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Full text of "Boletín Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales 2002, Número 6"

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Boletín 




Colegio de Etnólogos 
y Antropólogos Sociales, A.C. 


Núm. 6, Nueva Época 
Segundo semestre de 2002 




CEAS 







CONSEJO DIRECTIVO 2002-2004 


ÍNDICE 


Presidencia 

Ma. Guadalupe Escarnida Hurtado 

Vicepresidencia 

Antonio Escobar Ohmstede 

Secretaría de Organización 

Carlos Garma Navarro 
Titular 

Virginia Molina y Ludy 
Suplente 

Secretaría Técnica 

Arnulfo Embriz Osorio 
Titular 

Francisco Peña de Paz 
Suplente 

Tesorería 

Teresa Rojas Rabiela 
Titular 

Zazil Sandoval 
Suplente 

Comité de Vigilancia 

Carmen Bueno Castellanos 

Ernesto Camou Healy 

El Consejo Directivo del Colegio de Etnólogos y 
Antropólogos Sociales, A.C. presenta el sexto nú¬ 
mero de la nueva época editorial, y el primero de su 
ejercicio. El objetivo es difundir trabajos que refle¬ 
jen resultados del quehacer profesional así como la 
opinión o documentos que la enriquezcan. Pretende 
asimismo ser un medio de comunicación que vincu¬ 
le a todos los interesados en el desarrollo de la etno¬ 
logía, la antropología social y la etnohistoria espe¬ 
cialmente en México. 


Presentación 1 

ARTÍCULOS 

Xóchitl Leyva Solano 

La remunicipalización en Chiapas. 

Entre el proceso de paz 
y la guerra de baja intensidad 3 

Ma. de Lourdes Fernández Serratos y 
David Octavio Galavíz Magallanes 

Formación y retos 

del campo laboral: una reflexión 10 

Ernesto Camou Healy 

Corsarios de la Genética 19 

DOCUMENTOS 

Código de Ética del antropólogo 


Asociación Brasileña de Antropología 21 

Código de Ética 

Asociación Antropológica Americana 22 

Guía de Ética para profesionales 

Asociación Nacional 

para la Práctica de la Antropología 29 

Próximas reuniones académicas 33 



Editores: Antonio Escobar Ohmstede y Ma. 
Guadalupe Escamilla Hurtado. 

Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales, A.C. 
Apartado Postal 22-230, Tlalpan 14000, México D.F. 
Correo electrónico: ceasac@yahoo.com 


PRESENTACIÓN 


En este número del Boletín, los socios y amigos del Colegio de Etnólogos 
y Antropólogos Sociales, A.C. encontrarán artículos y documentos diver¬ 
sos e importantes sobre el quehacer profesional. En primer lugar una re¬ 
flexión de Xóchitl Ley va sobre el proceso de remunicipalización que impulsó 
el gobierno de Roberto Albores en 1999, el contexto de guerra de baja in¬ 
tensidad en el que se dio y las consecuencias que tuvo la creación de nue¬ 
vos municipios, especialmente de tres de ellos en tierras indígenas, tanto 
para las comunidades prozapatistas como para el proceso de democratiza¬ 
ción del estado de Chiapas, que contribuye a enriquecer la perspectiva so¬ 
cial sobre los procesos políticos y re-organizativos que vive ese estado. 

En segundo lugar, se presenta el trabajo de dos jóvenes estudiantes de 
Antropología Social de la enah quienes en la materia de Antropología 
aplicada realizaron entrevistas a varios antropólogos que se desempeñan 
en campos laborales diferentes al de la academia, con el objeto de cono¬ 
cer sus experiencias laborales y la relación que guardan con la formación 
escolar que recibieron, y con ello como base, sus opiniones sobre lo que 
consideran importante que las nuevas generaciones de antropólogos pu¬ 
diesen aprender en las aulas para poderse desempeñar mejor en un mer¬ 
cado de trabajo diverso y ajeno a la experiencia de la investigación de 
tiempo completo. 

Por último en la sección de artículos, se reedita un artículo que publicó 
Ernesto Camou en 2001 sobre los peligros de la biopiratería, al permitirse 
la apropiación privada de conocimientos y técnicas tradicionales de comu¬ 
nidades nativas. En este caso en particular, se alerta sobre el intento de 
apropiación de una variedad de maíz capaz de producir cantidades impor- A 

tantes de aceite que ha sido y continúa siendo utilizado por miles de culti- ¿ 

vadores en el país. A través de los años y de pacientes prácticas de ensayo y 


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error, los cultivadores mexicanos han logrado mejorar las variedades de 
maíz y sus rendimientos, por lo que ahora constituyen parte del patrimonio 
nacional que busca ser expropiado en el marco de los procesos de 
globalización en el que compañías con alto grado de desarrollo y capital 
para experimentar en el manejo genético de diversas especies, logran apro¬ 
piarse de conocimientos públicos y obtener beneficios privados. Si bien 
esta iniciativa no prosperó, el artículo nos llama a reflexionar para impedir 
que conocimientos ancentrales, con los que los antropólogos generalmente 
están en contacto, dejen de ser parte del patrimonio cultural de los pueblos. 

En concordancia con el interés del ceas de aportar elementos para re¬ 
flexionar sobre la práctica profesional que realizamos, en la sección de 
Documentos se publican en español, gracias a Virginia Molina y Ludy, tres 
códigos de ética de diversas asociaciones profesionales extranjeras: la Aso¬ 
ciación Brasileña de Antropología (aba), la Asociación Antropológica Ame¬ 
ricana (aaa) y la Asociación Nacional para la Práctica de la Antropología 
(napa). Los dos últimos, formaron parte también de la reflexión de los estu¬ 
diantes del séptimo semestre de Antropología Social de la enah, en su ma¬ 
teria Antropología Aplicada, dado que consideraron que el tema de la ética 
no forma parte, por lo general, de los planes de estudio de las escuelas de 
antropología, lo que consideran una grave deficiencia en su formación. El 
Colegio pretende al publicarlos en español, continuar impulsando el debate 
sobre este tema tan relevante de la disciplina. 

En la parte final, como es costumbre, podrán encontrarse las referen¬ 
cias a los principales a los congresos o reuniones académicas, de corte 
internacional y programadas para 2003, en las que los cientistas sociales 
pueden presentar y discutir sus resultados de investigación. Destacan 
por la importancia para la antropología mundial, el Congreso Interna¬ 
cional de Ciencias Antropológicas y Etnológicas (icaes) y el Congreso 
Internacional de Americanistas (ica), que se llevarán a cabo ambos en el 
próximo mes de julio. 


A 


C 



2 





La remunicipalizacion en Chiapas. 

Entre el proceso de paz y la guerra de baja intensidad 1 

Xóchitl Leyva 2 

ciESAS-Sureste 


La Remunicipalización Alborista y la guerra de 
baja intensidad 3 

El estado de Chiapas modificó su geografía en 
julio de 1999 cuando siete nuevos municipios 
fueron creados por decreto sumándose a los 111 
existentes. La formación de Aldama, Benemé¬ 
rito de las Américas, Maravilla Tenejapa, Mar¬ 
qués de Comillas, Montecristo de Guerrero, San 
Andrés Duraznal y Santiago El Pinar, fue re¬ 
sultado de la aplicación de un polémico pro¬ 


1 Conferencia impartida en el Woodrow Wilson Centre 
el dia 23 de mayo de 2002, en representación del 
proyecto Los Nuevos Municipios en Chiapas: un 
análisis de coyuntura , el cual es financiado por la 
Fundación Ford y el ciesas. Antes que todo quiero 
agradecer la invitación que el Woodrow Wilson Centre 
ha hecho a nuestro proyecto y que tuvo vida entre julio 
del 2000 y abril del 2002. El objetivo central del 
proyecto era estudiar los conflictos, convergencias y 
desafíos que entrañó la remunicipalización decretada 
en Chiapas en julio de 1999 con la finalidad de repensar 
el proceso de paz y la democratización de Chiapas y 
México. Objetivos que en lo general compartimos con 
colegas latinoamericanistas quienes desde 1995 venían 
estudiando conflictos armados “en un esfuerzo de 
identificar variables que facilitaban o impedían el llegar 
a acuerdos negociados en guerras civiles (guerrillas) 
así como aspectos claves del periodo postconflicto”. 
Cynthia Amson (ed.), Comparative Peace Processes in 
Latín American , Stanford, Woodrow Wilson Centre- 
Stanford Universiyt Press, 1999, p. xi. 

2 La forma en que están tejidas aquí las ideas son total 
responsabilidad mía, pero cabe aclarar que surgieron 

en el contexto de los seminarios del proyecto Los nuevos 
municipios en Chiapas: un análisis de coyuntura. En 
dicho proyecto participaron como coordinadoras la 


grama remunicipalizador que impulsaron, en¬ 
tre el año de 1998 y 2000, el presidente Ernes¬ 
to Zedillo y el gobernador chiapaneco Roberto 
Albores Guillén. 

Al comenzar el año de 1998, el presidente 
Ernesto Zedillo cambió su política de diálogo 
y negociación. Después de la Masacre de 
Acteal, el presidente sustituyó a su secretario 
de gobernación, al gobernador del estado de 
Chiapas y al negociador para la paz, y propu¬ 
so un nuevo “Plan de Paz” en el que destaca¬ 
ban acciones tales como el “diálogo directo 
con el ezln”, el aumento de “inversiones” en 
la “zona de conflicto”, el “retorno de los des¬ 
plazados” por la masacre, y, por supuesto, la 
“remunicipalización” del estado. Pero al mis¬ 
mo tiempo la federación avaló que la policía 
de seguridad pública del estado y el ejército 


Mtra. Araceli Burguete y la Dra. Xóchitl Leyva y como 0 
investigadores invitados la CPDh. María del Carmen G 
García, el Dr. Neil Harvey, la Mtra. Sonia Toledo, el O 
Mtro. Luis Rodríguez y el Mtro. Jaime Torres así como S 

los doctores Jorge Alonso y Tonatiúh Guillén, quienes 
fungieron como asesores académicos. Con las S 
investigaciones y los resultados de todos ellos estamos O 
formando el libro colectivo que llevará por nombre C 
Democracy and corporativism in the new municipali - 1 

des of conunter-insurgency Chiapas (Democratización A 

y corporativismo en los nuevos municipios del Chiapas L 
contrainsurgente ). Para efectos de este breve trabajo E 
retomo y cito varios capítulos de ese libro con el afán S, 
de respetar y dar créditos a los aportes particulares de 
los autores. A 

3 Esta sección la retomo casi en su integridad del texto 
de Xóchitl Leyva y Araceli Burguete, Democratización C 

(en revisión final). 


3 


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mexicano desmantelaran los municipios au¬ 
tónomos zapatistas a la vez que el gobierno 
de Chiapas lanzaba una agresiva campaña 
mediática que publicitaba masivas desercio¬ 
nes de zapatistas que “dejaban las armas y el 
pasamontañas” a cambio de recursos económi¬ 
cos “para el desarrollo”. Todo ello en el marco 
legal del Acuerdo Estatal para la Reconcilia¬ 
ción, mismo que de acuerdo tenía muy poco, 
pues fue más un decreto del gobernador emi¬ 
tido en febrero de 1998, al que se adhirieron, 
vía la prensa, organizaciones corporativas del 
partido de Estado (pri). 

Suspendido el diálogo EZLN-gobierno e in¬ 
cumplidos los Acuerdos de San Andrés , los 
desmantelamientos de los municipios autóno¬ 
mos zapatistas sólo vinieron a corroborar el 
carácter unilateral de las políticas gubernamen¬ 
tales y a tensionar más las relaciones entre las 
partes. De hecho fue después del desmantela- 
miento de los municipios autónomos “Ricardo 
Flores Magón” y “Tierra y Libertad”, sucedidos 
entre abril y mayo de 1998, que el presidente 
Ernesto Zedillo instó públicamente al gober¬ 
nador de Chiapas a echar a andar el “programa 
remunicipalizador”. Unos días después, el go¬ 
bernador anunció que se crearían 33 nuevos 
municipios e invitó a los zapatistas para que 
“en una semana” se sumaran a las consultas. 
Los zapatistas de nueva cuenta rechazaron la 
remunicipalización argumentando que lo pri¬ 
mero era echar a andar las reformas nacionales 
acordadas en los Acuerdos de San Andrés. 

Entre junio y julio de 1998, el gobernador 
Roberto Albores Guillén formó una nueva Co¬ 
misión Estatal de Remunicipalización en la que 
desplazó al poder legislativo de sus funciones 
e impuso a miembros del judicial. Por esta ar¬ 
bitrariedad y por la manera en que las acciones 
C se llevaban a cabo sin tomar en cuenta al ezln, 
* organizaciones “independientes”, bases de apo¬ 


yo del ezln y partidos políticos de oposición 
rechazaron el programa alborista de remuni¬ 
cipalización y cuestionaron su legalidad y le¬ 
gitimidad. Ante tal polarización, la Comisión 
de Concordia y Pacificación (cocopa) tuvo que 
hacer mucho énfasis en la urgencia de encon¬ 
trar consensos entre las partes para poder re¬ 
tornar el diálogo y hacer avanzar el proceso de 
paz y negociación de Chiapas. 

