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Full text of "Moreno De Los Arcos, R. Ensayos De Historia De La Ciencia Y La Tecnología En México [2017]"

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[Ez] 
Ensayos de historia de la ciencia dm 
AENA TERA) 
Primera serie 


Roberto Moreno de los Arcos 





NA 


Universidad Nacional Autónoma de México 
México 2017 


Ensayos de historia de la ciencia y la tecnología 
en México 





Resumen 


Cuidadoso e ilustrativo trabajo sobre la vida y la obra de 
destacados científicos novohispanos, españoles y mexicanos, 
como José Ignacio Bartolache, Antonio de León y Gama, 
Francisco Antonio Bataller y fray Juan Navarro. También 
hay un apartado dedicado al adelanto de la ciencia durante 
el periodo de la Revolución Mexicana. 

Abstract 

Careful and inllustrative work about the life and work of 
prominent Novo- Hispanic, Spaniards and Mexican scientists, 
as José Ignacio Bartoloache, Antonio de León y Gama, Francis- 
co Antonio Bataller and fray Juan Navarro. Also there's an 
appendix dedicated to the advance of science during the Mexi- 
can revolution period. 


Eogreative 


commons 


Los contenidos de este libro pueden ser reproducidos 
en todo o en parte, siempre y cuando se cite la fuente 
y se haga con fines académicos y no comerciales 





Ensayos de historia de la ciencia y la tecnología en México 
Roberto Moreno de los Arcos 
Historia de la Ciencia y la Tecnología / 2 
Primera edición electrónica en epub: 2017, de acuerdo con la tercera edición en 
papel de 1986 
DR O 2017. Universidad Nacional Autónoma de México 
INSTITUTO DE INVESTIGACIONES HISTÓRICAS 
Circuito Mtro. Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria 
Coyoacán, 04510, Ciudad de México 
ISBN 978-607-02-8291-1 


o | 


Moreno de los Arcos, Roberto, autor. 


Ensayos de historia de la ciencia y tecnología en México. Primera Serie / Rober- 
to Moreno de los Arcos (Historia de la Ciencia y la Tecnología, 2) 
1 recurso electrónico 
Libro epub 
ISBN 978-607-02-8291-1 

Cómo citar: 
Moreno, Roberto, Ensayos de historia de la ciencia y tecnología en México (prime- 
ra edición en formato epub), México, Universidad Nacional Autónoma de Méxi- 
co, Instituto de Investigaciones Históricas, 2017 (Historia de la Ciencia y Tecno- 
logía, 2). 


Ensayos de historia de la ciencia y la tecnología en México 
Libro electrónico editado por el Instituto de Investigaciones Históricas, 
UNAM, se terminó de producir el 31 de enero de 2017. 
La edición electrónica en formato epub 2.0 (21.8 MB) estuvo a cargo del De- 
partamento Editorial del Instituto de Investigaciones Históricas, Circuito 
Mtro. Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, Coyoacán, 04510, Ciudad 
de México. 
Participaron en la edición: Rosalba Cruz (edición de proyecto), Natzi Vil- 
chis (editor técnico), David Martínez y Andrés Pliego (digitalización), Emma- 
nuel Olvera (producción de archivos), Mónica Torres y Giselle Villaseñor 
(lectura de pruebas), Eduardo Besares y Luis Correa (verificación de conteni- 
dos), Carmen Fragano (administración de contenidos). 





Las opiniones expresadas por los autores no necesariamente reflejan la postura 
del editor de la publicación ni de la UNAM 


Hecho en México/Made in Mexico 





UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO 


MÉXICO 2017 


PRESENTACIÓN 

e recogen en este libro ocho ensayos, escritos 

entre 1970 y 1982, sobre historia de la ciencia y la 

tecnología mexicanas. Su enfoque y contenido es 

muy variado pues los hay tanto de simple recopilación eru- 

dita como de reflexión sobre aspectos generales. Casi todos 

se publicaron en distintas revistas especializadas de manera 

que se dificulta su localización, lo que justifica recopilarlos, 

pues de alguna manera ofrecen un panorama de la ciencia 

mexicana desde la penetración de la ciencia occidental hasta 
la década de 1940. 


El primero de los ensayos, el más antiguo, representó un 
esfuerzo —algo fallido— por perseguir, en la literatura natu- 
ralista del siglo xv1, la imagen de Plinio y su decisiva influen- 
cia sobre los científicos españoles que iniciaron la descrip- 
ción del Nuevo Mundo. Aunque ahora seguramente le daría 
un enfoque distinto al tema, lo publico tal como apareció en 
su tiempo por la consideración de que muestra una faceta 
posible en la historia de la ciencia y por la información que 
reúne sobre los naturalistas del siglo xv. [ 1 ] 


El segundo ensayo “Aspectos de la tecnología en la colo- 
nia novohispana” fue leído en 1980 en el simposio sobre “En- 
foques de la historia de la ciencia y la tecnología en países 
de habla hispana”. Su propósito es el de presentar algunas 
reflexiones sobre el proceso tecnológico en el México colo- 
nial y la forma más conveniente de estudiarlo. [ 2 ] 


La ponencia “Astronomía mexicana del siglo xvm” fue leída 
en el Simposio de Historia de la Astronomía que se efectuó 
en la ciudad de Ensenada en abril de 1982. Su intención es la 
de presentar un panorama de lo mucho que existe en ese 


campo y lo poco que se ha trabajado. La simple enumeración 
de los impresos y manuscritos y de los catedráticos y autores 
muestra la riqueza y complejidad de la astronomía dieci- 
ochesca, que ha de trabajarse con el mayor rigor. [ 3 ] 


El cuarto ensayo, sobre el médico José Ignacio Bartolache, 
incluye el texto de la introducción al periódico Mercurio Vo- 
lante. [ 4 ] Con ciertas reformas al orden que se le dio para el 
libro queda una breve biografía del personaje. [ 5 ] 


Otro ensayo biográfico se ocupa del historiador y astróno- 
mo Antonio de León y Gama. En este caso se suprime del 
texto anteriormente publicado toda la parte referente a los 
escritos históricos, tanto porque no son científicos como 
porque he seguido encontrando nuevos materiales sobre el 
particular. De esta suerte, se muestra nada más el aspecto 
del personaje como astrónomo y autor de textos médi- 
cos.[ 6] 

Otro más se dedica al científico español Francisco Anto- 
nio Bataller, con la publicación de un expediente de la rela- 
ción de sus méritos y servicios. De esta manera se precisan 
muchos datos biográficos que se desconocían por comple- 
to. [7] 

La obra de historia natural del fraile lego Juan Navarro se 
estudia en otro artículo. El manuscrito que en este ensayo se 
describe sigue inédito a pesar del gran mérito de sus ilustra- 
ciones. [ 8 ] 

El último ensayo, sobre la ciencia en la Revolución mexi- 
cana, se presentó en un simposio sobre ciencia y revolución 
celebrado en Boston en febrero de 1976. La versión en inglés 
se publicará en las memorias de aquella reunión. Esta es la 
primera edición en castellano. 


No intento con esta recopilación establecer ningún tipo de 


6 


preceptiva sobre cómo enfrentar nuestra historia de la cien- 
cia y la técnica. Refleja cada uno de los textos la índole de 
mis preocupaciones en aquellos años. Si aún tienen interés 
será tan sólo por la dosis de esfuerzo que les puse. 


Ciudad de México, 10 de octubre de 1983 


A la memoria del ingeniero Alfonso Cornejo Canalizo, 
mi maestro de la historia de la ciencia 


I. DEPLINIO Y LA HISTORIA 


NATURAL EN NUEVA ESPAÑA 





[Ir al Contenido] 


I. DE PLINIO Y LA HISTORIA NATURAL EN NUEVA 
ESPANA 
l inicio de la era cristiana vio aparecer un perso- 
naje a todas luces singular. Erudito hasta la manía, 
Caius Plinius Secundus logró la suma de todos los 
conocimientos naturales de la Antigiledad. Plinio (para darle 
su nombre castellano) nació en Como en el año 23 y murió, 
según refiere su sobrino, en la primera erupción del Vesubio 
en el año 79; se había aproximado demasiado a observar el 
fenómeno. Plinio el Viejo, llamado así para distinguirlo de su 
pariente Cayo Plinio Cecilio, dedicó todo el que pudo del 
tiempo de su vida al aprendizaje de los hechos naturales a 
fin de escribir un libro que contuviera toda la ciencia natu- 
ral; llevó su rigor y disciplina a límites increíbles: en la comi- 
da y el baño hacía que le leyeran, y una vez regañó a su so- 
brino por perder el tiempo. Plinio Cecilio lo relata así: 
“Acuérdaseme haberme reprehendido una vez que me vio 
pasear diciendo que pudiera no perder aquellas horas, por- 
que él tenía por averiguado perecer todo el tiempo que no se 
gastaba en estudiar” (Carta a Marco). Lo curioso del caso de 
Plinio es que, con cierta injusticia, la fortuna lo favoreció 
con la celebridad, casi por la pura circunstancia de que su 
obra es la única que se conserva sobre la historia natural an- 
tigua (descontando los pequeños opúsculos de Aristóteles: 
De generatione animalium, Historia animalium y De partibus 
animalium, que deben verse dentro del marco del pensa- 
miento aristotélico y no como la obra de Plinio, más descrip- 
tiva de particularidades que inquisitiva sobre las causas). 


La magna Historia natural consta de 37 libros y, según 


10 


anota el propio Plinio, recoge: “veinte mil cosas dignas de 
cuidado [...] con lección de casi dos mil volúmenes [...]”. Ahí 
se pueden leer infinitos datos sobre los continentes y su ori- 
gen, los ríos de la tierra, los animales que la pueblan y que 
van desde los elefantes hasta el ave fénix, las plantas comu- 
nes y la mandrágora de fuertes propiedades afrodisíacas que 
grita como un hombre cuando se la arranca, y los minerales 
con sus notables virtudes. El plan de la obra cubre todas las 
informaciones de la forma siguiente: Libro l, prefacio y lista 
de autoridades; Libro II, meteorología y astronomía; Libros 
IM-VL, geografía; Libro VIL el hombre; Libros VII-XI, zoolo- 
gía; Libros XII-XXVIL botánica y farmacología; Libros XX- 
VIM-XXXIL, medicamentos animales; Libros XXXIT-XXXVIL, 
mineralogía y técnicas mineras. 


Pese a su circunspección, Plinio intentó realizar en un 
solo volumen la síntesis de la naturaleza. Tal esfuerzo, a 
todas luces elogiable, no es único: cae dentro de las ambicio- 
nes humanas. El mayor problema que plantea la obra plínica 
es, precisamente, la abundancia de la información, lo que 
ocasiona que algunos autores la consideren ligera y poco es- 
tricta. 


Aldo Mieli, el más consciente de los historiadores de la 
ciencia en lengua española juzga con severidad a Plinio: 
“Con todo, el sabio Plinius es un hombre estudioso y erudito, 
pero que, al lado de una paciencia sin límites, tenía una in- 
comprensión total por todo lo que es ciencia, naturaleza, ob- 
servación”. [ 9 ] Posteriormente, confiesa Mieli que la obra 
de Plinio es “una mina insustituible de informaciones sobre 
la ciencia antigua”. Creo que no puede ser otro el juicio de 
un estricto historiador de la ciencia; pero también que el fi- 
lósofo, el historiador de las ideas y el literato disfrutan 


11 


mucho más con la visión plínica de la naturaleza, tal como 
ha llegado a nuestros días, y que la riqueza de esta obra no 
estriba en la exactitud. No se debe pedir al romano que em- 
pleara métodos de la ciencia moderna, en cambio, puede vér- 
selo como un notable naturalista antiguo, verídico y desapa- 
sionado, que logró ejercer una influencia gigantesca que 
arrastramos hasta estos días. 


Ingente labor la del que intente reunir en una lista todas 
las ediciones que existen de la Historia natural, trabajo tanto 
más formidable cuanto que durante algunos siglos las princi- 
pales imprentas europeas fatigaron sus prensas con edicio- 
nes del Plinio, al grado que, según Mieli, el libro que nos 
ocupa comparte con la Biblia y los Elementos de Euclides el 
récord de ediciones. Desde la edición príncipe veneciana en 
1469, hasta 1799, se tiene noticia de 190 ediciones. [ 10 ] 


Decisiva para los estudios de la naturaleza fue la obra de 
Plinio: método, ideas, sistematización de fuentes y espíritu 
erudito norman todos los trabajos de historia natural hasta 
el siglo xv. A partir de entonces las nuevas obras van rele- 
gando al olvido la Historia natural; finalmente Linneo es el 
golpe de gracia a la popularidad de Plinio: el Renacimiento 
se había acabado y la Era moderna encontraba nuevos méto- 
dos de investigación científica. 

Empero, la influencia ejercida por el sabio romano alcanzó 
alturas insospechadas y la exploración del Nuevo Mundo le 
insufló más vida. La naturaleza americana ejerció una alta 
fascinación en las mentes de los europeos; no se sabe, al leer 
sus escritos, si es más maravillosa la real que la fantástica. Al 
hombre le agradan las manifestaciones extrañas de la natu- 
raleza, con tanta intensidad que, no satisfecho con las que a 
cada paso saltan a su vista, imagina otras, pobres siempre, 


12 


simples mezclas de elementos naturales. Así, en América se 
buscaron aquellas especies que Plinio menciona y que no se 
encontraban en otras partes, añadidas con otras que la espe- 
ranza y el deseo de estremecimiento inventaron los primeros 
exploradores. A esto hay que aumentar la zoología fantástica 
de los indígenas, también muy variada. [ 11 ] 


Plinio fue utilizado por los teorizantes de la Conquista, los 
cronistas y los pensadores europeos del siglo xv como una 
de las fuentes de más autoridad para la demostración de sus 
ideas. Es corriente ver citado al romano en los tratados sobre 
las partes del mundo, aunque en este caso la realidad física 
de un inmenso continente refutó las aseveraciones del erudi- 
to latino. Sin embargo, ahora sólo me referiré a la decisiva 
influencia de Plinio en las obras de los cronistas de Nueva 
España que se acercaron al estudio de la historia natural. 
Fundamentalmente, la manera en que la Historia natural fue 
norma para los renacentistas escritores de la naturaleza 
americana. 


Pedro Mártir de Anglería, primero de los cronistas de In- 
dias, logró en sus famosas Décadas del Nuevo Mundo dar una 
fresca visión a los europeos del proceso de exploración en 
América, basada en las noticias que llegaban a la corte. Sus 
epistolas, escritas en distintas fechas, relatan cada paso de la 
secuencia colonizadora y descubridora de realidades natura- 
les. Siendo uno de los primeros teorizantes del problema de 
un continente nuevo, no develado, se apoya con regular fre- 
cuencia en testimonios antiguos y recae en Plinio. Ante la 
insospechada grandeza de los sucesos americanos y la fasci- 
nación de la naturaleza recién revelada, Mártir precisa justi- 
ficación para ciertas partes de su obra y su espíritu renacen- 
tista, con fuerte impronta medieval, recurre a Plinio. En un 


13 


párrafo de su Década III libro IX (1514-1516), dedicada a 
León X, se refiere a diversas especies naturales americanas y 
se previene contra las personas envidiosas que le criticarán 
por distraer al papa con insignificancias mediante este argu- 
mento: 


Pero yo quisiera que los tales me dijeran si Plinio y otros hombres insig- 
nes por su ciencia propusieron, al dirigir escritos como el presente o pareci- 
dos a los potentados, aprovechar sólo a los príncipes con quienes trataban: 
mezclaban ellos lo brillante con lo oscuro, lo grande con lo pequeño, lo im- 
portante con lo menudo, a fin de que la posteridad, con ocasión de lo princi- 
pal, disfrutase con el conocimiento de todo, y les fuese dado a los que vivían 
atentos a las cosas particulares y sentían inclinación por las novedades lle- 
gar al conocimiento especial de regiones y comarcas, productos de las tie- 
rras, costumbres de los pueblos y naturaleza de las cosas. [ 12 ] 


Y más adelante encuentra la plena justificación para escri- 
bir sobre cosas que no vio en el ejemplo de Aristóteles y Pli- 
nio: 


Autorizándome yo con el ejemplo de Aristóteles y de nuestro Plinio, me 
atreveré a referir y poner por escrito lo que algunas personas sobresalientes 
por su autoridad osaron proferir, pues ni aquél escribió acerca de la natura- 
leza de los animales lo que alcanzó a ver por sí mismo, sino lo que exclusiva- 
mente le contaron las personas que Alejandro de Macedonia envió a investi- 
gar con grandes gastos, ni Plinio anotó innumerables cosas dignas de re- 
cuerdo más que ateniéndose al testimonio oral de otros sujetos. [ 13 ] 


Hasta aquí Plinio en Mártir de Anglería. Lo usa también 
para la polémica del continente nuevo, pero ese tema no es 
para mi intento. Aparece claro que no se podía usar más la 
obra de Plinio sin la intención de escribir sobre la historia 
natural americana. Esta labor reconoce a Gonzalo Fernández 
de Oviedo como precursor. 


Dos son las obras principales de Fernández de Oviedo: la 
vasta Historia general y natural de las Indias, islas y tierra 
firme del Mar Océano (figura 1), obra que entraña un enorme 
y continuo esfuerzo de años, y el resumen de la parte natu- 
ral, el Sumario de la natural historia de las Indias, elaborado 


14 


en un viaje y, sin contar con su material, de memoria. 


pUlícdoocla naturalby 

BRoríadelas Indías. 

CL£onpreuilegiovela 
SSI. 


EA 


S 
(PAE =) 





Figura 1 


Portada de Historia general y natural de las Indias, islas y tierra firme del Mar 


Océano, de Fernández de Oviedo 


El Sumario es el primero, y fue escrito hacia 1526; consta 
de 85 capítulos, de los cuales 61 están dedicados a la zoolo- 
gía americana, 19 a la botánica y cinco a diversas particulari- 
dades de cosas. [ 14 ] La diferencia principal con la obra de 
Mártir está en que Oviedo conoció la naturaleza americana y 
la observó y anotó. Por ello puede decir con serenidad sobre 
sus fuentes de conocimiento: 


La cosa que más conserva y sostiene las obras de natura en la memoria de 
los mortales son las historias y libros en que se hallan escritas; y aquéllas 
por más verdaderas y auténticas se estiman, que por vista de ojos el comedi- 
do entendimiento del hombre que por el mundo ha andado se ocupó en es- 
cribirlas, y dijo lo que pudo ver y entendió de semejantes materias. Ésta fue 


15 


la opinión de Plinio, el cual, en su volumen dirigido a Vespasiano empera- 
dor, escribió; y como prudente historial, lo que oyó, dijo a quién, y lo leyó, 
atribuye a los autores que antes de él lo notaron, y lo que él vio, como testi- 
go de vista acumuló en la sobredicha su historia. Imitando al mismo, quiero 
yo, en esta breve suma, traer a la real memoria de vuestra majestad lo que 
he visto en vuestro imperio occidental de las Indias, islas y tierra firme del 
Mar Océano, donde ha doce años que pasé [...][ 15 ] 


Pero es en la Historia general donde más se aproxima a la 
emulación de la obra de Plinio. Esta obra la comenzó a escri- 
bir en 1535, con la experiencia de muchos años vividos en 
América. [ 16 ] El proyecto que realizó era el más ambicioso 
y el libro es, como el de Plinio, de vastos alcances. En Oviedo 
nos encontramos ya la Historia natural como modelo para 
los tratados sobre la naturaleza americana. Las citas a Plinio 
empiezan con la obra. En la dedicatoria al rey le dice: “En 
todo recompense Vuestra Magestad con mi desseo las faltas 
de la pluma: pues dixo Plinio de la suya en el prohemio de la 
Natural historia, que es cosa difícil hacer las cosas viejas 
nuevas, é á las dar autoridad y a las que salen de lo acostum- 
brado, dar resplandor, é á las obscuras, luz; y á las enojosas, 
gracia; é á las dudosas, fé”. [ 17 ] Bien, pero esta imitación 
del sabio latino no es servil (lo refuta ampliamente en oca- 
siones) y entiende que no se debe repetir su obra, por lo que 
comenta que no incluirá las generalidades que se pueden ver 
en Plinio (más tarde, Francisco Hernández llevó esta idea a 
sus últimos límites). El propio Oviedo aclara su método: 


Mas porque en alguna manera yo entiendo seguir, o ymitar al mismo Pli- 
nio, no en decir lo que él dixo (puesto que en algunos lugares sean alegadas 
sus autoridades, como él lo fizo, confesaré lo que él aprueba en su introduc- 
ción; donde dice, que es cosa de ánimo vicioso y de ingenio infelice, querer 
más ayna ser tomado con el hurto que volver lo que le fue prestado, máxime 
aviándose capital de la usura; pues por no incurrir en tal crimen, ni descono- 
cer al Plinio lo que es suyo (quanto á la invención y título del libro) yo le 
sigo en este caso. [ 18 ] 


Oviedo confiesa después que en lo único que se apartará 


16 


del maestro es en el relato del descubrimiento y conquista. 
Así, divide su obra en tres partes, con un total de 50 libros; la 
primera parte, de 19 libros, está completamente dedicada a la 
historia natural, la tercera también incluye este género de 


noticias. 


No sólo nuestro cronista se propone seguir a Plinio, sino 
que lo realiza conscientemente; el capítulo 1 del libro II se 
llama: “De las opiniones que hay cerca á quien dirigió Plinio 
su libro de la Natural Historia: é también relatando en parte 
sumariamente las materias, de que se trata en este libro se- 
gundo”. En él proporciona una confusa explicación de la 
forma en que sigue la Historia natural. Éste es, desde luego, 
uno de los más notables esfuerzos en torno a los estudios de 
historia natural. Sin embargo, no fue definitivo. 


Enemigo jurado de Oviedo fue fray Bartolomé de las 
Casas. En 1527 empezó su Historia de las Indias, opuesta a la 
obra de aquel cronista. Escaso es el material de las Casas 
sobre este tema, aunque debe confesarse que la historia que 
le interesaba era política. Hace este autor una enumeración 
de autoridades antiguas, entre las que incluye a Plinio, si 
bien cuando explica el orden de su Historia, según los auto- 
res a los que imita, no aparece el naturalista romano. Las re- 
ferencias son breves y tendientes al problema del Nuevo 
Mundo. [ 19 ] 

Dando un salto en el tiempo, aparece en 1590 la obra de 
José de Acosta. Su Historia natural y moral de las Indias (fi- 
gura 2) es de importancia trascendental en los terrenos del 
pensamiento español sobre el continente nuevo. La obra del 
jesuita Acosta marca una importante etapa en la cosmovi- 
sión europea, magistralmente analizada por Edmundo 
O'Gorman en la edición que preparó para el Fondo de Cultu- 


17 


ra Económica. [ 20 ] Buena parte del libro se refiere a cues- 
tiones naturales, aunque no con la acuciosidad de Oviedo: 
Acosta se interesa más por reducir el continente a una nueva 
visión del mundo; por ello, cuando invoca a Plinio, es para 
disculparse de no intentar imitarlo: 


Si de estas cosas naturales de Indias —dice— se hubiese de escribir copio- 
samente y con la especulación que cosas tan notables requieren, no dudo yo 
que se podría hacer obra que llegase a las de Plinio, y Teofrasto y Aristóte- 
les. Mas ni yo hallo en mí ese caudal, ni aunque le tuviera, fuera conforme a 
mi intento, que no pretendo más de ir apuntando algunas cosas naturales 
que estando en Indias vi y consideré, o las oí de personas muy fidedignas, y 
me parece que no están en Europa tan comúnmente sabidas. [ 21 ] 


Este párrafo se encuentra en el capítulo 1 del libro 1, inti- 
tulado: “Que la historia natural de cosas de las Indias es apa- 
cible y deleitosa”. 


HISTORIA 


NATVWRAL 
MORAL DELAS 


INDIAS, 


EN QVE SE TRATAN LAS COSAS 
notables del cielo, y elementos, metales plantas, y ani- 
males dellas: y los ritos y ceremonias, leyes, y 
gouierno, y guerras delos Indios. 


Compucfta por el Padre 1ofeph de Aco/ha Religiofo 
dela Compañia de Iefiws. 


DIRIGIDA ALA SERENISSIMA 
Infanta Doña labella Clara Eugenia de Auftria. 





Año de 159.0. 


Figura 2 


Portada de Historia natural y moral de las Indias, de José de Acosta, 1590 


18 


Para los propósitos de Acosta, Plinio ya no es materia 
prima de altas consideraciones. Lo utiliza poco, tal vez por 
haberse dado cuenta de que la realidad americana no entró, 
definitivamente, en los cálculos del romano y por ello no 
concuerda con sus propósitos. El jesuita español elogia a 
Dios por permitir conocer las Indias: 


[...] En fin, es bien considerar la providencia y riqueza del Creador, que 
repartió a tan diversas partes del mundo tanta variedad de árboles y frutales, 
todo para servicio de los hombres que habitan la tierra; y es cosa admirable 
ver tantas diferencias de hechuras, y gustos y operaciones no conocidas ni 
oídas en el mundo, antes que se descubriesen las Indias, de que Plinio y 
Dioscórides, y Teofrasto, y los más curiosos, ninguna noticia alcanzaron con 
toda su diligencia y curiosidad. [ 22 ] 


Una cita más de Acosta: al hablar de las minas comenta: 
“esto es de Plinio, que aunque habla como historiador de en- 
tonces, más parece profeta de agora”. [ 23 ] Curiosamente 
Feijoo es uno de los primeros en llamar “Plinio del Nuevo 
Mundo” a un cronista, y le adjudica el título al P. Acosta. 
[24 ] 

A partir de Acosta empieza la disolución de la influencia 
de Plinio en los escritores de las Indias en general, y en par- 
ticular de la Nueva España. La sorpresa había pasado y Amé- 
rica ya se ajustaba en la mentalidad europea, su naturaleza 
formaba parte del patrimonio general y se estaban experi- 
mentando nuevos métodos de conocimiento científico. 


Un año posterior a Acosta (1591); es un oscuro personaje, 
taumaturgo a medias y a medias charlatán, pero de enorme 
vitalidad y atractiva pedantería: el doctor Juan de Cárdenas, 
autor de un libro llamado Problemas y secretos maravillosos 
de las Indias (figura 3). En él vuelca con entusiasmo inconte- 
nible la última de las visiones plínicas y aristotélicas de la 
naturaleza americana. Le interesan más las cosas extrañas 


19 


imposibles que las que existen a su vista. En su afán de abul- 
tar las maravillas de las ya no tan nuevas tierras, acusa ver- 
daderas irreverencias al naturalista latino, y tranquilamente 
se pone a comparar las asombrosas especies de Plinio con las 
mejores que él escribe: 


[...] qué pudo decir ni encarecer Plinio del cocodrilo, que no escriba el fi- 
lósofo indiano del caimán de esta tierra, pues cotejadas sus propiedades con 
las del cocodrilo, son las del caimán muy más notables, y excelentes que se 
cuentan del elefante, que no haya mucho más en el rinoceronte de la India 
Oriental [...] Pues si en el mundo hubo sierpes y culebras ¿dónde las pudo 
haber mayores que en esta tierra de las Indias? Pues hierbas, frutas, pesca- 
dos y animales, ¿qué libros serían bastantes para poderlo todo poner en 
suma? He dicho todo esto y usado de este preámbulo para que con razón se 
entienda la lástima de esta tierra, pues a ella sólo faltaron escritores que 
ilustrasen y engrandeciesen sus cosas. [ 25 ] 


Si bien no lo declara abiertamente, nuestro Cárdenas 
piensa que su obra sobrepasa a la de Plinio en maravillas, 
como comprueba este orgulloso párrafo: “Todo esto parecerá 
que por ser cosas casi sabidas de todos no causarán aquella 
admiración que las cosas que en su natural historia refiere 
Plinio, yo lo confieso así. Pero por remate de este capítulo 
contaré con verdad y certísimo testimonio, de gente que lo 
ha visto, cosas que si sólo las oyera Plinio, quedara absorto y 
espantado”. [ 26 ] Pasa enseguida a referir ciertos hechos 
como el árbol que si se raspa en un sentido es un mortal ve- 
neno y si se lo raspa en el sentido contrario se obtiene el 
contraveneno, o aquellas plantas medicinales de los indios 
que curan a hombres casi despedazados. Con todo, el libro 
de Cárdenas es importante y ameno. 


20 


PRIMERA PARTE 
DELOS PROBLEMAS, 
y lecieros. maravillofos de las 
ludias. Compuefta por el Do- 
€tor luan de Cardenas 
Medico, 

Dirigida al lloRtrilsimo Señor Don Luys 
de Velalco, Virrey da nueva Elpaña. 





Con Licencia. En Mexico, En cafa de 
Pedro Ocharte.Añod 1531. 


Figura 3 


Portada de Problemas y secretos maravillosos de las Indias, de Juan de Cárdenas, 
1591 


El siglo xv1n marca ya la muerte de la obra de Plinio. Los 
escritores dejan de citarlo como modelo y cada vez las men- 
ciones a su libro son más espaciadas. El gradual alejamiento 
del romano se nota en todos los autores que se interesan por 
la historia natural. Medio astrólogo también, formidable in- 
geniero y tipógrafo y hombre de gran imaginación, Henrico 
Martínez dejó una obra de cierta importancia: el Reportorio 
de los tiempos e historia natural de Nueva España (figuras 4 y 
5). Pese al tema y al método, casi no aparece Plinio: tres citas 
existen, sólo con referencia a síntomas de enfermedades. 
[ 27 ] Tres veces también aparece el romano en el Teatro me- 
xicano de Vetancurt, escrito a finales del siglo xvn; las refe- 
rencias son pequeñas y da la impresión de refutarlo cono- 


21 


ciéndolo de segunda mano. Y Vetancurt dedica toda la pri- 
mera parte a la historia natural. [ 28 ] 


REPORTORIO: 


DE LOS TIEM. 


POS, Y HISTORIA NATVRAL 
DESTA NVEVA ESPANA. 


(63) 
Compuefto por Henrrico Martinez, Cofmograpbo de fu Ma- 
¿e ftad ? Interprete del Sanéto Officio defle Reyno. 


E . . 
Diri gido al Excellentifsimo 
Señor Don luan de Mendoga y Luna Marques de 


Montefclaros, Virrey, Gouernador, Prelidente y Cappi. 
tan General por el Rey noefiro Señor eo eda Nueva Blpaña Bco 






A e Da 





CON LICENCIA Y PRIVILEGIO. 
Mexico. 


a 
Enla Emprenta del mefwo autor eño de 1 606. 


Figura 4 


Portada de Reportorio de los tiempos e historia natural de Nueva España, de 


Henrico Martínez, 1606 


22 


L 40000, echijunedoz: denota el mes de Margo, yla 
A. el mesdo Abril, y laotra M. el mes de Mayo, y lal, Lunio 

le orre 1. 1ulio, y lo mifro fe ade entéder de las demas lerras que ca. 
da vaa fgrifica fu mes, y vale fucefion dellos de lamanoderecha axis 
Taixquierda. cocos 


Horas del dia. 








Horas de noche, 


PoreJe entre el pligo D,y E. A pag. 364 


Figura 5 


Calendario y reloj basado en los signos zodiacales, en Reportorio de los tiempos e 


historia natural de Nueva España, de Henrico Martínez, 1606, p. 36 


Producto del siglo xvm son las expediciones científicas y la 
fundación del Jardín Botánico. Las ciencias naturales se 
vuelven más exactas y concurridas, y Plinio deja de mencio- 
narse. No ocurre lo mismo con Francisco Hernández, su 
magnífico continuador del siglo xv. 


La historia del libro de Francisco Hernández es bien cono- 
cida. Resumida, queda así: Felipe II envió a su médico a la 
Nueva España para trabajar en la historia natural y elaborar 
un completo libro. Francisco Hernández comenzó su obra en 
1571 y la terminó en 1577. Durante todos esos años fatigó 
con su hijo los caminos del virreinato recopilando datos y 
aprendiendo los herbarios de la farmacopea indígena. Al ter- 
minar su grandiosa labor fue a España con el original que, 


23 


empastado a todo lujo, ornó los libreros de El Escorial. Fran- 
cisco Hernández murió en 1587. 


La obra hernandina corrió siempre con suerte adversa. 
Muchas ediciones se intentaron, pero todas resultaron in- 
completas y defectuosas (1606, Barrios; 1615, Francisco Xi- 
ménez (figura 6); 1630-1651, edición en Roma (figura 7); 
1790, edición en Madrid (figura 8); y 1942 edición en Méxi- 
co). [ 29 ] 


EEES ESE ESSE 
2% QVATROLIBROS, x0% 


E LA NATV- 
E 


55 


RALEZA, Y VIRTVDEs DE LAS 
z plamas » y animales que ellan receuidos enel vío 
le Medicina en la Nueva Efpaña, y Ja Methodo, y correc- 
cion, y preparacion ,quepara ad miniftrallas (e requiere 
con lo que el DoBor Francifco Hernandez deriuio 
S—  enlengua Latina. —» 
MVY VTIL PARATODOGENERODE 
A gente $ viu eneftacios y Pueblos do xo qy Medicospi Botica. 
ES 4 Traduzido, y aumentadosmuchos fimples, y Compuellos 
Y Otros muchos fecretos curativos, por Pr Franciíco Xi: 
menez, hijo de] Conuento de 5. Domingode Mexico, 
Natural de la Villa de Luna del Reynode Aragon. 
£ ANO R., P. Macfiro Fr. Heracudo Bazan, Prior Pronincialue 
'Prouincla de SARiggo de Mexico de la Orden de losT redicadores, 
y Catbedratito 1ubilado de Theokgic 
y 





ja enloV siverfidad Real. 
» 











E 
e 
ARO 


* 


RA A de 
En Mexico, en Cafe dela V iudade Diego Lopez.Danalos. 1 6 1 
Vendéfe enla tienda de Diego Garrido,en la efguira de 

la calle de Tacuba, y enJa Porteria de S.Domingo. 








* 
* 
| 
+ 
5 


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Figura 6 


Portada del libro de Francisco Hernández, 1615 


24 





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A AS 








Figura 7 


Portada del libro de Francisco Hernández, 1649 


25 


FRANCISCI HERNANDI 
MEDICI ATQUE HISTORICI 
PHILIPPI II. HISP. ET INDIAR. REGIS, 
ET TOTIUS NOVI ORBIS ARCHIATRL, 
OPERA, 

CUM EDITA, TUM INEDITA, 

AD AUTOGRAPHI FIDEM ET INTEGRITATEM EXPRESSA, 
IMPENSA ET JUSSU REGIO. 
VOLUMEN PRIMUM. 
ES 
MATRITL 


EX TYPOGRAPHIA IBARRAE HEREDUM. 
ANNO M.DCC.LXXXX. 


Figura 8 


Portada de Medici atque Historici, de Francisco Hernández, 1790 


Hasta nuestros tiempos se está haciendo justicia a la obra 
del doctor Hernández. Cumplía a la Universidad Nacional 
hacer ese trabajo y lleva ya editados seis tomos de las Obras 
completas en un esfuerzo poco común. [ 30 ] 


Francisco Hernández es un individuo extraño. Es fácil 
imaginarlo como su rey, retraído, místico y absorto en su 
obra en forma inhumana. Sólo un total desprecio por las 
cosas mundanas permite concebir un trabajo semejante. 
Cerca de siete años dedicó a la clasificación y descripción de 
plantas, animales y minerales con aplicación ejemplar, muy 
próxima a la de su maestro Plinio. Miles de datos acumula- 
dos dificultosamente hacen de Francisco Hernández el más 
notable naturalista del siglo xvi. El español logra emular 
completamente al romano. 


26 


La Historia natural de Nueva España consta de tres partes. 
La primera es la soberbia Historia de las plantas de Nueva Es- 
paña, colección única que incluye descripciones de cerca de 
mil doscientas especies mexicanas, con tres datos principa- 
les: forma de la planta, uso medicinal y práctico, y lugar 
donde se da. Esta parte es desde luego la más sólida de la 
obra de Hernández. El otro opúsculo es la Historia de los ani- 
males de la Nueva España, dividida en cinco tratados sobre 
los cuadrúpedos, las aves, los reptiles, los insectos y los ani- 
males acuáticos, menos formidable que la anterior. La terce- 
ra es una brevísima Historia de los minerales de Nueva Espa- 
ña de alcances limitados. [ 31 ] 


La influencia de Plinio en la obra de Hernández es de lo 
más evidente. Método, exposición y forma de trabajo de 
Hernández revelan muchas lecturas de la Historia natural y 
su completa asimilación. Más aún, Hernández dedicó mucho 
tiempo a la traducción del naturalista latino y lo presenta 
como un modelo insustituible para las obras de historia na- 
tural. En el prefacio al lector, Hernández escribe estos jui- 
cios: 

Ciertamente, la magestad de naturaleza a cada paso se levanta sobre lo 
que la grosera muchedumbre y canalla vulgar sabe ser verdadero y posible. 
Ni todos ven las cosas, ni todas acontecen a todos lugares; unas se hacen en 
unas regiones y otras en otras, según es la naturaleza de cada una; unas ven 
los australes y otras los septentrionales; unas los de Oriente y los de Occi- 
dente otras, y cada autor da noticia de lo que pasa en su clima y cielo a los 
que habitan en provincias distantes y apartados paralelos. Y ansí, Plinio, o 


escrive lo que vido (de que fue tan curioso que murió, como dizen, en la de- 
manda) o allega y remite a los autores acerca de los cuales lo halló. [ 32 ] 


En torno a las dificultades de la traducción: 


Y si Plinio mereció inmortal fama y que le agradeciese su edad y las que le 
habían descender, sacar de tan numerosa caterva de autores, en compendio, 
tan sublime y alta doctrina, hallándola clara, distinta y bastante dilatada, 
¿qué se dirá que haze el que no sólo la tiene de trasladar, pero entender e 


27 


ilustrar, aprobar, improbar y hazer censura y juizio della, hallándola tan ci- 
frada y desgajada de los autores de donde la sacó y apartada de otras cláusu- 
las que havían de darle luz y hazer más inteligible? [ 33 ] 


En otro párrafo encarece más la traducción y la obra: 


No es poco desenterrar un tesoro escondido por tantos siglos en las entra- 
ñas de su dificultad y adaptar nombres tan peregrinos a cosas que traemos 
entre las manos, y expresar en nuestra [lengua] hespañola un estilo de quien 
está dicho que, si las Musas hablaran, en este lenguaje y no en otro lo hicie- 
ran, exprimiendo, no sólo los conceptos deste autor, mas la fuerza de su elo- 
cuencia, el movimiento de sus labios y el susurro de sus palabras. [ 34 ] 


Por otra parte, Hernández escribió sus libros en latín. 


Alto juicio de Hernández sobre Plinio. Pero lo magistral 
del español fue su deseo de emularlo, mediante un osado 
proyecto. La idea central de Hernández (la más asombrosa 
que sobre la obra del romano se concibiera en tierras espa- 
ñolas), ya intuida por Oviedo, era que la Historia natural 
contenía el total de los conocimientos de la naturaleza del 
Viejo Mundo, de forma que sólo restaba continuarla con la 
misma paciencia y riqueza erudita en el Nuevo Mundo para 
tener la visión detallada y completa del orbe terrestre y glo- 
rificar a Dios. 


Magno proyecto, sin duda. Dejemos que Hernández se ex- 
plique: buscando una materia a qué dedicar sus afanes 


[...] entendí no haber ottra más conveniente al género de mis estudios y 
profesión, al gusto de vuestra Real Magestad y al aprovechamiento de la na- 
ción española, que aquella que tractase de la historia de todas las cosas que 
Dios, Nuestro Señor, crió en la fábrica deste mundo, cuyo conoscimiento, 
aliende que es sabrosísimo y muy necesario a la vida y salud de los hombres, 
nos da a entender como en muy claro espejo la magestad del Hacedor y 
combida a que le amemos y sirvamos [...] Faltaba dar traza a tan alta empre- 
sa y parir prósperamente a la luz lo que con tanta felicidad y favor del cielo 
havía concebido, pero no hallava en mí la elocuencia y aparejo que requería 
semejante invención o libros de donde lo tomase, hasta que se me vino a la 
memoria estar todo mi deseo encerrado en la divina Historia de Plinio, 
donde (como él dice en el Prohemio) comprehendió 20 mil cosas notables, de 
las cuales tocan pocas a los estudiosos, con lección de dos mil libros, sacadas 


28 


de 100 autores exquisitos y raros de que hoy apenas tenemos algunos y, 
esto, tan elegante, ordenada y diligentemente, con tanto compendio y sus- 
tancia, que no hay capítulos que no pudiesen dilatarse en un complido volu- 
men. [ 35 ] 


La concepción de una obra semejante, la aspiración de 
hacer la historia de todas las cosas creadas por Dios, tiene 
mucho de arrogancia renacentista pero más de espíritu mís- 
tico. Hernández trabajó arduamente su proyecto y aunque 
logró culminarlo, murió sin verlo publicado. 


“El ejercicio de las letras puede promover la ambición de 
construir un libro absoluto, un libro de los libros que incluya 
a todos como un arquetipo platónico, un objeto cuya virtud 
no aminoren los años” comenta Borges en Otras inquisicio- 
nes, [ 36 ] y cita a los antiguos que se propusieron elevados 
asuntos. No aparece Plinio. Cara a Borges es también la idea 
de que en realidad existen dos libros: los textos sagrados y el 
universo. Tal vez Plinio fue el primer hombre que intentó ci- 
frar toda la naturaleza en un solo libro. Quizá Francisco Her- 
nández así lo entendió, y llevó su ambición y piedad a tratar 
de reducir a escritura la totalidad de su universo. 


29 


II. ASPECTOS DE LA TECNOLOGÍA 


EN LA COLONIA NOVOHISPANA 





[Ir al Contenido] 


30 


H. ASPECTOS DE LA TECNOLOGÍA EN LA COLONIA 
NOVOHISPANA 

ara cumplir mi propósito de externar algunas de 

las preocupaciones que me asaltan cuando me 

ocupo de temas de la tecnología colonial mexicana, 

he creído oportuno presentar ejemplos que me permitan 

hacer ciertas consideraciones sobre el tema de la ponencia, y 

poder terminar con propuestas sobre la mejor forma de 
abordarlo en trabajos fructíferos de investigación. 


Es obvio que mi primer deber sería definir y marcar las 
connotaciones del término “tecnología”. Sin embargo, es de 
esas nociones históricas que por estar inmersas ellas mismas 
en el devenir temporal, pueden convertirse en un tema de 
suyo, justo en el momento en que se debate su definición 
desde alguna doctrina historiográfica. Creo que no conviene 
empantanarse, dado que parece haber un consenso sobre el 
término y mientras más amplio lo dejemos mejor nos permi- 
tirá la investigación, a reserva de restringirlo después. Se 
podrá decir, en general, que es una noción histórica útil para 
estudiar tanto el instrumental del que se vale el hombre para 
asaltar, modificar o apropiarse del medio natural y humano, 
cuanto el complejo ideológico de las formas y los métodos 
para lograrlo. Su relación con la ciencia es, obviamente, más 
compleja que la que se engloba en la vieja definición de 
“ciencia aplicada”. Por otro lado, su identificación, sin más, 
con las fuerzas productivas, tiene también su necesidad de 
buscar matices y redefiniciones, que no creo sean un trabajo 
fácil. Quizá el empírico sea el mejor camino para aproximar- 
nos al tema. 


Por colonia novohispana entiendo un fenómeno histórico 


31 


de tres siglos, durante los cuales un país de la Europa occi- 
dental conquistó, pobló, aculturó y mantuvo dependiente a 
una población indígena que, al momento mismo del encuen- 
tro, tenía un estadio social, económico y tecnológico menos 
avanzado que el de los conquistadores. La colonia novohis- 
pana es, precisamente, lo que ocurrió entre ambos persona- 
jes en un territorio específico en los años 1521 a 1821. Pero, 
a fin de cuentas y para mi propósito, son dos personajes tec- 
nológicos. 


Los grupos indígenas poseían simples o elaboradas formas 
tecnológicas apropiadas a su medio y a su formación socio- 
económica, que conservaron o modificaron a partir del cho- 
que de la conquista. Los invasores europeos traían consigo 
una tecnología que trasplantaron, impusieron, modificaron o 
sustituyeron al enfrentarse al inédito mundo natural y hu- 
mano. La historia de la tecnología en la Nueva España se 
puede reducir, entonces, a la de una nueva relación social en 
un espacio dado. O, dicho de otro modo, es la historia de la 
ideología y el instrumental que se aplicó para enfrentar la 
especificidad de la realidad social y natural de un mundo, 
que no por nuevo era sustancialmente distinto. 


Con esto puede parecer que pretendo que toda la historia 
es tecnología. Pero no es así; me propongo simplemente 
mostrar que una noción amplia como la que aduje atrás, y de 
la que no me arrepiento, convierte el tema en algo enorme- 
mente complejo y que el primer paso ha de ser el de delimi- 
tar los campos de estudio. Aunque parezca ocioso, quizá 
convenga insistir en que la historia de la tecnología no es, o 
por lo menos no simplemente es el relato cronológico de la 
invención de aparatos y técnicas y que tampoco se puede 
identificar de manera absoluta y mecánica con la economía. 


32 


Para el caso específico de la colonia novohispana se puede 
pensar en dividir el proceso histórico en tres fases o etapas. 
Correspondería a la primera el estudio del choque tecnológi- 
co entre las dos culturas. La segunda etapa sería la del esta- 
blecimiento de la nueva realidad social. La tercera, a finales 
del siglo xvm, correspondería al momento de la Ilustración, o 
sea cuando como veremos, ya se puede hablar de tecnología 
propiamente dicha. 


Es objeto de estudio de lo que aquí propongo como prime- 
ra y muy breve etapa, el bagaje científico y tecnológico de 
dos culturas en el momento de su confrontación violenta. 
Éste realmente será el punto de partida del proceso. Es el 
análisis de la ideología y el instrumental de la conquista. 
Creo que debe limitarse a los pocos años que van del arribo 
de los conquistadores a territorio mexicano a la conquista 
del centro y sur del país, en virtud de que la posterior expan- 
sión hacia el norte fue un lento proceso sobre grupos huma- 
nos ya parcial e indirectamente aculturados. No me parece 
que los actos bélicos de los primeros años puedan conside- 
rarse bajo este último punto de vista, porque difícilmente se 
podría reducir un golpe de macana en un cráneo español o 
un lanzazo con punta de hierro en un cuerpo indígena a un 
acto de transculturación. Cosa distinta ocurre con los prime- 
ros pacíficos actos de intercambio de objetos, pero no parece 
que sea tema de estudio de la primera etapa. La orfebrería 
indígena, por ejemplo, por más que haya asombrado a Cor- 
tés y sus huestes, deberá verse en el contexto más amplio del 
momento en que se establece la nueva realidad social. Sí será 
transculturación el intercambio no voluntario de instrumen- 
tos bélicos que tan bien estudió don Manuel Orozco y Berra. 
Reduzco, en suma, a la primera etapa, admitiendo que es un 


33 


tema complejo y largo, el estudio del encuentro violento de 
dos culturas y dos tecnologías. 


La segunda etapa es, con mucho, la más amplia e intere- 
sante. Son sus variables más significativas para nuestro 
tema: 


1. El medio natural 
2. Las comunidades indígenas 


3. La condición colonial 


En cuanto al medio, es obvio decir que los indígenas lo co- 
nocieron y transformaron justo al nivel de su formación so- 
cial, económica y política. Pero por parte de los europeos la 
cosa se plantea de forma distinta. Existe un medio natural 
nuevo susceptible de gran explotación productora de riqueza 
a través de la tecnología ya existente o de la innovación para 
mejor aprovecharlo. En esto tenemos el origen de la larga 
secuela de invenciones que nos han relatado reiteradas veces 
quienes se ocuparon de estos temas. 


La existencia de la comunidad indígena afecta en planos 
distintos al fenómeno tecnológico. En primer término, en 
cuanto al posible aprovechamiento de sus propias técnicas. 
En segundo, en cuanto fuerza de trabajo susceptible de em- 
plear o no tecnología para los nuevos fines del poblador eu- 
ropeo. En tercero, en cuanto a que su existencia en determi- 
nados lugares y no en otros, su extinción, decremento o au- 
mento demográfico pueden originar o retardar innovaciones 
tecnológicas. 


Porque, por último, es la condición colonial la que preside 
todo este complejo sistema. Trataré de mostrarles a qué 


34 


punto. De los intereses de la Corona española depende el 
pobre instrumental de la industria textil, la no existencia de 
industrias como la del vino o de fabricación de instrumentos 
de hierro y la explosión renovadora de la tecnología minera 
y de acuñación de moneda. Y es que en la metrópoli se deci- 
de qué se puede hacer y qué no; si se conoce en la colonia el 
avance occidental o no; si se pueden aprovechar las innova- 
ciones que se producen en el mundo occidental, etcétera. No 
se me diga que lo mismo ocurre en cualquier formación so- 
cioeconómica, porque lo sé ya; lo que sostengo es que es dis- 
tinto en una condición colonial. De la metrópoli y sus políti- 
cas y necesidades, aplicadas a la realidad natural y social que 
mencioné arriba, deriva en casos concretos que la tecnología 
exista y que sea dependiente o innovadora. 


Para mostrar ejemplos de esto que vengo diciendo quiero 
introducir tres nociones más. Me refiero, en el campo estric- 
to de la tecnología, a “invención”, “adaptación” mejoramien- 
to y “adopción” o traslación, para eludir el término contem- 
poráneo más problemático de transferencia. En los tres casos 
es factible usar los calificativos de “fallida” o “atinada”. 


Entiendo por “invención” la ocurrencia nueva para en- 
frentar un problema tecnológico. 

La adaptación es quizá la más amplia. Y esto porque desde 
el siglo xvi la tecnología se internacionaliza y aun a la Nueva 
España llegan noticias y descripciones de máquinas o proce- 
dimientos que se procura adaptar a las específicas circuns- 
tancias de la sociedad a la que van a servir. En “adaptación” 
englobo lo que se suele llamar redescubrimiento o reinven- 
ción a partir de una noticia más o menos vaga. 


Por “adopción” entiendo la simple traslación de cualquier 
forma de tecnología, que se aplica sin mayores modificacio- 


35 


nes. Esta noción me parece de la más grave importancia. Es 
a la que se alude con el término “transferencia”. El caso no 
es simplemente de lo que suele ahora llamarse el fsaber ha- 
cerlo”-know how- , sino de poder hacerlo, en el sentido de 
que resulte económicamente viable. Cuando esto no ocurre 
así, hay que adoptar, sin más. 


Pues bien, para el caso de la Nueva España la invención, la 
adaptación y la adopción están sujetas firmemente por la 
condición colonial. Si a la Corona conviene estimular o sim- 
plemente dejar libre la expansión tecnológica en ciertas 
áreas que no afecten su política económica general, veremos 
un florecimiento de la inventiva. Pero si, por el contrario, la 
Corona restringe o simplemente desestimula (si se me per- 
mite el término) otras áreas, serán inexistentes o práctica- 
mente mortecinas y a nivel familiar o artesanal. En el primer 
caso, baste citar la industria minera. En el segundo, la expre- 
sa prohibición de fabricar papel, sedas, vinos o ciertos teji- 


dos. 


Pese a lo que parezca, la tecnología novohispana, presidi- 
da por la condición colonial, se encuentra en una dinámica 
dependencia-independencia. Es dependiente, de la metrópoli 
o del resto del mundo occidental, cuando así convino o 
creyó que le convino, a la Corona. Pero es independiente o 
creadora cuando España permitió y estimuló su desarrollo, 
como en el caso de la minería. Con todo, esta tecnología que 
llamo findependiente” desde el punto de vista intrínseco, 
porque posee absoluta libertad de manifestarse, experimen- 
tar y aun ser premiada, tiene al cabo una limitación que no 
proviene de la voluntad de la Corona española. Para explicar 
esto, podemos pasar a la tercera etapa de la tecnología de la 
colonia novohispana. 


36 


Considero que esta tercera y última etapa abarca, sobre 
poco más o menos, los 70 años finales del régimen colonial. 
Coincide con el fenómeno ideológico ilustrado mexicano. No 
se trata de que en ella haya habido muchos más o mejores 
inventos, sino de que por primera vez se define el ámbito de 
las técnicas como un sector del pensamiento general. En 
aquel entonces las llamaron “artes útiles” y fueron objeto de 
atención expresa. Me abstendré de entrar en ciertas conside- 
raciones, que me son muy caras, sobre el fenómeno ilustrado 
y su profunda raíz política fincada en el terreno abonado de 
una nueva realidad social y económica. Me referiré única- 
mente al momento en que la tecnología (aunque sin llamarla 
así) se convierte en un acto de reflexión particular. 


Veamos. Inventores o adaptadores hubo en todo este 
tiempo, al igual que en las dos fases antecedentes. El hombre 
nuevo es el tecnólogo, el ilustrado. Surge un individuo que 
no resuelve un caso específico, sino que se ocupa de todo. 
Dondequiera que fije su atención encuentra o cree encontrar 
un mejoramiento técnico o una nueva forma de proceder. La 
consecuencia obvia del racionalismo dieciochesco es una ex- 
plosión muy argumentada, debatida e ilustrada de aparatos. 


Pero la conciencia de la tecnología, como quisiera llamar a 
esto, implica necesariamente la conciencia de sus limitacio- 
nes. Esta conciencia la comparten el gobierno español y los 
ilustrados novohispanos. En efecto, es esfuerzo de la Corona 
el enviar científicos y “prácticos” a mejorar las formas de ex- 
plotación de las riquezas. Envueltos en este propósito se die- 
ron la expedición y el jardín botánicos, la creación de la Es- 
cuela de Artes de San Carlos, la misión mineralógica alema- 
na y el Colegio de Minería. 


El problema se dio cuando los propósitos chocaron con la 


37 


realidad. El caso de los mineralogistas alemanes es muy re- 
velador. Al simple anuncio de su venida, se produjo en el 
más grande ingenio de nuestro siglo xvm, el presbítero J. A. 
Alzate, una reacción indirecta pero extraordinariamente sin- 
tomática. Se limitó a despedazar un texto minero alemán 
para mostrar que en la Nueva España la minería estaba más 
avanzada que en Alemania. La verdad es que resulta convin- 
cente por completo, como a la postre tuvieron que reconocer 
los propios operarios alemanes e, indirectamente, Fausto de 
Elhuyar. Lo notable es que Alzate encontró la verdadera raíz 
del problema: en aquellos aspectos en que Alemania tenía 
claramente una mejor tecnología se debía a que el valor de la 
plata en ese país era mucho más alto que en la Nueva Espa- 
ña, a la que no le redituaría económicamente ninguna de las 
innovaciones propuestas. A esto llamo la conciencia de la li- 
mitación de la tecnología. 


MIERCOLES 1 





DE DICIEMB,DE »2 


SUPLEMENTO AL NUMERO SEGUNDO 
Figura 9 


Alzate, máquina para la trilla de algodón, 1772 


38 





Figura 10 


Alzate, nuevo sistema de conducción de agua, 1768 


a > 
Estampa VI. i 1 
e 1 pl 





Vista Pispa iii e los *Monrcros de Guballo musas se onacNucda yémendado ns 
i 


Figura 11 


Velázquez de León, morteros, 1771 


39 





Figura 12 


Alzate, malacate minero reformado, 1784 


El siguiente paso era, como con mucho acierto ha visto 
Sánchez Flores, descubrir que las trabas a la tecnología pro- 
venían del sistema. Alzate lo reveló claramente. Humboldt 
en 1803 recogió la opinión generalizada de que la minería 
novohispana produciría el doble si cambiaba el sistema polí- 
tico. Se estaba poniendo en juego la condición colonial, aun- 
que si hemos de ser sinceros no era culpa de la política espa- 
ñola que en el sistema económico occidental que se formaba 
desde el siglo xv, la abundancia de plata, por ejemplo, frena- 
ra la invención, adopción o adaptación de tecnología. Es a 
esto a lo que me quería referir cuando un poco atrás mencio- 
né la limitación tecnológica no proveniente de la voluntad 
de la Corona española. Ella misma se encontraba inmersa en 
un fenómeno histórico que la rebasaba. Se había creado un 


40 


sistema mundial que limitaba la “independencia” de cierta 
tecnología de la colonia novohispana. Los sucesores de Alza- 
te no lo pudieron ver así, de suerte que se limitaron a luchar 
por su autonomía de España, con lo que acabaron una rela- 
ción de tres siglos y mi explicación de la tercera de las eta- 
pas en que he creído poder dividir el proceso tecnológico de 
la Nueva España. 








GLos pilares de la puerca 
7La devanadera 

SLos dos estéa 

OLa falda del peon 

loLa cruz de las caballos 








Figura 13 


Pedro Cortada, malacate minero, 1791 















































Figura 14 


Modelo de un carretón, siglo XVII (?), (AGN). 


41 


111. ASTRONOMÍA MEXICANA 


»] 353 [0 Lo 41111 





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42 


TI. ASTRONOMÍA MEXICANA DEL SIGLO XVIHN 

o es propósito de este trabajo analizar y eva- 

luar los logros de la astronomía que se cultivó en 

México en la décima octava centuria, sino alertar 

sobre las fuentes que habremos de estudiar cuidadosamente 

para llegar a tales fines. [ 37 ] Es evidente que la astronomía 

mexicana tiene dos grandes etapas: la prehispánica, que en 

este simposio ocupa un destacado lugar bajo el nombre de 

arqueoastronomía, y la de la adopción de la astronomía occi- 

dental. Esta última puede dividirse para su estudio en la 
época novohispana en la siguiente forma: 

1. Siglos xvi a xvn. Introducción de los estudios astronómi- 
cos. Liga clara con la astrología. Más práctica que especulati- 
va. Termina con la célebre polémica Kino-Sigúenza sobre el 
cometa de 1681. 

2. Siglo xvm, primera mitad, hasta 1769. Astronomía de 
continuidad. Observación de fenómenos notables. Negación 
o desestima de la revolución copernicana. Tradicionalismo. 
Instrumentos anticuados. 

