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Full text of "Cuadernos De Educacion N 46 Cd E"

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NE ONO 


QUADAINOS 


SOhtiz lletelier 


DE EDUCACIÓN 


Grupo de Reflexión Fernando 


Como grupo de académicos de izquierda 
mantenemos desde hace un tiempo una re- 
flexión acerca de la educación superior en 
Chile. En conocimiento de que otros cole- 
gas han estado preocupados por una prob- 
lemáticasimilar, yhanelaboradotrabajosalre- 
specto, les invitamos, por medio de esta hoja 
a debatir en conjunto. Esperamos que este 
seaelembrión de una futura discusión queno 


dudamos será enriquecida gracias al debate. 








Por supuesto que para que este debate 
rinda frutos, debe incluir a todos quienes 





estamos por un nuevo sistema universi- 





tario, razón por la cual desde ya invitamos 
a contribuir en números posteriores a qui- 








enes entiendan la Universidad de manera 
no funcional al actual modelo económico. 








Esperamos que esta publicación sea un 
aporte para quienes vivimos con entusi- 
asmo y espíritu crítico el quehacer uni- 
versitario, y ojalá también ella contribuya 
a instalar en el ambiente académico una 
discusión que permita resolver profundas 





contradicciones que todavía se arrastran 
desde la dictadura, como son los problemas 
globales de la educación en nuestro país. 


Publicación Trimestral 
Gratuita — ISSN 0719-0271 





El ministro de (la mala) educación 


El ministro de educación nueva- 
mente nos impacta con declara- 
ciones. Esta vez, relevando que los 
problemas de infraestructura de la 





de personeros públicos que tras un 
gazapo plantean que sus palabras 
fueron sacadas de contexto. No 
es el caso, las palabras del ministro 





educación pública deben ser resuel- 
tos con “bingos”. 


nmediatamente después de la 
declaración - en acto público y leí- 
da- nos señala que tras sus dichos 
hay una forma y un fondo. 

Tras cartón nos señala 

que siempre las pa- 

abras pueden ser 
malinterpretadas. 





Resulta sorprendente 

que el Sr. Varela no se 

haga cargo de que, en 

nuestro idioma, el castellano, 

os vocablos (dichos o leídos) tienen 
un significado concreto, específico, 
y dicho significado está regido, en el 
caso de nuestro idioma, por la Real 
Academia de la Lengua Española. 
Queremos desvirtuar la típica salida 














fueron leídas en acto oficial. 





El vocablo Bingo, en su quinta acep- 
ción por la RAE, indica que se ha 
acertado o solucionado algo. 








Con lo anterior queremos man- 

ifestar que, en este caso, 

no hay diferencia entre la 
“forma y el fondo”. 








El actual ministro de ed- 
ucación está convencido 
de que los problemas de 
infraestructura de nuestra 
educación pública se solucionan 
con “bingos”. Sería interesante con- 
ocer si el actual gobierno piensa lo 
mismo, al parecer la distinción entre 
forma y fondo es una discusión no 
acabada al interior del gobierno. 











2 Cuadernos de Educación 


Discutamos sobre “sociedad docente”, abiertamente, trans- 
parentemente y en el Congreso, pero sin cuñas ignorantes. 


o es la primera vez que Varela intenta minimizar los prob- 
emas, ya habló de pequeñas humillaciones en relación 
con las demandas del movimiento feminista, y para ello no 
trepidó en utilizar a sus propios hijos (los campeones) como 
ejemplo. 





Esta vez, se ha superado en el desconocimiento de un 
problema real. 





A cuatro meses de asumido en su cargo, el debiera saber 
que, del presupuesto de su ministerio, el de la billetera más 
gorda del estado, los fondos para infraestructura no alca- 
nzan el 1% de la subvención regular base. (M. Ríos, presi- 
dente de la Comisión de Educación de Municipalidades) 








Debiera saber que las escuelas del sistema público de edu- 
cación (básica y media) tienen que cumplir con 1800 obliga- 
ciones en las áreas de gestión escolar, gestión de recursos 
e infraestructura, entre otros. (Informe de Educación 2020) 

















Debiera saber que el último catastro (efectuado por el 
INEDUC) sobre infraestructura de los establecimientos 


públicos se realizó en el año 2014, que dicho catastro arrojó 
os siguientes índices: 











Un 20% de dichos establecimientos presentaba serios 
problemas de infraestructura. 





Un total de 1163 establecimientos tenía sistemas precarios 
de agua potable, que 71 colegios no contaban con baños 


Pero, Varela - en cuatro meses- no sólo no ha asimilado 
esta realidad, no ha leído los informes del sector, sino que 
tampoco ha ordenado realizar un catastro de la situación 
de infraestructura educacional cuando asume la gestión del 
ministerio. No hay otra manera de entender su solución vía 
“bingos”. Este gobierno, intenta consolidar el concepto de 
“sociedad docente”, pero este ministro la imagina y la op- 
eracionaliza con ¡bingos! 








Es más, a este ministro le molesta viajar a regiones, se re- 
fiere a los recursos del Estado como si fuesen suyos, en 
suma, Varela no quiere trabajar. 