A diferencia de 1997 cuando se produjo el 
primer intento gubernamental remunicipa¬ 
lizador, el de 1998 tenía el propósito de com¬ 
petir, desplazar, neutralizar y destruir la 
propuesta de reorganización político-territorial 
zapatista. Esto aunque difícil no era imposible 
dada la nueva correlación de fuerzas políticas 
en el estado. También a diferencia de 1994 y 
1995 cuando los municipios autonómicos re¬ 
beldes eran defendidos por las organizaciones 
“independientes” de Chiapas, en 1998, las alian¬ 
zas entre estas organizaciones y el ezln se ha¬ 
bían, en su mayoría, roto. 4 Así, para 1998, los 
municipios rebeldes eran reivindicados princi¬ 
palmente (y casi exclusivamente) por zapatistas. 
Esto ponía al ezln en una posición de debili¬ 
dad frente al embate gubernamental y le traía 
serios problema en sus “municipios y regiones 
autónomas” en donde el conflicto político y la 
violencia iban en crescendo al son de la milita¬ 
rización, la paramilitarización y la derrama eco¬ 
nómica gubernamental. 

En este nuevo escenario, la oferta remu- 
nicipalizadora alborista comenzaba a ser atrac¬ 
tiva para otros actores, sobre todo para aquellos 


4 Maya L. Pérez Ruiz, “¿Todos somos zapatistas? Alian¬ 
zas y rupturas entre el ezln y las organizaciones indí¬ 
genas”, México, UAM-Iztapalapa, Tesis de doctorado, 
2000; Xóchitl Leyva, “Neozapatismo: networks of 
power and war”, Inglaterra, Manchester University, 
Tesis de Doctorado en Antropología, 2001. 


4 




grupos políticos que tenían pugnas con las ba¬ 
ses zapatistas. Hubo incluso facciones y gru¬ 
pos de zapatistas que dejaron de pertenecer a 
los municipios rebeldes para sumarse a las de¬ 
mandas de la remunicipalización oficial. Esto 
fue una práctica que se generalizó en algunos 
lugares sobre todo a raíz del encarcelamiento 
de las autoridades rebeldes llevado a cabo des¬ 
pués de los desmantelamientos. Otros actores 
cuyas organizaciones habían sido medulares al 
corporativismo estatal, se montaron en el carro 
remunicipalizador para hacer avanzar sus de¬ 
mandas históricas. No cabe la menor duda que 
a estas alturas, la iniciativa alborista contenía 
un nuevo elemento que había estado ausente 
en los proyectos anteriores: la apertura del pro¬ 
grama remunicipalizador a otras regiones y gru¬ 
pos del estado. Ahí, la iniciativa encontró eco 
en viejas demandas de municipalización y de 
restitución de municipalidades. Estas deman¬ 
das contribuyeron al éxito de la iniciativa 
alborista en tres de los siete nuevos municipios 
creados en 1999. 

Entre septiembre y noviembre de 1998, el 
presidente Ernesto Zedillo viajaba frecuente¬ 
mente a Chiapas para supervisar personalmen¬ 
te la ejecución del programa remunicipalizador 
al tiempo que anunciaba fuertes inversiones 
“para el desarrollo de los nuevos municipios”. 
Finalmente, en julio de 1999 los diputados del 
pri, con el voto de la oposición en contra, apro¬ 
baron en el Congreso local la creación de los 
siete nuevos municipios. Por ello, el presiden¬ 
te Ernesto Zedillo durante su vigésima quinta 
gira por Chiapas, felicitó públicamente al go¬ 
bernador Roberto Albores Guillén a quien ca¬ 
lificó de gran contribuyente a la pacificación 
de Chiapas. Albores respondió presentando ante 
el Congreso una iniciativa para crear otros 16 
nuevos municipios. Sin embargo, la campaña 
presidencial de Vicente Fox estaba ya en con¬ 


tra de los tiempos de Zedillo y de Albores. El 8 
diciembre de 2000, Pablo Salazar Mendiguchía 
en su calidad de nuevo gobernador de Chiapas, 
declaró desaparecida la Comisión de Remuni¬ 
cipalización argumentando que “e[ra] un esco¬ 
llo para la paz” y atentaba contra el espíritu de 
los Acuerdos de San Andrés. El nuevo gober¬ 
nador también pidió al presidente Vicente Fox 
Quezada, que se llevara a cabo una auditoría a 
la Comisión de Remunicipalización. 

La remunicipalización alborista no pasaría 
de ser un simple programa de reordenación te¬ 
rritorial o un ejercicio administrativo para lo¬ 
grar un mejor gobierno de no ser por las 
condiciones de guerra de baja intensidad en que 
se dio. En otras palabras, la iniciativa guberna¬ 
mental tuvo como blanco político-militar con¬ 
trarrestar el avance y la consolidación de los 
municipios autónomos zapatistas, ya que entre 
1997 y 1998 éstos eran la parte más importante 
de la estrategia política del ezln, pues le per¬ 
mitían legitimar sus demandas de autonomía y 
ofrecer un referente concreto a los activistas 
pro-zapatistas nacionales e internacionales, 
quienes dirigían su solidaridad a estos munici¬ 
pios fortaleciendo así la resistencia de los re¬ 
beldes. De todo esto era consciente el gobierno 
mexicano, quien sustentado en las ideas de ase¬ 
sores norteamericanos (como David Ronfeldt 
y John Arquilla), se embarcó en la tarea de des¬ 
truir lo que dieron en llamar las “redes sociales S 
zapatistas ”. 5 Para ello se procedió al uso, cobi- ® 
jo e impulso de la violencia institucional y j 

parainstitucional, a la que los activistas, mili- 4 

tantes, miembros de organismos internaciona- L 
les y de derechos humanos, llamaron E 
popularmente guerra de baja intensidad. Esta 


5 John Arquilla y David Ronfeldt, The zapatista Social 
Netwar in México , on-line publication at http://rand.org/ C 

publications/MR/MR994/MR994.pdf/ 


5 


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no era la simple aplicación al caso Chiapas de 
los manuales de contrainsurgencia sino que era 
producto del reconocimiento por parte del go¬ 
bierno y del ejército de que lo que estaba suce¬ 
diendo en Chiapas era totalmente novedoso, 
pues los zapatistas y sus aliados no respondían 
ya al patrón político y militar de las tradiciona¬ 
les guerrillas latinoamericanas. A pesar de ello, 
los zapatistas y pro-zapatistas encontraron a 
partir de sus propias experiencias, similitud 
entre lo que les sucedía y la guerra psicológica, 
militar y paramilitar, típica de las guerras de 
baja intensidad. Esa era la real politik en que 
se incrustraba la iniciativa alborista de remuni¬ 
cipalización. 

La remunicipalización , los Acuerdos de San 
Andrés y la Ley Indígena del 2001 

La remunicipalización chiapanecade 1999 sólo 
puede entenderse en el marco de la coyuntura 
política que abrió el conflicto armado zapatista 
y la firma de los Acuerdos de Paz. Todos los 
documentos que componían los Acuerdos de 
San Andrés estaban marcados por una idea cen¬ 
tral: la propuesta de impulsar una nueva rela¬ 
ción entre los pueblos indígenas y el Estado, 
que sería construida sobre la base del recono¬ 
cimiento del derecho a la libre determinación y 
la autonomía de dichos pueblos. Los Acuerdos 
comprendían principios, fundamentos y com¬ 
promisos que sustentaban esas nuevas relacio¬ 
nes. En particular en ellos destacaba el 
compromiso gubernamental para impulsar en 
el ámbito nacional reformas legales que facili¬ 
tarían la remunicipalización en los territorios 
en que estuvieran asentados pueblos indígenas. 
Las partes firmantes también se comprometían 
a promover en Chiapas la readecuación de la 
C división municipal del Estado. Siendo así la 
* remunicipalización alborista se legitimó como 


acción que contribuía a dar cumplimiento a 
los Acuerdos de San Andrés firmados en fe¬ 
brero de 1996 entre el gobierno y el ezln. Sin 
embargo, convendría interrogarse sobre si la 
remunicipalización en territorios indígenas en 
verdad constituyó un instrumento para la rea¬ 
lización de los derechos indígenas, como pre¬ 
tendían discursivamente las autoridades que 
la impulsaron. 

La creación en Chiapas en julio de 1999 de 
tres de los siete nuevos municipios se realizó en 
tierras indígenas pero sin tomar en cuenta las 
especificidades culturales de las localidades be¬ 
neficiadas e ignorando los derechos básicos que 
cruzaban los Acuerdos de San Andrés. Si bien 
los indígenas ganaron nuevos municipios no lo 
hicieron fortaleciendo sus propias instituciones 
de gobierno y de organización social. Este pare¬ 
ce ser uno de los principales desafíos de los mo¬ 
delos de remunicipalización hasta ahora aplicados 
en contextos indígenas en la mayoría de los paí¬ 
ses latinoamericanos. De hecho, los procesos 
remunicipalizadores engendran paradojas, por un 
lado pueden contribuir al fortalecimiento de la 
autonomía indígena; pero por el otro, corren el 
riesgo de terminar siendo solamente un recurso 
de ampliación de la presencia del Estado. 

En el caso chiapaneco lo contradictorio fue 
que la remunicipalización de 1999 fue una me¬ 
dida gubernamental que reforzó la homo- 
geneización y no el reconocimiento de la 
diferencia como era el espíritu de los Acuerdos 
de San Andrés y de la misma Ley Indígena de 
abril del 2001. Siendo así, la transición demo¬ 
crática no se ha consolidado de forma tal que 
posibilite un nuevo horizonte político 
pluricultural, reconocido en México constitu¬ 
cionalmente desde 1992. Esto es así porque en 
México, la diversidad cultural tiene cabida so¬ 
lamente dentro de las formas institucionales 
dominantes, el caso del municipio no es la 


6 


La remunicipalización, el proceso de paz 
y la democracia 


excepción. De hecho sus límites son determi¬ 
nados de antemano y la flexibilidad para la in¬ 
tegración culturalmente distinta de los 
ayuntamientos no está considerada en el actual 
marco jurídico. Existe una única forma de ayun¬ 
tamiento para la constitución del país y ésta es 
la mestiza. Las determinaciones del Artículo 
115 tienen el severo efecto de acotar las expre¬ 
siones culturalmente distintas del gobierno lo¬ 
cal indígena. Una reforma real sobre la base de 
la pluriculturalidad, supondría reconocer al mu¬ 
nicipio indígena —con este adjetivo—, como 
un recurso capaz de delimitar una territoriali¬ 
dad a partir de principios culturales y étnicos 
propios. De esa manera, se abriría la posibili¬ 
dad de la existencia de gobiernos locales dis¬ 
tintos al ayuntamiento pero con el mismo 
estatus jurídico. Sólo así, el concepto de go¬ 
bierno local en México se ampliaría, se rompe¬ 
ría el molde del municipio y del ayuntamiento 
mestizo y se trastocaría el histórico predomi¬ 
nio de la cultura mestiza hegemónica sobre la 
indígena subordinada. 

A pesar de los avances constitucionales, en 
México sigue predominando el paradigma del 
Estado homogéneo y mestizo. Esta inmovili¬ 
dad del modelo institucional del Estado que se 
cierra ante otras alternativas de gobierno local 
(p.e. la indígena) es común a los Estados unita¬ 
rios y no debería prevalecer en los Estados de 
estructura federal como es el mexicano. Los 
Estados federales justamente se deberían levan¬ 
tar sobre los principios de la diversidad, del 
reconocimiento del otro, de la unidad entre dis¬ 
tintos, permitiéndose por lo tanto flexibilidad 
en sus formas institucionales y de sistemas ju¬ 
rídicos. En síntesis podemos decir que en Méxi¬ 
co persiste defacto la inercia indigenista de la 
integración cultural a pesar de que los Acuer¬ 
dos de Paz y las reformas constitucionales pre¬ 
gonen lo contrario. 


En nuestra investigación coincidimos con aque¬ 
llos estudiosos de los procesos de paz quienes se 
preguntaron cómo la naturaleza del sistema polí¬ 
tico es alterada por los procesos de construcción 
de la paz. Ellos mismos sugirieron que en Amé¬ 
rica Latina hay una superposición y una relación 
simbiótica entre la resolución del conflicto y los 
procesos de transición democrática y de su con¬ 
solidación 6 (Arnson 1999: 2-3). Agregaron que 
lo que llamaban transición de la guerra a la paz 
involucra múltiples asuntos que van más allá del 
simple paso del autoritarismo a la democracia 
(íbid: 6). En este sentido el proceso de paz po¬ 
dría convertirse en un vehículo para atacar asun¬ 
tos estructurales antes no tocados (íbid: 8), en un 
vehículo para expandir mecanismos de partici¬ 
pación e inclusión (íbid: 447) y podría ser útil 
para impulsar reformas electorales. Veamos qué 
ha pasado en México y Chiapas al respecto y qué 
relación tiene con la remunicipalización de 1999. 

