciones relacionadas con la 
antropología en México; 

• Identificar, y en su caso motivar 
a posibles colaboradores en di¬ 
versas actividades (socios, estu¬ 
diantes en programas de servicio 
social, tesistas). 

d) Entre las actividades por considerar 

a más largo plazo se agregarán al¬ 
gunas tales como: 

• Exploración de la conveniencia 
de algún tipo de evento (indepen¬ 
diente o a la sombra de alguno de 
los congresos internacionales de 
los años venideros) conjunto de 
colegas caribeños. 

• Publicación de materiales antro¬ 
pológicos sobre el área para pú¬ 
blicos diversos (especialistas, me¬ 
dios de difusión, etcétera). 

• Preparación de algún tipo de de¬ 
claración del CEAS sobre el área 
con motivo del V Centenario. 

• Evaluación de las posibilidades 
de un programa de estudios supra 
o multi-institucional sobre una 
problemática antropológica par¬ 
ticularmente importante del área. 

5. Disposición final. Una vez aprobada 
-en su forma actual o modificada- la 
creación de este programa, se encarga¬ 
rá a la Comisión el establecimiento de 
los contactos tendientes a la formación 
del grupo de trabajo correspondiente. 
Estas actividades deberían realizarse de 
tal modo que, a fines del año en curso, 
se cuente efectivamente con un grupo 
de trabajo establecido y con un plan de 
trabajo para 1990. Al mismo tiempo, el 
CEAS no solamente pondrá a 
disposición de este grupo de trabajo su 
infraestructura y demás recursos, sino 
que solicitará también a las diversas 
instituciones antropológicas mexicanas 
su apoyo para las labores del grupo de 
trabajo y sus integrantes. 

México, D. F. Mérida, Yuc., junio de 

1989 

La Comisión: Ludka de Gortari 
Esteban Krotz 
Juan Manuel Pérez Z. 



boletín del CEAS 


3 


Informe sobre las reuniones efectuadas 
en provincia durante el primer 
semestre de 1989 


U na de las principales preo¬ 
cupaciones de la actual mesa direc¬ 
tiva ha sido la de propiciar una mayor 
organización de los antropólogos del 
país. Esta preocupación nació de la 
certeza de que una de nuestras respon¬ 
sabilidades, que como científicos dedi¬ 
cados al estudio del hombre en 
sociedad tenemos es opinar sobre el 
acontecer nacional en todos sus aspec¬ 
tos y dimensiones, a partir, no sólo de 
los datos empíricos arrojados por las 
investigaciones, sino de la reflexión y el 
diálogo continuo con otros colegas y 
con otras disciplinas. Sabemos que esta 
práctica se posterga con frecuencia, 
privilegiando las opiniones políticas y 
las expresiones aisladas. Estar organi¬ 
zados es un camino para facilitar, de 
manera permanente, la aparición de 
nuevos puntos de vista y de opciones 
alternativas frente al poder. 

Con este objeto, y convencidos 
de que el proceso debía iniciarse a par¬ 
tir del diálogo con quienes trabajan en 
provincia, visitamos en este primer se¬ 
mestre Guadalajara, Jalapa y Mérida. 
Estas visitas tuvieron como fin plante¬ 
ar a un pequeño grupo de compañeros 
estas inquietudes para que ellos a su 
vez convocaran posteriormente, de así 
convenirlo, a los antropólogos de la re¬ 
gión y discutieran con ellos sobre su 
posible organización. Los responsables 
de las primeras reuniones fueron 
Guillermo de la Peña, Eckart Boeger y 
Esteban Krotz. 

En dichas reuniones se puso énfa¬ 
sis en las ventajas de estar organizados 
para contar con la posibilidad de inter¬ 
venir, de manera seria y permanente, 
en asuntos tan diversos y fundamenta¬ 
les como la conformación de las políti¬ 


cas estatales; las decisiones frente a 
problemas locales; los casos de viola¬ 
ción de los derechos humanos; la crea¬ 
ción o desaparición de instituciones; 
las injusticias o arbitrariedades contra 
algún colega; el nombramiento de fun¬ 
cionarios y, en fin, en una amplia lista 
de asuntos nacionales, regionales y lo¬ 
cales. 

Asimismo, se consideró que a tra¬ 
vés de una organización se podría bus¬ 
car la forma de ampliar el mercado de 
trabajo y lograr un mayor reconoci¬ 
miento de las tareas que desempeña un 
antropólogo, ya que, si en el D.F. hay 
un desconocimiento de esta disciplina, 
en provincia el problema es mayor. Co¬ 
mo todos sabemos, hay instituciones 
que por la naturaleza de su responsabi¬ 
lidad requerirían del punto de vista an¬ 
tropológico, pero no encuentran la 
persona idónea o no reconocen esta ne¬ 
cesidad. Mientras tanto, muchos cole¬ 
gas no encuentran el espacio para 
aplicar sus conocimientos y se ven obli¬ 
gados a incursionar en áreas ajenas a 
su profesión. 

Finalmente se planteó la impor¬ 
tancia de una organización capaz de vi¬ 
gilar la preparación académica de los 
antropólogos del país, manteniendo 
una alta calidad, tanto para generar 
opiniones serias e informadas, como 
para poder hacer frente a un mercado 
de trabajo que esperamos sea cada vez 
más diversificado y creciente. 

Otro punto de la discusión fueron 
las formas de organización posibles. 
Aparecieron en principio, tres alterna¬ 
tivas: el establecimiento de colegios es¬ 
tatales o regionales totalmente 
autónomos del Colegio de Etnólogos y 
Antropólogos Sociales, A.C.; el esta¬ 


blecimiento de sub-sedes; o la creación 
de asociaciones de profesionistas estre¬ 
chamente vinculadas a nuestro Cole¬ 
gio. La idea de establecer colegios 
estatales o regionales presentó una pri¬ 
mera dificultad en la medida en que el 
número de antropólogos en provincia 
es reducido. En este sentido se habló de 
la existencia del Colegio Mexicano de 
Antropólogos, A.C., que hasta el mo¬ 
mento agrupa preferentemente a lin¬ 
güistas, arqueólogos y antropólogos 
físicos y se discutió acerca de las des¬ 
ventajas y conveniencias de conformar 
una sola organización. Se dijo que si 
bien nuestro colegio tenía especificidad 
acorde con la rama de la antropología 
a la que estaban dedicados la mayoría 
de sus miembros y que esto representa 
algunas ventajas, en gran parte de la 
provincia, dado el reducido número de 
antropólogos y los pocos espacios que 
demandan su participación normal¬ 
mente se trabaja de manera conjunta y 
poco diferenciada. Esto significa que, 
en la provincia, la existencia de los co¬ 
legios no representa ventajas de ningu¬ 
na índole. 

Dado que gran parte de los co¬ 
mentarios giraban en torno a la necesi¬ 
dad de mantener la autonomía en 
todos los sentidos, también se recono¬ 
ció que el respaldo de un colegio nacio¬ 
nal podía ser indispensable, tanto para 
tener una comunicación acerca de lo 
que acontece a los antropólogos y a su 
disciplina en el país, como para contar 
con la fuerza suficiente en caso de rea¬ 
lizar sugerencias o denuncias. Por ello 
la idea de la asociación apareció como 
la más ventajosa, ya que por un lado 
les ofrecía una autonomía absoluta, y 
por otro les permitía, a través de la fi¬ 
liación individual de sus miembros, 
mantener un vínculo estrecho con el 
Colegio. 

De los tres lugares que visitamos, 
todos han tenido procesos distintos. En 
Mérida existían dudas acerca de la ne¬ 
cesidad real de organizarse, por ello se 
acordó continuar analizando este pun¬ 
to, promover la afiliación individual y, 
paralelamente, elaborar un pequeño, 
pero viable, programa de trabajo que 
incluirá, principalmente, discusiones 
científicas y publicaciones locales desti¬ 
nadas a un público más general. En el 
caso de Guadalajara se decidió convo¬ 
car, para el día 29 de agosto, a una reu¬ 
nión regional para plantear la 
posibilidad de organizarse como aso¬ 
ciación de profesionistas. Para esta 
reunión se nombraron responsables 
por cada uno de los estados que partici- 


L a Comisión del CEAS para 
la Conmemoración del V 
Centenario ha establecido recien¬ 
temente una red de contactos con 
instituciones del área del Caribe 
—como la Universidad de Anti¬ 
llas Guyana— relacionadas direc¬ 


ta o indirectamente con el 
ejercicio de la antropología. El 
objeto de establecer estos contac¬ 
tos ha sido promover acciones 
conjuntas que permitan realizar 
eventos interregionales para 
1992. 


4 




parán: Michoacán, Guanajuato y Na- 
yarit. Finalmente, en Jalapa se 
comprometieron a convocar a una reu¬ 
nión con los antropólogos que trabajan 
en otras instituciones para reflexionar 
sobre el asunto. Aún no han enviado la 
información al respecto. 

A pesar de que todavía no conta¬ 


mos con una respuesta acabada frente 
a la inquietud inicial, creemos que hay 
avances importantes, ya que, además 
de haber establecido los primeros con¬ 
tactos y contar con responsables en los 
lugares mencionados, existen por el 
momento varios grupos que están pen¬ 
sando en esta posibilidad. Queremos 


invitar a quienes estén interesados en 
integrarse al proceso iniciado. Durante 
los próximos meses visitaremos Oaxaca 
y Sonora y continuaremos con esta dis¬ 
cusión hasta encontrar el mejor esque¬ 
ma posible. Esperamos que para la 
próxima asamblea podamos poner a 
consideración una propuesta concreta. 


L os compromisos editoriales del Colegio se han ido 
cumpliendo, si bien con cierto retraso. No obstan¬ 
te, el Anuario No. 1, que se entregó en la asamblea an¬ 
terior, y el No. 2, que se entregará en la asamblea del 
23 de marzo de 1990, están bien hechos y valió la pena 
su retraso. 

El Boletín del Colegio ha salido también con re¬ 
traso, aunque va definiéndose cada vez con mayor cla¬ 
ridad su perfil editorial. Esperamos continúe su 
superación, particularmente en cuanto a la coherencia 
e interés para su distribución. 

El Directorio de Antropólogos se encuentra en 
proceso de edición y esperamos que en el próximo mes 
esté disponible para su distribución. 


Asimismo, en esta reunión se entregará el libro 
que conjuntamente editamos con el Colegio Mexicano 
de Antropólogos y la Escuela Nacional de Antropolo¬ 
gía, a propósito del foro sobre la Reforma Constitu¬ 
cional. 

Es de hacer notar que los fondos para mantener 
un mínimo la presencia editorial del Colegio han sido 
insuficientes; aun a pesar de los financiamientos de la 
Wenner Green Fundation hemos tenido que recurrir a 
la generosidad del INI para poder dar cumplimiento a 
estos compromisos. Es necesario que las publicaciones 
del Colegio alcancen una distribución comercial que 
nos permita continuar esta importante tarea. 


ACTA DE LA ASAMBLEA 
GENERAL 


4 de agosto de 1989 

E n la ciudad de México, D.F., sien¬ 
do las diecinueve horas del día ca¬ 
torce de agosto de mil novecientos 
ochenta y nueve, se reunieron en se¬ 
gunda convocatoria, en el Auditorio 
del Instituto Nacional Indigenista, ubi¬ 
cado en Av. Revolución 1227, colonia 
Alpes, los socios del Colegio de Etnó¬ 
logos y Antropólogos Sociales, A.C., 
con el objeto de realizar una asamblea 
ordinaria con el siguiente: 

Orden del día 

1. Lectura del acta de la sesión ante¬ 
rior (7 de octubre de 1988). 

2. El Colegio de Etnólogos y Antro¬ 
pólogos Sociales, A.C., llega a te¬ 
ner 100 socios. 

3. Proyectos del CEAS. 

3.1. El Anuario y el Boletín. 

3.2. El Directorio. 

4. Las comisiones. 

4.1. El Quinto Centenario. 

4.2. El Congreso Mundial de An¬ 
tropología. 

4.3. La Comisión Nacional de Jus¬ 
ticia para los Pueblos Indios. 


4.4. Las Jornadas Nacionales de 
Antropología. 

5. Secretaría Técnica. 

6. Secretaría de Organización. 

7. Tesorería. 

8. Proposición de la Universidad de 
Toluca. 

9. Se repartieron credenciales del CE¬ 
AS. 

1. Asamblea General e Informe de 
Actividades 

La reunión fue presidida por José 
del Val, presidente del Colegio, quien 
la declaró legalmente instalada. 

Luego de aprobarse el orden del 
día, se procedió a la presentación del 
informe de actividades. 

2. El CEAS llega a tener 100 socios 

A partir de la consolidación del 
Colegio, que ha alcanzado el número 
de 100 miembros, se propuso su expan¬ 
sión y la organización de los antropólo¬ 
gos del país. Para ello se visitó 
Guadalajara, Jalapa y Mérida. De es¬ 
tas visitas surgió la idea de formar or¬ 
ganizaciones de antropólogos 


regionales, constituidos en colegios es¬ 
tatales o secciones. Asimismo se infor¬ 
mó que para la próxima asamblea se 
tendrá una propuesta concreta. 

3.1. Comité del Anuario y del Boletín 

Los miembros del comité del 
Anuario se reunieron para la elabora¬ 
ción del 2 o número y cuentan ya con 8 
artículos. El mismo contará con cerca 
de 300 cuartillas y se propuso incluir un 
artículo de Ángel Palerm, y otros sobre 
antropología latinoamericana. 

Se nombró una nueva comisión 
para el 3 o y 4 o Anuarios, integrada por 
los siguientes miembros: 

Teresa Rojas 
Arnulfo Ambriz 
Laura Valladares 
Teresa Valdivia 

Para la elaboración del nuevo Boletín 
quedaron en la comisión: 

Saúl Mlllán 
Virginia García 
Carmen Bueno 
Jorge Chávez 

Se sugirió que los próximos nú¬ 
meros salgan con mejor presentación y 


boletín del CEAS 


5 




que contengan mayor cantidad de cues¬ 
tiones académicas, para intentar con¬ 
vertirlo (casi) en una revista. 

3.2. Directorio de Antropólogos 

Se están revisando otros directo¬ 
rios con el objeto de tenerlo listo para 
principios de 1990. 

Dicha comisión quedó integrada 
por Lourdes Herrasti y Marisol Mele- 
sio. 

4.1. Comisión del Quinto Centenario 

Ludka de Gortari llevó a la asam¬ 
blea la siguiente propuesta elaborada 
por esta Comisión: 

Considerando que por su propia 
naturaleza le corresponde al CEAS par¬ 
ticipar activamente en los actos relacio¬ 
nados en el llamado Quinto 
Centenario, y dada la previsible canti¬ 
dad de actos realizados en relación con 
este evento, la especificidad de las cien¬ 
cias antropológicas y la escasez de fon¬ 
dos, es necesaria una cuidadosa 
selección de actividades y eventos que 
beneficien, de ser posible, a la propia 
antropología mexicana, a la población 
latinoamericana más necesitada y que 
tengan impacto en la opinión pública. 
Si bien el CEAS como entidad no podrá 
realizar muchas actividades especiales 
al respecto, es factible que diversos so¬ 
cios dediquen diferencialmente tiempo 
de trabajo a esta temática. Las activi¬ 
dades patrocinadas por el CEAS deben 
desarrollarse principalmente en el 
ámbito de la competencia profesional 
del Colegio y, por lo tanto, atender las 
necesidades de sus socios, pero deben 
tener también en cuenta el intento de 
influir en la opinión pública en aras de 
una convivencia más justa y armónica 
de los pueblos. 

El motivo del Quinto Centenario 
constituye por sí mismo un impulso pa¬ 
ra una mayor integración de los antro¬ 
pólogos y, en general, de los habitantes 
de Latinoamérica y, particularmente, 
del Caribe (que es la región menos 
atendida desde México). La actual co¬ 
yuntura del CEAS favorece los intentos 
de establecer relaciones y programas de 
trabajo profesional y científico a nivel 
superlocal y suprainstitucional. 

Esta comisión propone que el CE¬ 
AS apruebe las dos siguientes activida¬ 
des como la contribución oficial del 
CEAS para la conmemoración del 
Quinto Centenario. 

a) La realización de una reunión lati¬ 
noamericana de antropólogos. 

b) El establecimiento de un programa 
de trabajo denominado “La antro¬ 
pología mexicana y el Caribe”. 


4.2. Congreso Mundial de 
Antropología 

Para febrero de 1990 habrá una 
reunión sobre el Congreso Mundial. 
Margarita Nolasco propuso una unión 
de colegios latinoamericanos, en el ca¬ 
so de que éstos estén dispuestos a parti¬ 
cipar como tales en una federación 
latinoamericana. 

4.3. Comisión Nacional de Justicia 
para los Pueblos Indios 

José del Val apuntó que en este 
Consejo participan 30 personas, perte¬ 
necientes a diversas profesiones. Hubo 
cuatro reuniones y actualmente se está 
elaborando un documento final con 
modificaciones a los derechos constitu¬ 
cionales, como son: la lengua, la cultu¬ 
ra, el territorio, las autoridades, etc. Se 
apuntó que en dos meses, aproximada¬ 
mente, se presentaría el documento a 
discusión. 

4.4. Jornadas Nacionales de 
Antropología 

Se propuso que se organicen, pa¬ 
ra después de noviembre y con una du.- 
ración de 3 días de discusión, las 
Jornadas Nacionales de Antropología; 
Roberto Varela propuso se invite a Ar¬ 
turo Warman, a Guillermo Bonfil y a 
Luz María Valdez, y Teresa Rojas sugi¬ 
rió que también se invite a otros fun¬ 
cionarios a participar en estas 
Jornadas. 

5. Secretaría Técnica 

Antonio Monzón informó que 
hay únicamente 51 miembros registra¬ 
dos en Profesiones de la SEP y que hay 
33 personas que tienen cédula profesio¬ 
nal pero que no están registrados ahí. 
También se dio de baja a dos miembros 
del CEAS. 

6. Secretaría de Organización 

Se organizaron las listas de los 
miembros del Colegio en el archivo del 
mismo y se actualizaron sus direcciones 
y teléfonos. Después se sometió a la 
asamblea la entrada de 14 nuevos so¬ 
cios, los cuales fueron aceptados como 
miembros del Colegio por decisión 
unánime de aquélla. Los nombres de 
los nuevos socios son: 

1. Arrieta Fernández, Pedro. 

2. Boege Schmidt, Eckart. 

3. Castro Nieto, Guillermina Grisel. 

4. Fabre Zarandona, Artemia, 

5. Fernández Repetto, Francisco 
Javier. 

6. Larios León, Sofía. 

7. León García, Ricardo. 

8. Lobato González, Rodolfo. 


9. Marco del Pont Lalli, Raúl. 

10. Millán Valenzuela, Saúl J.P. 

11. Negroe Sierra, Genny Mercedes. 

12. Oehmichen Bazán, María Cristina. 

13. Raboam Vázquez Palacios, Felipe. 

14. Sánchez Álvarez, Mauricio. 

7. Tesorería 

Maya Lorena Pérez dio el reporte 
de las finanzas del ceas, apuntando 
que para esa fecha había en caja 
$15’434000.00 

8. Proposición de la Universidad del 
Estado de México 

Los firmantes de la carta, miem¬ 
bros del CEAS, piden una segunda reu¬ 
nión en la ciudad de Toluca con el fin 
de establecer contacto con los antropó¬ 
logos de la Cd. de México y discutir la 
plática antropológica en dicha ciudad. 