Al ministro de Educación le quedan pocas opciones: 


Reconocer que su error es de forma y de fondo, que los 
problemas existentes no se resuelven con bingos, salvo que 
siga considerando que el sistema público de educación es 
el mismo de sus “campeones”, los cuales logran con bingos 
hacer un viaje de estudios a Dubái en vez de a Cartagena 
de Indias. 





Que Sebastián Piñera reconozca que tiene un ministro 
flojo y que además ni siquiera se ha enterado que la socie- 
dad chilena resolvió desmunicipalizar la educación pública 
y que ahora la responsabilidad integral será del ministerio 
con más fondos. 








Que el Congreso acuse constitucionalmente a este min- 


istro por notable abandono de sus deberes. 


Al cierre de esta edición, hemos conocido de un oficio fis- 
calizador de la Defensoría de la Niñez, en que interpela a 











de hecho, usaban letrinas) y que 130 colegios debían ser 
reconstruidos en su totalidad. 








Este ministro debiera saber que, en lo que va del 2018, la 
Superintendencia de Educación ha recibido 251 denuncias 
por déficit de infraestructura, lo que significa un alza del 
41,8% respecto del mismo período del año anterior. 











este ministro a responder en un plazo no superior a diez 
días, sobre las denuncias recibidas en su período como min- 
istro y las respuestas a las denuncias del MINEDUC. 

















de forma cor- 





Esperamos que esta vez emplee el lenguaje 
recta y con honestidad intelectual. 


Cuadernos de Educación 


Grupo de Reflexión Fernando Ortiz Letelier 


www.cuadernosdeeducacion.wordpress.com 





Publicación Trimestral Gratuita - ISSN 0719-0271 





La función de la educación sexista en 
la reproducción del modelo económico 


Carla Aguayo Huerta 


Con la llamada “ola feminista” en universidades y educa- 
ción secundaria a lo largo del país durante este primer 
semestre, se ha instalado en la discusión pública y políti- 
ca temas tales como la violencia de género, acoso y abu- 
so sexual e igualdad de género, a través de demandas que 
se resumen en la exigencia de una educación no sexista y 
en protocolos donde las instituciones deben definir cómo 
abordar y prevenir el acoso, abuso y actos discriminato- 
rios en contra de las mujeres. Difícilmente es posible man- 
tenerse al margen de esta discusión, y el sentido común 
podría hacernos pensar, que no estar a favor de estas de- 
mandas es un acto antidemocrático ¿quién podría negar 
la violencia hacia las mujeres, la desigualdad con las que 
pueden ejercer sus derechos básicos como salud, educa- 
ción, trabajo, los estereotipos que cotidianamente se re- 
producen y cosifican el cuerpo femenino reduciéndolo 
principalmente a un rol maternal y reproductivo? ¿quién 
podría negar que el sistema de educación en sus distintos 
niveles produce y reproduce desigualdad de género? Estu- 
dios, cifras y ejemplos abundan (basta con revisar los Infor- 
mes Sombra de la CEDAW)* por lo que no reconocer esta 
realidad es ante todo una decisión política e ideológica. 


Lamentablemente, llegar a consensos sobre cómo poner 
fin a esta realidad es más complejo de lo que parece. Por- 
que el fin de la educación no sexista es que la educación 
tiene que estar al servicio de una sociedad en la que se 
fomente un trato igualitario y libre de violencia entre hom- 
bres y mujeres. ¿cómo entonces, se puede exigir igualdad 
de género cuando el sistema educativo mercantil carece 
de una estructura de base que asegure un acceso iguali- 
tario entre hombres y mujeres de distintas clases sociales 
o cuando el sistema educativo violenta al excluir a aque- 
llos que no pueden pagar por su educación, indistinta- 
mente del género? Y es aquí donde entramos a una dis- 
cusión clave entre las distintas corrientes del feminismo 
¿es posible lograr una igualdad de género si es que se 
mantiene un sistema económico que genera desigualdad? 


Si profundizamos aún más, actualmente la educación, 
tanto en su administración como en su diseño curricu- 
lar, facilita la reproducción de un sistema de clase donde 
los sectores privilegiados pueden acceder a educación 
de calidad y seguir manteniendo su estatus social, mien- 
tras los sectores más vulnerables reproducen su pobreza, 
y un sistema sexista que asigna roles a hombres y muje- 
res funcionales a un sistema de clase ¿qué relación exis- 
te entre el sistema económico capitalista y el sexismo? 


Silvia Federici, militante feminista y escritora, concluye 
en su investigación “Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y 
acumulación primitiva” que el capitalismo en tanto siste- 
ma económico-social está necesariamente vinculado con 
dos sistemas de dominación: el racismo y el sexismo. Por 
tanto, en la sociedad capitalista, el cuerpo es para las mu- 
jeres un lugar de explotación y de resistencia “en la misma 
medida en que el Estado y los hombres se han apropiado 
del cuerpo femenino, forzado a funcionar como un medio 
para la reproducción y la acumulación del trabajo”. Vale 
decir, el sistema capitalista a través de sus instituciones, 
la educación como tema convocante, reproduce roles en 
donde la mujer cumple una función meramente reproduc- 
tiva de la fuerza de trabajo (los trabajadores), naturalizan- 
do la familia nuclear en desmedro de la familia extendida 
que colectivizaba su producción, en donde existe una de- 
pendencia económica hacia el hombre o donde el traba- 
jo femenino es considerado un “aporte” a la economía del 
hogar pudiéndose justificar un menor salario, y por tanto, 
al tener las mujeres la responsabilidad de llevar la crianza 
y el cuidado de los niños, el sistema capitalista se asegu- 
ra una mano de obra, y en consecuencia, acumulación del 
trabajo. En este sentido, la subvaloración de las mujeres y 
la instrumentalización de su cuerpo- que pasa a entender- 
se como un bien público- fue extremadamente necesario 
para que se produjese la transición de una sociedad feu- 
dal agraria a una sociedad capitalista industrial. En otras 
palabras, el capitalismo se funda en la división sexual de 
trabajo y en estereotipos que relegan a las mujeres a una 
condición inferior y relacionada con el mundo doméstico. 


