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Full text of "Cuadernos De Educacion N 26"

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Cuadernos 


de Educación 


Publicación Trimestral 
Gratuita — 185N 0719-0271 





Contenido 


Conmemoraciones. 














Editorial 


A 40 años del Golpe de Estado. 


Gustavo Quintana Muñoz 


A El sentido de la democracia en Salvador Allende. 


Eliseo Lara Órdenes. 


¿Qué hacer con el pasado? Las políticas del patrimonio. z 





Pablo Aravena Núñe 16-20 








SOMOS 


Como grupo de académicos de izquierda mantenemos 
desde hace un tiempo una reflexión acerca de la 
educación superior en Chile. En conocimiento de que 
otros colegas han estado preocupados por una 
problemática similar, y han elaborado trabajos al 
respecto, les invitamos, por medio de esta hoja a debatir 
en conjunto. Esperamos que este sea el embrión de una 
futura discusión que no dudamos será enriquecida 
gracias al debate. Esperamos que esta publicación sea 
un aporte para quienes vivimos con entusiasmo y espíritu 
crítico el quehacer universitario, y ojalá también ella 
contribuya a instalar en el ambiente académico una 
discusión que permita resolver profundas 
contradicciones que todavía se arrastran desde la 
dictadura, como son los problemas globales de la 
educación en nuestro país. 


Visita la Web de Cuadernos de Educación 


Grupo de Reflexión Fernando Ortiz Letelier 


www.cuadernosdeeducacion.wordpress.com 





Conmemoraciones 


EDITORIAL (CdE ) N*26 


Este es un año lleno de conmemoraciones, 
curiosamente en fechas muy cercanas, que 
llenan de acontecimientos un olvido 
provocado por los silencios y ocultamientos 
de información. Son 40 años del Golpe de 
Estado, 25 años del triunfo del NO y 15 años 
desde que Augusto Pinochet, el mismo que 
perpetró el Golpe y fuera derrotado en el No, 
fuera detenido en Londres, Inglaterra. 





¡HawaVenco! 


FUERA PINOCHET 


No obstante, este ha sido un año distinto por 
otras conmemoraciones. Hoy se han 
develado informaciones y puesto en jaque la 
historia oficial, en parte por la presión que 
generaron las movilizaciones estudiantiles y 
también por el trabajo sistemático que se 
viene haciendo al margen de la 
institucionalidad, aunque también en alianza 
con ella, con investigaciones históricas y 
políticas. Estamos viviendo un reencuentro 
con nosotros mismos y nuestra historia, 
aunque sea por pequeños puntos de fuga, 
pero como los veía Neruda en sus poemas, 
esos luceros que se asoman y conforman 
poco a poco un cielo estrellado. 


Los cambios introducidos por medio de la 
fuerza hoy son puestos en cuestionamiento 
y su aval, la constitución de 1980, es 
totalmente cuestionada, exigiéndose su 
cambio inminente. La educación concebida 
como un lucrativo negocio, asimismo como 
la salud, la vivienda y la previsión son hoy 
por hoy cuestiones propias del debate 
nacional y aunque los medios de 
información se esfuerzan por mantener 
focalizada la opinión en temas de menor 
importancia, persiste en la agenda del país 
esta discusión, pues el modelo económico 
neoliberal está agotado. 


Así, en un año como este, lleno de fechas 
conmemorativas es cuando más sentido 
tiene reivindicar la historia de los 
trabajadores y movimientos sociales, como 
asimismo el proyecto y pensamiento 
político que encabezó Salvador Allende. 








A 40 años del golpe de Estado. 
Gustavo Quintana Muñoz 


El proceso de destrucción del sistema 
educacional chileno. Las diversas etapas de 
este proceso y el reemplazo por una nueva 
estructura. Ideología de la nueva educación. 
Responsables principales y responsables 
por incapacidad o incomprensión. 


¿Qué es lo que se cambia o destruye? 


En Agosto de 1973 existía en Chile un 
sistema estatal de educación con algunos 
componentes de educación privada. En este, 
los sistemas primario y secundario estaban 
bajo el control general del estado y su 
financiamiento era público, excepto en los 
establecimientos privados que se 
autofinanciaban. Las 8 universidades 
existentes, públicas y privadas, disponían de 
un 2% del PIB como financiamiento 
autónomo, financiamiento aportado por el 
estado, lo que permitía un acceso igualitario 
a la educación superior. El estado tenía 
además una especial preocupación por la 
formación de sus profesores (escuelas 
normales) y otorgaba a estos la categoría de 
empleados del estado, con un status mucho 
más cercano al de los profesores de los 
países europeos y nórdicos que el actual. 
Como resultado, el avance en la cobertura 
educacional en el desarrollo de la cultura, 
la ciencia yla investigación experimentó 
un crecimiento explosivo, especialmente en 
el período entre la reforma universitaria y 
diciembre de 1973. 


Como producto de la dictadura, en la nueva 
estructura educacional que se consolida 
principalmente a partir de 1981, y donde se 
establece la subsidiaridad del Estado en 
materias de educación (los DFL de la 
dictadura en1981), con las normativas 
presidenciales de educación y la perdida en 
caída libre del financiamiento vigente hasta 
1981, esta deja de ser una educación 


igualitaria, característica que se mantiene 
hasta el día de hoy . Esta nueva estructura, 
más conocida como el modelo neoliberal de 
educación, produce sobre los estudiantes 
en lo inmediato los efectos que se indican 
a continuación, y en lo mediato, a medida 
que aparecen yse desarrollan las nuevas 
universidades privadas, efectos aún más 
devastadores, en los cuales encontramos 
muchas de las causas de la profunda crisis 
que enfrenta hoy en día todo el sistema de 
educación de Chile y donde el daño 
infligido a los estudiantes y a sus familias es 
inconmensurable. Los instrumentos a través 
de los cuales se aplica este modelo 
neoliberal de educación producen los 
siguientes efectos sobre los estudiantes: 


Una profunda segregación y desigualdad, 
producto de la forma como cada estudiante 
puede acceder al financiamiento de sus 
estudios, elemento determinante en la 
calidad de estos (tanto puedes aportar, tal es 
la calidad de los estudios a los que tienes 
acceso) y da paso a diversos sistemas de 
estudio. Así, .habiendo adscrito la dictadura 
las escuelas y liceos estatales a las 
municipalidades, la calidad de la educación 
dependerá de los recursos de éstas, 

escasos para la inmensa mayoría de ellas y 
abundante para aquellas donde viven los 
sectores más ricos En este universo tan 
segregado, en que la calidad de la 
educación depende de lo que se puede 
pagar por ella, aparecen otros dos tipos de 
escuelas y liceos. Uno de ellos, las escuelas 
privadas, a las que solo tienen acceso los 
ricos, aquellas donde los aranceles son 
equivalentes a aranceles universitarios. 
Estas son las escuelas para los llamados a 
conformar la elite profesional, económica, 
política y empresarial del país, en suma, la 
minoría que detenta el poder. Finalmente, 
un último tipo de segregación es el de las 

5 


escuelas subvencionadas pero a la vez 
pagadas (copago por parte de los 
estudiantes), para una clase intermedia 
asimilable a la vieja clase media . Como 
caso extremo, las pocas escuelas rurales, 
que nos hacen retroceder más de 100 años y 
donde los elementos educacionales a 
adquirir estaban limitados a poder 
malamente leer, saber las cuatro 
operaciones y adquirir buenas costumbres. 