9. Finalmente se repartió a los socios 
asistentes una credencial del CEAS. 

No habiendo otro asunto que tratar, se 
dio por terminada la asamblea a las 
veinte horas con la presencia de 30 so¬ 
cios. 

Firmas al calce: José del Val Blanco, 
presidente; Lourdes Herrasti Maciá, 
vicepresidenta; Maya Lorena Pérez, te¬ 
sorera; Rodrigo Díaz, subtesorero; Le¬ 
ticia Máyer, secretaria de 
Organización; Florencia Rosemberg, 
suplente de Organización; Antonio 
Monzón, secretario técnico; Margarita 
Zárate, suplente del secretario técnico. 





6 






Asociación Latinoamericana de Antropología 


stuvo de visita entre nosotros Antonio Augusto Aran¬ 
tes, presidente del ABA, para invitarnos a su reunión 
anual en abril de 1990. Trajo consigo el Proyecto de Esta¬ 
tutos para la creación de la Asociación Latinoamericana de 
Antropología, mismo que marcha a toda velocidad, y sólo 
esperamos la autorización del Colegio para poder culminar 
este proceso latinoamericano de gran importancia que 


nuestra institución ha venido promoviendo desde hace va¬ 
rios años. Este proceso permitirá que la antropología de 
nuestro subcontinente alcance un nivel de relaciones mu¬ 
cho más fluido y extenso. Un importante campo de colabo¬ 
ración científica y política se abre con esta nueva 
asociación y nuestro Colegio debe jugar un papel nodal en 
su funcionamiento. 



PROYECTO DE ESTATUTO 


TÍTULO I 

Objetivos 

Art. I o La Asociación Latinoamericana de Antropología 
(ala), entidad sin carácter político, partidario o 
religioso, tiene por objeto congregar a los antro¬ 
pólogos latinoamericanos y del Caribe, para pro¬ 
mover el desenvolvimiento de la antropología y el 
intercambio de ideas, así como el debate de pro¬ 
blemas y la defensa de intereses comunes. 

Art. 2 o Para alcanzar sus objetivos, la ala promoverá 
reuniones periódicas de sus asociados, divulgará 
regularmente materias de interés profesional y 
procurará establecer medidas para la integración 
de la antropología en América Latina. 

Art. 3 o La ala propondrá la sede y el foro. 


TÍTULO II 

Asociados 

Art. 4 o La ALA tendrá tres categorías de asociados: 

a) Institucionales; b) efectivos; c) correspondien¬ 
tes. 

Art. 5 o La categoría de socio institucional estará reserva¬ 
da para asociaciones de antropología, departa¬ 
mentos de antropología e instituciones de investi¬ 
gación antropológica de cualquiera de los países 
latinoamericanos o del Caribe. 

Art. 6 o La categoría de socios efectivos está reservada a 
antropólogos de cualquier nacionalidad, que tra¬ 
bajen en instituciones latinoamericanas y que sean 
considerados como autores de estudios antropoló¬ 
gicos de notorio valor. 

Art. 7 o La categoría de socios correspondientes está desti¬ 
nada a antropólogos no latinoamericanos que de¬ 
sarrollen actividades profesionales relacionadas 
con la región. 

Art. 8 o La admisión de socios de cualquiera de las tres ca¬ 
tegorías referidas en este capítulo será realizada 
mediante una propuesta dirigida al Consejo Direc¬ 
tivo, el cual decidirá al respecto. 


Art. 9 o Las contribuciones financieras para el manteni¬ 
miento de la institución serán estipuladas por el 
Consejo Directivo, para las tres categorías de so¬ 
cios. 

Art. 10° La falta de contribuciones financieras supondrá 
una suspensión de los derechos de los asociados a 
ALA. 

Art. 11° Los asociados no responden ni solidaria ni subsi¬ 
diariamente por los compromisos asumidos por la 
Directiva. 


TÍTULO III 

Administración 

Art. 12° La ala será administrada por un Consejo Directi¬ 
vo, formado por un representante y un suplente de 
cada país que cuente con socios institucionales 
asociados. 

Párrafo 1. El representante y el suplente se¬ 
rán elegidos por los socios institucionales de ese 
país, por un periodo de cuatro años, sin derecho 
a reelección consecutiva. 

Art. 13° Compete al Consejo Directivo: a) Elegir al Direc¬ 
tor de la Asociación; b) trazar los principios nor¬ 
mativos que orientarán las actividades técnico- 
científicas de la ala; c) pronunciarse respecto a 
las propuestas de admisión de los nuevos socios; 
d) tomar medidas necesarias para la realización de 
foros de antropología de América Latina y el Cari¬ 
be; e) proponer, con carácter interino, los cargos 
suplentes en cualquiera de los órganos de direc¬ 
ción, fuera de la época normal de elecciones; f) 
constituir comisiones especiales o grupos de traba¬ 
jo para asesor amiento, estudios o actividades es¬ 
peciales; g) deliberar sobre los casos que hayan 
sido omitidos en este estatuto. 

Párrafo 1. Las deliberaciones del Consejo 
Directivo serán tomadas en reuniones, por consul¬ 
ta o por correspondencia, y promovidas por el 
Presidente de la Asociación. 

Párrafo 2. El Consejo Directivo deliberará 
por mayoría absoluta. 

Art. 14° La directiva estará integrada por el Presidente de 


boletín del CEAS 


7 




la Asociación, el Secretario General y el Tesorero 
General. 

Párrafo 1. El cargo de la directiva será de 4 

años. 

Párrafo 2. El Presidente de la ALA no podrá 
ser reelecto más de una vez. 

Art. 15° Compete al Presidente: a) Tratar los intereses ge¬ 
nerales de la Asociación; b) presidir las reuniones 
de la Directiva y del Consejo Directivo; c) Elabo¬ 
rar, conjuntamente con el Consejo Directivo, el 
programa anual de las actividades científicas de la 
Asociación, dentro del plazo de un mes a partir de 
su elección; d) presentar, al término de su manda¬ 
to, un informe de las actividades de la Asociación. 


Art. 16° Compete al Secretario General: llevar el expedien¬ 
te y, de común acuerdo con el Presidente, admi¬ 
nistrar la Asociación, sustituyéndolo en caso de 
ausencia o de impedimento. 

Art. 17° Compete al Tesorero General: administrar los bie¬ 
nes y los intereses financieros de la Asociación, de 
común acuerdo con el Presidente. 


TÍTULO IV 


Reuniones: 

Art. 18° Las reuniones científicas de ALA serán denomina¬ 
das Foros de Antropología de América Latina y el 
Caribe, seguidas del número de orden. 

Las reuniones ordinarias del Consejo Direc¬ 
tivo serán realizadas conjuntamente con los Foros 
de Antropología de América Latina y el Caribe y 
serán convocados por el Presidente de la ala. 

Párrafo 1. El Foro de Antropología de Amé¬ 
rica Latina y el Caribe deberá reunirse como míni¬ 
mo cada cuatro años, de preferencia en reuniones 
promovidas por las sociedades científicas de los 
países representados. 

Párrafo 2 . El Foro de Antropología de Amé¬ 
rica Latina y el Caribe tendrá como objeto difun¬ 
dir la antropología generada en la región, así 
como los debates en torno a cuestiones científicas 
relevantes. 

Párrafo 3. Los programas de las reuniones, 
así como la fecha y el lugar de su realización, se 


enviarán por anticipado a los individuos e institu¬ 
ciones afiliados en un plazo mínimo de 180 días. 

Art. 19° Las reuniones extraordinarias del Consejo Directi¬ 
vo serán realizadas por convocatoria del Presiden¬ 
te en turno o cuando sean requeridas por dos ter¬ 
ceras partes de sus miembros. 

Art. 20° La Directiva podrá invitar a personas ajenas a la 
Asociación a fin de que participen en los Foros de 
Antropología de América Latina y el Caribe. 

TÍTULO V 

Patrimonio 

Art. 21° El patrimonio de la ALA se constituirá con las 
contribuciones de los socios y los subsidios y do¬ 
naciones que le sean hechas. 

Art. 22° En caso de disolución de la ALA, su patrimonio 
será entregado a una sociedad similar o a una ins¬ 
titución análoga en el ámbito latinoamericano, la 
cual será indicada por la mayoría de votos de sus 
miembros en pleno gozo de sus derechos. 

TÍTULO VI 

Publicaciones 

Art. 23° La ala deberá editar un boletín que divulgue las 
actividades desarrolladas en diferentes centros la¬ 
tinoamericanos de antropología. 

Art. 24° La ALA podrá editar otras publicaciones, a crite¬ 
rio del Consejo Directivo. 

TÍTULO VII 

Disposiciones generales 

Art. 25° Los presentes estatutos podrán ser modificados 
total o parcialmente por los votos de la mayoría 
del Consejo Directivo. 

Art. 26° La ala podrá ser disuelta por el voto de las tres 
cuartas partes de ios socios institucionales. 

Art. 27° Los documentos y comunicaciones oficiales de la 
ala serán escritos en portugués y español. 

Art. 28° Los casos que se hayan omitido en los estatutos se¬ 
rán resueltos por el Consejo Directivo. 



8 







EVENTOS 


Antropólogos 

por Raúl Marcó del Pont 


S i bien el problema de la desigual¬ 
dad o desventaja jurídica en la que 
se encuentran los pueblos indios de 
nuestro país es un hecho evidente con 
quinientos años de historia, hoy las 
condiciones nacionales (la emergencia 
de un movimiento de reivindicación 
étnica de fuerza dispar pero con capa¬ 
cidad de presión y una movilidad polí¬ 
tica sin precedentes en los últimos 
setenta años colocan el problema del 
país que deseamos en el centro de la 
discusión, así como el de la democracia 
diariamente construida) e internacio¬ 
nales (cambios legales en muchos paí¬ 
ses latinoamericanos para reconocer 
derechos indios, un movimiento de 
carácter étnico en los lugares más di¬ 
versos, aún en aquellos en donde se 
consideraban “superados”, como es el 
caso de la URSS) sirven de marco de re¬ 
ferencia para el replanteamiento del 
status legal de los pueblos indios en 
México. 

En este sentido, el 7 de abril de 
1989 el presidente de la República ins¬ 
taló una Comisión de Justicia para los 
Pueblos Indios, conformada por diver¬ 
sas personalidades —desde antropólo¬ 
gos connotados como Gonzalo Aguirre 
Beltrán y Guillermo Bonfil B., hasta 
periodistas como León García Soler, 
pasando por un conjunto de especialis¬ 
tas en las ramas jurídica, política, 
etc.—, la cual dio a conocer para su dis¬ 
cusión y posterior presentación como 
proyecto de ley una Propuesta de refor¬ 
ma constitucional para reconocer los de¬ 
rechos culturales de los pueblos 
indígenas de México. 

La mencionada propuesta, que se 
ubicaría en el artículo 4 o de nuestra 
Carta Magna, pretende en términos ge¬ 
nerales, el establecimiento a nivel cons¬ 
titucional del reconocimiento de los 
derechos de los grupos étnicos para la 
práctica y el desarrollo de sus lenguas, 
culturas, usos y costumbres, así como 
de sus formas de organización social. 
La propuesta ha seguido, para su difu¬ 
sión y discusión, el camino de una con¬ 
sulta pública informal. 


y derechos indígenas 


Dentro de este panorama, el Co¬ 
legio de Etnólogos y Antropólogos So¬ 
ciales, A.C., el Colegio Mexicano de 
Antropólogos, A.C. y la Escuela Na¬ 
cional de Antropología e Historia con¬ 
vocaron a un Foro de discusión de la 
propuesta de Reforma Constitucional, 
para reconocer los Derechos Culturales 
de los pueblos indígenas de México, el 
cual se realizó los días 26 y 27 de octu¬ 
bre de 1989, en el Auditorio Giovanni 
Sapio de la Escuela Nacional de Antro¬ 
pología e Historia, con la asistencia de 
las siguientes personas: 

Guillermo Espinoza (INI y miem¬ 
bro de la Comisión de Justicia), Rodol¬ 
fo Stavenhagen (COLMEX y Comisión 
de Justicia), Diego Iturralde (m), An¬ 
drés Medina (ha), Héctor Díaz Polan- 



co (ciesas), Gloria Artís (enah), 
Felipe Bate (enah), José Del Val (ini y 
Comisión de Justicia), César Huerta 
(enah), Julio C. Olivé (inah), Teresa 
Valdivia (ini), Manuel Ríos (ciesas), 
Teresa Sierra (CIESAS), Nemesio 
Rodríguez (CADAL), Javier Guerrero 
(deas-inah), Héctor Tejera (ideas- 
inah), Frangoise Lartigue (ciesas), 
Nuria Arranz (enah) y representantes 
de la Asociación de Lingüística Aplica¬ 
da, A.C. 

Las opiniones externadas en tor¬ 
no al particular pueden dividirse de la 
siguiente manera: 

a) Considerando que las legislaciones 
liberales de América Latina surgen 
de una concepción del Estado y de 
la sociedad nacional que favorece la 


violación de los derechos humanos 
de las etnias, la propuesta resulta 
válida e incluso indispensable y per¬ 
mite discutir el proyecto de Nación. 

b) Resulta una apertura evidente de 
espacios de discusión en donde los 
alcances y limitaciones de la men¬ 
cionada propuesta estarán en pro¬ 
porción directa a la fuerza y a la 
capacidad de negación de los gru¬ 
pos étnicos organizados. 

c) Es importante como medio para fo¬ 
mentar la discusión, pero tiene evi¬ 
dentes limitantes a su alcance y se¬ 
rias inconsistencias en su forma. 

d) No recoge las aspiraciones y de¬ 
mandas más sentidas de los pueblos 
indios. 

e) Debería hacerse una propuesta más 
radical de fondo y no sólo reducida 
al difuso ámbito cultural. 

Para finalizar cabría señalar que 
como resultado de la discusión puede 
mencionarse una serie de propuestas 
definidas por los participantes: 

a) Es necesario que se extienda la par¬ 
ticipación a la ciudadanía y se am¬ 
plíe el tiempo de la consulta pública 
informal en virtud de la importan¬ 
cia del asunto. 

b) Resulta indispensable que partici¬ 
pen las organizaciones indígenas. 

c) Que se reformen los artículos 27, 
115, 116, 117 y otros. 

d) Que se incluya un apartado especial 
en la Carta Magna sobre la pobla¬ 
ción indígena. 

e) Que se revise el problema de las au¬ 
tonomías regionales. 

f) La autonomía regional puede obte¬ 
nerse por autonomía distrital y mu¬ 
nicipal. 

g) Definir claramente los términos uti¬ 
lizados: “comunidad”, “pueblo”, 
“etnia” e “indígena”. 

Como nota informativa, los convocan¬ 
tes editarán para mediados del presente 
año un cuaderno de trabajo con las po¬ 
nencias presentadas en el Foro, así co¬ 
mo las relatorías del mismo. 


boletín del CEAS 


9 




Los derechos indígenas 
y la Constitución Política 


E l 22 de febrero del presente 
año, en el auditorio “Juan Pa¬ 
blo Chan” de la Escuela Nacional 
de Antropología e Historia, se llevó 
a cabo un segundo foro de discusión 
en torno a la Propuesta de Reforma 
Constitucional para Reconocer los 


Derechos Culturales de los Pueblos 
Indígenas de México. El evento, 
convocado por el CEAS, contó con 
la participación de Salomón Nah- 
mad, Javier Guerrero, Gilberto Ló¬ 
pez y Rivas, Félix Báez, Lourdes 
Arizpe, Esteban Krotz, Maya Lore- 


na Pérez, Héctor Díaz-Polanco, An¬ 
drés Medina, Julio César Olivé, 
Diego Iturralde, Roberto Varela, 
Leonel Duran, Jesús Jáuregui y 
Carlos Serrano. 

Dado que el evento tuvo lugar 
en el momento en que este número 
se encontraba en prensa, no ha sido 
posible incluir una reseña detallada 
de las discusiones, sin duda fructífe¬ 
ras que lo acompañaron. Esperamos 
ofrecer una versión más amplia de 
su contenido en el próximo número 
del Boletín . 


ANTROPOLOGÍA E INDIGENISMO 

Crisis y crítica de la integración 
en América* 


por Angel Palerm Vich 

A l llegar al último cuarto del siglo 
xx, y aproximarnos al Quinto 
Centenario del Descubrimiento, las na¬ 
ciones de América (todas ellas, ibéricas 
y anglosajonas), deben reconocer, to- 
dabía, la existencia de un llamado pro¬ 
blema indígena. Es decir, de un 
problema de integración. 

Este problema tiene que ver, antes 
que nada, con un inmenso proceso de 
mestizaje biológico, que comenzó con 
la llegada de los españoles al Nuevo 
Mundo, pero que no ha conseguido lle¬ 
gar a su cabal realización. Tiene que 
ver, asimismo, con un proceso casi pa¬ 
ralelo de trasculturación. Es decir, con 
el mestizaje de la civilización europea 
con las culturas aborígenes. Este proce¬ 
so ha sido aún más dinámico que el 
mestizaje biológico, pero tampoco ha 
alcanzado su plena realización. Final¬ 
mente, el problema indígena que se 
afronta tiene que ver con los procesos 
de constitución de una nueva civiliza¬ 
ción. O sea, con la formación de una 
serie de culturas nacionales que no sean 
ya, simplemente, la agregación y rees¬ 
tructuración de los elementos trasmiti¬ 
dos del Occidente y de aquellos 
heredados de las viejas culturas preco¬ 
lombinas. Por más que haya avanzado 
este proceso, se está lejos de su culmi¬ 
nación. 

La situación es inquietante, y no 
sólo porque tengamos que reconocer la 
naturaleza históricamente inconclusa, 
y por ello mismo imperfecta, de este 


triple proceso de mezcla étnica, de tras¬ 
culturación y de creación de nuevas 
formas de civilización. Es inquietante, 
sobre todo, porque se proclama ahora 
el riesgo de que todo el proceso quede 
truncado, y aún el de que tome direc¬ 
ciones inesperadamente conflictivas 
con su curso pasado. La inquietud exis¬ 
tente tiene muchas fuentes oscuras y 
polémicas, que hoy no podemos discu¬ 
tir. Sin embargo, es claro que hace ape¬ 
nas unos años, cuando se hablaba del 
problema indígena, nos referíamos a él 
como a un remanente en constante dis¬ 
minución, y como a una tarea que se 
estaba concluyendo, que de hecho esta¬ 
ba a punto de terminarse con la conso¬ 
lidación misma de las nuevas naciones 
americanas. 

Hoy día, por el contrario, se es¬ 
cuchan voces (entre otras, voces de an¬ 
tropólogos y de misioneros, que han 
dedicado mucho de su vida a acelerar 
estos procesos de integración), que ha¬ 
cen afirmaciones tan graves como las 
siguientes. Nuestros países siguen sien¬ 
do, nos dicen, esencialmente pluricul- 
turales. No puede hablarse, 
propiamente, de una cultura nacional, 
sino de una cultura dominadora y de 
otras subyugadas. Nuestras sociedades 
siguen siendo, estructuralmente, socie¬ 
dades duales. No puede hablarse, en ri¬ 
gor, de una organización social que 
incorpore en su sistema unificado a to¬ 
da la población. Por el contrario, nues¬ 
tra estructura social se caracteriza, 
sobre todo, por la presencia de pobla¬ 


ciones étnicas dominantes y domina¬ 
das, relacionadas entre sí por sistemas 
de vasallaje y opresión. 