Antes de responder a estas interrogantes 
déjeseme señalar primero, que en México el pro¬ 
ceso de paz no está terminado y que los Acuer¬ 
dos de San Andrés fueron sólo el principio del 
fin. Segundo, la guerra en Chiapas es sui generis 
ya que el combate armado no se dio más que por 
unos días y la “guerrilla zapatista” no existe como 
tal sino como neo-zapatista social movement 
webs (Leyva 2001). 7 Tercero, las partes enfren- 


6 Arnson (ed.), Comparative Peace. L 

7 Llamo neo-zapatismo a un proceso de convergencias E 

entre las demandas políticas del ezln y diversos acto- S, 

res; proceso que va más allá del ezln pero que encuen¬ 
tra en éste su motivo de ser y su inspiración política. El A 
neo-zapatismo no es un movimiento político ni una or¬ 
ganización es un fluido de convergencias (con altos y C 
bajos, con tensiones y rupturas) parecido a lo que en la 


7 


^•COOr H O H M ñO 



UOJWO-O QW a H zo JOOOtí 


tadas se sentaron a negociar el 21 de febrero a 
escasos dos meses del alzamiento armado y cuar¬ 
to, el número de muertos entre 1995 y 2000 re¬ 
portados por un organismo no gubernamental, 
asciende a 150 y se han dado sobre todo como 
resultado de acciones paramilitares realizadas 
fuera de lo que dimos en llamar la “zona de con¬ 
flicto”. 8 Considerando todas estas salvedades 
que hacen del caso mexicano algo muy particu¬ 
lar en latinoamérica, podemos continuar explo¬ 
rando la relación entre el proceso de paz y la 
democratización del país. 

Ya Harvey, a principios del 2000, señalaba 
que las oportunidades de una solución política 
al conflicto armado serían menores si el gobier¬ 
no mantenía apartado su propio proyecto de Re¬ 
forma Política del Proceso de Paz. Al respecto 
García, Ley va y Burguete apuntaban que de he¬ 
cho esto había sucedido pues las negociaciones 
A con el ezln nunca se habían visto como parte 

N integral de la Reforma del Estado. 9 Esta corrió 

T 

R 

q teoría de los movimientos sociales se ha dado en 11a- 

p mar “ social movement webs”. Sonia Álvarez, Evelina 

q Dagnino y Arturo Escobar (eds.). Cultures of Politics. 

| Politics of Cultures. Re-visioning Latín American So- 

q cial Movements, Boulder Colorado, West View Press, 

Q 1998. La metáfora de la “web” (red) “nos da la posibi- 

Q lidad de imaginar de una manera más vivida los enre- 

g dos ( entanglements ) a muchos niveles de los actores de 

los movimientos con los campos natural-ambiental, po- 
S lítico-institucional y cultural discursivo en los cuales 

O están anclados” (íbid: 15-16). En otras palabras, las “ so - 

C cial movement webs “transmiten la complejidad y lo 

1 precario de las muchas imbricaciones y ligas entre las 

A organizaciones en movimiento, los participantes-indi- 

L viduales así como con otros actores de la sociedad civil 

E y política y el Estado” (íbid: 15), citado en Ley va, “Neo- 

S, zapatismo”, 2001. 

8 La fuente es un informe del Centro de Derechos Hu- 
A manos “Fray Bartolomé de las Casas” leído en San Cris- 

. tóbal de las Casas el 18 de mayo de 2002. 

C 9 Ma. Del Carmen García, Xóchitl Leyva y Araceli 

. Burguete, “Las organizaciones campesinas e indígenas 


por un lado teniendo como actores principales a 
los partidos políticos y el Congreso mientras que 
los diálogos EZLN-gobiemo se abrían o se sus¬ 
pendían. De hecho la Mesa 2 del diálogo (ezln- 
gobierno) en donde se iban a debatir asuntos de 
“Democracia y Justicia” hubiera forzado al go¬ 
bierno a ligar Reforma y Acuerdos pero se sus¬ 
pendió inmediatamente después de iniciada 
(septiembre de 1996) cuando el ezln argumentó 
incumplimiento por parte del gobierno de los 
Acuerdos de la Mesa 1. Sin embargo este hecho 
no evitó que en Chiapas la Reforma del Estado 
estuviera presente informalmente a través de la 
búsqueda de la nueva relación entre el Estado y 
los Pueblos Indígenas y vía el Nuevo Fede¬ 
ralismo, entendido éste como reforma munici¬ 
pal y remunicipalización. Visto así los vínculos 
entre remunicipalización y transición demo¬ 
crática no vinieron vía la Reforma del Estado 
sino vía la democracia electoral defacto. Me 
explico. 

La remunicipalización de 1999 en Chiapas 
rebasó con mucho el objetivo gubernamental 
contrainsurgente al catalizar no sólo la des¬ 
composición de los municipios autónomos za- 
patistas sino también de las propias bases 
corporativizadas del pri. En más de uno de los 
siete nuevos municipios, la definición de los lí¬ 
mites del nuevo municipio, la localización de 
la cabecera municipal y la formación del gabi¬ 
nete del nuevo concejo municipal llevó a que 
facciones distintas aglutinadas bajo las siglas 
del pri, desataran una lucha encarnizada que re¬ 
dundó en la descomposición de la unidad local 
y regional del pri 10 que se profundizó a raíz de 


de Chiapas frente a la Reforma del Estado: una radio¬ 
grafía”, en Cuadernos Agrarios , núm. 16. 

10 Como ejemplo de estas afirmaciones se puede con¬ 
sultar el texto de Ma. Del Carmen García “Montecristo 


8 




los sucesos nacionales post-electorales de ju¬ 
lio del 2000 en donde el candidato nacional 
priísta perdió la presidencia de la república. En 
las elecciones chiapanecas de octubre de 2001 
vimos surgir, en los nuevos municipios, candi¬ 
datos y votos a favor del pan y del prd y de 
hecho abrirse comités municipales de estos par¬ 
tidos en tierras que habían sido, hasta hace poco, 
de total dominio priísta. 

Lo que quiero destacar aquí es que la crea¬ 
ción de nuevos municipios en Chiapas vino a 
favorecer la incipiente democracia electoral 
que ha venido avanzando a duras penas en 
Chiapas desde 1991 11 y que se expresa a tra¬ 
vés de la ruptura de la hegemonía del partido 
de Estado, el avance del multipartidismo y la 
relevancia que han cobrado los procesos elec¬ 
torales 12 y los partidos políticos para la reso¬ 
lución de conflictos locales. Pero esto que 
llamamos “avance” tiene que ser matizado 
pues no está excento de contradicciones in¬ 
ternas y de altos y bajos. Así por ejemplo, el 


de Guerrero: los límites de la gobernabilidad democrᬠ
tica”, en Democratización (en revisión final) y el de 
Luis Rodríguez Castillo, “Procesos políticos y espacios 
disputados en el Municipio de Maravilla Tenejapa”, en 
Democratización (en revisión final). 

"Véase Juan Pedro Viqueira y Willibald Sonnleitner 
(eds.), Democracia en tierras indígenas. Las eleccio¬ 
nes en Los Altos de Chiapas (1991-1998), México, 
ciesas-EI Colegio de México-iFE, 2000, para un análi¬ 
sis más detallado de este argumento. 

12 Para un análisis comparativo de los 7 nuevos muni¬ 
cipios y los resultados electorales de 2001, véase Jor¬ 
ge Alonso, “Globalización, Democracia y Nuevos Mu¬ 
nicipios en Chiapas”, en Democratización (en revi¬ 
sión final). 


abstencionismo en Chiapas puede alcanzar el 
64% y si bien el pri pasó de tener 90.2% de 
los votos en las elecciones presidenciales de 
1982 a obtener sólo el 48% en las elecciones 
municipales de 1995 13 y en octubre de 2001, 
se recuperó al ganar 62% de los municipios 
del estado de Chiapas. También cabe señalar 
que en los nuevos municipios (y en los vie¬ 
jos) se tiende por un lado a ensayar nuevas 
formas de consenso en un contexto más plu¬ 
ral y tolerante a la par que persiste la polari¬ 
zación y el enfrentamiento. 

Como conclusión, podemos decir que 
aunque la remunicipalización no alcanzó los 
ideales de “reconciliación, gobernabilidad, 
desarrollo y paz” que se proponía discursi¬ 
vamente tampoco se redujo a mera estrate¬ 
gia contrainsurgente. Al contrario, la creación 
de nuevos municipios, como materialización 
parcial de los Acuerdos de Paz, contribuyó 
de forma muy puntual a la transición política 
chiapaneca y mexicana. 


13 Cifras tomadas de Viqueira y Sonnleitner (eds.), De- C 
moer acia, 147. 


9 


ca cfiOOO r 1 O SE H 2 > *1 hs w o o^osron 




cc h r* ¡> n O c« wCOOP 1 0*8 *í ^OOOr O^ H & ñd O H O H P o n 



“Indio mexicano visto de cuerpo entero”, unam/iis, (núm. de inventario: 2013, núm. en la 
base de datos: 11823). Tamazunchale, San Luis Potosí, ca. 1940. Autor desconocido. 


10 





Formación y retos del campo laboral: una reflexión 


Ma. de Lourdes Fernández Serratos 
David Octavio Galavíz Magallanes 

Escuela Nacional de Antropología e Historia 


Introducción 

Este ensayo surgió como resultado de entrevis¬ 
tas hechas por estudiantes del séptimo semes¬ 
tre (2002-1) de la Licenciatura en Antropología 
social, en la asignatura de Antropología aplica¬ 
da. Las entrevistas se hicieron a diez antro- 
pólogas y antropólogos que se dedican a 
actividades diferentes a la investigación aca¬ 
démica y una que combina la academia con la 
aplicación, 1 el objetivo de las entrevistas era 
conocer, en primer término, sus experiencias 
laborales en relación con posibles “deficien¬ 
cias” 2 en la formación que recibieron, así como 
sus aciertos y, con ello como base, sus opinio¬ 
nes con respecto a lo que consideran importan- 


1 Las actividades principales a las que se dedican los en¬ 
trevistados son: Funcionario de Delegación Política, Co¬ 
misionada en la Comisión Nacional de Derechos Huma¬ 
nos, Coordinador académico de una universidad y pro¬ 
fesor hora-semana-mes en la licenciatura de la enah. Con¬ 
sultora, investigadora en el Banco Mundial, Subdirectora 
de un centro de investigación, Coordinadora de investi¬ 
gación en un centro de investigación, Coordinadora del 
Consejo de Cronistas de una Delegación Política, Jefa 
de asesores de la oficina presidencial encargada de aten¬ 
ción a la población indígena. Funcionario en el Instituto 
Nacional de la Juventud, Investigadora de tiempo com¬ 
pleto en una universidad y consultora. 

2 “Deficiencias” que pueden estar relacionadas con una 
lógica de preparación de los profesionales de la antro¬ 
pología en sintonía con estilos laborales diferentes o 
los que ahora existen, lo que hablaría más de un desfase 
temporal y no de deficiencias en el sentido de “mala 
formación”. 


te incluir en, o desechar de, la formación de las 
nuevas generaciones de profesionales de la an¬ 
tropología. En este sentido, la preocupación de 
este trabajo es reflexionar sobre la formación 
que recibimos a la luz del campo laboral a que 
nos enfrentaremos quienes egresamos. 


Nosotros escuchamos a las personas, vamos de 
frente, somos los únicos que hacemos eso; [...] 
nuestra relación es de cara a cara, de cercanía, 
eso no lo hace nadie, ninguna de las profesiones 
lo hace, nosotros sí lo hacemos; ¿qué estamos 
haciendo? Estamos rescatando el valor de las 
personas. (Consultora.) 

El enfoque de la antropología recupera la voz y 
la visión de los actores. En la opinión de quienes 
entrevistamos, casi sin excepción, la formación 
que recibimos cumple con la expectativa de in¬ 
culcamos esta preocupación: acercamos al otro, 
rescatar su voz y respetar su visión. El método 
etnográfico, expresado en actividades como la 
observación participante, la entrevista, las histo¬ 
rias de vida e incluso la simple observación, en¬ 
tre otras, es un valioso instrumento reconocido, 
e incluso utilizado, por otras disciplinas. 

El estudio de la teoría antropológica, junto 
con las técnicas provenientes del método 
etnográfico, contribuye a la formación de la 
visión holística que luego se utilizará en los 
análisis que hacemos, y que se vuelve parte de C 
nuestro propio enfoque del mundo, según lo 


Rescatando el valor de las personas 


11 


W2fqr < >-*-ri©¡Z! t/2 © c¡ o f 1 ©'"S Ol»HZ> «< «2 © © © r0'Z HP3 H O 0«CHC"0f! 



MBr>«no«i «ocor o»hz> << «¡oflOrO'ZHM eno o^csroo 


comentan varios entrevistados. Esta formación 
teórica, por otro lado, nos vuelve sensibles a 
las situaciones de poder implícitas en las rela¬ 
ciones que observamos, que otras disciplinas 
sólo enfocan desde un punto de vista macro, 
alejado de los actores sociales. 

En palabras de una consultora: 

Hace falta que los antropólogos aprendamos a 
revalorar la disciplina para poder transmitir esos 
valores a los estudiantes y poder competir en el 
mercado de trabajo creando nuevas fuentes la¬ 
borales en campos no tradicionales, donde efec¬ 
tivamente existe la necesidad de antropólogos y 
de nuestro enfoque particular. 


A su vez, la investigadora del Banco Mundial 
comentó que se están “preparando fundamen¬ 
talmente académicos, cuando [...] hay un mer¬ 
cado cerrado en la academia”. Las plazas 
académicas que existen, ya están ocupadas por 
otros investigadores y, además —más grave aún 
para los que nos estamos graduando— esas pla¬ 
zas son de por vida. 