3. Siglo xvm, segunda mitad (1769-1803). Renovación de la 
ciencia astronómica. Introducción, aceptación y puesta en 
práctica de los paradigmas copernicano y newtoniano. Re- 
novación en los instrumentos. Termina con la visita de 
Humboldt. 

4. Siglo xix. De la visita de Humboldt a la fundación del 
Observatorio Astronómico Nacional. 

Demostrar que este posible esquema es correcto requiere 
de una investigación cuidadosa. La existencia de dos etapas 
en el siglo xvm es indubitable, pero el establecimiento de sus 
factores diferenciales ha de emprenderse aún. A tal fin deseo 


43 


mostrar las fuentes posibles en las modalidades que se pue- 
den llamar de continuidad y de grandes hechos o eventos refe- 
rido todo exclusivamente al siglo xvm. 

Continuidad 

Dos son los componentes de la continuidad en la astrono- 
mía: los calendarios o almanaques y la cátedra de astrología 
en la Real y Pontificia Universidad. 


Sobre los primeros, llamados indiferentemente calenda- 
rios, almanaques, pronósticos, efemérides o piscatores, es de 
conocimiento común que se trataba de textos que surgieron 
con un claro propósito astrológico —con ribetes de medicina 
— para dar al público, dentro del año litúrgico cristiano, una 
larga serie de pronósticos sobre el futuro más inmediato. En 
México aún se publica uno de estos calendarios, que es muy 
usado en el medio rural. El componente astronómico fue 
creciendo a lo largo del siglo xvm. Por lo menos se encuen- 
tran noticias sobre las fases de la luna y anuncios de eclipses 
en casi todos ellos. No cabe duda de que estos almanaques 
son de estudio imprescindible para quien desee verdadera- 
mente ocuparse de la astronomía de nuestra época colonial. 
Sin embargo por su carácter propio son muy difíciles de en- 
contrar en las bibliotecas: a fin de cuentas solamente servían 
un año y sus usuarios se deshacían de los ya caducados. 


Para el estudio de los calendarios del siglo xvm mexicano 
tenemos varias fuentes, a las que se hará referencia. El indis- 
pensable bibliógrafo Beristáin [ 38 ] dejó noticia de muchos 
de estos astrólogos pronosticadores. Tanto José Toribio Me- 
dina [ 39 ] como Nicolás León [ 40 ] registran un buen nú- 
mero de calendarios impresos. González de Cossío [ 41 ] en 
sus adiciones a la obra del polígrafo chileno aporta otros 
cuantos de estos materiales. Para el conocimiento de parte 


44 


de los que se custodian en la Biblioteca Nacional de México 
existe una bibliografía de Alberto Lamadrid. [ 42 ] Pero sin 
duda la aportación moderna más importante para estos estu- 
dios es la de José Miguel Quintana, [ 43 ] quien tuvo la feliz 
ocurrencia de rebuscar en el ramo de Inquisición del acn la 
concesión de licencias para los almanaques y logró hallar 
materiales antes desconocidos. Con base en estos autores 
doy la lista cronológica de los calendarios del siglo xvm con la 
nota de si se sabe de cierto la existencia de algún ejemplar o 
tan sólo tenemos la noticia. Es de advertirse que, a diferencia 
de los distinguidos bibliógrafos que sigo, pongo los impresos 
en el año anterior al de que se ocupan, puesto que en la ab- 
soluta mayoría de los casos se trataba de tener a la venta los 
pronósticos a más tardar en diciembre del año anterior, por 
lo que el pie de imprenta correcto debiera ser así. 


1701. Fray Isidro Alfonso de Castaneira, Ka- 
lendarium franciscanum... 1702. (Medina, 2068. 
Ej. de la Biblioteca Andrade). 

1702. Castaneira, Kalendarium... 1703. (Beris- 
táin, IL 266). 

1703. Castaneira, Kalendarium... 1704. (Beris- 
táin, IL 266). 

1704. Castaneira, Kalendarium... 1705. (Beris- 
táin, IL 266). 

1705. Castaneira, Kalendarium... 1706. (Beris- 
táin, IL 266). 

1706. Castaneira, Kalendarium... 1707. (Medi- 
na, 2136. Ej. Biblioteca Andrade). 


45 


1707. Castaneira, Kalendarium... 1708. (Medi- 
na, 2167. Ej. Biblioteca Andrade). 
Juan Martel Núñez de Villavicencio, ¿Pronósti- 
co?... 1708. (Quintana, p. 79. Por la licencia). 
Juan Antonio Mendoza y González, ¿Urania 
americana septentrional?... 1708. (Quintana, p. 
79. Por la licencia de impresión). 


1708. Castaneira, Kalendarium... 1709. (Medi- 
na, 2204. Ej. Biblioteca Medina). 
Mendoza y González, ¿Urania americana septen- 
trional?... 1709. (Quintana, p. 79. Se deduce por 
la numeración de los siguientes). 


1709. Castaneira, Kalendarium... 1710. (Beris- 
táin, IL 266). 
Mendoza y González, Urania americana septen- 
trional... 1710. (Quintana, p. 79. Por deducción). 
1710. Castaneira, Kalendarium... 1711. (Medi- 
na, 2283. Ej. Biblioteca Andrade). 
Mendoza y González, Urania americana septen- 
trional... 1711. (Quintana, p. 79. Por deducción). 
1711. Castaneira, Kalendarium... 1712. (Beris- 
táin, IL, 266). 
Mendoza y González, Urania americana septen- 
trional... 1712. (Quintana, p. 79. Por deducción). 
1712. Castaneira, Kalendarium... 1713. (Beris- 
táin, IL 266). 
Mendoza y González, Urania americana septen- 
trional... 1713. (Quintana, p. 79. Ej. Biblioteca 


46 


Salo Hale). 


1713. Castaneira, Kalendarium... 1714. (Beris- 
táin, IL 266). 
Mendoza y González, Urania americana septen- 
trional... 1714. (Quintana, p. 79. Por deducción). 


1714. Castaneira, Kalendarium... 1715. (Beris- 
táin, IL 266). 
Kalendario con las fiestas movibles y la reforma- 
ción de las fiestas... 1715. (Medina, 2424. Por no- 
ticia de González Obregón). 
Mendoza y González, Urania americana septen- 
trional... 1715. (Quintana, p. 80. Ej. Biblioteca 
Salo Hale). 

1715. Castaneira, Kalendarium... 1716. (Beris- 
táin, IL 266). 

1716. Castaneira, Kalendarium... 1717. (Medi- 
na, 2481. Ej. Biblioteca Andrade). 

1717. Castaneira, Kalendarium... 1718. (Medi- 
na, 2512. Ej. Biblioteca Andrade). 

1718. Castaneira, Kalendarium... 1719. (Beris- 
táin, IL 266). 

1719. Castaneira, Kalendarium... 1720. (Beris- 
táin, IL 266). 
Miguel Mussientes y Aragón, Astrolabio ameri- 
cano regulado en el polo mexicano a los meridia- 
nos de esta Nueva España... 1720. (Quintana, p. 
80. Ej. Biblioteca Salo Hale). 

1722. Mendoza y González, Almanak... 1723. 


47 


(González de Cossío, 312. Publica el facsímil de 
los seis primeros meses. Debe suponerse que se 
imprimió la otra hoja). (Figura 15). 

1723. Pedro Alarcón, Nueva efemeris anuncia- 
da para los temporales de 1724. (Medina, 2728. 
Por noticia de Maffei y Rúa). 


1726. Alarcón, Efemérides para los temporales 
de 1727. (Medina 2907. Por noticia de Maffei y 
Rúa). 

1727. José Escobar y Morales, Pronóstico y Ka- 
lendario... 1728. (Beristáin, L, 411). 


1728. Escobar, Pronóstico y Kalendario... 1729. 
(Beristáin, IL, 411). 

1729. Alarcón, Efemérides pronosticadas a los 
felices temporales... 1730. (Medina, 3103. Por no- 
ticia de la Gaceta). 

Escobar, Pronóstico y Kalendario... 1730. (Beris- 
táin, L, 411). 

1730. Alarcón, Efemérides... 1731. (Quintana, 
p. 30. Por la licencia). 

Escobar, Pronóstico y Kalendario... 1731. (Beris- 
táin, L, 411). 

1731. Alarcón, Efemérides... 1732. (Quintana, 
p. 80. Por la licencia). 

Escobar, Pronóstico y Kalendario... 1732. (Beris- 
táin, L, 411). 

1732. Alarcón, Kalendario... 1733. (González 

de Cossío, 334. Publica el facsímil de los seis 


48 


meses segundos, únicos que conoció). 

Escobar, Pronóstico y Kalendario... 1733. (Beris- 
táin, L, 411). 

Fr. Pedro Alcántara Fernández, Kalendarium se- 
raphicum... 1733. (Medina, 3285. Ej. Biblioteca 
Andrade). 

1733. Alarcón, Kalendario... 1734. (González 
de Cossío, 335 y 336 para las dos hojas semestra- 
les, que publica). (Calendario para 1734, figuras 
16 y 17). 

Escobar, Pronóstico y Kalendario... 1734. (Beris- 
táin, L, 411). 

1734. Escobar, Pronóstico y Kalendario... 1735. 
(Beristáin, L 411). 

José Antonio Villaseñor y Sánchez, Calen- 
dario... 1735. (Quintana, p. 80. Por la licencia). 

1735. Escobar, Pronóstico y Kalendario... 1736. 
(Beristáin, IL, 411). 

1736. Basilio Pholt da Pyzagra, Pronóstico de lo 
pasado, advertencia de lo presente y desengaño de 
lo futuro... 1737. (Medina, 3472. Ej. en Biblioteca 
Palafoxiana). 

1737. Villaseñor, Calendario... 1738. (Medina, 
3532. Ej. Biblioteca Andrade). 

1738. Villaseñor, Calendario... 1739. (Quinta- 
na, p. 80. Ej. Biblioteca Salo Hale). 

1739, Alarcón, Kalendario...? 1740. (Quintana, 
p. 80. Por la licencia). 


49 


Fernández, Kalendarium seraphicum... 1740. 
(Medina, 3554. Ej. Biblioteca Andrade). 
Villaseñor, Calendario... 1740. (Quintana, p. 80. 
Por la licencia). 

1740. Alarcón, Kalendario...? 1741. (Quintana, 
p. 80. Por la licencia). 

1741. Villaseñor, Calendario... 1742. (Quinta- 
na, p. 80. Por la licencia). 

1742. Alarcón, Ephemeris... 1743. (Medina, 
3633. Ej. Biblioteca Andrade). 

1745. Fernández, Kalendarium romano-serap- 
hicum... 1746. (Medina, 3772. Ej. Biblioteca An- 
drade). 

1746. Fray José Velasco, Kalendarium francis- 
canum... 1747. (Medina, 3868. Ej. Biblioteca An- 
drade). 

1747. Alarcón, Efemeris mexicana... 1748. (Me- 
dina, 3875. Por Beristáin, I, 34). 

1748. Villaseñor, Calendario... 1749. (Quinta- 
na, p. 81. De su biblioteca. Sólo los seis primeros 
meses). 

1749. Villaseñor, Calendario... 1750. (Quinta- 
na, p. 80. Por la licencia). 

1750. Miguel Francisco de Illaregui, Prognósti- 
co y particular diario... 1751. (Medina, 4045. Ej. 
Biblioteca Andrade). 

Villaseñor, Calendario... 1751. (Quintana, p. 80. 
Por la licencia). 


50 


1751. José Mariano de Medina, Heliotropio crí- 
tico, racional prognóstico computado al meridiano 
de la Puebla... 1752. (Medina, Puebla... 548. Ej. 
Biblioteca Andrade). 

Fray Pedro Sugadi, Kalendar, franciscanum... 
1752. (Medina, 4100. Ej. Biblioteca Andrade). 
Villaseñor, Calendario... 1752. (González de Cos- 
sío, 372. Los seis meses últimos, que publica). 
(Figura 18). 

Felipe de Zúñiga y Ontiveros, Efemérides calcu- 
ladas y pronosticadas según el meridiano de Mé- 
xico... 1752. (Beristáin, IL, 398). En realidad no 
debe existir, puesto que la de 1760 para 1761 


dice ser la nona. 


1752. Miguel Espinosa de los Monteros, Pro- 
nóstico... 1753. (Quintana, p. 81. Por la licencia). 
Illarregui, Prognóstico... 1753. (Quintana, p. 81. 
Por la licencia). 

Juan Antonio de Pivilla Barrientos, Lunario... 
Puebla... 1753. (Quintana, p. 82. Se deduce por la 
cita al séptimo). 

Cristóbal Antonio Salvatierra, Pronóstico... 1753. 
(Quintana, p. 81. Por la licencia). 

José Antonio de Villada, Pronóstico... 1753. 
(Quintana, p. 81. Por la licencia). 

Villaseñor, Calendario... 1753. (Quintana, p. 80. 
Por la licencia). Zúñiga, Breve explicación del 
prognóstico... 1753. (Medina, 4151. Ej. Biblioteca 
Palafoxiana). 


51 


Zúñiga, Ephemeris... 1753. (Medina, 4152. Ej. Bi- 
blioteca Andrade). 


1753. José Antonio García Vega, Pronóstico... 
1754. (Quintana, p. 81. Por la licencia). 
Rivilla, Lunario... Puebla... 1754. (Quintana, p. 
82. Por deducción). 
Salvatierra, Pronóstico... 1754. (Quintana, p. 81. 
Por la licencia). 
Sugadi, Kalendarium... 1754. (Medina, 4204. Ej. 
Biblioteca Medina). 
Villaseñor, Calendario... 1754. (Quintana, p. 80. 
Por la licencia). 
Zúñiga, Efemérides... 1754. (Beristáin, II, 398). 
1754. García Vega, Pronóstico... 1755. (Quinta- 
na, p. 81. Por la licencia). 
Rivilla, Lunario... Puebla... 1755. (Quintana, p. 
82. Por deducción). 
Salvatierra, Calendario astronómico y almana- 
que... 1755. (Quintana, p. 81. Por la licencia). 
Villaseñor, Calendario... 1755. (Quintana, p. 80. 
Por la licencia). 
Zúñiga, Efemérides... 1755. (Beristáin, II, 398). 
1755. Villaseñor, Calendario... 1756. (Quinta- 
na, p. 80. Por la licencia). 
Rivilla, Lunario... Puebla... 1756. (Quintana, p. 
82. Por deducción). 
Zúñiga, Efemérides... 1756. (Beristáin, IL 398). 


1756. Francisca Gonzaga Castillo, Efemeris 


52 


calculada al meridiano de México... 1757. (Beris- 

táin, L, 306). 

Francisco José Fuentes, Diario sagrado y profano 

de todo el año... ¿1757? (Beristáin, L 532. Es posi- 

ble que sea el Diario para 1756). 

García Vega, Pronóstico de temporales, según la 

altura, longitud y meridiano de México... 1757. 

(Quintana, p. 81, por la licencia. Medina, 4410, 

por Beristáin). 

Rivilla, Lunario... Puebla... 1757. (Quintana, p. 

82. Por deducción). 

Villaseñor, Calendario... 1757. (Quintana, p. 80. 

Por la licencia). 

Zúñiga, Efemérides... 1757. (Beristáin, II, 398). 
1757. Fr. Manuel Domínguez Lavandera, Pro- 

nóstico... 1758. (Quintana, p. 82, por la licencia). 

Rivilla, Lunario... Puebla... 1758. (Quintana, p. 

82. Por deducción). 

Villaseñor, Calendario... 1758. (Quintana, p. 80. 

Por la licencia). 

Zúñiga, Efemérides... 1758. (Beristáin, II, 398). 
1758. Domínguez de Lavandera, Pronóstico de 

lunaciones y temperamentos... 1759. (Quintana, 

p. 82. Por la licencia). 

Illarregui, Calendario... 1759. (Quintana, p. 81. 

Por documento de la aduana). 

Rivilla, Lunario... Puebla... 1759. (Quintana, p. 

82. Por Mendizábal). 

Villada, Pronóstico... 1759. (Quintana, p. 81. Por 


53 


la licencia). 
Zúñiga, Efemérides... 1759. (Beristáin, II, 398). 

1759. Domínguez de Lavandera, Prognóstico 
de lunaciones y temperamentos... 1760. (Medina, 
4541. Biblioteca Andrade). 

Rivilla, Lunario octavo... Puebla... 1760. (Medina, 
Puebla... 661. Biblioteca Andrade). 
Zúñiga, Efemérides... 1760. (Beristáin, II, 398). 

1760. Rivilla, Lunario... Puebla... 1761. (Medi- 
na, Puebla... 670. No lo conoció). 

Zúñiga, Ephemeris nona... 1761. (León, parte IV, 
p. 399). 

Zúñiga, Kalendario... 1761. (Lamadrid, 1. Biblio- 
teca Nacional de México). (Figura 19). 

1761. García Vega, Prognóstico de temporales... 
1762. (Quintana, p. 83. Biblioteca Salo Hale). 
Rivilla, Lunario... Puebla... 1762. (Medina, Pue- 
bla... 677. No lo conoció). 

Zúñiga, Ephemeris décima... 1762. (Por deduc- 
ción de la 13a. citada por Medina, 5028). 
Zúñiga, Kalendario... 1762. (Lamadrid, 4. BNM). 

1762. Rivilla, Lunario... Puebla... 1763. (Medi- 
na, Puebla... 688). 

Zúñiga, Ephemeris décimoprimera... 1763. (Por 
deducción de la que cita Medina, 5028). 
Zúñiga, Kalendario... 1763. (Lamadrid, 6. BNM). 

1763. Rivilla, Lunario... Puebla... 1764. (Medi- 
na, Puebla... 716). 


54 


Zúñiga, Ephemeris décimo segunda... 1764. (Por 
deducción de la que cita Medina, 5028). 
Zúñiga, Kalendario... 1764. (Lamadrid, 8 BNM). 


1764. Zúñiga, Ephemeris décima tercia... 1765. 
(Medina, 5028. Biblioteca Andrade). 
Zúñiga, Kalendario... 1765. (Lamadrid, 8 BNM). 
Rivilla, Lunario... Puebla... 1765. (Medina, Pue- 
bla... 749). 
1765. Rivilla, Lunario... Puebla... 1766. (Medi- 
na, Puebla... 784). 
Zúñiga, Ephemeris décima cuarta... 1766. (Por 
deducción de la que cita Medina, 5194). 
Zúñiga, Kalendario... 1766. (Lamadrid, 12. BNM). 
1766. Rivilla, Lunario... Puebla... 1767. (Medi- 
na, Puebla... 818). 
Zúñiga, Ephemeris décima quinta... 1767. (Medi- 
na, 5194, por un fragmento en las guardas de un 
libro). 
Zúñiga, Kalendario... 1767. (Lamadrid, 14. BNM). 
1767. Rivilla, Lunario... Puebla... 1768. (Medi- 
na, Puebla... 838). 
Zúñiga, Ephemeris décima sexta... 1768. (Por de- 
ducción de la de Medina, 5968) 
Zúñiga, Kalendario... 1768. (Lamadrid, 16. BNM). 
1768. Zúñiga, Ephemeris décima séptima... 
1769. (Por deducción de la citada en Medina, 
5968). 
Zúñiga, Kalendario... 1769. (Lamadrid, 18. BNM). 


55 


1769. Kalendarium... 1770. (Medina, 5331. Bi- 
blioteca Andrade). 
Antonio de León y Gama, Diario astronómico y 
suplemento al calendario para el año de 1770. 
(Quintana, p. 83. Biblioteca Salo Hale. Parece in- 
ferirse del título que publicó además el Calenda- 
rio). 
Zúñiga, Ephemeris décima octava... 1770. (Por 
deducción Medina, 5968). 
Zúñiga, Kalendario... 1770. (Lamadrid, 20. BNM). 


1770. lllarregui, Pronóstico... 1771. (Quintana, 
p. 83. Por la licencia). 
León y Gama, Calendario... 1771. (Lamadrid, 21. 
BNM). 
Zúñiga, Ephemeris décima novena... 1771. (Por 
deducción. Medina, 5968). 
Zúñiga, Kalendario... 1771. (Medina, 5466, aun- 
que no conoció ningún ejemplar). 
1771. Zúñiga, Ephemeris vigésima... 1772. (Por 
deducción. Medina, 5968). 
Zúñiga, Kalendario... 1772. (Lamadrid, 23. BNM). 
1772. Zúñiga, Ephemeris vigésima primera... 
1773. (Por deducción, Medina, 5968). 
Zúñiga, Kalendario... 1773. (Lamadrid, 25. BNM). 
1773. Domingo Laso de la Vega, Astral con- 
cento de la tierra, cuya dulzura se percibe en la 


tierra por la armonía de sus cálculos y pronósti- 
cos... 1774. (Beristáin, IL, 164). 


56 


Zúñiga, Ephemeris vigésimo segunda... 1774. (Por 
deducción, Medina, 5968). 


1774. Laso, Astral concento... 1775. (Beristáin, 
II, 164. Dice este autor que publicó su pronóstico 
en años posteriores). 

Zúñiga, Ephemeris vigésimo tercera... 1775. (Por 
deducción. Medina, 5968). 

Zúñiga, Kalendariomanual... 1775. (Lamadrid, 
29. BNM). 


1775. Ullarregui, Pronóstico... 1776. (Quintana, 
p. 83. Por la licencia). 

Zúñiga, Ephemeris vigésima cuarta... 1776. (Me- 
dina, 5968. Biblioteca Andrade). 

Zúñiga, Kalendario manual... 1776. (Lamadrid, 
31. BNM). 

1776. Zúñiga, Ephemeris o prognóstico de tem- 
porales... 1777. (Quintana, p. 83. Por deducción 
del cuadragésimo segundo. No sabemos cuándo 
cambió el título por el de pronóstico). 

Zúñiga, Kalendariomanual... 1777. (Lamadrid, 
33. ENM). 

1777. Zúñiga, Calendario manual... 1778. (La- 
madrid, 34. BNM). 

Zúñiga, Ephemeris o prognóstico... 1778. (Quinta- 
na, p. 83. Por deducción). 

1778. Zúñiga, Calendario manual... 1779. (La- 
madrid, 35. BNM). 

Zúñiga, Ephemeris o prognóstico... 1779. (Quinta- 


al 


na, p. 83. Por deducción). 


1779. Zúñiga, Calendario manual... 1780. (La- 
madrid, 36. BNM). 

Zúñiga, Ephemeris o prognóstico... 1780. (Quinta- 
na, p. 83. Por deducción). 

1780. Zúñiga, Calendario manual... 1781. (La- 
madrid, 37. BNM). 

Zúñiga, Ephemeris o prognóstico... 1781. (Quinta- 
na, p. 83. Por deducción). 

1781. Zúñiga, Calendario manual... 1782. (La- 
madrid, 38. BNM). 

Zúñiga, Ephemeris o prognóstico... 1782. (Quinta- 
na, p. 84. Por deducción). 

1782. Zúñiga, Calendario manual... 1783. (La- 
madrid, 39. BNM) 

Zúñiga, Ephemeris o prognóstico... 1783. (Quinta- 
na, p. 84. Por deducción). 

1783. Zúñiga, Calendario... 1784. (Medina 
7531. Biblioteca Medina. Se trata de dos hojas 
grandes con un semestre cada una, lo que hace 
suponer que Zúñiga publicaba sus calendarios 
en dos formas y que la que mejor se conservó 
fue la manual). 

Zúñiga, Calendario manual... 1784. (Lamadrid, 
40. BNM). 

Zúñiga, Ephemeris o prognóstico... 1784. (Quinta- 
na, p. 83. Por deducción). 


1784. Zúñiga, Calendario manual... 1785. (La- 


58 


madrid, 41. BNM). 
Zúñiga, Ephemeris o prognóstico... 1785. (Quinta- 
na, p. 83. Por deducción). 

1785. Zúñiga, Calendario manual... 1786. (La- 
madrid, 42. BNM). Zúñiga, Ephemeris o prognós- 
tico... 1786. (Quintana, p. 83. Por deducción). 

1786. Zúñiga, Calendario manual... 1787. (La- 
madrid, 43. BNM). 

Zúñiga, Ephemeris o prognóstico... 1787. (Quinta- 
na, p. 83. Por deducción). 

1787. Zúñiga, Calendario manual... 1788. (La- 
madrid, 45. BNM). Zúñiga, Ephemeris o prognós- 
tico... 1788. (Quintana, p. 83. Por deducción). 

1788. Zúñiga, Calendario manual... 1789. (La- 
madrid, 46. BNM). 

Zúñiga, Calendario manual y guía de forasteros... 
1789. (Lamadrid, 47. BNM) 

Zúñiga, Ephemeris o prognóstico... 1789. (Quinta- 
na, p. 83. Por deducción). 

1789. Zúñiga, Calendario manual... 1790. (La- 
madrid, 48. BNM). 

Zúñiga, Ephemeris o prognóstico... 1790. (Quinta- 
na, p. 83. Por deducción). 

1790. Ignacio Vargas, Pronóstico físico-mate- 
mático de los temporales del año de 1791. (Lama- 
drid, 50. BNM). 

Zúñiga, Calendario manual... (para Puebla) 1791. 
(Lamadrid, 49. BNM). 


59 


Zúñiga, Ephemeris o prognóstico... 1791. (Quinta- 
na, p. 83. Por deducción). 

1791. Vargas, Calendario curioso o efemeris de 
Nueva España... 1792. (Medina, 8143. Museo Bri- 
tánico). 

Zúñiga, Calendario manual... 1792. (Medina, 
8233. BNM). 

Zúñiga, Calendario manual... Puebla... 1792. (La- 
madrid, 51. BNM). 

Zúñiga, Calendario manual y guía de forasteros... 
1792. (Medina, 8234. Biblioteca Medina). 
Zúñiga, Ephemeris o prognóstico... 1792. (Quinta- 
na, p. 83. Por deducción). 

1792. Zúñiga, Calendario manual... 1793. (La- 
madrid, 53. BNM). 

Zúñiga, Calendario manual y guía de forasteros... 
1793. (Lamadrid, 54. BNM). 

Zúñiga, Ephemeris o prognóstico... 1793. (Quinta- 
na, p. 83. Por deducción). 

1793. Zúñiga, Calendario manual... 1794. (La- 
madrid, 55. BNM). 

Mariano de Zúñiga, Calendario manual y guía de 
forasteros... 1794. (Lamadrid, 56. BNM). 

Zúñiga, Prognóstico de temporales cuadragésimo 
segundo... 1794. (Quintana, p. 83. Biblioteca Salo 
Hale). 


1794. Vargas, Calendario curioso o efemeris de 
Nueva España... 1795. (Medina, 8426. Biblioteca 


60 


Andrade. Cita Medina a Osores, quien asegura 
que Vargas publicó su calendario más de treinta 
años, aunque no sabemos cuáles). 

Zúñiga, M., Calendario manual... 1795. (Lama- 
drid, 57. BNM). 

Zúñiga, M., Calendario manual y guía de foraste- 
ros... 1795. (Lamadrid, 58. BNM). 

Zúñiga, M., Prognóstico de temporales... 1795. 
(Quintana, p. 84. Dice que se publicó hasta 
1826). 


1795. Zúñiga, M., Calendario manual... 1796. 
(Lamadrid, 59. BNM). 
Zúñiga, M., Calendario manual y guía de foraste- 
ros... 1796. (Lamadrid, 60. BNM). 
Zúñiga, M., Pronóstico... 1796. (Quintana, p. 84). 
1796. Zúñiga, Calendario manual... 1797. (La- 
madrid, 61. BNM). 
Zúñiga, Calendario manual y guía de forasteros... 
1797. (Lamadrid, 62. BNM). 
Zúñiga, Pronóstico... 1797. (Quintana, p. 84). 
1797. Zúñiga, Calendario manual... 1798. (La- 
madrid, 63. BNM). 
Zúñiga, Calendario manual y guía de forasteros... 
1798. (Lamadrid, 64. BNM). 
Zúñiga, Pronóstico... 1798. (Quintana, p. 84). 
1798. Zúñiga, Calendario manual... 1799. (La- 
madrid, 65. BNM). 
Zúñiga, Calendario manual y guía de forasteros... 


61 


1799. (Lamadrid, 66. BNM). 
Zúñiga, Prognóstico de temporales... 1799. (Quin- 
tana, p. 84. Biblioteca José Ignacio Durán). 


1799. Zúñiga, Calendario manual... 1800. (La- 
madrid, 67, BNM). 
Zúñiga, Calendario manual y guía de forasteros... 
1800. (Lamadrid, 68. BNM). 
Zúñiga, Pronóstico... 1800. (Quintana, p. 84). 
1800. Zúñiga, Calendario manual... 1801. (La- 
madrid, 69. BNM). 
Zúñiga, Calendario manual y guía de forasteros... 
1801. (Lamadrid, 70. BNM). 
Zúñiga, Pronóstico... 1801. (Quintana, p. 84). 


GONZALES PARA EL AÑO DEL SENOR DE 1733. 

















e 


Figura 15 


Calendario para 1723, por Juan Antonio de Mendoza y González 


62 











DR APACAT: 
ALARCON. PARA EL AÑO DEL SEÑOR DE «7, 
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Figura 16 


Calendario para 1734 (primer semestre), por Pedro Alarcón 


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OS/ SEIS MESES 2 ade «e És 












Figura 17 


Calendario para 1734 (segundo semestre), por Pedro Alarcón 


63 





















































Figura 18 


Calendario para 1752, por J. Antonio Villaseñor 


KALENDARIO 


DISPUESTO 


POR DON PHELIPE Y 
DE ZUñ1GA, Y ONTIVEROS, 
Philo-Mathematico de efta Cgrre, y 
Nao titulado por S. M.( Q. 

G.) de Tierras, Aguas y Mi- 
aas de todo el Reyno. 
PARA EL AñO DEL SEFOR DE 1761. 
: del; IBLtor de Bifexto» 


Perros PRE 














49 PILLE NACO 
AS MEREN 23 
E: 4, p.,* FE 
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En Mexico cn la tnprents del mas-Anti- E 
guo Colegio de S.!ldcfanto, año de 1761. Pr 
ARRATPLRREPARATA 
Figura 19 


Calendario para 1761, por Felipe de Zúñiga y Ontiveros 


Es seguro que una búsqueda más cuidadosa arrojaría mu- 
chos más de estos impresos dieciochescos, pero no fue por 


64 


ahora mi propósito, sino el de alertar sobre materiales que 
significan la práctica cotidiana de la astronomía. El otro 
componente de la continuidad es la cátedra de astrología y 
matemáticas de la Real y Pontificia Universidad. Siguen las 
listas de catedráticos propietarios y suplentes que me ha 
proporcionado José Ruiz de Esparza. [ 44 ] He aquí la nómi- 
na de propietarios durante el siglo xvm: 


1700, 3 de noviembre. Doctor Luis Gómez Solano 
1704, 26 de abril. Bachiller Francisco de Alcivia 


1711, 5 de septiembre. Doctor José Juan de Escobar y Mo- 
rales 


1737, 12 de junio. Doctor Pedro Alarcón 

1752, 9 de junio. Doctor Antonio Gamboa y Riaño 

1759, 30 de julio. Doctor Juan Gregorio Campos 

1765, 7 de enero. Lienciado. Joaquín Velázquez de León 
1773, 10. de marzo. Doctor José Ambrosio Giral Matienzo 


1778, 5 de octubre. Doctor Vicente Ignacio de la Peña Bri- 
zuela 


1785, 20 de octubre. José Francisco Rada 
1795, 27 de agosto - 1822. Pedro Narciso Gómez Cortina 


La lista de suplentes sigue: 
1699. Manuel de Alcivia 
1702. Pedro Pérez de Vergara 


1703. Félix Rodríguez de Guzmán 
1704, 1708-1709. Nicolás Clavijo 


65 


1709-1710. Luis José Ruiz 

1720-1721. Joaquín del Castillo 

1731, 1733-1734. Antonio Gamboa 

1732. ¿Samaño? 

1735. Joaquín Muñoz Sandín 

1737. Carlos Toral 

1740-1746, 1748, 1751. Francisco Camarena 
1749-1750, 1753. Dr. Ignacio José Segura 
1746-1747. Antonio Suástegui 

1751-1752. Juan Gregorio Campos 

1752. José Velasco 

1753-1754. Hilario Regalado 

1755-1756. Juan José de la Peña Brizuela 
1758-1759. José Francisco Sánchez Arvide 
1760-1763, 1774-1776. Juan Vicuña Mendoza 
1761. Juan Venegas 

1762, 1764, 1768. Francisco de Zúñiga y Ontiveros 
1764. Vicente Peña 

1766 - 1768, 1772 - 1773. José Ignacio Bartolache 
1770. Pedro Almonte 

1771. José Caamaño 

1772. José García Vega 

1777. Manuel Gómez 

1778. Miguel Campos 

1779. José Ávila 

1779. Ignacio Jurado 

1781. Vicente Fuentes 


66 


1781. José Francisco Conde 
1782. José Jurado 

1783. Juan José Cienfuegos 
1784. José Caballero 

1784. Cristóbal Gutiérrez Hermosillo 
1785. Manuel Tagle 

1786. José Mariano Mociño 
1787 - 1788. José Gómez 
1788. Antonio Díaz 

1789. José Castillo 

1790. José Revillas 

1791. José Ignacio Solís 
1795. José Afán de Rivera 
1795. Romualdo Maniau 
1796. Juan Nepomuceno Legorreta 
1797. Ignacio Javier Lemos 
1797, 1799. José Díaz Ortega 
1798. Joaquín Cortina 

1799. José María Baca 
1799-1800. José Rafael Vera 
1800. Pedro Legorreta 


Bien se ve que no todos los que tuvieron a su cargo la 


transmisión de los conocimientos astronómicos destacaron 


gran cosa. Sin embargo, debe tenerse presente que la cátedra 


se impartía para los estudios de medicina, por lo cual hay en 


esta lista predominantemente profesionistas médicos, algu- 


nos muy conocidos por su actuación. 


67 


Los eventos astronómicos 

La segunda gran fuente para el estudio de la astronomía 
dieciochesca mexicana está compuesta por la bibliografía 
que dejaron nuestros estudiosos y observadores para descri- 
bir los eventos celestes. De cuantos seguramente existieron, 
solamente encuentro registrados los siguientes: 


1702. Luis Gómez Solano, Phoenómeno examinado. 
Discurso del aparecido meteoro, a veinte y seis de fe- 
brero de este presente año de 1702, México, Herederos 
de la viuda de Bernardo Calderón, 1702. 

Medina, 2027, Biblioteca Palafoxiana. Ignoro de qué 
se trataba el fenómeno. 


1722. Juan Antonio de Mendoza y González [Noti- 
cias de un cometa], Gaceta de México, primero a fin 
de abril de 1722, n. 4. 


Mendoza, Noticia y explicación del cometa 
descubierto al Oeste de México, México, 1722. (Figura 
20) 

Beristáin, IL, 293. ¿Es el mismo que el anterior? 

1727. Juan A. de Mendoza y González, Sperograp- 
hía de la obscuración de la Tierra en el eclypse de sol 
de 22 de marzo de 1727. Méthodo de observarle y de co- 
rregir los reloxes, México, José Bernardo de Hogal, 
1747, 

Medina, 2941, Biblioteca Andrade 


1728. Pedro Alarcón [Noticia del eclipse de luna 
del 8 de agosto de 1729 y exhortación a observarlo], 


68 


Gaceta de México, desde principio a fin de octubre de 
1728, 1, 11, 


1742. José Antonio Villaseñor y Sánchez, Observa- 
ción del cometa que apareció en el hemisferio de Méxi- 
co en los meses de febrero y marzo de 1742, México, 
1742. 

Beristáin, III, 320. 

1752. José Mariano Medina, Destierro de temores y 
susto vanamente aprehendido en el eclypse casi 
total, México, ¿1752? 

Medina, 4085. 

Narciso Macorp Hecafet (anagrama), Carta escrita a 
una señora título sobre el eclypse futuro del día 13 de 
mayo de este presente año de 1752. Y sobre la carta im- 
presa que escribió el Br. D. Joseph Mariano Medina, 
México, Viuda de José Bernardo de Hogal, 1752. 
Medina, 4085, Biblioteca Medina. 


1754. José Mariano Medina, Juycio de cometas, de- 
terminado por los dos que prometen Ubisiton para el 
año de 1758 y Christian Wolfi para el presente de 54 
por octubre, Puebla, Viuda de Miguel de Ortega y Bo- 
nilla, 1754. 

Medina, Imp. En Puebla, 585. 


1755. Miguel Francisco de Illarregui, Piscator po- 
blano. Explicación de un eclypse de Sol que se verá el 
día 12 de marzo de este presente año de 1755. México, 
1755. 


1756. José Antonio García de la Vega, El piscator de 


69 


Nueva España. Explicación del eclipse de sol que ha de 
verse el día 25 de agosto de 1756 y sus efectos. 
Medina, 4323. 

1761. ¿Felipe de Zúñiga y Ontiveros?, Exposición de 
la conjunción magna de Saturno y Júpiter que acaba el 
día 20 de marzo de el año de 1762. 

Medina, 4755. 

1769. Este año es quizá el más significativo de todo 
el siglo para la astronomía mexicana por la observa- 
ción internacional que se hizo del tránsito de Venus 
por el disco del sol. A la Nueva España, particular- 
mente al sur de la península de California, pasó una 
expedición franco española que encontró allí al polí- 
grafo Joaquín Velázquez de León, quien también 
efectuó la observación. En la ciudad de México la 
realizaron conjuntamente José Ignacio Bartolache y 
José Antonio de Alzate. La bibliografía principal 
sobre estas observaciones es la siguiente: 

Suplemento a la famosa observación del tránsito de 
Venus por el disco del sol ... por D. J. Ignacio Bartola- 
che y D. J. Antonio de Alzate. 1 h. s.p.i. 

El título parece indicar la existencia de otro impreso 
con la famosa observación”. 

Las observaciones de Joaquín Velázquez de León — 
excepto su resultado global— permanecieron inéditas 
mucho tiempo. Ahora son fácilmente asequibles. 
[45] 

Los resultados de los tres astrónomos mexicanos se 


publicaron pocos años después de la observación en: 


70 


J. Chappe d'Auteroche, Voyage en California pour 
Pobservation du passage de Vénus sur le disque du So- 
leil, le 3 juin 1769... Redigé et publié par M. de Cassi- 
ni, París, Jombert, 1772. Se tradujo al inglés en 1778. 
En el mismo año de 1769 se publicó la siguiente lámi- 


na: 


Observación del paso de Mercurio por el 
disco del Sol... por D. José Antonio de Alzate, quien la 
efectuó en las casas de Cabildo de esta ciudad de Méxi- 
co el 9 de noviembre de 1769 años. 1 h. s.p.i. 


1770. José Antonio de Alzate, Eclypse de Luna del 
doce de diciembre de mil setecientos sesenta y nueve 
años... México, José Jáuregui, 1770. [ 46 ] 

Ej. en snm. 

José Antonio de Alzate, Inmersiones de los satélites de 
Júpiter hechas en la ciudad de México el año de 1770 
con un telescopio de 7 pies 3 pulgadas, que hace un 
efecto mayor que un gregoriano de dos pies. 

Ms. 1 p. B. Academia de las Ciencias de París. 

1771. Antonio de León y Gama, Observación del 
eclipse del 6 de noviembre de 1771. 

Fue enviada al astrónomo De Lalande, quien la elogió 
mucho y prometió publicarla. Ms. 20 p. Biblioteca 
Nacional de París. 

1775. Joaquín Velázquez de León, Descripción histó- 
rica y topográfica del Valle, las lagunas y ciudad de 
México... 

La primera parte de esta obra, que su autor dejó in- 


71 


conclusa, recoge sus observaciones astronómicas 
efectuadas con los instrumentos del abate Chappe. 
Los capítulos 2 a 4 se ocupan de las longitudes y las 
latitudes de la Nueva España. Existe una edición mo- 
derna de estos trabajos. [ 47 ] 


1778. Antonio de León y Gama, Descripción ortho- 
gráfica universal del eclipse de sol del día 24 de junio 
de 1778, México, Zúñiga y Ontiveros, 1778. 

Ej. Biblioteca Nacional de México. Existe una edición 
facsimilar. [ 48 ] 


1784. José Antonio de Alzate, [Nota sobre observa- 
ción de las manchas solares y el eclipse del 15 de 
agosto de 1784], Gaceta de México, v. 1, 17 de noviem- 
bre de 1784, n. 23. 

1786. Alzate, [Observaciones del sol el día 20 de 
julio de 1786], Gaceta de México, v. 1, 25 de julio de 
1786, n. 14. 


1787. Alzate, [Artículo sobre el cometa esperado 
en 1788 o 1789], Gaceta de México, v. u, 11 de septiem- 
bre de 1787, n. 42. 


1789. Alzate, “Observación astronómica”, Gaceta 
de México, v. m, 10 de marzo de 1789, n. 27. 
Alzate, “Observaciones astronómicas ejecutadas 
por...”, Gaceta de México, v. m, 26 de mayo de 1789, n. 
32. Alzate, “Noticia del meteoro [aurora boreal] ob- 
servado en esta ciudad en la noche del día 14 del co- 
rriente”, Gaceta de Literatura de México, v. 1, 2a. sus- 
cripción, 19 de noviembre de 1789, n. 6. 


72 


León y Gama, “Discurso sobre la luz septen- 
trional que se vio en esta ciudad el día 14 de noviem- 
bre de 1789 entre 8 y 9 de la noche”, Gaceta de Méxi- 
co, v. m, 1 y 22 de diciembre de 1789, n. 44- 45. 


1790. Alzate, “Carta del autor de la Gaceta de Lite- 
ratura al anónimo que imprimió... un discurso sobre 
la aurora boreal”, Gaceta de Literatura, v. 1, 8 de 
marzo de 1790, n. 13. 

José Francisco Dimas Rangel, Discurso físico sobre la 
formación de las auroras boreales. México, José de 
Jáuregui, 1790 (Hay ejemplares con pie de 1789). 
León y Gama, Disertación física sobre la materia y for- 
mación de las auroras boreales... México, Zúñiga y 
Ontiveros, 1790. 

1791. Alzate, “Crítica a León y Gama por su obra 
sobre las auroras boreales”, Gaceta de Literatura, v. 1, 
11 de enero de 1791, n. 10. Rangel, Impugnación del 
sistema de la formación de las auroras boreales de D. 
Antonio Gama. 

Beristáin, m, 10. Debe tratarse del artículo siguiente: 
Rangel, “Carta de D. Francisco Rangel el autor de la 
Gaceta de Literatura que contiene varias reflexiones 
tocantes al sistema de Don Antonio de León y 
Gama...”, Gaceta de Literatura, v. 1, 22 de marzo de 
1791, 1.15, 

1792. Fermín de Reygadas, “Observación astronó- 
mica” [eclipse], Gaceta de México, v. v, 3 de abril de 
1792, 1, 7 


13 





Figura 20 


Grabado de un cometa en la Gaceta de México de 1722 


Estos son los escritos de que tengo noticia se produjeron 
sobre algún evento astronómico. Sin duda habrá muchos 
más, que la investigación y la suerte pondrán en nuestras 
manos. 

Varios 

Aparte de los aspectos ya mencionados, se pueden encon- 
trar otros escritos astronómicos o de relación con la astrono- 
mía, que es necesario tomar en cuenta. Cito a continuación 


algunos de ellos: 


s.f. Cayetano Ochoa Arín y Peralta, Tabla 
eclesiástica astronómica que en seis ruedas y un 
cuadro declaran el Kalendarioy lunario en todas 
las fiestas movibles. Medina, 9317. 

Juan Joaquín Sopeña y Laherrán, Elementos 
de astronomía. Beristáin, m, 176. 

1751. Diego Rendón de la Guerra, Arte de conjun- 
ción... Medina, 4057. Ej. ms. En snm. 

1756. José Antonio Villaseñor, Matemático cómputo 
de los astros. Beristáin, m, 320. 

1757. Ignacio Rafael Coromina S. J., Tabla geográfi- 
ca de las situaciones y distancias del reino de la Nueva 


74 


España, Puebla, 1757. Medina, Puebla... 611. 
Buenaventura Francisco de Osorio, Astronómica y 
harmoniosa mano... México, Biblioteca Mexicana, 
1757. Ej. gnm. 


1768. Anónimo [Escrito contra la astrología] Dia- 
rio Literario de México, 8 de abril de 1768, n. 4. 


1789. Andrés de Guevara y Basoazábal S. J., Pasa- 
tiempos de cosmología o entretenimientos familiares 
acerca de la disposición del universo. 4 v. Ms. Publica- 
dos recientemente. [ 49 ] (Figuras 21 y 22) 

1790. Anónimo, Carta escrita al Br. D. Joseph Anto- 
nio de Alzate, que no contestó; se le añaden notas útiles 
e instructivas y otras advertencias importantes por el 
autor del Calendario Curioso, México, Herederos de 
José de Jáuregui, 1790. 

Ej. sxm. Se trata de la defensa de un Calendario que no 
conocemos contra las impugnaciones que le hizo Al- 
zate. Es un texto de astronomía muy interesante. 


Tiene aprobación de José Ignacio Bartolache. 


75 


(EY 


E Asatiempos 
mo De 
0) : 
Cammolegta, 
O 0 
Entretenimientos farmil lares Acerca 
dela Dispoficion del Univeyo 
pa! , 
Compuglos a peticion de un AÁmioo 


or cuya mano lor dedica el Luror 


v 


aru 
5 Caria 


A may Majo, x mui Joble 
ludad 
De Jana Fe y Real de Minas 
de 


2) 
( anaxuato. 
Figura 21 


Guevara y Basoazábal, Pasatiempos de cosmología o entretenimientos familiares 


acerca de la disposición del universo, 1789 


76 


Ctampa 1" Lel Tomo. 





ortr los Linea — Bono de alli Ledo bear al 
Figura 22 


Grabado español reutilizado en el manuscrito de Guevara, 1789 


Creo que basta de ejemplos. Omito, por consiguiente, la 
mención de los ejercicios escolares de los cursos de astrolo- 
gía y los numerosos cursus de physica, como el de Clavijero, 
o los elementos o instituciones, como los de Gamarra, que 
mucho material podrán aportar. 

Consideraciones finales 

La simple presentación de esta incompletísima lista debe 
hacernos cobrar conciencia de la vasta labor que resta por 


hacer para aproximarse con seriedad al tema de la astrono- 


77 


mía dieciochesca novohispana. Falta localizar y estudiar los 
calendarios, tarea ingrata pero no imposible: existen muchas 
bibliotecas y repositorios donde encontrar noticias. Es im- 
prescindible revisar el ramo de Universidad del Archivo Ge- 
neral de la Nación para localizar la documentación sobre los 
contenidos de la cátedra de astrología y sus modificaciones 
en el tiempo. [ 50 ] Otro aspecto importante tiene muy gra- 
ves dificultades: nuestra finisecular incuria nos ha dejado sin 
los instrumentos que se usaron en la época colonial, que 
mucho nos habrían podido ayudar para adelantar algo en el 
conocimiento de lo que nos interesa; sin embargo se pueden 
rastrear algunas noticias en las fuentes, cuyo cotejo con lo 
que sabemos de los instrumentos europeos de la época nos 
dará una mejor visión de lo que fue realmente nuestra astro- 
nomía. [ 51 ] 

Fundados motivos tenemos para creer que nuestros astró- 
nomos del siglo xvm fueron de capacidad y talento equipara- 
bles a los del resto del mundo occidental. Demostrarlo es 
obra de trabajo y paciencia. 


TABLA DE ASTRÓNOMOS O PRACTICANTES DE LA 
ASTRONOMÍA 


78 


Autores 
de trabajos 
astronómicos 


Obras de otra 
índole 


Profesión Cátedra Autores de 


onctividad de astrología 


Nombre y años de vida 


Otras cátedras Instrumentistas 


o florecimiento calendarios 





Luis Gómez Solano fl. 1700 Médico Propietario Xx Medicina 
Fr. Isidoro Alfonso ñ s 
ri Franciscano Lector éteología? ES Teología. 
ug Musientes y Aragón is e 
, 1702-1719 
Juan Martel Núñez 5 
de Villavicencio fl. 1707 
Juan Antonio de Mendoza Cura secular, contador , o Relojería 
y González fl. 1707-1728 y agrimensor Matemáticas Xx Xx y minería x 
José Escobar y Morales Médico, abogado , a 
A 1712, m.4737 etlece! tenlogia LE 25 Mica 
Fr. Pedro Alcántara Fernández as e a 
fl 1720-1748 
Pedro Alarcón fl. 1724, se Z A 
e Médico Propietario 2 x Poesía 
José Antonio de Villaseñor Contador, cosmógrafo Geografía, derecho 
4 $ E A 
y Sánelezál. 1735-1758 y agrimensor y poesía. 
Fr. José Velasco fl. 1746 Franciscano x 
José Mariano de Medina A Mm E 
ML a751-1754 
A Piloto de altura Matemáticas 53 52 
fl. 1750-1775 
Felipe de Zúñiga y Ontiveros Fslomatemático, dE a ascii e 
1.1752, m. 1794 agrimensor, impresor 
Miguel Espinosa E 
delos Monteros fl. 1753 
Juan Antonio de Rivilla Barrientos e se 
1l.1753-1768 
Cristóbal Antonio Salvatierra Maestro de primeras FA 
osas e Matemáticas z2 E 
José Antonio de Villada bi x 
1 1753-1759 
José Antonio García Vega a a E e 
1 1754-1772 
Fr. Pedro Sugadi fl. 1753 Franciscano 
Francisca Gonzaga Castillo 1. 1756 Xx 
Francisco José Fuentes 
Xx 
1.1756 
Fr. Manuel Domínguez Lavandera a AS 
od Mercedario, agrimensor Matemáticas, pintura E 
Cura secular, 
Domingo Laso dela Vega filomatemático, x Derecho 
Al. 1761-1775 E 
agrimensor 
José Antonio de te 4 
a Cura secular Periodista, polígrafo x 
1.1787, M. 1799 
E Ñ Derecho, historia, 
Ps OR Abogado Propietario x matemáticas, poesía 
h. 1732, M. 1786 id 
y minería 
Antonio de León y Gama Abogado $8 Xx Historia, medicina 
2.1735, m. 1802 
José Antonio Bartolache Ha rn Ñ Medicina, 
1.1739, m. 1790 matemáticas 
José Francisco Dimas Rangel eee > 
Relojero, impresor Xx Relojería ya 
fl. 1787-1789 A 5 a 
Ignacio Vargas fl. 1790-1802 Abogado Xx Teología, poesía 
José Mariano Mociño n. 175, Me bo Sustituto Historia natural, 
m.1820 poesía 
Fermín de Reygadas fl. 1792 Minero Minería, poesía 
Andrés de Guevara z 
yB ábalL. 1789 Jesuita Xx Filosofía 
Mariano de Zúñiga ela a 


y Ontiveros fl. 1792-1826 


q 





IV. EL MÉDICO JOSÉ IGNACIO 


BARTOLACHE 1739-1790 





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80 


IV. EL MÉDICO JOSÉ IGNACIO BARTOLACHE 1739- 
1790 
i se repasa la lista de los ilustrados mexicanos 
que más se distinguieron por su firme posición y 
solidez en sus trabajos, parece que Bartolache sólo 
ha de ceder el primer puesto al presbítero José Antonio de 
Alzate. Nada más justo, pues, que sea a este último a quien 
debamos la mejor semblanza biográfica de su contemporá- 
neo, [ 52 ] punto de referencia indispensable para quienes se 
interesen en Bartolache. De entonces acá, salvo los primiti- 
vos esbozos biográficos (casi todos derivados de Alzate), se 
han ocupado con cierta extensión de nuestro autor: Alfonso 
Méndez Plancarte, [ 53 ] Francisco de la Maza, [ 54 ] el Doc- 
tor Francisco Fernández del Castillo, [ 55 ] Lourdes Ibarra 
[ 56 ] y Ramón Sánchez Flores, [ 57 ] a más de otros autores 
que han iluminado incidentalmente ciertos aspectos de la 
vida y obra de Bartolache y a los que se hará referencia en 
su oportunidad, si se presenta. 
José Ignacio Bartolache y Díaz de Posadas nació en Gua- 
najuato el 30 de marzo de 1739, al decir de Alzate, añade el 
biógrafo lo siguiente: 


Nació de padres tan pobres que yo no dudo que sus talentos se hubieran 
sepultado en la oscuridad de su miseria si la generosidad de un caballero, 
cuyo nombre callo por no ofender su modestia, movido de la sublimidad de 
sus potencias, no se hubiera dignado protegerlo y traerlo en su compañía a 
esta corte en donde, sin disputa alguna, se logran más proporciones y venta- 
jas que en cualquiera otra ciudad del reino para instruirse en las ciencias. 
[58 ] 


Ignoramos, porque Alzate no lo dice, a qué edad llegó Bar- 
tolache a México, pero debió de haber sido muy joven por- 
que pudo, pese a numerosos contratiempos, hacer sus estu- 


81 


dios no muy fuera de lo considerado normal: en 1772, a los 
33 años era ya doctor en medicina. Pero no nos adelantemos. 
Hay que seguir citando a Alzate: 


Entró en el colegio de San Ildefonso a estudiar la filosofía: pero ¿qué filo- 
sofía? Aquella que el tiempo y la preocupación tenían reconocida como infa- 
lible, como la clave que debía dirigirnos en todas nuestras acciones, en todos 
nuestros pensamientos. Finalmente, al señor Bartolache le fue necesario re- 
conocerse por uno de los esclavos de esta tirana que se decía filosofía; no 
obstante de que se ejercitó en un estudio tan árido y tan contrario a lo que 
debía manifestarle aquel conocimiento interior que advierte a los que poseen 
talentos profundos lo engañados que caminan en estudios tan inútiles, logró 
ser el primer lugar en su curso de artes; esto es, que su maestro lo reputó 
por el más aprovechado entre sus discípulos. [ 59 ] 


Debe insistirse mucho en este párrafo de Alzate. Prueba 
que, pese a lo que reiteradamente leemos sobre la introduc- 
ción del pensamiento ilustrado o moderno por los jesuitas, la 
enseñanza en sus colegios estaba tan estereotipada como en 
cualquier otro colegio dominado por el peripatetismo. Barto- 
lache debió de estudiar muy poco tiempo después que los 
condiscípulos Alzate y Antonio de León y Gama y a todos 
tres se ha tratado de atribuir su destacada actuación ilustra- 
da por obra de la enseñanza jesuita. Es evidente que los je- 
suitas ilustrados se pueden contar con los dedos y que los 
casos de Campoy y Clavijero, por ejemplo, son tan aislados 
en su orden en estos años de mediados del siglo xvm, como 
los de Arias y Soria entre los franciscanos y Gamarra entre 
los felipenses. La introducción y extensión del pensamiento 
ilustrado es obra de éstos y otros muchos miembros privile- 
giados de la sociedad novohispana y no de alguna orden re- 
ligiosa en particular. 

Pero no sólo tuvo Bartolache que apechugar con la ense- 
ñanza peripatética en San Ildefonso, sino que por un contra- 
tiempo que no explica debidamente Alzate, un deudo suyo 


82 


que contribuía al pago de sus colegiaturas dejó de hacerlo y 
tuvo nuestro héroe que “vaguear de una escuela a otra igual- 
mente preocupada de aquellas ridiculezas dignas de traernos 
a la memoria el tiempo de la barbarie y nada propias de un 
siglo ilustrado”. [ 60 ] Fue el caso que Bartolache “quiso radi- 
car más su parentesco con el deudo”, seguramente enamo- 
rando a alguna dama de la familia, cosa que le valió el cese 
de la ayuda. Como Alzate no nos proporciona mayor infor- 
mación sobre tan interesante caso, quedamos sin saber bien 
a bien si logró o no radicar el parentesco con ese deudo. En 
caso negativo, no cabe duda que Bartolache se inclinaba por 
el procedimiento, dado que sabemos que casó con doña Jose- 
fa Ana Velázquez de León, [ 61 ] pariente del célebre minero 
Joaquín Velázquez de León (aunque no hija suya como se ha 
creído), su protector en esos años en que vagaba sin ayuda 
de Escila a Caribdis y de un colegio peripatético a otro. 