Por tanto, la normalización de las prácticas sexistas en 
el aula y los espacios educativos, y el acoso y abuso al 
que están expuestas las estudiantes, tanto por sus pa- 
res como por el cuerpo docente, es expresión de un en- 
tramado cultural que sostiene las relaciones económicas 
a nivel mundial. Prácticas sexistas que son avaladas por 
parte del Estado y los sectores más conservadores de la 
sociedad chilena, que se oponen sistemáticamente a una 
educación sexual que se centre en la afectividad y el de- 
recho al placer o lisa y llanamente a seguir avanzando en 
una legislación que asegure un ejercicio pleno de los de- 
rechos sexuales y reproductivos. Ejemplo clave de esto, es 
el ataque a tres mujeres en la marcha de este 25 de julio 
en Santiago de Chile por un aborto libre y seguro, las cua- 
les fueron agredidas por grupos fascistas que se oponían 
a dichas demandas a vista y paciencia de Carabineros?. 


EXISTIRÁ A 
EL SEXISMO EN LA E 
MANTE Ts 


Aquí vemos, cómo demandas que se concentraban en un 
espacio de la sociedad, como son las escuelas y las uni- 
versidades, y que levantadas por un grupo determinado - 
mujeres estudiantes- se amplían a otras esferas y puedan 
convocar a 50 mil personas a nivel nacional, recogiendo de- 
mandas históricas del feminismo en Chile y de gran parte de 
Latinoamérica: el derecho a decidir sobre el propio cuerpo. 


Este fenómeno, se da por dos motivos concatenados: uno, 
porque la base ideológica detrás del sexismo es el patriar- 
cado, entendida como el orden social donde el poder recae 
en el padre de familia, y donde las mujeres se encuentran es 
una situación de subordinación hacia la figura masculina, y, 
por tanto, acabar con el sexismo implica la construcción de 
un orden social que carezca de un sistema de dominación 
por género. Este sistema de dominación patriarcal, cons- 
truido históricamente a lo largo de los siglos (que en ter- 
minología marxista podríamos ubicar en la supraestructura) 
es sostenido, y a su vez sostiene, las condiciones materia- 
les donde se produce la explotación. Así, los principales 
aliados durante el siglo XIX del capitalismo que permitió 
su expansión a través de la colonización de los territorios 





africanos y asiáticos, fue el sexismo y el racismo. Necesaria- 
mente había que erradicar otras formas de relaciones entre 
hombres y mujeres e instalar la división sexual del trabajo. 


Por ende, acabar con la desigualdad de género va más allá 
de exigir una educación no sexista, (aunque sea un gran 
paso problematizar una situación normalizada), es cons- 
truir una nueva sociedad no capitalista y no patriarcal. 


En segundo lugar, el generar un cambio en el sistema pa- 
triarcal y/o avanzar hacia relaciones más igualitarias en- 
tre hombres y mujeres, necesariamente debiera significar 
un avance tanto en el derecho a decidir de las mujeres, 
como en el derecho de las mujeres a decidir sobre el pro- 
pio cuerpo. Sin embargo, en la medida en que esto no se 
ligue a un cambio de las relaciones económico-laborales, 
y a la construcción de un nuevo modelo económico o in- 
fraestructura que sostenga un orden social y cultural dife- 
rente, nos seguiremos enfrentando a grupos minoritarios 
con el derecho a agredir a las mujeres (y/u otros grupos 
no dominantes como los mapuches o LGBT+) que se nie- 
gan a cumplir con dictámenes que esta sociedad impone. 


Volviendo a la pregunta ¿es posible lograr una igual- 
dad de género si es que se mantiene un  siste- 
ma económico que genera desigualdad? Tomare- 
mos nuevamente las palabras de Silvia Federici: 


“resulta, por lo tanto, imposible asociar el capitalismo con 
cualquier forma de liberación [...] Si el capitalismo ha sido 
capaz de reproducirse, ello se debe al entramado de des- 
igualdades que ha construido sobre el cuerpo del proleta- 
riado mundial y de su capacidad de globalizar la explota- 
ción. La diferencia radica en que hoy en día la resistencia 
al capitalismo también ha alcanzado una escala global”. 


1 Desde la ratificación de la Convención sobre la Elimina- 
ción de Todas las Formas de Discriminación contra la Mu- 
jer (o en sus siglas en inglés, CEDAW) en 1979 por parte 
de los Estados, estos deben elaborar un Informe cada 4 
años en el que dan cuentas de las medidas que se adop- 
tan para cumplir Convención. Paralelo a ello, se presen- 
tan los Informes Sombra que corresponden al monito- 
reo y evaluación que realizan distintas ONG's del país a 
fin de complementar lo expuesto por el Estado así como 
mostrar las debilidades e incumplimiento de las políti- 
cas públicas en relación a los derechos hacia las mujeres. 