¿Existe un campo de trabajo para los que 
nos estamos graduando en antropología? De las 
entrevistas se obtiene la respuesta, en general, 
de que sí existe pero que tenemos que buscarlo 
o incluso crearlo. La mayoría de las entrevista¬ 
das y los entrevistados dicen que ese mercado 
es muy amplio: 


Sin embargo, en esos campos donde se necesita 
de nuestro enfoque no saben que desde la antro¬ 
pología se pueden ofrecer soluciones a sus pro¬ 
blemas y, de igual forma, nosotros no sabemos 
que podemos solucionar problemas en esos cam¬ 
pos no tradicionales. En otras palabras, existen 
campos de trabajo para los profesionales de la 
antropología, pero son indefinidos y no exclusi¬ 
vos, 3 están abiertos a profesionales de las cien¬ 
cias sociales en general y, a veces, los desempeñan 
profesionales de otras como, incluso, la biología. 4 

Campo laboral real disponible 
y herramientas necesarias 

...ya no hay plazas ni aquí ni en otro lugar del 
mundo. Las universidades ya no quieren abrir pla¬ 
zas porque hay muchos investigadores académi¬ 
cos. (Investigadora en la unam y consultora.) 


3 Apreciación en la que coincidieron la subdirectora de 
A un centro de investigación y el coordinador académico 
, de una universidad (y también profesor hora-semana- 
C mes en la Licenciatura de la enah). 

* 4 Consultora. 


.. .hay un mercado cada vez más creciente, el Es¬ 
tado ya no nos contrata, pero el Estado utiliza in¬ 
termediarios, empresas, ong, consultoras, y requiere 
[...] el trabajo que hacíamos [hace 25 años] tipo 
diagnósticos, nos íbamos al campo, planteábamos 
cómo estaba la situación; ahora también, pero yo 
creo que salen mal preparados. [...] Todavía creo 
que nuestras instituciones se niegan a abrir, yo no 
digo a cambiar, [...] pero creo que todavía son poco 
audaces para abrir espacios en el tema de la antro¬ 
pología, concretamente aplicada, para dar respues¬ 
tas a los problemas que se están dando en el país 
hoy, en el mundo y eso implica... no sé, supongo 
que voluntad política, voluntad de los propios maes¬ 
tros. .. (Investigadora del Banco Mundial.) 

Con este panorama como antecedente, a lo que 
apunta esta idea de la consultora es que necesi¬ 
tamos revalorar la disciplina para, a partir de 
ahí, promoverla y crear fuentes de trabajo que 
no sean las tradicionales (académicas institu¬ 
cionales), aspecto que adquiere un sentido de 
urgente necesidad. Pero, ¿se nos dan las herra¬ 
mientas necesarias para abrir nuevos campos o 
insertamos en los “no tradicionales”? 


12 



El campo laboral existente requiere de in¬ 
vestigaciones con características que difieren 
de los amplios y largos estudios que se hacen 
en la academia. En los contratos se especifican 
límites precisos de tiempo (a menudo muy cor¬ 
tos) para realizar la investigación y entregar 
resultados. Además es muy importante enfo¬ 
carnos en los problemas específicos que quiere 
resolver quien nos contrata: aprender a enfo¬ 
carnos en el problema y no en la etnografía de 
la comunidad en su totalidad. 

En las actividades laborales que desempe¬ 
ñan nuestros entrevistados, escuchar al otro 
implica también a especialistas y/o técnicos de 
otras disciplinas, para poder diseñar proyectos 
que cumplan con las exigencias de quien nos 
contrata. 

Por otro lado, tanto las propuestas como los 
resultados de las investigaciones se deben pre¬ 
sentar en un lenguaje y formato accesibles para 
un público no especializado en antropología. 
Esto también significa muchas veces saber uti¬ 
lizar y producir datos cuantitativos, que com¬ 
plementen nuestro enfoque cualitativo. 

Hacer encuestas socioeconómicas, trabajar 
con grupos focales y realizar talleres de discu¬ 
sión con la gente involucrada en el proyecto, 
encuestas de percepción, manejo de estadísti¬ 
cas y censos, además de aprovechar las inves¬ 
tigaciones académicas hechas en los lugares 
donde trabajamos —cuando existen— son ac¬ 
tividades complementarias para desarrollar los 
proyectos. Además, 

tenemos que desarrollar la capacidad de obser¬ 
var los terrenos más amplios, mundiales... los 
fenómenos a escala internacional están sucedien¬ 
do a un ritmo muy rápido, por lo que la obsoles¬ 
cencia del conocimiento especializado puede 
limitar nuestras percepciones. No podemos des¬ 
conocer lo que está sucediendo a nivel mundial 


y en nuestro entorno más cercano. (Coordina¬ 
dor académico de una universidad.) 

Coincide esta apreciación con lo que nos dice 
Marc Augé 

vivimos una ‘aceleración de la historia’, otra 
expresión del ‘encogimiento del planeta’... y que 
tiene que ver con las interacciones objetivas del 
‘sistema mundo’ y con la instantaneidad de la 
información y de la difusión de las imágenes. 5 

y con las habilidades requeridas para desarro¬ 
llar proyectos de desarrollo, tal como señala la 
investigadora del Banco Mundial: 

para diseñar proyectos se hacen muéstreos de 
alcance nacional o regional (Centroamérica o 
Latinoamérica, por ejemplo). 

Todo esto nos lleva a considerar la pertinencia 
de prestar atención al) desarrollar capacidades 
y obtener herramientas que nos ayuden a la com¬ 
prensión, análisis y conceptualización de las 
interrelaciones entre lo local y lo nacional, lo 
regional y lo global, lo macro y lo micro; 2 ) ca¬ 
pacidades de uso de tecnologías digitales (es 
decir, las computadoras y sus aplicaciones para 
la comunicación y el procesamiento de informa¬ 
ción, tanto en docencia como en investigación); 

3) competencia en lectura, redacción y comuni- S 
cación oral en varios idiomas, especialmente el ^ 
inglés y el francés, que dan acceso a los conoci- j 
mientos actualizados, y 4) manejar técnicas y 4 
metodologías de otras disciplinas en la forma- L 
ción de los profesionales en antropología social. E 
Finalmente, en las entrevistas se habló de 
la necesidad de hacer mayores esfuerzos en * 


5 Hacia una antropología de los mundos contemporá- C 
neos , Gedisa, Barcelona, 25-26. 


13 


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c«!Sf<>>~iOO!Z! CftC-OOr' OU C»HZ> «< en O O O r 02 HS HO O-'CFifOr! 


relacionar lo que se lee y se estudia en la es¬ 
cuela con la realidad, ya que la nuestra es una 
profesión donde tienden a conjuntarse cono¬ 
cimiento y acción. Con respecto a este tema, 
creemos que es importante enfatizar en la ne¬ 
cesidad de que la formación nos ayude a dife¬ 
renciar analíticamente estos dos procesos 
(conocimiento/acción), aunque en la práctica 
se presenten siempre juntos y formen un mis¬ 
mo proceso que no puede separarse, como 
ocurre con la investigación/militancia o sim¬ 
plemente investigación/inclinación política, 
por ejemplo. 

El campo laboral y la ética profesional 

La investigación antropológica, la enseñanza y 
la aplicación, como cualquier acción humana, 
implican decisiones para las cuales los 
antropólogos, individual o colectivamente, tie¬ 
nen una responsabilidad ética. Debido a que los 
antropólogos son miembros de una variedad de 
grupos y están sujetos a una variedad de códi¬ 
gos éticos, a veces, las decisiones se deben to¬ 
mar no sólo entre las distintas obligaciones que 
se presentan en este código, sino también en 
aquellas que incurren en otros estatutos o docu¬ 
mentos. (Código de ética de la American Anthro- 
pological Association, — aaa, 1998). 

En vista del panorama laboral que se nos pre¬ 
senta al egresar de la formación antropológica, 
se hace indispensable reflexionar sobre cues¬ 
tiones éticas. En este sentido es imprescindi¬ 
ble, en primer lugar, poner a disposición de los 
estudiantes los diferentes códigos de ética exis¬ 
tente, tanto de México como de otros países, 
como los de la aaa o la napa {National Asso¬ 
ciation for the Practice ofAnthropology), con 
C la finalidad de compararlos y, de resultar de 
* utilidad, adecuarlos al caso mexicano. 


Según Arturo Escobar, 

trabajar en general para instituciones como el 
Banco Mundial y para procesos de ‘desarrollo 
inducido’ representa para los críticos parte del 
problema y no parte de la solución. 6 

Sin embargo, para la investigadora del Banco 
Mundial que entrevistamos, 

en el campo de la antropología aplicada te tienes 
que meter a proponer alternativas en contextos 
políticos muy complejos; o sea, ¿cómo propones 
intentar solucionar el problema de Chiapas?... es 
mucho más cómodo que yo me vaya a hacer mi 
investigación en X comunidad y plantee el pro¬ 
blema de la comunidad, pero a nivel macro debes 
considerar miles de factores y tratar de ver por 
dónde entrar a proponer soluciones. 

En todo caso, el debate está presente, y el mis¬ 
mo Escobar describe con otras palabras la mis¬ 
ma situación 

la antropología para el desarrollo 7 sugiere que 
el punto más débil de la antropología del desa- 


6 “Antropología y desarrollo”, en Revista Internacio¬ 
nal de Ciencias Sociales , núm. 154, diciembre 1997. 
Se consultó la versión electrónica, por eso no aparecen 
números de página. 

7 Con “antropología para el desarrollo” Escobar se refie¬ 
re a aquella antropología que, partiendo de las concep¬ 
ciones de desarrollo de occidente (democracia, igualdad, 
bienestar físico y social) trabaja para inducir cambio cul¬ 
tural con la intención de conducir al “desarrollo” a los 
pueblos subdesarrollados. Denomina “antropología del 
desarrollo” a las corrientes antropológicas, sobre todos 
las postestructuralistas, que critican las concepciones del 
desarrollo desde el punto de vista del discurso (su uso 
como estándar de bienestar) como manifestaciones del 
diferencial de poder entre las naciones industrializadas y 
las no industrializadas. 


14 



rrollo... estriba en cómo dar un sentido político 
práctico a sus críticas teóricas. 8 

Todo lo anterior implica que hay que tomar en 
cuenta la normatividad formal y cotidiana de 
las instituciones con las que se puede trabajar; 
es decir, es imposible dejar de ver la red de re¬ 
laciones políticas en las que pueden ocurrir los 
fenómenos sociales, como señala una de las 
entrevistadas al referirse al proyecto que le cos¬ 
tó más trabajo porque le implicó proteger su 
trabajo (dejar de ser ingenua) frente a las polí¬ 
ticas de los grupos que estaban interesados en 
bloquearlo, porque implicaba una manera di¬ 
ferente de hacer las cosas, es decir, podía afec¬ 
tar los intereses creados de esos grupos. 9 

Hablando de proyectos de antropología apli¬ 
cada, es imposible dejar de considerar el lado 
que se favorecerá con la investigación. Inde¬ 
pendientemente de la intención original, los 
resultados de la investigación pueden ser utili¬ 
zados de maneras no previstas por el o la 
investigador(a), lo que no lo(a) libera de la res¬ 
ponsabilidad por su investigación, los resulta¬ 
dos, sus posibles usos, ni de la elección de la 
institución con la que decide trabajar. 

Antropología académica y antropología apli¬ 
cada: ¿dos disciplinas separadas o dos partes 
o momentos de una misma? 

La mayoría de los académicos no tenemos mucha 
experiencia en proyectos de cambio aplicado, así 
que ¿cómo podemos preparar adecuadamente a 
los estudiantes con la comprensión y las habili¬ 
dades esenciales para las carreras laborales en 
el vasto mundo fuera de la academia? Siendo 
académicos, nuestra tendencia natural es intere¬ 


8 Op. cit. 

9 Consultora. 


samos por temas de teoría y metodología, los 
cuales tienen relevancia, pero pareciera que así 
damos a los estudiantes el mensaje de que eso 
es todo lo que necesitan para ser exitosos... y 
por lo tanto, no les estamos ayudando, sino has¬ 
ta los podemos poner en desventaja cuando ini¬ 
cien sus carreras laborales). 10 

Existe un debate desde hace tiempo, que enfrenta 
a la antropología académica con la antropología 
aplicada. De un lado, se considera a la antropo¬ 
logía aplicada no como una verdadera ciencia, 
sino como la aplicación técnica del conocimiento 
que produce la académica. Del otro, se argumen¬ 
ta que la antropología académica no adquiere 
un compromiso efectivo con la realidad y con 
los procesos sociales que estudia. 

Hay una percepción entre los académicos de que 
ser aplicado es ensuciarse, por que trabajas en el 
gobierno... [En realidad] aquí te metes un poco 
más en la realidad... tienes que saber de los par¬ 
tidos políticos y sus intereses, tienes que enten¬ 
der que hay intereses económicos y que la 
burocracia tiene un rol que puede ser favorable 
o desfavorable. 11 

Sin pretender tomar partido en este debate, cree¬ 
mos que tanto la academia como la aplicación 
son partes de una misma disciplina, y que la 
percepción de la antropología aplicada como 
una especie de negocio sucio tiene que ver con 
las críticas que la antropología del desarrollo 


10 (Ken Barger, Indiana University-Purdue University 

of Indianapolis). En la discusión electrónica “Academics 
and applied anthropology. An ongoing discussion on 
the Anthap Listserv”, del servidor de anthap ( The A 
Applied Anthropology Computer NetWork , http:// 
anthap.oakland.edu). C 

11 Investigadora del Banco Mundial. 


15 


KOÍlOr 1 0'TJ C»HZ> •< EfiOOOt" O'Z H M WO O *- O H r Q O 




.c/2 si t- > >-f o O c¿3 MCOOr O'Ss owhz> < KOOOr OZ hss w o o-^osiroo 


A 


introdujo en los años ochenta, con las corrien¬ 
tes postestructuralistas. 