Dicho de otra manera, a medio 
milenio del Descubrimiento, la tarea de 
integración étnica, social y cultural, no 
sólo no ha terminado, sino que las ten¬ 
dencias actuales parecen llevarnos en 
una dirección en que no sería posible 
concluirla de la manera que se preveía. 
Es más, no son pocos los que ahora 
consideran indeseable la integración, al 
menos en la forma en que se ha venido 
produciendo, y proponen cambios ra¬ 
dicales de orientación. 

Es mi intención, dentro de la bre¬ 
vedad impuesta por el horario de esta 
conferencia, exponer y discutir algunas 
de las ideas e interpretaciones que se es¬ 
tán debatiendo con más vehemencia en 
América, y que en algunos países, co¬ 
mo por ejemplo Perú, México, Guate¬ 
mala y Estados Unidos, han convertido 
las reuniones científicas de antropólo¬ 
gos, sociólogos e historiadores, en ver¬ 
daderos campos de batalla. Buen 
testimonio de ello son las últimas 
asambleas anuales de la American 
Anthropological Association, el recien- 


* Conferencia pronunciada en el ciclo “Proce¬ 
sos de transculturación”, el 14 de abril de 1971, 
organizado por el Seminario del Colegio Mayor 
Hispanoamericano »Nuestra Señora de Guada¬ 
lupe 0 y el Departamento de Antropología y Et¬ 
nología de América de la Facultad de Filosofía y 
Letras de la Universidad de Madrid. Este texto 
apareció en la Revista Española de Antropología 
Americana, No. 6, Madrid, 1971. 


10 




te Congreso Internacional de America¬ 
nistas celebrado en Lima, las múltiples 
reuniones sobre etnocidio y las mesas 
redondas sobre indigenismo en Méxi¬ 
co. Habría que agregar, asimismo, el 
testimonio constituido por un largo ro¬ 
sario de artículos y libros caracteriza¬ 
dos todos por su extrema beligerancia. 

Con esta advertencia preliminar 
quiero indicar dos cosas. La primera, 
que no puedo esperar que mi exposi¬ 
ción, por más que procure hacerla tan 
objetiva como me sea posible, deje de 
provocar, quizá, reacciones semejantes 
a las que caracterizan ya la polémica en 
América. La segunda, es que parecería 
necesario y urgente establecer una dis¬ 
tinción nítida entre la realidad del pro¬ 
blema indígena y del estado actual del 
proceso de integración, por una parte, 
y por otra aquello que nos dicen sus 
ideólogos, intérpretes y estudiosos. Pe¬ 
ro, ¿es esto posible? O quizá, mejor 
aún, ¿es conveniente intentarlo en este 
momento? 

Las ciencias sociales y los científi¬ 
cos sociales, al operar con los mecanis¬ 
mos más esenciales de los procesos 
históricos de las sociedades humanas, 
tienen la cualidad o el poder, como se 
ha de observar en muchas ocasiones, 
de influir, a veces decisivamente, sobre 
la marcha de los acontecimientos y so¬ 
bre el desenlace de situaciones de con¬ 
flicto. Las interpretaciones 
sociológicas e históricas son también, y 
por sí mismas, fuerzas sociales y fuer¬ 
zas históricas. Las profecías poseen 
una cierta capacidad de hacerse cum¬ 
plir, hasta cierto punto independiente¬ 
mente de su veracidad. Aún Marx, este 
supuesto filósofo del determinismo 
materialista de la historia, tuvo que 
afirmar, repetidamente, que las ideas 
se convierten en fuerzas, particulamen- 
te cuando prenden en las masas y en los 
grupos dirigentes. 

Pero no nos conviene exagerar el 
curso de esta parábola. Evidentemente, 
para que las ideas puedan actuar como 
fuezas históricas, deben guardar algu¬ 
na relación con la realidad, y sobre to¬ 
do, con el poder. El poder de las ideas 
está muy relacionado con las ideas del 
poder. La profecía que se cumple a sí 
misma, debe tener, desde un principio, 
algún poder social de realización. La 
clara y vigorosa formulación de una 
profecía (tarea específica de los intelec¬ 
tuales e ideólogos) y su amplia acepta¬ 
ción entre los grupos sociales, quizá no 
hacen más que preparar y acelerar un 
cumplimiento que era ya previsible. 

La cuestión que les estoy plante¬ 


ando va, entonces, más allá de una dis¬ 
cusión académica, oir importante que 
esta sea, entre la realidad y el deseo de 
los científicos sociales, convertidos en 
impugnadores y en defensores de las te¬ 
sis y contratesis sobre la integración. El 
problema que les estoy proponiendo 
podría, quizá, plantearse mejor en es¬ 
tos otros términos. La aceptación cre¬ 
ciente de la idea de que el proceso 
histórico de integración en América no 
llegará (y, por otra parte, no debe de¬ 
jarse llegar) a sus últimas consecuen¬ 
cias, contribuye a crear una situación 
tal, en que la integración será, en efec¬ 
to, imposible, y tendrán que procurar¬ 
se otras soluciones. Puede uno 
preguntarse, en consecuencia, hasta 
qué punto, en la sociedad nacional o en 
su sector dominante, y en los segmen¬ 
tos indígenas o en otras minorías étni¬ 
cas), existen ya suficientes elementos 
objetivos para que la tesis de la no inte¬ 
gración pueda desarrollarse con fuerza 
y con éxito. 

Quizá el caso más ilustrativo que po¬ 
dría examinarse sobre esta compleja in¬ 
teracción entre la interpretación 
científica, la profecía ideológica y los 
factores de la realidad objetiva, sea el 
que nos ofrece la minoría negra de Es¬ 
tados Unidos. No es casual, creo yo, 
que mucha de la ideología y, sobre to¬ 
do, de la emoción anti-integracionista 
en América, provenga, precisamente, 
de los negros norteamericanos. De 
ellos, particularmente de los teóricos y 
propagandistas del racismo negro, pro¬ 
ceden las mayores influencias que se 
advierten en los círculos intelectuales 
que dicuten el problema indígena, por 
más que estos influjos no hayan llega¬ 
do, todavía, a la población misma. 

Puede uno preguntarse si es líci¬ 
to, e incluso si es racional, extrapolar 
la evolución del problema negro de Es¬ 
tados Unidos dentro del problema indí¬ 
gena. La pregunta, hasta cierto punto, 
carece de sentido, ya que la problemᬠ
tica particular de la cuestión negra está 
siendo violentamente introducida en la 
cuestión indígena. Y no sólo en 
términos de concepciones y de emocio¬ 
nes, como indicaba antes, sino también 
en términos de estrategias y de tácticas, 
y aún de símbolos y de formas de orga¬ 
nización. La influencia más nueva, y 
posiblemente más poderosa, que existe 
hoy día sobre el planteamiento del pro¬ 
blema indígena americano, es la del 
movimiento negro más militante y ra¬ 
dical de Estados Unidos. Los profetas 
del nuevo radicalismo no son Fidel 


Castro ni el «Che» Guevara, que han 
tenido poco o nada que decir y que 
aprender sobre el indígena, como bien 
lo enseñó su trágica aventura bolivia¬ 
na. Los profetas son Malcom X, Car- 
michael, Cleaver, Fanón: los que han 
reemplazado el concepto de la lucha de 
clases por el de la lucha de razas, y la 
mitología del capitalismo y del socialis¬ 
mo, por la del imperialismo y el colo¬ 
nialismo. 

El camino por el que se ha 
llegado a esta situación parece, a la 
vez, claro e inevitable en las condicio¬ 
nes de la historia y de la sociedad nor¬ 
teamericana. Desde hace más de cien 
años, los negros de Estados Unidos 
han estado experimentando incesante¬ 
mente que la abolición de la esclavitud 
no trajo consigo la igualdad jurídica de 
las razas, ni mucho menos supuso el es¬ 
tablecimiento del ideal norteamericano 
de igualdad real de oportunidades en 
una sociedad abierta. La segregación 
por color, consagrada legalmente co¬ 
mo un sucedáneo de la esclavitud y co¬ 
mo un compromiso necesario con los 
racistas blancos, fue considerada por 
los liberales como el gran enemigo a 
combatir y a destruir, para realizar la 
integración del negro a la sociedad nor¬ 
teamericana. 

Frente a esta interpretación libe¬ 
ral, centrada en el problema de la 
segregación jurídica y de facto, se le¬ 
vantó la interpretación marxista, cen¬ 
trada en la estructura socioeconómica 
del capitalismo norteamericano. Según 
ella, la cuestión racial sería, solamente, 
un seudoproblema, ocultando y desfi¬ 
gurando el contenido clasista del con¬ 
flicto. El negro debía ser incorporado a 
la clase trabajadora y a la lucha por el 
socialismo. Sólo así se realizaría su ver¬ 
dadera integración a una sociedad libe¬ 
rada de conflictos de clase, y en 
consecuencia, también libre de toda 
clase de conflictos étnicos. 

En la década del 50, los liberales 
parecían haber inclinado decisivamente 
la marcha de los acontecimientos en su 
dirección. A ello habían concurrido, 
evidentemente, las circunstancias de la 
guerra fría, el creciente desprestigio in¬ 
ternacional de la Unión Soviética y la 
decadencia ideológica y política del co¬ 
munismo en Estados Unidos. Sin em¬ 
bargo, los factores más poderosos para 
el triunfo de las tesis liberales se encon¬ 
traban en la persistente acción política 
de los sucesivos presidentes demócra¬ 
tas, desde la época de Roosevelt, cre¬ 
cientemente dependientes del voto 
negro para sus campañas electorales. 


boletín del CEAS 


11 


La ironía aparente de la situación 
es que fue cuando se estaban realizan¬ 
do los mayores progresos seculares en 
la consecución de la igualdad legal del 
negro y en la apliación efectiva de sus 
posibilidades reales de integración 
cuando un número en aumento de jó¬ 
venes negros decidieron que no estaban 
interesados en luchar por la integración 
norteamericana. 

Dos conjuntos de circunstancias 
me parecen decisivas a este respecto. 
Por un lado, existe una crisis de fondo 
de la civilización norteamericana, ex¬ 
presada, entre otras cosas, en su estado 
interminable de guerra, en la delin¬ 
cuencia criminal, en las drogas, en la 
corrupción del cuerpo político, en la 
anemia social y moral. ¿Quién desea 
integrarse a una sociedad en tal estado 
de crisis y desmoralización? Cierta¬ 
mente, no los jóvenes líderes negros, 
que cominezan por cuestionar la vali¬ 
dez misma de la sociedad que dice que¬ 
rer integrarlos. En esto, el radicalismo 
negro no está lejos, ideológicamente, 
del radicalismo de los jóvenes blancos, 
desde los combatientes del Weather- 
man a los evadidos “jipis”. 

Por otro lado, sin embargo, está 
la cuestión diferencial del racismo. Cu¬ 
riosamente, pensamos más a menudo 
del racismo en términos de la ideología 
o de los prejuicios, del grupo dominan¬ 
te que se considera superior, de lo que 
lo pensamos en términos del grupo o 
grupos dominados. Fue necesario co¬ 
nocer las experiencias de los judíos en 
los campos nazis, para comenzar a 
imaginar una situación monstruosa de 
trasferencias y de identificaciones entre 
víctimas y verdugos. En forma menos 
aguda, pero más persistente y extendi¬ 
da, el problema se presenta en condi¬ 
ciones psicológicamente semejantes 
entre blancos y negros norteamerica¬ 
nos. 

Quiero decir que, puesto que el 
blanco ha pensado y piensa la cuestión 
negra, sobre todo y casi exclusivamen¬ 
te, en términos raciales, el negro ha 
pensado su problema exactamente en 
los mismos términos. El racismo negro 
es la imagen en el espejo, o sea, es la in¬ 
versión del racismo blanco. Le costó al 
negro mucho esfuerzo llegar a descu¬ 
brir que la política integracionista en 
Estados Unidos, aún bajo sus formas 
más liberales, no es, en el fondo, más 
que una política racista. Pero una vez 
que lo descubrió, los resultados fueron 
explosivos. 

Antes de este descubrimiento, el 
negro simplemente quería ser blanco. 


Había sido convencido por la violación 
permanente de su conciencia, por la 
alienación de su personalidad, de que 
el blanco era superior. De hecho, todo 
lo blanco era mejor y, en consecuencia, 
deseable, codiciable. El negro sufría el 
infortunio no sólo de ser negro, sino 
también el de considerar una desgracia 
ser negro. La reacción negra se ha pro¬ 
ducido, entonces, sobre el mismo fren¬ 
te. No se contenta con rechazar a la 
sociedad norteamericana por las mis¬ 
mas razones que lo puede hacer un jo¬ 
ven radical blanco, se rechaza a la 
sociedad, sobre todo, por ser blanca. 
La contaminación sigue estando en el 
color, pero la valoración del color es lo 
que ha cambiado. 

El extraño grito de guerra fue 
black is beautiful ; lo negro es bello. 
Casi a nivel de anécdota, pero de ilus¬ 
tración indispensable: se rechazaron 
las pomadas y los tratamientos para 
volver lacio el pelo; se renunció al crew 
cult del clean American boy\ se adoptó 
el African style para el cabello de hom¬ 
bres y mujeres; apareció el cultismo del 
vestido tribal, de la cocina y de los ali¬ 
mentos del “alma negra”. 

A la vez que el negro recogía de 
esta manera la imagen racial que había 
proyectado el blanco, ya la volvía con¬ 
tra la sociedad blanca, el negro acepta¬ 
ba también la segregación de fado. La 
vida y la organización del ghetto de co¬ 
lor, este infierno norteamericano, se 
incorporaron al nuevo espíritu negro, 
para convertirlas en armas de lucha y 
en medios de afirmación. Ahora, el ne¬ 
gro no sólo no quiere salir de las zonas 
territoriales del apartheid norteameri¬ 
cano, sino que no quiere que el blanco 
entre en ellas. Ni blancos ni nada que 
represente lo blanco, comenzando por 
las instituciones mismas de la sociedad 
nacional: los comercios, los bancos, la 
policía, las autoridades políticas, las 
iglesias. 

La táctica consiste en convertir el 
ghetto de color, ese territorio de los 
condenados, en un territorio libre, es¬ 
tableciendo sus propias instituciones 
negras, su propio comercio, sus igle¬ 
sias, sus escuelas, sus autoridades, sus 
partidos, incluso sus propios gangsters. 
Las tácticas terroristas son globales y 
se aplican sin discriminación contra to¬ 
do el mundo blanco. En consecuencia, 
son fáciles de confundir con la delin¬ 
cuencia criminal o de trasformarse en 
ella. La moralidad de la violencia que 
el blanco practicó contra el negro ha si¬ 
do convertida por el negro en la teoría 
de la praxis de la violencia. Los asaltos, 


los saqueos, los robos, los motines, el 
asesinato, la destrucción deliberada de 
sectores enteros de ciudades como De¬ 
troit y Los Angeles, deben verse bajo 
esta luz de política de “tierra quema¬ 
da” para el blanco. Se trata, no de in¬ 
tegrar el ghetto , sino de excluir de él al 
blanco por medio de la violencia y del 
terror, que el blanco enseño al negro y 
con los cuales trató de mantenerlo do¬ 
mesticado. 


En el plano político, los nuevos 
movimientos del “poder negro”, y so¬ 
bre todo las “Panteras negras”, plan¬ 
tean con ardor y asiduidad, y hasta 
diría yo que con brillantez estratégica, 
la desintegración de la sociedad nortea¬ 
mericana. Los más audaces, o quizá lo 
más irresponsables, reviven viejos sue¬ 
ños de una nación negra independien¬ 
te. Caulquiera que sea el desenlace 
final de esta tragedia americana, lo 
cierto es que asistimos a la primera ten¬ 
tativa, desde la guerra del Norte y el 
Sur, encaminada con deliberación a 
romper la unidad de Estados Unidos y 
a segregar de ellos, de alguna manera 
todabía poco clara, una nueva nación. 
El que esto parezca una tarea de impo¬ 
sible ralización, resulta irrelevante por 
el momento. Lo que es importante con¬ 
siderar es que todo el tratamiento y la 
evolución del problema negro se está 
efectuando, ahora, en la atmósfera cre¬ 
ada por el radicalismo negro y bajo las 
amenazas del terrorismo racial. 

Entre los más asiduos observadores de 
la peripecia integracionista de los ne¬ 
gros, y entre los más interesados estu¬ 
diosos del cambio de frente hacia la no 
integración, han estado los miembros 
de otra minoría étnica, ésta de lengua 
española y la segunda en importancia 
de Estados Unidos. Me refiero, por su¬ 
puesto, a los “chícanos”, llamándoles 
por el nombre que ellos mismos se han 
dado y por el que ahora prefieren ser 
conocidos. 

Hasta cierto punto, el movimien¬ 
to chicano moderno más agresivo 
partió de una imitación, que quizá po¬ 
dríamos llamar extralógica, del movi¬ 
miento negro. Estralógica, porque la 
posición estructural y cultural del chi¬ 
cano en la sociedad norteamericana tie¬ 
ne pocas áreas de semejanza con la del 
negro. El negro es, desde el punto de 
vista norteamericano y pese a todo, un 
“nativo”. O sea, un inmigrante de re¬ 
lativa antigüedad, no importa si llegó 
en cadenas. Para alcanzar este status 


12 


hay que haber roto, al menos en apa¬ 
riencia, el cordón umbilical con la 
tierra de origen; olvidar la propia len¬ 
gua, para adoptar el inglés; aceptar el 
proceso de “americanización”, y dese¬ 
char el bagaje de una tradicióncultural; 
de hecho, de cualquier tradición. 

El chicano, paradójicamente, se 
ve como un extraño recién arribado, 
que presenta dos alarmantes propen¬ 
siones. Una, la de mantenerse firme- 
nente anclado a una tradición cultural 
propia, que alimenta con su relación 
con México y facilita la vecindad ge¬ 
ográfica. Otra, la del empeño en con¬ 
servar el español, un idioma que, por 
encima de las frontesras anglosajonas, 
le permite acceder al mundo de la his¬ 
panidad, aunque el mundo de la hispa¬ 
nidad no tenga acceso a ellos. 

Es sobradamente evidente que 
por lo menos una parte de la población 
chicana vive, desde hace siglos, en te¬ 
rritorios ahora de Estados Unidos, y 
que, en este sentido, son mucho más 
“nativos” que los negros y los propios 
anglosajones. Sin embargo, no son 
percibidos, generalmente, de esta ma¬ 
nera. Por otra parte, la inmensa mayo¬ 
ría de los chícanos son, en efecto, 
producto de grandes migraciones desde 
México en la época de la Revolución y 
durante las dos guerras mundiales, 
atraídos por la oferta de trabajo de la 
economía norteamericana en expan¬ 
sión. 

Estas condiciones de extraña¬ 
miento, comenzando por la lengua y su 
ciudadanía dudosa o al menos discuti¬ 
ble, impidieron al chicano, como in¬ 
migrante, constituirse en potencial 
político. No hubo corazones liberales 
conmovidos por la situación del chica- 
no, como los hubo que sangraron 
abundantemente por la del negro; ni 
políticos que los organizaran, puesto 
que no había votos que ganar, ni fuer¬ 
za política que explotar. Tampoco los 
chícanos encontraron su mafia, como 
los italianos o sus sinagogas, como los 
judíos. La iglesia católica de Estados 
Unidos, en manos de Lutero, o sea, de 
fanáticos y rubicundos irlandeses y ale¬ 
manes, los trató prácticamente como a 
indios idólatras sujetos a cristianiza¬ 
ción. 