Vale la pena dejar a la pluma de Alzate la descripción de 
la siguiente aventura del joven estudiante: 


De San Ildefonso pasó al Colegio Pontificio Seminario a estudiar la teolo- 
gía, en donde, en virtud de su aplicación y de haber coordinado la biblioteca, 
que más bien parecía un edificio arruinado (tal era la desordenada coloca- 
ción de los libros) que el palacio de Minerva, se le retribuyó tan molesto tra- 
bajo con una beca de merced; quiero decir que se le dispensó pagar como a 
los otros cierta cantidad para su subsistencia. Libre de esta pensión, nuestro 
insigne literato se dedicó con más tesón al estudio, haciendo en poco tiempo 
los más rápidos y portentosos progresos. Pero lo que le hace más honor es 
haber conocido desde muy temprano que el estudio de la teología en este co- 
legio estaba en aquel tiempo en un estado deplorable. Que reinaba en esta 
sagrada facultad aquel propio espíritu de sutileza que había sido tan funesto 
a la filosofía. Que los escolásticos, lejos de hacer su estudio principal en los 
sagrados dogmas de nuestra religión, en rebatir los infructuosos y sofísticos 
ataques con que los herejes han procurado en todos tiempos combatirlos, se 
contentaban con saber en lo relativo a estos puntos tan importantes poco 
más de lo que enseña el catecismo ordinario, cuando empleaban todo el 
tiempo en cuestiones imposibles de resolver y en imponerse en las disputas 
que dividían las escuelas hasta un grado que causaba fastidio. Por fortuna, 


83 


cayó en sus manos la insigne obra de Melchor Cano. Dirigido por tan sabio 
maestro, no dudó [en] sostener un ruidoso acto, que había sido el fruto de su 
aplicación y trabajos. Mas una empresa tan célebre y tan atrevida en aquel 
tiempo no podía menos que acarrearle los mayores daños. Con efecto, ape- 
nas se percibió su intento, cuando las robustas columnas del Peripato se des- 
quiciaron para oprimirlo; ejecutaron todo lo que pudieron, esto es, despedir- 
lo del colegio; no hicieron más porque no se extendía a tanto su poder; éste 
era circunscrito, encerrado entre cuatro paredes; aunque no faltaron ecos 
que resonaron contra su conducta, para tales preocupados, sacrilega y es- 
candalosa. [ 62 ] 


Coincide Bartolache con Alzate, como era de esperarse, en 
la crítica a aquellos años de estudios peripatéticos. [ 63 ] Ex- 
pulsado, pues, del seminario por seguir las modernas obras 
de Cano, se encontró Bartolache nuevamente desamparado. 
Para su fortuna, y bien de nuestra cultura, la familia Osorio 
le dio albergue y comida y Joaquín Velázquez de León lo 
instó a estudiar medicina y le proporcionó libros de esa fa- 
cultad. [ 64 ] 

Los estudios de medicina de Bartolache fueron siglos, 
según Alzate, por tener que vivir de los favores de sus pro- 
tectores: “el trato con libros es del todo ventajoso a quien los 
maneja; el indispensable trato con los vivientes es molesto 
cuando lo acompaña aquella sumisión tan necesaria para sa- 
tisfacer en alguna manera el beneficio que oficiosamente se 
recibe”. [ 65 ] 

Con todo, Bartolache buscó la oportunidad de que su paso 
por las aulas no pasara inadvertido. Refiere Fernández del 
Castillo que, alegando dolores de cabeza, logró el joven estu- 
diante ganar un pleito para no usar la peluca de reglamento. 
[ 66 ] Más importante es lo que le atribuye Alzate de haber 
renovado los estudios en la facultad de medicina: “es necesa- 
rio confesarlo, la autoridad de Boerhaave y demás médicos 


modernos se conoció en las aulas de medicina por el señor 


84 


Bartolache, y se ahuyentaron de ellas aquellos bárbaros Sal- 
gados y otros del mismo temple”. [ 67 ] 


Así pasó el tiempo hasta que en 1766 pudo Bartolache 
optar por el título de bachiller en medicina. Éste le fue con- 
cedido nemine discrepante el 21 de abril por el maestro Juan 
Gregorio de Campos, [ 68 ] aunque parece que nuestro com- 
bativo personaje tuvo ocasión ahí mismo de armar un pe- 
queño escándalo, pues ya doctor se refiere en su Mercurio 
Volante 2 al “día de mi grado de bachiller, en que hice mi tal 
cual ruido y llevé aplausos”. 


Mientras estudiaba medicina dedicó también Bartolache 
cierto tiempo a las matemáticas, seguramente bajo la sabia 
preceptiva de Velázquez de León. Por ello, cuando el visita- 
dor José de Gálvez comisionó a este último personaje para 
acompañarlo en su viaje por el noroeste, se pensó en Barto- 
lache para sustituir a Velázquez en la cátedra que, como pro- 
pietario, impartía en la Real y Pontificia Universidad de “as- 
trología y matemáticas”. Velázquez de León salió de México 
en abril de 1768 y Bartolache quedó como catedrático susti- 
tuto. [ 69 ] Aunque hubo dificultades con el claustro que fue- 
ron allanadas por la autoridad del virrey marqués de Croix, 
Bartolache se desencantó y ya “miró con tedio tan útil ocu- 
pación”. [ 70 ] Producto, sin embargo, de su entusiasmo ini- 
cial es su primer libro impreso: Lecciones matemáticas 
de 1769 (figura 23) y primero de una frustrada serie de cua- 
dernos sobre matemáticas modernas. En este libro solamente 
quedaron incluidas las generalidades sobre el método cientí- 
fico y eso le confiere el más subido interés, por ser el primer 
texto que en México se publicó con las teorías modernas 
sobre la ciencia y su método. [ 71 ] 


85 


LECCIONES MATEMATICAS, 
QUE EN LAREAL UNIVERSIDAD 
DE MEXICO 
DICTABA D. Joscf Ignacio Bartolache. 


PRIMER QUADERNO, 


DEDICADO 


AL ECELENTISIMO SEFOR 
DON CARLOS FRANCISCO 


DE CROXX, 


Marqués de Crorx, Cavállero del Orden de 
Calatráva,Comendador de Molinos i Laguna 
Rota enla misma Orden,Teniente General de 
los Reales Egercitos de S.M:Virrei,Goberna- 
dor,i Capitan Geñl. de Nueva España, Presi. 
dente dela R. Audiencia de Mexico, ác écc. 





Impréso CON LAS LICENCIAS NECESARIAS cn la 
Imprenta de la Biblioréca Mexicána, puente del Esp.Santo 


emismntsa M DCCLXIX. 


Figura 23 


Portada de Lecciones matemáticas que en la Universidad de México..., 1769 


No sólo se ocupó de las matemáticas, sino que también 
hizo algo de astronomía. Hasta donde sabemos, Bartolache 
realizó observaciones astronómicas con Alzate en 1769 y con 
Velázquez de León en 1771. En el primer caso, se trató de 
que José Mateos Chirinos, regidor del Ayuntamiento de Mé- 
xico convidó, con fecha 18 de mayo de 1769, a Bartolache 
para efectuar con Alzate la observación del paso de Venus 
por el disco del Sol que se produciría el 3 de junio. Nuestro 
personaje contestó en los siguientes términos: 


Muy señor mío: acepté con la mayor satisfacción el encargo que de parte 
de esta Nobilísima Ciudad me ha participado vuestra señoría con fecha de 18 
del corriente, según lo resuelto por su excelencia en el Cabildo de 8 del 
mismo. Don José Alzate, con quien ayer mañana comuniqué verbalmente 
sobre el asunto, lo da también por aceptado. Ambos procuraremos desempe- 
ñar la confianza de la Nobilísima Ciudad como corresponde a la distinción 
con que nos ha querido honrar su excelencia en esta encomienda y a la im- 


86 


portancia del objeto. 

Estamos de acuerdo en que la dicha observación del paso de Venus sobre 
el disco del sol el 3 de junio próximo se haga en la azotea de las casas de 
Ayuntamiento. Es lugar amplísimo y de competente elevación, además de 
ser más propio de la Nobilísima Ciudad para que así se verifique todo suyo 
cuanto a este fin se ordenare. 

A fines del presente mes necesitaremos recibir las llaves de la azotea y de 
un aposento para poner a prevención los instrumentos y rectificar algunos: 
también para igualar el tiempo y otras operaciones previas en aquellos días 
inmediatos al célebre aspecto que ha puesto en expectación y conmovido 
todo el mundo astronómico. El 3 de junio estaremos (con el favor de Dios) 
desde media mañana empleados todo el día en este trabajo que nos será glo- 
rioso, cediendo en y siendo por encargo de la Nobilísima imperial México 
que va a dar en esta ocasión una prueba visible de que su policía no es infe- 
rior a la de las ciudades más cultas; y que tiene educados en su seno y for- 
mados de suyo sin maestro ni escuela algunos ciudadanos que gustan de as- 
tronomía; yo destinaré de entre mis concursantes aquellos que me parecie- 
ren más hábiles para lo que allí se debe hacer conforme a la instrucción que 
a todos daré por escrito. En fin, daremos cuenta a su excelencia de la resulta 
y a los caballeros matemáticos que pasaron a la California según se me pre- 
viene. 

Nuestro señor guarde a vuestra señoría muchos años. Casa y mayo 20 de 
1769. [72] 


Efectuada la observación el Ayuntamiento la mandó im- 
primir, pero no conocemos ningún ejemplar. Parece constar 
este hecho de una lámina publicada por Alzate como Suple- 
mento. [ 73 ] De cualquier manera, aunque Alzate en su bio- 
grafía de Bartolache menciona la observación y dice que “ha 
merecido ser colocada entre las que publicó la Real Acade- 
mia de las Ciencias de París, [ 74 ] se calla el hecho de que 
en esta publicación de la prestigiada Academia sólo aparece 
su nombre y no el de Bartolache”. [ 75 ] 


La segunda serie de observaciones de importancia en que 
participó Bartolache fue la que se realizó bajo la dirección de 
Joaquín Velázquez de León y con la ayuda de Antonio de 
León y Gama entre el 26 de marzo y el 10 de abril de 1771. 
Por estas observaciones se fijó la latitud de la ciudad de Mé- 


87 


xico en 19” 26”, la medición más correcta del siglo xvm. [ 76 ] 


Por estos tiempos se sucedieron una serie de pleitos y pro- 
blemas entre Bartolache y la Universidad, porque aquél optó 
a diversas cátedras que no le fueron concedidas. [ 77 ] El 
caso es que, llegado el año de 1772, pudo el joven optar por 
los grados de licenciado y doctor. De la Maza publicó el fac- 
símil de la petición siguiente: 

El bachiller don José Ignacio Bartolache Posadas, médico aprobado por el 
Real Tribunal del Protomedicato, como más haya lugar en derecho, parezco 
ante V.S. y digo: que como consta del título que en debida forma presento y 
juro, tengo recibido el grado de bachiller en esta facultad y cumplida su pa- 
santía. Y porque mi ánimo es pasar al de licenciado, suplico a V.S. se sirva de 
mandar se me reciba la información de estatuto; y dada en la forma que 
baste, asignarme día de repetición. Por tanto: 


A V. S. suplico que habiendo por presentado dicho instrumento mande 
como pido: en que recibiré merced. 


Juro, etc. 


José Ignacio Bartolache Posadas. [ 78 ] 


Añadió Bartolache a esta petición las informaciones de 
sus testigos Joaquín Velasco, Rafael Capetillo, Francisco 
María Liceaga, Máximo Afán de Rivera y José Martínez 
Pando. Aprobada la petición por Cayetano Antonio de To- 
rres, se asignó el examen de repetición para el 5 de julio de 
1772. El examen público se fijó para el 11 del mismo mes, 
por lo que con un día de anticipación se le asignaron los 
puntos de Hipócrates y Avicena. Bartolache imprimó las 
conclusiones en una bonita hoja, cuya reproducción puede 
verse en De la Maza, así como el resultado del examen, apro- 
batorio por los 24 doctores. La tesis de la licenciatura, impre- 
sa también por Zúñiga y Ontiveros y reproducida por De la 
Maza es un precioso ejemplo de tipografía y está dedicada al 
conde de San Mateo de Valparaíso y a Miguel José de Berrio 


88 


y Zaldívar (figura 24). El 12 de julio se le otorgó el grado de 
licenciado a Bartolache. [ 79 ] 






AVITAM NOBILITATEM, 
fria falta, egregos bollo 
Mer Ja nt e, Li 





pla Va q 
DOMINO D. MICHAEL! JIOSEPHO 
DE BERRIO ET ZALDIVAR, 


UTIL Meda de Var o e Cn Fes Cetina Sapere 
ne Senasa, segu? 6 bayo es Hope Re 03 2d Todaaalo bo 
alla ppm 













welis tandem ad bumams arteis animum adrerítre; exumia profeAd 





E UUM rerissimam sit Su cda Mati DiBatoris efatum, quoqud 
| OS ante Ceteras spcdawssimi Viri Mascenarss laudes existimanda, eo, 5 
3 paullo adolecentiorem, £ non ade Snes proredum, cum, 
Él 002 tim reipubl. gravissima negotia assidue sumi em: optimia amen, inge Y 
> Ai liberalbosdacipliio lalo magrogcre deleGari, rs salutaris COgnitiooe; 008. 


He 

Ky 
| El 
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. , 
Si] mediocriter vi vol quantum Oprima E b 
O eins aleros 

Pesos arte DAD. Francia, rento. Correo qoeadrn E Arrancar Cobedts Modus. e 
Ne A a un 


Figura 24 









Portada de la tesis de licenciatura de Bartolache 


Inmediatamente después de recibir el grado de licenciado, 
Bartolache repitió el procedimiento, esta vez para obtener el 
grado de doctor (figura 25). El edicto para convocar a los que 
quisieran alegar mayor antigúedad se fijó el 12 de julio de 
1772. En esta ocasión se presentó como opositor el licencia- 
do Ignacio García Jove (futuro protomédico), por lo que Bar- 
tolache tuvo que pedir que se le permitiera graduarse pron- 
to. Allanada la dificultad, se efectuó el examen el diez de 
agosto de 1772, con el mismo conde de San Mateo de Valpa- 
raíso como mecenas y Miguel José de Berrio y Zaldívar 
como protector. La conclusión de la tesis doctoral fue esta 


89 


vez sobre el célebre primer aforismo de Hipócrates: Vita bre- 
vis, ars longa; experimentum periculosum, judicium difficile 
(la vida es breve, el arte extenso; el experimento peligroso, el 
juicio difícil). El impreso de la tesis (figura 26), también re- 
producida por el benemérito De la Maza, [ 80 ] tiene un gra- 
badito de la virgen de Guadalupe al centro, arriba, y una de- 
dicatoria a la virgen que, traducida por Jesús García Gutié- 
rrez, dice así: 


Para que con nuevo portento surgiera, no aterrado sino jubiloso un 
mundo nuevo, por tanto tiempo sumergido en maleficios, en [el] oprobio del 
crimen, en la pereza y maldad; para que diera esplendor y honor a la legíti- 
ma piedad y religión y se desterraran lejos de los altares y hogares del Dios 
inmortal las divinidades diabólicas de los gentiles; para que a los indios, raza 
humilde, agreste, bárbaros por su ferocidad e incultura, desordenados de 
costumbres, los ennobleciera, instruyera, suavizara y humanizara; para que 
destruidos los ídolos ya no se profesara ni un resto de idolatría, sino que ésta 
quedara vencida, humillada, deshecha; para que fuera en adelante y para 
siempre refugio de los desvalidos, consuelo de los afligidos, auxilio de todos, 
sumo decoro y ornamento para esta América, apareció, y subsiste ya por 
más de dos siglos, la divina imagen de Santa María de Guadalupe. [ 81] 


90 


* 
Nos el Dr, yMés L Cayetano Artea seres 


¡Acemos faberá losque el prefente Edito 
viercó, como ante Nos le bs prefentado 
el (Zonciado D. Ses > Lan 

tolache ¡Dias 5 foradar: pretendiendoel 
Grado de Dart e ctoiamna Por tanto los e“. 
cenciague quifieren alegar antiguedad , com- 
parcican ante Nos, y mueítro infracfcripto Secre- 
tario, dentio del te?mino de »oerDdias, que cor- 
ren, y Íc cuentan defde la publicacion, y firacion 
de? coque haciendolo eftamos promptos á ud- 
miniftrarlesjulticia, la que de derecho, y Tegun 
Elfatuto huviere lugar. Dado en Mexico en diez 
5 ochs de Halio De mil, vorecion»os, 


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Figura 25 


Edicto en el que se otorga el grado de doctor a Bartolache 


91 











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SIMULACRUM. | Ea 
lermoculerco Virgit 5 heseraruon mecrmentas reverer enero capren” DON 
Viriato Despareata actrrmi beocfoy memersam, :z 
os y. Basroracia, Dia ex Pons Pp Sra Ti Bace ES m Medica Lrcemino, NE 
Sen lina rin dela Td Mex. Semen. mes de re medica Imubraimars dele mimos 
Mai mcg, ma plomaque bli, serna Pas MAELENATIS Amero, 
DOMINÍ.D MICHAELIS IOSEPHI DE BERRIO ET ZALDIVAR, e 
COMTTIS SANCTÉ MATHAE: DE VALPARAISO. swees m aebe Meno Procorn eliós, nene Regi 
en Narro Hnpanar Regoo ustem Senasor edi Tr banal 
a a id dle eppaacinan, Et Den 
CARA pra? 


CONCL. DED EX REPETITO TEXT. HIP. APH, 1. SECT. l. 

Da been, ers lomgas: :experimentasa pericalor; job defi 
er verissime de rebus nato! 

W VIRGIN O UARIAE DE EOS > 

Mr osco dutto Simulacro plurimum abest: in quo beat ss Amero Ñ 

k A felicitarema postram practer ceteras gentes, A munil gros ¡55! mam Der b E mor 
a a a, facil Jmdicamas, quimobrem Diva Virgo apu 

- 5 manere velic Perspxuum Est, cala Funsos Ar ficas Dei opus esse. 

pesitos 

O mame ner puc ASIS SORERTA sd 7 A ano! Se 

Dre Do Lap paño. Che. a rata 

ES A A 























Figura 26 


Portada de la tesis doctoral de Bartolache 


Es éste el primer texto de Bartolache que nos informa de 
su enorme devoción por la virgen de Guadalupe, devoción 
que ocupó su tiempo en la última etapa de su vida y que 
condujo a que quedara injustamente condenado como anti- 
guadalupano. Por lo pronto, hay que dejar precisados algu- 
nos conceptos. El catolicismo de Bartolache y de todos sus 
contemporáneos, casi sin excepción, es sincero y no una 
simple máscara contra una posible persecución. El problema 
es si este solo rasgo puede, como se ha sostenido, descalifi- 
car a todo el mundo hispánico de ilustrado. Sostener que la 
Ilustración es una filosofía fundamentalmente irreligiosa 
deja fuera de esta corriente por lo menos a Alemania, Italia, 
España y sus colonias. Es mucho dejar fuera, y a la verdad, 


92 


no vale la pena. Basta, en cambio, extender la noción de Ilus- 
tración, verla como una ideología, y se ajusta más el término 
a la realidad. Cabe entonces el catolicismo. Ya es otra cosa 
definir con cuidado cuál es la actitud católica ilustrada. 
Dicho así de paso, nos encontraremos frente a un ilustrado 
católico cuando veamos a un predicador no gerundista o ba- 
rroco; que lee (como nuestro Hidalgo) a Melchor Cano o 
Verney; que prefiere a Santo Tomás sobre San Agustín; que 
pretende restablecer la pureza primitiva” de la religión; que 
rechaza el escolasticismo; que combate la superstición y la 
falsa milagrería. A éstos y muchos otros rasgos hay que aña- 
dir, para nuestros criollos, la devoción guadalupana. ¿Cómo 
se iba a abandonar un culto que era consustancial al criollo 
mexicano, simplemente porque se ha adoptado el pensa- 
miento ilustrado? Es distinto problema cómo los criollos 
ilustrados enfrentaron la tradición. Contra la mayoría, que 
se limitó a recibirla, tenemos los casos ejemplares de Barto- 
lache y Mier, que la quisieron “ilustrar”, con no muy exito- 
sos resultados. 


Pues bien, ya doctor nuestro Bartolache, a quien, según 
confesión propia, no le acomodaba visitar enfermos, se lanzó 
de inmediato a la ardua y costosa empresa de publicar un 
periódico médico ilustrado. Éste fue el Mercurio Volante, con 
noticias importantes y curiosas sobre física y medicina, cuyo 
primer número apareció el sábado 17 de octubre y logró 
mantener una periodicidad más o menos semanal durante 16 
números, hasta el miércoles 10 de febrero de 1773. [ 82 ] (fi- 
guras 27 y 28). Cerró, como otros, por no poder sufragar los 
gastos. Es el segundo periódico ilustrado mexicano (antes, 
en 1768, se había publicado el Diario Literario de Alzate) y el 
primero dedicado expresamente a la medicina. Es casi exac- 


93 


tamente simultáneo (con una semana de diferencia) al se- 
gundo periódico de Alzate, los Asuntos varios sobre ciencias y 
artes, que duró poco menos que el Mercurio. Nicolás León lo 
publicó en varios números de una revista médica en 1914. 
[83 ] 


NN? 1% Sabado 17. de Ollubre de 1772 
MERCURIO VOLANTE 


CON NOTICIAS IMPORTANTES I CURIOSAS 
SOBRE VARIOS ASUNTOS 
DE F/SICA 1 MEDICINA. 


Por D.Joser lonacio BarToLAcHE, Doctor Médico, del 
Claustro de esta Real Unsversidad de México. 


PLAN DE ESTE PAPEL PERIÓDICO. 
Parva mora est, alas pedibus virgamque potente 
Somniferam sumpsisse manu, tegsmenque capillis, 


Haec ubi disposust patria love natus ab arce, 
Desilit ¿ni terras 





Ovid. Metamorph. 1. W. 671. Ko. 


Se apresta luego, i calza de sus alas 

El pie ligero; cubre la cabeza, 

J empuñando la vara encantadora, 
Deciende en un momento hasta la tierra 
El rubio hijo de Jupiter i Máía. 








Ne América Serentrional, esta gran parte 
del mundo, tan considerable por sus riquezas; si no lo ha 
sido igualmente por la florecencia de las letras, esto es, 
de los estudios i ciencias útiles, cultivadas por sus Habi- 
tantes, es porque no podía en solos dos siglos i medio 
hacer tamaños progresos.El oro i plata de muestras Mioafo 


Figura 27 


Portada del primer número de Mercurio Volante, 1772 


94 





Caz1) 
Núm. 16. Miércoles 10. de Febrero de 1773. 
A bin 
MERCURIO VOLANTE, 


Depicapo AL ExcELeNTÍSIMO Señor 
FRE! DON ANTONIO MARIA BUCARELI 1URSUA, 
VirrEl DE EsTa Nueva España, Éc. Éc. 
Por D. Josef Ignacio Bartolache, Dottor en Medicina. 





¿Tu tam egregios viros censes, tantas res gesisse 
¿ 
sine causa? Cc. de Pixib. £. 


CONTINVACION DE LA MEMORIA SOBRE 
la importancia de la Anatomía. 


1L 

Sk cree con razon, que el bazo es una entraña, que 
solo elabóra para el higado. Agréguese á esto, que es inseit= 
sible 3 impresiones de-la especie que hemos dicho: i que si 
fuese comprehendido en el acrecentamiento de su natural 
volumen, sería observable un dalor constante i obtuso; en 
Angar que en los afeítos expresados se socorre facilmente 
con el auxilio de los clystéres emolientes, icarminantes, 
que desvanecen la acrimonia humoral con su e« pulsion: fal. 
tando entonces la presion que hace sobre la membrana 
Zelposa de este intestino. Otras yeces basta solo la aplica- 
sion de un lifimento de la misma especie, bien caliente. La 
Anatomía es la Ciencia única, que nos conduce á estos des= 
engaños, j 4 otros infinitos, que pudieran referirse. 

12. Losefecros de la Cirugía son los mas segurosi evi. 
dentes del arte de curar. En la curacion de muchas enferme= 
dades internas siempre es problemático el concepto, sobre 
atribuir los efectos de los medicamentosa su eficacia, 9á la 
accion de la propria naturaleza; en lugar que enel manejo 
de las enfermedades chirúrgicas-son palpables los efectos 
de la habilidad de un Profesor instruido en «ste Arte. ?Qué 
aprecio no deberá hacerse de un Profesor en Cirogía, que 

reune 


Figura 28 


Portada del último número de Mercurio Volante, 1773 


Sigue la descripción de los dieciséis números del Mercurio: 


1. El primer número, que contiene la presentación del pe- 
riódico, es una, a veces serena a veces exaltada, argumenta- 
ción sobre la pobreza cultural de la Nueva España. Aunque 
con mucha prudencia hace una especie de elogio de la obra 
de España en América, no se engolosina, como otros de sus 
contemporáneos, con las maravillas de la cultura criolla: 
“primeramente contentémonos con que se diga de verdad 
que somos sumamente hábiles, ingeniosos y de bellas poten- 
cias y que aprendemos con facilidad todo cuanto se nos en- 
seña. Lo demás es querer persuadir que nacemos enseñados, 
como no se nace en ningún país del mundo”. 


Adelante añade, al ponderar las dificultades existentes en 


95 


la América de su tiempo para el cultivo de las ciencias: *por 
ahora no es poco el haber hecho acá cualquier progreso”. 


Se ocupa, de pasada, del problema de la preferencia por el 
cultivo de la teología y el derecho en el mundo hispánico, in- 
sertándose en la corriente que, desde Feijoo, empieza a co- 
brar conciencia del atraso científico hispano. Y aunque Bar- 
tolache reconoce la existencia de buenos literatos y se con- 
fiesa apasionado y celoso de la gloria de su nación como el 
que más, admite que “sobre capítulo de instrucción y cultu- 
ra, sería una vanidad muy mal fundada el no ceder, con res- 
peto y admiración, a la Europa”. Así las cosas, la renovación 
que se intentaba por los ilustrados españoles le parece muy 
digna de estímulo, pero ante el temor de que tardase en lle- 
gar a la América ofrece al público su Mercurio Volante. Para 
curarse en salud, tal como hiciera Alzate en su primer perió- 
dico, aclara que no se ocupará en lo absoluto de la política, 
con la metáfora de Mercurio como mensajero, que a eso se 
limitaba y el mío ya cuidará de andar muy prudente y avi- 
sado”. Es brillante el párrafo final de este primer número, en 
que se burla un poco de todos los autores que desafían, retan 
y apelan a la benevolencia de sus lectores en los prólogos. 


2. El segundo número se inicia con un párrafo elogioso al 
virrey Bucareli por haber aceptado que Bartolache le dedica- 
se sus periódicos. Pasa a continuación, en los primeros tres 
parágrafos, a explicar que escribe para el vulgo y no para los 
especialistas y también para las mujeres (en unas precurso- 
ras frases feministas) y que por eso escribe en castellano. 
Después de una crítica a los sistemas de enseñanza vigentes 
en la Nueva España pasa al tema de lo que es la buena física, 
entendida ésta como la ciencia que se ocupa del conocimien- 
to de los cuerpos, animados e inanimados, por lo que cabe 


9% 


en ella la medicina. El texto es muy interesante por la postu- 
ra adoptada contra el peripatetismo. Un botón de muestra: 
“Aristóteles, filósofo muy celebrado y muy digno de serlo 
con tal que no se regule su mérito por sus ocho libros de 
Physica auscultatione, que dejó escritos de propósito para 
que nadie los entendiese [...]”. 


Es importante la crítica que hace de Descartes y el elogio 
al sistema de Newton, para Bartolache, el de aprobación uni- 
versal. 


3-4. En estos números se ocupa de los dos instrumentos 
que le parecen de mayor utilidad para la medicina, a saber, 
el termómetro y el barómetro. Para la descripción de ambos 
sigue el mismo plan: su historia, descripción teórica, usos y 
defectos que deben evitarse en su construcción. Lo más im- 
portante de estos números es que señala cuidadosamente la 
manera de fabricar los instrumentos porque no se encuentra 
con facilidad en los libros europeos, quizá, dice Bartolache, 
porque allá no necesitan los filósofos fabricar sus propios 
instrumentos, sino que los pueden adquirir de instrumentis- 
tas. 

5. Este número está dedicado a la defensa del arte médico. 
En el fondo, es una extensa refutación al célebre ilustrado 
español Benito Gerónimo Feijoo por haber escrito que fno 
hay medicina perfecta en el mundo” y porque de allí se si- 
guieron muchos a opinar que la medicina era inservible. 
Aun dejando salvo el respeto por Feijoo, Bartolache refuta 
sus Opiniones sobre la medicina. 

6. Es éste uno de los más interesantes escritos de Bartola- 
che. Para su clara comprensión es preciso tener presentes al- 
gunos hechos de su tiempo. Los prelados Francisco Antonio 
Lorenzana y Francisco Fabián y Fuero, ejemplos los más pre- 


97 


claros del reformismo eclesiástico en México, emprendieron 
desde 1769 la reforma de los conventos de monjas con la 
pretensión de reducirlas a la “vida común”. Se trataba de que 
las monjas de México y Puebla, hijas de gente adinerada, 
abandonasen las prácticas de privilegios de que gozaban en 
sus conventos y volviesen a tener celdas comunes, comidas 
comunes, etcétera. Esto causó un gravísimo problema reli- 
gioso y civil, pues las monjas se negaron a esta nueva reduc- 
ción y se presentaron innumerables casos de histeria. Barto- 
lache en este texto tercia en el asunto desde el punto de vista 
médico, aunque sin hacer referencia al problema del mo- 
mento. Sus avisos sobre el mal histérico tienen mucho de ob- 
servación psicológica. A fin de cuentas, si se leen con cuida- 
do, se limita a curar la histeria combatiendo sus causas: ex- 
ceso de dulces y golosinas, ropa apretada que impide hacer 
ejercicio, falta de condiciones higiénicas y acostarse y levan- 
tarse tarde. En suma, propone el médico un cambio de régi- 
men que implique ocupaciones. 


7. Algún anónimo mandó el escrito que Bartolache publi- 
có en el número 7. Se trata de un ingeniosísimo texto, dentro 
del más puro corte criollo, para hacer entre burlas y veras 
una crítica al Mercurio Volante y a los Asuntos varios de Al- 
zate. El autor se finge un indio cacique y logra un delicioso 
texto, del que entresaco este ejemplo: “Ya le dije a mi mujer 
y a mi nuera que no se bañen en el temazcalli hasta que yo 
mire, cuando tenga mi termómetro, cuántos grados de calor 
tiene allá dentro del agua [...]”. 

8-10. Dedicados a la historia del pulque, manera de elabo- 
rarlo, clases del mismo y experimentos hechos por Bartola- 
che sobre su composición. Todo el texto es valioso, pero en 
particular su descripción del sistema comercial vigente en el 


98 


siglo xvm para la introducción del pulque a la ciudad de Mé- 
XICO. 


11-14. Se presenta la traducción del primer discurso del 
italiano Luis Cornaro sobre la sobriedad y templanza como 
receta infalible para vivir mucho tiempo. Ciertamente es de 
lamentar que Bartolache haya gastado tanto papel en esta 
traducción. Con todo, es interesante observar en este texto el 
ideal burgués de la vida apacible y arreglada. 


15-16. Los dos últimos números están dedicados a publicar 
la memoria enviada por un anónimo sobre la importancia de 
la anatomía para la medicina. Si bien este autor no escribe 
con la sal de Bartolache, sus meditaciones revelan muy a las 
claras el estado del problema de la introducción de los estu- 
dios anatómicos sistemáticos en México. 


Abandonada para siempre la empresa del periódico, Bar- 
tolache trató de seguir la carrera universitaria sin mucho 
éxito, seguramente en gran medida por su carácter belicoso. 
Cuando Joaquín Velázquez de León renunció a su cátedra 
universitaria en 1773, Bartolache concursó en oposiciones 
por ella. Uno de los escritos de nuestro personaje del 20 de 
marzo de 1773, publicado en facsímil por Lourdes Ibarra, es 
del mayor interés para observar la manera en que Bartolache 
se comportaba ante el claustro y su forma de argumentar. 
De él saco el siguiente trozo: 


Don José Ignacio Bartolache Díaz y Posadas, doctor en medicina y actual 
sustituto de la cátedra de matemáticas, ante V. S. como más haya lugar en 
derecho, digo: Que soy uno de los opositores a dicha cátedra en el presente 
concurso, así por hallarme con la instrucción suficiente en la astronomía y 
demás facultades matemáticas conducentes a ésta, mediante un estudio me- 
tódico que he hecho de ellas más ha de diez años, como por haberla sustitui- 
do siete veces y una de ellas muy largo tiempo por haber estado el propieta- 
rio ausente en servicio del rey, empleado en él por el superior gobierno en la 
calidad de tal catedrático. [ 84 ] 


99 


Pese a todo, la cátedra fue concedida al doctor José Giral 
Matienzo, catedrático de anatomía y cirugía. [ 85 ] Mejor 
suerte corrió con la sustitución de la cátedra de prima medi- 
cina, de la que se le dio posesión el 15 de septiembre de 1773, 
[ 86 ] aunque no sabemos cuánto tiempo la ocupó. Poco des- 
pués vacó la cátedra de Método medendi y se le adjudicó a 
Bartolache el 7 de marzo de 1775. Sin embargo, la renunció 
con fecha del 4 de mayo sin haber tomado posesión en vir- 
tud de que pensaba marcharse fuera de México a ejercer su 
profesión. Tal cosa no le fue posible porque sus muchos 
acreedores, entre los que se contaba la Universidad, se lo im- 
pidieron. La situación de Bartolache era desesperada, lo que 
se revela en una tristísima carta que envió a la Universidad 
pidiéndole que retirara la demanda en contra suya, porque 
del embargo de sus escasos bienes (incluidos los libros) no 
podría cubrirse el adeudo. Propuso que se fuera pagando con 
sus propinas. De esa carta entresaco el siguiente párrafo: 


En estos términos y en la consideración (que por el favor y merced de V.S. 
debe valerme algo) de ser yo un hijo de esta Real Universidad, que en más de 
veinte años de carrera nunca interrumpida he procurado, según mis cortos 
talentos, contribuir a su mayor lucimiento y crédito; suplico a V. $. se sirva 
tener a bien y aceptar la comenzada paga con parte de mis propinas, ínterin, 
viniendo a mejor fortuna, se me proporciona el hacerla con la debida pronti- 
tud. [87] 


La práctica y ejercicio de la medicina no bastaban a Barto- 
lache para resolver sus problemas financieros. Alzate mues- 
tra una poco común comprensión por el joven médico cuan- 
do justifica aquello que decía Bartolache de que no le aco- 
modaba visitar enfermos: 


[...] comenzó a practicar la medicina, siempre con tedio, porque era facul- 
tad que no se avenía con su metódico modo de pensar, ¿y en verdad podrá 
reducirse a la práctica de la medicina, ciencia conjetural, como confiesan los 
verdaderos facultativos, quien está hecho a resolver un problema de geome- 
tría sin que le quede al entendimiento la menor duda? ¿Podrá un literato su- 


100 


frir las extravagancias y resoluciones impertinentes del enfermo o de sus 
allegados? ¿Podrá, finalmente, tolerar que lo hagan responsable si se verificó 
la muerte y que si el restablecimiento de la salud es la resulta se atribuya a 
la naturaleza o la aplicación de algún medicamento ministrado por algún 
empírico? Tenía pues, el señor Bartolache suficientes fundamentos para pro- 
curar separarse de la práctica de la medicina; así lo consiguió, como ya diré, 
después de exponer lo que tuvo que padecer por haber intentado introducir 
el uso de un metal tan útil al hombre y que sólo la malicia lo ha dedicado a 
la destrucción. [ 88 ] 


Se refiere en el último párrafo a un nuevo contratiempo 
que tuvo nuestro personaje en 1774, poco antes del proble- 
ma financiero con la Universidad. Leyó Bartolache en algún 
lado la noticia de un medicamento a base de hierro que fa- 
bricaba en Génova, guardando el secreto, el médico Facinio 
Gibelli. Bartolache dijo haber descubierto y aun mejorado la 
forma de preparación para vender el producto en México. A 
este fin publicó el 15 de julio de 1774 un folleto [ 89 ] en que 
explicaba todos los males para que era bueno el medicamen- 
to, que no vale la pena glosar aquí. Sólo se transcribe el reto 
que lanzó a los médicos: “Está llano [el autor] y muy pronto 
a demostrar al ojo, delante de toda la Facultad y Claustro de 
Medicina, en la Real Universidad ó donde se quiera, que sus 
pastillas no llevan otro principio activo que el puro fierro. Ya 
se sabe entre los facultativos que este metal sólo en las 
armas ofensivas, espadas, puñales, cañones y balas, puede 
hacer daño”. 


No tardaron mucho los facultativos en recoger el jocoso 
reto. El 25 de julio de 1774 circuló una convocatoria a las se- 
siones que se desarrollarían a partir de las 4 de la tarde los 
días 28, 29 y 30 del mismo mes, con asistencia del Protome- 
dicato. [ 90 ] Las sesiones parecen haber sido muy tormento- 
sas, pues dice Alzate que los médicos “como si cada átomo 
de fierro fuese una bala de a veincuatro dispuesta para des- 


101 


truir su crédito en la facultad, no sólo lo impugnaron, sino 
que lo menospreciaron en términos que no son regulares”. 
[91] 

A pesar de esto, Bartolache siguió adelante con el intento. 
Poco después publicó una Instrucción en que, dejando claro 
que nadie impugnó ser hierro puro el de sus “pastillas mar- 
ciales”, da las normas para su uso. [ 92 |] Hizo, además, una 
cosa que habla muy claro de sus preocupaciones sociales. 
Publicó la noticia traducida al náhuatl para uso de los indios. 
[ 93 ] Con la fabricación de este medicamento no salió de 
apuros económicos, por lo menos de manera inmediata, aun- 
que hay testimonios de que después de 1790 su viuda seguía 
vendiéndolo. [ 94 ] 


De este mismo año de 1774 es la relación no personal de 
Bartolache y el célebre filósofo filipense Juan Benito Díaz de 
Gamarra y Dávalos. El impreso de este autor, Elementa re- 
centioris philosophiae lleva aprobaciones de Joaquín Veláz- 
quez de León y de Bartolache. La de este último, fechada el 
13 de septiembre de 1774, dice así en la traducción de Berna- 
bé Navarro: 


Aquella vieja respuesta de un sabio, no sé cuál —a quien [se] le pregunta- 
ba “que debía enseñarse a los jóvenes”—: que convenía, en una palabra, en- 
señarles “lo que les fuera útil cuando mayores”; la misma, en verdad, quiero 
íntegramente apropiármela yo, y la declaro religiosamente después de que 
leí con atención y seguí casi sílaba a sílaba estos Elementos de filosofía mo- 
derna, compuestos para uso de la juventud estudiosa americana por el pres- 
bítero doctor don Juan Benito Díaz de Gamarra y Dávalos, presbítero secular 
del Oratorio de San Felipe Neri. Por lo cual, habiendo escogido el autor casi 
todas las cosas con muchísima diligencia —para instruir por ello rectamente 
a la juventud— de entre los mejores [filósofos] y habiéndolas compuesto y 
redactado brevemente; y no habiendo tropezado yo mismo con nada que di- 
suene de la fe ortodoxa o que sea impropio de un filósofo cristiano: conside- 
ro justísimo y que será útil se den a la imprenta estas cuartillas. [ 95 ] 


Refiere Fernández del Castillo, aunque no dice con qué 


102 


fecha, que Bartolache se entusiasmó tanto con las ideas de 
Gamarra que las recomendó al claustro de la Universidad y 
que después protestó enérgicamente por la reprobación que 
sufrieron en el examen de artes varios discípulos de Gama- 
rra provenientes de San Miguel el Grande. En esa ocasión, 
pidió Bartolache al claustro la declaración explícita de si era 
necesario o no tener “las ideas filosóficas del tiempo de los 
abuelos”, a lo que se respondió que la Universidad reconoce- 
ría otros sistemas filosóficos. [ 96 ] No parece, sin embargo, 
que Bartolache y Gamarra llegaran a conocerse. En los Erro- 
res del entendimiento humano, atribuidos con no poco funda- 
mento al filósofo filipense y publicados en Puebla en 1781, 
dos años antes de su muerte, se hace referencia a nuestro 
médico en los siguientes términos: “El Dr. Bartolache, uno 
de los más distinguidos talentos que ilustran nuestra Améri- 
ca, a quien tengo la fortuna de venerar, sin haber logrado 
aún la de conocerlo [...]”. [ 97 ] Hasta aquí lo que sabemos 
de la relación entre ambos ilustrados. 


El fracaso inicial de las pastillas y las deudas que le recla- 
maban sus acreedores parecieron compensarse con la funda- 
ción de una Academia de Ciencias Naturales, que no tuvo 
efecto, y con una cátedra de química con sueldo de cuatro 
mil pesos, que tampoco se llegó a fundar. Bartolache seguía 
presa de la adversidad, por lo que tuvo que humillarse (ex- 
presión de Alzate) y solicitar una plaza de oficial en la conta- 
duría de la Casa de Moneda en fecha que ignoramos. [ 98 ] 
En 1777 la suerte empezó a cambiar. El virrey Bucareli nom- 
bró a Bartolache ensayador segundo supernumerario de la 
Casa de Moneda, [ 99 ] empleo que, sin ser muy importante, 
seguramente le permitió el pago de sus adeudos y empezar a 
mejorar de posición, porque no podía menos que destacarse 


103 


como un hombre inteligente. 


De esta época contamos con un interesantísimo expedien- 
te sobre el invento de un horno hecho por el español Balta- 
sar de Herreros. El 13 de junio de 1777 se envió real orden al 
virrey Bucareli para que hiciese examinar el modelo del 
horno para recocer monedas que se acompañó para que, si 
resultase útil, se usara en la Casa de Moneda de México. 
Venía la orden con un Manifiesto de los beneficios y utilida- 
des que produce el horno de la nueva invención en la Real 
Casa de Moneda de la villa y corte de Madrid, hecho por su 
inventor Herreros. Bucareli remitió el expediente a la Casa 
de Moneda. Por decreto del superintendente de 5 de noviem- 
bre de 1777 el expediente paró en Bartolache por su “notoria 
pericia” en la mecánica, química, matemáticas y física. 

Ínterin Bartolache preparaba su informe, la fortuna esqui- 
va finalmente lo favoreció: 


[...] hallándose su majestad con ventajosos informes del sobresaliente in- 
genio e instrucción en la física y metalurgia del Dr. José Ignacio Bartolache, 
y que actualmente sirve de oficial segundo en la Tesorería de esta casa de 
Moneda, se ha servido por esta vez nombrarle apartador con el sueldo, gra- 
duación, habitación en la casa del Apartado y demás calidades [...] [ 100 ] 


En este nombramiento tan importante ha de verse la in- 
fluencia de su protector Joaquín Velázquez de León, que 
para entonces era el director general del Tribunal y Cuerpo 
de Minería y gozaba de gran valimiento ante el nuevo minis- 
tro de Indias, José de Gálvez. El caso es que Bartolache de 
golpe se encontró con un empleo “tan lucrativo como honro- 
so”, según frase del inevitablemente multicitado Alzate. 
Como ya veremos, eso lo convirtió en un médico famoso. 


Pero volvamos al informe que, todavía como ensayador y 
a punto de tomar posesión del nuevo cargo, elaboró Bartola- 


104 


che sobre el horno inventado en Madrid. Hay muchas bue- 
nas razones para transcribirlo completo, por ser un caso típi- 
co del problema que ahora conocemos como “transferencia 
de tecnología”. 


Informe. Sr. Juez superintendente: Luego que el señor don Pedro Núñez de 
Villavicencio, antecesor de vuestra señoría se sirvió encargarme de este in- 
forme, comencé a evacuar algunos experimentos y a meditar el asunto con 
la seriedad y reflexión que merecía. Pero antes de poder concluir y devolver 
el expediente con mi respuesta, se me encargó incesantemente de otros, ade- 
más de las ordinarias ocupaciones de mi destino en el ensaye, de manera que 
hasta hoy no me ha sido posible poner la mano en éste: lo que haré ahora 
con suma brevedad, estando a punto de pasar a recibir las oficinas del apar- 
tado general de oro y plata y comenzar de cuenta de su majestad el curso de 
mis operaciones de este nuevo empleo. En la suposición, pues, de que tengo 
reconocido, bien entendido y vuelto a repasar muchas veces el expediente y 
el modelo y los mapas que le acompañan, con cuanto puede conducir para 
una perfecta instrucción en el asunto: soy de dictamen que este artificio, 
bueno de suyo, y de una utilidad notoria, experimentada y averiguada de un 
modo sumamente auténtico a f. 10 vta. para la Real Casa de Moneda de Ma- 
drid, aquí no es adaptable por ahora, estando las cosas como están. Digo lo 
primero, que el artificio es bueno de suyo, porque no hay duda que el recoci- 
miento de metales para labrar moneda es una operación preparatoria muy 
importante con respecto a este fin y conviene que se haga con aseo, con uni- 
formidad, con expedición y sobre todo con toda la posible economía y aho- 
rro de costos. Y aunque estos capítulos son trascendentales y comunes a 
todas las operaciones de la labor, lo cierto es que la del recocimiento en Ma- 
drid se ha puesto hoy sobre un pie que no tenía antes de ahora. Lo que se 
debe al autor del nuevo método, cuya utilidad en cuanto a la economía del 
gasto; si no es tanta como se deduce en el balance de f. seis vta. por haberse 
duplicado allí en el cargo, con equivocación, la partida primera de trescien- 
tos quince reales importe de nueve arrobas de cartón (f. 4) que es idéntica a 
la última (£. 5); con todo eso es harto ventajoso el ahorro que resulta líquido 
por buena cuenta supuesto el uso corriente del horno en aquella Real Casa 
de Moneda. En ésta de México, digo lo segundo, que no es adaptable este 
método. Sobre que me remito al informe que antecede del administrador fiel, 
añadiendo yo algunas reflexiones, y sea la primera: que según es aquí caro el 
precio del hierro y muy raro (si no es imposible) el hallar artífice herrero 
capaz de fabricar una pieza cual debe ser el horno en cuestión y sus adhe- 
rentes y utensilios, tengo para mí que con el diez tanto del importe que el 
autor asienta (f. 2) ser suficiente para allá, y es el de trescientos cincuenta 
pesos fuertes, poco más o menos, apenas se podría verificar aquí uno de 


105 


estos hornos. La segunda, que siendo necesarios, como demuestra el admi- 
nistrador fiel, por lo menos cuatro de ellos para el servicio diario, y algunos 
otros de refacción sobre este pie, y aun cuando hubiese de sitio, que no hay, 
para colocarlos, ya se ve que la costa ascendería a un monto de millares de 
pesos, muy considerable, como es bien fácil advertir. La 3a. que el uso de la 
carriola para portear los metales recocidos en caliente no es verificable aquí, 
como se supone en Madrid, por cuanto la oficina del recocimiento en esta 
Real Casa queda muy baja respecto del nivel o piso de la sala de molinos, 
mediando una escalera no poco pendiente para pasar de una en otra. Con 
que se frustraría por sola esta causa uno de los mejores efectos de la inven- 
ción del horno, conviene a saber, el de traer expeditamente por un solo 
hombre veinte arrobas a la vez de metal recocido y blando a los molinos, sin 
atropellar ni arañar los rieles. La cuarta, que aún cuando no subsistiesen los 
inconvenientes, y diflexiones, vale por todos el de la premura y urgencia de 
la labor en esta Real Casa en la estupenda cantidad de marcos de plata que 
anualmente se labran: lo que no permite detenerse en perfeccionar la obra ni 
es posible conseguir mientras las oficinas no se multipliquen y las máquinas 
en suficiente número no se arreglen todas con el último primor. Donde es 
bien advertir que de nada serviría arreglar el recocimiento de los metales en- 
rielados (fuese a beneficio de este horno o método de cualquiera otra mane- 
ra) quedando todo lo demás como está, porque la moneda no por esto saldría 
mucho mejor de lo que ahora sale, y harto es que se libre al público tolera- 
blemente buena en todas sus partes. Y la razón es que todas las máquinas, e 
instrumentos tales cuales hoy están, sin excepción alguna, aún distan no 
poco del grado de perfección del que son capaces, y sin embargo es tal el en- 
lace y relación que tienen unas con otras las operaciones de la labor de mo- 
neda, que siempre habría que corregir y reconvenir, si se juzgase con una 
precisión y delicadeza extremada y sin poner la consideración en lo basto 
del manejo y labor, en lo urgente del tiempo y en lo imperfecto de los ins- 
trumentos y máquinas. Ninguna de estas circunstancias concurre en la Real 
Casa de Moneda de Madrid. Lábrase allá apenas en un año la misma canti- 
dad de plata que aquí se presenta acuñada en nuestra sala de libranza cada 
tercer día. Ni el mercader, consignatario del minero, ni la flota urgen allá 
por su pronto despacho, cuando aquí todo urge. En fin, aquellas máquinas, 
las herramientas y todo, está perfectamente bien acabado y se tienen artífi- 
ces de mucha inteligencia, así para la primera construcción y fábrica, como 
para los reparos que se ofrecen en el uso corriente. Pero en esta Real Casa 
por las causas contrarias, se hace preciso el tolerar los defectos que no son 
substanciales en obsequio de la mayor brevedad y no importa tanto lo muy 
perfecto de la moneda, cuanto lo muy mucho que se labre anualmente. Y 
vuelvo a decir que me remito al informe del administrador fiel, en que cons- 
ta cuán inevitable sería el atraso de la labor, si se estableciese un método de 


106 


recocimiento para entre día, teniendo que parar los molinos, mientras los 
rieles bajaban a los hornos, y por el contrario cuán ventajoso es el que con 
separación de hornillas se recueza de noche espontáneamente y sin asisten- 
cia de operarios todo el metal sobre que se ha de trabajar al día siguiente 
hasta su acuñación; por todo lo cual me parece que no es adaptable el dicho 
horno, ni trae provecho alguno para esta Real Casa de Moneda, en donde 
serviría más bien de embarazo que de expediente en las presentes circuns- 
tancias; que es cuanto me ocurre y puedo informar a vuestra señoría sobre 
el asunto. México y diciembre catorce de mil setecientos setenta y ocho. Don 
José Ignacio Bartolache. [ 101 ] 


El horno, pues, se rechazó (figuras 29 y 30). Se convirtió 
así en un caso más de los múltiples que se presentaron en el 
pletórico de inventos y maquinarias siglo xvm, en que la 
transferencia no pudo lograrse por simples cuanto poderosas 
razones de economía. 


107 





























Figuras 29 y 30 


Horno para recocer moneda inventado en España por Herreros y rechazado en 
México por Bartolache, 1777-1778 


El flamante apartador general del reino bien pronto se vio 
favorecido por el reconocimiento del Cabildo de la ciudad, 
merced a la epidemia de viruelas que se declaró a mediados 


108 


del año de 1779. De manera oficiosa, Bartolache presentó un 
plan al virrey Mayorga con una serie de arbitrios preservati- 
vos contra la epidemia. El virrey lo remitió al Cabildo el 23 
de septiembre de 1779 [ 102 ] para que éste le diera su pare- 
cer. Como no se ha localizado aún el plan de Bartolache, se 
reproduce el aprobatorio resumen del Cabildo: 


Los remedios preservativos físicos que propone el doctor don José Ignacio 
Bartolache, para impedir la propagación de la presente epidemia de viruelas, 
oficiosamente movido del deseo de la salud pública se oyeron en el Cabildo 
de ayer, con particular complacencia, por convenir los pensamientos del 
autor con algunos de los puntos consultados por este ayuntamiento, y ya 
aprobados por la superioridad de vuestra excelencia. 


Desde el primero, hasta el quinto artículo acredita con sólidos fundamen- 
tos ser uno de los remedios preservativos el uso de luminarias por las calles 
con los específicos perfumes que menciona; y a este efecto tiene resuelto, 
esta nobilísima ciudad, promulgar bando con varios medios y arbitrios fáci- 
les, pero como a lo premeditado añade el doctor Bartolache la hoguera pe- 
renne entre el albarradón que corre de San Lorenzo a la garita vieja de Tez- 
coco, fomentada con los ingredientes que califica propios al efecto, conviene 
desde luego este ayuntamiento en su práctica, acordando con el mismo doc- 
tor el sitio más proporcionado donde deba colocarse esta pira; y que para 
mayor purificación de los aires, puesto ser conducente la pólvora, se use de 
algunos tiros de cañón, pareciéndole bien a vuestra excelencia en las horas y 
parajes que se califiquen de utilidad. 

Propone en el sexto artículo, lo que conduce al aseo y limpieza de las ca- 
lles, la ventilación de los templos y parroquias donde se sepultan los cadáve- 
res, el poco traqueteo de sepulturas diferentes, y mayoridad de razón en los 
hospitales, y la utilidad de que se toque un órgano ínterin se ministran las 
medicinas y alimentos a los enfermos, por las razones naturales que expone; 
y teniendo resuelto este ayuntamiento la extraordinaria limpia de calles, y la 
erección de campos santos para dar sepultura a los cadáveres, y excusar el 
que se acopien en las parroquias, sólo le resta prevenir en los hospitales, los 
demás remedios para su uso en cuanto sean adaptables. 


En el séptimo y último artículo indica el plan, lo mucho que contribuiría 
el público regocijo de un modo compuesto, y arreglado, como el de permitir- 
se compañías de música por las calles de noche, para minorar la consterna- 
ción de los ánimos, apoyando este pensamiento con los hechos y opiniones 
que refiere sobre cuyo particular reserva este ayuntamiento informar a 
vuestra excelencia lo que convenga a su tiempo, suplicando desde luego a su 


109 


superioridad, que con la resolución que fuere servido tomar en el asunto 
vuelva el plan citado a esta nobilísima ciudad para ponerlo en su archivo, 
para que sirva de instrucción a los venideros y se conserve el nombre de su 
autor, como corresponde al mérito de esta obra y la que ofrece presentar, sin 
otro fin que servir al público en la ocurrente calamidad. Y es cuanto debe in- 
formar este ayuntamiento al notorio celo de vuestra excelencia en obedeci- 
miento de su superior decreto de ayer, quedando aun todavía en Cabildo, no 
obstante ser domingo, para dictar las demás providencias acordadas. 


Dios guarde la importante vida de vuestra excelencia muchos años. Sala 
Capitular de México y octubre 24 de 1779. [ 103 ] 


Dejando aparte cualquier consideración sobre algunas 
ideas arcaicas que se revelan en el plan de Bartolache, se 
debe hacer notar lo moderno de su insistencia en lo que 
ahora llamaríamos el aspecto sicológico del problema: tocar 
órganos a los enfermos y sacar compañías de música por las 
calles, no puede menos que ser para que el ánimo general e 
individual no decayera. En este punto insistió Bartolache en 
el impreso sobre las viruelas. Salvo por las orquestas deam- 
bulantes, el plan de Bartolache se aprobó. 

No se limitó Bartolache a esta intervención, sino que es- 
cribió el 26 de octubre un pequeño folleto que se publicó a 
“instancia y expensas” del Cabildo en la imprenta de Zúñiga 
(favorita de Bartolache). La Instrucción se publica en otro 
tomo y consta de tres partes: qué son las viruelas, cómo se 
curan bien y cómo se curan mal. [ 104 ] 


Por haber presentado el médico francés Esteban Enrique 
Morel al Ayuntamiento su obra manuscrita Disertación sobre 
la utilidad de la inoculación, escrita por encargo de la Nobilí- 
sima Ciudad de México, se decidió en cabildo del 2 de mayo 
de 1780 que se pasase a Bartolache para su dictamen. La res- 
puesta, muy breve, de nuestro médico fue aprobatoria y ba- 
sada en su recientemente adquirida autoridad: 


[...] debo informar a V. S. con el interés e imparcialidad que acaso no po- 
dría suponerse en ningún otro algún facultativo de cuantos hay en esta capi- 


110 


tal, lo primero, que este manuscrito me ha parecido útil y por eso digno de 
darse a la estampa por cuanto en él se trata a fondo una materia bien impor- 
tante al género humano y el autor produce cosas de muy buena sustancia y 
con la correspondiente digestión. Lo segundo, que el establecimiento de un 
hospital corriente para solo el destino de inocularse allí, bajo la dirección de 
un médico que merezca el nombre, las viruelas a los sujetos que libre y es- 
pontáneamente quieran usar de este famoso y acertado remedio preservati- 
vo [...] sería dignísimo de la Nobilísima Ciudad de México y no puedo decir 
más. 


A continuación le dice al Cabildo que le crea por poseer 
notoria instrucción en medicina, por ser amante de la salud 
del pueblo y haberlo demostrado en 1779, “a lo cual se agre- 
ga el tal cual peso de mi autoridad extrínseca, por ser yo un 
doctor en la facultad, haber obtenido diferentes cátedras y 
hombre de una carrera distinguida [...]”, por lo que pide se le 
dé asenso a su voto ya que se encontraba muy ocupado. 
[ 105 |] Más que un engreimiento debe verse en el tono de 
esta carta un matiz de amargura justificado por todos los 
sinsabores que había tenido que soportar de sus colegas. No 
se olvide que menos de cinco años atrás suplicaba a la Uni- 
versidad que no procediera en derecho por sus adeudos, que 
lo cercaban los demás deudores y que, sin embargo, dedicaba 
sus talentos al noble esfuerzo de ilustrar a sus contemporá- 
neos. 


Convertido ya en un hombre importante, se lo llamaba 
para diversos asuntos. En 1782 era el secretario de la Junta 
Preparatoria Académica de las Tres Nobles Artes de San 
Carlos. Con tal carácter pronunció una arenga en la distribu- 
ción de premios, que fue impresa, pero cuyo texto no conoz- 
co. [ 106 ] En noviembre de 1785 por enfermedad de su pro- 
tector Velázquez de León (de la que ya no se repondría), 
consiliario de la Academia, leyó la arenga que el sabio mine- 
ro dispusiera. [ 107 ] 


111 


Sus ocupaciones como apartador no le impidieron estar 
presente en algunas de las inquietudes de su tiempo. Sabe- 
mos del apoyo que dio en 1782 al arquitecto Guerrero y To- 
rres en los experimentos que hizo sobre una máquina para 
apagar incendios. [ 108 ] 

El 26 de octubre de 1785 se expidió real cédula al virrey 
para que se hicieran buscar en México los manuscritos botá- 
nicos de Francisco Hernández. El 19 de junio de 1786 se co- 
misionó a este fin tanto a la Universidad como a los particu- 
lares José Antonio de Alzate, Martín Sessé y Bartolache. 
[ 109 ] Es curioso que nuestro personaje nunca contestó, 
aunque sabemos por Velázquez de León que poseía, unos 
diez años atrás de la real cédula, un manuscrito con parte de 
la obra de Hernández. [ 110 ] 


Con todo, la actividad principal a la que dedicó sus esca- 
sos ratos de ocio desde 1785 se contrajo a su participación en 
el tema central de la virgen de Guadalupe. Bartolache no 
llegó al misticismo, pero su incrementada religiosidad lo 
condujo a la más extraña aventura de su inquieta vida: in- 
tentar reducir el culto guadalupano a la visión ilustrada. El 
libro Opúsculo guadalupano [ 111 ] se publicó en 1790, poco 
después de su muerte acaecida el 10 de junio de ese año 
[ 112 ] (figuras 31 y 32). Complejísimo y harto difícil de en- 
tender, el trabajo de Bartolache recibió la incomprensión 
desde bien pronto, y no fue sino hasta la sabia intervención 
del padre Méndez Plancarte que se empezó a revisar con cui- 
dado la intención de su autor. No es del caso ahora proceder 
a su análisis, pero es posible que poco a poco se lo empiece a 
reconocer como un monumento capital de la Ilustración me- 
xicana. 