2 Según relato de Valentina Fieguera, estudiante de 
derecho y feminista agredida. 


José Carlos Mariátegui: intelectual 
orgánico de nuestra América 


Gonzalo Ossandón Véliz 


José Carlos fue parido en tierra incaica (hace 124 años) 
un 14 de junio de 1894 en Moquegua. Como es habitual 
en algunas familias de este continente, él murió sin sa- 
ber con exactitud la fecha de su nacimiento. 


Mestizo de cuna. Fue criado junto a sus hermanos por 
su madre, Amalia La Chira, indígena descendiente de 
Cacique. Su padre Javier Francisco, proveniente de una 
familia criolla vasca, tan sólo le dejó el apellido pompo- 
so, ya que éste ni siquiera se molestó en reconocerlo le- 
galmente. Es por ello que pese a estar casada la señora 
Amalia, por muchísimo tiempo gustaba de presentarse 
mejor como viuda. 


De formación autodidacto, su adolescencia la vivió labu- 
rando y escalonando por distintos oficios del periodis- 
mo, acompañado siempre de su inseparable cojera de la 
pierna izquierda heredada desde los 9 años. 


En ese ambiente, se va acercando a personajes de la 
época como el poeta Abraham Valdelomar quien inte- 
graba el conocido grupo Colónida y a Manuel González 
Prada.* 


Cuando el mundo entero se estremeció con el triunfo de 
la Revolución Rusa, Mariátegui ya había leído a Marx y 
andaba curioseando en una verdadera ensalada de lec- 
turas gracias a su amigo Víctor Maúrtua quien lo motivó 
a leer a Hegel y a Bergson, entre otros. 


“Desde 1918, nauseado de política criolla, -como diaris- 


ta, y durante algún tiempo redactor político y parlamen- 
tario conocí por dentro los partidos y vi en zapatillas a 
los estadistas- me orienté resueltamente al socialismo, 
rompiendo con mis primeros tanteos de literato inficio- 
nado de decadentismos bizantinismo finiseculares, en 


pleno apogeo todavía.” 


Es así como en 1918, el 22 de junio. Aparece la revis- 
ta Nuestra Época, la cual funda junto a César Falcón y 
que estaba dirigida principalmente al emergente movi- 
miento obrero de Lima y del Callao. Su breve existencia 
(hasta tan solo su segundo número) se debió a conflic- 
tos generados con el diario El Tiempo -en donde ellos 
trabajaban y además imprimían la revista- por motivo 
de la publicación de un artículo anti-armamentista de 
Mariátegui titulado “El deber del ejército y el deber del 
Estado”, el cual desató las iras de los oficiales de la guar- 
nición de Lima, los que se manifestaron violentamente 
en la instalaciones de la imprenta El Tiempo y le propi- 
naron una desvergonzada y desproporcionada golpiza a 
su cojo autor. 


Dicho episodio, desprovisto de todo recato y sigilo, se 
convirtió en todo un escándalo, tanto así que tuvo que 
renunciar el Ministro de Guerra de turno de la época, un 
tal no sé cuantito, militar cobarde que no vale la pena 
ni nombrar. 


Pese a ello no claudicó y durante el mes de mayo de 
1919 junto a César Falcón y Humberto Aguila -entre 
otros- funda el diario La Razón. Trinchera desde la cual 





critica al gobierno de Leguía -oncenio de gobernanza 
engañosa en la que en su comienzo a algunos progres 
encandiló- desde sus inicios por ser un representante 
más de la oligarquía civilista. Impulsó y patrocinó desde 
ahí también la campaña por la Reforma Universitaria y 
apoyó acérrimamente al movimiento obrero. 


Como consecuencia de su reiterada insolencia frente a 
la autoridad, el 8 agosto de 1919, La Razón deja de ser 
impreso a causa de las presiones del gobierno gatopar- 
dista y el arzobispo de Lima, forzando a sus fundadores 
a aceptar un exilio camuflado bajo la forma de una beca 
forzada. Las críticas de Mariátegui iban incomodando 
cada vez más a Leguía, quién ante sus oponentes adoptó 
el hábito de relegarlos o bien exilarlos. Es así como Cé- 
sar Falcón es designado a España y Mariátegui a Francia, 
quién una vez ahí porfiadamente decidió instalarse en 
Italia: 


“De fines de 1919 a mediados de 1923 viajé por Euro- 
pa. Residí más de dos años en Italia, donde desposé una 
mujer y algunas ideas. Anduve por Francia, Alemania, 
Austria y otros países. Mi mujer y un hijo me impidieron 
llegar a Rusia. Desde Europa me concerté con algunos 
peruanos para la acción socialista. Mis artículos de esa 
época, señalan las estaciones de mi orientación socia- 
lista. A mi vuelta al Perú, en 1923, en reportajes, confe- 
rencias en la federación de Estudiantes y la Universidad 
Popular, artículos, expliqué la situación europea e inicié 
mi trabajo de investigación de la realidad nacional, con- 
forme al método marxista.” 