Mientras el negro ha terminado 
por aceptar y asimilar las injurias del 
blanco, sobre todo el racismo y la se¬ 
gregación, y se las devuelve ahora con¬ 
vertidas en proyectiles, el chicano 
parece estar activamente entregado a la 
elaboración de mitos que sostengan 
una contracultura. Por ejemplo, el mi¬ 


to de su origen, remontado a la época 
prehispánica, a los aztecas y a la tierra 
legendaria de Aztlán. El mito de su 
identificación con la población hispa- 
nomexicana, que ocupaba y poseía los 
territorios actuales de Estados Unidos 
al oeste del Misisipí, y que fue conquis¬ 
tada y despojada por los anglosajones. 

Quizá el ejemplo más claro de es¬ 
ta contracultura chicana en 
elaboración resida en la actitud de sus 
grupos más militantes ante el idioma. 
Se afirma que su lengua, en efecto, ha 
dejado de ser el español sin llegar a ser 
el inglés. Lo que el chicano habla es 
una mezcla de las dos. Dentro de una 
estructura sintáctica básicamente espa¬ 
ñola, emplean el vocabulario de las dos 
lenguas, según cuáles hayan sido las 
fuentes de su adquisición. Es decir, si 
los temas de conversación son la fami¬ 
lia, la cocina, las cosas del campo, la 
religión, las fiestas, se apela al español; 
pero al hablar de tecnología, mecánica, 
productos modernos y aún política, se 
recurre al inglés. 

Los chícanos rehúsan considerar 
esta situación como anormal y como 
transitoria. De hecho, hace poco, uno 
de ellos se empeñó en mostrarnos cómo 
el inglés mismo es una lengua “bastar¬ 
da”, una mezcla de latín y dialectos 
germánicos, con una estructura igual¬ 
mente bastarda, que no es ni latina ni 
germánica. El argumento puede ser o 
no correcto, desde el punto de vista lin¬ 
güístico. Desde el punto de vista socio¬ 
lógico, no hay duda que el fenómeno 
de la lengua real del chicano no es ya, 
simplemente, una cuestión de bilingüis¬ 
mo incompleto o deficiente, sino más 
bien algo semejante al inglés “pidgin” 
de algunas partes de África y Oceanía, 
al “creóle” de las Antillas francesas, 
al “papiamento” del Caribe, o al espa¬ 
ñol hablado en algunos lugares de Oce¬ 
anía. De cualquier manera, lo que 
expresa la actitud del chicano ante este 
fenómeno, es una voluntad de persona¬ 
lidad cultural propia; una decisión de 
no ser “anglificados”, y de no tolerar, 
a la vez, el ser considerados como un 
grupo intruso de mexicanos inmigran¬ 
tes no asimilados, y sujetos por ello a 
integración discriminatoria. 

Es difícil imaginar el curso futuro 
del movimiento chicano. En teoría, al 
menos, podría seguir uno de tres cami¬ 
nos, o quizá los tres simultáneamente, 
de acuerdo a características y situacio¬ 
nes particulares. Los chícanos podrían 
renunciar a su identidad étnica, cultu¬ 
ral y lingüística, y tratar de asimilarse 
enteramente a la sociedad anglosajona. 


Parece que la hora está demasiado 
avanzada para todos, chícanos y anglo¬ 
sajones, para que esta solución sea po¬ 
sible, excepto para individuos sin el 
estigma del color y dispuestos a dese¬ 
char los estigmas culturales y lingüísti¬ 
cos. 

Los chícanos pueden esforzarse 
en mantener su identidad, pero exigien¬ 
do e imponiendo un status de igualdad 
jurídica y una situación progresiva de 
igualdad en términos de oportunida¬ 
des. Hoy por hoy, este camino parece 
representar el consenso de la mayoría, 
pero es mi impresión que el movimien¬ 
to chicano no va a poder ser contenido 
dentro de estos límites. Finalmente, 
pueden, como los radicales negros, 
preparar el ánimo y las condiciones pa¬ 
ra una eventual segregación de la socie¬ 
dad norteamericana, bajo alguna 
fórmula todavía inédita. Al contem¬ 
plar los desfiles chícanos, con estan¬ 
dartes de la Virgen de Guadalupe y 
banderas con águilas devorando ser¬ 
pientes, los anglosajones quizá deberí¬ 
an recordar procesiones parecidas en 
los primeros años del siglo xix. 

He dedicado un tiempo, quizá excesi¬ 
vo, a discutir las condiciones de la inte¬ 
gración, o mejos dicho, de la no 
integración de los negros y de los chica- 
nos en Estados Unidos. Para hacer más 
claro el problema, debería haber agre¬ 
gado al análisis otros grupos étnicos, 
como puertorriqueños, los indios y aún 
ciertas minorías de procedencia euro¬ 
pea y oriental. Pero mis propósitos, es¬ 
ta noche, son mucho más reducidos 
que el de un examen general de la situa¬ 
ción de las tendencias de las relaciones 
inter-étnicas en Estados Unidos. 

Por otra parte, no ha sido tampo¬ 
co mi intención la de establecer parale¬ 
los significativos y estrechos entre la 
América anglosajona y la ibérica. Por 
el contrario, mi exposición quiso hacer 
recordar las diferencias más obvias en¬ 
tre las dos, de las cuales la principal es, 
seguramente, la ausencia del prejuicio 
racial, o al menos de las barreras de co¬ 
lor. Sin embargo, no me interesa, en 
esta oportunidad, dedicarme al análisis 
de las diferencias, que están en la men¬ 
te de todos nosotros, y que constituyen 
un motivo constante de complacencia y 
un buen pretexto para congratulacio¬ 
nes periódicas. 

Me interesa, más bien, dedicar el 
resto de la conferencia a examinar las 
posibles causas de la repentina crisis 
del proceso secular de integración étni¬ 
ca, social y cultural en la América espa- 


boletín del CEAS 


13 


ñola, cuya naturaleza inconclusa e 
imperfecta ya subrayé al cominezo de 
mi plática. Dentro de este contexto, 
quiero discutir el posible impacto de la 
evolución de la situación étnica nortea¬ 
mericana. La brevedad misma me va a 
obligar a plantear algunos puntos de 
vista, no sólo sin la suficiente base fac¬ 
tual, sino, además, sin los matices in¬ 
dispensables y sin conceder mucha 
atención a las sensibilidades españolas 
e hispanoamericanas. 

Consideremos primero, la magni¬ 
tud del llamado problema indígena, 
llamado a veces un problema residual; 
o más bien, reflexionemos un momen¬ 
to sobre nuestro desconocimiento de su 
volumen exacto. Cada país, según las 
inclinaciones del régimen dominante en 
el momento, manipula los datos esta¬ 
dísticos y modifica los criterios censa¬ 
les, para mostrar, unas veces, que el 
problema indígena es, todavía, inmen¬ 
so y agudo, y otras veces, que está a 
punto de ser resuelto. Por detrás de es¬ 
tas trapacerías, es fácil descubrir una 
realidad abrumadora. Tomando la 
América ibérica en su conjunto, una 
población por lo menos igual a la de 
España en 1970, debe ser considerada 
como la materia prima del problema 
indígena. Esta masa de población está 
concentrada, primordialmente, en la 
región andina y en el área mesoameri- 
cana, las dos viejas sedes de las grandes 
civilizaciones aborígenes. 

Para definir esta población, a 
grosso modo, tomo en consideración, 
primero, un criterio cultural. O sea, la 
medida en que podemos hablar de cul¬ 
turas indígenas distintivas, en el senti¬ 
do antropológico del término, con una 
participación muy débil en la cultura 
nacional, participación que hacen to¬ 
davía más exigua el monolingüismo y 
el bilingüismo defectuoso. No trato de 
medir, en ningún momento, el grado 
de “pureza” de culturas indígenas, que 
sería una empresa insensata, sino, sim¬ 
plemente, su distintividad con respecto 
a la cultura nacional. 

Tomo, como segundo criterio, el 
de la estructura social como un sistema 
nacional. El fenómeno del dualismo de 
las sociedades iberoamericanas, en cu¬ 
ya descripción no voy a detenerme aho¬ 
ra, configura, entonces, la otra cara del 
problema indígena. Se expresa, parti¬ 
cularmente, en la existencia de comuni¬ 
dades aldeanas (o de segmentos de 
ellas), cerradas, corporadas, que no 
pertenecen al sistema de clases y estra¬ 
tos que caracteriza a la sociedad nacio¬ 


nal. Prefiero utilizar estos criterios al 
de aislamiento, por ejemplo, porque, 
en verdad, los grupos indígenas, con 
raras excepciones, no viven aislados, 
sino, más bien, en estrecha dependen¬ 
cia y subordinación con la sociedad na¬ 
cional, aunque sin formar parte del 
mismo sistema social. 

Vivimos, verdaderamente, en 
mayor o menor medida, en sociedades 
pluriculturales con estructuras duales. 
Todas las discusiones académicas sobre 
lo que en rigor significan estos térmi¬ 
nos (y ha habido y seguirá habiendo 
mucha polémica a este respecto), no 
podrán ocultar, ni siquiera desfigurar, 
el hecho crudo y elemental, al alcance 
de cualquier observador, de que en 
nuestros países hay gentes que se lla¬ 
man “indios o “indígenas”, que son 
clara y perceptiblemente diferentes de 
los demás nacionales, y que estas dife¬ 
rencias no tienen que ver, necesaria¬ 
mente, con el aspecto físico, sino 
esencialmente con la cultura, con la or¬ 
ganización y con la posición social de 
las poblaciones respectivas. 

En el fondo de esta dicotomía so- 
ciocultural innegable, está todavía el 
acontecimiento histórico de la Con¬ 
quista; no de la Conquista como trau¬ 
ma psicológico, del que a veces gustan 
charlar algunos colegas, sino de la 
Conquista como generadora de una so¬ 
ciedad peculiar. Las relaciones que 
unen a los indígenas con la llamada so¬ 
ciedad nacional son múltiples: econó¬ 
micas, políticas, religiosas, culturales, 
etc. Pero todas ellas se caracterizan por 
ser producto de la vieja violencia, por 
ser relaciones constantemente actuali¬ 
zadas de dominio, de subyugación y de 
explotación. 

La Conquista hizo surgir una so¬ 
ciedad colonial, por llamarla de alguna 
manera, sobre todo en las áreas densa¬ 
mente pobladas de las altas culturas 
prehispánicas. El largo periodo del Vi¬ 
rreinato consolidó esta sociedad y la 
Independencia confirmó y reafirmó las 
condiciones socioculturales, económi¬ 
cas y políticas de su existencia. La inde¬ 
pendencia política de las naciones 
iberoamericanas mantuvo el sistema 
colonial en términos de las relaciones 
entre los indios y la sociedad nacional. 
Es en este sentido que se pude hablar, 
como se habla hoy día, del “colonialis¬ 
mo interno”. Es decir, de una situa¬ 
ción en que una parte de la población 
(que coincide, en general, con un seg¬ 
mento étnico dominante), se conduce 
con respecto al resto (que constituyen 
grupos étnico y socioculturales bien di¬ 


ferenciados), en maneras más caracte¬ 
rísticas de una sociedad colonial 
arcaica (de conquista), que propias de 
una sociedad clasista moderna. 

La Conquista y la Colonia, y des¬ 
pués los regímenes de la Independen¬ 
cia, dejaron, sin embargo, una gran 
puerta abierta entre los indígenas sub¬ 
yugados y las nuevas sociedades nacio¬ 
nales. Por una combinación de 
designio (la labor misionera de cristia¬ 
nización, la crítica jurídica, la política 
de la Corona,etc.) y de accidentes (la 
ausencia de mujeres españolas, la debi¬ 
lidad demográfica de la Península, el 
mecanismo de selección naturia favore¬ 
cedor del mestiza, etc.), estas nuevas 
sociedades no resultaron viables, en 
ningún momento, sino sobre la base 
del mestizaje étnico y de la trascultura- 
ción recíproca. Esto quiere decir que el 
indio no está preso, y verdaderamente 
nunca lo ha estado, en el cerco infernal 
del racismo al estilo anglosajón. 

El proceso reciente de integración en la 
América española ante todo parece ser 
una función de un proceso más gene¬ 
ral, que podríamos llamar, convencio¬ 
nalmente, de “modernización”. Es 
decir, por ejemplo, en la medida en que 
la agricultura se mecaniza y produce 
para el mercado nacional y mundial, 
deja de necesitar de la fuerza de traba¬ 
jo indígena en la forma en que la usaba 
la sociedad tradicional. La comunidad 
cerrada corporada vivía, y vive donde 
quiera que existe, en simbiosis con los 
sistemas económicos arcaicos de las 
grandes haciendas, plantaciones y mer¬ 
cados locales y regionales. La crisis de 
estos sistemas anticuados de 
producción y de relaciones de trabajo y 
de intercambio, hace entrar en crisis 
también a la comunidad indígena. 

La modernización, sin embargo, 
se desarolla en su forma más intensa en 
las ciudades y en el sector económico 
industrial. La atracción que estos dos 
fenómenos combinados ejercen sobre 
la población rural es inmensa. Una co¬ 
rriente continua de campesinos, y entre 
ellos de indígenas en grandes propor¬ 
ciones, se incorpora constantemente a 
la sociedad nacional por las vías de la 
urbanización y de la industrialización. 

La modernización tiene lugar, 
también, en el propio seno de las co¬ 
munidades indígenas, que, sobre todo 
al brirse nuevas vías de comunicación, 
se van integrando al sistema económico 
moderno, producen para el mercado, 
usan dinero, adoptan tecnología y va¬ 
lores de la sociedad nacional, y se es- 


14 


tratifican según el modelo que les 
facilita la misma sociedad nacional. 

Una vez que el indio se convierte 
en trabajador agrícola asalariado, en 
obrero industrial, en residente y emple¬ 
ado urbano, en pequeño empresario 
agrícola, deja rápidamente de ser in¬ 
dio, sin que sus características físicas se 
conviertan en estigmas para la segrega¬ 
ción. Dicho de otra manera, el indio 
como persona no desaparece de entre 
nosotros. Lo que desaparece, por me¬ 
dio de la modernización, es, primero, 
el fenómeno del dualismo y acto segui¬ 
do el del pluralismo cultural. Así ha 
avanzado hasta ahora el preoceso mo¬ 
derno de integración en la América ibé¬ 
rica. Así es como avanzó, asimismo, 
aunque a un ritmo más lento, durante 
la época colonial y el primer periodo de 
la Independencia. 

La interrogación obligada sería, ahora, 
la que llamara la atención sobre la pa¬ 
radoja de que la crisis de la integración 
se produce, precisamente, enmedio del 
periodo más extendido y vigoroso de 
modernización. Pero esta paradoja es 
ilusoria, como vamos a ver. 

Quiero llamar la atención, en pri¬ 
mer lugar, sobre el hecho de que fue¬ 
ron las mismas autoridades coloniales 
las que crearon algunas instituciones 
que han representado las resistencias 
más fuertes a la integración. O sea, la 
encomienda (o sus sustitutos funciona¬ 
les) y, sobre todo, la comunidad indí¬ 
gena corporada. Ambas instituciones 
limitaron severamente el desarrollo de 
la gran propiedad privada territorial, 
así como el proceso de modernización 
de la agricultura y de las relaciones de 
producción, de trabajo y de intercam¬ 
bio. Dicho de otra manera, la enco¬ 
mienda y la comunidad, sobre todo la 
segunda, restringieron, a la vez, la ex¬ 
pansión del capitalismo y la proletari- 
zación del campesino indígena, 
condiciones necesarias para integrarlo, 
convirtiéndolo en trabajador asalaria¬ 
do en el campo, en las minas, en los 
obrajes, y en los sevicios urbanos. Cre¬ 
adas por la Corona con el fin ostensible 
de dar protección al indio, estas institu¬ 
ciones realizaron tan bien su función, 
que perpetuaron la condición del indio, 
sin premitir su integración completa al 
retenerlo en la aldea. 

En el caso particular de México, 
quienes entendieron el problema con 
toda claridad fueron los estadistas de la 
Reforma, empeñados en contruir una 
sociedad moderna al estilo europeo del 
siglo xix; o sea, siguiendo el modelo 


del centralismo burgués y anticlerical 
de la Revolución francesa. Sus golpes 
más demoledores fueron no sólo con¬ 
tra la Iglesia, sino contra las comunida¬ 
des indígenas, a las que privaron de sus 
tierras y desposeyeron de toda sanción 
legal. De esta manera, abrieron el ca¬ 
mino, quizá involuntariamente, al pro¬ 
ceso más gigantesco y rápido, en la 
historia de México, de concentración 
de la propiedad territorial, de proleta- 
rización del indio y de desarrollo capi¬ 
talista. La Revolución mexicana, desde 
este punto de vista, al restablecer el 
régimen de las comunidades indígenas 
(los «comuneros») y establecer el siste¬ 
ma de ejidos, significó un paso atrás en 
esta marcha. Estas decisiones son inex¬ 
plicables fuera del contexto de la Revo¬ 
lución misma (es decir, de las presiones 
armadas de los campesinos rebelados), 
pero sobre todo fuera del contexto de 
los problemas que suscita el control po¬ 
lítico en un país colonial o con un pasa¬ 
do colonial reciente. 

En efecto, la comunidad corpo¬ 
rada, además de sus funciones explíci¬ 
tas de protección al indio e implícitas 
de freno al capitalismo, tenía otra muy 
importante: servir de mecanismo de 
control político. Todo poder constitui¬ 
do en la América española, que ha he¬ 
redado numerosas características y 
muchos de los particulares intereses de 
la Corona, ha persistido en la misma 
actitud. Cualquier poder que pretenda 
situarse sobre las clases, y el poder bu¬ 
rocrático tiene siempre esta aspiración 
encuentra conveniente usar las organi¬ 
zaciones corporativas que, como la co¬ 
munidad indígena, están fuera de la 
estructura formal de clases. 

La comunidad indígena debe ser 
vista, entonces, como un freno a la mo¬ 
dernización, y, en consecuencia, como 
un obstáculo a la integración. Sus posi¬ 
bilidades de supervivencia, por otra 
parte, hubieran sido muy escasas frente 
al vigor del desarrollo capitalista, si la 
organización burocrática del poder en 
la América española no hubiera visto 
en las comunidades instrumentos de 
control y medios de contrarrestar la in¬ 
fluencia de las clases basadas en la pro¬ 
piedad privada. Esta dinámica 
conflictiva entre el desarrollo capitalis¬ 
ta, la comunidad indígena y el poder 
burocrático, sigue estando vigente y en 
operación en la mayor parte de 
América latina, y muy particularmente 
en las áreas de las altas culturas preco¬ 
lombinas. 

Quiero llamar la atención, en segundo 


lugar, sobre la ilusión de los efectos del 
proceso general de modernización. 
Evidentemente, nuestras ciudades cre¬ 
cen vertiginosamente y las industrias se 
expanden a buena velocidad. Pero to¬ 
do esto ocurre en un periodo histórico 
en que las tasas de crecimiento demo¬ 
gráfico nulifican, casi en todas partes, 
los efectos de la migración rural y urba¬ 
na, por lo que toca a las cifras absolu¬ 
tas de la población campesina. Un solo 
ejemplo: en 1970 tenemos en México, 
estrictamente como población rural, 
algunos millones más de personas de 
las que constituían la población total 
del país en 1940. Si generalizamos a 
partir de este dato, puede afirmarse 
que, aunque los porcentajes de la po¬ 
blación indígena con respecto a la total 
hayan descendido (cosa que, por otra 
parte, no siempre está muy clara), sin 
embargo, en números absolutos hay 
ahora más indios de los que había hace 
treinta años. De hecho, es posible que 
la población indígena actual iguale o 
sobrepase a la que encontraron los es¬ 
pañoles en algunas de las principales 
regiones de América. 