112 


MANIFIESTO 
SATISFACTORIO 
ANUNCIADO 
EN LA GAZETA DE MÉXICO 
(Tom. 1. Núm. 53.) 
OPÚSCULO GUADALUPANO 
COMPUESTO 


POR EL DOCTOR D. JOSEPH IGNACIÓ BARTOLACHE, 
natural de la Ciudad de Santa Fé, 
Real y Minas de Guanajuato. 





En México, Año de M. DCC. XC, 
A 
Impreso con licencia de los Superiores, por D. Felipe 
de Zúñiga y Ontiveros, calle del Espíritu Santo. 








Figura 31 


Portada Opúsculo Guadalupano 


113 


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Figura 32 


Grabado de la Virgen de Guadalupe 


A su autor, Alzate lo describe como: 


[...] de estatura más que mediana, de color algo moreno y de organización 
robusta. Su fisonomía no era de las muy apreciables, pero en recompensa 
tenía mucha persuasiva y gracia para explicarse. Su genio era naturalmente 
alegre y la música era una de las diversiones que más le arrebataban. De ésta 
nos ha dejado una composición que ha merecido aceptación; y por lo que 
mira a la vihuela, se sabe que la manejaba con destreza. [ 113 ] 


Finalmente, quede aquí la mejor frase del panegírico de 
Alzate, por ser la más reveladora del problema central de los 
mexicanos del xvm: 


Sin embargo, a pesar de todo esto, ha habido y hay en la América muchos 
sujetos capaces de contestar con honor en todas facultades, y uno de ellos 
era, sin disputa alguna, el insigne literato cuyo elogio me he propuesto pu- 
blicar. 


114 


V. ANTONIO DE LEÓN Y GAMA 


1735-1802 





[Ir al Contenido] 


115 


V. ANTONIO DE LEÓN Y GAMA (1735-1802) 
León y Gama y su obra 

a Ilustración —entendida como un complejo de 

ideas y prácticas y no sólo como un sistema filosó- 

fico— se da en la Nueva España con matices y va- 

riantes propios de las condiciones socioeconómicas, políticas 
y culturales en que se encontraba el virreinato en el siglo 
xvi. Entre la expulsión de los jesuitas y el enjundioso impul- 
so que la pléyade de pensadores de Carlos III dio a la intro- 
ducción de las prácticas ilustradas —jardín y expediciones 
botánicas, profesores europeos en todas las ramas de la cien- 
cia y las artes, entre otras—, surge en el virreinato un grupo 
de ilustrados, cuyo menor mérito no es el de haber sido por 
sí solos los que se ampliaron en procura de las ideas moder- 
nas, antes de que el esfuerzo oficial las propalara. Entre 
éstos destacan cuatro hombres, cada uno de los cuales repre- 
senta sobradamente a su época: Alzate, Velázquez de León, 
Bartolache y León y Gama. A ellos se debe el primer impulso 
ilustrado en la Nueva España, el mejor tal vez, el que surge 
de las necesidades inherentes a la realidad de la colonia y se 
vuelca generosamente sobre los súbditos novohispanos, que 
muchas veces no supieron apreciarlo, dándoles los primeros 
atisbos de los progresos de las luces en Europa y urgiéndoles 
a colaborar con ellos en la lucha por salir del atraso social, 
económico, científico y técnico, y poder así inscribir a Méxi- 
co en la nómina de los países cultos. Estando ellos bregando 
en esta empresa desde 1768 —fecha del primer periódico de 
Alzate—, al finalizar la década de los ochenta se desborda la 
Ilustración española hacia sus colonias y el esfuerzo oficial 


116 


se funde con el nativo, no sin alguna resistencia de parte de 
éste, y conforma el verdadero periodo ilustrado de la Nueva 
España, que culmina con la revolución de Independencia. 


Requiere aún mucho esfuerzo registrar las características 
del pensamiento ilustrado novohispano. Falta, primero, rom- 
per con el prejuicio del atraso —casi un marasmo— cultural 
hispánico que ha normado buena parte de las investigacio- 
nes y que, como enfoque distorsionado, agiganta o empe- 
queñece personajes y actos prolongando la incomprensión. 
No deja de ser irónico que el origen de esa radical forma de 
ver se encuentre precisamente en los ilustrados diecioches- 
cos que manejaban la idea del atraso como un argumento 
para despertar la conciencia de sus contemporáneos. El ba- 
lance puede aún esperar; se precisa antes sacar a luz los tes- 
timonios y materiales que valgan para formular juicios. 
Queda mucho por investigar sobre los autores y los procesos 
ilustrados. 


A primera vista los rasgos más sobresalientes de la Ilus- 
tración novohispana parecen ser los siguientes: interés por 
los problemas económicos, con especial atención en el as- 
pecto agrícola; fervor por el descubrimiento de nuevas má- 
quinas y aparatos útiles a la explotación de los recursos na- 
turales; procurar el bienestar común; molestia ante la indife- 
rencia e incomprensión europea hacia América; excitación a 
mostrar al mundo los valores americanos, y novohispanos 
en particular; esfuerzo por introducir las ciencias modernas 
en estas tierras y, quizá lo más importante, estudiar el pasa- 
do prehispánico y registrar los avances de los pueblos indí- 
genas. 

Dentro de toda esta corriente cultural en la Nueva España, 
Antonio de León y Gama ocupa un lugar prominente. Su 


117 


obra, elaborada pacientemente en el transcurso de una gris 
existencia burocrática, marca por sí sola un brillante periodo 
en la cultura del siglo xvm. Empero, a León y Gama se le ha 
escatimado el justo reconocimiento por su magnífica labor. 
Sobre nuestro autor no existe aún una monografía que lo 
abarque en todos sus aspectos; ni siquiera su libro más fa- 
moso —Descripción de las dos piedras—, precursor en muchos 
sentidos de la historiografía científica sobre el pasado indí- 
gena, cuenta con una edición moderna. [ 114 ] Sabemos de la 
existencia y localización de la obra inédita de León y Gama, 
vasta e importante, y no se hace todavía un esfuerzo serio 
por darla a las prensas. Juzgado con el criterio de que su 
obra histórica es lo más destacado, y que ésta es de segunda 
mano —pese a que algunos historiadores han sabido valorar- 
lo— León y Gama espera un estudio crítico y la publicación 
de sus obras completas que lo revelen como uno de los ilus- 
trados más capaces, e historiador dieciochesco de rigor 
ejemplar. Tal vez la buena estrella de los trabajos de Clavije- 
ro fue la que opacó la labor de Gama, pero a distancia no es 
justo comparar; la necesidad histórica que permitió el surgi- 
miento de sus obras, y las de Boturini, Veytia, Borunda, Al- 
zate y otros, es la misma; pero las circunstancias fueron dis- 
tintas. De toda suerte, aún no conocemos bien a León y 
Gama. El proyecto de publicar sus obras completas en dos 
volúmenes, dedicado uno a la porción científica y el otro a la 
histórica, de realizarse, permitirá la aproximación a los in- 
discutibles logros del genio de nuestro autor. 

Al contrario de lo que ocurre con algunos contemporá- 
neos suyos como Velázquez de León y Alzate, León y Gama 
no cuenta en su biografía con grandes hechos que revelen 
inquietudes andariegas o cambios notables a un sistema de 


118 


vida ordenado y pasivo. Por ello, los datos sobre nuestro 
personaje son bien escuetos y es de dudarse que la investiga- 
ción más acuciosa nos muestre mucho más de lo ya conoci- 
do. El acercamiento a la personalidad de León y Gama debe- 
rá ser a través de sus obras y éstas, por la mayor parte, no 
dejan ver demasiado. 


Antonio de León y Gama nació en la ciudad de México el 
año de 1735; fue hijo de un notable jurisconsulto, autor de 
una obra de Contratos que conocieron manuscrita sus con- 
temporáneos. La madre murió al nacer el niño. [ 115 ] De sus 
estudios sólo nos informa Valdés —contemporáneo y amigo 
suyo— que los realizó de gramática, jurisprudencia y filoso- 
fía. [ 116 ] Por Alzate y por él mismo sabemos que fueron 
condiscípulos [ 117 ] y, dado que consta que entre 1753 y 
1756 realizó el primero sus estudios en la Real y Pontificia 
Universidad, suponemos que por esas fechas estudió tam- 
bién León y Gama. La noticia —muy repetida— de que León 
y Gama era autodidacto, debe tomarse con referencia a sus 
estudios de la matemática y astronomía modernas, a las que 
sabemos se dedicó por su cuenta, haciendo la salvedad de 
que, posiblemente, estudió matemáticas con el grupo que 
fundó Velázquez de León. 


Según se infiere por diversos datos, hacia 1756, o poco 
después, empezó a trabajar en el oficio de cámara de palacio 
de la Real Audiencia, empleo en que sirvió durante el resto 
de su vida como oficial mayor. [ 118 ] Indudablemente este 
hecho de la vida de León y Gama es lo más curioso. Su po- 
breza, que lo obligó a vivir más de cuarenta años como buró- 
crata, pese a la amistad que se sabe llegó a cultivar con 
algún virrey, resulta triste. Alzate —para establecer un para- 
lelo— no sólo heredó de su familia lo suficiente como para 


119 


publicar sus periódicos, sino que alcanzó en algunos mo- 
mentos apoyo oficial y varios empleos en la Iglesia y el go- 
bierno. León y Gama, por el contrario, dejó muchos de sus 
trabajos inéditos por no poder costear la edición, y si el go- 
bierno lo llamó alguna vez no fue más que para compartir 
un amistoso virrey sus observaciones astronómicas con el 
famoso y sabio burócrata; hay que aclarar que León y Gama 
no sacó de ello más que el honor de ser tomado en conside- 
ración por el ilustrado gobernante. De la fundación del Se- 
minario de Minería obtuvo menos aún: Velázquez de León 
prometió a su protegido otorgarle la cátedra de aerometría y 
pirotécnica, promesa que, por sólo haber sido de palabra, no 
se sintió Fausto de Elhuyar, nuevo director, obligado a cum- 
plir y puso a Gama fuertes obstáculos, y a la postre quedó 
nuestro personaje sin el empleo. Esta clase de actos los to- 
maron los americanos como una vejación, según se muestra 
repetidas veces en sus escritos; y tal vez de este voluntario o 
involuntario desdén a las facultades de los naturales parte 
aquella resistencia que se mencionó atrás al esfuerzo de la 
metrópoli. Sea como fuere, a León y Gama nunca se le dio 
estímulo de ninguna clase en México y España; sus únicos 
alicientes provenían de las gentes cultas del resto de Europa, 
pero éstos no aliviaron en nada su penosa situación econó- 
mica, agravada por lo numeroso de su familia. El mérito de 
nuestro autor debe verse en un esfuerzo puramente perso- 
nal. 


Empero, su vida tuvo algunas satisfacciones. Una de ellas 
sin duda es su amistad con el sabio Joaquín Velázquez de 
León, el científico más notable de su siglo. Velázquez de 
León no sólo lo animó e incitó al estudio, sino que le ofreció 
una franca amistad y compañerismo en sus tareas. Es difícil 


120 


llegar a esclarecer la influencia que Velázquez de León ejer- 
ció en su amigo, que debió ser mucha, pero sí nos quedan 
muestras del aprecio que éste tuvo a su maestro en una sen- 
tida apología que escribió a la muerte de Velázquez. Por ella 
nos enteramos de que se conocieron hacia 1766 o 1767, 
cuando Velázquez de León tenía alrededor de 34 años y León 
y Gama 31 años. Como se ve, la diferencia de edades era mí- 
nima; sin embargo siempre se nota en sus relaciones que Ve- 
lázquez de León era el más maduro, sabio y reflexivo. En el 
elogio que le hizo León y Gama se dan los pormenores del 
inicio de su amistad: 


Las [ciencias] que más le llevaron la atención fueron las matemáticas y 
éstas dieron motivo a nuestra amistad. Cuando las cultivaba en el colegio 
mayor de Santos, tuvo noticia de que yo también divertía en ellas el tiempo 
que me dejaban libre de las ocupaciones de mi empleo: llegaron a sus manos 
algunos cálculos astronómicos que tenía yo formados, y entre ellos el de un 
eclipse de sol, que mantuvo más de un año guardado, hasta que llegó el 
tiempo de verificar su observación, la que pareció conforme al cálculo, cuan- 
do por el de otros había variado en mucho tiempo y en muchas circunstan- 
cias. Accidente que le obligó a mandármela y con ella las más atentas expre- 
siones y literales ofrecimientos de sus instrumentos y libros, en cuya corres- 
pondencia pasé a su casa donde tratamos del error que había en todas las ta- 
blas y cartas geográficas en cuanto a la longitud y latitud de esta ciudad, que 
desde entonces procuramos, cada uno por su parte, verificar y corregir. 
[to] 


Pese a que León y Gama menciona el curso de matemáti- 
cas que impartía por su cuenta Velázquez de León en el cole- 
gio de Santos y no dice haber asistido a él, parece razonable 
suponer que en alguna ocasión se acercó a aquellas reunio- 
nes en que un grupo de novohispanos se enteraban de los 
avances de las matemáticas en Europa. 


En 1768 el visitador José de Gálvez parte a la California y 
se hace acompañar de Velázquez de León. Éste hizo el encar- 
go a diversas personas de efectuar observaciones astronómi- 


121 


cas, entre las cuales estaba José Antonio de Alzate [ 120 ] y, 
seguramente, León y Gama. Al año siguiente llegó a México 
la expedición de Chappe d'Auteroche que venía a estudiar 
en California el paso de Venus por el disco del Sol. Aunque 
se ha dicho que el abate Chappe sintió gran estima por León 
y Gama y le hizo grandes elogios, [ 121 ] en las memorias 
del francés no aparece mencionado nuestro autor. [ 122 ] A 
Velázquez de León lo encontró en California observando el 
mismo fenómeno. De la reunión de Chappe y Velázquez de 
León en California se derivó un magnífico beneficio a los es- 
tudiosos mexicanos: la repentina muerte del astrónomo 
francés, muy lamentable, hizo que el mexicano se hallase 
temporalmente en poder de una espléndida colección de ins- 
trumentos astronómicos de lo mejor en aquellos tiempos. 
[ 123 ] Cabe suponer que León y Gama disfrutó también de 
estos instrumentos. En 1770, Velázquez de León volvió a Mé- 
xico y el problema de la longitud y latitud de la ciudad, del 
que más tarde también se ocupó nuestro autor, andaba ya en 
buenas vías para resolverse. 


El 6 de noviembre de 1771 se produjo un eclipse de sol 
que fue cuidadosamente observado por León y Gama. Antes 
había publicado su Calendario [...] para el año de la Encarna- 
ción del Verbo divino de 1771, [ 124 ] donde seguramente pre- 
decía el eclipse. Escribió un informe de sus observaciones, 
que envió al astrónomo francés Joseph Jéróme Le Francais 
de Lalande (1732-1807). Lalande es uno de los más distingui- 
dos astrónomos de la Francia dieciochesca: publicó en 1764 
un Traite d'Astronomie, que fue el manual indispensable por 
muchos años, y además se destacó por la labor, que en cola- 
boración con otros astrónomos hizo, de observación de más 
de 50 000 estrellas, publicada con el título de Histoire Céleste 


122 


Francaise en 1801. [ 125 ] 


Lalande contestó a León y Gama haciendo grandes elogios 
de su trabajo: 


El eclipse de 6 de noviembre de 1771, me parece calculado en vuestra 
carta con mucha exactitud; la observación es curiosa; y pues no fue posible 
hacerla en este país, yo haré que se imprima en nuestra Academia [...] Veo 
con placer que tiene México en vos un sabio astrónomo. Éste es para mí un 
precioso descubrimiento, y me será la vuestra una correspondencia que cul- 
tivaré con ardor. Agradezco vuestra observación sobre la altura del polo res- 
pecto a esa ciudad y la haré insertar en el primer cuaderno del Conocimiento 
de los tiempos, que daré a luz, confesando ser vos el autor. Os ruego con el 
mayor encarecimiento que repitáis observaciones sobre los satélites de Júpi- 
ter, y me las enviéis; yo os remitiré las mías en el asunto. Yo desearía tener 
un plano de México, y saber en qué lugar de la ciudad hicisteis las observa- 
ciones que me habéis hecho el honor de mandar. Pero, sobre todo, querría 
tener de vos una observación de la hora y altura de la marea en cualquiera 
lugar de la costa del sur desde Acapulco hasta Valparaíso [...] Celebro suma- 
mente esta ocasión de poderos atestiguar cuánto consuelo me ha dado vues- 
tra carta y cuán agradables esperanzas he concebido sobre el adelantamiento 
de las ciencias [...] [ 126 ] 


Ignoro si publicó la observación en las Memorias de la 
Academia de las Ciencias de París, así como si cultivó con 
ardor la correspondencia con León y Gama. De toda suerte 
no habrá dejado el mexicano de sentirse halagado por la 
carta del célebre astrónomo. 


Hasta 1778 no hay más datos de nuestro autor. Empero 
existen dos hechos, indirectamente relacionados con él, en 
1777, que vale la pena anotar. El 4 de mayo, en junta de re- 
presentantes de los mineros, se procedió a la creación del 
Cuerpo de Minería y se nombró como su director general a 
Joaquín Velázquez de León. [ 127 ] El sabio minero realizó 
desde este año hasta 1786, en que murió, una notable labor 
como director del Tribunal y dedicó buena parte de su tiem- 
po a la formación de proyectos para crear el Colegio de 
Minas que no alcanzó a ver funcionar. En ese mismo año de 


123 


1777, José Antonio de Alzate realizó la primera expedición 
arqueológica de la Nueva España en las ruinas de Xochical- 
co [ 128 ] y escribió una memoria que, según él mismo acla- 
ra, fue compendiada por Benito Díaz de Gamarra y enviada 
a Italia, donde “acaso se habrá impreso”. [ 129 ] Hasta 1791 
publicó su descripción como suplemento a la Gazeta de Lite- 
ratura. Alzate es, pues, el primero que en la Nueva España 
hizo una exploración arqueológica. Bien es cierto que entre 
las observaciones de uno y otro hay notable diferencia. León 
y Gama se distingue por la profundidad de su análisis y por 
la exactitud de sus descripciones, lo que no ocurre con Alza- 
te, 


El 24 de junio de 1778 se produjo un eclipse de sol que fue 
visible en la ciudad de México. León y Gama, fiel a sus afi- 
ciones astronómicas, realizó una cuidadosa observación y 
redactó una memoria que pasó a manos de Velázquez de 
León. Éste costeó el libro y poco más tarde se publicó la Des- 
cripción orthográphica [ 130 ] (figura 33) que, como adelante 
se verá, servía para el problema de la correcta ubicación car- 
tográfica de la ciudad. 


124 


DESCRIPCION 


ORTHOGRAPHICA UNIVERSAL 
DEL ECLIPSE DE SOL 
DEL DIA.24 DE JUNIO DE 1778, 
DEDICADA 
AL SEÑOR DON JOAQUIN 


VELAZQUEZ DE LEON, 

Del Consejo de S. M., su Alcalde de Corte hono- 
rario en esta Real Audiencia, y Director general 
del importante Cuerpo de la Minería de este 
Reyno de Nueva España, 

POR 
D. Antronio pz Leon 7 GAMA. 





CON LICENCIA EN MEXICO 




















Enla Imprenta nueva Matriterse dod. Felipe de Zúñiga 
y Ontiveros, gallc de la Palma, año de 1778. 


Figura 33 


Portada de Descripción ortográphica universal del eclipse de sol..., 1778 


Nueva laguna en la información sobre León y Gama hasta 
1782. Dos años antes, en 1780, habían ocurrido otros dos he- 
chos de importancia para el estudio de nuestro autor. Murió 
Mariano Veytia, dejando inconclusa su Historia antigua de 
México, [ 131 ] que más tarde utilizaría León y Gama; tam- 
bién en ese año se publicó en Italia la Storia antica del Messi- 
co de Clavijero, [ 132 ] obra que resultó fundamental para 
despertar el interés por ese tipo de estudios en los súbditos 
novohispanos. Ambas obras fueron cuidadosamente estudia- 
das por León y Gama, como se podrá ver en la lista de auto- 
res y Obras que consultó, y si bien no se puede decir que a 
estos libros se debe su interés por las antigiledades, es pro- 
bable que actuaran como un acicate para escribir su obra 
histórica. 


125 


La imprenta de don Felipe de Zúñiga y Ontiveros lanzó a 
la venta, en 1782, un libro que había de ser traído y llevado 
durante por lo menos dos años, levantando por todos lados 
polémicas agrias, encendidos elogios y acerbas denostacio- 
nes. Trátase de la obra del médico guatemalteco José Flores 
[ 133 ] que sostenía que cierta especie de lagartija de Ama- 
titlán, comida casi viva, curaba radicalmente el “horrible mal 
de cancro”, así como otros similares, más otros que no lo 
eran. No sabemos bien a cuenta de qué le dio a León y Gama 
por meterse en tan espinoso asunto, pero el hecho es que el 
específico acabó por hacerse famoso gracias a una encendida 
polémica que sostuvo nuestro autor con los médicos Moreno 
y Sánchez, a cuyo somero estudio están dedicadas unas pági- 
nas adelante. El caso fue que, poco después de la publicación 
del libro de Flores, aparecieron dos opúsculos sobre el 
mismo tema, uno de José Vicente García de la Vega [ 134 ] y 
otro de nuestro León y Gama, [ 135 ] ninguno de los cuales 
negaba a priori la eficacia del remedio. Pero en el del sabio 
astrónomo y anticuario se hacía una crítica de un papel ma- 
nuscrito de los médicos arriba mencionados, que replicaron 
con un virulento escrito, [ 136 ] al que se vio obligado a res- 
ponder León y Gama. [ 137 ] 


Los doctos galenos cerraron la discusión por lo que al pú- 
blico toca. [ 138 ] 


En 1784, o poco más tarde, volvió León y Gama a temas 
en los que se desempeñaba mucho mejor. Existe en la Biblio- 
teca Nacional de París un manuscrito inédito y desconocido: 
Observaciones del cometa del año de 1784, hechas en México 
por mí, Antonio de León y Gama, [ 139 ] de 250 páginas, que 
en realidad son una colección de observaciones meteorológi- 
cas seguidas día con día. 


126 


La Gazeta de México del 28 de julio de 1784 publicó esta 
noticia dada por Manuel Antonio Valdés: [ 140 ] 


El autor de la Gazeta, que deseando sólo perfeccionarla para que no caiga 
de la estimación con que fue recibida, no omite diligencia que a ello pueda 
conducir, viendo que lo laborioso de este asunto y la falta de salud no le dan 
el tiempo necesario para las contestaciones y su formación, se ha convenido 
con don Antonio de León y Gama (cuya literatura es bien conocida) para 
que haciéndose cargo de lo segundo, le deje expedito para que atienda aqué- 
llas y todo lo concerniente a la impresión. Uno y otro suplican a los señores 
Justicias y demás personas que animadas de un patriótico celo, han favoreci- 
do hasta aquí el proyecto ministrando las noticias de sus respectivos territo- 
rios, que continúen a hacer este beneficio al público, pues del acopio de noti- 
cias depende que salga semanariamente este impreso, que es lo que se solici- 
ta. 


En efecto, León y Gama hizo una breve incursión por el 
periodismo. Aunque la hay, poca huella se nota de su mano 
en los escasos cinco números que redactó. A su cargo corrie- 
ron los números 16 a 20 del tomo 1, del 11 y 25 de agosto, 8 y 
22 de septiembre y 6 de octubre de 1784. Como se ve, ni si- 
quiera en esto escapó León y Gama de la corriente ilustrada, 
una de cuyas manifestaciones más patentes es la publicación 
de periódicos. Pero, no contando como Alzate y Bartolache 
con su propio periódico, ya sea porque se fastidió por tener 
que dar noticias de toda índole o realmente porque le absor- 
bía demasiado tiempo, el caso es que, en el último número 
de los que publicó, apareció el siguiente aviso: [ 141 ] 


En la Gazeta número 15 avisó al público el autor de ella haber encomen- 
dado la formación de las siguientes a D. Antonio de León y Gama, quien con 
efecto las ha dispuesto hasta la presente; pero considerando que sus muchas 
e indispensables ocupaciones no le permiten aquel lugar que necesita para 
continuarlas, se ha excusado de su composición; por lo que habrá de prose- 
guir a escribirlas el primero [...]. 


Sin embargo, su retiro de redactor de la Gazeta no fue 
óbice para seguir colaborando con ella. En 1785 se publicó la 
Carta de don Antonio de León y Gama al autor de la Gazeta, 


127 


[ 142 ] en que replica con mucho rigor la solución que dio a 
la cuadratura del círculo un anónimo. Y en 1787 publicó las 
“Observaciones meteorológicas del próximo año [pasado] de 
1786, hechas en México por Don Antonio de León y Gama”. 
[ 143 ] 

Joaquín Velázquez de León murió el 6 de marzo de 1786. 
Sensible fue la pérdida del amigo para León y Gama, que ya 
vimos escribió su apología el 6 de octubre del mismo año. De 
ella extraemos el siguiente párrafo: “Lo cierto es que perdió 
el reino un hijo que fue el lustre y honor de la nación; el 
orbe literario un varón que por la pública utilidad se procuró 
hacer sabio en todas las ciencias; el Tribunal de la Minería 
un director que difícilmente tendrá semejante; y yo un ver- 
dadero amigo, depósito de mis mayores confianzas |[...]”. 
[ 144 ] 

Infatigable, León y Gama siguió trabajando los temas que 
más le atraían. Con motivo de una aurora boreal que se ob- 
servó en la ciudad de México, trabajó un pequeño: “Discurso 
sobre la luz septentrional que se vio en esta ciudad el día 14 
de noviembre de 1789, entre 8 y 9 de la noche”, publicado 
poco más tarde en la Gazeta de México, [ 145 ] en el cual 
procuraba desvanecer los temores de la gente ignorante. El 
“Discurso” apareció anónimo, y no tardó José Antonio de 
Alzate en lanzarse a hacerle una acerba crítica. Desde esta 
ocasión se convirtió Alzate en el gran enemigo de León y 
Gama; enemigo gratuito además, porque nuestro autor po- 
seía mucho más sólidos y profundos conocimientos de los 
temas en que el arriesgado presbítero lo criticaba con gran 
sarcasmo. Es por ello que Manuel Antonio Valdés, contem- 
poráneo de ambos y autor de los elogios fúnebres de los dos, 
comenta de Alzate con toda justicia: [ 146 ] 


128 


Es cierto que lo claro, picante y aun inmoderado de su crítica le concitó 
muchos émulos y engrosó el bando de sus rivales; pero también es cierto 
que por este medio nos puso a cubierto de la maledicencia de los extraños, e 
hizo que algunas piezas salieran a luz purgadas de defectos que en otras cir- 
cunstancias las obscurecerían; y a la verdad si en una u otra ocasión se hu- 
biera abstenido de promover asuntos odiosos a que no era precisado, y de 
medir la espada de la pluma con campeones gigantes, su fortuna hubiera 
sido más próspera y no se hubieran marchitado los laureles con que se coro- 
naba. 


Cuando Valdés escribe que Alzate midió su pluma con 
campeones, seguramente piensa en las acres polémicas que 
sostuvo con Velázquez de León, Vicente Cervantes y León y 
Gama, de ninguna de las cuales salió bien parado. No es el 
momento de analizar la discusión entre Alzate y nuestro 
autor, pero el caso es que al escritor de la Gazeta de Literatu- 
ra [ 147 ] respondió León y Gama con una nueva publica- 
ción. 

La Disertación física sobre la materia y formación de las au- 
roras boreales [ 148 | apareció en 1790 y es una de las más 
acertadas obras astronómicas de León y Gama (figura 34). 
En ella se nota ya la madurez del autor —tenía entonces 55 
años— y la consolidación de un riguroso estilo que se aseme- 
ja al que puso Velázquez de León en sus trabajos. En el su- 
plemento replicaba con igual sarcasmo y mala intención al 
escrito de Alzate. Al fin, escribe con mucho veneno esta 
frase que, si bien injusta, fue provocada por el inmoderado 
presbítero: “entre tanto, sólo nos queda el dolor de que 
vayan caminando para Francia estas Gacetas a hacer juego 
con otras piezas que andan por allá de la misma naturaleza; 
pero la fortuna es que no faltan allí otras de otros individuos 
mexicanos que vindiquen el crédito de la nación”. [ 149 ] 


129 


DISERTACION FISICA 
SOBRE LA MATERIA Y FORMACION 
DELAS AURORAS BOREALES, 
QUE 
CON OCASION DE LA QUE APARECIÓ 
EN MEXICO Y OTROS LUGARES 
DE LA NUEVA ESPAÑA 
el dia 14 de Noviembre de 1789 
ESCRIBIÓ 


D. ANTONIO DE LEON Y GAMA. 


E 
A 
BIBLIOTECA NACIONAL 


MEeXxX¡ico 
CON LAS LICENCIAS NECESARIAS. 




















MEXICO: 
Por D. Felipe de Zuñiga y Ontiveros, calle del 
Espíritu Santo, año de 1790. 


Figura 34 


Portada de Disertación Física sobre a materia y formación de la auroras boreales, 


Auroras Boreales, 1789 


Esto debe haber molestado bastante a Alzate, que no se 
privó del placer de hacer una última crítica, que sorprende 
por su moderación. [ 150 ] En resumen dice que no le con- 
vence el sistema de Gama y nada más. Posiblemente tenía 
razón León y Gama cuando escribió que si Alzate hubiera 
sabido que era él el autor del discurso anónimo, hubiera mu- 
dado el tono pues, insinuó, se conocían muy bien y Alzate 
debía saber la profundidad de los conocimientos de León y 
Gama, así como que a él le constaba lo superficial de los del 
autor de la Gazeta de Literatura. [ 151 ] Algo de verdad había 
en esto, pues Alzate soslayó el asunto y no comentó nada 
más. 


130 


Sin embargo, no se trata a estas alturas de tomar partido 
por uno u otro. Cuando se estudia cuidadosamente a todo el 
primer grupo ilustrado mexicano, se puede dividirlo en dos 
parejas: Alzate y Bartolache por un lado; Velázquez de León 
y León y Gama por otro. Los primeros son los más típica- 
mente ilustrados, sus escritos, sus polémicas y sus actuacio- 
nes son, en cierta forma, una cruzada por hacer llegar las 
luces a todos los súbditos novohispanos; son los grandes di- 
vulgadores del espíritu crítico; su mérito es el de difundir la 
cultura. Velázquez de León y León y Gama, a pesar de perte- 
necer en buena parte a la corriente ilustrada, muestran una 
actitud distinta; de hecho, el primero nunca publicó sus in- 
vestigaciones. Su labor es mucho más rigurosa y científica; 
nunca sintieron la necesidad, como los otros, de insistir en 
las críticas de la escolástica ni de teorizar sobre la forma más 
conveniente de difundir la cultura y el espíritu crítico; se li- 
mitaron a investigar sus temas disciplinadamente y dieron a 
conocer sus resultados sin arrogarse el papel de educadores. 
Ambas actitudes son valiosas; se expusieron aquí a grosso 
modo para diferenciarlos y mostrar por dónde anduvieron 
las inquietudes de cada uno. Yo no pondría uno encima de 
otro por parecerme que todos ellos reflejan, con sus peculia- 
res condiciones de genio, los intereses y necesidades de la 
colonia. De todas formas, el juicio del tiempo ha inclinado la 
balanza en favor de Alzate, no en una polémica en particular 
sino en toda su obra, que ha permanecido con un interés 
constante. 

León y Gama prosiguió con su labor sin curar ya más de 
la crítica. Según informa Valdés, en 1791 el virrey Revilla Gi- 
gedo lo nombró socio de Alejandro Malaspina, quien hizo 
grandes elogios del mexicano. [ 152 ] 


131 


Como se sabe, en la corte se aprobó el proyecto del capi- 
tán Alejandro de Malaspina para hacer un viaje de circunna- 
vegación del mundo. En 1789 salieron del puerto de Cádiz 
las dos corbetas que habrían de realizarlo. El 27 de marzo de 
1791 llegó Malaspina a Acapulco e hizo un brevísimo viaje a 
la capital de la Nueva España. [ 153 ] Allí, por alguna causa 
conoció a León y Gama y realizaron juntos una observación, 
según informa al virrey: [ 154 ] 


Verificada en la noche pasada la observación de una estrella oculta por la 
luna para comparar sus resultados con los de don Joaquín Velázquez y con 
las actuales observaciones de Acapulco y San Blas, no puedo a menos de re- 
comendar encarecidamente a vuestra excelencia el celo e inteligencia de don 
Antonio de Gama, en cuya casa he observado y a quien se debe el buen éxito 
de estas tareas; como igualmente la eficacia con que la han ayudado el te- 
niente de fragata Maurelle, el teniente coronel de ingenieros don Francisco 
Constanzó y el maestro de matemáticas don [Diego de] Guadalajara. Son 
todos sujetos que vuestra excelencia con su perspicacia conoce muy bien. El 
recordar este nuevo mérito que han contraído es con el solo objeto de con- 
firmar el concepto que se merecen. 


Aunque el virrey contestó que tendría en cuenta el mérito 
de León y Gama y los demás, [ 155 ] no sabemos hasta ahora 
que realmente le haya solicitado para alguna comisión hono- 
rífica o remunerada. 


Malaspina tuvo tan buena impresión de León y Gama que 
temporalmente dejó valiosos instrumentos en su observato- 
rio: [ 156 ] 

En la colección de instrumentos astronómicos que deberán servir a las ta- 
reas de don Dionisio Galiano, he comprendido el péndulo astronómico y el 
cuarto de círculo traídos del departamento de San Blas, pertenecientes al 
Real Observatorio de Cádiz y actualmente depositados en el observatorio de 
D. Antonio de Gama; sírvase vuestra excelencia acceder a esta incorporación 
y facilitar al mismo tiempo que este hábil oficial, usando del teodolito y 
otros instrumentos o físicos o geodésicos que pertenecen al Real Tribunal de 
Minería, pueda explayar su celo e inteligencia por el bien del servicio; será 
igualmente útil que concurran a suministrar los conocimientos necesarios a 
D. Arcadio Pineda, encargado de la recopilación histórica cuantos individuos 


132 


de esa capital hacen con un caudal copioso de conocimientos antiguos y mo- 
dernos, su verdadero mérito. 


Si creemos a Valdés, León y Gama realizó esas observacio- 
nes con Dionisio Alcalá Galiano. Revilla Gigedo accedió a la 
petición de Malaspina y solicitó al Tribunal de Minería se fa- 
cilitaran los instrumentos a los miembros de la expedición, 
lo que se viene en conocimiento por la respuesta del Tribu- 
nal en que pone a disposición de los mismos la casa destina- 
da al Colegio de Metalurgia. [ 157 ] 


Es interesante saber de cuáles instrumentos disfrutó León 
y Gama por algún tiempo. En la instrucción que dejó Alejan- 
dro Malaspina a Galiano, fechada en Acapulco el 24 de mayo 
de 1791, poco antes de salir en busca del mítico estrecho de 
Anián, dice: [ 158 ] 

Para formar en esta parte la colección que ha de servir a las tareas de 
vuestra merced, he tenido presente el cuarto de círculo de Adams y el pén- 
dulo de Helicot existentes actualmente en México y depositados por mí en el 
observatorio de don Antonio de Gama, en donde los hallará vuestra merced 
armados, y será fácil encargar a don N. Guadalajara, maestro de matemáti- 
cas en la Academia, aquellas pocas composiciones o mejoras que necesitan. 
Estos instrumentos pertenecen al Real Observatorio de Cádiz, como lo aviso 
al excelentísimo señor virrey. Así podrá vuestra merced recibirlos de oficia- 
les reales en término que lo indiquen, y no entregarlos ya sino a dicho ob- 
servatorio. Se añadirá a éstos un acromático grande de los de bronce y el 
reloj de Arnold 344. En el Tribunal de Minería hallará vuestra merced un 
teodolito, y esparcidos en manos de diferentes sujetos de México, termóme- 
tros, barómetros y otros instrumentos físicos que podrá vuestra merced soli- 
citar si los hallase oportunos. 


Galiano debía volver a España antes de 1793 con toda la 
información recopilada. Seguramente buena parte de ella la 
recogió con León y Gama y algunos otros ilustrados de la 
Nueva España. Aunque Malaspina volvió a Acapulco, no re- 
gresó a México, y no sabemos que haya guardado otra rela- 
ción con nuestro autor. 


Mientras esto ocurría, estando próxima la fundación del 


133 


Real Seminario de Minería, con su nuevo director Fausto de 
Elhuyar, el virrey trasladó a éste la solicitud de León y Gama 
del 3 de diciembre de 1791 para ocupar una cátedra en el co- 
legio, en la que invoca el nombramiento verbal que Veláz- 
quez de León le hizo para los cursos de mecánica, aereome- 
tría y pirotécnica. [ 159 ] Elhuyar contestó el 8 de diciembre 
que necesitaba más datos sobre León y Gama. [ 160 ] Éste 
debió presentarlos, pues el 24 de diciembre del mismo año 
volvió a escribir Elhuyar al virrey, según Ramírez: [ 161 ] 


En esta fecha el Director manifiesta al virrey que siendo insuficientes los 
documentos presentados por D. Antonio de León y Gama, por ser los cono- 
cimientos que acredita extraños a la profesión del minero, opina porque se 
le pidan las lecciones que tiene escritas sobre Mecánica, Geometría, Álgebra, 
ambas trigonometrías y Secciones cónicas, aunque estén en borrador y en 
desorden. 


Para marzo de 1792, Elhuyar insistía en que se le enviaran 
las lecciones que escribió León y Gama. [ 162 ] Nuestro 
autor, por no haberlas escrito, o por cualquier otra causa, 
nunca las envió. El 1 de enero de 1792 empezó a funcionar el 
colegio y León y Gama no perteneció a sus profesores jamás. 

Antes de la llegada de Malaspina, con motivo del estable- 
cimiento de las atarjeas y el nuevo empedrado de la plaza 
mayor de México, en agosto de 1790, se encontraron los dos 
monolitos conocidos como la “*Coatlicue” y la “Piedra del 
Sol”. León y Gama hizo dibujar ambas piedras y se dispuso a 
publicar su descripción explicando de paso su significado. 
Un año después de haberlas puesto al descubierto, la Gazeta 
de México del 6 de agosto de 1791 anunció la Descripción. 
Con ese motivo el intendente corregidor Bernardo de Bona- 
via se presentó con León y Gama para poner a su disposi- 
ción la documentación oficial. 


En 1792 publicó su libro más famoso, la Descripción histó- 


134 


rica y cronológica de las dos piedras , [ 163 ] que empezó a 
trabajar en 1790. Para esta fecha ya había concluido una 
obra más vasta: Notas sobre la cronología de los antiguos me- 
xicanos y descripción de sus calendarios, con la concordancia 
al calendario europeo, a la que hace varias referencias en la 
Descripción. Tampoco en esta ocasión, pese al esfuerzo que 
realizó y la vastedad de las fuentes que manejó, obtuvo el 
aplauso en su medio. Alzate publicó en su Gazeta de Litera- 
tura de julio 13 una crítica en la que se permitía dudar de la 
interpretación de los glifos dada por León y Gama, ufanán- 
dose de que otro anticuario le corregiría. [ 164 ] Nuestro 
autor se limitó a publicar una nota en junio del mismo año 
incitando al experto a dar su opinión. [ 165 ] 


Naturalmente, el otro anticuario no existía, y León y 
Gama comenzó el 11 de noviembre de 1794, según él mismo 
dice, a escribir la segunda parte de su Descripción que, como 
sabemos, se publicó muchos años después de su muerte. En 
la redacción de esta segunda parte tardó por lo menos cuatro 
años, pues en el apéndice segundo aparece la fecha de 1798. 
[ 166 ] En este escrito refuta brevemente a Alzate y hace un 
buen número de consideraciones de carácter general sobre la 
ciencia de los indios. 


Entre 1795 y 1802, cultivó correspondencia con el jesuita 
expulso Andrés Cavo sobre cuestiones mexicanas que a 
ambos interesaban. Según Burrus, [ 167 |] son 13 cartas de 
León y Gama, la primera del 30 de agosto de 1795 y la última 
del 22 de mayo de 1802. Es posible que a instancias de Cavo 
el jesuita Pedro José Márquez tradujera la Descripción. [ 168 ] 

De abril 21 de 1801 es el último escrito publicado por 
nuestro personaje. La Gazeta de México sacó en varios nú- 
meros una disertación sobre el modo como deben comenzar 


135 


a contarse los siglos. [ 169 ] El 12 de septiembre de 1802 
murió León y Gama en la ciudad de México a la edad de 67 
años. 


Muchas obras dejó inéditas León y Gama. Todas ellas han 
corrido con una suerte bastante común en nuestro medio. 
Aparentemente sólo quedó en México la segunda parte de la 
Descripción de las dos piedras, cuyo paradero ignoro. El padre 
Antonio Pichardo, del oratorio de San Felipe Neri, fue alba- 
cea testamentario del polígrafo y a su poder pasaron, tempo- 
ralmente, los libros de León y Gama. [ 170 ] Sin embargo, 
vueltos a poder de su familia y habiendo sido infructuoso el 
esfuerzo de Carlos María de Bustamante por rescatarlos, co- 
rrieron la misma suerte que la mayor parte de las mejores 
bibliotecas de México: la ignorante familia de nuestro autor 
vendió la colección de su antecesor a Aubin cuando pasó por 
México. [ 171 ] En la actualidad se encuentran en París. 


Aunque hay algunos esfuerzos por estudiar a León y 
Gama, [ 172 ] falta todavía mucho para acercarse a su mag- 
nífica labor. El polígrafo es parcialmente conocido por los 
escritos publicados, pero los que son acaso sus mejores tra- 
bajos nos han estado vedados. No obstante, algunas cosas se 
pueden adelantar. Sin ser un ilustrado típico, piensa como 
muchos de sus contemporáneos. Sus inclinaciones van hacia 
muchos objetos a la vez, aunque se debe reconocer que fun- 
damentalmente tienden a la astronomía y la historia antigua, 
y que de ésta lo que más le atrajo fue la cronología. 

Fue un científico de notable rigor y acuciosidad ejemplar 
—pese al asunto de las lagartijas—, lo que revela su fe en las 
ciencias matemáticas y en aquellas otras que a éstas pueden 
reducirse. En una réplica a Alzate, ya citada, dice con evi- 
dente orgullo: 


136 


Y aunque pudiera responderle en el mismo estilo, como lo han hecho 
otras personas a quienes ha provocado, no lo haré por varias razones, siendo 
la primera la estimación y respeto que se debe a su carácter. La segunda, 
porque habiéndose omitido mi nombre en las referidas Gazetas de México, 
debemos creer que ignoraba quién había sido autor de aquel discurso, pues 
constándole de más de 20 años a esta parte el frecuente estudio, nada super- 
ficial, con que desde muchos años antes me había yo dedicado a las ciencias 
matemáticas, en que poseía algunos conocimientos de la moderna astrono- 
mía que suponen bien sabidas no sólo la geometría y ambas trigonometrías, 
sino la análisis, la geografía y óptica, sin las cuales no se podían formar los 
prolijos y laboriosos cálculos de eclipses del sol que así generales como par- 
ticulares he dado al público, con bastante aplauso de las personas inteligen- 
tes de nuestra América y de la Europa, no se hubiera atrevido a tratarme de 
ignorante en estas ciencias, mayormente advirtiendo, como debía advertir, 
que hace otro tanto tiempo que le conozco y que ninguno más que yo sabe 
su pericia en ellas. [ 173 ] 


A pesar de que nunca opinó en cuestiones de filosofía, 
muestra con evidencia un espíritu moderno que lo lleva a 
esa fe —propia de la Ilustración— en la ciencia y la razón y 
en la cual no cabían dudas de que la humanidad marchaba 
firmemente por la senda del progreso. Piensa que las cien- 
cias avanzan a pasos agigantados y que, naturalmente, las 
autoridades antiguas han sido superadas por los científicos 
modernos. En un encendido párrafo de su defensa de las la- 
gartijas vuelca los siguientes conceptos en que, saliéndose de 
su habitual reserva, revela su pensamiento moderno: 


El progreso que han tenido las ciencias ha sido sucesivo, y lo más útil que 
en ellas se ha descubierto hasta el día, no tiene más antigiedad que un siglo. 
Desde la mitad del pasado se empezaron a perfeccionar la física y matemáti- 
cas. ¿Qué hubiera dicho Aristóteles si se le hubiera preguntado por la elec- 
tricidad? ¿Qué, si hubiera visto que con una máquina neumática se extraían 
de mil partes de aire las noventa y nueve? En su tiempo y en el de Ptolomeo 
y hasta la mitad del décimo séptimo siglo se tuvieron por meteoros aéreos 
los cometas hasta que Hevelio los declaró astros. Él descubrió el movimiento 
de libración de la luna, formó de ella una perfecta Selenografía y dio otros 
descubrimientos útiles a la astronomía. ¿Quién halló la sucesiva propagación 
de la luz si no Rómer? ¿Y cómo? Por accidente: observando los eclipses de 
los satélites de Júpiter, de lo que dedujeron Cassini, Halley y Bradley el 


137 


tiempo que tarda la del sol en bajar a la tierra que es el de ocho minutos. ¿La 
existencia de estos planetas secundarios por tanto tiempo ignorada, sus 
eclipses y el conocimiento de sus órbitas, a qué se deben sino al invento de 
los anteojos, que no ha dos siglos que se halló y que han llegado en el día a 
la mayor perfección con el descubrimiento de los vidrios acromáticos? Las 
materias luminosas y ardientes conocidas con el nombre de fósforo, ¿cuánto 
tiempo estuvieron ocultas en la física, hasta que a fines del siglo pasado las 
descubrió el fracaso de uno que buscaba en la orina la piedra filosofal? Pues 
¿qué prueba el que no se hubiera hallado en los tiempos de Hipócrates y Ga- 
leno el uso interno de las lagartijas, cuando aquél floreció cuatrocientos 
años antes del nacimiento de nuestro señor Jesucristo, y éste ciento y cin- 
cuenta después? [ 174 ] 


Abandono, pues, de los clásicos cuando los modernos los 
superan. Un estricto método experimental y un constante re- 
curso a las matemáticas son los rasgos más evidentes que 
nos presenta León y Gama en sus escritos científicos. Y en 
los históricos, la precisión de las fuentes más fidedignas y un 
agudo sentido crítico. Su entusiasmo lo lleva exclamar cuan- 
do habla de los eclipses observados por los indios prehispá- 
nicos: “Si todos los sucesos históricos pudieran compararse 
con fenómenos celestes, no se hallara tanta variedad en las 
historias”. [ 175 ] 


Por lo que respecta al método, resulta esclarecedor el pá- 
rrafo que se transcribe abajo de su Disertación sobre las au- 
roras boreales: [ 176 ] 


Es principio asentado entre filósofos modernos, que para indagar las 
obras de la naturaleza no se hayan de fundar en fingidas hipótesis o ligeras 
conjeturas, sino en demostraciones claras, deducidas por cálculos matemáti- 
cos o experimentos ciertos, para no incurrir en grandes errores: así se expli- 
ca el célebre Samuel Clarke, intérprete de la Óptica de Newton al principio 
de la obra, y el mismo Newton en ella. De manera que todas aquellas opinio- 
nes que no tienen otra prueba ni matemática ni física que la débil conjetura 
de sus autores, se deben desterrar de toda buena filosofía; mayormente 
cuando las razones en que se fundan tienen entre sí cierta repugnancia, que 
no se pueden fácilmente combinar [...] Una explicación que se hace por dis- 
cursos se queda solamente en la idea, sin que convenza al entendimiento la 
razón que no se apoya en ejemplares, principalmente de aquellos que no 


138 


dejan lugar a duda. 


Pero no son estos apuntes biográficos el mejor lugar para 
el estudio del pensamiento de León y Gama, cuyos rasgos 
más sobresalientes se verán en los apartados que siguen. Por 
ello veamos, para terminar, algunos de los juicios que mere- 
ció de sus contemporáneos. 


Ignacio Segura, protomédico e individuo del claustro de la 
Universidad, dice acerca de León y Gama en el parecer de la 
Respuesta satisfactoria, de 1783: 


Este autor se ha hecho un lugar muy distinguido en la República de los 
Sabios, los que precisamente admiran la grande erudición en varias faculta- 
des de un sujeto que para ganar su vida y mantener con decencia su dilatada 
familia, está destinado a otra ocupación muy laboriosa y totalmente diversa 
de los asuntos en que ha escrito. Este cuaderno y el primero que publicó de 
las virtudes medicinales de las lagartijas son una prueba clara de que su 
grande entendimiento y aplicación lo hacen que posea unos conocimientos 
tan particulares de la medicina y química como los más aventajados faculta- 
tivos. ¿Pero qué mucho, si a más de la teórica que también ha aprendido en 
los mejores y más modernos autores, tiene un laboratorio químico en que 
ejecuta con destreza las operaciones más delicadas? No hablo del observato- 
rio astronómico y de las piezas que en esta materia lo han recomendado aun 
con los sabios parisienses por no ser del asunto presente (figura 35). 


139 


RESPUESTA 
SATISFACTORIA 


A LA 
CARTA APOLOGETICA, 
QUE ESCRIBIERON 
EL Lic D. MANVEL ANTONIO MORENO, 
Y EL B. D. ALEJO RAMON SANCHEZ! 
Y defensa contra Ja censura, que en ella se 
hace, de algunas proposiciones contenidas 


en la Insrruccion sobre el remedio de 
las Lagartijas, que escribió 


D. ANTONIO DE LEON YT GAMA. 








EN MÉXICO: Por D. Felipe de Zúñiga y o: ativeras, 
calle del Espiritu Santo, año de 1783. 


Figura 35 


Portada Respuesta satisfactoria a la Carta Apologética..., 1783 


No deja de ser dolorosa esa imagen, en que insisten todos 
los autores, de un León y Gama lleno de hijos que mantener, 
trabajando como burócrata y con el único consuelo de sus 
estudios, a los que consagró sus mejores esfuerzos y hacién- 
dose a gran costa de una buena biblioteca y laboratorios. Y 
pese a que algunos súbditos novohispanos supieron de su 
mérito, su situación nunca cambió y más bien tuvo ataques 
que alicientes. Por ello Manuel Antonio Valdés, que lo esti- 
mó, dice al comienzo de su elogio fúnebre: 


No pretendemos curiosamente escudriñar, ni menos noticiar al público 
por qué razón este mexicano, sabio de primer orden, vivió y murió en una 
oscuridad y olvido que tiene no poco de asombroso, deseamos únicamente 
hacer justicia al eminente mérito de un sabio modesto que desde el fondo de 
su ignorado rincón en la Nueva España se adquirió los aplausos de la culta 
Europa y mereció que pasara su nombre a la remota posteridad. Ved, mexi- 
canos, no un perfecto retrato (que no aspira a tanto mi débil pluma), sí sola- 


140 


mente un bosquejo informe de un hombre grande, que nació, se crió y flore- 
ció entre vosotros; conoced, aunque tarde, por fieles noticias al insigne lite- 
rato que sin apreciarlo poseísteis por espacio de 67 años; pagad al menos a la 
buena memoria de tan benemérito compatriota el tributo de una tarde y es- 
téril admiración. [ 177 ] 

Como suele ocurrir, el reconocimiento llegó post mortem. 
Bien pronto empezaron a llover elogios a la obra de León y 
Gama de gentes muy distinguidas. No por muy conocido es 
ocioso transcribir aquí, para terminar, el párrafo que Hum- 
boldt dedicó a nuestro personaje: 


Después de haber citado las tareas de Alzate y Velázquez, sería una injus- 
ticia no hacer mención de Gama, que fue el amigo y colaborador del último 
de aquéllos. Pobre, y precisado a mantener su numerosa familia a costa de 
un trabajo penoso y mecánico, desconocido y casi olvidado en vida por sus 
conciudadanos que le llenaron de elogios después de muerto, llegó a ser por 
sí mismo un astrónomo hábil e instruido. Publicó muchas memorias sobre 
algunos eclipses de luna, sobre los satélites de Júpiter, sobre el almanaque y 
la cronología de los antiguos mexicanos y sobre el clima de la Nueva Espa- 
ña; en todas las cuales se ve una grande precisión de ideas y exactitud en las 
observaciones [ 178 ] 


Pero aún espera ocupar un elevado sitial en nuestra histo- 
ria de la cultura, y para ello es preciso conocerle un poco 
más. A este fin y con el propósito de incitar a su estudio van 
pergeñadas estas notas. 

Escritos astronómicos y matemáticos 

La vocación de León y Gama lo inclinó siempre a las cien- 
cias matemáticas, que es donde mejor se desempeñó. Inclusi- 
ve su obra histórica tiene ese enfoque: astronomía, cronolo- 
gía y matemáticas de los indios. Poseedor, como era, de una 
mente disciplinada y sistemática, pudo fácilmente captar los 
intrincados vericuetos de la moderna ciencia matemática eu- 
ropea, ya sea abrevando directamente en los mejores autores 
o estudiándolos en la que posiblemente fue la más importan- 
te vía de la Ilustración en Nueva España: los periódicos cien- 


141 


tíficos europeos, desde las Memorias de la Academia de las 
Ciencias de París, hasta los periódicos modernos españoles. 
Desgraciadamente no contamos por el momento con los ma- 
nuscritos inéditos de León y Gama sobre estas cuestiones, 
por lo que se habrá de limitar este panorama a sus obras edi- 
tadas. 


El primer opúsculo astronómico publicado es la Descrip- 
ción orthográphica universal del eclipse de Sol, que vio la luz 
con el propósito de ayudar a fijar la correcta longitud de la 
ciudad de México. En la dedicatoria a Velázquez de León ex- 
plica nuestro autor los términos del problema, visto por pri- 
mera vez por aquél: 


¿Cuántos son los [trabajos] que ha impendido V. S. sólo para fijar un 
punto? El de longitud, digo, de esta Ciudad, tan errado por los mejores geó- 
grafos de Europa; y aunque algunos de nuestros matemáticos antiguos, que 
lo fueron el P. Rodríguez, Gabriel de Bonilla y D. Carlos de Sigitenza y Gón- 
gora en el siglo pasado, se acercaron bastante a la verdad, no han faltado en 
el presente algunos [ 179 ] que, queriendo obscurecer a aquéllos la gloria, 
nos hayan retirado otras tantas leguas más, cuantas los errados mapas nos 
habían separado de nuestra legítima situación. Por esto pues vuestra señoría 
(sin embargo de los graves asuntos del Real servicio que lo condujeron a la 
California) no perdonó diligencia, ya haciendo por sí mismo las observacio- 
nes que el tiempo le proporcionaba en los lugares de su residencia, ya va- 
liéndose de prácticos, que dándole razón de las distancias y rumbos de otros 
(como lo expresa vuestra señoría en su mapa y manuscritos que se ha digna- 
do comunicarme) y ya, finalmente, midiendo las leguas vulgares que cami- 
naba [...] llegó a situar aquella península en el lugar que le correspondía; de 
donde advirtiendo el error que hasta entonces se padecía y discurriendo con 
bastante fundamento que sería trascendental a toda la América septentrio- 
nal, luego que se regresó vuestra señoría a esta ciudad solicitó verificar su 
longitud y latitud por medio de bastantes observaciones, teniendo yo el 
honor de acompañarle en muchas. Y aunque todavía no tenemos la última 
exactitud y precisión (por no habernos llegado hasta ahora sus correspon- 
dientes de la Europa), con todo, podemos asegurar que no excederá de un 
minuto de tiempo (siendo antes de más de 18) la diferencia que hubiere 
entre la longitud así deducida y la que diere la correspondencia de observa- 
ciones. A este efecto he construido la Proyección orthográphica universal del 


142 


eclipse del día 24 de junio, que he puesto en manos de vuestra señoría, pues 
por ser observable en todos los países cultos de la Europa, donde se tienen 
bien conocidas las longitudes, no dudo que con menos dificultad lleguen a 
vuestras manos algunas observaciones con que asegurarnos de la de México. 
[180] 

Ésta es, hasta el momento, la única fuente que nos infor- 
ma de la colaboración que León y Gama prestó a Velázquez 
para la resolución del problema; aunque sabemos que este 
último lo logró, no hay manera de determinar en qué grado 
se valió del escrito de Gama. Por lo demás, el opúsculo es 
una buena muestra de las capacidades de nuestro autor. Des- 
pués de la dedicatoria y los preliminares, viene, a manera de 
introducción, lo que Gama llamó “Determinación gráfica 
particular y universal del eclipse de Sol del día 24 de junio 
de 1778”, en que explica los problemas de la elaboración de 
un mapa con las fases de un eclipse y cita a los precursores: 
Kepler, Cassini, Manfredi, Zanotti, De Lalande. A continua- 
ción da los datos astronómicos particulares de la ciudad de 
México y el cálculo general de la figura del eclipse en el 
mapa. Siguen las tablas: de longitudes y latitudes donde se 
vería el eclipse; de las mayores fases boreales y de las austra- 
les; del medio del eclipse al nacer y al ponerse el Sol, y de 
principio y fin del eclipse en las mismas circunstancias. 
Viene una dilatada explicación del mapa del “Tránsito de la 
sombra y penumbra de la Luna sobre la superficie de la Tie- 
rra” ( lámina III). La observación la divide en dos partes: en 
la primera da noticia del “lugar donde se hace e instrumen- 
tos con que se ejecuta”; y la segunda es la crónica de la ob- 
servación hecha con Velázquez de León y otras personas 
asistentes. El escrito abarca 24 páginas y un grabado. Sin 
temor de exagerar, es la observación astronómica publicada 
más precisa del siglo xvm novohispano. 