Método dialéctico del materialismo histórico. Concep- 
ción materialista de la historia que virtuosa y creativa- 
mente aplica en la realidad concreta de su Perú y de 
Nuestra América, permitiéndole así develar las relacio- 
nes sociales de producción que provocan las principales 
problemáticas que padecemos los y las explotados/as, 
oprimidas/os y dominadas/os en este continente. 


En 1928, publica sus Siete Ensayos de Interpretación 
de la Realidad Peruana. En donde a pesar ya de tener la 
fama de herético, sorprende organizando el relato de sus 





ensayos ortodoxamente aplicando el “Edificio del Cuer- 
po Social” propuesto por Marx en el célebre prólogo a la 
Contribución de la Crítica a la Economía Política. 


Es así como los primeros tres ensayos: “Esquema de la 
evolución económica”, “El problema del indio” y “El pro- 
blema de la tierra” dan cuenta de la Estructura de la so- 
ciedad peruana, buscan caracterizar su modo de produc- 
ción. Mientras que los restantes cuatro: “El proceso de la 
instrucción pública”, “El factor religioso”, “Regionalismo y 
centralismo”, “El proceso de la literatura”, están dedica- 
dos a profundizar en los elementos constituyentes de la 
Superestructura. 


El carácter central que el autor otorga al indígena en 
el proceso de formación económica y social del Perú y 





América Latina desde la conquista hasta su época resul- 
ta destellantemente esclarecedor, sobretodo para aque- 
llas testas contaminadas por positivismos manualizados 
o por gradualismos seudoeurocentristas que les gusta 
jugar a la política de salón, la de mantel largo. Aquella 
que acá en Chile es de gusto de los nietos de Aylwin: 
La política de contención de masas... en la medida de lo 
posible. 


Debido a nuestra historia de permanente invasión, con- 
quista y sometimiento (antes con armas y a caballo, 
ahorita de cuello y corbata y aplicando su hegemonía) 
criollo-foráneo que no respeta fronteras nacionales ne- 
cesariamente, es que resulta que solo a través de un 
proceso revolucionario de transformación radical -la 
política para resolver lo deseable, lo necesario- es po- 
sible de satisfacer las fundamentales necesidades de 
nuestros pueblos, sobretodo de aquellos que cohabitan 
en un mismo territorio mallamado nación. 


La interpretación sobre su realidad por supuesto que 
no culmina ahí, busca de modo original y sin pautas la 
transformación, pretende intervenir en ella, buscando 
contribuir a la plena realización de un sujeto social histó- 
ricamente condicionado. 


Con Los 7 Ensayos, El Amauta nos propone las bases su- 
ficientes para la realización de un proyecto político ge- 
nuinamente latinoamericano, consistente y convincente. 
Herramienta útil para disputar la hegemonía imperante, 
proponiendo relaciones sociales 


de nuevo tipo, verdaderamente emancipadoras y cohe- 
rentes con su propia historia. En ese sentido, convicto y 
confeso, nos muestra como el sometimiento del Indíge- 
na y la expropiación de la Tierra fueron fundantes para 
la acumulación de capital y apropiación de la propiedad 
privada en nuestros territorios, lo que es determinante 
para comprender la conformación social de su Perú ac- 
tual. 


Es por ello también que se esmeró en defender este 
patrimonio práxico de los pueblos del mundo, tanto de 
las desviaciones ideológicas provenientes de la social- 
democracia y el reformismo, como de los dogmatismos 
axiomáticos contemporáneos a él y bautizado por Stalin 
como marxismo-leninismo. Y para que no fuese tan lite- 
ral su apología, es que acude al belga Henri de Man para 
dejarlo como estropajo. 


Es en la revista Amauta, fundada por él, la que emplea 
como trinchera y a la vez como laboratorio de traduc- 
ción y creación iconoclasta del marxismo... Creatividad 
desatada pero a la vez profundamente conectada con 
su realidad. 


En su N*17, publicado en septiembre de 1928, inicia la 
publicación de los 16 ensayos que componen su Defen- 
sa del Marxismo, coincidiendo con la explicitación de 
dicha revista con respecto a su orientación socialista, lo 
que también contribuiría meses después a la conforma- 
ción del Partido Socialista del Perú. 


Estas dos grandes obras literarias que les invito a leer, 
más la caudalosa cascada de ensayos que escribió son 
aportes nutritivos para la confección de propuestas con- 
vincentes capaces de persuadir a millones. Material pro- 
vocador y literatura infaltable para aquellas y aquellos 
que andan en búsqueda de combustión para encender 
sus pajarillas. 


Mariátegui nos afirma con frescura de época, la vigen- 
cia y necesidad de un pensamiento revolucionario en- 
raizado en su praxis histórica, sin pretender ser calco ni 
copia de nada, tan solo creación heroica que estimule 
verdaderos procesos de liberación e independencia de 
nuestros pueblos. 


Notas 


*El ensayo titulado “Nuestros Indios” de González Pra- 
da es considerado todo un hito dentro del movimiento 
indigenista peruano de finales del siglo XIX. El autor en 
dicho escrito se pregunta si el indio sufre más en la Re- 
pública que en la Colonia, denuncia la explotación del in- 
dio al interior de una República que fue construida sin el 
indio y contra él. En síntesis, para el intelectual peruano 
el problema del indio es un problema económico. 