Quiero llamar la atención, en ter¬ 
cer lugar, sobre el hecho de que la nuli¬ 
ficación demográfica de los efectos de 
la modernización sobre la integración, 
ocurre en un periodo en que la moder¬ 
nización misma está cambiando de na¬ 
turaleza. Es decir, está terminando en 
la América española la etapa de la in¬ 
dustrialización primaria, rudimentaria, 
durante la cual la creación de nuevas 
manufacturas suponía la absorción in¬ 
mediata de una gran cantidad de fuerza 
de trabajo extraída del campo. Esta¬ 
mos entrando ahora en una etapa de 
industrialización (y aun de moderniza¬ 
ción agrícola) avanzada, más selectiva 
y compleja, en la cual suben las deman¬ 
das de capital y de tecnología, pero des¬ 
cienden las de mano de obra y, sobre 
todo, de mano de obra no calificada. 
Quiere decirse, que la modernización 
va a influir cada vez con menos intensi¬ 
dad directa sobre el proceso de integra¬ 
ción aunque aumente los recursos, 
disponibilidades y eficacia de la socie¬ 
dad nacional para liquidar, de alguna 
manera, el problema indígena. 

Tales son, en mi opinión, algunas 
de las causas esenciales de la crisis que 
sentimos todos en el proceso de inte¬ 
gración. 

Es dentro de esta coyuntura de desace¬ 
leración de la integración, con acelera¬ 
ción simultánea del crecimiento de la 
población idígena; es en esta coyuntura 


boletín del CEAS 


15 



del movimiento anti-integracionista ne¬ 
gro, y muy probablemente dentro de 
poco del anti-integracionista chicano. 
Es demasiado pronto para tratar de ha¬ 
cer predicciones, sobre todo porque la 
formación de una conciencia indígena 
del problema está, todavía, en estado 
larvario. Esta conciencia existe, por 
ahora, sólo en las mentes de algunos 
grupos de científicos sociales y de mi¬ 
sioneros, sobre los cuales ha soplado el 
mismo viento del espíritu que movió a 
Vasco de Quiroga y Las Casas. 

De algo, sin embargo, estoy segu¬ 
ro. La prédica del ejemplo negro y chi¬ 
cano, interpretado y trasmitido 
principalmente por los canales que aca¬ 
bo de indicar, no irá a dar a oídos ce¬ 
rrados; la semilla no está cayendo en 
suelos estériles. El indio de los Andes, 
que no entendió los llamamientos anti¬ 
imperialistas, no pudo interesarse por 
la complicada ideología del guerrilleris- 
mo, puede entender e interesarse por 
algo que renueva en ellos el recuerdo de 
su última gran rebelión, la de Tupac 
Amaru, el siglo xvm. El indio de Me- 
soamérica está todavía más cerca de la 
sangrienta guerra de castas de Yucatán 
y del estado maya organizado en las 
selvas de Quintana Roo durante casi 
medio siglo. 

No estoy tratando de atribuir cu- 
lidades místicas a esta eventual toma de 
conciencia de la población indígena, ni 
tampoco de imaginar conductos miste¬ 
riosos por los cuales se trasmiten las 
tradiciones rebeldes de los quechuas, 
yaquis, mayas, araucanos, totonacos... 
Los hechos elementales, la fuerza de 
las cosas, indica que el indio, envuelto 
ahora en un proceso simultáneo de de¬ 
sarrollo capitalista y de crecimiento de¬ 
mográfico, se está volviendo 


innecesario como fuerza de trabajo en 
el campo y en la ciudad. Sin embargo, 
los recursos de que el indio dispone to¬ 
davía, la tierra cultivable, el agua, los 
bosques, los pastos, el subsuelo, se 
vuelven cada vez más necesarios para 
la sociedad nacional. La sociedad na¬ 
cional no necesita al indio como fuerza 
de trabajo, ni lo quiere como persona 
portadora de una cultura diferente; pe¬ 
ro aspira a tener las cosas que el indio 
tiene, aquellas de las que todavía no ha 
sido despojado. 

El indio quizá no puede, por aho¬ 
ra, racionalizar su situación de la mis¬ 
ma manera que lo hacemos nosotros. 
Pero la percibe más vivamente en for¬ 
ma de presiones crecientes sobre sus re¬ 
cursos; la siente como un cerco 
opresivo de la sociedad nacional; la ve 
como una negación de oportunidades 
reales para moverse hacia las ciudades, 
cuando ya no puede vivir en el campo. 
Es de esta ruda materia prima de la que 
toman forma y contenido los grandes 
movimientos de rebeldía. 

Lo cierto es que el viejo proceso de in¬ 
tegración está detenido, y virtualmente 
se encuentra en retroceso. El impulso 
mayor, que provenía de la moderniza¬ 
ción, está perdiendo fuerza. Sólo enfo¬ 
ques nuevos del problema de la 
integración combinados con nuevas 
maneras de acelerar la modernización 


de la América española por vías capita¬ 
listas, nos permitirán, quizá, proseguir 
el camino hacia una integración más 
completa y más perfecta. 

Esta nueva integración no podrá 
plantearse, como en el pasado, simple¬ 
mente en términos de asimilación cul¬ 
tural y social a la sociedad nacional, 
dentro de un esquema capitalista clási¬ 
co. El indio, en la medida en que está 
encontrando o recuperando su voz, es- 
tablecinedo su propia conciencia de la 
situación, nos está diciendo que no 
quiere asimilarse, ni dejar de ser quien 
es. El indigenismo que hizo de la asimi¬ 
lación el eje verdadero de su programa 
de acción, así fuera de manera encu¬ 
bierta y vergonzante, está muerto, aun¬ 
que los viejos indigenistas todavía no 
lo sepan. 

Nadie puede decir todavía qué 
formas va a adoptar el nuevo indigenis¬ 
mo, el que yo llamaría el indigenismo 
de los indios. Sabemos que quienes lo 
van a definir no somos nosotros, sino 
los indios, como ya lo han hecho los 
negros y lo están haciendo los chícanos 
en Estados Unidos. 

Sabemos que estamos presencian¬ 
do y viviendo, en América y en el mun¬ 
do, una especie de regreso al 
tribalismo, si usamos el término no en 
forma peyorativa, sino en el sentido de 
una afirmación reiterada y vigorosa de 
los valores tradicionales de los grupos 
étnicos, valores y grupos que creíamos 
destruidos y pulberizados por la ma¬ 
quinaria impersona, monstruosa y ate¬ 
rradora de la no-cultura cosmopolita 
disfrazada de cultura nacional. Es una 
rebelión general la que contemplamos, 
dirigida contra la deshumanización del 
hombre, contra la destrucción de sus 
culturas particulares; se trata de reco¬ 
brar un alma robada y casi desvanecida 
por el culto impersonal a la llamada so¬ 
ciedad industrial moderna. 

Habrá que buscar en la América 
española nuevas fórmulas en la organi¬ 
zación política, escapando del centra¬ 
lismo burocrático que en otros tiempos 
tomamos como modelo, y hacer la or¬ 
ganización del Estado compatible con 
la reintegración de las formas particu¬ 
lares de la existencia cultural. Habrá 
que imaginar nuevas maneras de mo¬ 
dernizarse —es decir, de continuar el 
progreso material y tecnológico— que 
sean compatibles con la riqueza y va¬ 
riedad de culturas. 

Instituto de Ciencias Sociales , 
Universidad Iberoamericana, México. 


16 







FUNCIONARIOS, 
ANTROPÓLOGOS E 
INDIGENISTAS 


Entrevista 


por Jorge Chávez 


Jorge Chávez: Desde sus orígenes, la 
antropología mexicana ha sido sinóni¬ 
mo de indigenismo. ¿Hasta qué punto 
estas dos nociones son realmente indi¬ 
solubles? 

Guillermo Bonfil: Yo creo que la res¬ 
puesta, en forma muy sintética, es: el 
indigenismo es indisoluble de la antro¬ 
pología, pero la antropología no de¬ 
pende del indigenismo. 

En otras épocas, las instituciones 
redujeron la labor de los antropólogos 
a la labor de indigenistas. Esta labor 
surge de las investigaciones antropoló¬ 
gicas, en tanto que la antropología de 
hace tres décadas se ha abierto a otros 
campos de investigación, sin que éstos 
dependan de la vocación indigenista de 
la antropología. 

J. CH.: Con el reconocimiento de la 
pluralidad étnica y cultural de México 
se han operado cambios estratégicos en 
las políticas indigenistas. ¿En qué me¬ 
dida coinciden estos cambios con el 
proceso de modernización que vive el 
país, y qué repercusiones tendrá este 
proceso en el desarrollo de las comuni¬ 
dades indígenas? 

G. B.: Siempre se ha reconocido el plu¬ 
ralismo étnico de la sociedad mexica¬ 
na. Pero, a pesar de este 
reconocimiento, se había visto como 
un obstáculo al desarrollo de la socie¬ 
dad nacional. Lo que ha sucedido a 
partir de los años setenta, es que se em¬ 
pezó a utilizar lo que antes se había 
omitido, bajo conceptos como etnode- 
sarrollo, etcétera. 

No tengo claro cómo se concibe 
la modernización en términos de políti¬ 
ca indigenista; el riesgo de suponer que 
lo que debe modernizarse son los 
pueblos indígenas y su cultura, eso lle¬ 
varía a una nueva forma de imponer 
cultura, dejaría de lado la estructura de 
las relaciones asimétricas que mantiene 


la sociedad nacional con los pueblos in¬ 
dios. Yo diría que esa estructura de re¬ 
laciones es aracica, para contraponerlo 
con lo moderno. El paso de una políti¬ 
ca de modernización en el indigenismo 
es: modernizar la relación asimétrica 
entre la sociedad nacional y los pueblos 
indios. Esto no quiere decir que hacer 
más eficiente la dominación, sino esta¬ 
blecer relaciones más simétricas entre 
los diferentes sectores de la sociedad 
nacional, incluyendo a los pueblos in¬ 
dios. 

Esa transformación es una condi¬ 
ción indispensable para que los pueblos 
indios puedan modernizar sus culturas 
con base en sus propias decisiones y sus 
propios proyectos. 

J. CH.: ¿Cómo concilio su formación 
de antropólogo y su postura permanen¬ 
temente crítica con su actual papel de 
funcionario público? ¿Es posible que 
sus propuestas teóricas se puedan lle¬ 
var a cabo en el plano operativo? 

G. B.: Va para 16 años que he estado 
ocupando puestos de dirección en insti¬ 
tuciones oficiales: inah, cisinah, Mu¬ 
seo de Culturas Populares, Dirección 
General de Culturas Populares y, ac¬ 
tualmente, el Seminario de Estudios de 
la Cultura. 

Durante todos esos años, inde¬ 
pendientemente del puesto ocupado, 
pienso que he decidido y atendido los 
problemas del indigenismo y de la cul¬ 
tura. Y he atendido esas funciones de 
acuerdo a mis interpretaciones, a las 
posibilidades de las instituciones y sus 
limitaciones. 

No siento que haya una contra¬ 
dicción necesaria. En la primera pre¬ 
gunta se habla acerca de la 
antropología y el indigenismo y eso nos 
remite a la consideración de que la an¬ 
tropología mexicana ha estado vincula¬ 
da en las tareas gubernamentales. 


a Guillermo Bonfil 


En los considerandos de por qué 
se creó la Escuela de Antropología [E- 
nah], era porque sus especialistas son 
los que van a contruir el diseño guber¬ 
namental de la política indigenista y 
cultural del país. 

Muchas de esas instituciones han 
sido creadas por antropólogos, no sólo 
el INAH o el INI. Culturas Populares 
surgió por la iniciativa que echó a an¬ 
dar Rodolfo Stavenhagen. Institucio¬ 
nes que no son fundación de centros de 
investigación, son funciones del ejecu¬ 
tivo que tienen acciones concretas de 
política a su cargo. También en otras 
instituciones hay espacios para llevar a 
cabo ciertos proyectos que son conse¬ 
cuentes con una visión crítica de la so¬ 
ciedad y el proceso histórico de 
México. 

No creo en el carácter monolítico 
del aparato gubernamental; al contra¬ 
rio, hay contradicciones y de alguna 
manera es responsabilidad de quienes 
trabajan en las instituciones de gobier¬ 
no, la de consolidar y ampliar esos 
espacios y aprovechar esas contra¬ 
dicciones. 

Ahora, como antropólogo, lo 
que he tratado de hacer es analizar cier¬ 
to tipo de problemas, desarrollarlos y 
tratar de encontrar fundamentos teóri¬ 
cos y metodológicos para el diseño de 
políticas de acción. 

Personalmente creo que, si revi¬ 
samos casos concretos, como puede ser 
el Museo de Culturas Populares, o los 
proyectos que se echaron a andar en 
Culturas Populares, hay coherencia en¬ 
tre esas acciones, tanto teórica como 
cultural, que en mi caso se resume en la 
teoría del control cultural. 

Un ejemplo de esto sería el Pro¬ 
grama de Apoyo a las Culturas Munici¬ 
pales y Comunitarias (acmc). Es un 
mecanismo que permite apoyar con re¬ 


boletín del CEAS 


17 


cursos económicos en pequeña escala 
proyectos de desarrollo cultural que 
presentan las propias comunidades o 
grupos avalados por ellas. 

Se buscó tener el menor número 
de requisitos burocráticos, con una 
concepción muy amplia de qué se en¬ 
tiende por proyecto cultural. El ACMC 
ha tenido en su primera convocatoria 
resultados muy positivos (el año pasa¬ 
do se aprobaron 180 proyectos); se tra¬ 
ta de contribuir a la consolidación de 
espacios de cultura propia en las comu¬ 
nidades (indígenas, mestizas o urba¬ 
nas). 

J. CH.: ¿Cuál es el destino del indige¬ 
nismo y de las instituciones guberna¬ 
mentales que se encargan de 
instrumentarlo? 

G. B.: En términos de los planteamien¬ 
tos oficiales, se pasó del planteamiento 
clásico y muy elaborado de Gonzalo 
Aguirre Beltrán al del indigenismo par- 
ticipativo, donde se supone que la polí¬ 


por Virginia García Acosta 


Virginia García Acosta: Desde sus orí¬ 
genes la antropología mexicana ha sido 
sinónimo de indigenismo . ¿Hasta qué 
punto estas dos nociones son realmente 
indisolubles? 

Arturo Warman: Es obvio que la an¬ 
tropología mexicana surgió de y debe 
mantener una vinculación con el indi¬ 
genismo. Por un lado, hay una vincula¬ 
ción histórica que es en sí misma un 
hecho histórico y hay también una vin¬ 
culación posible en la actualidad, posi¬ 
ble y necesaria pero no obligatoria. 
Todo antropólogo en su formación es¬ 
tará en contacto con el indigenismo, y 
eso se incorpora a su formación, pero 
esto no puede traducirse en que toda la 
práctica antropológica sea indigenista. 
V. G. A.: Con el reconocimiento de la 
pluralidad étnica y cultural de México 
se han operado cambios estratégicos en 
las políticas indigenistas. ¿En qué me¬ 
dida coinciden estos cambios con el 
proceso de modernización que vive el 
país , y qué repercusiones tendrá este 
proceso en el desarrollo de las comuni¬ 
dades indígenas? 


tica indigenista se elabora con la 
población indígena. 

Las organizaciones indígenas lu¬ 
chan por tener cada vez más participa¬ 
ción propia en asuntos de elaboración 
de política indigenista. Están por la au¬ 
togestión porque consideran insufi¬ 
ciente la participación de ellos en dicha 
política. 

Considero que en un futuro, la 
principal función de las instituciones 
indigenistas va a ser la de apoyar las 
nuevas demandas que están surgiendo 
y van a surgir de los pueblos indios y 
sus instituciones. Las políticas indige¬ 
nistas las van a definir los pueblos in¬ 
dios y las instituciones indigenistas 
tendrán la función de apoyar esas polí¬ 
ticas en lugar de decidirlas. 

J. CH.: Finalmente , dada la actual si¬ 
tuación del país, ¿deberían los centros 
de investigación estar más articulados 
con las instituciones públicas de desa¬ 
rrollo o resulta saludable la indepen¬ 


dencia en la que funcionan? 

G. B.: Yo creo que existe una especie 
de falso dilema entre lo que se conside¬ 
ra libertad académica y de investiga¬ 
ción, y lo que sería el papel social de la 
investigación. Si lo acpetamos así, esta¬ 
mos condenando la libertad académica 
a un aislamiento y a una irrelevancia 
social. 

Creo que el tipo de instituciones 
de investigación que necesitamos son 
instituciones que se preocupen por ali¬ 
mentar con el producto de sus trabajos 
el debate nacional y la toma de decisio¬ 
nes sobre los temas que trabajan, y eso 
lo tienen que hacer con plena libertad, 
sin partir necesariamente de descono¬ 
cer y satanizar que su producción sea 
utilizada por las instituciones de go¬ 
bierno. 


Ciudad de México 
15 de febrero de 1990 


Entrevista a Arturo Warman 


A. W.: esta pregunta está planteada 
como pregunta de opinión, y en este 
sentido la respuesta ya está dada a tra¬ 
vés de los documentos del INI.* No se 
puede responder como pregunta de 
opinión sino a través de estos docu¬ 
mentos, pues se trata de una pregunta 
que parte de lo planteado en ellos por 
mí mismo. Sin embargo, puedo decir 
que, en estos momentos, la posición 
del INI es que son necesaria y obligato¬ 
riamente compatibles las nuevas tareas 
indigenistas con el programa de moder¬ 
nización general, tal y como se señala 
en el documento citado. 

V. G. A.: ¿Cómo visualiza ahora las 
críticas que usted realizó en torno a las 
políticas indigenistas implementadas 
por el Estado? ¿Es posible que sus pro¬ 
puestas teóricas puedan llevarse a cabo 
en el plano operativo? 

A. W.: Las visualizo como viables, to¬ 
davía ahora que han pasado 20 años de 
que se publicó Los campesinos , hijos 

* Políticas y tareas indigenistas, 1989-1994”, 
ini, 1989. 


predilectos del régimen. Se va a inten¬ 
tar, pero si estoy como director del INI 
es porque creo que se puede. Algo de 
esto también está en el documento cita¬ 
do, donde se proponen políticas a lle¬ 
var a cabo. No tengo conciencia 
culpable, ni vergüenza de ser funciona¬ 
rio. 

V. G. A.: ¿Cómo concilio su forma¬ 
ción de antropólogo y su postura per¬ 
manentemente crítica con su actual 
papel de funcionario? 

A. W.: Se conciba muy bien. En la pre¬ 
gunta se infiere que ser antropólogo 
implica una postura filosófica y moral 
o ética, y la antropología es sólo un sis¬ 
tema de conocimientos científicos bas¬ 
tante imperfecto. La filosofía y la 
moralidad son individuales. No se pue¬ 
de suponer que hay una filosofía o éti¬ 
ca antrológica, lo cual está implícito en 
la pregunta señalada. En mi filosofía y 
en mi ética las concilio muy bien. Y me 
imagino que igualmente bien las conci¬ 
ban quienes están en contra del indige¬ 
nismo o bien los que, dentro del 
indigenismo, tienen otras posturas. No 


18 



es una pregunta con muchas posibilida¬ 
des de respuesta. 

V. G. A.: ¿Cuál es el destino del indi¬ 
genismo y de las instituciones guberna¬ 
mentales que, dentro del actual 
régimen, se encargan de instrumentar¬ 
lo? 