143 


Seguramente resultaba muy caro publicar ese tipo de es- 
critos, pues Gama se abstuvo por mucho tiempo de sacar fo- 
lletos astronómicos. Por lo regular publicaba trabajos breves 
en la Gazeta de México, donde no pagaba ningún dinero. Los 
libros que se llegaron a editar fue siempre por bondad de 
algún mecenas. 


La Gazeta de México del 13 de febrero de 1787 publicó las 
“Observaciones meteorológicas del próximo año [pasado] de 
1786, hechas en México, por don Antonio de León y Gama” 
con una breve segunda parte de “Observaciones barométri- 
cas”. [ 181 ] En ellas, Gama anota los cambios de temperatu- 
ra registrados en México en 1786, las precipitaciones pluvia- 
les y los vientos. Por lo que se refiere al registro barométrico 
anota las variantes, describe el barómetro usado y da la altu- 
ra de la ciudad de México en 2 530 varas, según el método de 
Lalande o 2 790 varas, de acuerdo al método del abate Nollet. 
El escrito no contiene nada más. 


Con motivo de la aurora boreal observada en la ciudad de 
México el 14 de noviembre de 1789, publicaron tanto Alzate 
en su Gazeta de Literatura [ 182 ] como León y Gama en la 
de Valdés [ 183 ] sendos artículos explicando el fenómeno. El 
de León y Gama, sin firma, apareció el 1 de diciembre del 
mismo año y empieza con el relato de las circunstancias en 
que se apreció el fenómeno: 


Un fenómeno que pocas veces acontece en regiones de corta latitud, como 
es México, puso en la mayor consternación a toda la ciudad la noche del día 
14 del pasado noviembre. Conmovida la gente al ver iluminada una gran 
parte de nuestro hemisferio por el lado del norte, no hacía sino dar voces 
por las calles, esperando por instantes morir abrasada entre las llamas que le 
figuraba su temor. Esta luz (que no es otra cosa que una aurora boreal, ob- 
servada frecuentemente en muchos lugares septentrionales de la Europa) co- 
menzó a aparecer, según se ha podido averiguar, a las 7%, tomando su prin- 
cipio por el rumbo del N. E. detrás de los cerros de la villa de Nuestra Señora 


144 


de Guadalupe, por unos rayos blanquizcos en forma de escoba, que se fueron 
extendiendo poco a poco y cargando hacia el norte y nordeste, hasta las 8%, 
en que parece haber sido su mayor incremento. A esta hora se veía en el ho- 
rizonte la luz que formaba la base, de un color entre rojo y amarillo, de 
cuyos extremos se percibía una porción de circunferencia más iluminada 
que el resto del segmento de círculo que representaba de color rosado obscu- 
ro por un humo denso con que parecía estar mezclada la luz. Quedaron ente- 
ramente cubiertas con este humo colorado, a más de las estrellas del cuello 
del Camello, y de las piernas de Cefeo, la Polar y demás de la Osa menor, 
hasta las 8 y 50 min. en que empezó a descubrirse la Polar, quedando aún las 
demás ocultas. A los 58 m. apareció Beta, e inmediatamente Gamma, desva- 
neciéndose del todo el fenómeno 13 m. después de las 9, en que se descubrió 
Zeta con toda su claridad. [ 184 ] 


Por todas estas circunstancias asegura León y Gama que 
no hay duda alguna de que se trataba de una aurora boreal 
simplemente y que no había motivo para el pánico que se 
extendió por la ciudad. El propósito de escribir ese texto lo 
da un poco más abajo: 


Para desvanecer la preocupación en que están algunas personas, aun de 
las instruidas, pretendiendo ser la aparición de esta luz obra preternatural 
por no hallarse ejemplar de haber aparecido otra semejante en estos lugares, 
será necesario hacerlas ver que en otros de la Europa estuvieron en la 
misma inteligencia hasta el siglo presente en que empezaron a observarla 
con más cuidado, no obstante que se hallaban suficientes noticias en las his- 
torias de otras que aparecieron en los anteriores tiempos y se observaron 
por algunos en aquellos mismos lugares. Pero antes de referir la ignorancia 
que hubo de ellas hasta estos últimos tiempos, no será fuera de propósito dar 
una idea sucinta (por no permitir otra cosa la Gazeta) de todas las luces sep- 
tentrionales que se conocen bajo el nombre genérico de Auroras boreales [...] 
[ 185 ] 


Declarados pues los propósitos, anota el autor las clases 
en que los físicos dividieron las auroras: “resplandecientes” o 
“tempestuosas”, subdivididas en “grandes” y “completas”; y 
149 . »” 149 , ” . . . 119 »” +. 

tranquilas” o “pacíficas”, subdivididas en “regulares”, “irre- 
gulares” e “informes”. A continuación hace un brevísimo re- 
sumen de los testimonios sobre el fenómeno desde Aristóte- 
les. No encuentra noticias de haberse registrado ninguna au- 


145 


rora boreal en la ciudad de México, no porque no las haya 
habido, sino por falta de observación o malas condiciones at- 
mosféricas. El párrafo final expone brevemente las diversas 
teorías en torno a las auroras boreales y opta por el sistema 
de Mairan. Termina pasándole el asunto a Alzate: “Entre 
tanto esperamos que el autor de las Gacetas de Literatura 
llene algunas de ellas con este asunto propio de su título, 
dándonos, bajo de las mismas demostraciones, un nuevo 
descubrimiento, que nos satisfaga y convenza de la naturale- 
za admirable de este fenómeno”. [ 186 ] 


Alzate, que no necesitó nunca demasiados incentivos para 
dar muestras de su agrio carácter, recogió el guante y bien 
pronto dio su respuesta: “Carta del autor de la Gazeta de Li- 
teratura al anónimo que imprimió en las de México n. 44 y 
45 un Discurso sobre la Aurora Boreal”, [ 187 ] en la que em- 
pieza diciéndole: 


Estoy persuadido a que la publicación de su “Discurso” se dirigió a au- 
mentar el número de observaciones, con las que tan solamente puede hacer 
progresos la verdadera física: su intención es laudable; pero así como una 
exacta observación es utilísima, las incompletas o inexactas atrasan el pro- 
greso de una ciencia que nos es tan necesaria. Por lo que suponiéndolo lleno 
de ingenuidad, paso a formar algunas reflexiones sobre su papel, ya porque 
éste es el fin con que se imprime la Gazeta de Literatura, como también por- 
que vuestra merced directa e indirectamente tiene impugnadas algunas de 
mis observaciones y corolarios que expuse en el no. 6. [ 188 ] 


El cuerpo del escrito está dedicado a señalar lo que Alzate 
consideraba erróneo o inexacto, en ese estilo tan lleno de 
ironías que acostumbraba. Por lo que respecta al reto que le 
lanzó el anónimo, lo desechaba con estas palabras: 


¿El autor de la Gazeta de Literatura ha dispuesto tienda para vender siste- 
mas? ¿Tiene fijado algún rotulón en que prometa hablar de cuanto es deci- 
ble, para que el buen crítico le presente un reto quijotuno [...]? [...] Conozco 
lo limitado de mis potencias, por lo que abandono la explicación a quien se 
hallare revestido de superiores luces; por lo mismo confieso mi ignorancia 
respecto al origen de la aurora boreal, y no me avergitenzo [...] [ 189 ] 


146 


Cita para terminar, un texto de Pingre en que dice que ig- 
nora la causa de las auroras. 


Por su parte León y Gama siguió trabajando en el asunto 
de las auroras boreales y escribió un folleto, que apareció 
con su nombre en 1790. La Disertación física sobre la materia 
y formación de las auroras boreales salía a la luz porque el es- 
pacio dedicado en la Gazeta de México fue insuficiente para 
tratar sobre la “causa y materia de su formación”, [ 190 ] ya 
que mucha gente se había interesado por el fenómeno. Debe 
advertirse que, según aclara más adelante, toda la Diserta- 
ción fue escrita antes de que apareciera la crítica de Alzate. 
Empieza, pues, León y Gama: 


Para proceder con la claridad posible, dividiré en cuatro parágrafos esta 
Disertación: en el primero se expresarán las diferencias, propiedades y varie- 
dad de circunstancias que se han observado en las Auroras boreales. En el 
segundo se expondrán las diferentes opiniones de algunos filósofos moder- 
nos y las objeciones que tienen en su contra, así opuestas por Mairan, como 
las que se deducen de la observada en nuestra América. Hablo, contra aque- 
llas opiniones que se fundan en algunas razones físicas, despreciando del 
todo otras que carecen de la menor probabilidad. En el tercero se insertarán 
las noticias que se han podido conseguir de algunos lugares de esta Nueva 
España donde apareció la misma noche del día 14 de noviembre la que se 
observó en México; y con esta ocasión se hace ver que el sistema de Mairan 
no se limita a solos los lugares que tienen una grande altura de polo. Y en el 
cuarto se dirá sinceramente la opinión o juicio que he formado sobre su ori- 
gen; se comprobará con razones físicas y matemáticas y se procurará desva- 
necer las objeciones que pueden oponerse. [ 191 ] 


Programa que cumple detenidamente. El primer parágra- 
fo, “Diferencias que se observan en las auroras boreales: pro- 
piedades y circunstancias de la materia de que se compo- 
nen”, es puramente descriptivo; anota las diferentes clases 
del fenómeno observadas en Europa, basado en amplia bi- 
bliografía, pero sobre todo en el Tratado físico e histórico de 
la aurora boreal de Mairan. Discute las diversas opiniones 
sobre la altura de la atmósfera terrestre y termina con el co- 


147 


mentario de diversos autores en torno a la época del año en 
que se ven las auroras. León y Gama da su opinión: 


[...] pero yo creo que el observarse en unas partes y en otras no en unos 
mismos meses, depende de la variedad de obstáculos que se oponen en nues- 
tra atmósfera e impiden la visión en unos lugares, cuando en otros que care- 
cen de esos impedimentos se manifiestan con más o menos perfección, 
según las distancias de donde se observan y circunstancias locales... [ 192 ] 


En el parágrafo IL, “Varias opiniones acerca de la materia 
de que se forma la aurora boreal”, hace la relación de las teo- 
rías de Halley, Mairan, Franklin, Mussembroek y otros y 
concluye con Mairan que las auroras se forman en la atmós- 
fera de la Tierra por la concurrencia de la atmósfera solar. El 
tercer parágrafo, “Varias noticias de algunos lugares de este 
reino donde se vio la aurora boreal la misma noche del día 
14 de noviembre de 1789”, empieza declarando la que se vio 
en México de la clase de las “pacíficas” y acto seguido trans- 
cribe cartas de clérigos y administradores de los más varia- 
dos lugares de la Nueva España, que le sirven para concluir: 
1% las auroras son “grandes” y “completas” en las inmedia- 
ciones a donde se producen y cambian con arreglo al lugar 
donde se observan; 2” las circunstancias locales hacen que se 
vean más o menos encendidas; y 3” su altura es superior a la 
atmósfera terrestre. [ 193 ] 

El cuarto apartado, “De la materia y formación de la auro- 
ra boreal”, es el más importante. En él León y Gama expone 
su tesis sobre el fenómeno y da sus demostraciones. Las pro- 
posiciones son las siguientes: [ 194 ] 


1. La aurora boreal tiene su asiento superior a la atmósfe- 
ra de la Tierra. 


2. La materia de que se forma es el ether. 


3. La variedad de colores con que se presenta, y la más o 
menos actividad de su luz depende de nuestra atmósfera. 


148 


Viene al final un suplemento en que refuta las críticas de 
Alzate. 


Once años pasaron antes que León y Gama publicara otro 
trabajo sobre estos temas. La “Carta a un amigo”, aparecida 
en la Gazeta de México de abril de 1801, trata temas de astro- 
nomía práctica. Los propósitos y el alcance de este escrito se 
citan a continuación: 


Luego que comenzó el año 1800 empezaron a suscitarse las disputas sobre 
si era principio de siglo o si en él se terminaba el antecedente de 1700. Casi 
todos (aun los que tenían obligación de saberlo bien) estaban en la inteligen- 
cia de que hasta el último día de diciembre no acababa aquel periodo cente- 
nar y que el siglo décimo nono debía comenzar el año 1801. Muchos me pre- 
guntaban sobre el asunto, y aunque procuraba persuadirles con ejemplos 
materiales el modo como se debía entender la cuenta cronológica, como ig- 
noraban los principios de esta ciencia y de la astronomía, en que se funda, 
sólo servían los ejemplos para confundirlos más y quedarse con su errada 
opinión. Algunas personas más penetrativas algo se convencían; pero inten- 
taban que les diese por escrito mi parecer; hubiera desde luego accedido a su 
solicitud si no me lo embarazaran mis diarias ocupaciones. Pasóse el año, y a 
la entrada del presente volvieron de nuevo las reñidas disputas y las instan- 
cias para que yo escribiese mi dictamen: no pudiéndome ya negar a tantas 
persuasiones amistosas, y para aclarar una materia en que están casi todos 
confundidos, y principalmente por dar a vuestra merced gusto ceñiré en este 
corto papel las razones en que se funda mi opinión, las cuales sólo se dirigen 
a aquellas personas que ignoran enteramente la cronología, que son las úni- 
cas que pueden oponerse a mi sentir, porque las que tienen instrucción de 
ella saben por sí mismas mucho más de lo que yo puedo producir en este 
papel. Para dar pues a aquéllas alguna idea de la materia que se trata, y des- 
vanecerles sus dudas, es necesario asentar, aunque sea superficialmente 
(pues es vastísimo este asunto tanto en lo histórico como en lo científico), 
los principios de donde dimana el método hasta hoy observado de dividir y 
contar el tiempo por años, meses y días y ordenarlos por periodos y épocas. 
[195] 


Por estos propósitos y por el desarrollo del trabajo éste es 
el escrito de Gama de mayor intención didáctica. En orden 
riguroso, prosigue haciendo una exposición histórica de los 
calendarios entre los pueblos de la Antigiiedad. Dedica 


149 


buena parte de su atención al calendario romano y sus mo- 
dalidades, la reforma juliana y la gregoriana. Explica a conti- 
nuación la diferencia entre periodos o ciclos y épocas o eras. 
Da reglas para contar las eras posteriores y anteriores a 
Cristo y concluye de la siguiente forma: 


De todo lo dicho se deduce, que siendo el siglo un periodo compuesto de 
otros periodos menores, cuales son los años, los días, las horas, los minutos, 
los segundos, etcétera, cuyos principios son los instantes mismos donde ter- 
minan sus antecedentes, y habiendo terminado el siglo décimo octavo el día 
último de diciembre al punto de la media noche del año que contábamos de 
1799, que como se ha dicho antes fue donde se completó el 1800, el día pri- 
mero de éste fue el principio del siglo décimo nono, y los 365 días de él com- 
pusieron el año 1801, que ya contamos completo, con más los días que lleva- 
mos corridos como parte del 1802, que se completará el 31 de diciembre a la 
media noche: esta distinción de años completos e incompletos que ignoran 
muchos les ha ocasionado la confusión que padecen y de que vuestra mer- 
ced me ha hecho árbitro. [ 196 ] 


El escrito, bien largo, tiene muchas consideraciones in- 
teresantes y puntos de vista curiosos. Con él se cierra la bi- 
bliografía de León y Gama. 

El único texto estrictamente matemático de nuestro autor 
se publicó en 1785 en la Gazeta de México. [ 197 ] Es un com- 
plicado trabajo escrito con la finalidad de refutar a un cierto 
“Sujeto residente hacia la California”, que había enviado a 
Valdés, director de la Gazeta varios papeles en que pretendía 
haber hallado la solución al famoso problema de la cuadratu- 
ra del círculo. Valdés consultó con León y Gama, quien rinde 
este informe. El escrito consta de dos partes principales: una 
breve historia del problema y una extensa refutación del mé- 
todo del escritor anónimo. Concluye invitando a ocuparse de 
otras cosas y no tratar de resolver problemas con imposible 
solución exacta. 


En todas estas obras astronómicas y matemáticas de nues- 
tro León y Gama se revela su propósito de colaborar en el 


150 


esfuerzo ilustrado mexicano por dar a conocer aspectos del 
cultivo de las ciencias en estas tierras, a más de lograr preci- 
siones en torno a problemas científicos no resueltos en su 
época. En menor grado, pero no por ello menos importante, 
se ve la intención didáctica de algunos de sus textos, escritos 
con el fin de ilustrar a sus contemporáneos en asuntos de co- 
nocimiento poco generalizado. Para la historia de la ciencia 
en México, León y Gama se muestra como el astrónomo más 
riguroso y exacto de nuestro siglo xv. 

Escritos médicos [ 198 ] 

La parte más endeble de la producción de León y Gama es, 
sin duda, la dedicada al penoso asunto de las lagartijas como 
remedio contra el cáncer (figura 36). Partiendo de la base de 
que nuestro autor no era médico, bien difícilmente se le po- 
dría salvar de la acusación de ligereza o imprudencia. Y es 
que su incursión en los terrenos de la medicina realmente 
resulta curiosa, y si de ellos salió más o menos bien librado, 
se debió a que en cierta forma él representaba el pensamien- 
to más avanzado. Veamos pues con algún detenimiento el 


asunto. 


151 


INSTRUCCION 
SOBRE EL REMEDIO 
DELAS LAGARTIJAS 


Nuevamente descubierto para la curácion 
del Cancro, y otras enfermedades, 


QUE PARA SU SEGURO USO 
DEDICA 
AESTA NOBILISIMA, Y EXCELENTISIMA 
CIUDAD DE MEXICO 


DON ANTONIO DE LEON Y GAMA 
Nativo, y vezino de ella. 








EN MEXICO, en Ja pene de D. Felipe de Zúñiga y 
Ontiveros, calle del Espíritu Santo, año de de 1732, 


Figura 36 


Portada Instrucción sobre el remedio de las lagartijas..., 1782 


Desde los milagros operados por imágenes y fetiches o 
por individuos iluminados hasta los fortuitos y fugaces des- 
cubrimientos de medicamentos en cualquier cosa, ha sido 
propio de la humanidad fundar sus esperanzas en todo lo 
que se le presenta como remedio a sus enfermedades, actitud 
no reprensible pese a que en ocasiones obstaculiza la labor 
de la verdadera medicina. Por ello, de una incorrecta obser- 
vación derivó el “descubrimiento” de las propiedades curati- 
vas de las lagartijas de Amatitlán en el reino de Guatemala. 


José Flores, primer protomédico de Guatemala y uno de 
los más típicos representantes de la Ilustración en ese reino, 
a más de inventar algunos aparatos útiles a la práctica de la 
medicina, [ 199 ] dio en publicar un folleto preconizando el 
uso de las lagartijas de Amatitlán como eficaz remedio con- 


152 


tra el cáncer. [ 200 ] La observación del remedio había sido 
hecha sobre las prácticas de los indios de aquella región gua- 
temalteca. Flores lo describe así: 


Los indios no saben gastar melindres. Toman una lagartija y con diestra 
ligereza le cortan la cabeza y la cola. Inmediatamente les extraen los intesti- 
nos, y de un tirón les arrancan la pielecilla. En este estado, cruda, la carne 
aún caliente, y en toda vitalidad posible, la mascan y tragan con gran sereni- 
dad. De este modo se tragan una lagartija cada día. Dicen que suele bastar 
una, y si no, toman hasta tres: asegurando que por este medio han sanado 
siempre de las llagas y las bubas, enfermedad endémica de aquel pueblo. 
[201] 

El método científico propuesto por Flores era el de hacer 
obleas de lagartijas recientemente muertas para administrar- 
las a los pacientes. Bien pronto llegó la novedad a México y 


produjo las reacciones más dispares. 

El escrito de León y Gama sobre este asunto se inicia con 
una dedicatoria a la Nobilísima Ciudad de México (o sea, el 
cabildo que, probablemente, costeó la edición), institución 
que ordenó investigar los resultados de las lagartijas mexica- 
nas en la curación de enfermos. En la introducción explica 
con más amplitud los propósitos. Al aparecer en México el 
libro del doctor Flores, los novohispanos: *[...] comenzaron a 
aplicárselas por sí mismos en todo género de enfermedades 
comiendo indistintamente de toda especie de lagartijas, sin 
recelarse que pudieran encontrarse entre ellas algunas que 
les causaran un lamentable estrago”. [ 202 ] 


Explica, pues, que hay muchas clases de lagartijas, algu- 
nas de las cuales son venenosas: 


[...] para impedir todo riesgo y consultando al bien público (a cuyo objeto 
se dirigió el papel del doctor Flores), me ha parecido dar una idea de cuáles 
sean las lagartijas de que se debe usar para los experimentos y curación 
como inocentes, y de cuáles se deben abstener como venenosas, por haber 
de éstas varias especies muy semejantes a las de las otras. [ 203 ] 


Hasta aquí la finalidad del escrito. Debe reconocerse, a 


153 


más de la buena intención, que no se compromete demasia- 
do todavía en las propiedades curativas del sufrido reptil. 
Sigue en la introducción con una pequeña parte histórica 
sobre el uso que de las lagartijas hacían los indios, con algu- 
nas lamentaciones por la pérdida de la medicina prehispáni- 
ca que se estudian más adelante. Sospecha que los indios no 
querían comunicar sus conocimientos, aunque le consuela 
que Francisco Hernández logró preservar en su obra las vir- 
tudes medicinales de plantas, animales y vegetales: 


Pero a pesar de sus reservas y secreto [de los indios], descubrió innume- 
rables en los tres reinos, animal, vegetal y mineral, el sabio médico del señor 
don Felipe II doctor Francisco Hernández que, con título de Protomédico de 
esta Nueva España, lo envió a ella para que reconociera e indagara las virtu- 
des y propiedades de las plantas y demás producciones naturales de estos 
reinos [...] Este, pues, célebre médico, en el libro que escribió de los anima- 
les y minerales, y tratado de la historia de los reptiles, hace mención de die- 
ciséis especies de lagartijas, unas ponzoñosas y otras inocentes y medicina- 
les, de las cuales y de algunas más de que se ha tenido noticia, se tratará en 
los párrafos siguientes. [ 204 ] 


En efecto, el parágrafo L, “En que se da noticia de los nom- 
bres y calidades de lagartijas que se han reconocido en esta 
Nueva España”, está casi completamente dedicado a una di- 
sertación de historia natural basada en Hernández. La inicia 
lamentando la pérdida de los nombres indígenas en plantas 
y animales y anotando los nombres nahuas de las lagartijas. 
El resto del apartado lo ocupa la descripción de las especies 
de lagartijas y la distinción de cuáles son venenosas y cuáles 
no. Lagartijas iguales a las de Amatitlán no había en la 
Nueva España, aunque algunas se les parecían mucho, con el 
inconveniente de que entre éstas una era venenosa. [ 205 ] 
Para concluir Gama se pregunta si las comunes lagartijas 
mexicanas servirían a la medicina. 


En el segundo parágrafo: “De las virtudes que se han des- 


154 


cubierto en varias especies de lagartijas”, nuestro autor cayó 
ya de plano en el riesgoso asunto de atribuirles propiedades 
curativas a esos reptiles y dar consejos de carácter médico. 
Empieza, como es su costumbre, por un breve comentario 
sobre el uso medicinal de los animalitos desde la época 
prehispánica y refiere una cura verdaderamente milagrosa 
operada en la criada de una monja de la ciudad de México. 
Pero cuando ya León y Gama se comprometió definitiva- 
mente en el penoso asunto, fue al escribir: 


Sabidos ya, como ciertos, los buenos progresos que han hecho siempre en 
la medicina todas las especies de lagartijas, que hasta ahora se han hallado 
en la clase de las no venenosas, y que las enfermedades en que han obrado 
estos efectos, como el mal afrodisiaco, las estrumas y la lepra son tan análo- 
gas al cancro, como originadas todas casi de un mismo principio (que saben 
muy bien los profesores de la medicina), se deduce que con aquéllas [las la- 
gartijas comunes] se han de experimentar los mismos favorables efectos en 
este horrible mal, que se experimentaron con las de Amatitlán. [ 206 ] 


Y así tenemos ya a nuestro León y Gama metido hasta el 
cuello en la medicina reptilesca. El resto del parágrafo lo de- 
dica a señalar que si en México no habían obrado los mismos 
efectos las lagartijas no era porque los animales novohispa- 
nos tuvieran alguna insuficiencia, sino porque no se habían 
administrado conforme al método amatitlanense. Por ello da 
ocho reglas para la administración de la medicina, que van 
desde lo que dicta el sentido común hasta los más extraños 
resabios de la medicina. Recomienda que, previo a la inges- 
tión, se cerciore de si son venenosas o no; que se prefieran 
los machos a las hembras y que en ningún caso se use de 
éstas cuando están *grávidas” ; [ 207 ] “que al cogerlas, se 
procure no irritarlas, porque no muden su naturaleza en la 
de la venenosa Teque” ; que se cojan el día en que se vayan a 
usar y en caso de que se tuvieran que guardar sea en tela de 
alambre para que salgan libremente los “espíritus fétidos”; 


155 


que se las alimente con insectos no venenosos; que se las 
coma recién muertas “para que así se le mantenga casi todo 
su calor natural, y con él, los espíritus animales y sales vola- 
tilísimas, que son las que atenúan y rarefacen la sangre y 
humor grueso encerrado en las celdillas de las membranas, 
donde hace asiento todo género de cancro”; que haga ejerci- 
cios el paciente inmediatamente después para sudar más 
pronto; que si el paciente sufre de repugnancia y es preciso 
picarlas no se mezclen con alimento, pues no se sabe si de 
esa forma se convierten en dañinas. Termina externando el 
deseo de que se redescubriera la medicina prehispánica. 
[ 208 ] 

A la verdad, la cosa no era todavía demasiado grave. Pero, 
según escribe, tuvo en sus manos, una vez concluido su 
opúsculo, un informe contrario al uso de las lagartijas, que 
motivó la redacción de un apéndice. En éste se dedica a refu- 
tar dos proposiciones: la primera, que no hay más que una 
especie de lagartijas en el mundo y, la segunda, que todas 
son venenosas “por las sales fijas corrosivas de que abun- 
dan”. [ 209 ] Para lo primero cita un sin número de autorida- 
des demostrando la existencia de muchas especies de lagarti- 
jas. Para lo segundo, a más del recurso a las autoridades, 
anota como ciertos algunos hechos como el que sigue: 


Pero en nada se conoce más la volatilidad de las sales de las comunes la- 
gartijas, que en un fenómeno tan particular como sabido de todas las muje- 
res que crían; y es que pasando alguna lagartija por encima de las camisas o 
pañales de las criaturas, estando tendidos al sol, si se los ponen aún calien- 
tes, se les estampa en los cuerpecitos la figura de la lagartija, como si la tu- 
vieran dentro del cutis, formándose de la misma sangre y con tanta viveza 
que se mueve hacia un lado y otro, lo que las hace estar inquietas y enfer- 
mas hasta que con lo plano de un cuchillo les estregan y aprietan aquel 
lugar para deshacerles la sangre extravasada. ¿Qué diremos, pues, de esto 
sino que tienen unos espíritus volatilísimos, muy análogos a la sangre hu- 
mana y unas sales que obran semejantes efectos que las de los polvos de col- 


156 


cotar o simpáticos? [ 210 ] 

¿Cómo conjugar al León y Gama capaz de escribir tran- 
quilamente esto con el riguroso astrónomo y crítico historia- 
dor? No lo intento, ni vale la pena, además. Bastará decir 
que la época permitía ese tipo de opiniones entre gente del 
más riguroso espíritu crítico. Si bien a los admiradores del 
personaje les hubiera gustado que no se inmiscuyera en el 
penoso asunto, es un hecho que lo hizo y bien a fondo. Sirva, 
de toda suerte, para comprender un poco tan extraña argu- 
mentación que la de sus opositores no se alejaba mucho de 
esos cauces. 


Sigue al apéndice una parte titulada “Respuesta a cuanto 
se ha dicho y puede decirse contra las lagartijas”. Es éste un 
curioso texto que servirá mucho a quienes se interesen por 
el pensamiento de nuestro autor y en general por la Ilustra- 
ción en México. Su riqueza es asombrosa y glosarlo de algu- 
na manera nos llenaría muchas páginas más, por lo que se 
deja para un estudio más sistemático. Solamente, pues, se 
enumerarán los temas más importantes que trata. Está con- 
cebido en tres partes: La primera que contesta las objeciones 
que se habían opuesto al uso de las lagartijas, llena de consi- 
deraciones químicas y físicas. La segunda parte contesta a lo 
que se pudiera decir, que son cuatro objeciones: 1? que Hipó- 
crates y Galeno no usaron de lagartijas; 2* que para el cáncer 
el primero recomienda no usar ningún remedio; 3* que la 
carne de las lagartijas pudiera causar indigestión en enfer- 
mos débiles, y 4* que el asco de ingerirlas pudiera causar 
otras enfermedades; a todo esto replica con una mezcla in- 
teresantísima de conceptos modernos e ideas tradicionales. 
La última parte es un breve “sistema” sobre las cualidades de 
las lagartijas en que da una concepción de la naturaleza ba- 


157 


sada en los principios de atracción y repulsión. Naturalmen- 
te, era un hecho sabido la atracción entre las lagartijas y los 
hombres. [ 211 ] 


Los médicos autores del primer informe se sintieron obli- 
gados a responder. Su escrito principia por explicar que no 
publican el diario que llevaron de sus observaciones por de- 
masiado extenso, pero que sí se ocupan de refutar el escrito 
de Gama. El cuerpo del folleto está dedicado al análisis y rec- 
tificación de algunos párrafos de la Instrucción; concluyen 
acusando a nuestro autor de ligereza y se afirman en lo que 
habían dicho en su primer informe, a saber, la necesidad de 
suspender la aplicación del remedio en tanto no se verificara 
su verdadera utilidad. Al final incluyen una carta de Alonso 
Carriola, médico guatemalteco, recomendando prudencia y 
mayores observaciones. [ 212 ] 


Desde luego, tenían razón en la recomendación de pru- 
dencia y en su comentario sobre los que opinaban en cues- 
tiones de medicina sin ser médicos. Empero, Gama, que 
decía que él era como un pintor que copiaba exactamente lo 
que los médicos publicaban, creyóse autorizado a contestar 
la Carta apologética de Moreno y Sánchez. Escribió su répli- 
ca, que se publicó en 1783, y entre los pareceres se encuentra 
uno de un miembro del Protomedicato de México; es decir, 
salió apadrinado por un médico. 

En el prólogo Gama explica todo el asunto y las razones 
por las que, pensando en el bien público, se ocupó de escri- 
bir en pro de las lagartijas y cómo los médicos Manuel Anto- 
nio Moreno y Alejo Román Sánchez lo refutaron. Se queja de 
que los dictámenes contrarios se dieron con precipitación y 
que de ellos se derivan errores: 


El examen recto de los buenos o malos efectos de un medicamento desco- 


158 


nocido, y cuya virtud se atribuye no solamente para una, sino para varias 
enfermedades, no se concluye en cuatro días, ni con uno u otro individuo; es 
necesaria la constancia, repetir las observaciones, variar de sujetos e investi- 
gar las causas que puedan impedir o exaltar más su virtud: muchas tentati- 
vas precederían para establecer el uso del mercurio en el mal venéreo, no 
obstante los lastimosos efectos que producirían a los principios los experi- 
mentos, sin que por esto se dejara de continuar en ellos hasta llegarlo a esta- 
blecer como específico remedio. [ 213 ] 


Indiscutiblemente ésta es una sensata idea. No se puede 
negar a Gama que en pedir mayor experimentación estaba 
cabalmente en lo justo. Claro que él mismo no se da cuenta 
de que en su primer escrito dio por ciertas las propiedades 
curativas de los reptiles y que ello no casaba muy bien con 
esta propuesta posterior; pero no se puede pedir más del en- 
tusiasmo con que Gama y muchísimos de sus contemporá- 
neos en todo el mundo vieron este remedio a tantos de sus 
males. 


Para no alargar demasiado este apartado sobre los traba- 
jos médicos de Gama —por otra parte poco importantes para 
la historia de la medicina—, que si se han tocado es por no 
dejar incompleta la imagen de nuestro autor, sólo se dirá que 
la Respuesta satisfactoria analiza en unas 30 páginas buena 
parte de las réplicas de los médicos con abundancia de citas 
a los autores modernos. 


El asunto se cerró para el público mexicano, con otro es- 
crito de Moreno y Sánchez —el más grande de todos—, bas- 
tante despiadado, en que, dando por definitivo el informe de 
Guatemala de que las lagartijas no servían para lo que se 
había dicho, hacen gala también de erudición médica, física, 
química y gramatical para replicar a Gama. De todo este es- 
crito vale la pena transcribir un párrafo de la aprobación del 
médico José Ignacio García Jove: 


Lo que en mi juicio eleva más y acredita el trabajo e ingeniosidad de D. 


159 


Antonio León y Gama es ver que levanta un edificio lucido, hermoso y bien 
mueblado (cuales son sus dos impresos), sin el debido cimiento para su sub- 
sistencia, porque debiendo éste ser las observaciones y relación que del buen 
uso de las lagartijas anuncia el Dr. Flores, saliendo todo nulo (estando al in- 
forme de D. Alonso Carriola), de consiguiente la fábrica que sobre esto se 
erigió queda sin apoyo, sin cimiento, sin substancia. Por esta grande falta no 
probó la encomiada medicina cosa alguna de provecho, antes bien ocasionó 
muchísimo daño, que muchos han llorado y algunos precipitados facultati- 
vos habrán interiormente sentido. Por el contrario, otros, que circunspectos, 
reflexivos y prudentes, con lentitud, con meditación y cautela observaban 
los accidentes faustos o infaustos en sus enfermos, modificaban el remedio, 
lo alteraban o suprimían, resolviendo por último ser las lagartijas inútiles 
para curar enfermedades tan gigantes como el cancro, Lepra y mal Gálico; y 
quedaron gustosos sin represiones interiores que les afligieran, pero así 
éstos como aquéllos en el día se han desimpresionado de todo el buen con- 
cepto y esperanza que en el principio formaron de la utilidad de las lagarti- 
jas para el remedio de dichos animales: ¡ ojalá y tal hubiera sido! [ 214 ] 


Ya se dijo que para el público la polémica se cerró con 
este impreso de los protomédicos. Sin embargo, León y 
Gama dejó escrita una nueva y muy extensa respuesta que 
se puede fechar en octubre de 1783. [ 215 ] El manuscrito, 
inédito hasta hoy, consta de 35 folios en la apretada letra de 
su propio autor. A la verdad, el escrito ya no aporta mayor 
novedad a la polémica, pues Gama intentó de todo en él, 
desde la prolijidad científica hasta los versos satíricos (estos 
últimos con poca fortuna). Es interesante que empieza di- 
ciendo que existe un tercer médico coautor del texto de Mo- 
reno y Sánchez que, por un comentario posterior, parece ser 
un francés, al que según Gama por fe “le creemos su título”. 
¿Se tratará de Esteban Morel? Es una posibilidad. 


Aparte de quejarse de las trampas que le hicieron sus an- 
tagonistas por medio de los aprobantes de su Respuesta ante- 
rior, y por ello pudieron escribir y publicar las Observaciones 
crítico-apologéticas en poco tiempo, Gama procede dividien- 
do su texto en las mismas tres partes que reconoce en el de 


160 


Moreno y Sánchez. En la primera responde a lo objetado por 
los médicos a su Respuesta satisfactoria, usando de mucha 
erudición química y algo de sátira. En la segunda parte se 
ocupa de lo que dijeron del fracaso de la medicina en contra 
de la triunfalista Instrucción de Gama. Es éste donde mejor se 
muestran los conocimientos de medicina e historia natural 
de nuestro autor. En la tercera parte se defiende de las impu- 
taciones que se le hicieron de tener vicios de idioma y con- 
traataca con los que cree ver en el texto de sus oponentes. 
Después de leído todo el farragoso texto se queda uno con la 
impresión de que León y Gama fue excelente como historia- 
dor, astrónomo y matemático, regular como naturalista y 
menos que regular como médico, escritor satírico y poeta. 


El tiempo demostró que las lagartijas eran una vana espe- 
ranza, y si bien en Europa tuvo un pequeño florecimiento el 
asunto, tampoco pasó mucho sin que se extinguiera por 
completo. Bien amargo debió haber sido para Gama, tan ri- 
guroso y prudente en otros casos, encontrarse con que de- 
fendió con excesivo ardor una causa asaz endeble. Empero, 
debe reconocerse que la actitud de nuestro autor obedeció a 
su pensamiento moderno: sus ataques iban enderezados con- 
tra el tradicionalismo y el principio de autoridad en una 
ciencia, como la medicina de su tiempo, necesitada de expe- 
rimentación. Éste es, pues, el mérito fundamental que ha de 
verse en sus escritos médicos y considerar accidental el obje- 
to de que se valió para tal propósito. [ 216 ] 


161 


VI. FRANCISCO ANTONIO 
BATALLER, CATEDRÁTICO DE 


FÍSICA EN EL SEMINARIO 
DE MINERIA 





[Ir al Contenido] 


162 


VI. FRANCISCO ANTONIO BATALLER, 
CATEDRATICO DE FISICA EN EL SEMINARIO DE 
MINERIA 

iempre he creído que la mayor dificultad que tie- 
nen los estudios de historia de la ciencia y la tecno- 
logía mexicanas proviene de que aún no logramos 
tener bien establecidos los hechos y las vidas de los persona- 
jes. Estoy consciente de que habrá quien opine de distinta 
manera, pero de lo que no se puede dudar es de que todos 
los manuales sobre el tema y muchos de los ensayos y mo- 
nografías están plagados de errores, una vez que se descien- 
de a los hechos escuetos. Es de lo más fácil poner ejemplos, 
como aquel francamente insensato de que el doctor José Ig- 
nacio Bartolache obtuvo ¡doce cátedras! en la Real y Pontifi- 
cia Universidad, y muchos otros por el estilo, repetidos ma- 
chaconamente por copiar sin reflexión. Por ello, cada vez 
que se ofrezca la oportunidad, vale la pena publicar docu- 
mentos y expedientes que sirvan para fijar información 
sobre personajes y hechos de nuestra historia de la ciencia. Y 
así, por esta vez respondo a la cordial invitación del doctor 
Enrique Beltrán para colaborar en los Anales, con la publica- 
ción de documentos sobre Francisco Antonio Bataller, cate- 
drático de física en el Real Seminario de Minería. 

El grueso de nuestros conocimientos sobre Bataller pro- 
viene de las obras de Santiago Ramírez, [ 217 ] Walter Howe 
[ 218 ] y José Joaquín Izquierdo. [ 219 ] Sin embargo, es al 
primero a quien se debe la información de primera mano, 
como que disfrutó del Archivo del Colegio. De hecho, las no- 
ticias que proporciona Howe provienen de la obra de Ramí- 
rez. El doctor Izquierdo, por su parte, aportó datos nuevos, 


163 


como la noticia de la obra sobre física escrita por Bataller, 
aunque no pudo estudiarla. Sobre Bataller sabíamos que era 
español e hijo de un ministro de la Audiencia de México, que 
Fausto de Elhuyar lo nombró catedrático de física del Cole- 
gio de Minería, que con tal carácter se mantuvo hasta su 
muerte en 1802 o 1804 y que escribió un manual sobre su 
materia para uso de los estudiantes. 


El expediente que ahora publico proviene del Archivo de 
Indias (figura 37). [ 220 ] Se trata del “Testimonio de la ins- 
tancia promovida por don Francisco Antonio Bataller y Ros 
sobre que se le recomiende a su majestad para la plaza va- 
cante de director del Tribunal de Minería”, expuesto a mane- 
ra de memorial de méritos y servicios literarios, y de la carta 
en que el virrey Bernardo de Gálvez remite y apoya la solici- 
tud. 


164 





no Alai Emi: D7 Far 
e dl Alcalo del Cximen eena 





Figura 37 


Folio primero del expediente de Bataller (AGI) 


Por este expediente consta que Bataller nació en Granada 
el 20 de agosto de 1751, hijo legítimo de Miguel Bataller. En 
1774 obtuvo la primera tonsura de eclesiástico. Entre 1771 y 
1777 estudió en San Isidro de Madrid “erudición sagrada y 
profana”, pero en especial las matemáticas y la física. En 
1777 se trasladó a México, donde se ocupó de trabajos mine- 
ros. A la muerte de Velázquez de León en 1786, presentó un 
ocurso para ser nombrado director del Colegio de Minería, 
aún no fundado. Como prueba de su suficiencia en química 
y docimástica entregó un juicio sobre la obra de Mr. Sage del 
ensayo de oro y plata [ 221 ] y prometía un texto sobre la 
fundición por fuego y por azogue. Remitida la solicitud al 
rey, recibió respuesta de que ya se había proveído el empleo 
en la persona de Fausto de Elhuyar. Llegado éste a México, 


165 


incorporó en 1792 a Bataller en el Colegio de Minas. 


Por la necesidad de contar con un texto para los estudian- 
tes se liberó a Bataller de algunas horas de clase para redac- 
tarlo. El catedrático se ocupó del asunto y logró escribir sus 
Principios de física matemática y experimental en varios volú- 
menes cuya copia está fechada en 1802 (figura 38). [ 222 ] 
Murió Bataller el 25 de abril de 1800. [ 223 ] 


PRINCIPTOS, 
DE FÍSICA 
MATEMATICA Y EXPERIMENTAL, 


ESCRITA... 
Pao el wo del Beal Sen aa ro 
Cilinerioo de eto Caoas 


Ne. , 
E a 
Don Sranatico stem Jdatzlle 
Cartedrarco que fue de erre Jaenltas m 
dicho Fate Seminario. 


FATADO, UI 


MEXICO. * 
Año de 302. 


Portada del tratado de Bataller (BNM). 


Figura 38 


Portada del tratado 1 de Bataller (BNM) 


Los Principios de física son una obra de excepcional im- 
portancia, muy digna de darse a las prensas, como una fuen- 
te para nuestros estudios de historia de la ciencia (figuras 39 
y 40). Mientras se proporciona la ocasión, daré aquí, para 
terminar, el índice de los cuatro volúmenes que se conocen, 
aunque con la advertencia de que carecen del tratado IV: 


166 


Tratado primero 
De las propiedades generales de los cuerpos 


1. Del espacio, del lugar, del tiempo y del movi- 
miento 


2. Del vacío 

3. De la existencia o esencia de los cuerpos, de su 
extensión y figura 

4. De los principios o elementos de los cuerpos 

5. De la porosidad de los cuerpos 


6. De la impenetrabilidad, y de la inercia de los 


cuerpos 
7. De la atracción y coherencia de los cuerpos 


8. De la división o divisibilidad de la materia 


Tratado segundo 

De la mecánica de los sólidos 

Parte primera. De la estática o maquinaria 

1. De los principios generales del movimiento 
2. De las leyes del movimiento uniforme 


3. Del movimiento variado; y con especialidad del 
movimiento uniformemente acelerado y retardado 
aplicado al descenso de los cuerpos graves 

4. Del movimiento compuesto 

5. Aplicación de las leyes del movimiento para de- 
terminar los centros de las fuerzas y los centros de 
gravedad 


167 


6. Aplicación de las del movimiento compuesto al 
equilibrio de las máquinas 


Parte segunda. De la Balanza 

Artículo de la romana o balanza romana 
Artículo de la garrucha polea 

Artículo del torno o eje en peritrochio 
Artículo del plano inclinado 

Artículo del tornillo 


Artículo de la cuña 


Tratado tercero 

De la hidrodinámica, esto es, de la naturaleza de los 
fluidos y de sus movimientos 

1. De la fluidez y del equilibrio de los fluidos 

2. De la presión que hacen los fluidos en las vasijas 
donde se hallan contenidos 

3. De la presión que padecen los fluidos en los tubos 
comunicantes 

4. De la presión que padecen los cuerpos sólidos 
metidos dentro de los fluidos 

5. Del uso de la balanza hidrostática y del areómetro 
o pesalicores, para averiguar la gravedad específica de 
los cuerpos 

6. De la variación que padece el equilibrio de los 
fluidos en los tubos capilares y en otros casos 


Parte segunda. De la hidráulica o movimiento de los 
fluidos 


168 


1. Del movimiento y velocidad de los fluidos al salir 
de los depósitos en que están 


2. Del choque o percusión de los fluidos y de la re- 


sistencia de los intermedios 


3. Aplicación del choque o fuerza del agua al movi- 
miento de las máquinas 

Parte tercera. De la aerometría, esto es, del movi- 
miento, y propiedades del aire y de otros fluidos elás- 
ticos, o comprensibles 


1. De la fluidez y naturaleza del aire 


2. Del peso y gravedad del aire y de otros fluidos ae- 
riformes 


3. Del resorte o elasticidad del aire 


4. De la condensación y rarefacción del aire por 
causa del calor y el frío 

5. Explicación de varios instrumentos y máquinas 
cuyo efecto pende del peso del aire, de su elasticidad o 
de su rarefacción ocasionada por el calor 


Tratado quinto 

De la óptica 

1. De la óptica en general 

2. De la dióptica o refracción de la luz 


3. De la catóptrica o reflexión de la luz 


169 





Figuras 39 y 40 


Instrumentos de física. Bataller, Principios de física matemática y experimental, 
1802 


Es éste el índice de los cuatro volúmenes que conocemos. 
La valoración de su importancia requeriría de cotejos con las 
principales obras de física de su tiempo. Mientras alguien lo 
intenta, queden aquí estos datos sobre un personaje muy 
mal conocido. 


Documentos 


[1] 


170 


El virrey de Nueva España. Da cuenta con testimonio y 
recomienda la instancia hecha por don Francisco Bataller y 
Ros, en solicitud de que se le tenga presente al tiempo de ce- 
lebrarse la elección de director del Colegio de Minería de 
esta Nueva España, vacante por muerte de don Joaquín Ve- 
lázquez, en atención a su mérito e instrucción que acredita 


con documentos: [ 224 ] 
Excelentísimo señor: 


Muy señor mío: Don Francisco Antonio Bataller y Ros, 
hijo del alcalde del crimen de esta Real Audiencia don Mi- 
guel Bataller, me ha presentado un memorial solicitando 
que, en atención a su aptitud y méritos constantes de los do- 
cumentos que acompañó a su instancia, lo recomiende a su 
majestad para que se le tenga presente al tiempo de hacerse 
la elección de director del Colegio de Minería de esta Nueva 
España, vacante por fallecimiento de don Joaquín Velázquez 
de León, de que ha dado cuenta al rey. 


Aunque conforme al artículo 12 del título 1”, de las Reales 
Ordenanzas debió haberse elegido un interino que sirviese el 
empleo entre tanto que se cumple el trienio y se verifique la 
junta general en la cual se elegirá el propietario, según se or- 
dena por el artículo 8” del mismo título, tuve por convenien- 
te prevenir al propio Tribunal suspendiese todo procedi- 
miento en punto de elecciones hasta que su majestad, a 
quien informé lo conducente, enterado de los fundamentos 
en que estribó mi providencia, resolviese lo que fuese de su 
soberano agrado, respecto a que podían despacharse los ne- 
gocios ocurrentes sin perjuicio de su pronto giro por los me- 
dios de substitución de que se usa en iguales casos. 


171 


Bajo estos supuestos y bien asegurado de los sobresalien- 
tes talentos del referido don Francisco Bataller, pues tiene 
las ca[lidades] de minero práctico y experimentado en la mi- 
nería de estos reinos, e instruido en las matemáticas, física 
experimental, química, docimástica y metalurgia; circuns- 
tancias muy apreciables que en la mayor parte se acreditan 
por las certificaciones que ha producido y se insertan en el 
adjunto testimonio; espero que sirviéndose vuestra excelen- 
cia hacerlo presente al rey, interponga su autorizado influjo 
a fin de que si se hubiese determinado la elección de sujeto 
para dicho empleo, se le coloque en otro de la misma carrera 
que tal vez podrá proporcionarse siempre que se separe la 
dirección del Colegio Metálico de los demás negocios de tan 
recomendable establecimiento en estos dominios, donde será 
sin duda útil este profesor, en cuya colocación me intereso 
eficazmente. 


Nuestro señor guarde a vuestra excelencia los muchos 
años que deseo. México, 26 de mayo de 1786. 


Excelentísimo señor, besa las manos de vuestra excelencia 
su más atento servidor. 


El conde de Gálvez. 


Excelentísimo señor marqués de Sonora. 


[2] 
Superior Gobierno. Año de 1786 


Testimonio de la instancia promovida por don Francisco Ba- 
taller y Ros sobre que se le recomiende a su majestad para la 
plaza vacante de director del Tribunal de Minería. Secretario 
el señor don Juan José Martínez de Soria. 


172 


Don Antonio Fernández Solano, doctor en medicina y 
profesor de física experimental en los Reales Estudios de 
esta villa, certifico que don Francisco Bataller asistió por 
tiempo de nueve meses, contados desde principios de octu- 
bre de mil setecientos setenta y cuatro hasta fin de junio de 
mil setecientos setenta y cinco, a la clase de física de mi 
cargo en calidad de discípulo, habiendo sido previamente 
examinado en lógica, aritmética y geometría, según previene 
el real decreto de renovación de los citados estudios; y co- 
rrespondido su aprovechamiento a lo mucho que prometían 
sus buenos principios y talento y extraordinaria aplicación y 
para que conste doy la presente que autorizará el señor don 
Manuel de Villafañe, del Consejo de su majestad en el Supre- 
mo de Castilla, como director de los mencionados estudios 
reales. Madrid, veintiocho de abril de mil setecientos setenta 
y siete = Visto bueno = Don Manuel de Villafañe = doctor 
Antonio Fernández Solano = Don Rodrigo González de Cas- 
tro, escribano de su majestad y secretario de los Reales Estu- 
dios de esta corte, certifico y hago fe que las dos firmas que 
se hallan puestas en la certificación antecedente son de puño 
y letra, la una del señor don Manuel de Villafañe, caballero 
de la real y distinguida orden española de Carlos Tercero, 
del Consejo de su majestad en el Supremo de Castilla y di- 
rector de los citados Reales Estudios, y la otra de don Anto- 
nio Fernández Solano, doctor en medicina y catedrático de 
física experimental de ellos y las mismas que acostumbran 
hacer. Y para que conste doy la presente en Madrid a dos de 
mayo de mil setecientos setenta y siete = Rodrigo González 
de Castro.—Concuerda con las certificaciones de que va 
hecha mención que originales devolví a la parte; y de man- 
dato verbal del señor don Modesto de Salcedo Somodevilla, 


173 


caballero del orden de San Juan, del Consejo de su majestad, 
su alcalde de corte y juez de provincia en la Real Audiencia 
de esta Nueva España, y a pedimento de don Francisco Bata- 
ller doy el presente en la ciudad de México a veintiséis de 
abril de mil setecientos ochenta y seis años, y va en esta foja 
de papel del sello segundo corriente: siendo testigos don An- 
tonio Fonseca, don Domingo Otea y don Francisco de la Por- 
tilla, vecinos de esta ciudad = señalado con un signo = José 
Ignacio Delgado Camargo escribano real y de provincia. 


Comprobación 


Damos fe que don José Ignacio Delgado Camargo, de 
quien va signado y firmado el testimonio de la antecedente 
foja, es escribano real y de provincia, como se titula y nom- 
bra, fiel legal y de toda confianza, y como tal usa y ejerce 
dicho empleo. Y a todos los autos, certificaciones y demás 
que legaliza se les ha dado y da entera fe y crédito judicial y 
extrajudicialmente. Y para que conste donde convenga, po- 
nemos la presente en la ciudad de México a veintiséis de 
abril de mil setecientos ochenta y seis años = Ignacio José 
Montes de Oca, escribano real y de provincia = Cirilo José 
Camacho, escribano público = Manuel de Puerta, escribano 
público. 


Relación de los méritos y ejercicios literarios de don 
Francisco Antonio Bataller y Ros 

Consta es hijo legítimo, natural de la Villa de Ugíjar, dió- 
cesis de Granada, de edad de veintiséis años, que cumplirá 
en veinte de agosto del presente de mil setecientos setenta y 
siete y clérigo de prima tonsura desde dieciséis de diciembre 


174 


de mil setecientos setenta y cuatro. Estudió tres años en el 
convento de Santo Tomás de esta corte asistiendo con la 
mayor aplicación y aprovechamiento a las conferencias co- 
munes y particulares, arguyendo y defendiendo, según se 
practica en dichos estudios; y al fin de cada curso fue exami- 
nado y aprobado. Después, en el año de mil setecientos se- 
tenta y uno pasó a los Reales Estudios de San Isidro de esta 
villa de Madrid, donde ha permanecido hasta el presente año 
de mil setecientos setenta y siete, en cuyo tiempo ha estu- 
diado la lengua hebrea con la mayor aplicación y progreso e 
instruido perfectamente en la gramática así propia como fi- 
gurada de este idioma, se dedicó a la versión literal de la Sa- 
grada Biblia consiguiendo mucho adelantamiento, hasta tra- 
ducir fácilmente otras lenguas y cualquier libro de la Escri- 
tura del Viejo Testamento, aunque sea de los profetas más 
difíciles: tuvo dos actos públicos en dicha cátedra: uno de 
sustentante y otro de presidente, dando a conocer su inteli- 
gencia en la lengua y en la erudición sagrada y profana que 
tiene conexión con la Sagrada Escritura, con aplauso y gene- 
ral satisfacción del numeroso concurso que asistió a dichos 
actos; sustituyó varias veces al catedrático en propiedad por 
sus ausencias y enfermedades y últimamente por decreto del 
Supremo Consejo de Castilla, lo que ejecutó con total 
desempeño y utilidad de los concurrentes. Que asimismo ha 
estudiado la lengua griega, dando prueba de su particular ta- 
lento y aplicación, pues aunque ha concurrido a otros estu- 
dios durante este tiempo, es uno de los que han hecho ma- 
yores progresos en la inteligencia de esta lengua; que tam- 
bién en el término de nueve meses ha estudiado la lengua 
arábiga erudita con aplicación y aprovechamiento en todos 
los fundamentos de la erudición de este idioma, como lo ma- 


175 


nifestó en un acto público que sostuvo en la capilla de los 
mismos estudios con admiración de todos los concurrentes y 
satisfacción de los orientales que preguntaron. Que estudió 
un curso entero de matemáticas, en cuyo tiempo se instruyó 
con notable esmero en aritmética, geometría, trigonometría, 
así teórica como práctica, en los cálculos o análisis de las 
cantidades finitas e infinitas, con aplicación de ellas a las 
ciencias primeras y a las curvas o geometría superior, cuyos 
desvelos los hizo públicos con general aclamación de un cer- 
tamen público que sustentó en el teatro de dichos Reales Es- 
tudios en nueve de enero de mil setecientos setenta y cuatro. 
Y este aplauso le grangeó el honor de que el director de los 
mismos le admitiese en nombre del consejo por sustituto de 
dicha cátedra por ausencia de su propietario, que desempeñó 
con la mayor exactitud por espacio de ocho meses. Y que por 
tiempo de nueve meses ha asistido a la cátedra de física de 
los mismos estudios, con particular aprovechamiento. Es be- 
neficiado de la parroquial de Santa Eufemia, diócesis de Cór- 
dova, en virtud de real presentación de catorce de agosto de 
mil setecientos sesenta y cuatro, de que tomó la correspon- 
diente posesión en nueve de enero de mil setecientos setenta 
y cinco. Y asimismo resulta por testimoniales del arzobispo 
de Toledo de doce de este mes de junio que el referido don 
Francisco Antonio Bataller y Ros no se halla procesado, ex- 
comulgado ni tiene otro algún impedimento canónico, antes 
bien es virtuoso, de buena vida y costumbres; hábil y bene- 
mérito para la obtención de cualesquiera canonjías, dignida- 
des y otras rentas eclesiásticas de las iglesias de estos reinos. 
= Es copia de la original que queda en la secretaría de la Cá- 
mara y Real patronato de que certifico como secretario de su 
majestad y oficial mayor de ella. Madrid, diecisiete de junio 


176 


de mil setecientos setenta y siete. 


Como catedrático de matemáticas que soy en los reales es- 
tudios de San Isidro de la Villa y Corte de Madrid = Certifico 
cómo don Francisco Bataller ha seguido sin interrupción un 
curso entero de dichas disciplinas que dio principio en pri- 
mero de octubre de mil setecientos setenta y uno y dio fin en 
el mismo día del de mil setecientos setenta y tres, en cuyo 
intermedio se instruyó con notable esmero en aritmética, 
geometría, trigonometría, así teórica como práctica en los 
cálculos o análisis, tanto de las cantidades finitas, como de 
las infinitas con la aplicación de ellas a las ciencias primeras 
y a las curvas o geometría superior. Estos desvelos los hizo 
públicos con general aclamación en un público certamen que 
sustentó en el teatro de estos Reales Estudios en nueve de 
enero de mil setecientos setenta y cuatro. La general estima- 
ción que adquirió por este acto literario le grangeó el honor 
de que el señor director de estos Reales Estudios le admitiese 
en nombre del Consejo Real y Supremo de Castilla por subs- 
tituto de mi cátedra, cargo que en el intervalo de ocho meses 
desempeñó cuanto podía desearse. Y para que conste donde 
convenga doy ésta a pedimento del mencionado don Fran- 
cisco Bataller en Madrid a veintiocho de abril de mil sete- 
cientos setenta y siete = Visto bueno = Don Manuel de Villa- 
fañe = Don Joaquín de León, catedrático de matemáticas es 
Don Rodrigo González de Castro, escribano de su majestad y 
secretario de los Reales Estudios de esta corte: Certifico y 
hago que las dos firmas que se hallan puestas en la certifica- 
ción antecedente son de puño y letra, la una del señor don 
Manuel de Villafañe, caballero de la real y distinguida orden 
española de Carlos III, del Consejo de su majestad en el Su- 
premo de Castilla y director de los citados Reales Estudios: y 


177 


la otra de don Joaquín de León catedrático de matemáticas 
en ellos; y las mismas que acostumbran hacer. Y para que 
conste doy la presente en Madrid a dos de mayo de mil sete- 
cientos setenta y siete = Rodrigo González de Castro = Con- 
cuerda con la certificación de que va hecha mención, que 
originales devolví a don Francisco Bataller, de cuyo pedi- 
mento y de orden verbal del señor don Modesto de Salcedo 
Somodevilla, caballero del orden de San Juan, del Consejo de 
su majestad, su alcalde de corte y juez de provincia en la 
Real Audiencia y cancillería de esta Nueva España, doy el 
presente en la ciudad de México a veintiséis de abril de mil 
setecientos ochenta y seis años, y va en esta foja del sello se- 
gundo corriente, siendo testigos don Antonio Fonseca, don 
Domingo Otea y don Francisco de la Portilla, vecinos de esta 
ciudad: doy fe = señalando con un signo = José Ignacio Del- 
gado Camargo, escribano real y de provincia— Damos fe que 
don José Ignacio Delgado Camargo, de quien va signado y 
firmado el testimonio de la antecedente foja es escribano 
real y de provincia, como se titula y nombra fiel legal y de 
toda confianza, y como tal usa y ejerce dicho empleo y a 
todos los testimonios, certificaciones, autos y demás que 
ante él han pasado y pasan siempre se las ha dado y da ente- 
ra fe y crédito jurídica y extra judicialmente. México, veinti- 
séis de abril de mil setecientos ochenta y seis años = Señala- 
do con tres signos = Ignacio José Montes de Oca, escribano 
real y de provincia = Cirilo José Camacho, escribano público 
= Manuel de Puertas, escribano público. 