Finalmente, esta verdadera política de 
liquidación de las escuelas y liceos 
municipales en la inmensa mayoría de las 
comunas, especialmente en las más pobres, 
donde el margen de financiamiento de la 
educación lo daba la miserable subvención, 
se aplicó a los profesores con los efectos 
que indicaremos más adelante. (Donde más 
de un 50% del total del alumnado pasó a 
ser menos del 40%) 


Entre1980 y 1990 la dictadura erradicó a 
los profesores de la administración pública y 
con ello rebajó de manera importante sus 
ingresos. Esto empujó a una parte 
importante de ellos a aumentar 
significativamente su carga de trabajo (en 
muchos una doble jornada de trabajo o dos 
jornadas completas ) y muchos de ellos 
(entre un 20% y un 30%) ante los nuevos 
gastos, principalmente los estudios de los 
hijos que ya no eran gratuitos, sufren un 
deterioro serio en su salud. Sin un sistema 
de salud mínimamente decente y con 
pensiones miserables (recuérdense las AFP 
de José Piñera) se ven obligados a la 
continuidad laboral en muy malas 
condiciones. Así pues, un pequeño 
mejoramiento en la situación económica de 
los profesores no es suficiente (Estatuto 
docente). Paralelamente, a la dictadura 
sólo le interesa la liquidación del último 
vestigio de la educación estatal y a partir de 
1990 la Concertación claudica en lo que es 
prioritario: formar profesores de calidad , 
tras el deterioro de 17 años de dictadura, 
introduciendo así nuevas víctimas en lo 
que se ha convertido en el nuevo drama al 
impedir la posibilidad de que las nuevas 
generaciones tengan acceso a la educación 
En esta situación los cuadros de la dictadura 
( fundamentalmente de la UDI), con una gran 
cobardía y oportunismo, y los de la 
Concertación con una gran ceguera y 
desinterés terminan por culpar a los 
profesores de la mala educación, olvidando 


6 


que la destrucción progresiva de la 
educación pública es obra de la dictadura, 
con la complicidad de la UDI. 


El comienzo del fin y las 
responsabilidades principales en el 
derrumbe de la educación 


El comienzo de la actual crisis en la 
educación, que ha llevado a una 
movilización permanente de los estudiantes 
en los últimos cuatro años, habría que 
situarlo entre los años 1981 y 1990, y las 
principales responsabilidades del fracaso 
habría que situarlas en los sectores y fuerzas 
políticas que estructuraron a partir de los 
DFL de 1981 el actual modelo neoliberal de 
educación. Nombres como los de Joaquín 
Lavín, Cristian Larroulet, Carlos Alberto 
Délano y Hernán Búchi aparecen como 
propietarios de la Universidad del 
Desarrollo. En sus comienzos, el equipo 
económico de Pinochet, con Pablo 
Barahona, Fernando Leniz, Sergio de 
Castro, Jorge Cauas y Alvaro Bardón 
eran propietarios de la Universidad Finis 
Terrae, antes de traspasarla a los 
Legionarios de Cristo. Los miembros del 
equipo del MINEDUC, Rubén Covarrubias, 
Eric Villaseñor y René Salamé, aparecen 
como propietarios de la Universidad Mayor, 
el Opus Dei, como propietario de la 
Universidad de los Andes . También 
aparecen en este enjambre de nuevas 
universidades privadas los ex ministros de 
educación de Pinochet, Miguel Angel 
Poduje y Juan Antonio Guzmán, entre los 
propietarios de la Universidad Andres 

Bello. En este contexto, en el período de 
estructuración del llamado modelo neoliberal 
de educación se terminó por definir más 
finamente el modelo, rescatando 
afortunadamente para el país, para su 
cultura, su tecnología y su ciencia, lo que 
fueron las ocho principales universidades 
con autonomía y fondos del estado( aunque 
disminuidos en el período descrito ). En todo 
caso, esto permitió mantener la vocación 
creativa de estas universidades y ser el 
único refugio de la investigación. Sin 
embargo, el haber salvado estas 
universidades que fueron el baluarte de la 
reforma universitaria, no impidió que en la 
nueva estructura universitaria fuese el 
mercado quien se impusiese como árbitro 
y que el lucro fuese el objetivo de la futura 
política de educación superior. Esto es así a 


pesar de las contradicciones evidentes que 

aparecieron desde un comienzo ( el lucro 

como objetivo central, aunque sea 
legalmente una aberración) . 


Lo dañina y devastadora que resultó esta 
política no se vislumbró con claridad hasta 
que los estudiantes hicieron estallar el 
escándalo, iniciándose una lucha que 
lleva ya cuatro años. Como efecto dañino 
de las medidas que aplicó la Concertación 
tratando de parchar el modelo neoliberal, 
podemos mencionar lo siguiente: 


- — El haberlo aceptado sin oposición, 


- Haber aceptado el copago de familias 
de bajos recursos o de los sectores 
medios, contribuyendo también a la 
segregación. 


- — Laley de acreditación de la calidad, que 
más que un control de la calidad facilitaba la 
acreditación y aprobación de las nuevas 
universidades privadas. Además, se 

eliminó entre estas nuevas universidades la 
investigación y dejando al libre arbitrio de 
ellas las carreras a ofrecer. 


- Haber dado el aval del Estado para que 
los estudiantes y sus familias se 
endeudasen con los bancos, contribuyendo 
así aun más a la segregación 


- — Nohaber reaccionado cuando dos 
multinacionales de la educación, Laureate 
Education Inc. (U. de las Americas y U. Viña 
del Mar) y Colegio Internacional Sek Chile 
Ltda. (U. internacional Sek) se instalaron y 
obtuvieron las acreditaciones para sus 
universidades. Era evidente que tiburones 
como los dos mencionados consideraban a 
las universidades como muy buenos 
negocios y a la vez muy seguros, ya que si 
infringían la ley (Las universidades no 
tienen fines de lucro) nadie los controlaría. 
Tuvieron que aparecer los dos libros de 
investigación y denuncia de María Olivia 
Mónckeberg para que el escándalo se 
hiciese público y se conociesen los 
nombres de aquellos miembros conspicuos 
de la Concertación que también 
participaban del negocio al interior de las 
universidades privadas, como también lo 
hicieron aprovechando los últimos meses 
de Pinochet conspicuos miembros de la 
UDI, justamente los mismos que fueron 


autores y responsables del monstruo que 
recién salió a la luz durante la presidencia de 
Piñera. 