A. W.: Soy antropólogo y funcionario, 
no profeta. Creo que en este régimen 
hay posibilidades de hacer muchísimas 
cosas. Cito de nuevo el documento 
“Políticas y tareas indigenistas’’ en el 
cual se tratan de concretar esas posibi¬ 
lidades. En términos generales, el desti¬ 
no del indigenismo está en su 
transformación para convertirse en un 
apoyo a las iniciativas indígenas. Si lo 
hace le va a ir bien, si no lo hace le va 
a ir fatal. 

Las instituciones indigenistas de¬ 
ben transformarse y a la vez mantener 
su espacio funcional; en este sentido el 
ini, concebido con sus funciones, no 
va a desaparecer. De lo que se trata es 
de fortalecer la autonomía de los gru¬ 
pos indígenas, pero esta autonomía no 
puede implicar divorcio del estado o 
del gobierno. En éste debe existir una 
red institucional para que la autonomía 
sea posible, y ese arreglo institucional 
es el que va a marcar las trasnforma- 
ciones del ini. Que las instituciones de¬ 
jen de suplir lo que los indígenas 
puedan hacer. Que las tareas de suplen¬ 
cia de lo que deben y pueden hacer las 
organizaciones no las haga el ini. Al 
mismo tiempo hay tareas del ini que 
son específicas del gobierno y que no 
son transferibles. 

V. G. A.: Dada la actual situación del 
país, ¿deberían los centros de investi¬ 
gación estar más articulados con las 
instituciones públicas de desarrollo, o 
resulta saludable la independencia en la 
que funcionan? 

A. W.: La pregunta está mal plantea¬ 
da. La articulación con los organismos 
gubernamentales no va en perjuicio de 
la independencia. 

La respuesta es sí a las dos: es im¬ 
portante que las intituciones de investi¬ 
gación mantengan su automía, pero es 
igualmente importante que a partir de 
la autonomía se articulen perfectamen¬ 
te con los grandes proyectos guberna¬ 
mentales, de otra manera quedan al 
margen y en la marginalidad. 

No veo contradicción entre arti¬ 
culación y autonomía. Lo importante 
es definir los términos de la articula¬ 
ción. Por ejemplo, el INI tiene mucha 
necesidad de conocimientos que no es¬ 
tán disponibles, y sobre esto podría¬ 
mos dar numerosos ejemplos. Me 


refiero a conocimientos que son útiles 
no sólo para el ini sino para toda la so¬ 
ciedad, y muy particularmente para los 
grupos indígenas. La obtención de es¬ 
tos conocimientos la deben llevar a ca¬ 
bo las instituciones académicas. 
Entonces, ¿cómo organizar esto para 
que dichas instituciones no pierdan au¬ 
tonomía y al mismo tiempo se pueda 
obtener la información necesaria para 
el funcionamiento de los organismos 
gubernamentales? Por ello la respuesta 
es sí a las dos preguntas. 

V. G. A.: ¿Cómo vislumbra la relación 
entre organismos gubernamentales, ta¬ 
les como el ini, y el Colegio de Etnólo¬ 
gos y Antropólogos Sociales? 

A. W.: Este tipo de reflexiones dirigi¬ 
das sólo hacia funcionarios no es útil. 
Tendrá que dirigirse también a los aca¬ 
démicos, a los antropólogos que traba¬ 
jan en instituciones públicas, para que 
sea realmente un instrumento para for¬ 
talecer la disciplina, para fortalecer la 
práctica de la antropología y liberarla 
de la dependencia de los funcionarios. 
Es decir, habría que ampliar esta en¬ 
cuesta con otras entrevistas del mismo 
tipo. 

El hecho de plantearla para fun¬ 
cionarios implica una fuerte sobrevalo¬ 
ración del papel de éstos, como si al 
márgen de la disciplina tuvieran capa¬ 
cidad de incidir sobre la antropología, 
y no es así. 

La antropología vista desde el ini 
es totalmente remisa en los estudios so¬ 
bre pueblos indígenas. Casi no hay in¬ 
vestigación antropológica con pueblos 
indígenas, es muy poca la investigación 
que se hace en este campo y general¬ 
mente muy convencional. La verdad es 
que, ahora, el mejor conocimiento so¬ 
bre los pueblos indígenas ya no está en 
la antropología. Hay un avance muy 
notable en la biología, pues los 
biólogos están haciendo trabajo de 
campo; igualmente en la gronomía. Si 
la antropología mexicana no corrige es¬ 
to perderá una de sus bases históricas 
de sustentación y eso sí es un síntoma 
grave. 

El conocimiento de los pueblos 
indígenas en la actualidad es mucho 
más interdisciplinario y la participa¬ 
ción de la antropología en ello es muy 
débil. En gran parte esto se debe a que 
no se hace trabajo de campo. 

Hay decenas de pueblos indíge¬ 
nas que no han merecido una publica¬ 
ción por parte de antropólogos 
mexicanos en los últimos 10 o 15 años. 
Los estudios antropológicos elabora¬ 
dos por extranjeros tienen una mayor 


presencia, sin que por ello sea completa 
o suficiente, sobre todo porque se vin¬ 
culan muy débilmente a lo que nacio¬ 
nalmente se percibe como 
conocimiento necesario. Pero la debili¬ 
dad de la antropología en el campo de 
los estudios indígenas es muy notable. 
No sucede lo mismo en el campo de la 
historia indígena, sobre todo de histo¬ 
ria antigua, donde sí hay mucho traba¬ 
jo por parte de los antropólogos. Las 
carencias se presentan en lo que se re¬ 
fiere al conocimiento contemporáneo. 
Ni hablar de la lingüística indígena: un 
campo casi abandonado. Por ejemplo, 
el caso de un grupo como el de los ki- 
kapús. Después del estudio de Fabila 
no se ha hecho nada por parte de an¬ 
tropólogos mexicanos, ¡y el estudio de 
Fabila tiene 50 años! 

Es más bien excepción que regla 
encontrar una publicación reciente de 
grupos indígenas hecha por antropólo¬ 
gos mexicanos. 

V. G. A.: ¿El que varios antropólogos 
sean funcionarios públicos permite la 
colaboración entre ellos? ¿Es esto pro¬ 
vechoso para la práctica de la discipli¬ 
na? En suma, ¿tiene ello ventajas para 
la antropología y los antropólogos? 

A. W.: No creo que para la antropolo¬ 
gía signifique un cambio cualitativo, 
porque cada uno está en el marco de la 
institución a la que sirve. El que estén 
varios antropólogos como funciona¬ 
rios tampoco se traduce en un cambio 
sustancial para la disciplina. Ambas 
sólo amplían marginalmente las posibi¬ 
lidades de hacer cosas. 

Se podrán generar proyectos de 
interés para la disciplina, pero en tanto 
los investigadores de la disciplina no 
generen proyectos para el INI, en parti¬ 
cular, no habrá cambios cualitativos. 
Ha sido más bien al revés, es decir, el 
ini busca investigadores para sus pro¬ 
yectos. Existen pocos casos de antro¬ 
pólogos que hayan llegado al ini a 
pedir financiamiento de proyectos, 
pues además el ini no es una institu¬ 
ción de investigaciones individuales. 
Pero podría ser una propuesta al gre¬ 
mio, y ésto no se ha dado. 

El que un antropólogo dirija una 
institución gubernamental facilita el 
diálogo, permite un mejor entendi¬ 
miento, pero ningún funcionario puede 
suplir este compromiso de la disciplina: 
proponer, establecer prioridades, tipos 
de investigación, y de hecho no ha su¬ 
cedido. 

Creo que esto refleja la debilidad 
de la antropología en el campo 
indígena, pero también es síntoma de 


boletín del CEAS 


19 


una pasividad de la disciplina, misma tropólogos ante unos mil funcionarios fuercen a las instituciones, el impacto 

que no se expresa como tal y esto no lo más. Mientras las organizaciones de la sí existirá, pero será totalmente margi- 

van a sustituir 4 o 20 funcionarios an- disciplina no generen iniciativas que nal. 


NOTICIARIO ANTROPOLOGICO 

por Alvaro González R. 


1. CORTOS 

In memoriam. En Oaxaca, la violencia 
sobre los representantes indígenas si¬ 
gue vigente: el asesinato del chatino 
Tomás Cruz Lorenza, en octubre de 
1989, constituye una afrenta y una ac¬ 
ción que merece, en primer lugar, un 
esclarecimiento total y, en segundo, el 
repudio y solidaridad del mundo aca¬ 
démico de la antropología. La lucha de 
Tomás Cruz Lorenza en pro de las 
tierras y derechos indígenas, y de quie¬ 
nes han caído con anterioridad, debe 
ser un acicate para apoyar por todos 
los medios las reivindicaciones indíge¬ 
nas. Un emotivo relato sobre la lucha 
por la defensa de la tierra, escrito por 
él, se encuentra en la revista El Medio 
Milenio : “De por qué las flores nunca 
se doblegan con el aguacero, El Medio 
Milenio (revista trimestral), Núm. 1, 
abril de 1987, Oaxaca, pp. 28-49. 

Computación y lenguas indíge¬ 
nas. En los últimos años se han desa¬ 
rrollado técnicas de escritura para las 
lenguas indígenas de América, susten¬ 
tadas en el empleo de computadoras y 
programas diseñados especialmente 
para tales fines. En la actualidad, bajo 
un método creado por el antropólogo 
Ross Bernard, de la Universidad de 
Miami, Florida, en el CIESAS de Oaxa¬ 
ca, bajo la supervisión de los maestros 
de la DGEI, José Salinas (ñañu) y Jose¬ 
fa González (mixteca de la costa), di¬ 
versos etnolingístas e investigadores 
mixes, chinantecos, mixtéeos, amuzgos 
y zapotecos se encuentran trabajando 
en la elaboración de materiales diver¬ 
sos escritos en sus lenguas maternas. 
Para mayores datos sobre las caracte¬ 
rísticas y posibilidades de este novedoso 
Programa de Escritura en Lenguas In¬ 
dígenas, favor de escribir al maestro 


Jesús Salinas, A. P. 1431, Oaxaca 
68000, Oaxaca, México. 

Manejo del bosque indígena. El 
Centro de Conocimientos Indígenas 
sobre Agricultura y Medio Ambiente 
(cikard) desea publicaciones y otros 
documentos en torno al conocimiento 
indígena en el manejo autónomo de sus 
bosques. El propósito de esto es elabo¬ 
rar, en colaboración con la fao, una 
bibliografía temática. Informes: Olivis 
Muchena, cikard, Iowa State Univer- 
sity, 318 Curtis Hall, Ames, IA 50011, 
U. S. A. (Aparecido en SAA, Practi- 
cing Anthropology , vol. 11, núm. 3, 
1989.) 

Software para antropólogos. En 

breve estará a disposición de los antro¬ 
pólogos el “Geographic Information 
Services”, programa mediante el cual 
se podrán sobreponer, simultáneamen¬ 
te, en fotografías aéreas, información 
concerniente a aspectos demográficos, 
sistemas de parentesco, territorialidad, 
cosechas, recursos naturales, lenguas, 
etc. Informes: U. S. Geological Sur- 
vey, Gis Research Lab, 586 National 
Ctr. reston, VA 22092, U. S. A. (apa¬ 
recido en Anthropology Newsletter, 
vol. 30, núm. 7, octubre de 1989). 

Resultados del Censo Ganadero 
Agrícola y Ejidal de 1980. El Instituto 
Nacional de Estadística, Geografía e 
Informática acaba de publicar algunos 
resultados del censo ganadero, agrícola 
y ejidal de 1980. Se trata de cuatro 
cuadros a nivel municipio que contie¬ 
nen información sobre los sistemas de 
medidas tradicionales, los rendimien¬ 
tos de cultivos anuales o de ciclo corto, 
frutales y rendimientos agropecuarios. 
Igualmente tiene —en disco para com¬ 
putadora IBM o compatible— infor¬ 
mación a nivel localidad sobre algunos 
aspectos del censo de población de 
1980. 


2. NUEVOS CENTROS DE 
INVESTIGACIÓN 

Centro ayuuk, cinajuji, A.C. (Ayu¬ 
da, Oaxaca). 

Establecido por etnolingüistas 
ayuuk en noviembre 24 de 1989, el 
Centro tiene la finalidad de promover 
la investigación sobre la región mixe 
mediante trabajos y propuestas de in¬ 
vestigadores locales. Además, el Cen¬ 
tro está formando un acervo 
bibliográfico y documental con los ma¬ 
teriales existentes acerca de la región. 
Si desea entrar en contacto con este 
Centro, escriba a cinajuji, A.C., al 
apartado postal 70283 de Ayutla, Oa¬ 
xaca. Como parte de este mismo proce¬ 
so, en la actualidad están en vías de 
formación los Centros de la región ma- 
zateca y mixteca. 

Centro Chinanteco Tsa Kon Guon, 
A.C. (San José Laguna, Ojitlán, Oaxa¬ 
ca). 

Formado en noviembre de 1989 
por maestros bilingües, etnolingüistas 
y licenciados en educación indígena, 
este Centro tiene la finalidad de efec¬ 
tuar diversas investigaciones sobre la 
región chinanteca. Actualmente traba¬ 
ja en la elaboración del alfabeto chi¬ 
nanteco. Su sede está en el pueblo de 
reacomodo San José Laguna, Ojitlán, 
Oaxaca, Domicilio Conocido. Mayores 
datos podrán obtenerse escribiendo al 
A.P. 1431 de Oaxaca, Oaxaca. 

Enlace Rural-Regional, A.C. 

En este nuevo centro de investiga¬ 
ciones aplicadas se están llevando a ca¬ 
bo diversos proyectos de autogestión 
rural campesina en los estados de Oa¬ 
xaca, Querétaro e Hidalgo. Para ma¬ 
yores informes diríjase al teléfono 
563-43-72, o escriba a Enlace Rural- 
Regional, A.C., Andrea Del Castagno 
77bis, C.P. 03100, Mixcoac, D.F. 


20 



ciesas de Oaxaca, Guadalajara 
y Veracruz. 

Como parte de la política oficial 
de descentralización, el ciesas ha 
abierto nuevos Centros de Investiga¬ 
ción en 3 ciudades del interior: Oaxaca, 
Guadalajara y Jalapa. En dichos cen¬ 
tros se realizan diversos proyectos de 
investigación relacionados con las di¬ 
versas disciplinas de la antropología. 

3. CONGRESOS 

1990 

13th. Annual Ethobiology Conference. 

Organizada por la Universidad Estatal 
de Arizona y el Jardin Botánico del De¬ 
sierto. 

Informes: Etnobiology Confe¬ 
rence, c/o Gary Nabham, Desert Bota- 
nical Garden, 1201 N. Galvin Pkwy, 
Phoenix, Arizona, AZ 85008. Teléfono 
(602) 941/1225. Fecha: marzo 21-24. 
Midwest Mesoamericanists Meeting. 
Organizada por la 13ava Conferencia 
del Medio Oeste sobre arqueología y 
etnohistoria de Mesoamérica. 

Informes: Helen Polard, Dept. of 
Anthropology, Michigan State Univer- 
sity, East Lansing, MI 48824. Teléfono 
(517) 353-2950. Fecha: marzo 23-24. 
Sixth International Conference on the 
International Council for Archeology 
(ICAZ). Organizada por el Instituto 
Smithsoniano. Tema: Las naturalezas 
y las implicaciones humanas y anima¬ 
les. 

Informes: icaz, Dept. of 
Anthropology. NMNH, Smithsonian 
Institute, Washington D.C. 20560. Fe¬ 
cha: mayo 21-25. 

Tercer Encuentro de Intercambio de 
Experiencias Educativas en el Medio 
Indígena. Convocan: Instituto Nacio¬ 
nal Indigenista; Departamento de Edu¬ 
cación Indígena; Dirección General de 
Culturas Populares; Sección xxii del 
S.N.T.E.; Instituto Nacional de Edu¬ 
cación para Adultos, ENAH-Oaxaca. 

Informes: 9151 (5-16-63; 539-00 
ext. 215 y 220; 522-80; 670-33) Fecha: 
mayo. Oaxaca, Oax. 

Simposio sobre Historia de los 
Precios de Alimentos y Manufacturas 
Novohispanas. Organizado por el Co¬ 
mité Mexicano de Ciencias Históricas a 
través de su Comisión de Historia Eco¬ 
nómica (CIESAS, COLMEX, IIH-UNAM). 

Informes: Virginia García Acos¬ 
ta, CIESAS, tels.: 573-90-66, 573-91-06, 
655-14-02. Fecha: 27, 28 y 29 de junio 
de 1990. 

Five Centuries of Mexican His- 


tory. Organizada por la Universidad de 
California, San Diego. 

Informes: Eric Van Young, De¬ 
partment of History, C-004, University 
of California, San Diego, La Jolla, CA 
92093. Fecha: Octubre. San Diego, Ca¬ 
lifornia. 

1991: 

47ava Conferencia Internacional de 
Americanistas. 

Informes: Secretariado ica 1991. 
Stone Ctr. for Latin American Studies, 
Tulane University, New Orleans, LA 
70118. Teléfono (504) 865-5164. Fe¬ 
cha: Julio 7-11, 1991, Nueva Orleans. 


4. PUBLICACIONES RECIENTES 

A continuación se presenta una lista de 
publicaciones recientes sobre antropo¬ 
logía o temas afines. La selección obe¬ 
dece al Criterio de ser obras editadas, 
excepto dos, durante 1988 y/o 1989 y 
en las que el tema central son los gru¬ 
pos étnicos del país o de Latinoaméri¬ 
ca. La relación va acompañada de un 
breve comentario sobre el contenido 
general de cada trabajo. 

Arqueología 

Broda, Johanna, David Carrasco y 
Eduardo Matos Moctezuma, The Gre- 
at Temple of Tenochtitlan: Center and 
Periphery in the Aztec World , Univer- 
sity of California Press, Berkeley, Ca- 
lif., 1987, 184 pp. 

Contenido. Son tres estudios so¬ 
bre el templo mayor. El primero, de M. 
Moctezuma, habla sobre su historia e 
interpretación; el de J. Broda se centra 
en el templo mayor en tanto espacio ri¬ 
tual y el de D. Carrasco se orienta a las 
relaciones existentes entre mito, terror 
cósmico y el templo mayor. 

Doolitle, E. William, Pre-Hispanic 
Occupance in the Valley of Sonora , 
México , The University of Arizona 
Press, Tucson, 1988, 87 pp. 

Contenido: Se trata de una im¬ 
portante contribución a la comprensión 
de la prehistoria en el Valle de Sonora. 
Trata sobre patrones de asentamiento 
prehistórico, el entorno físico, la agri¬ 
cultura, la demografía e interpretacio¬ 
nes sobre la ocupación. 

Fernandez Dávila, Enrique y Susana 
Gómez Serafín, Arqueología de Hua- 
tulco, Oaxaca. Memoria de la primera 
temporada de campo del proyecto ar¬ 
queológico Bahías de Huatulco, inah, 


México, 1988, 154 pp. (Col. Científica: 
Arqueología.) 

Contenido: Se describen los re¬ 
sultados y hallazgos de 47 sitios ar¬ 
queológicos de la zona de Huatulco, 
Oaxaca. El financiamiento de los tra¬ 
bajos se debió al Fondo Nacional de 
Fomento al Turismo y al Instituto Na¬ 
cional de Antropología e Historia. 

Derechos Humanos y Movimientos 
Indígenas 

Stavenhagen, Rodolfo et al ., Dere¬ 
cho índigena y derechos humanos en 
América Latina. El Colegio de México 
Instituto Interamericano de Derechos 
Humanos, México, 1988, 383 pp. 