[3] 


Extracto, Excelentísimo señor = Don Francisco Antonio 


178 


Bataller y Ros, natural de los reinos de Castilla y residente 
en esta corte, con el debido respeto hace presente a vuestra 
excelencia se halla vacante la plaza de director del Colegio 
de Minería de esta Nueva España por fallecimiento del señor 
don Joaquín Velázquez de León. Que según la mente de su 
majestad, explicada en el título primero, artículo trece de las 
novísimas Reales Ordenanzas, y conforme a lo expuesto por 
los apoderados del importante Cuerpo de Mineros en su re- 
presentación de veinticinco de febrero de mil setecientos se- 
tenta y cuatro, al artículo sesenta y dos, se exigen con el su- 
jeto que haya de desempeñar aquel empleo las calidades de 
minero práctico y experimentado en la minería de estos 
reinos e instruido en las matemáticas, física experimental, 
química, docimástica y metalurgia: circunstancias todas que 
al parecer del exponente concurren en su persona = Pues se 
halla instruido en las matemáticas, que cursó en los Reales 
Estudios de Madrid, con el adelantamiento que dio a conocer 
en un ejercicio público, por el que mereció se le nombrase 
por decreto del Supremo Consejo de Castilla para substituir 
las ausencias y enfermedades de su catedrático don Joaquín 
de León. También ha estudiado la física experimental en las 
mismas reales escuelas, con igual aplicación y aprovecha- 
miento, cuyos particulares se acreditan con las dos certifica- 
ciones testimoniadas que acompaña; y posee otros varios co- 
nocimientos que expresa la relación impresa de sus méritos 
y ejercicios literarios, que igualmente presenta = Asimismo 
ha procurado imponerse en todos los conocimientos de quí- 
mica y de docimástica que le han sido posibles de que por no 
haber en la actualidad cátedras de estas facultades, no puede 
dar otra prueba por ahora que la que se manifiesta en el jui- 
cio comparativo formado sobre el arte de ensayar oro y plata 


179 


del célebre Mr. Sage, que con esta fecha dirige a vuestra ex- 
celencia por mano del señor don Fernando José Mangino su- 
perintendente de la Real Casa de Moneda de esta capital = 
Igualmente desde el año de mil setecientos setenta y siete, 
que vino a este reino con el señor alcalde de corte don Mi- 
guel Bataller, su padre, se ha ocupado en el trabajo y obser- 
vación de los asuntos de minería, en que no contento con 
examinar escrupulosamente los métodos y prácticas que se 
observan en los reales de minas, se ha tomado al mismo 
tiempo el cuidado de conferirlo y cotejarlos con los que re- 
fieren los mejores metalúrgicos de Europa, mereciendo por 
su instrucción en estas materias que el Real Tribunal de Mi- 
nería, siendo su director el señor Velázquez, le graduase apto 
para el reconocimiento y beneficio de minas de azogue, en 
consulta de seis de noviembre de mil setecientos ochenta y 
uno que hizo al excelentísimo señor Don Matías de Gálvez, 
dignísimo padre de vuestra excelencia. Y espera dar mayor 
comprobación de su suficiencia en la respuesta que está for- 
mando y presentará a vuestra excelencia acerca de la memo- 
ria de un anónimo, remitida últimamente de España, en que 
se pretende preferir el beneficio de fundición al de azogue 
que se usa en este reino. En esta atención = Suplica rendida- 
mente a vuestra excelencia que si su alta comprensión con- 
ceptúa al exponente capaz de desempeñar las funciones de 
director del Colegio de Minería se sirva recomendarle a su 
majestad para que se le tenga presente al tiempo de hacerse 
la elección del referido empleo, o lo que más sea del superior 
grado de vuestra excelencia, en que recibirá especial merced. 
México, dieciocho de mayo de mil setecientos ochenta y seis 
= Excelentísimo señor = Francisco Antonio Bataller y Ros. 


180 


[4] 


Decreto. México, veintitrés de mayo de mil setecientos 
ochenta y seis = Sáquese testimonio de esta instancia y do- 
cumento que acompaña para dar cuenta a su majestad, con 
el correspondiente informe recomendando el mérito y apti- 
tud del suplicante = Gálvez. 

Concuerda con sus originales, que devolví a la secretaría 
de cámara y virreinato, a que me remito. Y para que conste 
donde convenga, doy el presente en virtud de lo mandado en 
superior decreto que antecede. México, y mayo veintiséis y 
seis de mil setecientos ochenta y seis. 


Juan José Martínez de Soria. 


Corregido 


Damos fe que el señor don Juan José Martínez de Soria, de 
quien parece firmado este testimonio, es secretario del rey 
nuestro señor, y de la gobernación y guerra de esta Nueva 
España, y como tal usa y ejerce este empleo y a todo lo que 
autoriza se le ha dado y da entera fe y crédito judicial y ex- 
trajudicialmente. México y mayo veintiséis y de mil sete- 
cientos ochenta y seis. 


Ignacio María del Ba- Manuel Martínez del 
rrio Campo 


Escribano real. 


José Ignacio Delgado Camargo 


Escribano real y de provincia. 


181 


[5] 


El rey ha tomado ya providencia sobre nombramiento 
para el empleo de director del Colegio de Minería de ese 
reino y demás particulares que comprende la carta de vues- 
tra excelencia de 26 de mayo de este año de 663 con que diri- 
ge y recomienda una instancia de don Francisco Antonio Ba- 
taller en solicitud de dicho empleo. Dios guarde a vuestra 
excelencia muchos años. San Ildefonso, 30 de agosto de 1786. 

Señor virrey de Nueva España. 


PD: 
[6] 


México, 26 de mayo de 1786 No. 663 

El virrey. 

Habiendo vacado por muerte de don Joaquín Velázquez de 
León el empleo de director del Colegio de Minería de aquel 
reino, dirige y recomienda al virrey para él a don Francisco 
Antonio Bataller y Ros en quien concurren las calidades de 
minero práctico y experimentado y se halla instruido en las 
matemáticas, física experimental, química docimástica y me- 
talurgia, según resulta de un testimonio que acompaña. 

Añade el virrey que si no se nombrase al referido para 
dicho empleo será conveniente su colocación en otro de la 
misma carrera, que podrá proporcionarse separándose la di- 
rección del Colegio Metálico de los demás negocios de tan 
recomendable establecimiento, pues atendidas las buenas 
circunstancias de dicho don Francisco Antonio Bataller será 


182 


muy útil su permanencia en aquellos dominios: A cuyo efec- 
to lo recomienda muy particularmente y 


Pide: que se le tenga presente para alguno de los empleos 
del Tribunal, o dirección de minería. 


A 17 de agosto de 1786. 


Prevéngase al virrey que su majestad tiene tomada provi- 
dencia en este asunto. 28 de dicho. 


Hecho en 30 de dicho. 


183 


VII. LA HISTORIA NATURAL 
OJARDIN AMERICANO 


MAIN INN NOE 





[Ir al Contenido] 


184 


VII. LA HISTORIA NATURAL O JARDÍN AMERICANO 
DE FRAY JUAN NAVARRO, 1801 [ 225 ] 


n un volumen de 21 cm., encuadernación de la 

E época, con la siguiente indicación en su lomo: HIS- 
TORIA NATURAL T. V. y la signatura 1515 de los 
manuscritos. de la Biblioteca Nacional, se contiene la obra de 


fray Juan Navarro cuya descripción sigue: 


Port.: E ;/ HISTORIA NATURAL, Ó / JARDÍN AMERI- 
CANO / ES CONTINUACIÓN DEL TOMO SEGÚN- / DO. / 
EN SEGUIMIENTO DE LA OBRA QUE / EL R.P. Dr. FERNAN- 
DEZ ESCRIVIÓ DE / LOS VEGETALES AMERICANOS. / SE 
HAN AÑADIDO OTROS, SOLICITADOS / POR Fr. JUAN 
NAVARRO RELIGIOSO LE-/ GO DEL COLEGIO APOSTÓLICO 
DE / LA SANTA CRUZ DE LA CIUDAD DE QUERETARO. / 
QUIEN LA DEDICA Á LA SANTIDAD / DE LA SUPREMA 
CABEZA DE LA / CATHOLICA, APOSTOLICA, / ROMANA 
IGLESIA / N.S.P. EL SEÑOR PIO VII / TOMO V. / año de 
1801.— v. en bl.— Retrato a colores del papa con un pie que 
dice: “PIO VII PONTIFICE MAX. / Gregorio Bernaba Chira- 
monti, del Orden Casinense, / nació en Cesena día 14 de 
agosto de 1742. Fue exalta- / do al Pontificado el día 14 de 
marzo de 1800, y Corona- / do el día 21 de [...] en S. Gorge 
de Venezia. Su entra- / da en Roma el día 3 de Julio de 1800 
as.” — v. en bl.— Dedicatoria á N. M. S. P. el Señor Pio VIL P. 
Mx., 2 p.s.n.—Al lector, 2 p.s.n.— (figura 41) Se inicia el texto 
en el figura 171 que contiene una lámina con ocho plantas, a 
la vuelta descripción de sus virtudes; sigue esta forma de 
usar el recto para la lámina y el anverso para el texto hasta 
la figura 182, cuya v. inicia un texto que abarca hasta la figu- 
ra 183 v. que contiene ya dos descripciones de la lám. de la 
figura 184. En lo sucesivo la correspondencia ya no es tan 


185 


exacta como en las primeras figuras. En la figura 252 tiene 
añadido un dibujo del árbol de las manitas, pegado a la lám. 
El texto llega a la figura 252. Son en total 70 páginas de ilus- 
traciones con un número de 6 a 8 plantas por página que nos 
dan 517; de texto son 94 páginas (figuras 42-48).— Sigue un 
“Índice de las plantas del segundo tomo de Historia Natural”, 
p. 253-266 con la característica de que aparecen las plantas 
de la primera parte perdida.— “Índice de las enfermedades 
en que se usan estas plantas, sus virtudes y qualidades”, p. 
267-303 (repite la p. 291).— “Índice de las plantas del Jardín 
de América”, p. 304-313.— “Índice de las enfermedades en 
que se usan estas plantas”, p. 313-342, la v. en bl. 


7 TI 


HISTORIA NATURAL.O 
JARDIN AMERICANO 


ES CON"ITNUACION DEL TOMO SEGUN- 


DO. 

EN SEGUIMIENTO DE LA OBRA QUE 
EL R.PDr. FERNANDEZ FSCRIVIO DE 
LOS VEGETALES AMERICANOS. 

SE HAN AÑADIDO OTROS, SOLICITADOS 
POR Fr, SUAN NAVARRO RELÍCIOSO LH- 
GO DEL COLEGIO APOSTOLICO DE 
ZA SANTA CRUZ DETÁ (1U- 
DAD DE QUERETARO . 
QUIEN TA DEDICA ÁLA SANIDAD 
DF. 1.A SUPREMA CABRZA DE LA 
CATHOLICA. APOSTOLICA , 
ROMANA IGLESIA 


N:S.P_ El, SEÑOR PIO VII. 


TOMO V, 


año de 1801, 


Figura 41 


Portada Historia Natural, ó jardín americano, 1801 


186 





Figura 42 


Lámina de plantas 


187 





Figura 43 


Lámina de plantas 


188 


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8 q ES AA Quachilarlar zin. 


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Figura 44 


Lámina de plantas 


189 








Figura 45 


Lámina de plantas 


190 


de 


Pa: 


RN, 





Figura 46 


Lámina de plantas 


191 






A del Tela nitl 
Lacocaguí lento, % 


Figura 47 


Lámina de plantas 


192 





Figura 48 


Lámina de plantas 


De la simple lectura de esta sumaria descripción se siguen 
de inmediato las dudas que se enlistan: 


1. El manuscrito es continuación del tomo segundo de una 
obra. 

2. Va en seguimiento de la obra que el reverendo padre 
doctor Fernández escribió de los vegetales americanos. 


3. Es un quinto tomo. 


En realidad el asunto no tiene nada de oscuro: es la adver- 
tencia de que sigue a la obra del padre Fernández la que 
puede introducir cierta confusión. Veamos lo que dice en el 
prólogo fray Juan Navarro: 


193 


Cuando emprendí la historia natural no había visto mi ignorancia los mu- 
chos vegetales con que Dios proveyó la América y por eso no me propuse 
tratar de ellos; pero al ver la franqueza con [que] el Señor proveyó estas tie- 
rras de especies iguales o mejores a las europeas emprendí este tomo, por- 
que carecer de él era notable en tal historia. 


Con esto y con una ojeada a los índices del manuscrito, 
uno para las plantas del segundo tomo de Historia Natural y 
otro para las plantas del Jardín de América, se llega al con- 
vencimiento de que: 


1. Fray Juan Navarro escribió una obra de Historia Natural 
en cuatro tomos. 


2. No sabemos el contenido de la obra, pero quizá trató los 
tres reinos naturales en tres tomos y uno más de generalida- 
des sobre el planeta, tal como se acostumbraba. 


3. El segundo tomo de la Historia Natural estaba dedicado 
a las plantas, pero no especialmente a las americanas. 


4. Una vez concluidos cuatro tomos —quizá la obra com- 
pleta— decidió aumentar un quinto tomo, continuación del 
segundo, dedicado a las plantas americanas, por lo que lo 
llamó Jardín americano. 


Esto explica definitivamente los datos dispersos de la por- 
tada del manuscrito pero quedan todavía algunos problemas, 
el más grave de los cuales es la identificación del reverendo 
padre doctor Fernández, a quien en el prólogo se le llama 
dominico: 


He seguido al P. Dominico Fernández y he añadido muchas [plantas] que 
he encontrado en los campos y cerros las veces que he viajado, inquiriendo 
sus nombres y virtudes ciertas; de modo que en muchos vegetales que he 
visto y no he hallado razón de ellos o unos variaban de lo que otros me de- 
cían, los he abandonado por no exponer un yerro donde va de por medio tal 
vez la vida. 


194 


Los datos que tenemos para la identificación de este botá- 
nico Fernández son: que era dominico, que escribió una obra 
sobre los vegetales americanos y (figura 213 del manuscrito) 
que en su obra dice Fernández que hay una especie de taba- 
co tan grande como un árbol de limón. 


Algunas comparaciones de este manuscrito con la obra 
del protomédico Francisco Hernández [ 226 ] nos permitirán 


ver las fuentes de que se valió: 


Hernández: [ 227 ] 


El Apitzalpatli Tzontelolotli o remedio astrin- 
gente de cabellos redondos, y al que los mali- 
nalcenses, en cuyas tierras nace, llaman zazal- 
tzin por ser glutinoso, tiene raíces ramificadas, 
tallos delgados, vellosos y cilíndricos, hojas nu- 
merosas, aserradas, casi redondas, de donde le 
viene el nombre, y parecidas a las del ballote 
pero más grandes, ásperas, vellosas y cenicien- 
tas; echa en el extremo de sus tallos flores de 
un amarillo pálido parecidas al crisantemo, 
medianas y apiñadas en gran número. La raíz 
es olorosa y de gusto un poco acre, de tempe- 
ramento caliente y seco en tercer grado casi, 
glutinosa y de sabor un tanto amargo y resino- 
so. Reducida a polvo, mezclada con trementina 
y aplicada a las rodillas, quita el frío de ellas, 
mitiga el dolor, y si están debilitadas por exce- 
so de trabajo las fortalece y tonifica. Su coci- 
miento afirma los dientes y aprieta las encías, 
aprovecha a los disentéricos, en el relajamiento 


195 


Navarro: 
[ 228 ] 


Apitzal- 
patli Tzon- 
telolothi, id 
est, medici- 
na  astrin- 
gente, 
raíz es olo- 


su 
rosa,  Ca- 
y 
seca en ter- 
cer grado, 
glutinosa; 


liente 


algo amar- 
ga y resi- 
nosa; 
hecha 
polvo y 
mixta con 
trementi- 
na, quita el 


del útero y de los riñones, en las fracturas y frío y dolor 
cuando se siente gran cansancio. Los reyes me- de rodillas 
xicanos y hombres principales solían tomar las y las forti- 
cortezas trituradas con agua y en dosis de fica. Su co- 
media onza después del juego nacional del cimiento 
batey, que nosotros llamamos de pelota, para encarna las 
prevenir las enfermedades que siguen general- encías, 
mente a las fatigas exageradas. Nace en las co- aprieta los 


linas de regiones cálidas. dientes y 
quita las 
cámaras de 
sangre. 
Nace en 
tierra  ca- 
liente. 


En este ejemplo se ve claramente cómo Navarro incluye 
en su descripción sólo algunos datos farmacológicos de la 
planta y no las consideraciones generales de Hernández. 
Veamos otra descripción del apitzalpatli: 


Hernández: [ 229 ] Na- 
varro: 
[230] 


El segundo Apitzalpatli, que algunos llaman  Apit- 
tlaelpatli o sea remedio de la disentería, es una hier- zalpatli 
ba redonda y fibrosa de donde arrancan tallos de de Xa- 
poco más de un palmo, cilíndricos, delgados y algo latlaul- 
blanquecinos, con hojas opuestas, pequeñas, ase- co 
rradas, casi redondas y espaciadas y flor menuda [sic], 
color de púrpura raíces no tienen sabor notable ni doce 


196 


en el extremo de las ramas. Las presentan al gusto raíces 
gran astringencia y sin embargo una docena de maja- 
ellas machacadas y tomadas con agua se dice que das y 
contienen las diarreas y disenterías, cortan la fie- bebidas 
bre y dan fuerza a los miembros debilitados. Nace en 

en tierras de Xalatlauhco y es propio de regiones agua 


frías y lugares campestres. 


son 
contra 
cursos 
y  Ca- 
lentu- 
ras. 


Otro ejemplo más es el del ahuehuete. En este caso supri- 
mimos de la descripción de Hernández lo que no menciona 


Navarro, para mostrar qué es lo que utilizó: 


Hernández: [ 231 ] 


Del Ahoéhoetl o tambor del agua. 

Este árbol fue llamado por los mexicanos 
Ahoéhoetl porque suele nacer en las riberas 
de los ríos o junto a las corrientes, y porque 


Navarro: 
[ 232] 


Ahuehuetl 
o tambor de 
agua; llámase 
así o por nacer 


de él acostumbran los indios fabricar sus junto a los 


tambores, que llaman hoéhoetl o teponaxtli; 
algunos opinan sin embargo que no le 
viene de ahí su nombre, sino de que está 
junto a las aguas y meneado por el aire pro- 
duce ruido, teniendo en cuenta que los tam- 
bores se fabrican más bien de madera de 
tlacuilolquáhuitl y de capolinquáhuitl. Los 


197 


ríos y que 
cuando sopla 
el viento le 
hace hacer 
ruido como de 
tambor o por- 
que de esta 


españoles que emigraron a estas tierras le 
llaman sabino, y también cedro por el color 
rojo de la madera; pero no es ninguna espe- 
cie de sabino ni de cedro, sino que debe cla- 
sificarse entre los géneros del abeto. [Se 
omiten las razones que da para esta clasifi- 
cación.] Los mechoacanenses llaman a este 
árbol pénsamo. Hay, según entiendo, cuatro 
variedades que se distinguen por el tamaño, 
el color y el fruto; porque algunos aventa- 
jan en altura y corpulencia a los más altos 
pinos, son de madera blanca y alcanzan a 
veces un grosor de veinticuatro o más pies; 
otros, cuya madera es también blanca con 
la médula o corazón rojo, son inferiores en 
tamaño y producen piñas llenas de resina 
no más grandes que las aceitunas comunes, 
y los cuales quise pintar porque en ellos 
quedan bastante bien representadas las for- 
mas de todos los demás; hay otros más chi- 
cos todavía, con madera roja y copa más re- 
donda; los últimos, que son los menores de 
todos, apenas exceden en tamaño a los ce- 
dros comunes y tienen madera roja con mé- 
dula blanca. Todos tienen corteza roja y 
hojas como de abeto, aunque menores y 
más delgadas; de todos mana resina, si no 
espontáneamente, si derretida por el fuego 
[...] [Se omite otro párrafo sobre la resina.] 
Su temperamento es caliente y seco en ter- 
cer grado [...] [Se omiten las razones para 


198 


madera hacen 
los indios sus 
tambores; es 
especie de 
abeto. En Me- 
choacán se 
llama  Penia- 
mon; hay cua- 
tro especies, 
las cuales [se] 
distinguen en 
y 
fruto y en el 


su altura 
color; los hay 
más altos que 
pinos, otros de 
madera blanca 
y 
rojo, que son 
los menores y 
que dan piñas 
resinosas más 
que 
y 
los más chicos 
que 
madera 


corazón 


grandes 
aceitunas, 


tienen 

roja 
son más copa- 
dos y redon- 
dos y todos 
tienen corteza 


esto.] La corteza quemada es astringente, y roja; de todos 
sana las quemaduras y la piel escoriada y sale resina con 
corroída. Con litargirio y polvo de incienso el fuego, son 
cura las úlceras, y mezclada con cerato de calientes y 
mirto favorece la cicatrización; machacada secos en tercer 
y con tinte de zapateros detiene las úlceras grado. Su cor- 
que cunden; estriñe el vientre, provoca la teza quemada 
orina y su sahumerio atrae los fetos y las sana las que- 
secundinas. [Se omite el resto de la descrip- madas, con al- 
ción.] caparrosa sana 
las llagas; en 
sahumerio 
hace bajar la 
criatura y es 
diurética. 


Pero la cita que inequívocamente nos permitiría identifi- 
car al reverendo padre dominico doctor Fernández con el 
protomédico de Felipe II es la que, al hablar del pícietl, da 
Navarro (figura 213 del manuscrito.): Dice el doctor Fernán- 
dez [que] hay una especie tan grande como un árbol del 
limón; puede ser, mas yo no la he visto y he visto por mis 
ojos cuanto hay por Orizaba y villa de Córdoba”. En realidad 
Francisco Hernández nunca dijo tal cosa. Creo que la cita es 
a la descripción del áyetl o pícietl acuático, cuando dice que 
de su raíz *[...] nacen tallos de seis palmos de largo, cilíndri- 
cos, lisos y llenos por uno y otro lado de hojas como de li- 
monero [...]”. [ 233 ] 


No obstante, esta cita nos hace saber cuál edición de Fran- 
cisco Hernández utilizó Navarro. En la obra que publicó 
Francisco Ximénez en México, 1615, se lee: *[...] la otra espe- 


199 


cie que se dice quauhiyetl, suele crecer en altura de un árbol 
así como el limón [...]”. [ 234 ] A fin de mostrar con mayor 
precisión que Navarro se valió del compendio en español de 


Ximénez, transcribo pareada la descripción del ecapatli: 


Hernández-Ximénez: [ 235 ] 


El Ecapatli, que otros llaman Tlalzahuatzin, 
totoncaxihuitl, que quiere decir caliente me- 
dicina, y otros la llaman xometontli, que 
quiere decir sauquillo pequeño, y otros xo- 
metl patli, no es otra cosa sino una mata ás- 
pera y vellosa, que tiene las hojas de almen- 
dro, los troncos lentos, purpúreos, medianos 
y rollizos, las flores amarillas medianas, pues- 
tas en los últimos pimpollos de los ramos, de 
los cuales nacen unas vainillas sutiles, rolli- 
zas, largas, y por la mayor parte llenas de 
unos granillos rojos, semejantes a las lentejas 
aunque algo menores, son de grave olor y de 
sabor amargo. Nace en tierras calientes y lla- 
nas o templadas, aunque por ser planta muy 
provechosa, la crían y cultivan dentro de casa 
y en los jardines; es de caliente y seca tempe- 
ratura y algo astringente, cura las hinchazo- 
nes y las llagas, mitiga el dolor de las orejas; 
sus hojas majadas y puestas sobre el estóma- 
go en forma emplasto, aprovechan mucho a 
los niños que vomitan la leche; puesta en la 
cabeza mitiga sus dolores y aplicada a todo el 
cuerpo o tomada por la boca en cantidad de 


200 


Navarro: 
[ 236 ] 


Ecapatli, 
id est, medi- 
cina caliente 
y y 
algo  astrin- 
gente, cura 
hincha- 
zones y lla- 
gas y mitiga 
el dolor de 
Sus 


seca, 


las 


orejas. 
en 


de 


hojas, 
forma 
emplasto 
sobre el es- 


de 


niños 


tómago 
los 
que vomitan 


leche son 
útiles. Tam- 
bién lo es 


sobre la ca- 
beza para 
mitigar su 


un puño, quita los fríos de las fiebres y algu- dolor y lo 
nos dicen también que de esta manera cura el mismo hace 
ahito y que aplicada y puesta sobre aquella contra la 
manera de lepra que los indios llaman xiotl, lepra; aplica- 
la sana y lo mismo hace a los empeines. da a todo el 
cuerpo o to- 
mando por 
la boca un 
puño quita 
el frío de las 
fiebres. 


La razón por la que Navarro resume al mínimo las des- 
cripciones es obvia: la edición de Ximénez no tiene ilustra- 
ciones y como Navarro se echó a cuestas la labor de pintar 
las plantas, omitió los detalles puramente descriptivos y al- 
gunos otros más generales para sólo conservar la parte me- 
dicinal. 


Confundir al doctor Francisco Hernández revela en Nava- 
rro ignorancia de las otras ediciones del herbario que se ha- 
bían publicado, incluso la matritense de 1790 donde se expli- 
ca la expedición científica del protomédico. El doctor Ger- 
mán Somolinos cree que Navarro debió ser español enviado 
al virreinato, a donde llegó con la Historia Natural ya escrita, 
y su Jardín Americano es producto de una de tantas reaccio- 
nes de asombro ante la naturaleza americana. Este punto de 
vista me parece la mejor explicación a muchos problemas de 
los que plantea el libro. Por lo demás, cuando Navarro deci- 
dió escribir el Jardín Americano, obra que debió costarle al- 
gunos años, se valió de Ximénez. Lo raro es que este autor 
da noticia, aunque breve, de la expedición de Hernández. 


201 


Sólo suponiendo que el ejemplar de los Quatro libros que 
consultó Navarro careciera de la portada y los preliminares, 
se explica la confusión sobre Hernández y la omisión del 
nombre de Ximénez en un escritor que se avino a dar crédito 
al autor en quien se basó. Creer dominico a Hernández quizá 
provenga de que Ximénez sí lo era. Las dificultades se acen- 
túan, además, por la circunstancia de que Navarro no estaba 
ajeno a la botánica de su tiempo en la Nueva España, pues 
cita en dos ocasiones al catedrático Vicente Cervantes del 
Jardín Botánico. Al tratar de pelonxóchitl (figura 210 del ma- 
nuscrito) dice que lo llaman capuchina: *[...] según lo oí 
decir a don Vicente Cervantes, Catedrático de Botánica en la 
ciudad de México [...]” y al fin de sus descripciones (figura 
252 v.) trata del árbol de las manitas y de las dificultades 
para cultivarlo: “Sólo la diligencia de don Vicente Cervantes 
logró 2 en el Palacio del Virrey de México, donde existen y 
yo ví”. Estas pruebas de que conoció y trató o por lo menos 
escuchó —quizás en clase— a Cervantes, permiten suponer 
que sus conocimientos no eran comunes, lo que deja aún 
más oscuro el porqué se equivoca con Hernández. Su desco- 
nocimiento de la edición latina de 1790 sigue siendo inexpli- 
cable, aunque quizá tuvo noticia de ella muy tarde y no 
quiso cambiar su obra, seguramente producto de mucho 
tiempo de trabajo. 


A más de Cervantes, menciona Navarro otros nombres. 
Empieza con Dioscórides en el prólogo: “También se tuvo 
presente combinar nuestras especies con las de Dioscórides, 
y donde se halla semejanza se advierte; mas si algún botáni- 
co perito notare algo más, anótelo para bien del público”. En 
la figura 184 v. da una receta médica del “canónigo Salazar” 
no identificado. A figura 203 v. dice que el guacamote es ve- 


202 


nenoso, pero hervido se puede tomar: *[...] asunto que ha 
dado quehacer a los doctos, pero el doctor Cárdenas dice que 
su veneno es volátil y con el fuego se evapora [...]”, referen- 
cia obvia a Juan de Cárdenas. Sobre el tlaquilín, que describe 
la figura 242 v., dice que: “También le llaman jazmines de 
México, por su olor, y a los Botánicos les oí que le nombra- 
ron solano odorífero [...)”; estos botánicos deben ser el 
grupo de Sessé, Cervantes, Mociño y los demás que tomaron 
parte en la notable expedición botánica de fines del siglo xvm. 
Finalmente para demostrar que algo sabía, siquiera de oídas, 
de la botánica de su tiempo dice al final de la obra, página 
342: “Nuestro tomate es el Phisalis ungulatu de Lineo, y el 
Alkekengi de Tou[r]nefort”. Estas citas nos deben convencer 
de la necesidad de prestar mayor atención al libro de Nava- 
rro. 


Ahora bien, ¿cuál es el interés de Navarro al hacer este 
libro? La obra completa sobre historia natural puede creerse 
que la hizo como texto para el seminario. Pero sus propósi- 
tos para la redacción del fardín Americano deben estudiarse 
con cuidado. La primera declaración que hace, ya transcrita, 
es que carecer de las plantas de América era notable en la 
Historia Natural que había escrito. Pero el interés más osten- 
sible en el prólogo al lector era el de informar de la farmaco- 
pea novohispana, tal como lo hizo con la general en su se- 
gundo tomo, para lo cual emprendió el trabajo de los índices 
de las enfermedades con las plantas que las curan. Parece 
obvio que su intención era publicar la obra, y quizá a ello 
obedezca la dedicatoria al papa. 


Debe considerarse, además, como mérito indiscutible de 
esta obra de Navarro la finura y precisión de las láminas. Por 
lo que dice, él mismo las pintó en sus muchos viajes por el 


203 


virreinato. En la cita dada arriba sobre el tabaco del tamaño 
del limón dice haber recorrido Córdoba y Orizaba; en la fi- 
gura 231 v. menciona un maíz transparente que vio en la 
Hacienda de San Diego Notario, al pie de la sierra de Tlaxca- 
la; en la figura 249 v. se ocupa del “drago” del que dice: fy yo 
lo ví como lo pinto en el cerro del Batán, 2 leguas de Queré- 
taro”. Basta con esto para mostrar que Navarro no se limitó 
a copiar y resumir a Hernández, sino que buscó las plantas 
—quinientas— y las pintó cuidadosamente. Algunas añadió, 
como la de la figura 247 v.: “Este nombre Lirón le di a esta 
planta por parecerse a la de este nombre que hay en Castilla 
la Vieja; pero ella es, según el informe que tomé, una semilla 
que trajo a este Santo Colegio un religioso cuando se regresó 
de las misiones de Sonora, de donde es natural esta planta”. 


Por lo que toca a la obra de Historia natural de nuestro 
fray Juan Navarro, no se sabe de nadie que la haya descrito o 
encontrado. Muchas conjeturas se podrían hacer sobre su 
posible contenido, pero creo que es fácil enunciarlo en gene- 
ral. Sabemos que son cuatro tomos, de los cuales el segundo 
está dedicado al reino vegetal. Quizá siguiendo a Plinio y 
otros naturalistas el primer tomo incluyera las generalidades 
sobre la historia natural, la esfera terrestre, las partes del 
mundo, etcétera; y después vendría el tratamiento sistemáti- 
co de los tres reinos: mineral, vegetal y animal y algunas no- 
ciones antropológicas. Me inclino a creer —si la obra seguía 
el orden clásico— que el primer tomo incluiría las generali- 
dades dichas más la mineralogía; el segundo, ya se sabe, el 
reino vegetal; el tercero el reino animal; el cuarto quizá 
parte de los animales y algunas nociones sobre el hombre y 
cosmografía. 


Pero como tenemos en el Jardín Americano el índice del 


204 


tomo segundo (página 253-266 del manuscrito), ése sí lo po- 
demos reconstruir con exactitud. Incluía dos grandes partes: 


la pr 


imera con las generalidades de la ciencia botánica y la 


segunda con la descripción de las plantas. Se da el índice 


aproximado de la primera parte: 


VD 0 OQ 09M Bb 0 DN Ra 


Rh a 
Rh O 


12. 
13. 
14. 
15. 
16. 
17: 
18. 
19 
20. 


2 


ha 


22. 


. Los siete reinos de la plantas (p. 1-2) 

. Raíces (p. 3-6) 

. Tallos (p. 6-12) 

. Medidas botánicas (p. 12) 

. Pezones, cabillos y pedúnculos (p. 13-14) 
. Cañas, bohordos, pie o ástil (p. 13-14) 

. Hojas (p. 15-32) 

. Espina, púa, chapeta y orejuela (p. 32) 

. Pelo, bulbo y cebolla (p. 33) 


. Zarcillo y glándula (p. 33) 

. Foliación (p. 33-34) 

Yemas (p. 33-34) 

Capullo, caperuza y cáliz (p. 35) 
Rosetas, corolas o pétalos (p. 37-38) 
Nectarios (p. 39-40) 

Estambres (p. 41-42) 

Borlillas (p. 42) 

Estigmas (p. 43) 

Germen (p. 43) 

Pistilo o pitón (p. 43) 

. Flor masculina, femenina y hermafrodita (p. 44) 


Planta macho y andrógina (p. 44) 


205 


23. Folículo, entretelas, vaina, témpano y legumbre (p. 45) 

24. Coca (p. 45) 

25. Almendra (p. 46) 

26. Entretelas, pepita, baya, piña, ventallas y témpanos (p. 
46) 

27. Lunarcillo o carreta (p. 47) 

28. Semilla ribeteada, germen, rejo, cotiledón (p. 47) 


29. Semilla cuádrupla, desnuda, de dos celdillas, arriñona- 
da, de tres caras, de hueso y callosa (p. 47) 


30. Semilla coronada, con pedestal e inmatura (p. 48) 
31. Nuez (p. 48) 

32. Plumilla (p. 48) 

33. Rosetas (p. 48-49) 

34. Receptáculos (p. 49) 

35. Raspa (p. 49) 

36. Asiento incompleto, completo o plano (p. 49) 

37. Flores (p. 49-50) 

38. Flósculo y semiflósculo (p. 50) 


ha 


39. Flor sencilla, compuesta, axilar, opuesta a la hoja, 
entre hojas, laterifolias, terminal, dispersas, en rodajuela y 
en cabezuela (p. 51) 

40. Flor en ramillete, ladeada, en racimo, en maceta, en es- 
piga, compuesta y en panoja (p. 52) 

41. Flor en copa, en toba y en parasol (p. 53) 

42. Flor monandria, diandria, triandria, tetriandria y pen- 
tandria (p. 55) 


43. Flores exandria, heptandria, octandria y eneandria (p. 
56) 


206 


44. Flor decandria, dodecandria, icosandria y poliandria (p. 
56) 

45. Flor didanamia, tetradinamia, monadelfia, diadelfia, 
poliadelfia, singenesia y ginandria (p. 58) 

46. Flor monoecia, dioecia, poligamia y criptogamia (p. 59) 

47. Propiedades generales de las plantas (p. 60) 

48. Propiedades particulares (p. 61-71) 


Siguen a estas materias introductorias las descripciones — 
quizá ilustradas— de las plantas, con algunas americanas (la 
papa, por ejemplo), en las páginas 72 a 170. Por ello el Jardín 
Americano se inicia en la página 171. 

Faltaría ahora dar algunos datos sobre el autor. Desgracia- 
damente por lo pronto no me es posible hacerlo. Excepción 
hecha de que era franciscano radicado en el convento de 
Querétaro no hay a la mano más información. [ 237 ] Debe- 
ría intentarse una edición del manuscrito y con tal motivo 
buscar en los archivos de Querétaro datos sobre fray Juan 
Navarro, indiscutiblemente meritorio personaje de la ciencia 
novohispana. 

Para terminar se transcribe el índice de las plantas del Jar- 
dín Americano. 

[Imágenes de Jardín Americano] 

Índice de las plantas del Jardín de América 

A 

Apios 173 

Alipo ibi 

Alhazor 174 

Acocotli 177 


207 


Apoyomatli 178 
Axispatlacotl 179 
Aceite indio 184 
Achiotl 188 
Alquitira 189 
Amacoztic 190 
Ahuacaquahuitl 192 
Ahuapatli 193 
Acuillotl 199 

Azúcar 200 

Axispatli 199 
Atlatzompilin 202 
Ahuapatli 204 
Acxihuatic ibi 
Acocoxihuitl 209 
Axixcozahuizpatli 208 
Anchoa 212 

Atzoyatl ibi 
Axixcozahuizpatli 213 
Ayoticpoxahuac ibi 
Apitzalpatli 219 
Aahuaton 222 
Aphatzi 227 

Aphatzi segunda ibi 
Aceitillo primero 228 


208 


Axixpatli ¡bi 
Acuixpaxoli 230 
Amarillo para pintar ibi 
Alimento preferible en las enfermedades 232 
Axuchiatl 233 
Amatlaliztic ibi 

Acuitze 234 

Azúcar de maguey 238 
Ayudas de pulque ibi 
Aceitillo segundo 242 
Apizatlpatli 243 

Atlinan 244 

Alelia ¡bi 

Alhuacapatli 247 
Alparaqua ibi 

Alpizcle ibi 

Alcachofa 249 
Atlichipinca 291 

B 

Barbacoa del maguey 139 
Bitonco 196 

Bálsamo mata, o Maripenda 182 
Bálsamo Tolú ibi 

Cc 

Camelea 172 
Cotoquíntida 173 


209 


Cinogrambe 179 
Coral rubro 176 
Coral blanco ibi 
Coral negro ibi 
Coapatli teoitztle 177 
Clavo 178 

Canela ibi 
Cohuapatli ibi 

Curu ibi 

Cichipatli 179 
Caninga 180 
Copalquahuitl ibi 
Copalquahuitl patlahuac ibi 
Copalquauhxiotl 181 
Copal montano ibi 
Copal de Totepec ibi 
Cuitla copalli ibi 
Copalyhyac 184 
Coyolican 186 
Cacapolton 188 
Chatalhuyc ibi 
Coyolli ibi 

Coyolli, o palma bunga ibi 
Cacahuaquahuitl 190 
Copalxocotl 191 


210 


Cachoz ibi 
Cohiztzapotl 192 
Coacamachalli 193 
Chichiltic tlapalezquahuitl ibi 
Cacaloxochitl 194 
Capolin ibi 
Calamayo 195 
Cocoquahuitl ibi 
Coapatli 196 
Cuentas del Japón 197 
Ciprés ibi 
Chilapatli 198 
Copalxihuitl ibi 
Caña de Castilla 199 
Cocoztomatl 201 
Coatl, ibi 202 
Chupiri ibi 
Cuhuraqua ibi 
Centlinan ibi 

Chilli 205 
Chichimecapatli ibi 
Chilpatli ibi 
Chilpantlazoli ibi 
Chilmecatl ibi 
Cocomecatl 206 


Cocoxihuitl ibi 
Cohuayelli ¡bi 
Cenpahualxochitl 209 
Cihuapatli ibi 
Cococxihuitl ibi 
Cococaquilitl 212 
Chichihualmemeya ibi 
Cempoalxochitl 213 
Cenanan 219 
Cihuapatli ibi 
Cihuapatli mayor ibi 
Cohuaquiltic ibi 
Cohucihuizpatli ibi 
Cocozxochipatli ibi 
Chilpan 220 
Chipecua ibi 
Coztomatl ibi 
Coyotomatl ibi 
Curunguariqua ibi 
Chayotl 221 

Culantro verde 222 
Chilpanxochitl ¡bi 
Culantrillo de pozo 223 
Cozelmecatl ibi 


Chiyazotl 224 


212 


Cacahuaxochitl 227 
Charapeti ibi 
Chichiantic ibi 
Chichimalacatl 228 
Coli ibi 
Chiantzotzolli 229 
Cozticpatli ibi 
Celidonia mayor 230 
Coztic mecapátli 231 
Chile atole 232 
Cuicuitlapilli 233 
Cunguariqua ibi 
Coentic 234 
Chayotillo 241 
Chaucle 243 

Clavel 244 
Chichicpátli ibi 
Clavel del monte 247 
Carretilla 248 
Cacamotic ibi 
Cohuapátli ibi 
Cohuapátli segunda ibi 
Cohuacihuizpátli ¡bi 
Coanenepilli ibi 
Coca del Perú ibi 


213 


Coxtiaxihuitl ibi 

Cozamalo 251 

Chico zapote 252 

D 

Drago 249 

E 

Escamonea 171 

Epitimo 173 

Empetro ibi 

Exquahuitl 185 

Eguamba 195 

Ecapatli 199 

Ezpatli 203 

Epazotl 209 

Exahueni 211 

Especie parecida a la jalapa 210 
Engrudo para los colores 243 
F 

Fruta que se come el fierro 252 
Fraile 241 

G 

Guao 195 

Guyabara 196 

Granadita de China 221 
Gallinera 228 

H 


214 


Huacuiqua 249 
Huehuetzontecomatl 244 
Huemberequa ibi 
Huitztomatzin 199 

Huitziqua 201 

Higuero o árbol de tecomates 197 
Huitzitzilxochitl ibi 
Huitzxochitl 183 

Huitzpazotl 185 

Huitzxochitl 179 

Holquahuitl 182 
Huitzilxochitl 178 

Helecho macho, y hembra 174 
Heliotropos 179 

I 

Istac quauhxiotl 184 

Istac tonalxochitl 234 


J 


Jazmin montano 249 
Junco 241 

Jojobas 233 

L 

Latiris 172 

Labrusca 176 

Liga 216 

Lirón 247 


215 


M 

Manita de Toluca 252 
Mecapátli de Acatlan 249 
Montinente ibi 

Metl, o maguey 238 
Mexcatlmetl ¡bi 

Mexocotl ibi 

Metl 240 

Miel de la caña del maíz 232 
Michevitlaxcoli 228 
Mamaztla 224 
Mecatozquitl 214 
Miahuapátli ibi 
Mecaxuchitl 206 

Mitzitzin 204 

Mexochitl 203 

Modo de hacer la azúcar 200 
Modo de hacer panocha ibi 
Mieles de la caña ibi 
Mocanillo 197 

Modo de hacer lacre ibi 
Mantzoconan 195 

Mizquitl 185 

Molle 184 
Mixquixochicopalli 182 


216 


Mercurial macho 174 
Mercurial hembra 175 
N 

Nanahuaqua 187 
Noctli 190 
Nocheznopalli 189 
Nextlalpa 214 
Nauhtepotze 215 
Nanahuapatli 219 
Nanacace 220 
Neyzotlalpatli 226 
Nexhuatli 238 
Nequametl ibi 
Necoctlachichinoa 245 
O 

Oceloxochitl 240 
Omimeztli ibi 
Ocopiaztli 226 
Olcacazan 223 

Ocopiti 217 
Ololihuaqui 206 

Otro quahutlepátli 202 
Otra especie de añil 199 
Otra especie de copalxocotl 191 
Otro polipodio 174 

Pp 


217 


Paralius 171 

Pituisa 172 

Peplo ibi 

Polipodio 174 
Papaya 196 

Pina huixzihuitl 202 
Pelonxochitl 209 
Pehuame 211 
Poztecpátli 206 
Philipéndula 208 
Picietl, o tabaco 212 
Pezo 217 

Paño de grana 223 
Paradicea 226 
Paxantizin ibi 

Pega ropa 228 
Pulque, cómo se hace 239 
Potztecpátli 245 
Piña 252 

Q 

Qualancapátli 250 
Quahumecatl 246 
Quetzatl 240 
Quilamolle 242 
Quiebra platos ibi 


218 


Quaquahtzontic 233 

Quelite hediondo 239 
Quacazahtilizpátli 227 
Quauhxocotl 224 

Quina ibi 

Quina febrífuga 225 

Quina roja ibi 

Quina amarilla ibi 

Quina blanca ibi 
Quahucamotli 203 
Quahutlepátli 202 
Quamochitl 194 
Quauhayohuachtli 192 
Quauhayohuachtli o piñones purgantes ibi 
Quautlatlazin ibi 
Quauhzapotl ibi 

Quauhconex 182 
Quauhcopalticxixio 184 
Quauhtlepátli 187 

Quauhyyac ibi 

R 

Ricinio 171 

Receta de polvos de sauco 172 
Receta contra el esputo sanguino, y el aborto 175 


Receta para cualquiera dolor. Se hallará en el copal- 
quahuitl 


219 


Receta de un cerato para males fríos 184 

Receta de otro para dolores, está en las virtudes de la cara- 
ña ibi 

Receta para resolver durezas ibi 

Receta para purgar la orina, en las virtudes de los cachos 

Receta del jarabe de cacaloxochitl 194 

Receta de una purga de chichimecapátli 205 

Receta de bálsamo contra heridas 209 

Receta del jarabe de la jalapa 210 

Receta del ambir 213 

Receta del jarabe de tabaco ibi 

Recetas de las purgas del mamaztla 224 

Receta contra tercianas dobles 225 

Receta contra cursos 232 

Receta de la cataplasma de vidos 235 

Receta para quitar cicatrices frescas 239 

Receta del cocimiento de mecapátli 245 

Receta de su jarabe ibi 

S 

Salsafraz 185 

Scorpioide 175 

Scamonium 171 

Sauco 172 

T 

Titimalos 171 


Titimalo miritites ibi 


220 


Titimalo elioscopius ibi 
Titimalo ciparacias ibi 
Titimalo dendroydes ibi 
Titimalo balsamina ibi 
Torvisco 172 
Texaxapotla 177 
Tlilxochitl 179 
Tzontolino 180 
Tomahuatlacopatli ibi 
Tecopalquahuitl ibi 
Tlauhlilocan o caraña 184 
Tochpatli 185 

Tlalamatl 188 
Tamarindos 191 
Tlapalezpatli 193 
Tzopilozontecomatl 194 
Tepeizquixochitl 195 
Tlatzcan 196 
Tzinacancuitlaqua 197 
Tlepatli 198 
Tlacoxiloxochitl ibi 
Tlacoxochitl ibi 
Totoncapatli 201 
Tocizquihu ibi 


Tzontecpatli 203 


221 


Tlatlencuaye ibi 
Tenaznanapoloa 204 
Tlactequilizpátli ibi 
Tepecuitlazotl 206 
Tozpátli ibi 
Teoculin 211 
Tlatlauhcopátli 211 
Tetzmitl 212 
Tlalcocoltzin 214 
Tlanoquiloni 214 
Tecpátii 217 
Tzompoton ibi 
Tepetlaxihuitl ibi 
Tezompatli ibi 
Tlacopatli ibi 
Tlalquequetzaltl ibi 
Totoncaxocoyolin ibi 
Trago orégano 218 
Temacatl 219 
Tlalayotli ibi 
Teizmincápatli 220 
Tlatzilacayotli 221 
Tlatlacispatli ibi 
Tomatzinziscastli ¡bi 


Tlaelpatli 222 


222 


Tlanoquiloni ibi 
Tepeololli ibi 
Tlalayotic 223 
Tozancuy tlaxcoli ibi 
Tlalixtomio 224 
Tepecen 226 
Tlalcohuatli ibi 
Tlalcacahua ibi 
Tlaelpátli 226 
Tlalcapolin 228 
Tlacoxochitl 229 
Tecopalli 228 
Tzonpotonic ibi 
Tocanaltic 223 
Tlalamapatli 230 
Tlachinolxochitl ibi 
Tlaquacuitlapilli 231 
Tlaquacuitlapilli segunda ¡bi 
Tlaolli, o mayz ibi 
Trigo de Mechoacan 233 
Tonalxochitl ibi 
Tzicatzontecomatl 234 
Tlalchipillin ibi 
Totoncaxihuitl 235 
Tepemezcali 240 


223 


Tlacametl ¡bi 
Teometl ibi 
Tepitzticxihuitl 242 
Tlapatl Ibi 
Tzahuenguane 208 
Tzocuilpátli ¡bi 
Tlaquilin ibi 
Tlalcacahuatl 243 
Tlallantlaquacuitlapilli ibi 
Tozcuitlapilxochitl ibi 
Tzahutli ibi 

Tomate 244 
Teuhquiltic 245 
Tlaelpatli 245 
Tlatlahucapatli ibi 
Tlalmatzalin ¡bi 
Teanguizpepetla 249 
Temecatl 250 
Tlacochichic ibi 
Tlacuitlaxcolli ibi 
Tzahuangueni ibi 
Teizquixochitl 251 
Tepari 252 

v 

Vino de maguey 238 


224 


Vinagre de maguey ibi 
Variedad de quina 225 
Vid corintiaca 176 
Vtzicuru ibi 

Vid silvestre 173 
Vid blanca ibi 

Vid negra 174 

Vid vinífera 175 

Xx 

Xochinacaztli 177 
Xocoxochitl ibi 
Xochicopali 181 
Xochicotzotl 184 
Xalxocotl 191 
Xumetl 195 

Xahuali 197 
Xiuhquilitl 199 
Xiuhcocolin 202 
Xiopátli 204 
Xalquahuitl ibi 
Xóchitl 207 

Xalapa 211 
Xoxonacatic 212 
Xarabe purgante 218 
Xiuhtotonqui 219 


225 


Xochipali 231 

Xoco atole 232 
Xocoatl ibi 

Xitomate 244 
Xaltomatl 245 
Xicama 251 

Y 

Yellopátli irina primero 252 
Yellopátli irina 2* ibi 
Yllalamátl ibi 
Yzcuinpatli ibi 
Ychcaxihuitl 251 
Yerba del pollo ibi 
Yerba del ángel ibi 
Ystaczazalic 243 
Yerba del negro 245 
Yerba caliente 239 
Yerba del golpe 2* 241 
Yerba gallinera 2* 242 
Yzquiatolli 232 

Yerba mora 235 
Yerba blanca ibi 
Yztactolohuatzin ibi 
Ycelacocotli 228 


Itzatacxihuitl ibi 


226 


Yerba del golpe 1* 230 
Yolloxochitl 229 
Yxtotomio 224 

Yztenextic 226 

Yzpatli ibi 

Yzpatli 218 

Ystacpatli ibi 

Ixtauhyatl 222 

Yzazanaca 215 
Yolmiquilixpátli 218 
Yyauhtli 211 
Ystactecaltlacotl ibi 
Yehatlepatli 208 
Yzcuicuitl ibi 

Ystacpatli de Yanhuitlan ibi 
Ystacpátli de Yohulapa ibi 
Ystacpatli de Atotonilco ibi 
Yyauhtli 209 

Ylamatlantli 204 
Yamancapátli ibi 
Iztacpátli 199 

Ytzticpátli 201 

Yxtac Coanepilli ¡bi 
Yhuixochitl 195 
Iztperequa ibi 


227 


Yzquixochitl 188 
Yecotl 190 
Yohualxochitl 187 
Yolloxochitl 179 
Iztactlacocoti ibi 
Itztle huayopatli 180 
Yergos 172 

Z 

Zazali 180 
Zacapilolxochitl 202 
Zozoyactic 206 
Zacatlepatli 209 
Zacachichic 218 
Zayolpátli 219 
Zacanelhuatl 231 
Zanahoria 233 
Zumo narcótico 239 
Zazalic 2* 243 
Zapote borracho 252 
Zacahuitzpatli 219 
Zayolpátli 2* 220 
Zacahuitzpatli 231 
Zocabut 235 

Zavila americana 241 


Zazacatzin 251 


228 


VIII. CIENCIA Y REVOLUCIÓN 


MEXICANA 





[Ir al Contenido] 


229 


VII. CIENCIA Y REVOLUCIÓN MEXICANA 
La Revolución mexicana 

os sucesos mexicanos entre los años 1910 y 1920 
constituyen una fisura en que la violencia y la par- 
ticipación política organizada dieron un nuevo ros- 

tro al país, conformándolo en gran medida a los cambios que 
se habían operado en el mundo. Es a esto último a lo que lla- 
mamos Revolución mexicana, o sea a la lucha que dio por 
resultado un cambio de rumbo político para hacerlo acorde a 
las realidades internas y externas, mediante la formación de 
un estado liberal, democrático y burgués de tendencia corpo- 
rativa. Aunque los planteamientos e ideologías de las faccio- 
nes más avanzadas no se hicieron realidad, es innegable que 
el proceso revolucionario cambió al país, que salió de la 
lucha más unificado, más democrático y más nacionalista. 
Para el cultivo orgánico y sistemático de la ciencia contem- 
poránea, este proceso de cambio fue la condición de posibili- 


dad. 


Resumida muy brevemente, la historia de la Revolución 
puede exponerse así. Tras 55 años de luchas internas por de- 
finir los rumbos políticos que se darían a México, el triunfo 
final del liberalismo burgués hacía parecer inevitable el esta- 
blecimiento de una dictadura que con mano fuerte pudiera 
instaurar el modelo capitalista. Es éste el sentido del régi- 
men dictatorial de Porfirio Díaz, quien ocupó el poder, des- 
pués de la revuelta de Tuxtepec, en 1878 y, salvo un interva- 
lo de cuatro años en que fue presidente un aliado suyo, lo 
mantuvo hasta 1911. En estas tres décadas tuvo Díaz tiempo 
para consolidar un sistema político y para hacerlo envejecer. 
El grupo que sustentaba al dictador era una oligarquía na- 


230 


cional criolla que, aliada con intereses foráneos, mantenía 
cierta forma de control de la economía. El modelo que la oli- 
garquía había resuelto seguir era el que permitía la penetra- 
ción masiva de capital extranjero y le concedía usufructuar 
la inmensa mayoría de los recursos naturales, convencida de 
que era la única alternativa posible para el progreso de Mé- 
xico, de cuya población tenía una idea muy desfavorable. 
Contra este sistema político fue dirigida la Revolución. Los 
focos agudos de inconformidad durante el régimen porfirista 
fueron el campo y la industria. Los obreros, que no llegaron 
a constituir un grupo poderoso, habían sufrido dos rudos 
golpes en distintos movimientos de huelga. El más impor- 
tante de éstos fue el de 1906 en Cananea, al norte del país, 
para cuyo aplastamiento tuvo Díaz que solicitar la ayuda de 
soldados norteamericanos, pues los intereses afectados por 
la huelga eran de ciudadanos de los Estados Unidos. El sacri- 
ficio de muchos obreros tuvo el singular valor de mostrar la 
debilidad del régimen. 


El problema del campo era aún mayor: las haciendas — 
enormes latifundios— habían logrado extinguir la pequeña 
propiedad campesina y las tierras de las comunidades indí- 
genas. Había, pues, dos vertientes en la cuestión agraria. Por 
un lado estaba la inconformidad de pequeños campesinos y 
clase media, que aspiraban a poseer tierras ya ocupadas por 
los latifundistas. Estos inconformes fueron en gran medida 
el motor y los orientadores ideológicos de la Revolución. Por 
otro lado estaba la masa campesina asalariada, ya agobiada 
por la explotación exagerada de los hacendados, que la man- 
tenía sujeta por medio de endeudamientos y “tiendas de 
raya”. [ 238 ] Esta masa campesina compuso los ejércitos de 
la Revolución. 


231 


La inconformidad empezó a cobrar cuerpo con la creación 
del Partido Liberal, constituido por un grupo de intelectuales 
(abogados, ingenieros, maestros) que, en general, sólo se 
proponía la bandera política inmediata de la no reelección. 
Ciertamente el ideario del Partido Liberal era una solución 
de compromiso por las múltiples banderas que existían en el 
momento de la disolución del régimen porfirista. Aunque 
existieron grupos amplios de tendencia socialista [ 239 ] y 
anarquista, [ 240 ] estos últimos con la guía de Ricardo Flo- 
res Magón, su fuerza no fue nunca la definitiva. 


En las postrimerías de la dictadura (1909-1910) aparecie- 
ron dos libros sobre la situación mexicana que ejercieron 
gran influencia en el desarrollo de los acontecimientos pos- 
teriores. El primero de ellos, aparecido en 1908, La sucesión 
presidencial en 1910, [ 241 ] se debía a la no muy vigorosa 
pluma de Francisco 1. Madero, un hacendado y comerciante 
del norte del país, educado en Europa y los Estados Unidos. 
El escrito se limitaba a pedir cambios políticos sin tratar am- 
pliamente del problema agrario. El segundo libro, Los gran- 
des problemas nacionales [ 242 ] (1909) tenía por autor al 
abogado Andrés Molina Enríquez y se dedicaba, dentro del 
corte del pensamiento positivista spenceriano, a señalar la 
difícil situación del país y sus principales problemas para 
urgir cambios en el aspecto agrario, a fin de cuentas piedra 
de toque de todo el libro. En estos dos autores se manifiestan 
claramente las vertientes ideológicas que mayor influencia 
tuvieron en la Revolución. Representan, en resumen, las as- 
piraciones de los grupos del norte y el centro del país, por lo 
que sus tratamientos enfocan objetivos diversos; en uno el 
cambio político, en otro la reforma agraria. 