El escándalo y la corrupción salieron a la luz 
sólo cuando el rector recién nombrado por 
la Udel Mar recibió la orden de entregar 
los recursos recaudados a los miembros de 
la Junta directiva, y este rector rechazó dicha 
orden, pues esos recursos estaban 
destinados a los gastos indispensables para 
pagar al personal y hacer funcionar la 
universidad, y porque además las 
universidades legalmente no tienen fines de 
lucro. A continuación renunció y entregó los 
antecedentes alas autoridades 
competentes. La universidad fue clausurada 
y varios de sus miembros enfrentan hoy a la 
Justicia, pero hay unos 18.000 

estudiantes con sus carreras truncadas a 
los que las autoridades de Educación aun 
no pueden dar continuidad para sus estudios, 
además de que muchos de ellos están 
endeudados junto con sus familias y corren 
el riesgo de perder sus bienes entregados 
como aval. Esta no es una situación 
particular de estos estudiantes, sino que se 
extiende a través de todas las nuevas 
universidades privadas, estimándose en 
billones de pesos el monto de la deuda del 
conjunto. 


Se ha llegado a una situación complicada, 
con un presidente que se ha opuesto a abrir 
el camino a la gratuidad de la educación y 
que defiende el lucro, a pesar de que en 
esta obsesión perdió a un Ministro acusado 
de faltas graves a su cargo y a otros dos 
que prefirieron renunciar. En los últimos días 
de su mandato el y su nueva Ministra de 
educación se ven incapaces de resolver una 
huelga en la mitad de los jardines 
infantiles. (fundación Integra que tiene a su 
cuidado unos 80.000 lactantes a pesar ser 
la mismísima primera Dama la presidenta de 
la fundación que alberga a estos lactantes). 


Cuadernos de Educación 


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El sentido de la democracia en 
Salvador Allende. Eliseo Lara 


Ordenes 


Eliseo Lara Órdenes] 1] 


La palabra democracia en su sentido 
etimológico significa literalmente “el 
poder del pueblo”. Sin embargo, en un 
sentido más contemporáneo, podemos 
decir que viene a designar el sistema de 
gobierno donde los ciudadanos a 
través del voto eligen a sus 
representantes, quienes suponemos 
que toman las decisiones políticas que 
representan a la mayoría dentro del 
Estado. Esta última concepción está 
dada a partir de la Revolución 
francesal2]. No obstante, esta 
disyunción entre una concepción 
antigua y otra moderna equivale 
distinguir, según Giovanni Sartori, una 
diferencia entre democracia directa, la 
de los griegos atenienses, e indirecta, 
en los regímenes modernos. “La 
diferencia entre la democracia directa y 
la indirecta es en cualquier caso radical. 
En la democracia directa el pueblo 
participa de manera continua en el 
ejercicio del poder, mientras que la 
democracia indirecta equivale 
básicamente a un sistema de limitación 
y control del poder.”[3] 


Bajo ambas nociones el concepto de 
democracia presenta, inherentemente a 
él un término esencial para distinguir a 
un régimen de gobierno como 
democrático o no, nos referimos al 
concepto de pueblo. Este término tiene 
distintas valoraciones según cada 
cultura, ya que ellas han pensado y 
construido su democracia[4] desde el 
cómo comprenden la palabra pueblo, 
de ahí que el sentido etimológico de 
este concepto sea relevante para la 
comprensión del término democracia. 
De esta forma coincidimos con Sartori, 


quien nos dice que la concepción ideal 
y holística del término es propia de las 
lenguas donde la palabra pueblo tiene 
sentido de entidad única, por ejemplo 
en francés peuple, en alemán Volk o en 
español pueblo, a diferencia del sentido 
que tiene el mismo término en inglés 
con la palabra people, la que posee un 
sentido plural, el que hace comprender 
el término democracia como suma de 
intereses individuales y no en la noción 
formulada por la tradición moderna, 
particularmente la francesa, de 
voluntad general[5]. Con lo anterior, 
vemos como la concepción de 
democracia adquiere sentidos que 
dificultan la comprensión del concepto 
y el tratamiento de éste, ya que por una 
parte, el sentido que le otorga el ideal 
francés al pueblo dentro de la 
democracia es el de totalidad de la 
ciudadanía, desde donde se construye 
el sentido de soberanía popular, sin 
embargo el sentido anglo, que origina 
la democracia liberal, entiende por 
pueblo a una mayoría simple, como una 
simple suma de votos. 


Dentro de este contexto, la concepción 
de democracia que funda Salvador 
Allende se erige como una síntesis 
conceptual de distintas formas de 
comprender el término. En este sentido 
lo podemos entender bajo dos 
premisas; por una parte, la considerada 
como proceso de transformación, y por 
otra, como la forma de gobierno. La 
primera premisa está tomada desde la 
perspectiva histórica y la construcción 
que de ella hacen los trabajadores 
chilenos, quienes la utilizan para sí, a 
partir de la propia concepción liberal 
que ésta tenía[6], ya que entienden que 
para darse una solución real a sus 

9 


problemas deben tener una 
participación en los centros del poder 
político.[7] De este modo, el concepto 
de pueblo tiene una expresión concreta 
en una parte de los ciudadanos, los 
trabajadores, quienes, a partir de un 
proceso de desarrollo de identidad, se 
asumen como la mayoría que señala la 
democracia liberal. Con lo anterior 
vemos que en la posición que asume la 
conciencia de los trabajadores chilenos 
se origina lo que Leopoldo Zea señala 
como conciencia de la dependencia.[8] 


La segunda premisa está tomada desde 
una conjunción entre la asimilación y 
desarrollo de conciencia de los 
trabajadores, que produce una 
comprensión de la forma de gobierno 
dentro del proceso de transformación, y 
el ideal francés de la democracia. Esta 
concepción de la democracia como 
forma de gobierno está considerada 
desde un sentido republicano, ya que, 
por un parte, respeta la legalidad y la 
institucionalidad y, por otra, asume el 
rol de mayoría definido en ella. Desde 
esta síntesis de concepciones se inicia 
el proceso de transformación social, 
mediante una profundización legal de 
la democracia. Sin embargo, esta 
profundización implica un cambio de 
concepción y, por tanto, de sentido de 
la democracia, ya que trae consigo la 
construcción de una democracia 
directa, pero no en el sentido griego 
clásico, sino en uno moderno que 
involucra el desarrollo de las 
sociedades y las nuevas aportaciones 
teóricas para su construcción. 