Contenido: Diez autores exponen 
sobre diversos aspectos de los derechos 
humanos de los indígenas de México y 
Latinoamérica, con especial énfasis en 
la situación jurídica de las poblaciones 
indígenas en el marco constitucional 
interno y del derecho internacional, así 
como los movimientos indios al res¬ 
pecto. 

Valdivia D., Teresa, “Derechos indí¬ 
genas, mujeres y discriminación en 
América Latina”, en Temas Amazóni¬ 
cos, Centro de Investigación y Promo¬ 
ción Amazónica, Lima, Perú s/f 
(aparecido en 1988), 23 pp. 

Contenido: Artículo que hace re¬ 
ferencia a las diversas formas de discri¬ 
minación hacia las poblaciones étnicas 
de América Latina y la necesidad de 
entender a estas poblaciones desde la 
perspectiva de pueblos y, consecuente¬ 
mente, hacer valer los derechos que co¬ 
mo tales les asisten. 

Etnias. En el número de esta revista co¬ 
rrespondiente a febrero-abril de 1989, 
se mencionan algunos casos y denun¬ 
cias sobre violaciones a derechos indí¬ 
genas. 

Contenido: Rutilo Cadena habla 
sobre la situación en la Huasteca; Jose- 
fino Martínez, sobre los presos indíge¬ 
nas; Juan Daniel Sánchez, sobre la 
represión y asesinatos de asesores de la 
Coordinadora Plan de Ayala; Jorge 
Martínez Aparicio y Genaro Bautista, 
en relación a la situación indígena en 
Michoacán. Además hay noticias sobre 
el Primer Congreso Nacional de la Mu¬ 
jer India y el de Organizaciones Indíge¬ 
nas de Centro América, México y 
Panamá. También se describe el geno¬ 
cidio y etnocidio provocado por los 
programas del Banco Mundial en Bra¬ 
sil. 

Ecología y Tecnología 


boletín del CEAS 


21 


Iniesta, Rodolfo (coord.), Comuni¬ 
dades Indígenas del Sureste de México, 
Comisión Regional de la UNESCO para 
México, Gbno. del estado de Tabasco, 
México 1989. 

Contenido: Selección y recopila¬ 
ción de artículos que tienen como ca¬ 
racterística central el tratar sobre la 
problemática ambiental y tecnológica 
de diversas comunidades indígenas del 
Sureste de México. Las áreas de estu¬ 
dio son: Montaña de Guerrero, 
Yucatán, Quintana Roo, Chiapas. Au¬ 
tores: Marie-Odile Marión; Samuel L. 
Villela; Salomón Nahmad y Alvaro 
González; Daniel Zizumbo y Paulino 
Sima; Lorena Soto Pinto, Antonio Ló¬ 
pez Meza y Ma. del C. García A.; Ma. 
de la Soledad Mata; Raúl Pérez Grovas 
G. 

Nahmad, Salomón, Alvaro González 
y Martha Rees, Tecnologías indígenas 
y medio ambiente, Centro de Ecodesa- 
rrollo, México, 1988, 282 pp. 

Contenido: Descripción y análisis 
de las tecnologías agrícolas y artesana¬ 
les vigentes en 5 grupos étnicos de Mé¬ 
xico, y su relación con el medio 
ambiente y el contexto socioeconómico 
en que se desenvuelven. Los grupos es¬ 
tudiados son: tarahumaras, zapotecos 
de Valles centrales, zoques de Chiapas, 
nahuas de la Montaña de Guerrero y 
mayas de Yucatán y Quintana Roo. 
Szekely, Miguel e Iván Restrepo, 
Frontera agrícola y colonización, Cen¬ 
tro de Ecodesarrollo, México, 1988, 

200 pp. 

Contenido: Se analizan los efec¬ 
tos sociales y ecológicos de las políticas 
oficiales de colonización en el trópico 
húmedo, que han afectado a núcleos 
indígenas diversos: mayas, chinantecos 
y tzeltaales. 

Educación y Cultura 

Coronado, Suzán, Gabriela (comp.), 
De la realidad al deseo: hacia un pluri- 
lingüismo viable, ciesas, México, 
1989, 160 pp. 

Contenido: Selección de artículos 
de 22 autores que, según la compilado¬ 
ra, buscan “sugerir con base en casos 
específicos, propuestas originadas a 
partir de los intereses de los propios ha¬ 
blantes dentro de la perspectiva de la 
educación bilingüe y bicultural, consi¬ 
derando a ésta como una forma de 
educación que puede ser apropiada por 
los habitantes de cada región”. 

De la cruz, Víctor, La educación en 
las épocas prehispánica y colonial en 


Oaxaca, CIESAS-Oaxaca/GADE, A.C., 
Oaxaca, 1989, 70 pp. 

Contenido: Estudio donde se tra¬ 
ta de reconstruir lo que pudo haber si¬ 
do el sistema educativo en la época 
prehispánica, mediante la consulta de 
fuentes arqueológicas, etnohistóricas y 
etnográficas. Con otra metodología 
—consulta de fuentes primarias, como 
archivos, y fuentes secundarias— se es¬ 
tudia la educación de la época colonial 
de Oaxaca. Se comparan ambos siste¬ 
mas y se concluye sobre los resultados 
que tuvieron sobre la población indíge¬ 
na. 

Stavenhagen, Rodolfo y Margarita 
Nolasco (coords.), Política cultural pa¬ 
ra un país multiétnico, sep-dgcp El 
Colegio de México Universidad de las 
Naciones Unidas, México, 1988, 279 

pp. 

Contenido: Estudio dividido en 
tres grandes áreas (pluralidad étnica y 
política cultural; culturas indígenas y 
populares en México y etnodesarrollo y 
educación intercultural). En el entendi¬ 
do de que México es un país multiétnf- 
co, 23 autores abordan el problema de 
la política cultural en el país. Bajo tal 
perspectiva se reflexiona sobre lo que 
ha sido la política cultural en el pasado 
y las propuestas institucionales presen¬ 
tes al respecto. 

Etnociencias 

Rojas, Teresa, Las siembras de ayer, 
SEP-ciesas, México, 1989, 230 pp. más 
ilustraciones. 

Contenido: La autora hace una 
exhaustiva investigación en torno a los 
sistemas productivos agrícolas prevale¬ 
cientes en México a la llegada de los in¬ 
vasores europeos. Su trabajo se 
sustenta en una cuidadosa revisión de 
fuentes documentales y códices. Se des¬ 
criben sistemas de cultivos, los instru¬ 
mentos agrícolas, las plantas cultivadas 
y su distribución regional en aquella 
época. 

Romero Munguía, Ma. Elena. Ne- 
poualtzin. Matemática nahua contem¬ 
poránea, SEP/DGCP, México, 1988, 156 

pp. 

Contenido: Investigación sobre el 
empleo del “nepoualtzitzin”, sistema 
de cómputo nahua contemporáneo, cu¬ 
yo manejo incluye áreas del conoci¬ 
miento astronómico, geométrico, 
matemático y la cosmovisión y filoso¬ 
fía nahua. 


Tapia García, Fermín, Las plantas cu¬ 
rativas y su conocimiento entre los 
amuzgos, CIESAS, México, 1985, 246 

pp. 

Contenido: Se describen en 
amuzgo, español y en terminología 
científica las plantas curativas emplea¬ 
das por los amuzgos. Cada planta des¬ 
crita va acompañada de una 
ilustración. 

Etnografía 

Bartolomé A., Miguel, La dinámica 
social de los mayas de Yucatán: pasado 
y presente de la situación colonial, ini, 
México, 1988, 341 pp. 

Contenido: El autor sostiene que 
la etnia maya ha desarrollado una 
“cultura de resistencia” frente al pasa¬ 
do colonial y el neocolonialismo ac¬ 
tual, lo cual ha dado como resultado 
una serie de mecanismos que han per¬ 
mitido la supervivencia y continuidad 
de la cultura maya en la península de 
Yucatán. 

Greenberg B., James, Blood Ties: 
Life and Violence in Rural México, 
The University of Arizona Press, 1989, 

282 pp. 

Contenido: El autor, mediante la 
biografía de un chatino, relata los pro¬ 
cesos de violencia que se suscitan en la 
región chatina y posteriormente con¬ 
fronta las explicaciones que al respecto 
da un campesino —don Fortino— y las 
propuestas por las ciencias sociales. 

Lyon J., Patricia, Native South Ame- 
ricans: Ethnology of the Least Known 
Continent, Waveland Press, Inc, New 
Heights, Illinois, 1989, 433 pp. 

Contenido: Selección de 39 escri¬ 
tos sobre los problemas que, para su 
comprensión, representan las culturas 
indias de Sudamérica. Los materiales 
parten de diversos marcos teóricos y 
proveen al lector de información sobre 
las fuentes existentes para el estudio de 
las culturas de ese subcontinente. 


Historia 

García Mora, Carlos y Mercedes Me- 
jía Sánchez (coords.), La antropología 
en México. Panorama histórico. Las 
instituciones, inah, México, 1988, 731 
pp. (Col. Biblioteca del inah, vol. 7.). 

Contenido: En este volumen di¬ 
versos autores presentan 60 artículos 
sobre lo que ha sido el quehacer antro¬ 
pológico dentro de diversas institucio- 


22 


nes, museos y escuelas oficiales y 
privadas del país. 

Reina, Leticia (coord.), Historia de la 
cuestión agraria mexicana: estado de 
Oaxaca, Juan Pablos uabjo ceham, 
México, 1988. (2 tomos, t. 1, 444 pp. y 
t. 2: 391 pp.). 

Contenido: Recopilación de ar¬ 
tículos de 9 autores sobre la tenencia de 
la tierra en Oaxaca desde la época pre¬ 
hispánica hasta el presente siglo. Obra 
de carácter histórico que resalta la com¬ 
pleja situación agraria de Oaxaca y sus 
repercusiones económicas, sociales y 
culturales. Artículos de Marcus Win- 
ter, Ma. de los Ángeles Romero, Leti¬ 
cia Reina, Manuel Esparza y Francisco 
J. R. Cervantes, en el t. 1. En el t. 2 es¬ 
criben Anselmo Arellanes, José Luz 
Ornelas, Jaime Segura y Gonzalo Pi¬ 
ñón Jiménez. 

Reyes García, Luis, Cuauhtinchan del 
siglo xii al xvi: formación y desarrollo 
histórico de un señorío prehispánico, 
CIESAS FCE, México, 1988, 127 pp. 
más mapas e ilustraciones. 

Contenido: Con base en un 
exhaustivo estudio de las fuentes, se 
trata de la composición étnica de la 
región y de cada señorío; la organiza¬ 
ción social de los chichimecas; los teca- 
///, sus señores hereditarios, sus tierras 
y sus macehualli y sus funciones políti¬ 
cas; los calpulli y su importancia so¬ 
cial. 

Lingüística 

Alavez, Raúl. Toponimia mixteca, 
CIESAS, México, 1988, 158 pp. 

Contenido: En palabras de su au¬ 
tor, el objetivo del trabajo es: “la reali¬ 
zación de un conocimiento amplio e 
inteligible sobre la toponimia de la re¬ 
gión, a través del análisis tanto de la 
palabra escrita como de los jeroglíficos 
que corresponden a cada lugar”. 

Campbell, Lyle, The Linguistics of 
Southeast Chiapas, México, New 
World Archeological Foundation- 
Brigham Young University, Provo, 
Utah, 1988, 416 pp. 

Contenido: Análisis lingüísticos 
de las lenguas indígenas de Chiapas, 
con especial referencia a nuevos hallaz¬ 
gos sobre la distribución geográfica y 
actual de las lenguas de Chiapas; docu¬ 
mentos coloniales en lenguas nativas; 
listas comparativas de las lenguas, e in¬ 
terpretaciones con base en correlacio¬ 
nes prehistóricas lingüísticas con la 
etnohistoria y la arqueología. 


Muñoz Cruz, Héctor (comp.), Fun¬ 
ciones sociales y conciencia del lengua¬ 
je, Universidad Veracruzana, Jalapa, 
1987, 187 pp. 

Contenido: Ensayos de Rainer E. 
Hamel, Rodrigo Díaz, Ma. Teresa 
Sierra y Héctor Muñoz C., sobre as¬ 
pectos del bilingüismo y el conflicto in¬ 
tercultural; de Leopoldo Valiñas, 
Georganne Weller, Yolanda de la Gar¬ 
za, Judith Kalman, César Markholuf, 
Dora Pellicer, sobre políticas del len¬ 
guaje y normalización de lenguas indí¬ 
genas. 

Migración México-Estados Unidos* 

Castaño Murillo, Gabriel, Migrant 
Workers in the Americas: a Compara- 
tive Study of Migration Between Co¬ 
lombia and Venezuela and Between 
México and the United States, Center 
for U.S. Mexican Studies, San Diego, 
1989, 71 pp. 

Contenido: Se analizan las dos 
mayores corrientes migratorias de este 
hemisferio y se establecen los impactos 
económicos y sociales de estos flujos. 

Cornelius A., Wayne (comp.). The 
Changing Role of Mexican Labor in 
the U.S . Economy: Sectorial Perspecti- 
ves , Center of U.S. Mexican Studies, 
San Diego, 1989. 

Contenido: 11 artículos de diver¬ 
sos autores en los que se realiza una in¬ 
vestigación comparativa sobre la 
demanda y uso de la mano de obra me¬ 
xicana en 10 diferentes sectores de Es¬ 
tados Unidos. 

Dinerman R., Ina, Migrants and 
Stay-at-Homes: A Comparative Study 
of Rural Migration from Michoacán, 
México , Center for U.S. Mexican Stu¬ 
dies, San Diego, 1989, 112 pp. 

Contenido: Basado en entrevistas 
domiciliarias realizadas en dos comuni¬ 
dades de Michoacán, trata de las cau¬ 
sas e impactos de la migración rural, 
principalmente hacia Estados Unidos. 

Mitología y Religión 

Barabas M., Alicia, Utopías indias: 
movimientos sociorreligiosos en Méxi¬ 
co , Grijalbo, México, 1989, 302 pp. 
(Col. Enlace.) 

Contenido: La autora registra y 
analiza algunos de los movimientos so¬ 
ciorreligiosos indígenas posteriores a la 

* Tomados del catálogo 1989, del Centro de Es¬ 
tudios sobre México y Estados Unidos de la Uni¬ 
versidad de San Diego California. 


Conquista. La tesis central consiste en 
que tales movimientos son de carácter 
utópico, sustentados en el pasado pre¬ 
hispánico, y que buscan la toma del po¬ 
der en un esquema de restauración del 
pasado indígena precolonial. 

Bastien, W. Joseph, Mountain of the 
Condor: Methapor and Ritual in an 
Andean Ayllu , Waverland Land Press, 
Inc, Prospect Heights, Illinois, 1989, 
227 pp. 

Contenido: Se habla sobre el sig¬ 
nificado simbólico que para las socie¬ 
dades andinas tiene la montaña Kaata 
en el centro-oeste de Bolivia y sobre las 
comunidades de adivinos que han vivi¬ 
do en sus laderas. 

Valotta, Mario, El fin del mundo en 
la mitología indígena americana, FCE, 
España, 1988. 

Contenido: Descripción y análisis 
de ritos cosmogónicos, de fertilidad, de 
iniciación, de los ciclos naturales y la 
vida y la muerte entre los grupos mapu¬ 
che, guajiro, yamana, inca, guaraní, 
maya, tolteca, hopi y kiowa, entre 
otros. (Tomado de México Indígena, 
núm. 27, año V, 2a. época, 1989.) 

Políticas de Desarrollo Cultural 
Étnico y/o Impactos del Desarrollo 

Boege, Eckart, Los mazatecos ante la 
Nación , Siglo XXI, México, 1988, 304 

pp. 

Contenido: Se analizan los im¬ 
pactos que el “desarrollo” ha ocasio¬ 
nado en la etnia mazateca y se da 
cuenta de las alternativas productivas y 
sociales que esta etnia ha generado pa¬ 
ra conservar sus patrones de identidad. 

Lewin, Pedro y Ma. Teresa Pardo, 
“Etnopolítica y antropología aplicada: 
la experiencia del Grupo de Apoyo al 
Desarrollo Étnico (gade), en Arinsa- 
na , año IV, núm. 8, Caracas, junio de 
1988, 12 pp. 

Contenido: Se relata la experien¬ 
cia de GADE, A.C. en tanto una alter¬ 
nativa vigente de organización y 
desarrollo étnico en Oaxaca, y se hace 
un balance de los últimos tres años, 
destacando la concepción de los mode¬ 
los de trabajo y formas de operación de 
dicha asociación civil y de las organiza¬ 
ciones indígenas de la sierra Juárez con 
quienes mantiene vínculos de trabajo. 

Instituto Nacional Indigenista, 
México Indígena, núm. 27, año V, 2a. 
época, marzo-abril de 1989, 72 pp. 


boletín del CEAS 23 


Contenido: Diversos autores ha¬ 
blan sobre los efectos que el desarrollo 
ha tenido en los territorios y estructu¬ 
ras indígenas de varias áreas étnicas de 
México. Autores: Víctor Manuel Tole¬ 
do y Arturo Argueta; Jorge Chávez 


Ch.; Nemesio Rodríguez; Maricruz 
Romero Ugalde; Néstor Dimas Hua- 
cuz; Concepción Hernández, Rosario 
Huerta y Luisa Paré; Saúl Mlllán; An¬ 
drés Ortiz; Miguel Bartolomé y Alicia 
Bar abas; Ramón Toral. 


* Si se desea colaborar con aportacio¬ 
nes, ideas o sugerencias para la elabo¬ 
ración de esta sección, favor de 
dirigirse a: Alvaro González R-, Apar¬ 
tado Postal 1431, Oaxaca, C.P. 68000. 


RESEÑAS 


Anuario de Etnología y Antropología Social (órgano de Carácter Científico e Informativo del 
Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales, A.C.), Vol. I, México, 1989, 149 pp. 

por Esteban Krotz 


A primera vista, con su primer nú¬ 
mero el Anuario “oficiar’ del CE¬ 
AS se presenta como una antología de 
siete escritos etnológicos y socioantro- 
pológicos más o menos recientes, pu¬ 
blicados (con la excepción del último) 
en revistas inaccesibles para la casi to¬ 
talidad de los antropólogos mexicanos 
(se trata de publicaciones editadas en 
España, Gran Bretaña, Francia, Esta¬ 
dos Unidos y la India; cinco son tra¬ 
ducciones del inglés y del francés). 

Los trabajos reunidos en el 
Anuario son muy diversos en muchos 
aspectos y, sin duda alguna, cada uno 
resultará de mucho interés para dife¬ 
rentes sectores del gremio. En el prime¬ 
ro, un antropólogo andaluz pasa 
brevemente revista a las cambiantes re¬ 
laciones entre su “nación” y 
Latinoamérica, para describir después, 
ante este trasfondo, las múltiples acti¬ 
vidades realizadas en aquella región re¬ 
lacionadas con el Quinto Centenario. 
Su conclusión es llamativa: América 
resulta una buena “excusa” (p. 15) pa¬ 
ra promover las exportaciones españo¬ 
las y mejorar la infraestructura y los 
servicios en la región, mientras que la 
imagen “parcial y raquítica” (ibid.) 
que se tiene de América Latina no es 
modificada en absoluto. En este senti¬ 
do se trata de una interesante contribu¬ 
ción al debate sobre el evento 
inevitable que también en México ha 
generado ya varias disputas enardeci¬ 
das. En el artículo más largo, una anti¬ 
gua estudiante de la enah presenta 
detalladamente el trabajo de Mali- 
nowski y Julio de la Fuente sobre el sis¬ 
tema de mercados en Oaxaca (de 
hecho, se trata de la introducción a la 
edición inglesa de 1982 de ese libro). Se 


describe la realización de la 
investigación, se la vincula con la 
biografía de ambos autores y se la ubi¬ 
ca en el contexto mayor de la obra del 
primero. Tampoco faltan indicaciones 
sobre la coyuntura general de aquella 
época y sobre los cambios ocurridos en 
el valle de Oaxaca desde entonces, así 
como de las investigaciones antropoló¬ 
gicas posteriores en esta área. 