“Mariátegui, J.C. “Fragmento de una carta a Samuel 
Glusberg del 10 de enero de 1927”. Texto publicado en 
“Itinerario y trayectos heréticos de José Carlos Mariá- 
tegui”. de Fernández, O. (2010). Santiago de Chile. Ed. 
Quimantú. pp. 214. 


“Mariátegui, J.C. “Fragmento de una carta a Samuel 
Glusberg del 10 de enero de 1927”. Texto publicado en 
“Itinerario y trayectos heréticos de José Carlos Mariá- 
tegui”. de Fernández, O. (2010). Santiago de Chile. Ed. 
Quimantú. pp. 214. 


Algunas consideraciones sobre el 


fetichismo 


Osvaldo Fernández Díaz 


El Capital, no es un tratado de economía. Es fundamen- 
talmente la crítica de la economía política, entendiendo 
por tal no solo la crítica de la economía política burguesa, 
sino, principalmente, la crítica del sistema capitalista en 
su conjunto. Las dos categorías centrales de esta crítica 
son las de fetichismo y plusvalía. Por eso es preciso leer 
El Capital en clave de fetichismo y de explotación, sien- 
do la eliminación del fetichismo la base del desaparec- 
imiento del modo capitalista de producción. 


Porque el fetichismo deforma, invierte y oculta la real 
naturaleza de las relaciones sociales. 


Como tal el fetichismo es un concepto que afecta y es 
inherente a casi todas las relaciones económicas y socia- 
les de las sociedades en donde rige el modo capitalista 
de producción. De esta manera lo que empieza como el 
fetichismo de la mercancía, está presente también en el 
dinero y culmina en el concepto de capital. 


|, Antecedentes del fenómeno ideológico en la obra de 
Marx. 


1. El complejo fenómeno ideológico que falsea las rela- 
ciones sociales de la sociedad captalista, está presente 
en Marx desde sus escritos más tempranos. Heredados 
de Hegel, vía Feuerbach, los conceptos de alienación y 
reificación (o cosificación) se incorporan al discurso críti- 
co de Marx y no lo abandonan, incorporándose a la críti- 
ca de la economía política que éste pone en obra en El 
Capital. 


2. Por eso se puede afirmar que el examen del fenómeno 
fetichista, que se expone en El Capital, venía preparado 
por los conceptos de alienación, reificación, e ideología 
en general, que aparecen en las obras tempranas de 
Marx, tales como los Manuscritos económico-filosóficos 
de 1844 en La Ideología alemana de 1845, y en las Tesis 
sobre Feuerbach. 


3. En los cinco cuadernos donde Marx fue consignan- 
do sus primeras lecturas acerca de la economía políti- 
ca, y que en 1931 se publicaron como los Manuscritos 


económicos y filosóficos de 1844, se confronta ya con 
la “fórmula trinitaria” y la crítica de la economía política 
se despliega mediante el concepto de trabajo enajena- 
do, que desbarata la armonía que los economistas pre- 
tendían ilustrar mediante esta fórmula que habla de un 
equilibrio armónico de la sociedad burguesa. Según esta 
idea las tres clases que distingue la Economía política, 
los capitalistas, los terratenientes y los trabajadores, po- 
seen una fuente de riqueza (respectivamente el capital, 
la tierra y el trabajo). Estas fuentes les proporcionan, a su 
vez a los capitalistas su ganancia, a los terratenientes la 
renta del suelo y a los trabajadores su salario. 


4. En un desarrollo tripartito del concepto de trabajo 
enajenado, aparece el concepto de alienación. Que es 
la pérdida de sí mismo que el obrero experimenta en el 
proceso del trabajo, y la reificación, cuando el producto 
de su trabajo se alza como un poder frente al trabajador. 
Hay en estos conceptos un fuerte acento ético y de de- 
nuncia de la sociedad capitalista. 


5. En La ideología alemana, Marx utiliza y desarrolla el 
concepto de ideología para calificar el pensamiento de 
los filósofos neo-hegelianos, pero también explora los 
vínculos que existen entre la presencia de la ideología en 
la conciencia común, y el poder de la clase dominante, 
hasta llegar a la proposición de que la ideología que se 
impone, será siempre la ideología de la clase dominante 


6. Estos conceptos de alienación y reificación, vuelven a 
aparecer en los intersticios del proceso de fetichización 
tal como es expuesto en El Capital. Por ejemplo, la rei- 
ficación alude al hecho que en el capitalismo, lo que es 
una relación entre personas se presente, y adquiera la 
dureza de una relación entre cosas. 


7. O cuando Marx aclara que sólo la costumbre de la 
vida cotidiana hace posible la banalidad de esta mistifi- 
cación, aludiendo a los efectos ideológicos del fetichis- 
mo tanto en la conciencia común, como en la mente de 
los economistas. 


8. De modo que este sesgo crítico ético que el examen 
del fenómeno del fetichismo tiene en El Capital, provi- 


ene, como una herencia, de los primeros escritos sobre 
la economía política de Marx. De ahí que haya que con- 
siderar que la crítica de la economía política, reitera- 
damente anunciada por Marx, contiene este sesgo de 
denuncia ética que está presente en sus escritos tem- 
pranos. Esta es por lo demás la fuerza y el alto grado de 
atracción que los Manuscritos del 44 siguen teniendo. 