Esta conjugación de características, 
que componen la concepción de 
democracia que tiene Salvador Allende, 
está íntimamente relacionada con la 
interpretación marxista de la 
democracia, aún cuando venga desde 
un sentido republicano, lo que le da un 
sustento teórico genuino al 
pensamiento político de Salvador 
Allende, quien realiza una nueva 
interpretación de la historia y de la 
tradición de los trabajadores chilenos. 
De este modo, él se inclina, y en ello 
pone todo su esfuerzo, en que la forma 
de construcción del proceso, 
denominado vía chilena al socialismo, 
10 


haya sido mediante el sufragio 
universal, es decir, dentro del régimen 
republicano que establece la 
democracia liberal, cuestión que ya el 
propio Lenin había justificado, pues 
señaló que “El marxismo enseña que 
“luchar contra el oportunismo”, 
negándose a utilizar las instituciones 
democráticas de una determinada 
sociedad capitalista, creadas por la 
burguesía y deformadas por ella, es 
claudicar enteramente frente al 
oportunismo.”[9] 


Por lo anterior, mantendremos nuestro 
análisis conceptual dentro de las 
características que posee la segunda 
premisa, es decir, la forma de gobierno, 
porque nos permite profundizar de 
mejor manera la concepción de la 
democracia que tiene Allende y 
comprender los matices desde los 
cuales está pensando el proceso de la 
vía chilena al socialismo como 
democrático. 


Desde esta perspectiva podemos decir, 
que el cambio introducido en la 
modernidad a la concepción de 
democracia, con la incorporación de la 
noción de soberanía popular como lo 
señala Sartori, tiene una raíz teórica en 
el concepto de pueblo como entidad 
única. Sin embargo, esta noción teórica 
planteada principalmente por Rousseau 
en el Contrato Social, no se logra en la 
práctica, donde el interés de la clase 
dominante instauró un sistema de 
mayorías por sobre el de voluntad 
general[101. 


La relación que existe entre el ideal 
francés de la democracia y la 
concepción que de ella tiene Salvador 
Allende es posible de establecer a partir 
de la concepción de soberanía popular, 
la que se construye mediante la 
voluntad general en la democracia. Este 
vínculo se produce debido a que gran 
parte de los pensadores y políticos que 
hacen la Revolución en 1789 son 
masones, igual que él. Esta condición 
de masón que tenía Allende no es 
menos importante que su condición de 
militante socialista, ya que son los 
revolucionarios franceses quienes 
plantean el sentido de igualdad, 


libertad y fraternidad, ideas que forman 
parte de la tradición republicana 
chilena y, también, de él, lo que se 
manifiesta con más fuerza aún en la 
constitución de 1925, la que tiene una 
clara influencia radical, expresión 
política de los masones chilenos. 


Desde está visión republicana de la 
democracia, junto a la interpretación de 
la tradición histórica de los 
trabajadores, Salvador Allende 
comienza a fundamentar un camino al 
socialismo distinto en la forma de 
alcanzar el poder político, lo que 
consigue con la elección de 1970. Sin 
embargo, no se detiene en la obtención 
de éste con un triunfo electoral, sino 
que pretende ir más allá de dicho 
proceso, señalando: “Esta concepción 
de la participación ocasional de la 
mayoría del país en estos limitados 
aunque extraordinariamente 
importantes actos como el que he 
señalado, ha hecho crisis en la mayoría 
de los países. Por cierto en los países 
socialistas, y aun en los países del 
capitalismo industrial. Es decir, se busca 
la forma para que en realidad sean las 
mayorías las que tengan una 
representación más auténtica. Esto, por 
cierto, es difícil de concebir en un 
régimen capitalista, en los países del 
capitalismo industrial, porque 
indiscutiblemente, si bien es cierto que 
las conquistas de tipo social permiten 
una acción más amplia de los 
trabajadores, también es cierto, y eso lo 
sabemos muy bien, que en ellos el 
poder es una expresión de una minoría 
y esta minoría defiende sus 
privilegios.”[11] 


En estas palabras de Allende, podemos 
observar desde dónde está pensando 
el vuelco hacia la construcción de la 
democracia directa, apoyándose en la 
elección, mediante el sufragio universal, 
por una parte, y convirtiendo el sufragio 
en herramienta de cambio, lo que 
produce una teoría política que conjuga 
revolución y democracia. Ahora bien, 
esta concepción de Allende trae 
consigo críticas al sufragio como único 
elemento democrático, ya que la 
democracia directa se opone a la 
concepción individualista que tiene la 


democracia liberal; de este modo 
señala que “durante decenios hemos 
luchado contra una práctica y 
entendimiento de la democracia 
puramente formales, en que el sufragio, 
símbolo externo de la manifestación del 
poder, ocultaba una realidad 
enajenante de la voluntad popular. La 
auténtica democracia exige 
permanente presencia y participación 
del ciudadano en los asuntos comunes, 
la vivencia directa e inmediata de la 
problemática social de la que es sujeto, 
que no puede limitarse a la periódica 
entrega de un mandato representativo. 
La democracia se vive, no se delega. 
Hacer vivir la democracia significa 
imponer las libertades sociales. 


Hemos combatido siempre la 
concepción individualista de la 
democracia, vinculada al egoísmo 
propio de una organización capitalista, 
en que la concentración de los recursos 
económicos fundamentales en una 
minoría dominante permitía a ésta 
usufructuar de los mecanismos 
políticos representativos. Los grandes 
cambios efectuados en los últimos 
meses para imponer la democracia 
económica, nos proporcionan el 
instrumento indispensable para 
alcanzar lo democracia social.”[12] 


De lo anterior se desprenden dos 
premisas importantes para nuestro 
análisis, ya que, por una parte, es 
posible establecer una relación desde 
la proposición “realidad enajenante de 
la voluntad popular” con el sentido de 
voluntad general en Rousseau y, por 
otra, en la de: “hacer vivir la democracia 
implica imponer las libertades sociales” 
con su sentido libertario. La primera 
relación es posible de establecer, 
porque Allende está reclamando la 
enajenación que ha sufrido la voluntad 
popular, entiéndase por ello la de los 
trabajadores dentro del régimen 
democrático, el que idealmente tiene 
que ser considerado en la voluntad 
general, mientras que en la segunda 
relación nos lleva al sentido 
libertario[13] de su pensamiento, 
expresado en su concepto de 
pluralismo ideológico. El sentido 
libertario de Allende tiene un origen en 
11 


Cuadernos de Educación 


su juventud con la relación que 
establece con el zapatero anarquista 
Juan Demarchi. Sin embargo, tendrá 
una expresión en su pensamiento 
político en dos sentidos, el primero, de 
respeto a la pluralidad ideológica y 
como consecuencia de ello, el 
segundo sentido, en la limitación del 
poder del pueblo. 


En Salvador Allende la idea de limitar el 
poder del pueblo sólo a lo político, sin 
llegar al tercer poder del Estado, el 
judicial, permitía desarrollar en la 
sociedad chilena una libertad 
ideológica que no conoció de 
persecución ni represión por pensar 
distinto, ya que al no tener el poder 
judicial no hubo dentro de su gobierno 
ni juicios ni encarcelamientos por 
razones ideológicas o políticas. Esto, 
además, está manifestado dentro de la 
propia heterogeneidad de la Unidad 
Popular, donde confluían demócratas, 
marxistas, cristianos y radicales, es 
decir, un pluralismo ideológico[14] que 
bien puede ser vinculado a la idea de 
voluntad general en Rousseau, puesto 
que consideraba que todas las 
opiniones construían la soberanía. 