Sigue el texto de una conferencia 
pronunciada hace varios años por 
Claude Levi-Strauss, donde no sólo 
aboga por una mayor interacción entre 
antropólogos e historiadores, sino don¬ 
de demuestra también, con ejemplos de 
alianzas matrimoniales de diversas 
épocas y regiones del mundo y con re¬ 
ferencias a debates recientes en las 
ciencias naturales, cómo puede pensar¬ 
se la complementariedad entre —por 
decirlo en los términos de una de sus 
consideraciones— la “clasificación” y 
la “genealogía”. Se trata de un artícu¬ 
lo que no sólo contribuirá a corregir 
determinados juicios sobre la antropo¬ 
logía estructuralista, sino que también 
mueve a la reflexión en vista del núme¬ 
ro considerable de antropólogos mexi¬ 
canos que en años recientes han 
sustituido la antropología de un modo 
u otro por el aprendizaje y/o el ejerci¬ 
cio del oficio de historiar. El siguiente 
trabajo es una interesante descripción 
del proyecto que dio origen al conocido 
Handbook of Middle American In- 
dians y, al mismo tiempo, una reseña 
de su contenido general y de cada uno 
de sus 16 volúmenes. 

Los últimos tres artículos giran 
en torno a un tema que está recibiendo, 
desde algunos años, atención creciente 
por parte de muchos colegas de toda 


América Latina, la llamada “cuestión 
étnico-nacional”. En “Viviendo den¬ 
tro de Leviatán” se resumen sucinta¬ 
mente varios aspectos de la trayectoria 
del modelo nacional de organización 
social para pasar después revista a la 
conflictiva relación de las etnias en 
América Latina y Africa con los esta¬ 
dos nacionales. En “La marcha de una 
idea” se examinan el origen y las impli¬ 
caciones teóricas y políticas de la 
división establecida entre los dos gran¬ 
des conjuntos de grupos étnicos reco¬ 
nocidos por el estado hindú y se repara 
en la compleja interrelación entre tra¬ 
bajo científico, estructuras administra¬ 
tivas y movilización político-étnica. 
“Los derechos humanos de los pueblos 
indios” es una ponencia de Rodolfo 
Stavenhagen, donde resumen breve¬ 
mente elementos centrales de su más 
reciente libro sobre, precisamente, esta 
problemática. 

Las 130 páginas dedicadas a los 
textos que se acaban de indicar son se¬ 
guidas por una especie de anexo de 14 
páginas, donde nos encontramos con 
dos breves reseñas de R. Varela (de dos 
obras antropológicas importantes, pu¬ 
blicadas en Estados Unidos), un docu¬ 
mento, “Declaración indigenista de 
Sevilla” (acerca del cual no se dan por¬ 
menores de ningún tipo), una lista de 
siete congresos especializados progra¬ 
mados para 1989 y 1990, cuatro pági¬ 
nas llenas de direcciones de 
organizaciones vinculadas con “reivin¬ 
dicaciones étnicas de carácter político, 
cultural y económico” y tres listas refe¬ 
rentes a diversas publicaciones periódi¬ 
cas, centros de documentación y becas. 
Termina el volumen con una curiosa 
relación de supuestos “datos curricula- 


24 



LAS REVISTAS 


ETHNOLOGY 

AN INTERNATIONAL JOURNAL OF 
CULTURAL AND SOCIAL ANTHROPOLOGY 



July 1989 Volume XXVIII Number 3 

ADOPTION AMONG THE HEREDITARY ELITE OF JAPAN: 

STATUS PRESERVATION THROUGH MOBILITY 185 

Takie Sugiyama Lebra 

THE PIG AND THE LONG YAM: THE EXPANSION OF A 

SEPIK CULTURAL COMPLEX 219 

Paul B. Roscoe 

CONTEMPORARY SOUTHERN PAIUTE WOMEN AND 
THE MEASUREMENT OF WOMEN’S ECONOMIC AND 
POLITICAL STATUS 233 

Martha C. Knack 

ECOLOGICAL CONSEQUENCES OF AMAZONIAN WARFARE 249 

R. Brian Ferguson 

CENTRALITY AND MEASUREMENTS OF REGIONAL STRUCTURE 
IN ABORIGINAL WESTERN WASHINGTON 265 

Bruce G. Miller 


University of Pittsburgh 


boletín del CEAS 


25 







DISERTACIONES DOCTORALES 


Elena Azaola 


La ilusión de la “verdad”. Instituciones 
correccionales en México 57 


Victoria Novelo O. 


La difícil democracia de los petroleros: historia de 
un proyecto sindical 64 


NOTAS 

Juan Briseño Guerrero El trabajo y su función en la definición de la 

comunidad 69 

Ricardo Falomir P. Los zapateros de León, Guanajuato: Una 

perspectiva antropológica sobre sus condiciones de 
vida y de trabajo 72 


EDITORIAL 

ARTÍCULOS 


Teodor Shamn 


Terna Carbó 


Trida Villancencio Zarza 
Margarita Estrada I 


El mensaje de Chavanov: aportes, malentendidos 
y la “teoría del desarrollo ’’ contemporánea 5 

Comentarios de Roberto Melville y Fran^ois Lartigue 17 

Legislar contra la ignorancia (Leyes y decretos para 
la alfabetización: 1944-1948) 19 

El verbo zoque: su sistema de prefijos personales 30 

Las ocupaciones de servicios en la industria 40 


Agustín Escobar Lalapi y Ruido y silencio en la historia de la clase obrera 

Mercedes González de la Rocha jalisciense 45 


RESEÑAS 

Eduardo L. Menendez 


Roberto Melville 


Jorge Alonso 


Armando Meza 
Patricia Anas 


Trenta anys de Literatura antropológica sobre Espanya, 


de Joan Prat i Caros (coord.) 79 

Manuel Gamio. Una lucha sin final, de Ángeles 
González Gamio 80 

Estudiantes, cristianos e indígenas en la revolución, 
de Martha Hamecker 80 

Los caminos de la izquierda, de Julio Moguel 81 

La situación de los obreros del calzado en León, 
Guanajuato, de Lucía Bazán et al. 83 


88P 


Curren! Anihropology 



Volume jo. Number 5. Decembei 19&9 


PAUL A. ROTH 

Eihnographv without Tears 
with CA%- comment 

GUILLERMO ALGAZE 

The Uruk Expansión: Cross-cultVftf Exchange 
in Early Mesopotamian Civilization 
wuh CA-u- comment 


>7i 


RANDALL WHITE 

Husbandrv and Herd Control in the Upper 
Paleolithic: A Cnttcal Review ot the Evndence 
with CAw comment 609 


DISCUSSION AND CRITIC1SM 


american ethnologist 

The Journal oí the American Ethncloglcal Soclety 

ISSN 0094-0496 


VOLUME 16 NUMBER4 


NOVEMBER 1989 


George C Bond 

SHIRLEY LINDENBAUM. Editor 

Associate Editors 

James W. Fernandez 

Elinor Ochs 

James Clifford 

Louise Lamphere 

Jane Schneider 

John Comaroff 

M. J. Meggitt 

Carlos Vélez-lbañez 


Pamela Smith. Editorial Associate 
Arlme Mathieu. Assistant tor Reviews 
Jane Miller. Editonal Assistant 
Medea Ranck. Production Editor 



LAWRENCE CUY STRAUS 

Grave Reservations: More on Paleolithic 

Bunal Evidence 613 

CHARLES A. SCHWARTZ/HASKEL I. 

GREENFIELD 

On Greenfield's Balkans Archaeozoology 634 

BRUCE ALBERT 

On Yanomami "Violence": Inclusive Fitness 
or Ethnographer's Representation? 637 

LOUIS DUMONT 

On the Melanesia/Polynesia División: 

Mauss's Views 641 

NIÉDE GUIDON 

On Stratigraphy and Chronology 

at Pedra Furada 641 


REPORTS 
JOY HENDRY 

An Interview with Chie Nakane 643 

SETENEY SHAM1 

Socio-cultural Anthropology m Arab 

Universities 649 

LAURA BETZIC 

Causes oí Conjugal Dissolution: 

A Cross-cultural Study 654 

LEONARD LIEBERMAN 
A Discipline Divided: Acceptance oí Human 
Sociobiological Concepts ín Anthropology 676 


special section: tensions of empire 


contents 


609 

622 

634 

661 

686 

704 

719 

745 


Cooper and Stoier introduction: tensions of empire: colonial control and visions of 
rule 

Chatteriee colonialism, nationalism, and colonialized women: the contest in India 
Stoier making empire respectable: the politics of race and sexual morality in 20th- 
century colonial cultures 

Comarorf images of empire, contests of conscience: models of colonial domination 
in South Africa 

Packard the "healthy reserve" and the "dressed native": discourses on black 
health and the language of legitimation in South Africa 
Trouillot discourses of rule and the acknowledgment of the peasantry in Dominica. 
W.I., 1838-1928 

Atran the surrogate colonization of Palestine. 1917-1939 

Cooper from free labor to family allowances: labor and African society in colonial 
discourse 


comments and reflections 

766 McCIellan Frederica de Laguna and the pleasures of anthropology 

786 Mmtz the sensation of moving, while standing still 

reviews 

797 Bolland colonialism and resistance in Belize: essays in historical sociology 
(Wright) 


Calendar, 570; Erratum, 608; Index, Volume 30 
( 1989 ), 683; Prizes, 608; Seríais, 632 


26 












res” de los autores de los siete artículos 
mencionados, que mezclan la repeti¬ 
ción de datos ya proporcionados en no¬ 
tas con elementos que no tienen nada 
que ver con el encabezado. 

Si mal no recuerdo, me enteré por 
primera vez, durante una reunión de 
socios del CEAS celebrada durante la 
47ava Reunión Anual de la Sociedad 
Antropológica Aplicada en Oaxaca 
(abril de 1987), de la excelente idea de 
publicar anualmente una buena colec¬ 
ción de textos antropológicos impor¬ 
tantes y estimulantes, pero inaccesibles 
para la comunidad gremial por las ca¬ 
racterísticas de su edición (lugar, tipo 
de publicación, idioma). Parece res¬ 
ponder a una necesidad ampliamente 
sentida; de hecho, diversas revistas an¬ 
tropológicas (tales como Nueva Antro¬ 
pología, Cuicuilco o el Boletín de la 
Escuela de Ciencias Antropológicas de 
la uady publican con frecuencia este 
tipo de materiales, y hace unos veinte 
años, la Sociedad Mexicana de Antro¬ 
pología intentó con sus Traducciones 
Mesoamericanistas combatir este défi¬ 
cit de una manera semejante como 
ahora el CEAS con su Anuario. Por es¬ 
ta razón hay que felicitar a quienes ori¬ 
ginaron y realizaron esta idea que 
efectivamente corresponde a las tareas 
de un organismo como el CEAS (inde¬ 
pendientemente de que, como segura¬ 
mente manifestarán algunos, la 
selección de los materiales publicados 
nunca satisfaga el gusto de todos los 
socios y a pesar de que ésta sea sólo 
una de las tareas del colegio). 

Sin embargo, caben varias acota¬ 
ciones críticas, preguntas y propuestas. 

En primer lugar, es pertinente 
constatar que el editorial —cuya auto¬ 
ría, a falta de indicación distinta, debe¬ 
rá adjudicarse al conjunto de la larga 
lista de personas de alguna manera re¬ 
lacionadas con el Anuario que ostenta 
la segunda de forros— parece haberse 
escrito para una publicación distinta. Y 
es que allí se dice que el Anuario será 
el “órgano medular” (s/'c) del CEAS y 
se enuncia el propósito de que sirva pa¬ 
ra difundir “los avances y los resulta¬ 
dos” de las investigaciones “de los 
colegas que trabajan en distintos esta¬ 
dos de la República” y para fomentar 
la discusión entre “los expertos en las 
diversas ramas de la antropología”. 
Aparte de minucias (¿se trata efectiva¬ 
mente de excluir a los defeños?, ¿siem¬ 
pre sí se incluirán las subdisciplinas 
antropológicas explícitamente exclui¬ 
das por el título del Anuariol), uno se 
pregunta en seguida por la factibilidad 


de tal intención: ¿será suficiente el es¬ 
pacio disponible? ¿Será idóneo el rit¬ 
mo de aparición anual para promover 
la polémica? Además: ¿se trata acaso 
de una velada invitación para enviar 
manuscritos de una vez? En este caso, 
¿qué papel jugará en esto el consejo 
editorial (cuyas funciones y cuya inte¬ 
gración permanecen sin aclaración) de 
este “órgano oficial” del CEAS? Estas 
dudas aumentan en la medida en que se 
revisa el índice del volumen II del 
Anuario , anunciado en la contraporta¬ 
da, porque tienen más o menos el mis¬ 
mo carácter que el volumen I realmente 
existente y no que el pregonado por el 
editorial. 

Por otra parte, se puede entrever 
una vertiente adicional de la confusión 
aparente en cuanto a la concepción del 
Anuario . El volumen tiene todos los 
rasgos de un servicio para la comuni¬ 
dad profesional mexicana (a pesar de 
lo pobre y de lo poco sistemático del 
anexo). Pero el editorial lo presenta 
también como escaparate de la antro¬ 
pología mexicana ante “las agencias 
nacionales e internacionales” ( sic ). Si 
éste fuese realmente uno de sus objeti¬ 
vos, los próximos volúmenes tendrían 


que ser muy diferentes. Entre otras co¬ 
sas habría que pensar cómo podía dar¬ 
se debidamente cabida al trabajo de 
un gran sector del gremio que realiza 
sus estudios de manera estrechamente 
vinculada con instancias involucradas 
en la planeación, implementación y 
evaluación de proyectos de “antropo¬ 
logía aplicada” y cómo lograr algún ti¬ 
po de “representabilidad” en cuanto a 
temas e instituciones, enfoques y nive¬ 
les, etcétera. 

En lo personal favorecería la con¬ 
cepción original del Anuario como an¬ 
tología en el sentido arriba 
caracterizado, lo que definiría también 
de un modo limitado de carácter infor¬ 
mativo. En vista de su aparición pausa¬ 
da, eliminaría buena parte del anexo, 
porque corresponde mucho mejor al 
mecanismo en teoría más ágil del 
Boletín del CEAS, donde se están ha¬ 
ciendo nuevamente esfuerzos para lo¬ 
grar regularidad, puntualidad, 
continuidad en el formato y una difu¬ 
sión más rápida y general. En cambio, 
aumentaría significativamente la sec¬ 
ción de reseñas, especialmente del tipo 
de las publicadas en este primer volu¬ 
men, que dan cuenta de obras impor- 


ANTHROPOLOGICAL QUARTERLY 

CONTENTS 

THE USES OF DEATH IN EUROPE 

LAWRENCE TAYLOR 
Guest Editor 

Introduction: 

The Uses of Death ¡n Europe. 

Archaeological Perspectives on Death Ritual: 

Thoughts from Northwest Europe . 

The Sacred and the Civic: Representations of 

Death in the Town Ceretnony of Border Scotland 

Bás InEirinn: 

Cultural Constructions of Death in Ireland . 

Death and Social Change in Greece. 


INDEXT TO VOLUME 62 


Anthropological Quarterly October 1989, 62:4 


.... LAWRENCE J. TAYLOR 149 

.JANET E. LEVY 155 

GWEN KENNEDY NEVILLE 163 

.... LAWRENCE J. TAYLOR 175 
.J1LL DUBISCH 189 


boletín del CEAS 


27 









tantes pero de circulación restringida 
por la incapacidad o el desinterés impe¬ 
rante en nuestras bibliotecas, por los 
raquíticos presupuestos y por las re¬ 
ducciones salariales por doquier. Tam¬ 
bién sería sumamente conveniente 
solicitar a ciertos especialistas elabo¬ 
rando algo así como reseñas de conjun¬ 
to sobre determinados temas o debates, 
cubriendo así la bibliografía nacional 
y/o extranjera (pienso en el tipo de ar¬ 
tículos que han sido publicados en va¬ 
rios volúmenes de La antropología en 
México , coordinada por C. García Mo¬ 
ra y editada por el inah). Todas estas 
reseñas aumentarían mucho su utili¬ 
dad, si se indicara la ubicación física de 
las obras reseñadas (biblioteca, 
clasificación); así, la reseña se converti¬ 
ría, además, en una verdadera “invita¬ 
ción” a la lectura. 

Un último comentario se refiere 
al carácter “científico” del Anuario , 
que se destaca en la portada. Lamenta¬ 
blemente, el lector es abrumado por 
una enorme cantidad de errores, que 
abarcan casi todos los ámbitos posi¬ 
bles. Esto empieza con la mismísima 
portada (donde se lee “Volumen 1. 
México de 1988”). Luego hay párrafos 
duplicados (p. 58-59) y renglones equi¬ 
vocadamente ubicados (p. 128 y 141). 
Nombres de autores y traductores co¬ 
mo Sing/h (p. 117 y 129) y G/Jimena 


(p. 75 y 97) cambian de una página a 
otra, fenómeno del cual ni siquiera se 
salva Levi-Straus (s) (p. 58 y tercera de 
forros). La frecuencia de errores tipo¬ 
gráficos aumenta en la medida en que 
se trata de palabras extranjeras y se 
vuelve grotesca cuando afecta nombres 
ampliamente conocidos en el medio: la 
triple A es ahora la “American 
Anthropologists Association” (p. 148), 
su hermana menor es “The American 
Ethnologycal Society” (p. 98), la fa¬ 
mosa fundación Wenner Gren se vuel¬ 
ve verde (p. 148) y una revista 
trimestral amigablemente Quately (p. 
147). Tales fallas dejan de ser estéticas 
e invaden el sentido cuando una cita de 
Armillas se sitúa en una página (p. 87) 
que no está incluida -en la ficha bi¬ 
bliográfica correspondiente (p. 96); 
cuando la vida de Herder es reducida a 
29 años (p. 109); cuando nombres de 
editoriales y autores son desfigurados 
(pp. 18, 69, 111) y cuando hasta la bi¬ 
bliografía completa es omitida (la co¬ 
rrespondiente al artículo de S. 
Drucker-Brown). Aumentaría mucho 
el valor de futuros volúmenes de este 
Anuario , si se lo pudiera utilizar en 
centros de docencia no solamente a 
causa de su valioso contenido, sino 
también por su impecable cumplimien¬ 
to de las normas usuales para publica¬ 
ciones científicas. 


Directorio 


Presidente 

José del Val Blanco 

Vicepresidente 

Lourdes Herrasti M. 

Sría. de Organización 

Leticia Meyer 
(Titular) 

Florencia Rosemberg 
(Suplente) 

Sría. Técnica 

Arturo Monzón 
(Titular) 

Margarita Zarate 
(Suplente) 

Tesorería 

Maya Lorena Pérez 

Boletín del ceas 
Saúl Millán 
Carmen Bueno 
Virginia García 
Jorge Chávez 

ceas: Colegio de Etnólogos y 
Antropólogos Sociales, A.C. 

Apartado Postal No. 22-043 
México, D.F., C.P. 14000 

Agradecemos la colaboración del 
Instituto Nacional Indigenista por el 
apoyo brindado en la elaboración de 
este número. 


28