Este estado y proceso de separación de las 
prácticas de la disciplina se ve acentuado y per¬ 
petuado, sin miras de solución, a la luz de la 
formación de las nuevas generaciones: como 
nos forman académicos, el énfasis en transmi¬ 
tir sus intereses y habilidades produce entre los 
estudiantes un interés centrado hacia el trabajo 
académico, dejando de lado la formación que 
requeriríamos de decidir o tener que trabajar 
en campos de aplicación de la antropología. 
Esta situación tiene también el efecto de situar¬ 
nos al margen del debate ético sobre el tipo de 
proyectos en que cada quien se enfoca. 

Varios de los y las entrevistado(a)s contes¬ 
taron que la antropología académica les permi¬ 
tiría estar actualizados teóricamente, lo que les 
serviría para realizar el trabajo aplicado, por lo 
que les gustaría combinar ambas actividades. 
Sin embargo, el trabajo aplicado consume mu¬ 
cho tiempo, por lo que no les queda tiempo para 
realizar ambas actividades. Al mismo tiempo, 
la mayoría dijo obtener por su trabajo óptimas 
remuneraciones. Con respecto a este escena¬ 
rio, y en el contexto del problema para conci¬ 
liar ambos campos, Escobar escribe 

los antropólogos para el desarrollo arriesgan sus 
altas remuneraciones por sus trabajos de con¬ 
sultor y su deseo de contribuir a un mundo me¬ 
jor; para el antropólogo del desarrollo lo que está 
en juego son los títulos académicos y el presti¬ 
gio, así como el objetivo político de contribuir a 
transformar el mundo, mucho mejor si puede ser 
conjuntamente con los movimientos sociales. 12 

En otro nivel, es importante señalar el papel 
que juega lo que podríamos llamar “disposi¬ 


ción vocacional” de los estudiantes, por las 
características propias de cada actividad; es 
decir, para hacer antropología aplicada es 
necesario tener disposición para el trabajo 
en equipo, facilidad para tratar con pro¬ 
fesionistas de otras disciplinas, con la bu¬ 
rocracia y hasta con los empresarios, 
características que no son tan indispen¬ 
sables en la academia. 

No descarto el trabajo académico, también 
me parece muy rico y tiene que ver con la 
personalidad. A mí me gusta más la adre¬ 
nalina, la presión del trabajo, la necesidad 
de presentar resultados muy pronto, o sea, 
va un poco con mi forma de ser, pero cuan¬ 
do leo un resultado de investigación acadé¬ 
mica me deleito, pero en términos de mi 
propia práctica yo no regresaría a la aca¬ 
demia, me siento realizada. No me queda 
tiempo para realizar trabajo académico de 
ningún tipo. 13 

Aunque hay que señalar que ambas activi¬ 
dades necesitan del trabajo de campo y de 
la reflexión teórica y metodológica, la ma¬ 
nera de realizarlas es diferente. En este mis¬ 
mo sentido, los antropólogos aplicados, por 
el tipo de temática y proyectos en que tra¬ 
bajan, tienen que estar más en relación con 
temas del debate social, político y econó¬ 
mico actual. 

El problema tiene que ver, creemos, con 
ver a la antropología como una disciplina 
monolítica, no dividida para la academia y 
para la aplicación o, al contrario, porque se 
les exige llegar a distintos objetivos, verlas 
como irreconciliables. Nosotros estamos de 


16 


C 


12 Op. cit. 


13 Coordinadora de Asesores de la oficina presidencial 
para atención a los pueblos indígenas. 




acuerdo con Palerm en que, por necesidad, se 
complementan: 

es... urgente que la antropología aplicada se 
constituya en una disciplina científica, desarro¬ 
llando para ello métodos de trabajo, técnicas 
operativas y procedimientos para evaluar y rec¬ 
tificar la teoría antropológica con la antropolo¬ 
gía aplicada. Se trata de... corregir y mejorar la 
teoría con la aportación constante de su aplica¬ 
ción práctica. 14 

Consideraciones finales y propuestas 

En resumen, desde el punto de vista de quienes 
entrevistamos, cuando nos graduamos tenemos 
lagunas de formación con respecto a la produc¬ 
ción y manejo de datos cuantitativos, capaci¬ 
dad de expresarnos tanto textual como 
oralmente con interlocutores y lectores no es¬ 
pecializados en antropología, competencia en 
idiomas extranjeros, en uso de computadoras y 
herramientas relacionadas con ellas, capacidad 
de planeación y organización en todos los ór¬ 
denes, desde eventos académicos hasta proyec¬ 
tos de investigación, dirección de instituciones 
o enseñanza a nuevos antropólogos, además de 
carencia de objetivos claros sobre la práctica 
profesional, relacionada con la falta de vincu¬ 
lación entre teoría y realidad que existe en nues¬ 
tra formación. Estas deficiencias causan un 
desfase entre el campo laboral existente y la 
formación que adquirimos en la escuela. 

Los antropólogos tenemos esa proclividad más 
por la idea de la investigación y las teorías, pero 
vemos con desdén a la parte aplicada, aunque 
en realidad muchos antropólogos que salimos de 


la escuela terminamos en estos campos de 
trabajo...y salimos a aprender en la práctica, y 
empezamos echando a perder las cosas... así es 
como nos formamos para el trabajo. (Funciona¬ 
rio de Delegación Política.) 

La participación en estancias de investigación 
obligatorias ya sea con empresas, con ong, en 
instituciones educativas o gubernamentales 15 
podría servir para ayudar a cubrir algunas de 
las deficiencias que se perciben: aprenderíamos, 
antes de iniciarnos en el campo laboral, a des¬ 
envolvernos en diferentes ambientes (en aspec¬ 
tos tales como la manera apropiada de vestir, 
de conducimos y de hablar con empresarios, 
con funcionarios, con usuarios de los servicios); 
nos mostraría el mundo real de trabajo y nos 
permitiría observar el funcionamiento de esos 
diversos campos laborales. 

Con respecto a las habilidades para organi¬ 
zación y trabajo en equipo, la licenciatura de¬ 
bería estimular más a los alumnos a participar 
en eventos académicos, como ponentes tanto 
como organizadores. Para estimular esa parti¬ 
cipación, el profesorado podría promover en sus 
cursos proyectos de participación en equipo en 
los diversos eventos académicos que se llevan 
a cabo durante todo el año en el país y en el 
extranjero, o incluso proponer y organizar nue¬ 
vos eventos en los mismos cursos. 

Por otra parte, para atender a la capacidad 
de trabajar en proyectos de aplicación de la 
antropología, se podrían crear proyectos apli¬ 
cados en los grupos, tomando en consideración 
las diversas implicaciones y necesidades de tipo 
teórico, metodológico y ético. Esto podría ha¬ 
cerse n las asignaturas existentes o incluso en 
propuestas nuevas con estos propósitos. Uno 


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4 Ángel Palerm, Introducción a la teoría etnológica , 15 Society for Applied Anthropology Newsletter , May C 

Universidad Iberoamericana, México, 1997, p. 30. 2002, p. 9. 


17 






S r > n n O Cfi & QOQr* 0*3 O 73 H 2 Ü > < ¡/) o O C r H P3 SO o ^ C R s o n 


de los entrevistados comentó la gran utilidad 
que para el desempeño de sus trabajos tiene el 
haber cursado la asignatura de Planeación en 
la ENAH-Chihuahua, donde aprendió a desarro¬ 
llar proyectos y conocer cómo se estructura la 
política social del país. 

Con respecto a las prácticas de campo, por 
ejemplo, los estudiantes podríamos entrevistamos 
ante el grupo, para ir corrigiendo, antes de salir al 
campo, detalles como el orden de las preguntas y 
la manera de formularlas. Las prácticas de cam¬ 
po también deberían estar mejor estructuradas y 
tener objetivos específicos, además que debería 
haber algún medio de supervisión para asegurar 
que cumplen objetivos formativos y no son sim¬ 
plemente salidas al campo. 

Los contenidos de las asignaturas obligato¬ 
rias de técnicas etnográficas deberían renovar¬ 
se para incluir en sus programas la enseñanza 
y práctica de técnicas de investigación de otras 
disciplinas, como los grupos focales, las técni¬ 
cas de investigación rápida y el uso y manejo 
de datos cuantitativos, como las estadísticas y 
los censos. 

Para asegurar que los contenidos de las asig¬ 
naturas no se queden rezagados, la academia 
debería tener sesiones anuales para su revisión 
y actualización constante. Por otro lado, aun¬ 
que se esté en desacuerdo con otras posturas 
teóricas, se debería incluir en los programas 
autores de las más diversas procedencias (in¬ 
cluyendo mexicanos y latinoamericanos) y en¬ 
foques, sin quitar de los contenidos a los autores 
referenciales de gran importancia. Debemos co¬ 
nocer, por ejemplo, las propuestas de Max 
Weber y los economistas liberales, que tienen 
a ser rechazados en algunas asignaturas, por ser 
contrarios a las inclinaciones políticas de quie¬ 
nes las imparten. 

C Creemos que se deben tomar en cuenta los 

* temas en los que están interesados los estudian¬ 


tes, e impulsarlos a que piensen en dichos te¬ 
mas vinculándolos a situaciones reales: es de¬ 
cir, creemos que todo tema es importante y que 
no es apropiada la posición de profesores que 
cuestionan cuáles sí son y cuáles no. Pero, como 
dice uno de los entrevistados, 16 “estamos for¬ 
mando una visión muy irresponsable de la re¬ 
lación entre el estudiante y la realidad”, porque 
pareciera que no debe haber ningún compro¬ 
miso con la realidad que estudiamos. Aquí in¬ 
terviene la ética del profesorado para, por una 
parte, no forzar al alumno a que se interese por 
los temas o tendencias que él considera váli¬ 
das, mientras, al mismo tiempo, estimula al 
estudiantado a analizar una realidad contextua- 
lizada. 

Como comentaba una de las entrevistadas, 
es necesario que revaloremos la disciplina, para 
poder transmitir esos valores a los estudiantes; 
pero revalorarla necesariamente implica re¬ 
flexionar sobre los objetivos de la formación 
de profesionales para la antropología en Méxi¬ 
co. Si la mayoría de los campos laborales en 
los que nos podremos insertar tienen que ver 
con la aplicación de la antropología, habría que 
tomar en cuenta las necesidades reales de la 
gente con quien trabajamos y lo que concierne 
a las políticas y a la administración de las insti¬ 
tuciones. Fomentar la participación de la gente 
en la toma de decisiones podría ser una forma 
de impulsar la aplicación humana de la antro¬ 
pología. Se trata de que la aplicación de la an¬ 
tropología contribuya con su conocimiento a 
que los sujetos sociales decidan sobre su desti¬ 
no con “conocimiento de causa”, y de cara a la 
compleja realidad social. 

En esta perspectiva, la ética profesional es 
evidentemente una de las grandes ausencias en 


16 Coordinador académico de una universidad y profe¬ 
sor hora-semana-mes en la Licenciatura de la enah. 


18 





la formación antropológica. Si bien en asigna¬ 
turas como Antropología aplicada y Antropo¬ 
logía mexicana se hace un intento por conocer 
y analizar las aportaciones y las limitaciones 
de los proyectos de cambio cultural inducido 
que, en distintos momentos, se han practicado 
en México, como el indigenismo y los proyec¬ 
tos de desarrollo, creemos que limitar estos 
análisis a dos asignaturas no es suficiente. Por 
otro lado, y en vista de su incuestionable rele¬ 
vancia actual, sería importante tener más in¬ 
formación sobre las Organizaciones No 
Gubernamentales (ong), sus dinámicas y sus 
proyectos, porque constituyen uno de los cam¬ 


pos con mayores probabilidades de inserción 
laboral actualmente, como opinan algunos de 
los entrevistados. 17 

Para terminar, el comentario de otro entre¬ 
vistado, 18 resalta la urgencia de evaluar la for¬ 
mación que recibimos: 

lo peor es que es un proyecto prescindible ¿a 
quién demonios le interesa esto... a mí, a los 
estudiantes? Los profesores tienen que estar aquí 
porque les pagan, pero a los alumnos ¿qué los 
ata aquí, qué futuro tienen? La pelea que hay 
que emprender es contra el desaliento, contra la 
ausencia de objetivos claros. 



“Patio de una casa” tojolabal. unam/üs, (núm. de inventario: 3896, núm. en la 
base de datos: 13717). La Libertad, Chiapas, ca. 1940. Raúl Estrada Discua. 


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17 Investigadora de una universidad y consultora e in- A 
vestigadora del Banco Mundial. 

18 Coordinador académico de una universidad y profe- C 
sor hora-semana mes de la licenciatura en la enah. 


19 





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“Hombre mazateco visto de cuerpo entero”, unam/iis, (núm. de inventario: 1956, 
núm. en la base de datos: 11766). Huautla de Jiménez, Oaxaca, ca. 1940. Autor 
desconocido. 