Estas condiciones permiten a Salvador 
Allende plantear una posición 
transformadora desde la democracia y 
mantenerse en ella, respaldándose en 
la institucionalidad, como lo señala en 
su discurso La vía chilena al socialismo 
y el aparato del Estado actual[15]: “La 
cuestión teórica que ello plantea 
reposa en el supuesto que aparece 
evocado en el Informe Político: el de si 
la institucionalidad actual puede o no 
negarse a sí misma, abriendo paso a un 
nuevo régimen institucional. Para 
responder a esta cuestión se requiere, 
previamente, tener en cuenta dos 
factores. En primer lugar, si el régimen 
institucional es o no abierto al cambio. 
En segundo lugar, qué fuerzas sociales 
están detrás del régimen institucional, 
dándole su fortaleza. Ambos factores 
se corresponden el uno al otro, ya que 
sólo si el aparato del Estado no es 
infranqueable a las fuerzas sociales 
populares puede concebirse que la 
institucionalidad sea suficientemente 
flexible para tolerar las 


transformaciones estructurales sin que 
estalle automáticamente.”[16] 


En estas palabras vemos que Allende 
reconocía en la institucionalidad la 
posibilidad de transformación social, 
sin que estallara una guerra civil, 
fundamentando la llegada de las 
fuerzas sociales populares como el 
elemento trascendental en que se 
fundamentaba la acción del cambio 
social y económico dentro de la 
legalidad y respetando los marcos 
democráticos señalados en la 
Constitución de 1925, porque con esto 
se podía avanzar en la profundización 
de la democracia, primero en la 
construcción de soberanía y luego en 
la acción más directa de ejecución del 
poder por parte de los trabajadores 
mismos, es decir, lo que él entendía por 
socialismo. De este modo definía la 
institucionalidad con las siguientes 
palabras: “Las instituciones políticas 
son mecanismos creados por fuerzas 
sociales materiales. Están ligadas a 
estas últimas, y de la naturaleza y 
evolución de las fuerzas sociales 
dependen la historia y el destino de las 
instituciones. 


Las instituciones no son un ente 
abstracto. La institucionalidad 
responde a la fuerza social que le da 
vida. Y lo que está acaeciendo ante 
nuestros ojos es que la fuerza del 
pueblo, del proletariado, de los 
campesinos, de los sectores medios, 
está desplazando de su lugar 
hegemónico a la burguesía 
monopolista y latifundista. Que la 
conciencia y unidad del pueblo de 
Chile está arrinconando a la minoría 
privilegiada aliada con el capital 
imperialista. La institucionalidad 
vigente responde a la fuerza social que 
le da vida. No a abstracciones 
metafísicas.”[17] 


Esta consideración es plenamente 
republicana, ya que considera a las 
instituciones políticas del Estado 
democrático como producto de la 
fuerza social que le da vida, por tanto 
no ve la necesidad de eliminarlas, lo 
que junto a la libertad ideológica 
fundamenta el régimen que estaba 
12 


Cuadernos de Educación 


construyendo, sobre la base ideal de la 
democracia y su sentido de la 
soberanía popular, tal como lo 
expresaron los revolucionarios 
franceses de 1789. En esta misma 
alocución plantea la argumentación 
marxista, desde el plano teórico y 
condicionante, que permite señalar a la 
vía chilena al socialismo como un 
proceso revolucionario: “El informe 
político, al negar la posibilidad de que 
esta institucionalidad pueda dar paso a 
través de sus propios cauces a una 
institucionalidad con distinto sentido 
de clase, parece haberse olvidado de 
principios fundamentales de la 
dialéctica. Da la impresión de 
desconocer que la superación de un 
régimen socioeconómico, su 
reemplazo por otro, exige el desarrollo 
de los factores sociales y económicos 
constitutivamente contrarios a ese 
régimen. Factores de negación que 
son, a un tiempo, agentes de la 
transformación y primeras 
manifestaciones del régimen futuro. 
Esos factores motores del proceso 
revolucionario de cambios no son ni las 
leyes ni el aparato institucional del 
Estado propiamente dicho, sino que se 
encuentran en la estructura 
económica, en las relaciones de 
producción nuevas que estamos 
poniendo en funcionamiento de modo 
acelerado, en la conciencia de los 
trabajadores, en las nuevas 
organizaciones de los trabajadores que 
los cambios en la infraestructura deben 
producir, y que los partidos populares 
deben estimular y guiar. El manejo de 
los rudimentos científicos del análisis 
en términos materialistas presupone 
que la acumulación de cambios 
cuantitativos produce cambios 
cualitativos.”[18] 


Con esto Allende logra fundamentar 
una concepción compleja de la 
democracia como forma de gobierno, 
partiendo de la base marxista de cómo 
entiende en la democracia el concepto 
de pueblo, sin embargo, logra a partir 
de ahí cimentar el camino de 
construcción al socialismo mediante 
los cauces de un régimen, hasta ahí, 
democrático burgués, logrando hacer 
una síntesis entre quienes hacen el 


proceso revolucionario, el Estado que 
deben transformar y la institucionalidad 
presente para ello. 


Bajo estas circunstancias él supera esta 
situación sustentándose en la 
flexibilidad de la Constitución de 1925, 
en la tradición de las luchas de los 
trabajadores y, por último, en un 
sentido libertario, al dejar fuera del 
proceso revolucionario la conquista del 
poder judicial, lo que le permite que el 
desarrollo de la vía chilena al 
socialismo sea un camino 
revolucionario, democrático, pluralista 
y libertario. 


[1] Profesor de Filosofía, Licenciado en 
Educación, Licenciado en Filosofía y 
Magister en Literatura con mención en 
Chilena e hispanoamericana por la 
Universidad de Playa Ancha (UPLA). 
Actualmente cursa el Doctorado en 
Estudios Americanos mención 
Pensamiento y Cultura en el Instituto de 
Estudios Avanzados de la Universidad 
de Santiago de Chile (IDEA-USACH), y 
se desempeña como académico de la 
Universidad Andrés Bello, formando 
parte, además, del Centro de Estudios 
del Pensamiento Iberoamericano de la 
Universidad de Valparaíso (CEPIB UV). 
Su especialidad es la filosofía moderna 
y latinoamericana, como también los 
estudios transdisciplinarios sobre 
América Latina. Ha sido profesor 
visitante en Universidades Argentinas y 
conferencista en diversos congresos y 
encuentros latinoamericanos, 
contando con diversas publicaciones 
académicas en Chile, Argentina, 
México y EE.UU. 
(eliseolaraordenesegmail.com). 