En el año de 1910, mientras preparaba su reelección, Por- 


232 


firio Díaz concedió una entrevista al periodista norteameri- 
cano Creelman. [ 243 ] La entrevista tuvo una enorme difu- 
sión en México, pues en ella aseguraba el dictador que 
deseaba retirarse y que vería con beneplácito la formación 
de partidos políticos. Esto, que no puede verse sino como un 
acto propagandístico más de Díaz, produjo una inmediata 
agitación política en el país. Francisco Madero lanzó su can- 
didatura a la presidencia apoyado por el Partido Antirreelec- 
cionista creado para la ocasión. Hechas las elecciones, el 
fraude a favor de Porfirio Díaz encendió la chispa de la Re- 
volución. Madero proclamó el Plan de San Luis [ 244 ] inci- 
tando a la rebelión para el día 20 de noviembre de 1910, aun- 
que de hecho la lucha se inició un día antes y se propagó rá- 
pidamente por todo el país. La extensión y violencia del con- 
flicto convencieron a Porfirio Díaz de que lo más prudente 
era abandonar el gobierno y el país, lo que llevó a la práctica 
en mayo de 1911. Un presidente provisional convocó a nue- 
vas elecciones fácilmente ganadas por Madero, quien ocupó 
la presidencia en noviembre de 1911. 


El gobierno de Madero fue muy débil y lleno de titubeos. 
Como la idea del presidente era una reforma política, dejó de 
lado el problema agrario, agudo en el centro del país y ban- 
dera de los grupos armados que en él combatieron. Por ello 
Emiliano Zapata, caudillo de los campesinos del sur, no 
abandonó la lucha que había iniciado contra Díaz. Aprove- 
chando esta situación confusa, en febrero de 1913 Victoriano 
Huerta, exingeniero topógrafo del ejército, logró el apoyo de 
grupos porfiristas y del embajador Wilson de los Estados 
Unidos para dar un cruento golpe de estado. En la breve 
lucha, que en México se conoce como la “Decena trágica”, 
fueron asesinados Madero, su hermano y el vicepresidente 


233 


Pino Suárez. Huerta inició una sangrienta dictadura, que fue 
inmediatamente repudiada en todo el país. 


Venustiano Carranza, gobernador del estado de Coahuila 
desde tiempos de Díaz, desconoció al nuevo gobierno y se 
lanzó a la lucha armada. Las otras cabezas de esta nueva fase 
de violencia fueron Emiliano Zapata y el célebre guerrillero 
Francisco Villa. Entre un gran número de tendencias vinie- 
ron a definirse los tres grupos principales en pugna: villistas, 
zapatistas y “constitucionalistas” o carrancistas. Mientras se 
combatía al usurpador Huerta se planeó una convención re- 
volucionaria con representantes de los tres grupos a fin de 
lograr un programa común. Huerta fue obligado a huir en 
julio de 1914. Carranza se convirtió en el Primer Jefe y 
ocupó la ciudad de México poco antes de que se estableciera 
la Convención. Reunida ésta, no hubo arreglo entre las fac- 
ciones, lo que desató la lucha de los constitucionalistas con- 
tra las fuerzas de Zapata y Villa. Carranza pactó con los 
obreros y formó ejércitos “rojos” de gran eficacia. Por otro 
lado, dictó una ley agraria de restitución y reparto de tierras 
el 6 de enero de 1915, con la que intentaba arrancar a Zapata 
su bandera popular. 


El constitucionalismo logró sus propósitos cuando reunió, 
a fines de 1916, un congreso constituyente. Esto representa 
una nueva fase ideológica en la Revolución, ya que al princi- 
pio del movimiento se planteaba solamente la vuelta a los 
términos de la Constitución liberal de 1857. Entre los dipu- 
tados del nuevo congreso predominó el pensamiento liberal. 
El anarquismo y el socialismo estuvieron ausentes de los de- 
bates, por lo que la constitución terminada el 5 de febrero de 
1917 refleja pocas de las peticiones obreras y campesinas. 
[ 245 ] Con todo, la Constitución de 1917 fue el logro mayor 


234 


del proceso revolucionario. 


Carranza logró eliminar a sus enemigos poco a poco. Za- 
pata fue alevosamente asesinado y Villa pactó su retiro de 
las armas. Sin embargo, otra lucha de facciones derribó a Ca- 
rranza, que también murió asesinado. Se sucedieron varios 
presidentes más y muchos levantamientos. En tiempo de 
Plutarco Elías Calles (1924-1928), presidente que logró insti- 
tucionalizar la Revolución, se produjo el movimiento arma- 
do de los “Cristeros”, reacción católica contra la persecución 
religiosa que acabó en una especie de pacto de no agresión. 
Entre 1934 y 1940 gobernó el general Lázaro Cárdenas. Con 
él se volvió a enderezar el rumbo de la Revolución y tomó 
sus tintes más socialistas. Se procedió a la reforma agraria y, 
pese a las fuertes presiones internacionales, se nacionalizó el 
petróleo. Desde entonces, con sucesivas y permanentes capi- 
tulaciones y retrocesos, los gobiernos posteriores pretenden 
ser continuadores de la Revolución, ya institucionalizada. 
[246 ] 

La oligarquía “científica” 

El grupo oligárquico que mantuvo a Porfirio Díaz en el 
poder era conocido popularmente con el mote de los *Cientí- 
ficos”. Aparentemente la denominación proviene de un do- 
cumento del 23 de abril de 1892 en que distintas personalida- 
des de la época (Justo Sierra entre otros) pedían la reelección 
del presidente Díaz. Entre los argumentos que avalaban su 
petición figuraba uno que decía que la nación anhelaba un 
alto nivel de progreso intelectual y moral *por la demostra- 
ción con hechos cada día más notorios de que se conoce el 
valor de esa fuerza mental que se transforma en inconmen- 
surable fuerza física y que se llama lla ciencia”. [ 247 ] Tan 


235 


inusitada apelación a la ciencia en un panfleto reeleccionista 
no podía escapar a la malicia de los opositores del dictador. 
Éstos aprovecharon el párrafo citado y otras manifestaciones 
similares para motejar a la oligarquía de “científica”. 


Abundaba en este mismo sentido la profesión de fe positi- 
vista que habían hecho los miembros prominentes de la oli- 
garquía y los conductores de la enseñanza oficial. Como la 
ciencia y la clasificación comtiana de las ciencias eran la 
parte central de la educación y mención casi obligada en los 
discursos y manifiestos, en la mentalidad popular lo “cientí- 
fico” vino a convertirse en el espectro de la realidad dictato- 
rial. Aunque se pueda demostrar que los “científicos” sabían 
poco de las doctrinas de Comte, Spencer o Darwin, es una 
realidad que utilizaban nociones de estos autores en su ideo- 
logía de explotación. La manifestación más ostensible de 
este fenómeno es el racismo de base spenceriana. Creían los 
“científicos” que los blancos o los blanqueados prominentes 
como el mestizo Porfirio Díaz eran más aptos y que los in- 
dios habían de sucumbir en la lucha por la vida. La mejor 
forma de hacer progresar a México era, por consiguiente, 
poblar el país con colonos europeos. [ 248 ] Contrasta 
mucho este punto de vista con el de esclarecidos liberales 
como Vicente Riva Palacio, sostenedor exactamente del ex- 
tremo contrario. [ 249 ] Sea de esto lo que fuere, llamaremos 
“positivistas” a los que se declaraban a sí mismos como tales 
y “científicos” a los que eran así motejados por el pueblo, 
pues ambas denominaciones bastan a nuestros propósitos. 

Por estas razones, la palabra “ciencia” se había desgastado 
en el porfirismo. La práctica real de esa actividad atravesaba 
por un periodo de decadencia. La ciencia había perdido el 
respeto de las generaciones jóvenes, tan necesitadas de reco- 


236 


brarla para insuflarle un nuevo aliento, un nuevo “espíritu”, 
según el vocablo más usual que heterodoxamente alzaban 
como un espantajo ante sus maestros. 


Hay que dejar la palabra al escritor Alfonso Reyes, educa- 
do en la decadencia positivista, para poder percibir el aroma 
rancio que despedía ya la enseñanza en México. En su ensa- 
yo “Pasado inmediato”, dedica Reyes unas bellas páginas al 
tema. Señala el abandono total de las humanidades y la pos- 
tración de las ciencias, pues a él no le tocaron los maestros 
eminentes o los alcanzó seniles. Añade: 


Se oxidaba el instrumental científico. A nuestro anteojo ecuatorial le fal- 
taba nada menos que el mecanismo de relojería y las lentes, de suerte que 
valía lo que vale un tubo de hojalata; y no valía más la Cosmografía —tre- 
mendo nombre— que por entonces nos enseñaban, bien caricaturizada en 
aquella travesura escolar que envuelve a los dos profesores de la asignatura: 

Quiroga le dijo al “Chante” / que si era queso la luna, / y el “Chante” le 
respondió:/ —Si es queso, pero de tuna / ¿No ha quedado duda alguna? / 
¿Entendimos? Adelante. 

Aunque los laboratorios no seguían desarrollándose en grado suficiente, 
mejor libradas salían la física y la química —ésta bajo la buena doctrina de 
Almaraz— pero tendían ya a convertirse en ciencias de encerado, sin la 
constante corroboración experimental que las mentes jóvenes necesitan. 
[ 250 ] 


Reyes percibió con absoluta claridad el origen del proble- 
ma. La oligarquía “científica” no se interesaba en la ciencia 
ni en el pueblo: 


Los antiguos positivistas, ahora reunidos en colegio político bajo el nom- 
bre de “Los Científicos” eran dueños de la enseñanza superior. Lo extraño es 
que estos consejeros de banco, estos abogados de empresas, no hayan discu- 
rrido siquiera el organizar una facultad de estudios económicos, una escuela 
de finanzas. ¿Qué pudo faltarles para ello? Ni el poder, ni el conocimiento, 
ni los talentos, ni el interés para estas materias a las que consagraron su vida 
[...] Acaso, sin saberlo ellos mismos, los inspiraba un sentimiento de casta, 
como el que llevó a esconder sus secretos a los sacerdotes egipcios [...] Lo 
extraño es que aquellos creadores de grandes negocios nacionales [...] no se 
hayan esforzado por llenar materialmente el país de escuelas industriales y 
técnicas para el pueblo, ni tampoco de centros abundantes donde difundir la 


237 


moderna agricultura. Nuestro pueblo estaba condenado a trabajar empírica- 
mente y con los más atrasados procedimientos; a ser siempre discípulo, em- 
pleado o siervo del maestro, del patrón o del capataz extranjeros, que venían 
de afuera a ordenarle, sin enseñarle, lo que había que hacer en el país. No ol- 
vidamos, no, la antigua Escuela de Artes y Oficios y la antigua Escuela de 
Agricultura. Pero ¿pueden aquellos intentos aislados compararse con lo que 
se ha hecho después y con lo que pudo hacerse desde entonces? En suma, 
que no se cargaba el acento donde, según la misma profesión de fe de los 
Científicos debió haberse cargado. [ 251 ] 


Afirma Reyes que los positivistas tenían miedo de la evo- 
lución, a pesar de su pensamiento spenceriano. Habrá ahora 
que dar oportunidad a los “Científicos” de explicar su punto 
de vista sobre la labor científica y educativa que realizaban. 

La ciencia positivista 

El año de 1901, vigésimo cuarto de la dictadura de Porfirio 
Díaz, se publicó una gran obra bajo la dirección de Justo Sie- 
rra, con el significativo título de México: su evolución social. 
[ 252 ] El propósito del libro era, según el largo subtítulo, 
hacer una síntesis de la historia política, administrativa, mi- 
litar, económica, intelectual y social. Además se lo proclama- 
ba como un “Inventario monumental que resume en trabajos 
magistrales los grandes progresos de la nación en el Siglo 
xix”. Esta obra vino a ser el canto del cisne del porfirismo y 
su proyecto histórico. 

En México: su evolución social apareció la primera historia 
de la ciencia en México de que hay noticia. Se debe al médi- 
co positivista Porfirio Parra, autor de diversos trabajos sobre 
medicina, historia, filosofía, sociología y literatura. El ensayo 
“La ciencia en México” abarca los cuatro siglos que van de la 
conquista europea a finales del siglo xix. La etapa prehispáni- 
ca no aparece, en virtud de que pensaba Parra que “nada de 
lo que culmina en la actual nación mexicana se debe a la ci- 


238 


vilización aborigen”. [ 253 ] En cuanto a la ciencia indígena, 
el juicio de Parra —compartido por la mayoría de los “Cientí- 
ficos”— no era menos lapidario: “La ciencia propiamente 
dicha, formada por un conjunto de doctrinas bien comproba- 
das y expuestas con claridad y precisión y por un método 
adecuado a cada categoría de fenómenos, no fue conocida 
por los aztecas”. [ 254 ] 


Posiblemente para no desanimar a sus lectores, informa 
Parra que, pese a contar con mejor sistema de escritura, los 
egipcios tampoco alcanzaron la ciencia. Indiferente al posi- 
ble argumento de que nadie cultivó la ciencia positivista 
antes de la formulación del positivismo, prosigue descalifi- 
cando a los indios: 


[...] el testimonio de autoridades respetables, contemporáneas o casi con- 
temporáneas de la conquista, nos enseña que los indígenas sólo contaban sin 
equivocarse hasta veinte; todo comprobado con lo que la observación de los in- 
dígenas actuales nos manifiesta, engendra la convicción que su aritmética no 
pudo ser sino muy rudimentaria y apenas suficiente para las toscas necesi- 
dades de la vida diaria, pero no para servir en manera alguna de instrumen- 
to científico. [ 255 ] 


No salían mejor librados los indios en cuanto a la astrono- 
mía, que descansaba solamente en bases empíricas. Admite 
Parra que, aunque empíricos, los conocimientos eran “nume- 
rosos, extensos y variados”. La conclusión final sobre el 
tema de la ciencia prehispánica es la siguiente: 


[...] los conocimientos que en diferentes ramos del saber adquirieron los 
naturales del Anáhuac fueron de carácter puramente práctico, sugeridos por 
el estímulo de la necesidad y adquiridos por medios del todo empíricos. Se 
trasmitían de padres a hijos por una especie de tradición. Podemos, pues, 
concluir que el origen de la ciencia mexicana fue la ciencia que importaron 
los conquistadores. [ 256 ] 


He transcrito estos párrafos para señalar dos aspectos im- 
portantes del pensamiento de los científicos positivistas. El 
primero es que su pensamiento sobre los indios implica un 


239 


giro radical con respecto al indigenismo de la etapa ilustrada 
del siglo xvm y del liberalismo del siglo xix. Darwin y Spencer 
habían sido utilizados por los “Científicos” criollos para con- 
formar su ideología de explotación, abandonando una larga 
tradición indigenista. La Revolución reaccionó contra esto 
forjando un nuevo nacionalismo basado en lo indígena. El 
segundo aspecto notable que deseo destacar es que la rigidez 
de esta visión “científica” constituía un obstáculo a la posibi- 
lidad de modernización de la docencia y la investigación. 


Habiendo descalificado a los indios, Parra elabora un es- 
quema de la historia de la ciencia en México en la siguiente 
forma: 


I. Fase inicial del movimiento científico mexicano. 
II. Fase de transición de la ciencia mexicana. 

III. Fase independiente de la ciencia mexicana. 

1. Época de la cultura científica especial. 


2. Época de la cultura científica general. 


Corresponden a la fase inicial los primeros pasos de la do- 
minación española, o sea el siglo xvi, caracterizado por una 
ciencia no positiva y experimental, sino “escolástica, marchi- 
ta y decadente”. [ 257 ] La fase de transición abarca el siglo 
xv y gran parte del xvm, cuando penetra, con mucha resisten- 
cia, la ciencia moderna europea. La época de la cultura cien- 
tífica especial de la fase independiente, que va de los últimos 
años del siglo xvm a mediados del x1x, se caracteriza por la es- 
pecialización de las ciencias, que es para el positivista Parra 
una fase transitoria: 


Pero la era de la especialidad no debía ser más que transitoria, como que 


240 


su misión se reducía a preparar las generalizaciones sólidas, duraderas y de- 
finitivas; una vez labrados los materiales debíase proceder a levantar el edifi- 
cio; una vez terminada la labor analítica, debía comenzar, sin hiatus ni solu- 
ción de continuidad, la labor sintética. Nada pudiera ser más dañoso al ade- 
lanto científico que perpetuar la fase de la especialidad. La ciencia perdería 
todo espíritu filosófico, carecería de ideas de conjunto y, en vez de alcanzar 
la organización definitiva del saber humano, no lograría más que su estéril y 
lamentable dispersión. [ 258 ] 


La época de la cultura científica general, era positiva de la 
ciencia mexicana, se inicia con Gabino Barreda (1818-1881), 
médico, naturalista y matemático que bebió directamente en 
la fuente del positivismo por ser discípulo de Augusto 
Comte. La reforma científica impulsada por Barreda tuvo 
como teatro la Escuela Nacional Preparatoria, por él fundada 
y dirigida muchos años. (figuras 49 y 50). Los egresados de 
esta institución, dice Parra, “presiden hoy el movimiento 
científico de nuestra patria y representan la era de la ciencia 
contemporánea”. [ 259 ] 





Figura 49 


Gabinete de Física de la Escuela Nacional Preparatoria (México, su evolución 


social, 1901) 


241 





Figura 50 


Sala de Química de la Escuela Nacional Preparatoria (México, su evolución social, 
1901) 


Esta loa a la ciencia positiva se extiende al régimen porfi- 
rista. En un arranque elogioso a los mexicanos que cultiva- 
ron la ciencia en la época de la cultura científica especial 
dice Parra: 


¡Ah!, no nos vanagloriemos nosotros los que pertenecemos a esta genera- 
ción afortunada porque hayamos logrado deletrear siquiera el gran libro de 
la ciencia. Se nos ha prodigado elementos de todo género; hemos tenido 
ejemplos que imitar, cátedras a que asistir, maestros a quienes escuchar, ga- 
binetes y laboratorios en que experimentar, hospitales en que practicar. Una 
administración ilustrada, comprendiendo la importancia de la ciencia, la fo- 
menta como es debido. [ 260 ] 


Esta declaración del interés porfirista por la ciencia sufre 
muchos matices en el capítulo final, dedicado a los estímulos 
del adelanto científico. Ahí dice: 


Comenzaremos por hacer dos declaraciones, penosa la una, satisfactoria y 
halagúeña la otra; la primera es que los estímulos del trabajo científico son 
deficientes en México; es la segunda que, a pesar de esta deficiencia, nuestro 
nivel científico se ha mantenido a conveniente altura, de suerte que en los 
principales ramos de la ciencia ha habido siempre entre nosotros alguna 
persona, y en muchos de ellos no pocas, que sean notabilidades en el ramo y 
que puedan competir con los sabios de Europa. [ 261 ] 


Considera Parra que la deficiencia en los estímulos a la 


242 


ciencia se debió a la inestabilidad política y la falta de paz 
que privó en México antes del régimen porfirista. Pese a lo 
costoso del cultivo de la ciencia, la administración porfirista 
atendía y pretendía seguir haciéndolo, el trabajo científico. 
Como muestra, menciona el autor las bibliotecas, gabinetes 
y laboratorios existentes en el país. Sin embargo, el asunto 
se le vuelve cada vez más resbaloso. En una confusa enume- 
ración de científicos e instituciones se ve, de pronto, precisa- 
do a confesar la pobreza científica mexicana. Buscando las 
causas, sostiene que no es por la ignorancia del público y 
añade: 


No, de otro orden son las causas que casi reducen a cero nuestra produc- 
ción científica. Omitiendo las meramente secundarias, señalaremos como 
principales dos: es la primera que por más que el material científico repre- 
sentado por libros, instrumentos y aparatos sea considerable y honre nues- 
tra cultura, apenas es suficiente para la transmisión de los conocimientos 
científicos, o sea para la enseñanza, y es todavía muy poco para la produc- 
ción, es decir, para que se lleven a cabo descubrimientos o inventos. 


La segunda causa consiste en el alto precio del papel, de lo que resulta que 
los libros impresos aquí no puedan competir en el mercado con los que vie- 
nen de Europa. [ 262 ] 


La confesión de Parra es del más alto interés. La primera 
causa por él señalada revela, elogios aparte, que el régimen 
porfirista se interesaba poco por la ciencia. La segunda, bas- 
tante ingenua, muestra que la cultura en general pasaba por 
una crisis. La tercera causa, no enunciada por Parra, era el 
poco entusiasmo que la ciencia positivista despertaba en la 
juventud. 

La revolución del espíritu 

La ruptura con la rigidez positivista tuvo como principal 
actor un grupo de jóvenes intelectuales agrupados en el club 
denominado Ateneo de la Juventud. Se trata de gentes que 


ya no quisieron creer más en el “cientificismo” y que le opu- 


243 


sieron banderas radicalmente distintas. Luchaban por el cul- 
tivo de las humanidades, por el “espíritu”, por el reencuentro 
con la realidad mexicana, por el indio, entre los más destaca- 
dos ateneístas se cuentan los filósofos Antonio Caso y José 
Vasconcelos, el pintor Diego Rivera y los literatos Alfonso 
Reyes, Martín Luis Guzmán y el dominicano Pedro Henrí- 
quez Ureña. Estos jóvenes organizaron en 1908-1909 ciclos 
de conferencias [ 263 ] que lograron reunir una enorme con- 
currencia, lo que puso de manifiesto que el público mexi- 
cano ya estaba harto de los científicos y su anquilosada ideo- 
logía. 

La generación del Ateneo se vio justificada con el proceso 
revolucionario. Durante la fase armada y después, los ate- 
neístas fueron los indisputados directores del movimiento 
intelectual en México. Algunos de ellos participaron en la 
Revolución con las armas. Tales los casos del filósofo José 
Vasconcelos, que se unió al maderismo; del novelista Martín 
Luis Guzmán, que combatió al lado de Villa; y del poeta Ri- 
cardo Gómez Robelo, que escribía versos en los campamen- 
tos. 


Aunque la lucha que encabezaron los ateneístas fue con- 
tra el positivismo y el cientificismo porfiristas, lo cierto es 
que existe un lazo de continuidad en las dos épocas. El ger- 
men de la heterodoxia se encontraba en las enseñanzas de 
ciertos maestros. Entre éstos citan los ateneístas al liberal 
José María Vigil, director y casi creador de la Biblioteca Na- 
cional; al propio médico Porfirio Parra; y, sobre todo, al mi- 
nistro de Instrucción Pública del gabinete de Díaz, Justo Sie- 
rra. En 1916 el maderista Vasconcelos reconocía que era a 
Sierra a quien su generación debió el haber tomado concien- 


244 


cia de su momento. Hablando del ministro decía: 


A los entusiasmos comtistas opuso la fina ironía y la elevación de su pen- 
samiento. Al público ilustrado siempre repitió en sus memorables discursos 
que la ciencia está muy lejos de ser lo indiscutible, pues sus mismos princi- 
pios son materia constante de debate, y aun suponiéndola fija y perfecta, ella 
no es otra cosa que la disciplina y el conocimiento de lo relativo y nada dice, 
ni pretende decir, sobre los objetos en sí mismos. Los sistemas y las hipóte- 
sis científicas, como las filosóficas, declara [Sierra] son organismos vivos 
que, como todo lo que vive, cambia y necesita la refacción perenne de la 
muerte. [ 264 ] 


Este respeto con que Vasconcelos habla de Sierra es com- 
partido por casi todos los ateneístas. Reyes mismo, al tratar 
de las estrecheces de la educación positivista, se ve inclinado 
a hacer una salvedad con Sierra, para el que tiene los más 
encendidos elogios por su cultura, flexibilidad y compren- 
sión de los cambios. [ 265 ] Estos juicios que dejan de lado la 
iconoclastia revolucionaria se deben a que Sierra, director de 
la educación del país, tuvo la grandeza de renovarse siempre 
y por ello dejar sentadas las bases de la continuidad de lo 
mejor del antiguo régimen y abrir la posibilidad del cambio. 
Con notable perspicacia, dejó establecida, antes de partir al 
exilio por su filiación porfirista, la Universidad que actual- 
mente existe en México como primera institución de la do- 
cencia y la investigación científica. [ 266 ] 

Vieja idea de Sierra, en 1910, año del centenario de la In- 
dependencia y del inicio de la Revolución, logró ver aproba- 
da su iniciativa de ley para fundar la Universidad Nacional, 
pretendiendo que no tenía nada que ver con la antigua, clau- 
surada en 1861 por inútil, irreformable y perniciosa. El plan 
que Sierra concibió para la nueva Universidad aprovechaba 
lo ya existente: Escuela Nacional Preparatoria, de Jurispru- 
dencia, de Medicina, de Ingenieros y de Bellas Artes, más los 
institutos de investigación: Instituto Bibliográfico Mexicano 


245 


(con la Biblioteca Nacional), Observatorio Astronómico e 
Instituto Médico Nacional. Solamente se creó un centro 
nuevo, la Escuela de Altos Estudios, bajo la dirección de Por- 
firio Parra, embrión de las actuales facultades de ciencias y 
humanidades. El propósito de centralizar en la Universidad 
toda la investigación científica, sin embargo, sólo se cumplió 
después de la Revolución. Sierra tuvo que bregar mucho por 
esta idea y fue objeto de muchos ataques de “Científicos” y 
oligarcas que sostenían que tener una Escuela de Altos Estu- 
dios en México equivalía a vestir de frac a un indio descalzo. 
[ 267 ] La ideología imperante se resistía a la apertura hacia 
nuevos horizontes. Sin embargo, Sierra se salió con su inten- 
to e incluso llegó a proponer se incluyeran estudios de la 
condenada filosofía en la Escuela de Altos Estudios. En su 
discurso de apertura de la Universidad se refirió a la filosofía 
como “aquella vaga figura de implorante que ronda en vano 
los templa serena de nuestra enseñanza oficial”. [ 268 ] Tanta 
audacia no tuvo eco y la filosofía permaneció rondando en 
vano hasta que ateneístas y revolucionarios la incorporaron 
a la enseñanza. 


Dicho lo anterior se va conformando ya la idea central de 
este trabajo. La ciencia se había identificado, erróneamente o 
no, con la explotación y la dictadura. En un país donde sola- 
mente un 17% de los habitantes sabía leer y escribir, la ban- 
dera revolucionaria inmediata había de ser la enseñanza ele- 
mental popular y no la ciencia, pues las proclamas revolu- 
cionarias se decían enderezadas a terminar con las lacras del 
cientificismo. 


Algunos ejemplos mostrarán los distintos usos del vocablo 
ciencia en el proceso revolucionario. El ya citado abogado, 
arqueólogo y etnógrafo Andrés Molina Enríquez usa y abusa 


246 


de las digresiones científicas positivistas para explicar mejor 
la necesidad de un cambio político en su libro Los grandes 
problemas nacionales. En distintos capítulos incluye “apuntes 
científicos” sobre la naturaleza de la vida humana, sobre las 
leyes que rigen las agrupaciones sociales, sobre la naturaleza 
de la vida vegetal, sobre las formas de la evolución y la se- 
lección y otras más. Su diferencia esencial con los *Científi- 
cos” se encuentra en el tema clave de los indios: en uno de 
sus apuntes transcribe y tácitamente acepta la tesis de Vi- 
cente Riva Palacio de que los indios se encontraban en un 
estado evolutivo más avanzado que el de los demás pueblos. 
[ 269 ] Esto es una muestra de que el positivismo evolucio- 
nista también se usó como ideología revolucionaria. Molina 
Enríquez es uno más de los intelectuales que participaron 
con las armas en la mano en la Revolución. 


Por su parte, Francisco 1. Madero parece evitar cuidadosa- 
mente el vocablo “ciencia” en su libro sobre La sucesión pre- 
sidencial. Vale la pena señalar que este primer presidente re- 
volucionario era miembro prominente de sociedades espiri- 
tistas y ferviente devoto de la homeopatía. En los plantea- 
mientos políticos de su libro se refiere simplemente a la ne- 
cesidad de incrementar la instrucción pública. Su única críti- 
ca al sistema de enseñanza imperante era que los ciudadanos 
formados en el positivismo sólo se interesaban por el dinero 
y lo material. [ 270 ] 


El líder anarquista Ricardo Flores Magón en uno de sus 
artículos del periódico Regeneración (1911) exhortaba a los 
trabajadores a no permitir que sus demandas pasaran por un 
congreso. La revolución, decía, no debe permitirlo, porque 
en él no habría ni un representante trabajador y si lo hubiera 
estaría inerme ante la burguesía con conocimientos científi- 


247 


cos. [ 271] 

En el congreso constituyente de 1917, compuesto de libe- 
rales, aparecía esporádicamente la ciencia. En las discusio- 
nes sobre el contenido de la constitución algunos diputados 
tachaban a otros de desviaciones a la doctrina liberal mexi- 
cana, a lo que se replicaba que el liberalismo era una ideolo- 
gía que había evolucionado para adaptarse a la realidad y al 
avance del conocimiento científico. [ 272 ] 

Así como no existió una ideología revolucionaria unifica- 
da en México, no existió una concepción clara del papel de la 
ciencia en el momento de cambio. Parece que la idea más ge- 
neral era la que identificaba la ciencia positivista con la oli- 
garquía. El grupo intelectual revolucionario del Ateneo 
luchó por las humanidades contra el positivismo. En algunos 
pocos casos la ciencia positivista fue utilizada para justificar 
el cambio. 

Las instituciones y las disciplinas científicas 

Pasemos entonces a las instituciones. El caso de la Comi- 
sión Geográfico-Exploradora puede ser muy ilustrativo. El 
ministro de Fomento, Vicente Riva Palacio, propuso la crea- 
ción de una Comisión de Cartografía para elaborar planos de 
México el año de 1877. Los trabajos de la Comisión se inicia- 
ron lentamente. En mayo de 1878 cambió el nombre por el 
de Comisión Geográfico-Exploradora y bajo el mismo direc- 
tor que su predecesora, el ingeniero Agustín Díaz, padeció 
por algunos años el problema crónico de la falta de presu- 
puestos y estímulos. Andando el tiempo, a finales del siglo 
xr la Comisión logró convertirse en una gran institución. 
Desde su sede de Xalapa, Veracruz, con edificio propio, al- 
canzó a publicar varios cientos de cartas geográficas a la es- 


248 


cala de 1:100 000. Los distintos directores que tuvo fueron 
ampliando sus funciones y contenido científico a tal punto 
que en 1907 su sección de Historia Natural se convirtió en 
entidad autónoma con el nombre de Comisión Exploradora 
de la Fauna y Flora Nacionales. 


Estando la Comisión en pleno florecimiento, la Revolu- 
ción de 1910 afectó su desarrollo. Primero, sus miembros que 
trabajaban la zona norte fueron hostilizados por los grupos 
en lucha. Después, sus miembros militares —para entonces 
mayoritarios— fueron reagrupados al ejército federal. En 
marzo de 1912, el director de la Comisión, general Ángel 
María Peña, fue llamado por el primer presidente de la Revo- 
lución (Madero) para ser ministro de guerra, seguramente 
porque no encontró a mano otro militar menos comprometi- 
do con el régimen porfirista. La gestión del exdirector de la 
Comisión al frente del ministerio de guerra fue muy discreta 
y terminó al poco tiempo con el derrocamiento de Madero. 
Al subir al poder el usurpador Victoriano Huerta, volvió a 
prestarse atención a la Comisión en virtud de que el nuevo 
gobernante —según se dice competente astrónomo— había 
sido ingeniero topógrafo en ella. En 1914, al ser abolido el 
ejército federal, prácticamente se acabó la Comisión. Su edi- 
ficio de Xalapa fue ocupado por el general Cándido Aguilar. 
Los materiales se trasladaron a Tacubaya, y, andando el 
tiempo, muy mermados, formaron parte del nuevo museo de 
Historia Natural. 


En un precioso trabajo sobre la Comisión Geográfico-Ex- 
ploradora, Bernardo García se pregunta por las causas reales 
de la desaparición de tan floreciente instituto, pues no lo sa- 
tisface la sola mención de los años turbulentos y la supre- 
sión del ejército federal. García propone que la desaparición 


249 


física de hombres como Riva Palacio y otros que pudieron 
promover un modesto despertar científico en México es una 
de las principales causas. Por otro lado, la necesidad apre- 
miante de ocuparse del problema agrario mediante levanta- 
mientos catastrales para uso práctico logró acabar con la mi- 
sión científica por la incorporación de sus miembros a la 
nueva labor. [ 273 ] 


Con todo, el caso de la Comisión Geográfico-Exploradora 
no es general. Algunas instituciones científicas murieron 
con la Revolución, otras lograron sobrevivirla y las más fue- 
ron fundadas a partir del movimiento. El corto panorama 
que sigue puede mostrar los casos distintos en orden de es- 
pecialidades, tomado fundamentalmente del trabajo de Enri- 
que Beltrán, Medio siglo de la ciencia mexicana 1900-1950. 
[ 274 ] 

Matemáticas. Aunque se cultivaban en distintos centros, 
no es sino hasta la creación de la Escuela de Altos Estudios 
que comenzó su florecimiento. A partir de 1937, cuando se 
fundó la Facultad de Ciencias de la Universidad, se incre- 
mentó su enseñanza. Más tarde se estableció un Instituto de 
Matemáticas en la misma dependencia. [ 275 ] 

Ciencias físico-químicas. Al triunfo de la Revolución Cons- 
titucionalista, y a instancias del profesor Juan León, se creó, 
con fecha del 23 de septiembre de 1916, la Escuela de Quími- 
ca, actualmente Facultad de Ciencias Químicas de la Univer- 
sidad. La física se incorporó a la Universidad a partir del mo- 
mento revolucionario, y poco después se fundó el Instituto 
de Física. [ 276 ] 


250 





Figura 51 


Gabinete de Física del Colegio Militar. (México, su evolución social, 1901) 


Astronomía. El Observatorio Astronómico Nacional, que 
funcionaba desde fines del siglo pasado, obtuvo del régimen 
porfirista un edificio ad hoc en Tacubaya el año de 1909. Se 
dedicaba entonces a cumplir con el compromiso internacio- 
nal de la formación del Catálogo y Carta Fotográfica del 
Cielo. La revolución no estorbó mucho sus actividades, aun- 
que sí destruyó varias de las bases que se establecían en el 
país para la observación astronómica y sismológica. En 1914, 
se nombró director al ingeniero Joaquín Gallo. Éste duró 36 
años en el cargo, cumpliendo fielmente su trabajo, cuando 
ya el Observatorio había pasado a formar parte de la Univer- 
sidad. En 1942 se estableció otro observatorio astrofísico en 
Tonantzintla a instancias de su primer director, Luis Enrique 
Erro. [277 | 


Geología. La Comisión Geológica de México, institución 
porfiriana establecida principalmente para la búsqueda de 
petróleo en territorio mexicano, se adicionó en 1888 con el 


251 


Instituto Nacional de Geología. En 1929 se incorporó a la 
Universidad. [ 278 ] 





Sala de Mineralogía de la Escuela de Minería. (México, su evolución social, 1901) 


Geografía y climatología. A la desaparición de la Comisión 
Geográfico-Exploradora, hubo necesidad de fundar en 1915 
una Dirección de Estudios Geográficos y Climatológicos en 
la Secretaría de Agricultura. La Universidad estableció más 
adelante los estudios y el Instituto de Geografía. [ 279 ] 

Biología. La Sociedad Mexicana de Historia Natural, fun- 
dada en 1868, había publicado ininterrumpidamente su re- 
vista La Naturaleza. La inestabilidad financiera producto de 
la Revolución liquidó prácticamente a la sociedad en 1914, y 
ésta no volvió a dar señales de vida sino hasta 1936. 


Fundado en 1888, el Instituto Médico Nacional se dedicaba 
a la recopilación de las plantas medicinales mexicanas. Sus 
publicaciones eran: Materia Médica Mexicana y El Estudio. 
En 1915, a pesar de una visita del presidente Carranza en 
que manifestó su simpatía por la labor que realizaba, se in- 
corporó —y de hecho desapareció— a la Dirección de Estu- 
dios Biológicos de la Secretaría de Agricultura. Subsiste aún 
una polémica entre científicos mexicanos sobre la supresión 


252 


de este Instituto. Parece haber más razón de parte de los que 
la lamentan, pues hasta muy recientemente ha resucitado el 
estudio científico de la farmacopea botánica mexicana. 


Como institución puramente revolucionaria, se creó en 
1915 la Dirección de Estudios Biológicos bajo la guía de Al- 
fonso L. Herrera. Reunía el Museo de Historia Natural (es- 
cindido en 1910 del Museo Nacional), el Instituto Médico 
Nacional y el Museo de la Comisión Geográfico-Explorado- 
ra. Según Enrique Beltrán es el paso más importante en el 
cultivo de las ciencias biológicas que se ha dado en el pre- 
sente siglo. En 1929 esa dependencia se incorporó a la Uni- 
versidad. Cinco años después se fundó un Instituto Biotécni- 
co en la Secretaría de Agricultura para llenar el vacío que 
deja la Dirección. [ 280 ] 

Antropología. Por antropología se entiende y se ha enten- 
dido en México todo un conjunto de disciplinas: antropolo- 
gía física social, arqueología, etnología y lingúística, o sea las 
ciencias que giran en torno a la población autóctona (y muy 
recientemente otras minorías). Durante el régimen porfirista 
solamente existía el Museo Nacional, que publicaba sus 
Anales y donde se impartían cursos de arqueología e histo- 
ria. Sin embargo, el florecimiento de estos estudios se inicia 
en 1910, cuando de una reunión del Congreso Internacional 
de Americanistas salió la idea de crear una Escuela Interna- 
cional de Arqueología y Etnografía, con el apoyo de varios 
gobiernos extranjeros. La fase armada de la Revolución no 
impidió el funcionamiento de la Escuela. En 1915 fue clausu- 
rada al igual que los cursos del Museo. Poco después, en 
1917, se creó la Dirección de Antropología de la Secretaría 
de Agricultura y Fomento. Manuel Gamio, su director, fue el 
promotor de muchas investigaciones y de la magna obra La 


253 


población del valle de Teotihuacán, el primero y más feliz tra- 
bajo interdisciplinario. En 1925 se suprimió la Dirección y 
surgió un Departamento de Antropología en la Secretaría de 
Educación Pública, raíz de los actuales Instituto Nacional de 
Antropología e Historia y Escuela Nacional de Antropología. 
El estudio de la población indígena fue uno de los logros ma- 
yores del nuevo nacionalismo revolucionario. [ 281 ] 


Medicina. La antigua Escuela Nacional de Medicina se in- 
corporo a la Universidad en 1910, pero su renovación y ac- 
tualización parten de 1920. En 1944 se fundó el Instituto de 
Cardiología. [ 282 ] 





Figura 53 


Sala de análisis químicos del Consejo Superior de Salubridad (México su evolución 


social, 1901) 


254 





Figura 54 
Gabinete de Bacteriología de la Escuela de Medicina (México su evolución social, 
1901) 


Técnicas. Una de las instituciones dimanadas de las necesi- 
dades del país es el Instituto Politécnico Nacional, fundado 
por el presidente Lázaro Cárdenas en 1937. El plan contem- 
plaba la incorporación de las distintas escuelas técnicas fun- 
dadas a partir de la Revolución. Se inició con el Instituto 
Técnico Industrial, la Escuela Nacional de Constructores y la 
Escuela de Ingenieros Mecánicos y Electricistas. En 1940, su 
ciclo de enseñanza superior tenía siguientes escuelas profe- 
sionales: Superior de Ciencias Económicas, Políticas y Socia- 
les; Nacional de Medicina Homeopática; Nacional de Cien- 
cias Biológicas; Superior de Industrias Textiles; Superior de 
Ingeniería y Arquitectura y Superior de Ingeniería Mecánica 
y Eléctrica. El Departamento de Medicina Rural se creó poco 
después. Desde algunos lustros atrás el Politécnico dedica 
serios esfuerzos a la investigación científica. El ejemplo ha 
sido exitosamente imitado en diversos estados de la repúbli- 
ca. [283 | 


En este somero panorama aparecen bien visibles algunos 
hechos. Primero, que la ciencia porfirista continuó, con más 


235 


y con menos, durante la Revolución. La natural muerte de 
sus cultivadores puso en manos de las nuevas generaciones 
el esfuerzo renovador. Segundo, que sólo unas pocas institu- 
ciones se vieron afectadas por el proceso revolucionario, 
fundamentalmente por carencia de presupuesto. El caso de 
la Comisión Geográfico-Exploradora es de los pocos en que 
parece que su extinción fue para dedicar el personal a otras 
actividades. Tercero, que la ciencia recibió un enorme im- 
pulso a partir del proceso de cambio. La herencia revolucio- 
naria es la de la creación, en ocasiones mal planeada, de los 
más de los centros de investigación y enseñanza de la cien- 
cia. Pero esto es cuando se habían apagado ya los ecos de la 
lucha en la década de los treinta. En los primeros años, los 
revolucionarios, o las generaciones de la Revolución, no 
veían bien hacia dónde dirigirse. En la Escuela de Altos Es- 
tudios las ciencias vagaban de un lado a otro. Al principio se 
impartían ahí cátedras de biología, matemáticas, físicas y 
químicas. En 1925 se transformó la Escuela en Facultad de 
Filosofía. En 1930 se constituyó la Sección de Ciencias de la 
Facultad de Filosofía. Cinco años después se creaban las Fa- 
cultades de Ciencias Físicas y Matemáticas y de Ciencias 
Médicas y Biológicas, que se reincorporaron, antes del año, a 
Filosofía. Finalmente, en 1939 se creó, para lo sucesivo, la 
Facultad de Ciencias. [ 284 ] La filosofía, que según Sierra 
rondaba implorante en la enseñanza positivista, había cobra- 
do cabal venganza. El “espíritu” de los ateneístas, la reacción 
al cientificismo, tuvo durante cerca de treinta años a la cien- 
cia ¡por fin! a la zaga de la filosofía. 


Marcos Moshinsky ha sostenido que la Revolución frenó 
el desarrollo de instituciones como el Observatorio Astronó- 
mico (figuras 55 y 56), el Instituto de Geología y las investi- 


256 


gaciones en las escuelas de ingeniería y medicina. Afirma 
que desde 1930 “las condiciones sociales y políticas del país 
permiten recuperar y aumentar a un ritmo cada vez más 
acelerado, la investigación científica”. [ 285 ] 





























Figura 55 


Cúpula del Observatorio Astronómico Nacional (Memoria del Fomento, 1877-1882) 


297 











Figura 56 


Telescopio Ecuatorial del Observatorio Astronómico Nacional (Memoria del 
Fomento, 1877-1882) 


Aunque son ciertos los hechos que menciona, la Revolu- 
ción representó la ruptura con la rigidez del positivismo y 
con los estrechos moldes del trabajo científico. La afirmación 
inicial de que el proceso revolucionario fue la condición de 
posibilidad de la ciencia en México se mantiene. El Congreso 
Científico Mexicano, reunido en 1951 con motivo del cuarto 
centenario de la fundación de la Universidad, demostró lo 
mucho que se había avanzado en solamente tres décadas. 
[286 ] 

No es posible terminar sin la mención de un hecho funda- 
mental en el proceso de la ciencia durante la etapa revolu- 
cionaria. En 1939, durante la llamada segunda revolución” 
de Lázaro Cárdenas, emigraron a México decenas de miles 


258 


de españoles republicanos. Entre ellos venían muchos y muy 
destacados científicos que acogieron con entusiasmo la re- 
novación en México y aportaron orientaciones, tal vez deci- 
sivas, a la ciencia. Herencia enorme de una revolución fraca- 
sada a otra casi triunfante, hasta ahora se está intentando el 
balance de lo que la ciencia y la cultura toda de México 
deben a la República Española. 

Conclusión 

En el México de principios del siglo xx, la oligarquía que 
mantenía en el poder a Porfirio Díaz, conocida como de los 
“Científicos”, tenía una ideología positivista con matices 
spencerianos de marcado acento racista. La enseñanza y el 
cultivo de la ciencia pasaban por un periodo de decadencia, 
forzadas a permanecer en el estrecho margen de un positi- 
vismo que ya había agotado sus posibilidades. Sin embargo, 
es cierto que la estabilidad política del gobierno de Díaz 
había permitido continuar o iniciar labores de ciertas institu- 
ciones científicas. 


La Revolución mexicana representa una ruptura con un 
modelo burgués arcaico y su logro principal fue la moderni- 
zación política, la democratización y la instauración de un 
sistema de tendencia corporativista que concedió ciertas 
reivindicaciones sociales. La lucha se enderezó contra el ré- 
gimen de Díaz y la oligarquía “científica”. En este terreno la 
Revolución fue contra la “ciencia” como el complejo ideoló- 
gico del antiguo régimen. 

La práctica real de la ciencia, como no podía ser menos, se 
vio afectada por la lucha. En algunos casos las instituciones 
desaparecen y en otras sobreviven precariamente. Las ideo- 
logías prevalecientes en ese periodo no manifiestan su punto 


259 


de vista específico sobre la ciencia. Sin embargo, el desarro- 
llo acelerado de la ciencia en todas sus disciplinas es produc- 
to de la Revolución. En el aspecto que aquí nos interesa, la 
Revolución mexicana representa el cambio de una oligarquía 
que se decía científica, pero que no lo era, por otra que, sin 
declararlo expresamente, reconoce el valor de la ciencia en 
el sistema político. 


260 


RELACIÓN DE TABLAS 


Tabla de astrónomos o practicantes de la astronomía 


261 


RELACIÓN DE IMÁGENES 

Figura 1. Portada de Historia general y natural de las 
Indias, islas y tierra firme del Mar Océano, de Fernández de 
Oviedo 

Figura 2. Portada de Historia natural y moral de las In- 
dias, de José de Acosta, 1590 

Figura 3. Portada de Problemas y secretos maravillosos 
de las Indias, de Juan de Cárdenas, 1591 

Figura 4. Portada de Reportorio de los tiempos e historia 
natural de Nueva España, de Henrico Martínez, 1606 

Figura 5. Calendario y reloj basado en los signos zo- 
diacales, en Reportorio de los tiempos e historia natural de 
Nueva España, de Henrico Martínez, 1606, p. 36 

Figura 6. Portada del libro de Francisco Hernández, 
1615 

Figura 7. Portada del libro de Francisco Hernández, 
1649 

Figura 8. Portada de Medici atque Historici, de Francis- 
co Hernández, 1790 


Figura 9. Alzate, máquina para la trilla de algodón, 


1772 


Figura 10. Alzate, nuevo sistema de conducción de 


262 


agua, 1768 

Figura 11. Velázquez de León, morteros, 1771 

Figura 12. Alzate, malacate minero reformado, 1784 

Figura 13. Pedro Cortada, malacate minero, 1791 

Figura 14. Modelo de un carretón, siglo xvm (?), (acx). 

Figura 15. Calendario para 1723, por Juan Antonio de 
Mendoza y González 

Figura 16. Calendario para 1734 (primer semestre), por 
Pedro Alarcón 

Figura 17. Calendario para 1734 (segundo semestre), 
por Pedro Alarcón 

Figura 18. Calendario para 1752, por J. Antonio Villa- 
señor 

Figura 19. Calendario para 1761, por Felipe de Zúñiga 
y Ontiveros 

Figura 20. Grabado de un cometa en la Gaceta de Méxi- 


co de 1722 


Figura 21. Guevara y Basoazábal, Pasatiempos por de 
cosmología o entretenimientos familiares acerca de la dispo- 


sición del universo, 1789 


Figura 22. Grabado español reutilizado en el manuscri- 


263 


to de Guevara, 1789 


Figura 23. Portada de Lecciones matemáticas que en la 


Universidad de México, 1769 


Figura 24. Portada de la tesis de licenciatura de Barto- 


lache 


Figura 25. Edicto en el que se otorga el grado de doc- 


tor a Bartolache 
Figura 26. Portada de la tesis doctoral de Bartolache 


Figura 27. Portada del primer número de Mercurio Vo- 


lante, 1772 


Figura 28. Portada del último número de Mercurio Vo- 


lante, 1773 


Figuras 29 y 30. Horno para recocer moneda inventa- 
do en España por Herreros y rechazado en México por 


Bartolache, 1777-1778 
Figura 31. Portada Opúsculo Guadalupano 
Figura 32. Grabado de la virgen de Guadalupe 


Figura 33. Portada de Descripción ortográphica univer- 


sal del eclipse de sol,el día 24 de junio de 1778 


Figura 34. Portada de Disertación Física sobre [...] Auro- 


ras Boreales, 1789 


264 


Figura 35. Portada Respuesta satisfactoria a la Carta 


Apologética..., 1783 


Figura 36. Portada Instrucción sobre el remedio de las 


lagartijas..., 1782 


Figura 37. Folio primero del expediente de Bataller 


(act) 
Figura 38. Portada del tratado de Bataller (snm) 


Figuras 39 y 40. Instrumentos de física. Bataller, Prin- 


cipios de física matemática y experimental, 1802 


Figura 41. Portada Historia Natural, ó jardín ameri- 


cano...,1801 
Figura 42. Láminas de plantas 
Figura 43. Láminas de plantas 
Figura 44. Láminas de plantas 
Figura 45. Láminas de plantas 
Figura 46. Láminas de plantas 
Figura 47. Láminas de plantas 
Figura 48. Láminas de plantas 


Figura 49. Gabinete de Física de la Escuela Nacional 


Preparatoria (México, su evolución social, 1901) 


Figura 50. Sala de Química de la Escuela Nacional Pre- 


265 


paratoria (México, su evolución social, 1901) 

Figura 51. Gabinete de Física del Colegio Militar. (Mé- 
xico, su evolución social, 1901) 

Figura 52. Sala de Mineralogía de la Escuela de Mine- 
ría. (México, su evolución social, 1901) 

Figura 53. Sala de análisis químicos del Consejo Supe- 
rior de Salubridad (México su evolución social, 1901) 

Figura 54. Gabinete de Bacteriología de la Escuela de 
Medicina Salubridad (México su evolución social, 1901) 

Figura 55. Cúpula del Observatorio Astronómico Na- 
cional (Memoria del Fomento, 1877-1882) 


Figura 56. Telescopio Ecuatorial del Observatorio As- 


tronómico Nacional (Memoria del Fomento, 1877-1882) 


266 


NOTAS 

[ 1 ] Apareció en la Revista de la Universidad de Méxi- 
co, v. xxwv, n. 11, julio de 1970, p. 25-32. Un enfoque más 
amplio en “Obra científica novohispana; siglos xvi-xvm”, 
Cultura clásica y cultura mexicana, México, Universidad 
Nacional Autónoma de México, Instituto de Investiga- 
ciones Filológicas, 1983, p. 47-53 (Cuadernos del Centro 
de Estudios Clásicos, 17). 

[ 2 ] Aparecerá en Tezcatlipoca. Anuario de Historia 
de la Ciencia y la Tecnología, Universidad Nacional Au- 
tónoma de México, v. 1. Una versión fue publicada por 


la revista Ciencia, México, n. 32, 1981, p. 9-12. 


[ 3 ] En Marco Arturo Moreno Corral (ed.), Simposio 
de historia de la astronomía en México, Ensenada, Uni- 
versidad Nacional Autónoma de México, Instituto de 
Astronomía, Instituto de Investigaciones Históricas, 
1983, X-336 p., ils., p. 151-192. 

[ 4 ] José Ignacio Bartolache, Mercurio Volante, 2a. 
ed., introd. de Roberto Moreno, México, Universidad 
Nacional Autónoma de México, Coordinación de Hu- 
manidades, 1979, 1983 (Biblioteca del Estudiante Uni- 


versitario, 101). 


[ 5 ] Transcribo aquí dos testimonios sobre la perso- 


nalidad de Bartolache que apenas recientemente caye- 


267 


ron en mis manos. Ignacio Carrillo y Pérez, Pensil ame- 
ricano florido en el rigor del invierno, la imagen de María 
Santísima de Guadalupe [...], México, Mariano José de 
Zúñiga y Ontiveros, 1797, [14]-VI-132 p., en la p. 116 
de su texto guadalupano dice: “Para dar más peso a este 
dictamen, lo que debo hacer ver a mis lectores que no 
conocieron al Dr. D. José Ignacio Bartolache es el que 
fue uno de los más vastos talentos que ha producido la 
América, sin que obste ser de ideas raras. Él fue doctor 
en medicina; buen teo-jurista; aventajado matemático; 
más que mediano pintor; físico y químico, como que 
esto último le colocó (con muchas ventajas del real era- 
rio que propuso y verificó) de apartador general en el 
Real Apartado de Oro y Plata de esta corte. Y así digan 
lo que quieran de su obra guadalupana, lo cierto es que 
para nuestro asunto vale más el dictamen de este solo 
doctor (que acompañaba a su gran literatura una juicio- 
sa crítica) que el de muchos sujetos por condecorados 
que fuesen, como conocerá cualquiera crítico de juicio 
imparcial”. 

De distinto corte es el comentario del agudo y malé- 
volo fray Servando Teresa de Mier, quien no conoció a 
Bartolache. Refiriéndose al mismo Opúsculo guadalu- 


pano del médico, dice Mier: “Al cabo salió con un opus- 


268 


culito intitulado: Manifiesto satisfactorio, nombrándole, 
dice, así porque era para satisfacer a los muchos que en 
México niegan o dudan la tradición, y juntamente a la 
falsa voz que había corrido. Pero parieron las montañas 
un ratón, y la obra de ninguna manera correspondió a 
la expectación pública ni al crédito de su autor. Sus más 
apasionados atribuían el déficit al sobrado uso de la 
copa en sus últimos años. Yo lo que pienso es que 
quedó convencido de la falsedad, y no atreviéndose a 
manifestarla propter timorem populi, la embrolló, la en- 
capuzó, la disfrazó de manera que los canónigos de 
Guadalupe, cuyas cabezas no eran muy finas, aceptaron 
la dedicatoria de la refutación como de una apología”. 
Mier, Obras completas. El heterodoxo guadalupano, estu- 
dio preliminar y selección de textos de Edmundo 
O'Gorman, 3 v., México, Universidad Nacional Autóno- 
ma de México, Coordinación de Humanidades, 1981, v. 
5”, p. 149-150 (Nueva Biblioteca Mexicana, 81-83). 

[ 6 ] “Ensayo biobibliográfico de Antonio de León y 
Gama”, Boletín del Instituto de Investigaciones Bibliográ- 
ficas, México, n. 3, enero-junio de 1970, p. 43-135. 

[ 7 ] Anales de la Sociedad Mexicana de Historia de la 
Ciencia y de la Tecnología, México, n. 5, 1979, p. 133- 
147. 


269 


[ 8 ] La Historia natural o jardín americano de fray 
Juan Navarro, 1801”, Boletín del Instituto de Investigacio- 
nes Bibliográficas, México, n. 6, julio-diciembre de 1971, 
p. 161-179. 

[ 9 ] Aldo Mieli, Panorama general de historia de la 
ciencia, 12 v., Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1961, ils. y 


maps. (Historia y Filosofía de la Ciencia, Serie Menor). 


[ 10 ] Ediciones más antiguas que guarda nuestra Bi- 
blioteca Nacional: Caii Plynii Secundi, Naturalis Histo- 
riae, Parma, Andreae Portiliae, 1481 (Idus de julio). 
Reinando el príncipe loanne Galeazo Maria Duce Me- 
diolani. En cuarto mayor. 

Plinii Secundi, Historiae Mundi Libri XXXII; Lugduni, 
loanne Frellonium, Cum privilegio Regis, 1561, 
[36]-680-[262] p. en cuarto mayor. 

Plinio, Historia Natural, trad. de Gerónimo de Huerta, 
Madrid, Luis Sánchez Impresor, 1624, [20]-908-[28] p. 
en folio. 

De las modernas deben citarse: 

Pliny, Natural History, trad. de H. Rackham, W. H. S. 
Jones y D. E. Eichholz, 10 v., Londres y Cambridge, Wi- 
lliam Heinemann / and Harvard University Press, 1958- 
1962. (The Loeb Classical Library). 


Plinio, Historia natural, trad. y notas de Francisco Her- 


270 


nández, México, Universidad Nacional Autónoma de 
México, 1966, v. 1, XXXII-440 p., ils. (Obras completas de 
Francisco Hernández, 4-5). La mejor y más utilizable 
edición en español. Ha aparecido ya completa, suplien- 
do la traducción de los libros 26 a 37 por la de Geróni- 


mo de Huerta. 


[ 11 ] Véase Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero, 
Manual de zoología fantástica, México, Fondo de Cultu- 
ra Económica, 1957, 162 p., ils. (Breviarios, 125). 

[ 12 ] Pedro Mártir de Anglería, Décadas del Nuevo 
Mundo, estudio y apéndices de Edmundo O'"Gorman y 
trad. de Agustín Millares Carlo, 2. México, José Porrúa 
e Hijos t.2, 1964, 794 p., p. 370 (Biblioteca José Porrúa 
Estrada de Historia Mexicana, 6). 


[ 13 ] Ibidem, p. 623. 


[ 14 ] Gonzalo Fernández de Oviedo, Sumario de la 
natural historia de las Indias, ed. introd. y notas de José 
Miranda, México, Fondo de Cultura Económica, 1950, 
282 p. (Biblioteca Americana, 13). Edición facsimilar de 
la 1a; Madrid, Espasa-Calpe, 1978. 

[ 15 ] Ibidem, p. 77. 

[ 16 ] Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, Histo- 


ria general y natural de las Indias, islas y tierra firme del 


Mar Océano, prol. de J. Natalicio González y notas de 


271 


José Amador de los Ríos, 14 v. Asunción del Paraguay, 
Guaranía, 14 v. 1944-1945. (Edición más reciente por 
Juan Pérez de Tudela. 5 v., Madrid, Ediciones Atlas, 
1959) 

[ 17 ] Ibidem, 1, 32. 

[ 18 ] Ibidem, 1, 33. 

[ 19 ] Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias, 
2a. ed., 3 v., ed. de Agustín Millares Carlo y estudio pre- 
liminar de Lewis Hanke, México, Fondo de Cultura Eco- 
nómica, 1965 (Biblioteca Americana). 