9. En el prólogo de la Contribución a la crítica de la 
economía política, que aparece en 1859, Marx junto con 
diseñar lo que puede ser la estructura de la sociedad cap- 
italista, a través de la metáfora de un edificio, presenta, 
dentro de este marco tanto el lugar como la significación 
de la ideología. La primera referencia a este fenómeno 
en el prólogo, se hace para señalar el lugar secundar- 
io, O casi sin importancia determinativa que juegan las 
“formas ideológicas” en la sociedad. Se está refiriendo 
a «...las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas 
o filosóficas, en una palabra las formas ideológicas en 
que los hombres adquieren conciencia de este conflic- 
to y luchan por resolverlo.» Queda, sin embargo abierta 
la pregunta de por qué esta conciencia de los hombres 
tiene una representación deformada de la realidad. La 
respuesta va a proporcionarla en El Capital, con el con- 
cepto de fetichismo. 


10. Antonio Gramsci al analizar este texto en los Cuad- 
ernos de la cárcel, comienza aceptando la escasa verdad 
que trasmiten estas formas ideológicas de la conciencia 
social, pero señalando, al mismo tiempo, que es ésta la 
única forma como los hombres, « adquieren conciencia 
del conflicto real y luchan por resolverlo». 


Con lo cual invita a reexaminarlas desde esta otra per- 
spectiva que lejos de minimizar las formas ideológicas 
las revitaliza relacionándolas como un mismo bloque 
histórico con las relaciones estructurales. 


11. Respondiendo a varias cartas, donde jóvenes intelec- 
tuales y políticos le planteaban interrogantes acerca de 
este prólogo a la Contribución, Engels aclara, precisa, e 
introduce modificaciones a este texto, las cuales pre- 
cisan el papel y la significación de las superestructuras. 
En primer lugar mediante la fórmula de que la base mate- 
rial determina “sólo en última instancia”, lo cual abre una 
reciprocidad causal, una cierta posibilidad de reversión, 
otorgándole a las formas ideológicas de la conciencia so- 
cial, la posibilidad de influir también en la base material. 
De esta manera restablece nexos, tanto entre ellas como 
de la manera que pueden influir sobre la base. 


II. Cómo y por qué el fenómeno del fetichismo aparece 
sólo en El Capital. 


12. En el Capital, el tema del fetichismo se abre con el 
apartado cuarto del primer capítulo destinado a la mer- 
cancía, que habla del “carácter fetiche de la mercancía 
y su secreto”. En el tercer tomo aparece en la sección 
séptima sobre “las rentas y sus fuentes”, en el capítulo 
48 que Marx destina a “La fórmula trinitaria”. 


13. El fetichismo forma parte de la crítica a la economía 
política, a) tanto por la forma como estas categorías apa- 
recen a la superficie de la sociedad falseando todas las 
relaciones sociales y humanas, como b) por la manera 





como la economía política la trata. 


14. En el capítulo que Marx destina a la fórmula trinitar- 
ia, hablando del comportamiento teórico de los econo- 
mistas vulgares, Marx dice lo siguiente: 


«En verdad, la economía vulgar, no hace más que in- 
terpretar, sistematizar y defender de manera doctrinal 
las ideas del agente del capital que está sometido a las 
relaciones de producción burguesas. Nada asombroso, 
entonces, que ella se sienta perfectamente cómoda en- 
tre las formas alienadas del sistema, con sus absurdos y 
sus contradicciones; pues toda ciencia sería superflua si 
la apariencia de las cosas coincidieran directamente con 
su esencia.» De esta proposición se desprenden varias 
consideraciones: 


a) En primer lugar, que el fetichismo es un fenómeno 
estructural ligado al proceso de reproducción del siste- 
ma capitalista. En efecto, mientras más oculta esa rel- 
ación interna, más natural y evidente se hace su fetichis- 
mo. 


b) Luego, captar la fuerza del impacto reificador sobre las 
relaciones sociales, supone el concurso y la intervención 
de la ciencia contenida en la crítica de la economía políti- 
ca. Marx propone para ello un método que comienza su 
recorrido yendo de lo concreto a lo abstracto para luego 
de terminado este primer recorrido reanudarlo desde lo 
abstracto a lo concreto; hacia otro concreto, que llama 
“concreto de pensamiento”. Este proceso presupone el 
despeje de todas las capas ideológicas que encubren las 
relaciones económicas reales. Este proceso está desar- 
rollado en El Capital. 


15. El fetichismo, no es un accidente, o algo transitorio, 
de la mercancía o de otra categoría. Es, al contrario, un 
aspecto constitutivo y concomitante a la reproducción 
del sistema capitalista, y como tal está presente y es in- 
herente a todas sus categorías centrales. Es una defor- 
mación de base que constituye y acompaña la génesis 
de las categorías económicas, particularmente a las cat- 
egorías de mercancía, dinero y capital. 


Marx define este fenómeno como una inversión del pro- 
ceso productivo, que acaece desde que todo el proceso 
productivo comienza a regirse por el mercado. 