20 







Corsarios de la Genética 1 


Ernesto Camou Healy 

Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, A. C. 


Uno de los aspectos negativos de la globa- 
lización es, contradictoriamente, que se está 
permitiendo la apropiación en beneficio priva¬ 
do, de conocimientos y técnicas que han sido, 
hasta hoy, del dominio público. Es el caso de 
las semillas que, con muy ligeras modificacio¬ 
nes, pueden ser patentadas y pasar a ser pro¬ 
piedad intelectual y comercial de grandes 
consorcios transnacionales y, por lo mismo, ex¬ 
propiadas a sus legítimos dueños. La empresa 
Dupont acaba de registrar una variedad de maíz 
con alto contenido de grasas, muy similar a al¬ 
gunos criollos mexicanos. Con esta acción se 
pone en riesgo el modo de vida de miles de 
campesinos nacionales y se puede perder un 
patrimonio genético nuestro desde hace varios 
milenios. 

La multinacional patentó una variedad ca¬ 
paz de producir aceite en rangos que van del 
6 % al 55%, lo cual no es novedad puesto que 
varias semillas, utilizadas desde hace muchos 
años en nuestro territorio, ya lo dan en cantida¬ 
des similares. Por lo menos las variedades 
dulcillo, tabloncillo, dulce, onaveño y nal-tel 
son capaces de generar aceites en proporcio¬ 
nes parecidas. El problema es que si el intento 
de la Dupont prospera, podrá demandar rega¬ 
lías de los miles de cultivadores que por siglos 
han utilizado estas variedades. Es un caso más 
de piratería comercial y genética en perjuicio 
de naciones con menos recursos. 

Alguien podría alegar que el esfuerzo de los 
investigadores de la empresa justifica la paten- 


1 Publicado en el periódico El Imparcial , Hermosillo, 
Sonora, el 18 de mayo de 2001. 


te; lo que se puede contradecir, con más funda¬ 
mento, por lo menos desde dos perspectivas: la 
primera, que el resultado no representa una 
novedad importante, puesto que los campesi¬ 
nos mexicanos, en un esfuerzo de siglos, ya 
habían desarrollado variedades productoras de 
óleos; y, segundo, que precisamente la posibi¬ 
lidad de introducir una mejora no muy original 
en el maíz se debió a que los científicos esta¬ 
ban utilizando semillas manufacturadas por 
generaciones y generaciones de mexicanos que 
domesticaron el grano, seleccionaron las semi¬ 
llas, las adaptaron a sus necesidades de nutri¬ 
ción y a las peculiaridades del terreno y con 
este celo inteligente produjeron la materia pri¬ 
ma de la que ahora se quiere apropiar una com¬ 
pañía con capital suficiente para pretender 
paliar su marrullería. 

Porque el maíz fue domesticado en México 
hace unos 5 000 años y el teozintle, la especie 
de la cual proviene, se cultivaba en el valle del 
Balsas hace ya unos 7 000 años. Fueron los in¬ 
dígenas mexicanos los que descubrieron las pro¬ 
piedades alimenticias de aquella especie de 
pasto, capaz de dar algunos granos comestibles 
en cada tallo. Los primeros maíces, encontra¬ 
dos en una cueva cerca de Tehuacan, no me¬ 
dían más que el dedo meñique y daban de 6 a 9 
granos por mazorca. Fueron, pues los indios, 
los que año con año observaron las milpas, eli- L 
gieron las mazorcas más grandes, las que da- E 
ban unos cuantos granos más que el resto, y de ^ 
ellas sacaron la semilla para el año siguiente. ^ 
En las distintas regiones fueron seleccionando 
aquellas plantas que mejor se adaptaban al cli- C 
ma, al temporal o a sus necesidades nutricias. 


21 


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Ellos cavilaron que el maíz empobrecía el sue¬ 
lo, pero si lo sembraban a la par con frijol, en 
un policultivo coherente con su forma de co¬ 
mer, lograban contrarrestar la voracidad de la 
gramínea por el nitrógeno. En el Istmo produ¬ 
jeron el maíz Zapalote, que no llega al metro 
de altura, pero que produce mazorcas grandes; 
su enanez, por llamarla de algún modo, lo de¬ 
fiende de los vientos frecuentes en aquella re¬ 
gión de entre mares. 

Fue un esfuerzo inteligente por mejorar su 
principal alimento. Se experimentó continua¬ 
mente y los resultados fueron difundidos por la 
tradición oral, en los mitos, leyendas y epope¬ 
yas de aquellos innovadores de la agricultura. 
El maíz fue adquiriendo las características de 
la planta actual; y no por casualidad, sino por 
un esmero permanente de aquellos mexicanos. 
Como no tenían el sesgo a la apropiación parti¬ 
cular del conocimiento, compartieron lo que 
sabían con sus vecinos. Así los granos viajaron 
desde Mesoamérica a todo el territorio ahora 
nacional. Se asentó con éxito en el norte y en 
las selvas centroamericanas, se distribuyó por 
todo el territorio de los actuales Estados Uni¬ 
dos y en cada región el ingenio de aquellos pri¬ 
meros pobladores creó variedades nuevas, 


adaptadas a las particularidades de las zonas. 
Ahora hay maíces de todos colores: azules, 
blancos, amarillos, morados, negros, rojos y 
pintos; los hay para producir palomitas, para 
comer en mazorca o para guardar como grano; 
hay variedades enanas y muy altas; de ciclo 
largo que maduran en seis meses, y otras que 
en tres meses ya tienen mazorca. Hay resisten¬ 
tes a las heladas, que crecen a los 4,000 metros 
de altura, y otras que se dan al nivel del mar. 
Las hay propias del desierto y otras que pros¬ 
peran en las selvas. Todas, en su momento, fue¬ 
ron producto del ingenio y la perseverancia de 
los labradores originales; todas son parte de 
nuestro patrimonio nacional. 

Ahora, un departamento de investigación de 
una empresa privada se cree con el derecho de 
tomar esa materia prima, inspirarse (¿o sería 
mejor decir plagiar?) en resultados ya antiguos, 
provocar algunos cambios, llamarla suya, y ex¬ 
cluir a los demás, a los creadores originales, de 
su uso y disfrute. Don Jorge Castañeda y don 
Javier Usabiaga, Secretarios de Relaciones y 
de Agricultura, tienen la obligación de apelar 
por esta patente ante las cortes internacionales, 
antes del 30 de mayo. Debemos exigirles que 
defiendan nuestra heredad. 


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El segador, ini, (Fondo: Alfonso Fabila, núm. de 
inventario: 3594, núm. en la base de datos: 4575). 
Sonora, ca. 1934. Alfonso Fabila. 




ASOCIACIÓN BRASILEÑA DE ANTROPOLOGÍA 
CÓDIGO DE ÉTICA DEL ANTROPÓLOGO 1 


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Constituyen derechos de los antropólogos, como investigadores: 


1. El derecho al pleno ejercicio de la investigación, libre de cualquier tipo de censura 
respecto al tema, a la metodología y al objeto de investigación 

2. El derecho de acceso a las poblaciones y a las fuentes con las que el investigador 
requiere trabajar 

3. El derecho a preservar informaciones confidenciales 

4. El reconocimiento del derecho de autor, aún cuando el trabajo constituya un encar¬ 
go de organismos públicos o privados, y protección contra la utilización sin la debi¬ 
da cita 

5. El derecho de autor implica el derecho de publicación y divulgación del resultado 
de su trabajo 

6 . Los derechos de los antropólogos deben estar subordinados a los derechos de las 
poblaciones objeto de investigación y tienen como contrapartida las responsabili¬ 
dades inherentes al ejercicio de la actividad científica. 

Constituyen derechos de las poblaciones objeto de investigación, y serán respeta¬ 
dos por los antropólogos: 

1. El derecho a ser informados sobre la naturaleza de la investigación 

2. El derecho a rehusarse a participar en una investigación 

3. El derecho de preservación de su intimidad, se acuerdo a sus patrones culturales 

4. La garantía de que la colaboración prestada al investigador no sea utilizada con el 
objetivo de perjudicar al grupo investigado 

5. El derecho de acceso a los resultados de la investigación 

6 . El derecho de autor de las poblaciones sobre su propia producción cultura. 

Constituyen responsabilidades de los antropólogos: 

1. Ofrecer informaciones objetivas sobre sus calificaciones profesionales y la de sus 
colegas, siempre que fuera necesario para el trabajo a ser desempeñado 

2. En la elaboración del trabajo, no omitir informaciones relevantes, a no ser en los 
casos previstos previamente 

3. Realizar el trabajo dentro de los cánones de la objetividad y el rigor inherentes a la 

práctica científica. A 


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1 Traducción de la Dra. Virginia Molina y Ludy (ciesas). 


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CÓDIGO DE ÉTICA 

ASOCIACIÓN ANTROPOLÓGICA AMERICANA 

Aprobado en junio de 1998 1 


I. Preámbulo 

Los investigadores, maestros y practicantes de Antropología son miembros de varias co¬ 
munidades diferentes, cada una tiene sus propias reglas morales o códigos de ética. Los 
antropólogos tienen obligaciones morales como miembros de otros grupos, tales como la 
familia, la religión y la comunidad, así como el de la profesión. También tienen obligacio¬ 
nes con la disciplina, con la sociedad y cultura más amplias, con la especie humana, con 
otras especies y con el medio ambiente. Además, los que hacen trabajo de campo pueden 
desarrollar relaciones cercanas con las personas o los animales con los que trabajan, y de 
este modo generan un mayor nivel de consideraciones éticas. 

En un campo tan complejo y lleno de obligaciones, es inevitable que aparezcan mal 
entendidos, conflictos y la necesidad de tomar decisiones entre valores aparentemente 
incompatibles; los antropólogos son responsables de abordar estas dificultades y de luchar 
para resolverlas de forma que sean compatibles con los principios aquí mencionados. El 
propósito de este Código es fomentar la discusión y la educación. La Asociación 
Antropológica Americana (aaa) no actúa como juez del comportamiento no ético. 

Los principios y las pautas de este Código dan al antropólogo las herramientas para 
que se comprometa con el desarrollo y el mantenimiento del sistema de todo el trabajo 
antropológico. 

II. Introducción 

La antropología es un área multidisciplinaria de la ciencia y el saber, que abarca el estudio 
de todos los aspectos de la humanidad -el arqueológico, el biológico, el lingüístico y el 
sociocultural. La antropología tiene sus raíces en las ciencias naturales, las sociales y las 
humanidades; su aproximación va desde lo básico hasta la investigación aplicada y a la 
interpretación de la disciplina. 

Como la principal organización que representa la extensión de la antropología, la Aso¬ 
ciación Antropológica Americana (aaa) parte de la posición de que generar y utilizar de 
manera apropiada el conocimiento (por ejemplo: publicar, enseñar, desarrollar programas, 
y una política de información) sobre los pueblos del mundo, pasados y presentes, es un 
objetivo digno; que la producción del conocimiento antropológico es un proceso dinámico 
que usa muchas aproximaciones diferentes, en constante evolución y que, por razones 
morales y prácticas, generar y utilizar el conocimiento se debe hacer de una manera ética. 

c - 

• 1 Traducción de Claudia Jiménez. 


24 




La misión de la Asociación Antropológica Americana es avanzar en todos los aspectos 
de la investigación antropológica y fomentar la divulgación del conocimiento antropológico 
a través de publicaciones, la enseñanza, la educación pública y la aplicación. Una parte 
importante de esa misión es ayudar a educar a los miembros de la aaa sobre las obligacio¬ 
nes éticas y los retos implicados en la producción, divulgación y utilización del conoci¬ 
miento antropológico. 

El propósito de este Código es darle a los miembros de la aaa —y a otras personas 
interesadas— la guía para elegir conductas éticas en su trabajo antropológico. Ya que los 
antropólogos se pueden encontrar en situaciones complejas y pueden estar sujetos a más 
de un código ético, el Código de ética de la aaa ofrece un sistema, no una fórmula riguro¬ 
sa, para tomar decisiones. 

A las personas que usan el Código como una línea para tomar decisiones éticas o para 
la enseñanza se les alienta a que busquen ejemplos, ilustrativos y apropiados, de estudios 
de caso para enriquecer la base de su conocimiento. 

Los antropólogos tienen derecho a estar informados sobre los códigos éticos relacio¬ 
nados con su trabajo y deben recibir, de manera periódica, entrenamiento sobre las activi¬ 
dades de investigación recientes y sobre los problemas éticos. Además, los departamentos 
que ofrecen el título en antropología deben incluir y requerir el entrenamiento ético en su 
curriculum. 

Ningún código o guía puede anticipar las circunstancias únicas o las acciones directas 
en situaciones específicas. El antropólogo como individuo debe tener la voluntad de tomar 
decisiones éticas y analizarlas cuidadosamente, así como estar preparado para dejar en 
claro las hipótesis, los hechos y los problemas sobre los que ha tomado sus decisiones. Por 
esta razón, estas guías señalan los contextos, las prioridades y las relaciones generales que 
se deben considerar al tomar decisiones éticas en el trabajo antropológico. 