[2] En este punto seguimos a Dunn, 
quien en su texto señala: “después de 
la Revolución francesa, la democracia 
significaba, por lo menos, que el 
número era el recurso principal de la 
política. La cantidad contaba, ya fuese 
en el recuento de votos o en la 
ocupación de las calles.” Dunn, J. 
(1995). Democracia, el viaje inacabado 
(508 a. C. - 1993 dl. C.). Barcelona: 
Tusquets Editores, p.144. 


13 


Cuadernos de Educación 


[3] Sartori, G. (1988). Teoría de la 
Democracia (2tomos). Buenos Aires: 
Editorial REI, p.346 t.2 


[4] El término demos tenía para los 
griegos atenienses un sentido de 
totalidad, así, demoskratia es el 
gobierno de todos, sin embargo, en la 
época posterior, desde los romanos 
hasta la época media, el término demos 
fue reemplazado por el latín populus 
que viene a designar un grupo social 
dentro del constitucionalismo romano. 
De este modo recogemos la explicación 
de Sartori referida a la concepción 
moderna del término democracia como 
soberanía popular: “Durante unos 
quince siglos el concepto fue populus; 
lo que implica que la doctrina de la << 
soberanía popular>> incorporada a 
nuestro concepto de democracia no es 
griega, y se entiende erróneamente 
siempre que la hacemos derivar de 
demos”. Sartori, G. Ibíd, p.42 


[5] Frente a este complejo punto que 
presenta, a simple vista, una 
contradicción entre la voluntad general 
francesa, fundamento de la democracia 
ideal moderna, y lo señalado por Dunn 
como legado de esa democracia, 
decimos que obedece a la diferencia 
que se establece entre teoría y práctica, 
ya que para el ideal francés, 
particularmente Rousseau, en quien 
estamos pensando, la voluntad general 
plantea que todos los votos sean 
tenidos en cuenta, ya que toda 
exclusión formal destruye su carácter 
de tal, por lo que la soberanía es 
indivisible por la misma razón que es 
inalienable. Sin embargo, la práctica y la 
manifestación de intereses de la clase 
privilegiada originó que esta 
concepción fuera adecuada al sentido 
dado por la defensa de sus intereses de 
clase dominante, lo que junto al 
concepto inglés de people originó una 
democracia liberal donde la 
representación mayoritaria establece 
las leyes por sobre la minoría. 


[6] Esta característica que toma la 
comprensión sobre la democracia 
como condición para la conquista del 
poder, que hacen los trabajadores, se 
produce gracias a la incorporación de 


partidos políticos y organizaciones 
sociales diversas que representan sus 
intereses, los que permitirán dar forma a 
un proyecto político propio. 


[7] “En Chile el absoluto predominio 
oligárquico, en buena medida apoyado 
por el ejemplo europeo, se debilitó. Los 
sectores medios chilenos se tornaron 
masivamente contrarios al sistema 
imperante; y el proletariado, aún de 
manera inorgánica, solicitó mejoras y 
reformas, tal como lo hacían el alemán, 
el francés y el británico. Las obtendría 
con la aprobación de leyes sociales en 
1924” Correa et al. Op. Cit. p.89. Lo 
anterior ha sido abordado en 
profundidad en la primera parte de 
Historia e Identidad. 


[8] “La filosofía de la historia de 
América, se forja a partir de la 
conciencia de la dependencia. 
Dependencia con relación a los 
proyectos colonizadores que Europa, el 
mundo occidental imponen a este 
continente. Será dentro del horizonte 
de la colonización que ha sido descrito 
que se den diversas respuestas 
latinoamericanas a la misma. 
Respuestas que formarán la 
concepción de la historia de estos 
pueblos. Filosofía de la historia que 
será, también, antropología de los 
hombres que la protagonizan. 
Conciencia de la dependencia que 
dará, a su vez, origen a la búsqueda de 
su cancelación. Y dentro de esta 
cancelación va a quedar incluido el 
pasado vivido.” Zea, L. Op. Cit. p.165. 


[9] Lenin (1916), citado en Balibar, E. 
Op. Cit. p, 91 


[10] Cabe señalar que ambos 
conceptos son contrarios, ya que al 
decir del mismo Rouseau: “Para que la 
voluntad sea general, no es siempre 
necesario que sea unánime, pero si es 
indispensable que todos los votos sean 
tenidos en cuenta. Toda exclusión 
formal destruye su carácter de tal” 
Rousseau, J. J. (1988). El Contrato 
Social. Santiago: Ercilla, p.34. Mientras 
que su contrario obedece a la 
determinación de una mayoría por 
sobre la opinión de la minoría, 

14 


Cuadernos de Educación 


dejándola fuera de participar de la 
soberanía. 


[11] Su pensamiento político Ed. Cit. 
p.47. 


[12] Ibíd. pp.389-390. 


[13] Antes de proseguir, debemos 
aclarar al lector que el sentido libertario 
en Salvador Allende, no puede ser 
considerado como consecuencia de lo 
sucedido el año 1968 en diversas partes 
del mundo donde se criticó la rigidez 
del régimen soviético, ya que esta crítica 
no señaló una propuesta concreta que 
solucionara el problema de la libertad 
en el denominado socialismo real. 


[14] Para profundizar este tema 





recomendamos los textos de Sergio 
Vuskovic Rojo Construcción 
pluripartidista del socialismo en Revista 
Principios N* 124, Santiago 1968 y El 
Pluripartidismo y el proceso chileno 
Santiago, Editorial Austral 1973. 


[15] Allende, S. “Informe al Pleno 
Nacional del Partido Socialista” 
Algarrobo 1972 en Su pensamiento 
político Ed. Cit. 


[16] Su pensamiento político Ed. Cit. 
p.302 


[17] ibid, p.304 
[18] ibíd, p.305 


Cuadernos de Educación 


¿Qué hacer con el pasado? Las 
políticas del patrimonio. Pablo 
Aravena Núñez 


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La interrogante acerca de lo que 
hacemos con nuestro pasado no es una 
pregunta retórica, sino existencial y 
como tal casi inabarcable. Si 
recordamos la conversación que 
sostiene el astrónomo chileno Gaspar 
Galaz con Patricio Guzmán en su obra, 
el documental Nostalgia de la Luz, 
veremos que nunca nos relacionamos 
con más realidad que la pasada, pues 
todo cuanto podamos percibir ya tiene 
que haber “sido”: el astónomo mira hoy 
astros cuya luz le llega desfasada miles 
de años (incluso en el caso del sol, unos 
nueve minutos): mira en este instante 
estrellas que fueron. Es lo mismo que el 
quehacer del arqueólogo e incluso del 
historiador. Y nosotros en nuestra vida 
cotidiana no hacemos una cosa distinta: 
la voz del otro con que hablamos es 
pasada, pues hay una demora milesimal 
entre la emisión de la voz y la recepción 
auditiva. Lo sabemos hace tiempo: el 
sonido y la luz tienen una velocidad 
que nos excede, pero pocas veces 
hemos sacado las consecuencias de 
ello. Todo es pasado. 