16. El fetichismo es un proceso de inversión y de 
suplantación a la vez, en donde las relaciones sociales 
de producción, que suponen una relación básica de per- 
sonas es trastrocada por una relación entre cosas. De tal 
manera que aquello que en la base constitutiva de las 
categorías era una relación entre productores aparece 
como ahora como una relación entre aquellas cosas que 


son sus productos. 


17. Mientras más se desarrolla el capitalismo, mas au- 
menta la forma como sus categorías ocultan la realidad 
de las relaciones sociales, El fetichismo es, entonces, el 
resultado de un proceso creciente de ocultamiento. 


18. El análisis del proceso del fetichismo es un discur- 
so paralelo en El Capital, a la exposición del proceso de 
reproducción del sistema capitalista. Ya la elección de la 
categoría con que comienza el modo de la exposición, 
involucra al fetichismo. La mercancía lo supone. ¿Por 
qué se parte con la mercancía? Porque la mercancía es 
a la vez premisa y resultado. Todo en esta sociedad es 
mercancía. Y esta categoría que aparece en nuestra so- 
ciedad como algo que va de suyo, algo banal y cotidiano 
alberga desde su aparición un carácter profundamente 
negativo que va a hacer del hombre, del productor, de 
la fuerza de trabajo una mercancía, y por lo tanto, una 
cosa. El proceso de la producción capitalista comienza, 
con la mercancía y culmina con ella. Al comienzo y al fi- 
nal hay una inmensa acumulación de mercancías. 


Estas referencias intentan presentar el fenómeno del fe- 
tichismo en toda su complejidad. De partida, más que 
de alienación, o de ideología, el Capital nos habla de una 
inversión de las “relaciones sociales entre las personas” 
en una “relación social entre las cosas”. Pero desde ya la 
misma descripción del proceso introduce la reificación 
dentro de su contenido. 


El texto orienta la mirada hacia un proceso previo, origi- 
nario, y determinante de inversión, que expresado en el 
lenguaje todavía sin pasión del movimiento de las rela- 
ciones de producción, señala un cambio de estructura, 
una modificación en la disposición de los elementos, 
cuya forma es lo primero a examinar si queremos medir 
después, desde el punto de vista de los contenidos, el 
impacto que este proceso, que Marx define como fe- 
tichismo y que está presente en todas aquellas socie- 
dades en donde rige el modo capitalista de producción. 
Este proceso de inversión es, hasta tal punto constitu- 
tivo de las categorías económicas capitalistas, que se 
puede llegar a decir, que la forma económica se consti- 
tuye en cuanto tal, y por lo tanto, pasa a ser una cate- 
goría económica relevante del punto de vista capitalista, 
sólo en cuanto contiene esta inversión. Pero contiguo 
a este proceso de inversión se origina un proceso de 
ocultamiento. En efecto, la relación no sólo invierte su 
verdadero contexto sino que oculta su sentido real. No 
se presenta tal como es ante la conciencia de los indi- 
viduos. No anuncia su color, sino que por el contrario 
avanza enmascarada. Así aparece como algo de suyo ba- 
nal y cotidiano, el papel privilegiado que la cosa asume 
en esta relación; como una representación corriente, del 





tipo de aquéllas que dan base y sustento a las ideas más 
asentadas y sólidas del sentido común; como un dato 
siempre a la mano, fijo, inmóvil, del cual se parte, o al 
cual se toma como seguro punto de partida. Esta es la 
tenebrosa apariencia de la cotidianidad en nuestra so- 
ciedad. 


Su fuerza proviene precisamente del hecho que se pre- 
senta como algo obvio. De ahí también la forma sólida 
y concreta que esta figura reificada asume para la con- 
ciencia habitual. Es por eso que a este nivel, la imagen 
corriente, natural, no sólo aparece como lo concreto 
sino que funciona como tal. No basta que se conozca 
su esencia para que el efecto que provoca desaparezca. 


Desde que Marx dice que la mercancía singular es “la 
forma elemental” de la riqueza de las sociedades donde 
impera el modo de producción capitalista, y que su in- 
vestigación comienza por el análisis de la mercancía”; 
el fetichismo ya ha ocupado un lugar dentro de la casa, 
como una relación de las personas, bajo la apariencia de 
una relación entre cosas. Pese a la solidez de las formas 
que va asumiendo el proceso del fetichismo, a medida 
de su desarrollo, se revela como un enmascaramiento, 


que se acrecienta desde el carácter incipiente que tiene 
en el caso de la mercancía, hasta las formas obnubilantes 
que asume cuando se trata de categorías más complejas 
como lo son las de dinero y capital. 


Esto señala, por otra parte, el carácter plenamente cap- 
italista del fenómeno del fetichismo, pues, aunque su 
perfección sólo pueda alcanzarse en las formas más el- 
evadas, ya está presente en la elemental mercancía, que 
desde un comienzo, en el modo capitalista de produc- 
ción surge como una categoría cabal y plenamente bur- 
guesa, con toda la negatividad y la fuerza de una cosa. 


Esta mistificación constituye, entonces, un proceso 
paralelo al desarrollo de las relaciones capitalistas de 
producción, cuya cosificación y el efecto fetichista que 
proviene de dicha cosificación, invade la totalidad del 
mundo en que vivimos, contamina todas las relaciones 
humanas y sociales, y seguirá estando presente, mien- 
tras haya capitalismo, y sigan circulando las mercancías, 
el dinero y los capitales. 


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