III. La investigación 

Al proponer y llevar a cabo una investigación, los antropólogos investigadores deben estar 
atentos a la(s) propuesta(s), a los impactos potenciales y a la(s) fuente(s) de apoyo para los 
proyectos de investigación con los patrocinadores, los colegas, las personas estudiadas o 
la información obtenida, y con grupos relevantes afectados por la investigación. Los in¬ 
vestigadores deben esperar utilizar los resultados de su trabajo de una manera apropiada y 
divulgar los resultados a través de actividades apropiadas y oportunas. La investigación 
que llene estas expectativas es ética, sin importar la fuente de su financiamiento: (público 
o privado), o su propósito (por ejemplo “aplicado”, “básico”, “puro” o “de propiedad”). 

Las investigaciones antropológicas deben estar al tanto del peligro de comprometer la 
ética antropológica como una condición para participar en la investigación; sin embargo, 
el antropólogo también debe estar pendiente de atender las demandas de la buena ciudada¬ 
nía y de cuidar las relaciones huésped-invitado. La contribución activa y el liderazgo para 
tratar de conformar las acciones y políticas públicas o privadas pueden ser tan justificables 


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éticamente como la falta de acción, la indiferencia, o la no cooperación, dependiendo de 
las circunstanpias. Principios similares le dan cabida a los investigadores de antropología 
empleados o afiliados a instituciones no antropológicas, instituciones públicas, o empre¬ 
sas privadas. 


PRINCIPIOS 

A. La responsabilidad para con la gente y los animales con los que los investigadores 
antropológicos trabajan y cuyas vidas y culturas estudian. 

1. Los investigadores antropológicos tienen obligaciones éticas primarias con la gente, 
las especies, los materiales que estudian y con el pueblo con el que trabajan. Estas 
obligaciones pueden invalidar el objetivo de buscar un conocimiento nuevo, y pueden 
llevar a la decisión de no tomar o descontinuar un proyecto de investigación cuando la 
obligación primaria entra en conflicto con otras responsabilidades, tales como las que 
se tienen con los patrocinadores o los clientes. 

Estas obligaciones éticas incluyen: 


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• Para evitar un daño o algo indebido, es necesario entender que el desarrollo del cono¬ 
cimiento puede llevar a un cambio que puede ser positivo o negativo para las personas 
o los animales con los que se trabaja o a los que se estudia. 

• Respetar el bienestar de los humanos y de los primates no humanos. 

• Trabajar en la conservación a largo plazo de los registros arqueológicos, históricos y 
fósiles. 

• Consultar de manera activa con los individuos o grupos afectados, con el objetivo de 
establecer una relación de trabajo que pueda ser benéfica para todas las partes 
involucradas. 

2. Los investigadores antropológicos deben hacer todo lo posible para asegurar que su 
investigación no dañe la seguridad, la dignidad, ni la intimidad del pueblo con el cual 
trabajan, con quien conducen la investigación, o donde llevan a cabo otras actividades 
profesionales. Los investigadores antropológicos que trabajan con animales deben hacer 
lo posible para asegurar que la investigación no dañe la seguridad, ni el bienestar psi¬ 
cológico ni la sobrevivencia de los animales o especies con los que trabajan. 

3. Los investigadores antropológicos deben determinar, con anticipación, si sus anfitrio¬ 
nes/proveedores de información desean permanecer anónimos o recibir reconocimien¬ 
to, y hacer todos los esfuerzos para cumplir esos deseos. Los investigadores deben de 
presentar a los participantes de la investigación los posibles impactos de las decisio¬ 
nes, y aclarar que a pesar de sus mejores esfuerzos, el anonimato puede quedar com¬ 
prometido o tal vez las autoridades no les den un reconocimiento. 


"26 


4. Los investigadores antropológicos deben obtener, de antemano, el consentimiento de las 
personas estudiadas, que tienen y dan la información, o que controlan el acceso al material 
que se esté estudiando, o de las personas que se identifiquen como personas que tienen 
intereses que se pueden ver afectados por la investigación. Se entiende que el grado y la 
extensión del consentimiento dependerán de la naturaleza del proyecto y pueden verse 
afectados por los requerimientos de otros códigos, leyes y éticas del país o la comunidad 
en donde se hace la investigación. Además, se entiende que el proceso del consentimiento 
es dinámico y continuo; el proceso debe iniciarse en el diseño del proyecto y continuar por 
medio del diálogo y la negociación con los que están siendo estudiados. Los investigado¬ 
res son responsables de identificar y de cumplir con los distintos códigos de consenti¬ 
miento, las leyes y los reglamentos que afecten sus proyectos. El consentimiento, para los 
propósitos de este código, no necesariamente implica o requiere una forma escrita o fir¬ 
mada. Es la calidad del consentimiento, no el formato, lo que importa. 

5. Los investigadores antropológicos que han desarrollado relaciones cercanas y durade¬ 
ras (por ejemplo, relaciones por contrato) con personas que dan información o con 
anfitriones deben apegarse a las obligaciones de apertura y consentimiento, mientras 
se negocia con cuidado y respeto los límites de la relación. 

6. Mientras que los antropólogos pueden obtener ganancias personales de su trabajo, no 
deben explotar a individuos, grupos, animales ni materiales culturales o biológicos. 
Deben reconocer su deuda con las sociedades con las cuales trabajan y su obligación 
de ser recíprocos con la gente que estudian. 

B. La responsabilidad con la ciencia y el saber 

1. Los investigadores antropológicos deben esperar encontrar dilemas éticos en cada eta¬ 
pa de su trabajo, también deben hacer esfuerzos de buena fe para identificar el poten¬ 
cial de demandas y conflictos éticos antes de preparar las propuestas y antes de que 
procedan los proyectos. En cada propuesta de investigación debe haber una sección 
que resalte y responda a los problemas potencialmente éticos. 

2. Los investigadores antropológicos tienen la responsabilidad de mantener la integridad 
y la reputación de su disciplina, de la ciencia y el saber. Por lo tanto, los investigadores 
antropológicos están sujetos a las reglas morales generales de la conducta de la ciencia 
y el saber: no deben engañar ni pervertir intencionalmente (por ejemplo: inventar evi¬ 
dencias, falsificar, plagiar), o intentar evitar el informe sobre un mal comportamiento, 
u obstruir la investigación científica o para el conocimiento de otros. 

3. Los investigadores antropológicos deben hacer todo lo posible por preservar las opor¬ 
tunidades para que los futuros investigadores de campo continúen trabajando en el 
mismo tema. 

4. Los investigadores antropológicos deben utilizar los resultados de su trabajo de mane¬ 
ra adecuada y, siempre que sea posible, difundir sus descubrimientos en la comunidad 
científica e intelectual. 


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5. Los investigadores antropológicos deben considerar seriamente todas las instancias ra¬ 
zonables para tener acceso a su información y a otros materiales de investigación para 
fines de la investigación. También deben hacer todo su esfuerzo por asegurar la conser¬ 
vación de la información de su trabajo de campo para que se use posteriormente. 

C. La responsabilidad con el público 

1. Los resultados de la investigación de los investigadores antropológicos deben estar 
disponibles para los patrocinadores, los estudiantes, para los que toman decisiones y 
para otros antropólogos. Al hacer esto, deben ser honestos; no sólo son responsables 
del contenido de los hechos de sus declaraciones, también deben considerar de manera 
cuidadosa las implicaciones sociales y políticas de la información que están difundien¬ 
do. Deben hacer todo lo posible para asegurar que la información sea clara, esté bien 
contextualizada y sea usada de manera responsable. Deben aclarar las bases empíricas 
en las que se sustenta su informe, ser imparciales en sus consideraciones y en sus bases 
filosóficas y políticas, así como reconocer y aclarar los límites de la experiencia 
antropológica. Al mismo tiempo, deben estar pendientes del posible daño que su infor¬ 
mación pueda causar a la gente con la cual trabajan o a sus colegas. 

2. Los antropólogos deben elegir si quieren ir más allá de difundir los resultados de in¬ 
vestigación y si quieren tomar la posición de defensores. Esta es una decisión indivi¬ 
dual, pero no es una responsabilidad ética. 

IV. La enseñanza 

La responsabilidad con los estudiantes y aprendices 

Cuando se apegan a códigos legales y éticos en relaciones de gobierno, entre maestros/ 
mentores y alumnos/aprendices en sus instituciones educativas, o como miembros de or¬ 
ganizaciones más grandes, los maestros de antropología deben ser particularmente sensi¬ 
bles en la manera de aplicar estos códigos en su disciplina (por ejemplo, cuando la enseñanza 
implica un contacto cercano con los estudiantes/aprendices en situaciones de campo). Entre 
los preceptos ampliamente reconocidos que los maestros de antropología, al igual que 
otros maestros/mentores, deben seguir, están: 


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1. Los maestros/mentores deben conducir sus programas de manera que eviten la dis¬ 
criminación con base en el género, el estado civil, la “raza”, la clase social, las 
convicciones políticas, la discapacidad, la religión, el historial étnico, el origen 
nacional, la orientación sexual, la edad, u otros criterios irrelevantes para el desem¬ 
peño académico. 

2. Los deberes de los maestros/mentores incluyen el esfuerzo continuo para mejorar sus 
técnicas de enseñanza/entrenamiento; estar disponibles y ser responsables para con los 
intereses del estudiante/aprendiz; la asesoría a los estudiantes/aprendices debe estar 


"28 


apegada de manera realista a las oportunidades de trabajo; supervisar de manera cons¬ 
ciente, alentar y apoyar los estudios de los estudiantes/aprendices; siendo justos, pun¬ 
tuales, y confiables al hacer evaluaciones; ayudar a los estudiantes/aprendices que los 
apoyan en su investigación y, ayudar a los estudiantes/aprendices cuando busquen 
empleo. 

3. Los maestros/mentores deben grabar en los estudiantes/aprendices los retos éticos que 
hay en cada fase del trabajo antropológico; animarlos a reflexionar sobre éste y otros 
códigos; alentar el diálogo con sus colegas sobre problemas éticos y oponerse a parti¬ 
cipar en proyectos de dudosa ética. 

4. Los maestros/mentores deben reconocer de manera pública la ayuda recibida de los 
estudiantes/aprendices en la investigación y en la preparación de su proyecto; darle el 
crédito adecuado como coautor al estudiante/aprendiz; apoyar la publicación de docu¬ 
mentos valiosos del estudiante/aprendiz, y recompensar de manera justa a los estu¬ 
diantes/aprendices por su participación en todas las actividades profesionales. 

5. Los maestros/mentores deben cuidarse de la explotación y de conflictos serios de inte¬ 
rés que pueden resultar como consecuencia de involucrarse sexualmente con los estu¬ 
diantes/aprendices. Deben evitar las relaciones sexuales con los estudiantes/aprendices 
pues de alguna manera son responsables de su educación y de su entrenamiento profe¬ 
sional. 

V. La aplicación 

1. La misma guía ética aplica a todo el trabajo antropológico. Es decir, tanto para propo¬ 
ner como para llevar a cabo la investigación, los antropólogos deben mantener una 
actitud abierta con los patrocinadores, los colegas, las personas estudiadas o las que 
dan la información, y con las partes relevantes afectadas por el trabajo sobre el (los) 
proyecto(s), los impactos potenciales, y la(s) fuente(s) de apoyo para el trabajo. Los 
que hacen antropología aplicada deben proponerse y esperar utilizar los resultados de 
su trabajo de manera adecuada (por ejemplo: publicar, enseñar, desarrollar un progra¬ 
ma y una política) dentro de un tiempo razonable. En situaciones en las cuales se 
aplica el conocimiento antropológico, los antropólogos tienen la misma responsabili¬ 
dad de ser abiertos e imparciales sobre sus habilidades e intenciones, y revisar los 
efectos de su trabajo en todas las personas afectadas. Los antropólogos pueden estar 
involucrados en muchos tipos de trabajo, afectando con frecuencia a individuos y a 
grupos con diversos intereses, que a veces entran en conflicto. El antropólogo debe 
tomar decisiones éticas con mucho cuidado y estar preparado para aclarar las hipóte¬ 
sis, los hechos y los problemas en las cuales se basan estas decisiones. 

2. En todos los tratos con los patrones, las personas contratadas para hacer una investiga¬ 

ción antropológica o aplicar el conocimiento antropológico deben ser honestos acerca 
de sus capacidades y propósitos. Antes de hacer cualquier compromiso profesional, C 

deben revisar los propósitos de los presuntos patrones, tomar en consideración las 


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actividades anteriores del patrón así como sus objetivos a futuro. Cuando trabajen para 
agencias gubernamentales o empresas privadas, deben tener mucho cuidado en no 
prometer ni aceptar condiciones contrarias a la ética profesional o a compromisos que 
sean comprometedores. 

3. Los que hacen antropología aplicada, como cualquier antropólogo, deben estar alerta 
del peligro de comprometer la ética antropológica como una condición para involucrarse 
con la investigación o con la práctica. También deben cuidar las reglas de hospitalidad, 
de ciudadanía y su calidad de huéspedes. Dependiendo de las circunstancias, la contri¬ 
bución activa y el liderazgo para conformar acciones y políticas del sector público o 
privado pueden ser tan justificables éticamente como la inacción, el desinterés o la 
falta de cooperación. 

VI. Epílogo 

La investigación antropológica, la enseñanza y la aplicación, como cualquier acción hu¬ 
mana, implican decisiones para las cuales los antropólogos individual o colectivamente 
tienen una responsabilidad ética. Debido a que los antropólogos son miembros de una 
variedad de grupos y están sujetos a una variedad de códigos éticos, a veces, las decisiones 
se deben tomar no sólo entre las distintas obligaciones que se presentan en este código 
sino también en aquellas que incurren en otros estatutos o documentos. Este informe no 
indica una alternativa ni propone sanciones, más bien, está diseñado para promover la 
discusión y dar una guía general para tomar decisiones éticamente responsables. 