Pero entonces, bajo este rigor 
astrofísico, la pregunta por nuestra 
relación con pasado es en realidad la 
pregunta por todo. Y claramente es una 
pregunta no planteable, al menos en el 
ámbito de la historia, la filosofía o la 
filosofía de la historia (en sus encuadres 
contemporáneos). Frente a esto, lo que 
quiero plantear es una cuestión más 
simple: ¿qué hacer con esos objetos 
que van quedando desplazados de su 
uso diario? ¿Con esos artefactos que 
pasan de un útil (una herramienta) a un 
objeto sin vigencia. ¿Porqué de entre 
esos objetos sidos unos los 
consideramos viejos e inútiles (y nos 


deshacemos de ellos) y otros los 
consideramos valiosos, una 
antigúedad, y los conservamos, e 
incluso su valor económico sube 
cuanto más tiempo pasa? Pero en 
primer lugar ¿qué hacer con nuestros 
recuerdos comunes? ¿Por qué cuando 
hablamos con gente de nuestra 
generación coincidimos en unos 
mismos acontecimientos y recuerdos? 
¿Por qué unas cosas nos dan nostalgia 
y otras las queremos omitir 
deliberadamente, son tabú? Yo 
anticiparía parte de estas respuestas - 
aunque sea una obviedad - diciendo 
que lo que hacemos con el pasado está 
determinado en gran medida por el 
presente. El problema para mí es que de 
lo de arriba expuesto se concluye que el 
presente -en ese rigor astrofísico 
aludido- casi no existe. Y no obstante 
todos hemos vivido con relativo éxito 
convencidos de que habitamos algo 
llamado “el presente”, que el pasado es 
algo que “se deja atrás” y que el futuro 
“está delante”. (Unas ideas bastante 
raras. Si las revisamos con cuidado son 
pura invención (fictio) humana. Sería 
bueno recordar, por ejemplo, que en el 
mundo aymara el futuro está atrás, se lo 
carga en las espaldas como “lo 
pendiente”. En fin, son ideas que están 
lejos de indicar un estado objetivo del 
mundo). 


Aceptemos entonces que lo que 
llamamos presente es una ilusión 
consensuada, como decía Nietzsche, 
una ilusión que sin embargo es 
condición para la vida, una falsedad 
que nos permite alejar de nosotros esa 
conciencia -angustiosa y paralizante- 
de que nunca pisamos tierra firme, de 
que nunca “somos”, sino que nuestra 
17 


condición es ese particular estado entre 
un destellante estar siendo y un 
irrevocable haber sido. El “ser” es otra 
(gran) ficción que nos permite forjar 
nuestra identidad (pero sobre esto 
volveremos más adelante). 


El presente puede ser representado 
como un cruce de fuerzas que nos 
determinan, pero no necesariamente de 
manera fatal y absoluta, las 
determinantes que nos afectan también 
pueden ser apropiadas por los sujetos 
como “condiciones para hacer”. El 
presente por tanto es el campo de la 
acción, más precisamente de la 
decisión y la acción. Compartimos un 
mismo presente en la medida que 
estamos afectados por unas mismas 
determinantes, pero dejamos de 
compartirlo en la medida que cada 
sujeto se hace cargo de manera distinta 
de ellas. Unos se dejarán arrastrar por 
ellas, otros las asumirán y descubrirán 
un horizonte de posibilidad. Cuando 
nos encontramos con un amigo con el 
que compartimos algún presente 
pasado (algún compañero del partido, 
algún ex socio del club, incluso un 
vecino del barrio que se mudó), le 
preguntamos “¿Y en qué estás ahora”?”. 
Y este es un modo de preguntar por el 
presente tal como lo construimos los 
humanos. 


Pero he dicho que lo que hacemos con 
el pasado está determinado en gran 
medida por el presente. Lo que 
conservamos, lo que recordamos y 
cómo lo recordamos dependen de 
aquello “en lo que estamos”. Es esta 
una tesis que lleva ya años circulando, 
pero creo que aún no resulta del todo 
verosímil para todos. Estamos más bien 
habituados a pensar que es el pasado el 
que determina el presente, pero no que 
el presente determina el pasado. Y es 
que nuevamente nuestra “costumbre 
de pensar”, o nuestro sentido común, 
nos indica que primero la causa y luego 
el efecto. Este principio, que sin duda 
nos es útil para nuestra vida diaria, para 
resolver cosas sencillas, no nos sirve 
para comprender fenómenos de otra 
envergadura, como el que estamos 
tratando de abordar. 


18 


Si bien somos, como sujetos 
individuales y colectivos, el resultado 
de una historia, el modo en que nos la 
contamos no es algo dado. Incluso la 
necesidad de contarnos la historia no 
tiene la misma intensidad siempre. Hay 
presentes que exigen historia y otros en 
los que no se la considera en absoluto. 
Aparentemente vivimos un presente en 
que la historia importa mucho. El que yo 
esté aquí, en un municipio, hablando de 
estas cosas hubiera sido algo 
inimaginable en otro contexto y con 
seguridad dentro de un tiempo nadie 
me invitará, por lo menos a hablar de 
estas mismas cosas. Lo que se viene 
registrando hace tiempo es una 
demanda social por el pasado. Pero en 
esto conviene ser cautos, pues las 
demandas de pasado no son todas 
iguales. 


Hace ya tiempo que Fredric Jameson 
señaló que uno de los rasgos de la 
cultura contemporánea (la cultura del 
capitalismo avanzado) era la "moda 
nostalgia”, un rasgo que era fruto del 
agotamiento o el descrédito de las 
vanguardias, de un agotamiento o 
renuncia a la idea de futuro, lo que nos 
haría ya no concentrarnos en la 
construcción de la historia, de lo 
original, lo nuevo, sino en el registro de 
lo ya existente. Es en este contexto en 
que se puede explicar en gran parte el 
impulso del patrimonio como una 
industria cultural que tiene su 
contraparte en el turismo: la 
conservación de edificios “tal cual 
fueron”, la “restauración”, etc. (Pero 
también un arte, por ejemplo, que ahora 
se basa en la confección de collages, 
una forma de arte que combina obras o 
fragmentos de otras obras del pasado, 
que ya no considera una apuesta por la 
obra original como un valor, como ha 
señalado Arthur Danto). 