A 

C 



“Secando trigo”, agn, (Fondo: Propiedad artística y literaria, núm. 
de inventario: 29, núm. en la base de datos: 3628). Guadalajara, 
Jalisco, 1905. José María Lupercio. 


30 


GUÍA DE ÉTICA PARA PROFESIONALES 1 
ASOCIACIÓN NACIONAL PARA LA PRÁCTICA 
DE LA ANTROPOLOGÍA 


Antecedentes 

La preparación de la declaración de ética implicó una asociación única entre la Asociación 
Nacional para la Práctica de la Antropología (napa, por sus siglas en inglés) y la Red de 
Antropología Aplicada del Sur de California (scaan, por sus siglas en inglés). Jean Gilbert, 
un miembro de la scaan y director del Comité de Ética de la napa, trabajó con un comité 
local compuesto por varios de sus compañeros, miembros de la scaan (Claudia Fishman, 
Neil Tashima y Bárbara Pillsbury) para crear el primer borrador, que apareció en 
Anthropology Newsletteren diciembre de 1987, pp 7-8. En ese año se pidieron los comen¬ 
tarios de los socios. También se enviaron los principios a todas las organizaciones de 
profesionales de la región (ops) para que las comentaran, además de ser el tema de discu¬ 
sión en una reunión mensual regular de la scaan. 

La versión final de la Guía de Ética para Profesionales de la napa se publicó en la 
Anthropology Newsletter de noviembre de 1988, pp 8-9. Gilbert agradeció a la scaan y a 
los siguientes individuos que revisaron y comentaron el borrador: Fred Hess, Elvin Hatch, 
Barbara Frankel y Gene Anderson. La versión final incorporó muchos de sus comentarios. 

Guía de Ética de la NAPA para Profesionales 

Estos principios los ha desarrollado la Asociación Nacional para la Práctica de la Antropo¬ 
logía como una guía para las responsabilidades profesionales y éticas que los antropólogos 
profesionales deben defender. Un antropólogo profesional es un antropólogo entrenado 
que es empleado o contratado para aplicar su conocimiento especializado para resolver 
problemas relacionados con el bienestar y las actividades humanas. La denominación de 
“antropólogo practicante” incluye a los profesionales de tiempo completo que trabajan 
para clientes tales como organizaciones que prestan algún servicio social, para agencias 
del gobierno, negocios y compañías industriales. Este término también incluye a profesio¬ 
nales de medio tiempo, que por lo general son antropólogos con una base académica, que 
aceptan trabajar de manera ocasional con este tipo de clientes. El trabajo principal de los 
antropólogos profesionales puede incluir la investigación aplicada, el diseño e implanta¬ 
ción de programas, actividades de apoyo y de asesoría relacionadas con la comunicación 
de las perspectivas antropológicas. Estos principios se hicieron reconociendo que los 
antropólogos profesionales están involucrados en varios tipos de investigaciones relacio¬ 
nadas con la política y que con frecuencia afectan a individuos y a grupos con intereses 


1 Traducción de Claudia Jiménez. 


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diversos y, a veces, en conflicto. Ningún código ni serie de principios pueden anticipar las 
circunstancias particulares o las acciones directas de los profesionales en situaciones es¬ 
pecíficas. Un profesional individual debe estar deseoso de tomar decisiones éticas con 
cuidado y estar preparado para hacer hipótesis claras y tomar decisiones adecuadas para 
los hechos y los problemas en que se basan sus hipótesis. Por lo tanto, estos principios 
están dirigidos a contextos generales , prioridades y relaciones que se deben considerar 
cuando se toma una decisión ética en la práctica antropológica. 

PRINCIPIOS 

1. Nuestra responsabilidad primaria es respetar y considerar el bienestar y los derechos 
humanos de toda clase de personas que resulten afectadas por las decisiones que se 
tomen, los programas o la investigación de la que formen parte. Sin embargo, recono¬ 
cemos que en muchos de los contextos de la investigación y la práctica aparecen con¬ 
flictos entre los beneficios obtenidos por las diferentes partes afectadas por nuestra 
investigación. Cuando tomemos decisiones para nosotros mismos o para otros, es nuestra 
responsabilidad ética, hasta donde sea posible, sacar a la luz la información concer¬ 
niente a los impactos actuales o potenciales de las actividades en las cuales las partes 
pueden salir afectadas. También es nuestra responsabilidad asegurar, hasta donde sea 
posible, que los puntos de vista de los grupos afectados queden claros y que los que 
toman las decisiones y los que hacen los proyectos los consideren de una manera seria 
y completa, todo esto con la finalidad de proteger las opciones y las decisiones de los 
grupos afectados. 

2. Debemos a nuestros informantes o a las personas estudiadas la divulgación puntual y 
completa de los objetivos, los métodos y la asesoría de nuestras actividades. Debemos 
reconocer los derechos que tienen los informantes, como individuos o como grupos, 
de recibir el reconocimiento por sus contribuciones, de permanecer anónimos o de 
negarse a participar si así lo desean. Estas personas deben estar informadas de nuestro 
compromiso con el principio de confidencialidad a lo largo de todo el diseño de la 
investigación u otras actividades que involucren a los informantes y deben investigar y 
entender por completo todas las limitaciones que tienen nuestras demandas de 
confidencialidad y divulgación. 

3. A los que nos contratan les debemos la capacidad y las técnicas competentes, eficien¬ 
tes y completamente profesionales en el desempeño puntual de nuestro trabajo; debe¬ 
mos comunicar nuestros descubrimientos y nuestras recomendaciones en un lenguaje 
claro e inteligible. 


C Como antropólogos prácticos, con frecuencia nos involucramos con los que nos contratan 

* o con los clientes por medio de contratos legales. Es nuestra responsabilidad revisar con 


32 



cuidado los contratos antes de firmarlos y estar dispuestos a trabajar en los términos y las 
condiciones estipuladas una vez que ha sido firmado. 

Al inicio de la relación con un cliente, tenemos la obligación de determinar si el traba¬ 
jo que se nos ha pedido es o no consistente con nuestro compromiso de tratar con justicia 
los derechos y el bienestar de las personas afectadas por nuestro trabajo, reconociendo que 
los diferentes grupos de involucrados pueden ser afectados de diferente manera. En este 
momento, también debemos hablar con la persona que nos haya contratado sobre el uso 
que se pretende dar a la información o a los materiales producto de nuestro trabajo y 
aclarar cual será la información que obtendremos que podrá estar disponible al público. 

Los aspectos que amenazan la protección de la confidencialidad y la divulgación de la 
información o los descubrimientos deberán revisarse por completo con el empleador o 
cliente potencial. No participaremos en actividades que comprometan nuestras responsa¬ 
bilidades éticas. 

Haremos nuestro trabajo de manera que el que nos contrata comprenda completamen¬ 
te nuestras prioridades, responsabilidades y nuestros compromisos éticos. Cuando, en cual¬ 
quier momento durante el desempeño de nuestro trabajo, las demandas del que nos emplea 
nos pidan, o parezcan pedirnos, que violemos los estándares éticos de nuestra profesión, 
tenemos la responsabilidad de aclarar la naturaleza del conflicto entre su petición y nues¬ 
tros estándares y proponer alternativas que sean consistentes con nuestros estándares, si el 
conflicto no se puede resolver, debemos terminar con la relación. 

4. En nuestras relaciones con los estudiantes y aprendices, seremos sinceros, justos, no 
los explotaremos, no los discriminaremos y nos comprometeremos con el bienestar del 
estudiante o aprendiz. Reconocemos que esta asesoría implica un intercambio en el 
cual los profesionales comparten su conocimiento y su experiencia en agradecimiento 
por el importante esfuerzo y la contribución de los estudiantes/ aprendices. Debemos 
ser honestos y cuidadosos en nuestra presentación del material y esforzarnos por mejo¬ 
rar nuestras técnicas de enseñanza, de entrenamiento y nuestros métodos para evaluar 
la efectividad de nuestra instrucción. 

Como antropólogos profesionales se nos pide con frecuencia que instruyamos, entrene¬ 
mos o enseñemos a individuos, antropólogos u otras personas en medios no académicos 
(personas que participan en talleres, aprendices en servicio, programas de certificación o 
continuación de entrenamientos y equipos de investigación). A estas personas, les debe¬ 
mos un entrenamiento puntual, relevante y adecuado a sus necesidades. 

Nuestra instrucción debe informar tanto a los estudiantes como a los aprendices 
acerca de las responsabilidades éticas que implica la recolección y el uso de la infor¬ 
mación. A nuestros alumnos y aprendices les debemos respeto y una actitud abierta 
hacia métodos y perspectivas no antropológicos. Las contribuciones del alumno/apren¬ 
diz a nuestro trabajo, incluyendo las publicaciones, le deben ser reconocidas de manera C 

precisa y completa. 


33 


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5. Con nuestros colegas, antropólogos y otros, tenemos la responsabilidad de conducir 
nuestro trabajo de una manera que facilite sus actividades o que no comprometa de 
manera injusta su capacidad para llevar a cabo un trabajo profesional. 

La naturaleza interdisciplinaria del trabajo de los antropólogos profesionales exige que 
nos mantengamos informados y seamos respetuosos de las perspectivas disciplinaria y 
profesional, de las metodologías y los requisitos éticos de los colegas no antropólogos con 
quienes trabajamos. 

Reconoceremos la contribución de nuestros colegas a nuestra investigación, a las acti¬ 
vidades relacionadas con la práctica y a las publicaciones. 

6. Con la disciplina antropológica tenemos la responsabilidad de actuar de forma que la 
presentemos al público y a otros colegas profesionales de una manera positiva. Señala¬ 
remos el valor de las contribuciones antropológicas al entendimiento de los problemas 
humanos y de la humanidad. Cuando sea apropiado para el contexto de nuestro traba¬ 
jo, promoveremos el uso del acercamiento antropológico y recomendaremos la parti¬ 
cipación de otros antropólogos. 

Contribuiremos al crecimiento de nuestra disciplina comunicando y publicando informa¬ 
ción científica práctica sobre el trabajo con el que estamos comprometidos, incluyendo, si 
es necesario, la teoría, los procesos, los resultados así como las técnicas y los métodos 
profesionales. 



A 


C 


Campesino con el arado en un campo de cultivo, agn, (Fondo: 
Propiedad artística y literaria, núm. de inventario: 26, núm. 
en la base de datos: 3624). Guadalajara, Jalisco, 1905. José 
María Lupercio. 


34 




2003 

Congresos y Jornadas 


LASA 

LUGAR: Dallas, Tx, EUA 
FECHA: 27 al 29 de marzo de 2003 


II Congreso Nacional de Arqueología Histórica Argentina 
LUGAR: Río Grande, Tierra del Fuego, Argentina 
FECHA: 10 al 12 de abril de 2003 


3er Encontró Sobre Conservado E Reabilitagáo De Edificios 
LUGAR: Lisboa, Portugal 
FECHA: 26 al 30 de mayo de 2003 


5 o Congreso Arqueológico Mundial - WAC 5 
LUGAR: Washington D.C., Estados Unidos 
FECHA: 21 al 26 de junio de 2003 


2 o Congreso Internacional de Folklore en Panamá 
LUGAR: Santiago, Panamá 
FECHA: 25 al 25 de junio de 2003 


IV Taller Internacional sobre el Desarrollo Comunitario y Rural 
LUGAR: Las Tunas, Cuba 
FECHA: 1 al 4 de julio de 2003 


XV International Congress of the Anthropological and Ethnological Sciences ^ 

XV IUAES 2K3 Humankind/Nature Interaction: Past, Present and Future 

LUGAR: Florencia, Italia C 

FECHA: 5 al 12 de julio de 2003 


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51 Congreso Internacional de Americanistas (ICA) 
LUGAR: Santiago, Chile 
FECHA: 14 al 18 de julio de 2003 


X Congreso de Antropología en Colombia 
LUGAR: Manizales, Colombia 
FECHA: septiembre de 2003 


XI Congreso Federación Internacional de Estudios sobre América Latina y el Caribe 

(fiealc) 

LUGAR: Osaka, Japón 

FECHA: 24 al 27 de septiembre de 2003 


II Encuentro Latinoamericano de Estudiantes de Historia 
LUGAR: Colonia del Sacramento, Uruguay 
FECHA: 6 al 11 de octubre de 2003 


VI Simposio Internacional de Arte Rupestre 

LUGAR: Jujuy, Argentina 

FECHA: 29 de noviembre al 4 de diciembre 2003 


2006 

XIV Congreso Internacional de Historia Económica (ihea) 
LUGAR: Helsinki, Finlandia 
FECHA: 21 a 25 de agosto 2006 


Mayores informes en: www.naya.org.ar/eventos/ 


A 

C 


36 




“Anciana otomí vista de cuerpo entero”, unam /iis, (núm. de inventario: 2667, núm. 
en la base de.datos: 12479). Huixquilucan, México, ca. 1940. Autor desconocido. 







Colegio de Etnólogos y 
Antropólogos Sociales, A.C. 



EL 

COLEGIO 

DE 

SAN LUIS, a.c. 


La publicación de este Boletín se logró gracias 
al apoyo de El Colegio de San Luis A.C.