Este recurso al pasado dista bastante, 
como comprenderán, de la necesidad 
de pasado que puede tener alguien 
que busca justicia por sus compañeros 
asesinados o desaparecidos. También 
es distinto del interés que puede llevar 
alguien que hoy está enfrascado en la 
lucha por recuperar tierras ancestrales. 
Es una diferencia que vislumbró el ya 


citado Nietzsche en el siguiente 
planteamiento: “Necesitamos la historia. 
Pero la necesitamos no como el 
malcriado haragán que se pasea por el 
jardín del saber”. En la misma huella 
Walter Benjamin anotaba años más 
tarde que la verdadera imagen del 
pasado no la constituyen los hechos 
“tal y como han sido, sino como 
destellan en un instante de peligro”. Y 
ese instante de peligro es el presente. 
Por ello habría que preguntarse cuál es 
el modo de interesarse por el pasado de 
quien tiene toda su vida solucionada, 
quien nunca ha sido objetos de 
injusticias, frente a quienes están 
siempre en medio de la batalla por la 
vida o por algo mejor que lo que 
tenemos. 


Por esto creo que el concepto de 
patrimonio es equívoco. Pues por el 
patrimonio, históricamente, se han 
interesado los príncipes, los papas, los 
estados (y actualmente las empresas de 
turismo y los gobiernos que no quieren 
poner un peso en cultura y que 
promueven la entrada de agentes 
privados en la gestión del tiempo atrás 
tan protegido “patrimonio nacional”). 
La gente como nosotros siempre 
reivindicó la memoria, y en términos de 
una política de formal, de partido, lo 
reivindicado era la Historia (sea como 
narración épica de héroes de una 
causa, o incluso como un concentrado 
de leyes que aseguraban el 
cumplimiento de un futuro mejor). Pero 
algo ha pasado, hay una tradición 
interrumpida. Y así hoy nos 
sorprendemos hablando, tratando de 
hacer algo, con palabras que nunca 
fueron las nuestras. 


Pero hay que tratar de comprender. 
Cuando ustedes y otros agentes 
sociales y comunales hablan de 
patrimonio, la mayor parte de las veces 
lo hacen como una forma de 
reivindicación. Es usual escuchar: 
“nosotros también tenemos 
patrimonio”, “esto también es 
patrimonio”, y esto da cuenta de una 
exclusión. Entiendo que hay un 
“patrimonialismo desde abajo” que, con 
el lenguaje disponible, trata de dar 
cuenta de viejas y nuevas violencias. 


Por ejemplo ¿Por qué en Santiago se 
constituye un movimiento patrimonial 
para detener el levantamiento de torres 
en el barrio Yungay? (Y lo mismo en 
Valparaíso, con el lamentable slogan de 
“no nos tapen la vista”). Pues porque es 
la forma de resistir y denunciar a una 
industria inmobiliaria que destruye un 
modo de vida a escala humana. Si lo 
pensamos a la luz de un planteamiento 
antiguo, pero no por ello 
necesariamente refutado, se trata de la 
resistencia frente a los avances del 
capital en sus nuevas formas. 


Pero el patrimonialismo desde abajo 
debe andar con cuidado en esto del 
uso de los lenguajes disponibles. Pues 
los movimientos ciudadanos 
patrimoniales tienden a reproducir la 
lógica de la defensa o protección del 
objeto, de la cosa. No podemos 
quedarnos en la defensa de un edificio 
“en sí”, de una plaza “en sí”, de unos 
utensilios en sí mismos. Pues seremos 
rápidamente descalificados y 
descartados como nostálgicos que se 
oponen al progreso, en fin, reducidos 
comunicacionalmente a un puro 
obstáculo. Debemos dar cuenta de las 
lógicas en las que se entienden esos 
objetos, en esas formas de vida, mejores 
de las que hoy nos ofrecen los 
promotores del cambio y la 
globalización. Mejores no por antiguas, 
sino por más humanas. 


Otra precaución tiene que ver con los 
discursos sobre la identidad. Es 
también habitual escuchar ya como 
eslogan, como lugar común, que 
debemos conservar nuestro patrimonio 
para preservar nuestra identidad. En el 
ejemplo recién citado (del barrio 
Yungay o Valparaíso) se entiende: 
“nuestro modo de ser tiene que ver con 
lazos sociales duraderos, con prácticas 
que suponen el conocimiento del otro y 
la solidaridad”. Pero el deber de 
conservar de los patrimonialismos a 
veces no sirven a otros que sufren más, 
o que han venido sufriendo hace 
mucho tiempo. En efecto ¿cómo hacer 
entender que “debemos” conservar un 
modo de vida a quien ha vivido mal 
toda su vida? En ocasiones el cambio es 
lo que más se desea y hay que respetar 
19 


Cuadernos de Educación 


ese deseo cuando es el de la 
construcción de una vida más justa, 
menos dolorosa. (¿Quién que haya 
experimentado la miseria en carne 
propia, por generaciones, querría 
persistir en ella? Lo trágico es que por 
estos tiempos, para otros, la miseria 
puede parecer algo meramente exótico) 


Pero con el discurso identitario se 
corren peligros aún más graves cuando 
este viene “desde arriba”, cuando son 
ministerios u organismos de gobierno 
los que nos dan pre-hecho el inventario 
de lo que debemos conservar, de lo que 
se supone que somos, cuando, por 
ejemplo, no es más que lo que puede 
ser atractivo al turista. Tal como lo 
señaló Paul Ricoeur. “El poder siempre 
se encuentra vinculado al problema de 
la identidad, ya sea personal o 
colectiva. ¿Por qué? Porque la cuestión 
de la identidad gira en torno de la 
pregunta “¿quién soy?" y dicha 
pregunta depende esencialmente de 
esta otra: '¿qué puedo hacer?”, o bien, 
“¿qué no puedo hacer?". La noción de 
identidad se encuentra, por tanto, 
estrechamente vinculada a la de 
poder”. En la definición de la identidad 
patrimonial los habitantes se juegan, no 
precisamente su pasado, sino su futuro, 
lo que pueden o quieren ser. He 
insistido muchas veces en esto. 


Quien se involucra en temas de 
patrimonio hace política (en el sentido 
más amplio del concepto, no 
necesariamente partidista). El 
“ciudadano patrimonial”, como se lo ha 
llamado, entra en la lucha por el sentido 
de la historia: qué debe ser conservado 
y rescatado, por qué, qué historia debe 
ser contada. Qué necesitamos del 
pasado para forjar futuro. (Sí. En algún 
momento el futuro fue tema de la 
política). 


x Este texto constituye un borrador de 
la ponencia oral en la “Escuela de 
líderes ciudadanos en patrimonio, 
memoria e identidad cultural”. l. 
Municipalidad de Quilpué, 12 de julio 
de 2013. 


20 


[1] Licenciado en Historia y Magíster en 
Filosofía con Mención en Pensamiento 
Contemporáneo por la Universidad de 
Valparaíso. Doctor O en Estudios 
Latinoamericanos por la Universidad de 
Chile. Becario CONICYT. Profesor 
Auxiliar del Instituto de Historia y 
Ciencias Sociales de la Universidad de 
Valparaíso y docente de la Escuela de 
Educación de la Universidad Viña del 
Mar. E-mail: paravenaouvm.cl 


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