[ 20 ] Joseph de Acosta, Historia natural y moral de 
las Indias. En que se tratan de las cosas notables del cielo, 
elementos, metales, plantas y animales dellas, y los ritos y 
ceremonias, leyes y gobierno de los indios, ed. preparada 
por Edmundo O'Gorman, México, Fondo de Cultura 
Económica, 1962, XCVI-446 p. (Biblioteca Americana). 

[ 21 ] Ibidem, p. 87. 

[ 22 ] Ibidem, p. 186. 

[23] Ibidem, p. 157. 

[ 24 ] O'Gorman proporciona la cita (p. LXXXIIT) de 
Benito Jerónimo Feijoo, Teatro crítico universal, 1733: 
“El p. Acosta es original en su género, y se pudiera lla- 


mar con propiedad el Plinio del Nuevo Mundo. En cier- 


272 


to sentido hizo más que Plinio, pues éste se valió de las 
especies de muchos escritores que le precedieron, como 
él mismo confiesa. El P. Acosta no halló de quién trans- 
cribir cosa alguna. Añádese a favor del historiador es- 
pañol el tiento en creer y la circunspección al escribir 
que faltaron al romano”. Feijoo hace un flaco servicio al 
jesuita y comete una verdadera injusticia. Acosta ya es- 
taba más allá de la simple historia natural a la manera 
plínica. 

[ 25 ] Juan de Cárdenas, Problemas y secretos maravi- 
llosos de las Indias, México, Bibliófilos Mexicanos, 1965, 
274 p., p. 24. Nueva edición preparada por Xavier Lozo- 
ya, México, Academia Nacional de Medicina, 1980, 320 
p. (Nuestros clásicos, 3). 

[ 26 ] Ibidem, p. 25. 

[ 27 ] Henrico Martínez, Repertorio de los tiempos e 
historia natural de Nueva España , introd, de Francisco 
de la Maza y apéndice bibliográfico de Francisco Gon- 
zález de Cossío, México, Secretaría de Educación Públi- 
ca, 1948, XLVITI-330 p., facs. (Testimonios Mexicanos. 
Historiadores, 1). Edición facsimilar de la primera de 
1606: pról. por Edmundo O'Gorman e introd. de Fran- 
cisco de la Maza, México, Centro de Estudios de Histo- 


ria de México Condumex, 1981. Es curioso que Francis- 


273 


co de la Maza fulmine a Martínez por seguir alguna 
“bobera” de Plinio o por la aceptación (que reconoce ser 
común en tiempo del autor) de las “extravagancias” de 


Galeno e Hipócrates. 


[ 28 ] Agustín de Vetancurt, Teatro mexicano. Des- 
cripción breve de los sucesos exemplares de la Nueva Es- 
paña en el Nuevo Mundo Occidental de las Indias , 4 v., 
José Porrúa Turanzas Madrid, (editor), 1960-1961 (Co- 
lección Chimalistac de Libros y Documentos acerca de 
la Nueva España, 8-11). 

[ 29 ] Ediciones en la Biblioteca Nacional: Francisco 
Hernández, Quatro libros. De la naturaleza, y virtudes de 
las plantas, y animales que estan receuidos en el vso de 
medicina en la Nueua España, y la methodo, y correccion, 
y preparacion, que para administrallas se requiere con lo 
que el doctor Francisco Hernandez escriuio en lengua lati- 
na. : Muy vtil para todo genero de gente q[ue] viue en 
esta[n]cias y pueblos, de no ay medicos, ni botica, trad. y 
aumentado de Francisco Ximénez México, Viuda de 
Diego López Dávalos, 1615, [5]-203-[7] f.; Francisci Her- 
nandi, medici atque historici Philippi II. Hisp. et Indiar. 
Regis, et totius Novi Orbis archiatri, opera, cum edita, 
tum inedita, ad autographi fidem et integritatem expres- 


sa, impensa et jessu regio, 3 v., Ex Typografia Ibarrae 


274 


Herdum, 1970. 

[ 30 ] El primer tomo incluye el trabajo España y 
Nueva España en la época de Felipe II de José Miranda y 
un documentadísimo estudio sobre la vida y la obra de 
Francisco Hernández hecho por Germán Somolinos, 
principal promotor de esta obra. Los dos tomos siguien- 
tes incluyen la Historia natural de Nueva España , y el 
cuarto y dos del quinto una parte de la traducción de 
Plinio que hiciera Hernández, completada con la de Ge- 
rónimo de Huerta. 

[ 31 ] Francisco Hernández, Historia natural de Nueva 
España , 7 v., México, Universidad Nacional Autónoma 
de México, 1959, ils. (Obras completas, I-II). 

[ 32 ] Hernández, “Prefación al benigno lector”, en su 
traducción de Plinio, Historia natural... V. 1. 

[ 33 ] Ibidem, 8. 

[ 34 ] Ibidem, 6. 

[ 35 ] Ibidem, 5-6. Dedicatoria al rey. 

[ 36 ] Jorge Luis Borges, Otras inquisiciones, 2a. ed., 
Buenos Aires, Emecé Editores, 1964, 262 p. (Obras com- 
pletas, 8). 

[ 37 ] Ya se tiene una base bibliográfica. Descontando 


las obras de quienes se ocuparon de aspectos generales, 


275 


deben mencionarse los trabajos de Rafael Aguilar y 
Santillán, “Bibliografía meteorológica mexicana, que 
comprende las publicaciones de meteorología, física del 
globo y climatología hechas hasta fines de 1889”, Me- 
morias de la Sociedad Científica “Antonio Alzate”, Méxi- 
co, 1980, t. 1, p. 5-47; Vicente E. Mañero, “Apuntes his- 
tóricos sobre astronomía y astrónomos”, Boletín de la 
Sociedad de Geografía y Estadística de la República Mexi- 
cana, México, 3a. época, t. 1, 1873, p. 521-562. 

Existe, una bibliografía inédita preparada por Juan B. 
Iguíniz, Bibliografía astronómica mexicana, 1557-1935, 
mecanuscrito de 158 p., en la biblioteca del Instituto de 
Astronomía. 

Próximamente el Instituto de Investigaciones Históri- 
cas publicará un Ensayo bibliográfico de la ciencia mexi- 


cana recopilado por Manuel Portillo. 


[ 38 ] José Mariano Beristáin, Biblioteca hispanoame- 
ricana septentrional o catálogo y noticia de los literatos 
que o nacidos o educados o florecientes en la América sep- 
tentrional española han dado a luz algún escrito o lo han 
dexado preparado para la prensa, 3 v., México, Oficina 


de Alejandro Valdés, 1816-1821. 


[ 39 ] José Toribio Medina, La imprenta en México 


(1539-1821), 8 v., Santiago de Chile, impreso en Casa del 


276 


Autor, 1911-1912. Y La imprenta en la Puebla de los Án- 
geles (1640-1821), Santiago de Chile, Imprenta Cervan- 
tes, 1908, LIT-824 p., se cita esta última en lo que sigue 
como: Medina, Puebla. 

[ 40 ] Nicolás León, Bibliografía mexicana del siglo 
xvi, 6 v., México, Imprenta de Francisco Díaz de León, 


1902-1908. 


[ 41 ] Francisco González de Cossío, La imprenta en 
México (1553-1820). 510 adiciones a la obra de José Tori- 
bio Medina en homenaje al primer centenario de su naci- 
miento, México, Universidad Nacional Autónoma de 
México, 1952, XVIII-354 p. 

[ 42 ] Alberto A. Lamadrid Lusarreta, “Guías de fo- 
rasteros y calendarios mexicanos de los siglos xvm y xxx, 
existentes en la Biblioteca Nacional de México”, Boletín 
del Instituto de Investigaciones Bibliográficas, México, n. 
6, julio-diciembre de 1971, p. 9-135. 

[ 43 ] José Miguel Quintana, La astrología en la Nueva 
España en el siglo xvm. (De Enrico Martínez a Sigiúenza y 
Góngora), México, Bibliófilos Mexicanos, 1969, 298 p. 

[ 44 ] Ruiz de Esparza vio los siguientes volúmenes 
del ramo Universidad del Archivo General de la Nación: 
20,70, 71, 39, 90, 91,92, 116, 117, 118-122 y 290-292. 


Para este trabajo se omiten las otras universidades colo- 


277 


niales y los colegios que, como el de Todos Santos, tu- 
vieron algún tiempo seminarios de matemáticas y as- 


tronomía. 


[ 45 ] Roberto Moreno, Joaquín Velázquez de León y 
sus trabajos científicos sobre el valle de México, 1773- 
1775, México, Universidad Nacional Autónoma de Mé- 
xico, Instituto de Investigaciones Históricas, 1977, 410 
p., ils. (Serie de Historia Novohispana, 25). Un trabajo 
dedicado expresamente a la visita de Velázquez a Cali- 
fornia: Iris Wilson Engstrand, Royal officer in Baja Cali- 
fornia 1768-1770, Joaquín Velázquez de León, Los Ánge- 
les, Dawson's Book Shop, 1976, 134 p., ils. (Baja Califor- 
nia Travels Series, 37). El mejor estudio sobre el tema 
del paso de Venus es muy reciente: Doyce B. Nunis Jr., 
The 1769 transit of Venus. The Baja California observa- 
tions of Jean Baptiste Chappe d"Auteroche, Vicente de 
Doz, and Joaquín Velázquez Cárdenas de León, Los Án- 
geles, Natural History Museum of Los Ángeles County, 
1982, 186 p. (Baja California Travels Series, 46). 


[ 46 ] Está en preparación una edición facsimilar de 
este trabajo, con estudios introductorios de Marco A. 
Moreno y Roberto Moreno. 

[ 47 ] Moreno, Joaquín Velázquez de León... p. 181- 
356. 


278 


[ 48 ] Elías Trabulse, “Antonio de León y Gama, as- 
trónomo novohispano”, Humanidades, Anuario, Uni- 


versidad Iberoamericana, 1975, v. m, p. 199-260. 


[ 49 ] Guevara, Pasatiempos de cosmología, ed. facsi- 
milar, México, Gobierno del Estado de Guanajuato / 
Universidad de Guanajuato, 1982. También la edición 
paleográfica preparada y anotada por José Ignacio Pa- 
lencia, id. 

[ 50 ] Véase, por ejemplo, la cédula real que ordenaba 
que en la cátedra se lean precisamente las matemáticas 
en John Tate Lanning, Reales cédulas de la Real y Ponti- 
ficia Universidad de México de 1551 a 1816, México, Im- 
prenta Universitaria, 1946, XXII-376 ils., p. 254-256. 

[ 51 ] Por ejemplo, el estudio de Marco A. Moreno ci- 
tado en la nota 47. 

[ 52 ] José Antonio de Alzate, “Elogio histórico del 
doctor don José Ignacio Bartolache”, Gacetas de la lite- 
ratura de México, 4 v., Puebla, Oficina del Hospital de 
San Pedro, 1831, v. 1, p. 405-413. Alzate publicó este elo- 
gio el 3 de agosto de 1790, menos de dos meses después 


de la muerte del médico. 


[ 53 ] Alfonso Méndez Plancarte, “El doctor Bartola- 
che”, El Universal, México, 29 de abril de 1946; “Barto- 
lache guadalupano”, El Universal, México, 13, 20 y 27 de 


279 


mayo de 1946. 


[ 54 ] Francisco de la Maza, Los exámenes universita- 
rios del doctor José Ignacio Bartolache en 1772, México, 
Imprenta Universitaria, 1948, 34 p., ils. (Suplemento al 
n. 16 de los Anales del Instituto de Investigaciones Estéti- 
cas). 

[ 55 ] Francisco Fernández del Castillo, “La inquieta 
vida del doctor Bartolache”, El médico, México, marzo y 
abril de 1957, p. 49-56 y 54-62, ils.; “El doctor don José 
Ignacio Bartolache, médico, escritor e innovador”, Me- 
morias del primer coloquio Mexicano de Historia de la 
Ciencia y la Tecnología, 2 v., México, Sociedad Mexicana 
de Historia de la Ciencia y la Tecnología, 1964, v.., p. 
207-220, 

[ 56 ] María de Lourdes Ibarra Herrerías, José Ignacio 
Bartolache. La ilustración en Nueva España, tesis, Méxi- 
co, Universidad Iberoamericana, 1976, 200 p., ils. 

[ 57 ] Ramón Sánchez Flores, “José Ignacio Bartola- 
che. El sabio humanista a través de sus bienes, sus li- 
bros e instrumentos de trabajo”, Boletín del Archivo Ge- 
neral de la Nación, 2a. serie, t. xm, 1972-1976, p. 187-216. 

[ 58 ] Alzate, “Elogio histórico...”, v. 1, p. 405-406. Por 
los expedientes publicados por De la Maza, Los exáme- 


nes universitarios..., p. 21-25, consta que los padres de 


280 


Bartolache fueron Juan José Bartolache Romero y Ca- 
macho y María Matilde Díaz Posadas, originarios y ve- 
cinos de Guanajuato. Los abuelos paternos fueron José 
Antonio Bartolache San Román, de la ciudad de México 
y Francisca Romero Camacho, de Guanajuato. Sus 
abuelos maternos fueron José Díaz Posadas y María de 
Ortiz; todos españoles, nobles, de sangre limpia de im- 


purezas. 
[ 59 ] Alzate, “Elogio histórico...”, v. 1, p. 406. 
[ 60 ] Idem. 


[ 61 ] Consta de las informaciones publicadas por 
Francisco de la Maza, Los exámenes universitarios..., p. 
21-25, que ya en 1772, a los 33 años de edad, Bartolache 
estaba casado con Josefa Ana Velázquez de León “de fa- 
milia muy distinguida y conocida”. Consta también del 
expediente del intestado de Bartolache publicado por 
Sánchez Flores, José Ignacio Bartolache. El sabio...”, p. 
200-201, que Josefa Ana tuvo, a lo menos, dos hijas de 
su primer matrimonio con un señor de apellido Carri- 
llo, María y Josefa, doncellas mayores de 25 años a la 
muerte del doctor Bartolache en 1790 y que vivían con 
ellos. Sabemos que Joaquín Velázquez de León sólo 
tuvo dos hijas, Mariana y Elena (véase Roberto Moreno, 


Joaquín Velázquez de León y sus trabajos científicos sobre 


281 


el valle de México 1773-1775, México, Universidad Na- 
cional Autónoma de México, Instituto de Investigacio- 
nes Históricas, 1977, 410 p., ils., p. 21), por lo que esta 
doña Josefa Ana no puede ser sino una hermana suya, 
dada la edad de las doncellas, u otra pariente de la rama 
de Manuel Velázquez de León, casado, éste sí, con una 


hija de don Joaquín. 


[ 62 ] Alzate, “Elogio histórico...”, v. 1, p. 406-407. 
[ 63 ] Véanse los Mercurios, 1 y 2. 

[ 64 ] Alzate, “Elogio histórico...”, v. 1, p. 407. 

[ 65 ] Ibidem, v. 1, p. 408. 


[ 66 ] Fernández del Castillo, “La inquieta...”, v. 1, p. 
51; “El doctor...”, v. 1, p. 208. 

[ 67 ] Alzate, “Elogio histórico...”, v. 1, p. 408. 

[ 68 ] De la Maza, Los exámenes universitarios..., p. 10. 

[ 69 ] Moreno, Joaquín Velázquez de León..., p. 526. 

[ 70 ] Alzate, “Elogio histórico...”, v. 1, p. 408; Moreno, 
Joaquín Velázquez de León..., p. 32. 

[ 71 ] Lecciones matemáticas que en la Real Universi- 
dad de México dictaba D. Josef Ignacio Bartolache. Primer 
quaderno, dedicado al excelentísimo señor don Carlos 
Francisco de Croix [...], México, Imprenta de la Bibliote- 


ca Mexicana, 1769, [44] p. Una edición facsímil en Ro- 


282 


berto Moreno, “Las Lecciones matemáticas del doctor 
Bartolache (1769)”, Anuario de Humanidades, Universi- 


dad Iberoamericana, México, v. 1, 1974, p. 221-272. 


[ 72 ] Archivo del Ayuntamiento de México, Historia 
en general (2254), t. 1, exp. 10, f. 2. 


[ 73 ] Suplemento a la famosa observación del paso de 
Venus por el disco del Sol, hecha de encargo de la muy 
noble imperial ciudad de México por don 3. Ignacio Barto- 
lache y don J. Antonio de Alzate el 3 de junio de 1769, 1 
h. Publicada en las Gacetas de Alzate, 1831. 

[ 74 ] Alzate, “Elogio histórico...”, v. 1 p. 409. 


[ 75 ] Jean Chappe d'Auteroche, Voyage en Californie 
pour Pobservation du passage de Venus sur le disque du 
Soleil, le 3 juin 1769. Contenant les observations de ce 
phénomene, et la description historique de la route de 
l'Auteur a travers le Mexique, ed. de M. de Cassini, París, 


Chez Charles-Antoine Joubert, 1772, 170 p., ils. 


[ 76 ] Moreno, Joaquín Velázquez de León..., p. 33. 

[ 77 ] Ibarra, José Ignacio Bartolache..., p. 70-71. 

[ 78 ] De la Maza, Los exámenes universitarios..., p. 20. 
[ 79 ] Ibidem, p. 10-11 y 21-30. 

[ 80 ] Ibidem, p. 31-34. 

[ 81 ] Fernández del Castillo, “El doctor...”, v. 1, p. 54- 


283 


3) 


[ 82 ] José Ignacio Bartolache, Mercurio Volante con 
noticias importantes y curiosas sobre varios asuntos de fí- 
sica y medicina, doctor médico, 16 n., México, Felipe de 
Zúñiga y Ontiveros, 1772-1773. 

[ 83 ] La Escuela de Medicina. Periódico dedicado a las 
Ciencias Médicas, México, t. xxx, n. 6, 18 y 31 de marzo 
de 1914-31 de septiembre de 1914. La edición quedó in- 


completa. Sólo llegó hasta el n. 13 del Mercurio. 


[ 84 ] Ibarra, José Ignacio Bartolache..., apéndice, p. 
31-35. 


[ 85 ] Ibidem, p. 36-43. 
[ 86 ] Ibidem, p. 45. 


[ 87 ] Fernández del Castillo, “El doctor...”, v. u, p. 60- 
61. 


[ 88 ] Alzate, “Elogio histórico...”, v. 1, p. 409. 

[ 89 ] Julio 15 de 1774. Noticia plausible para sanos y 
enfermos [s. p.i.] 2 p. 

[ 90 ] Hay un ejemplar en la Biblioteca Nacional. Iba- 
rra, José Ignacio Bartolache..., v. 1, p. 409. 

[ 91 ] Alzate, “Elogio histórico...”, v. 1, p. 409. 


[ 92 ] Instrucción para el buen uso de las pastillas mar- 


ciales o fierro sutil, [s. p. 1] 4 p. 


284 


[ 93 ] Netemachtiliztli. In itechpa in ce yancuican 
pahtli, inic in macehualtin quimitizque iquin yeiman 
quenin ihuan quezqui quicelizque, 1 h., 1774. 


[ 94 ] Vid. La Gazeta de México, 26 de mayo de 1789. 


[ 95 ] Juan Benito Díaz de Gamarra y Dávalos, Ele- 
mentos de filosofía moderna, presentación, trad. y notas 
de Bernabé Navarro, México, Universidad Nacional Au- 
tónoma de México, Centro de Estudios Filosóficos, 
1963, p. 7-8 (Nueva Biblioteca Mexicana, 6). 

[ 96 ] Fernández del Castillo, “El doctor...”, v. 1, 214- 
2d: 

[ 97 ] Juan Benito Díaz de Gamarra, Tratados, ed. y 
pról. de José Gaos, México, Universidad Nacional Autó- 
noma de México, 1947, XI-208 p., p. 120 (Biblioteca del 
Estudiante Universitario, 65). El tratado de los Errores 
ha sido atribuido a Gamarra pensando que el nombre 
de Juan Felipe de Bendiaga es anagrama. En realidad es 
un seudónimo: Benlito] Día[z] Ga[marra]. 

[ 98 ] Alzate, “Elogio histórico...”, v. 1p. 410. 

[ 99 ] Carta de Bucareli, 26 de septiembre de 1777, 
Archivo General de Indias, Sevilla, México, leg. 1275. 

[ 100 ] Archivo General de la Nación, México, Casa 


de Moneda, v. 388, exp. 4. Ibarra, José Ignacio Bartola- 


285 


che..., p. 79. 


[ 101 ] Archivo General de la Nación, Corresponden- 


cia de Virreyes, v. 118, f. 89. 


[ 102 ] Archivo del Ayuntamiento de México, Actas 
de Cabildo, v. 99. 

[ 103 ] Fue dado a conocer por Josefina Muriel, Hos- 
pitales de la Nueva España, 2 v, México, Universidad 
Nacional Autónoma de México, Instituto de Historia, 
1956, 1960, v. 1, p. 248-249. Las ideas de Bartolache le 
parecen “recuerdos medievales y planes fantásticos”. La 
sigue Donald B. Cooper, Epidemic Disease in México 
City, 1761-1813. An Administrative, Social and Medical 
Study, Austin, University of Texas Press, Institute of 
Latin American Studies, 1965, XIV-236 p. (Latin Ameri- 
can Monographs, 3). El documento se encuentra en el 
Archivo General de la Nación, Hospitales, v. 71, exp. 5, f. 
2, 


[ 104 ] Instrucción que puede servir para que se cure a 
los enfermos de las viruelas epidémicas que ahora se pa- 
decen en México desde fines del estío en el año corriente 
de 1779. Extendida y presentada a la Nobilísima Ciudad 
por el D. José Ignacio Bartolache, profesor que ha sido de 
medicina y matemáticas de esta Real Universidad y 


ahora apartador general del oro y plata de todo el reino, 


286 


México, Imprenta Matritense de Felipe de Zúñiga y On- 


tiveros, 1779, 4 p. 


[ 105 ] Archivo del Ayuntamiento de México, Viruela 
1779-1811, n. 3678, exp. 1, f. 4-8. Tengo en preparación 


un estudio sobre Morel con la edición de su manuscrito. 


[ 106 ] Harenga que hizo al Exmo. Señor Don Martín 
de Mayorga, Virrey de esta Nueva España y protector de 
la Real Junta Preparatoria Académica de las tres nobles 
artes, en la segunda distribución de premios, el día 4 de 
noviembre de 1782, México, 1782, 9 p. 

[ 107 ] Moreno, Joaquín Velázquezde León..., p. 41. 


[ 108 ] Ignacio González-Polo, “Un raro impreso del 
arquitecto Guerrero y Torres”, Boletín del Instituto de 
Investigaciones Bibliográficas, México, n. 6, julio-di- 
ciembre de 1971, p. 151-159. 

[ 109 ] Francisco de las Barras y de Aragón, “Una in- 
formación sobre la obra del Dr. Francisco Hernández en 
Nueva España”, Boletín de la Real Sociedad Española de 
Historia Natural, Madrid, t. x.v, n. 7-8, julio-octubre de 
1947, p. 561-574. Germán Somolinos D'Ardois, “Tras la 
huella de Francisco Hernández. La ciencia novohispana 
del siglo xvm”, Historia mexicana, v. w, n. 2, 1954, p. 174- 


19. 


[ 110 ] Moreno, Joaquín Velázquez de León..., p. 160. 


287 


[ 111 ] Manifiesto satisfactorio anunciado en la Gaceta 
de México (t. 1, n. 53). Opúsculo guadalupano, México, Fe- 
lipe de Zúñiga y Ontiveros, 1790, 6-106-16-12 p. 

[ 112 ] Véanse en el trabajo de Sánchez Flores citado 
en la nota 57 los autos e inventarios del intestado de 
Bartolache, en el secuestro y embargo de bienes por vía 
precautoria mientras se hacía examen de su actuación. 
Aparece allí la lista de sus libros, que valdría la pena 
glosar e identificar. 

[ 113 ] Alzate, “Elogio histórico...”, v. 1, p. 413. 

[ 114 ] Recientemente, con motivo de las nuevas ex- 
cavaciones del Templo Mayor se publicaron dos edicio- 
nes facsimilares: México, Manuel Porrúa, 1978, que re- 
produce la edición princeps de 1792, y México, Miguel 
Ángel Porrúa, 1978, que incluye ésta y la segunda parte 
editada por Bustamante en 1832. 

[ 115 ] Manuel Antonio Valdés, “Elogio histórico de 
don Antonio de León y Gama”, Gazeta de México, Mé- 
xico, v. x1, n. 20, 8 de octubre de 1802, p. 158-164. Ésta es 
la única fuente que informa de las efemérides de León y 
Gama. La mayor parte de los autores se han limitado a 
repetir los datos de Valdés, muchas veces sin citarlo. 


[ 116 ] Ibidem, p. 159. 


[ 117 ] José Antonio de Alzate, Gacetas de literatura, 4 


288 


v., Puebla, Oficina del Hospital de San Pedro, 1831, ils., 
v. Iv, p. 411-412. Al comentar el estudio de las dos pie- 
dras dice: “Al Sr. Gama lo estimo, no sólo por coetáno e 
individuo de la misma clase en que estudié: admiro su 
aplicación, la que a más de ocupar mucho tiempo aca- 
rrea muchos gastos en compra de libros e instrumentos, 
que de nada sirven para la principal e indispensable 
pieza de una habitación [...]”. Esto mismo de que fueron 
condiscípulos parece desprenderse del párrafo en que 
replica León y Gama a Alzate su crítica de la observa- 
ción de la aurora boreal, véase nota 59. 

[ 118 ] Véanse, Valdés, “Elogio histórico...” León y 
Gama, Descripción histórica y cronológica de las dos pie- 
dras, que con ocasión del nuevo empedrado que se está 
formando en la plaza principal de México, se hallaron en 
ella el año de 1790. Explícase el sistema de los calendarios 
de los indios, el método que tenían de dividir el tiempo, y 
la corrección que hacían de él para igualar el año civil, de 
que usaban, con el año solar trópico. Noticia muy necesa- 
ria para la perfecta inteligencia de la segunda piedra: a 
que se añaden otras curiosas e instructivas sobre la mito- 
logía de los mexicanos sobre su astronomía y sobre sus 
ritos y ceremonias que acostumbraban en tiempo de su 


gentilidad, 2a. ed. de Carlos María de Bustamante, Mé- 


289 


xico, Imprenta del Ciudadano Alejandro Valdés, 1832, 
VITI-114-148 p., ils., 2a. parte, p. 5. 

[ 119 ] León y Gama, “Carta que en elogio del Sr. D. 
Joaquín Velázquez de León, colegial que fue del insigne, 
mayor y más antiguo colegio de Santa María de Todos 
los Santos de esta ciudad de México, abogado de la Real 
Audiencia de ella, e individuo de su ilustre colegio, ca- 
tedrático de matemáticas en la Real y Pontificia Univer- 
sidad, del Consejo de S. M., su alcalde de corte honora- 
rio, y director del importante Cuerpo de Minería de este 
reino, escribió a un dependiente suyo D. Antonio de 
León y Gama”, El Museo Mexicano o miscelánea pinto- 
resca de amenidades curiosas e instructivas, 4 v., México, 
Ignacio Cumplido, 1844, v. 1v, p. 541, ils. Fechada el 6 de 
octubre de 1786. 

[ 120 ] Alzate, Asuntos varios sobre ciencias y artes, 
México, n. 7, 7 de diciembre de 1772, p. 55-56. 

[ 121 ] Valdés, “Elogio histórico...”, p. 162. 

[ 122 ] Chappe d'Auteroche, Voyage en Californie 
pour Pobservation du passage de Vénus sur le disque du 
Soleil, le 3 juin 1769. Contenant les observations de ce 
phénomene, et la description historique de la route de 
l'Auteur a travers le Mexique, comp. de M. de Cassini, 


París, Charles-Antoine Jombert, 1772, 170 p., ils. Hay 


290 


una edición inglesa de 1773. No se ha hecho todavía un 
buen estudio sobre este episodio tan importante para la 
historia de la ciencia en México. Existe un trabajo de 
Francisco Jiménez, “Pasos de Mercurio y Venus por el 
disco del sol, observados en México y California en 
1769”, Boletín de la Sociedad de Geografía y Estadística 
de la República Mexicana, México, 2a. época, t. 1, 1872, 
p. 94-105, que es un buen resumen. Más recientemente 
Berta Flores Salinas publicó un artículo: “El paso de 
Venus”, Historia Mexicana, México, v. 1x, n. 4, abril-ju- 
nio de 1960, p. 582-585, que se limita a glosar algunos 
de los comentarios de Chappe, pero tan lleno de malos 
entendidos que en algún momento habla del marqués 
de Santa Cruz refiriéndose al virrey Carlos Francisco de 
Croix. Más recientemente se han publicado trabajos que 
se ocupan del tema y se mencionan en la nota 45 del 
ensayo sobre la “Astronomía mexicana del siglo xvm” 


que aparece en este mismo volumen. 


[ 123 ] Sobre los instrumentos de Chappe y el uso 
que tuvieron en México hasta tiempos de Hum- 
boldt, véase, Manuel Maldonado Koerdell, “Algunos 
instrumentos científicos usados en México en el siglo 
xvm”, Memorias del primer coloquio mexicano de historia 


de la ciencia, 2 v., México, Sociedad Mexicana de Histo- 


291 


ria de la Ciencia y la Tecnología, v. n, p. 93-99, ils. Ro- 
berto Moreno, “Los instrumentos científicos del abate 
Chappe D'Auteroche”, Anales de la Sociedad Mexicana 
de Historia de la Ciencia y la Tecnología. México, n. 4, 


1974, p. 309-324. 


[ 124 ] Calendario dispuesto por D. Antonio de León y 
Gama, Oficial Mayor de uno de los Oficios de Cámara de 
la Real Hacienda [sic] de esta Corte. Para el Año de la 
Encarnación de el Verbo Divino de 1771. Tercero después 
de bissexto, México, Imprenta del Lic. D. Joseph de Jáu- 
regui [s. £.], 16 f, Medina, La imprenta en México (1539- 
1821), 8 v., Santiago de Chile, impreso en Casa del 
Autor, 1911-1912, facs., n. 5452. 


[ 125 ] Véase Aldo Mieli, José Babini y Desiderio 
Papp, Panorama general de historia de la ciencia, 12 v., 
Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1950-1961,v. vm, p. 52-54, 
ils. y maps. (Historia y Filosofía de la Ciencia, Serie 
Menor). 

[ 126 ] Citada en Valdés, “Elogio histórico...”, p. 160- 
161 y en casi todos los que siguieron. El original de esta 
carta fechada el 6 de mayo de 1773 se encuentra en la 
Biblioteca Nacional de París (véase el n. 3 de la biblio- 
grafía de León y Gama citada en la nota 6 de la presen- 


tación de este libro). 


292 


[ 127 ] Véase Santiago Ramírez, Datos para la historia 
del Colegio de Minería, recogidos y compilados bajo la 
forma de efemérides , México, Sociedad “Alzate”, 1890, 
496 p. También José Joaquín Izquierdo, La primera casa 
de las ciencias en México. El Real Seminario de Minería 
(1792-1811), México, Ediciones Ciencia, 1958, 272 p., ils. 

[ 128 ] José Antonio de Alzate, Descripción de las 
antigúedades de Xochicalco. Dedicada a los señores de la 
actual expedición marítima alrededor del orbe, México, 
Felipe Zúñiga y Ontiveros, 1791, [4]-24 p., p. 1. 

[ 129 ] El impreso italiano está en la obra del jesuita 
Pedro José Márquez, Due antichi monumenti de architte- 
tura messicana, Roma, Salomoni, 1804, 47 p., ils. Hay 
traducción al español. 

[ 130 ] Antonio de León y Gama, Descripción ortho- 
gráfica universal del eclipse de sol del día 24 de junio de 
1778, dedicada al señor don Joaquín Velázquez de León 
del Consejo de S. M., su Alcalde de Corte honorario en 
esta Real Audiencia y Director general del importante 
Cuerpo de la Minería del Reino de Nueva España , Méxi- 
co, Imprenta Nueva Matritense de D. Felipe de Zúñiga y 
Ontiveros, [10]-XXIV p., mapa. 

[ 131 ] Mariano Veytia, Historia del origen de las gen- 


tes que poblaron la América Septentrional que llaman la 


293 


Nueva España, con noticia de los primeros que establecie- 
ron la monarquía que en ella floreció de la nación tolteca 
y noticias que alcanzaron de la creación del mundo, Ma- 
nuscrito original en la Colección Muñoz de la Real Aca- 
demia de la Historia de Madrid. En México quedó, por 
lo menos, una copia que tuvo en sus manos nuestro 
autor. Posiblemente de esa copia se hizo la edición que 
F. Ortega publicó con el título resumido de Historia an- 
tigua de México, 3 v., Imprenta a cargo de Juan Ojeda, 


1836, ils. 


[ 132 ] Francisco Javier Clavijero, Storia antica del 
Messico, cavata da” migliori storici spagnuoli e da” ma- 
noscritti, e dalle pitture antiche degl, indiani: divisa in 
dieci libri, e corredata di carte geografiche, e di varié fi- 
gure; e disertazioni sulla terra, sugli animali, e sugli abi- 
tatori del Messico, 4 v., Cesena, Georgio Biasini, 1780, 
ils. 

[ 133 ] José Flores, Específico nuevamente descubierto 
en el Reyno de Goatemala para la curación radical del 
horrible mal de cancro y otros más frecuentes. (Experi- 
mentado ya favorablemente en esta capital de México) , 
México, Imprenta de Felipe de Zúñiga y Ontiveros, 
1782, [2]-16 p. 


[ 134 ] José Vicente García de la Vega, Discurso crítico 


294 


que sobre el uso de las lagartijas, como específico contra 
muchas enfermedades produjo [...], México, Imprenta de 
D. Felipe de Zúñiga y Ontiveros, 1782, [6]-28 p. 

[ 135 ] Antonio de León y Gama, Instrucción sobre el 
remedio de las lagartijas nuevamente descubierto para la 
curación del cancro y otras enfermedades, que para su se- 
guro uso dedica a esta nobilísima y excelentísima ciudad 
de México don Antonio de León y Gama, nativo y vezino 
de ella, México, Imprenta de D. Felipe de Zúñiga y Onti- 
veros, 1782, [4]-60 p. 

[ 136 ] Manuel Antonio Moreno y Alejo Ramón Sán- 
chez, Carta apologética de las reflexiones sobre el uso de 
las lagartijas , México, Imprenta del Br. Joseph Antonio 
de Hogal, 1782, [2]-XX p. 

[ 137 |] Antonio de León y Gama, Respuesta satisfacto- 
ria a la Carta apologética que escribieron el Lic. D. Ma- 
nuel Antonio Moreno y el Br. D. Alejo Ramón Sánchez: Y 
defensa contra la censura que en ella se hace de algunas 
proposiciones contenidas en la Instrucción sobre el reme- 
dio de las lagartijas, México, Felipe de Zúñiga y Ontive- 
ros, 1783, [8]-32 p., 128. 

[ 138 ] Moreno y Sánchez, Observaciones crítico-apo- 
logéticas sobre la Respuesta satisfactoria de D. Antonio de 


León y Gama, y la Instrucción sobre el remedio de las la- 


295 


gartijas del mismo autor, México, Imprenta Nueva Ma- 
drileña de los Herederos del Lic. D. Joseph de Jáuregui, 
1783, [10]-60 p. Gama escribió aún otro texto que quedó 
inédito (véase nota 215). Después de este escrito, las la- 
gartijas fueron dejadas en paz y en poco tiempo nadie 
se volvió a acordar de los pobres animales tan estima- 
dos y casi milagrosos, aunque en Europa fueron objeto 
también de sesudos papeles algún tiempo después. 

[ 139 ] Eugene Boban, Documents pour servir a l'histo- 
ire du Mexique. Catalogue raissoné de la collection de M. 
E. Eug ene Goupil (Ancienne collection $. M. A. Aubin). 
Manuscrits figuratifs et autres sur papier indig ene 
d'agave mexicana et sur papier européen anterieurs et 
posterieurs a la conquéte du Mexique (XVI « si ecle), 2 v., 
París, Ernest Leroux, 1891, 1, 319-327. 

[ 140 ] Gazeta de México, México, v. 1, n. 15, 28 de 
julio de 1784, p. 128. 

[ 141 ] Ibidem, n. 20, 6 de octubre de 1784, p. 166. 

[ 142 ] León y Gama, Carta al autor de la Gazeta, Mé- 
xico. Oficina de la Gazeta, 1785, 12 p. 

[ 143 ] Gazeta de México, México, t. 1, n. 28, 13 de fe- 
brero de 1787, p. 297-299. 


[ 144 ] León, “Carta que en elogio...”, p. 540. 


296 


[ 145 ] “Discurso sobre la luz septentrional que se vio 
en esta ciudad el día 14 de noviembre de 1789, entre 8 y 
9 de la noche”, Gazeta de México, México, t. m, n. 44-45, 


1 y 22 de diciembre de 1789, p. 432-435 y 444-447. 


[ 146 ] Ibidem, México, t. 1x, n. 28, 4 de marzo de 1799, 
p. 222. 


[ 147 ] Alzate publicó primero un artículo: “Noticia 
del meteoro observado en esta ciudad en la noche del 
día 14 del corriente”, Gazeta de Literatura, México, t. 1, 
n. 6, 19 de noviembre de 1789, p. 41-48, en que daba una 
somera noticia y descripción de la aurora boreal. Al 
aparecer la de León y Gama, publicó la “Carta del autor 
de la Gazeta de Literatura al anónimo que imprimió en 
las de México n. 44 y 45 un Discurso sobre la Aurora 
Boreal”, Gazeta de Literatura, México, t. 1, n. 13, 8 de 
marzo de 1790, p. 97-104. Ésta la escribió para rectificar 
los errores de la observación de León y Gama. 

[ 148 ] León y Gama, Disertación física sobre la mate- 
ria y formación de las auroras boreales que con ocasión 
de la que apareció en México y otros lugares de la Nueva 
España el día 14 de noviembre de 1789 escribió [...], Mé- 
xico, Felipe de Zúñiga y Ontiveros, 1790, 38 p. 

[ 149 ] Ibidem, p. 37. 


[ 150 ] “Novedad literaria. Disertación (nombrada) fí- 


297 


sica sobre la materia y formación de las Auroras Borea- 
les [...] por D. Antonio de León y Gama, etc.”, Gazeta de 
Literatura, México, t. 1, n. 24, 16 de agosto de 1790, p. 
196. 

[ 151 ] León y Gama, Disertación física..., p. 33-34. 
Transcrito más adelante. 

[ 152 ] Valdés, “Elogio histórico...”, p. 161. 

[ 153 ] Véase Justino Fernández, Tomás de Suria y su 
viaje con Malaspina, 1791, México, Librería de Porrúa 
Hermanos y Cía., 1939, 134 p., ils. y mapas. También su 
más reciente: “La expedición científica de Alejandro 
Malaspina 1789-1794”, Memorias del primer coloquio 
mexicano de historia de la ciencia , 2 v., México, Socie- 
dad Mexicana de Historia de la Ciencia y la Tecnología, 
1964, v. 1, 101-112. 

[ 154 ] Carta de Alejandro Malaspina al virrey Revilla 
Gigedo, México, 13 de abril de 1791, Archivo General 
de la Nación, Historia, v. 397, f. 249-250. 

[ 155 ] Carta del Virrey Revilla Gigedo a Malaspina, 
México, 13 de abril de 1791, Archivo General de la Na- 
ción, Historia, v. 397, f. 251. 

[ 156 ] Carta de Alejandro Malaspina al virrey Revilla 
Gigedo, Acapulco, 27 de abril de 1791, Archivo General 
de la Nación, Historia, v. 397, f. 269. 


298 


[ 157 ] Carta del Tribunal de Minería al virrey Revilla 
Gigedo, México, 16 de mayo de 1791, Archivo General 
de la Nación, Historia, v. 397, f. 285. 


[ 158 ] Archivo General de la Nación, Historia, v. 


397, f. 413. 


[ 159 ] Ramírez, Datos para la historia..., p. 86. 


[ 160 ] Idem. 


[ 161 


] 
] 
] Ibidem, p. 91. 
] 


[ 162 ] Ibidem, p. 103. 

[ 163 |] León y Gama, Descripción histórica y cronoló- 
gica de las dos piedras que con ocasión del nuevo empe- 
drado que se está formando en la plaza principal de Mé- 
xico, se hallaron en ella el año de 1790. Explicase el siste- 
ma de los Calendarios de los Indios, el método que tenían 
de dividir el tiempo y la corrección que hacían de él para 
igualar el año civil, de que usaban, con el año solar trópi- 
co. Noticia muy necesaria para la perfecta inteligencia de 
la segunda piedra: a que se añaden otras curiosas e ins- 
tructivas sobre la Mitología de los Mexicanos, sobre su 
Astronomía, y sobre los ritos y ceremonias que acostum- 
braban en tiempo de su gentilidad , México, Imprenta de 
Don Felipe de Zúñiga y Ontiveros, 1792 [4]-116 p. 


[ 164 ] Gaceta de Literatura, México, t. 1, 12 de junio 


299 


de 1792, n. 41. 


[ 165 ] Gazeta de México, México, t. v, 12 de junio de 
1792, n. 12, p. 124. Alzate aún hizo otra crítica en la Ga- 
zeta de Literatura, México, t. n, n. 43, 13 de junio de 
1792, 

[ 166 ] León y Gama, Descripción histórica..., 2a. ed., 
Za. parte, p. 128. 

[ 167 ] Ernest J. Burrus, “Clavigero and the Lost 
Sigienza y Góngora Manuscripts”, Estudios de Cultura 
Náhuatl, México, 1959, v. 1, p. 59-90. 

[ 168 ] Saggio dell”Astronomia, cronologia e mitologia 
degli antichi messicani. Opera di D. Antonio Leon e 
Gama tradotta dallo spagnuolo, e dedicata alla molto No- 
bile, Ilustre ed Imperiale citta di Messico , pról y trad. de 
Pedro José Márquez, Roma, Salomoni, 1804, XIV-184 p., 
ils. 

[ 169 ] León y Gama, “Carta a un amigo”, Gazeta de 
México, México, t. x, n. 34-36, 21 de abril de 1801, p. 267- 
288. 

[ 170 ] Burrus, “Clavigero and the Lost...”, p. 71. 

[ 171 ] Boban, Documents pour servir..., V. 1. 


[ 172 ] Se pueden consultar: Boban, ibidem, v. 1, p. 


319-327; Enrique Juan Palacios, “Los estudios históricos 


300 


arqueológicos de México. Su desarrollo a través de cua- 
tro siglos”, Boletín de la Secretaría de Educación Pública, 
México, t. vm, n. 9-11, 1929, p. 166-170. El más reciente 
es de Carlos R. Margáin, “Don Antonio de León y Gama 
(1735-1802). El primer arqueólogo mexicano. Análisis 
de su vida y obra”, Memorias del Primer Coloquio Mexi- 
cano de Historia de la Ciencia, 2 v., México, Sociedad 
Mexicana de Historia de la Ciencia y la Tecnología, 
1964, v. 1, p. 149-183, ils. Una buena ficha bibliográfica 
en Ernesto de la Torre Villar, Lecturas históricas mexica- 
nas, 4. v., México, Empresas Editoriales, 1966-1969, v. 1, 
p. 711. Obran en mi poder, por instancias del doctor 
Joaquín Galarza (a quien le manifiesto mi gratitud), co- 
pias de los manuscritos de León y Gama. Oportuna- 
mente daré a conocer su contenido. He publicado dos 
trabajos sobre su obra histórica: “La colección Boturini 
y las fuentes de la obra de Antonio de León y Gama”, 
Estudios de Cultura Náhuatl , México, v. 1x, 1971, p. 253- 
270; “La Historia antigua de México de Antonio de León 
y Gama”, Estudios de Historia Novohispana, México, v. 


vi, 1981, p. 49-78. 
[ 173 ] León y Gama, Disertación física..., p. 33-34. 


[ 174 ] León y Gama, Instrucción sobre el remedio..., p. 


45-46. 


301 


[ 175 ] León y Gama, Descripción histórica..., 2a. ed., 
la. parte, p. 87. 

[ 176 ] León y Gama, Disertación física..., p. 14-15. 

[ 177 ] Valdés, “Elogio histórico...”, v. x1, p. 158-159. 

[ 178 ] Alejandro de Humboldt, Ensayo político sobre 
el reino de la Nueva España , estudio preliminar, revi- 
sión del texto, cotejos, notas y anexos de Juan A. Orte- 
ga y Medina, México, Editorial Porrúa, 1966, CLXXV- 
696 p. 82-83, ils. y maps. (Colección “Sepan cuántos...”, 
n. 39). 

[ 179 ] Referencia algo oscura que debe ser a Alzate, 
quien en 1768 elaboró el Nuevo mapa geográfico de la 
América Septentrional , publicado en París, con base en 
el de Sigúenza. Tal vez se refiera a algún otro. 

[ 180 ] León y Gama, Descripción orthográphica... de- 
dicatoria. Véase la edición facsimilar con nota de Elías 
Trabulse en Anuario de Humanidades, Universidad Ibe- 
roamericana, 1975, v. m, p. 199-260. 

[ 181 ] Gazeta de México, México, v. u, n. 28, 13 de fe- 
brero de 1787, p. 297-298. 

[ 182 ] Alzate, Gazeta de Literatura , México, v. 1, n. 6, 
19 de noviembre de 1789, p. 41-43. Alzate comenta que 


empezó a observar el fenómeno desde las ocho y media 


302 


y que, resistiéndose al principio a creer que era una au- 
rora boreal, creyó que se trataba de un incendio en la 
Villa de Guadalupe, en San Juanico o en San Cristóbal. 
Convencido a la postre de la verdad, se dedicó a hacer 
la observación. Describe a continuación la forma que 
presentó el fenómeno y termina explicando que los te- 
mores del vulgo proceden de la ignorancia y tranquili- 
zando con la noticia de que las auroras tienen causas 
naturales. 


[ 183 ] León y Gama, “Discurso sobre la luz...”. 


] 
[ 184 ] Ibidem, p. 432-433. 
[ 185 ] Idem. 
[ 186 ] Ibidem, p. 433. 


[ 187 |] Gazeta de Literatura, México, v. u, n. 13, 8 de 


marzo de 1790, p. 97-104. 
[ 188 ] Ibidem, p. 97. 
[ 189 ] Ibidem, p. 103-104. 
[ 190 ] León y Gama, Disertación..., p. 1. 
[ 191 ] Ibidem, p. 1-2. 
[ 192 ] Ibidem, p. 6. 
[ 193 ] Ibidem, p. 14. 
[ 194 ] Ibidem , p. 15. Véase Manuel Maldonado- 


Koerdell, “Observaciones astronómicas en México a 


303 


fines del siglo xvm”, Anuario del Observatorio Astronómi- 
co Nacional para el año de 1970, México, Universidad 
Nacional Autónoma de México, Instituto de Astrono- 
mía, 1969, 266 p., p. 257-268, ils. y maps. Maldonado 
hace un somero e importante balance de la obra astro- 
nómica de nuestro autor. 

[ 195 ] León y Gama, “Carta a un amigo...”, p. 267- 
268. 

[ 196 ] Ibidem, p. 287. 

[ 197 ] Carta al autor de la Gazeta... . 

[ 198 ] Agradezco a nuestro historiador de la medici- 
na Germán Somolinos D'Ardois la gentileza que tuvo 
de revisar estos originales, así como sus pertinentes 


orientaciones. 

[ 199 ] Véase Carlos Martínez Durán, Las ciencias mé- 
dicas en Guatemala . Origen y evolución , 3a. ed., Guate- 
mala, Editorial Universitaria, 1964, 710 p., p. 359 y si- 
guientes, ils. 

[ 200 ] Flores, Específico nuevamente descubierto..., La 
la. edición es guatemalteca. 

[ 201 ] Ibidem, p. 8-10. 

[ 202 ] León y Gama, Instrucción sobre el remedio..., 


p. 1. 


304 


[ 203 ] Ibidem, p. 1-2. 

[ 204 ] Ibidem , p. 4. Gama, en la fecha de este escrito 
(1782), conocía el extracto de Nardo Antonio Recco y la 
edición romana de 1681. La vasta e importante obra de 
Francisco Hernández pudo ya lograr una edición com- 
pleta y definitiva en la Universidad de México. Muchos 
autores se han ocupado del famoso protomédico, pero 
ha sido la labor constante de Germán Somolinos la que 
ha reconstruido todas las peripecias del autor y la obra. 
Pueden consultarse, para no dar más que dos fichas, su 
“Bibliografía del Dr. Francisco Hernández, humanista 
del siglo xv”, Revista Interamericana de Bibliografía, 
Washington, v. vn, n. 1, 1957, p. 1-76 y el más amplio 
Vida y obra de Francisco Hernández, Francisco Hernán- 
dez, Obras completas, 4 v., México, Universidad Nacio- 
nal Autónoma de México, 1960, v. 1, p. 95-459, apéndice 
B, “Bibliografía Hernandina”, p. 392-440. 

[ 205 ] Dado que en México se encuentra una gran 
cantidad de especies de diversos géneros de lagartijas — 
ninguno de los cuales es venenoso— sólo cabe la conje- 
tura de que Gama se haga eco de la idea vulgar de que 
hay lagartijas venenosas (las llamadas cuijas, por ejem- 
plo) o se refiera al escorpión. 


[ 206 ] León y Gama, Instrucción sobre el remedio..., p. 


305 


1: 

[ 207 ] Naturalmente, los lacértidos, como la mayor 
parte de los reptiles, son ovíparos. 

[ 208 ] Ibidem, p. 18-22. 

[ 209 ] Ibidem, p. 22-23. 

[ 210 ] Ibidem, p. 28. 
[ 211 ] Ibidem, p. 33-59. 
[ 212 ] Moreno y Sánchez, Carta apologética.... 
[213 ] 
go. 


[ 214 ] Moreno y Sánchez, Observaciones crítico-apo- 


León y Gama, Respuesta satisfactoria..., prólo- 


logéticas..., censura. 


[ 215 ] “*Carta/que sobre las Observaciones Crítico- 
apolo-/géticas del Lic. D Manuel Antonio/Moreno y Br. 
D. Alejo Ra-/món Sánchez/escribía a un Amigo/D. An- 
tonio de León y Gama. 135 f Biblioteca Bancroft”. 
Agradezco muy cumplidamente al historiador mexica- 
nista Michael M. Mathes el haber puesto en mis manos 
este texto de Gama que yo desconocía al tiempo del en- 
sayo publicado en el Boletín del Instituto de Investigacio- 


nes Bibliográficas. 


[ 216 ] Recientemente el investigador Ignacio Osorio 


me proporcionó el inventario de los libros de Gama. Se 


306 


publica en el texto “La biblioteca de Antonio de León y 
Gama”, en Roberto Moreno, Ensayos de bibliografía me- 
xicana. Autores, libros, imprenta, bibliotecas. Primera 
serie, México, Universidad Nacional Autónoma de Mé- 
xico, Instituto de Investigaciones Bibliográficas (en 
prensa). 

[ 217 ] Santiago Ramírez, Datos para la historia del 
Colegio de Minería, recogidos y compilados en forma de 
efemérides (1890), México, Imprenta del Gobierno 1892, 
496 p. Edición facsimilar: México, Sociedad de Exalum- 
nos de la Facultad de Ingeniería, 1982. 

[ 218 ] Walter Howe, The Mining Guild of New Spain 
and its Tribunal General, 1770-1821, 2a. ed., New York, 
Greenwood Press, 1968, XVI-534 p., maps. 

[ 219 ] José Joaquín Izquierdo, La primera casa de las 
ciencias en México. El Real Seminario de Minería (1792- 
1811), México, Ediciones Ciencia, 1958, 272 p., ils. 

[ 220 ] ac, México, 2240. 

[ 221 ] Existe en el Archivo General de la Nación de 
México. En otra oportunidad daré cuenta de ella, así 


como de otros inventos suyos. 


[ 222 ] Se encuentran en la Biblioteca Nacional de 
México, ms. 1511-1514. Describí la obra en: “Catálogo 


de los manuscritos científicos de la Biblioteca Nacio- 


307 


nal”, Boletín del Instituto de Investigaciones Bibliográfi- 


cas, México, n. 1, enero-junio de 1969, p. 61-103. 


[ 223 ] Archivo del Tribunal de Minería, México, n. 
5914. 


[ 224 ] [N. del E.] Abajo de esta cabeza aparece testa- 
do lo siguiente: “Ya están hechos los nombramientos y 
por tanto no se da curso a esta instancia”. 

[ 225 ] Este artículo, cuya única finalidad es la divul- 
gación, resume parte de los trabajos emprendidos en el 
Seminario de Historia de la Ciencia en México de la 
Universidad Ibero Americana. Debo hacer constar, 
pues, mi gratitud al Licenciado Tarsicio García, director 
de la Carrera de Historia en esa institución, por las faci- 
lidades y apoyo que dio en todo momento al seminario. 
El doctor Germán Somolinos D'Ardois revisó los origi- 
nales e hizo muchas atinadas sugerencias, por lo que le 
hago público mi agradecimiento. 

[ 226 ] El amplio conocimiento que actualmente se 
tiene sobre la vida y la obra de Francisco Hernández y 
su influencia posterior en México proviene de una serie 
continuada de investigaciones realizadas por varios es- 
pecialistas, principalmente Germán Somolinos D'Ar- 
dois, a cuyos trabajos remito. Véanse las Obras comple- 


tas del doctor Hernández, 8 v., México, Universidad Na- 


308 


cional Autónoma de México, 1960-1984, v. 1. Esta edi- 
ción traduce la llamada matritense latina de Gómez Or- 
tega, 3 v., Madrid, Ibarra, 1790. El propio Somolinos se- 
ñaló ya la influencia de Hernández en fray Juan Nava- 
rro en un catálogo ilustrado de algunas obras médicas 
expuestas en la Biblioteca Nacional: “Antiguos libros 
mexicanos de medicina”, La Prensa Médica Mexicana, 
año XXXIV, n. 7-8, julio-agosto de 1969, p. 311-372; da 
la descripción general y reproduce la portada. 

[ 227 ] Hernández, Obras completas, v. 1, 3, lib. 1, cap. 
VIL A esta edición se hace referencia en lo sucesivo. 

[ 228 ] Navarro, Historia natural o Jardín ameri- 
cano, f. 219 v. 

[ 229 |] Hernández, Obras completas..., v. 1, 1, lib. 1, 
cap Il. 

[ 230 ] Navarro, Historia natural..., f. 243 v. 

[ 231 ] Navarro, ibidem, f. 193 v. 

[ 232 ] Hernández, Obras completas..., n. 46-47, lib. 
2, Cap. L 

[ 233 ] Hernández, ibidem, n. 80, lib. 2, cap. VIII. 

[ 234 ] Quatro libros de la naturaleza y virtudes de las 
plantas y animales que están recibidos en el uso de la me- 


dicina en la Nueva España y la méthodo y corrección y 


309 


preparación que para administrarlas se requiere con lo 
que el doctor Francisco Hernández escribió en lengua lati- 
na. Muy útil para todo género de gente que vive en estan- 
cias y pueblos do no hay médicos ni botica. Traducido y 
aumentado con muchos simples y compuestos y otros mu- 
chos secretos curativos, trad. Francisco Ximénez, México, 
Viuda de Diego López Dávalos, 1615, 203 f. 

[ 235 ] Ibidem, f. 59 r. 

[ 236 ] Navarro, Historia natural..., f. 200 v. 

[ 237 ] Beristáin anota dos fray Juan Navarro, nin- 
guno de los cuales puede ser el que nos interesa. José 
María Zelaa e Hidalgo en sus Glorias de Querétaro, Mé- 
xico, Zúñiga y Ontiveros, 1803 [16], 136 p. no menciona 
a Navarro; tampoco en sus Adiciones, México, Arizpe, 
1810. 

[ 238 ] Recientemente se ha puesto en duda la impor- 
tancia del endeudamiento en las tiendas de raya como 
recurso central de la explotación de los peones. 
Véase Edith Boortein Couturier, La hacienda de Hueya- 
pan, 1550-1936 , México, Secretaría de Educación Públi- 
ca, 1976, p. 190-192. 

[ 239 ] Gastón García Cantú, El socialismo en México. 


Siglo xrx, México, Ediciones Era, 1969. 


[ 240 ] John M. Hart, Los anarquistas mexicanos, 1860- 


310 


1900, México, Secretaría de Educación Pública, 1974. 


[ 241 ] Francisco 1. Madero, La sucesión presidencial 
en 1910, la. ed., San Pedro Coahuila, 1908; 2a. ed., 1909; 
3a. ed., 1910. 


[ 242 ] Andrés Molina Enríquez, Los grandes proble- 
mas nacionales, México, A. Carranza e Hijos, 1909. 

[ 243 ] James Creelman, “Presidente Díaz Hero of the 
Americas”, Pearson's Magazine, t. xix, n. 3, , marzo de 


1908, p. 231-277. 


[ 244 ] El plan de Madero y los documentos más im- 
portantes de la Revolución pueden verse en Manuel 
González Ramírez (ed.), Fuentes para la historia de la Re- 
volución mexicana, 5 v., México, Fondo de Cultura Eco- 
nómica; y en particular el v. 1: Planes políticos y otros do- 
cumentos. Son también del mayor interés los Documen- 
tos históricos de la Revolución Mexicana publicados por 
Isidro Fabela y Josefina E. de Fabela, 27 v., México, Jus. 

[ 245 ] Richard Román, Ideología y clase en la Revolu- 
ción mexicana. La Convención y el Congreso Constitu- 
yente, México, Secretaría de Educación Pública, 1976. 

[ 246 ] Ante la imposibilidad de mencionar siquiera 
las obras más importantes sobre la historia de la Revo- 
lución, me limito a citar las de uso común entre los es- 


tudiosos mexicanos: Jesús Silva Herzog, Breve historia 


311 


de la Revolución Mexicana, Ta. ed., 2 v., México, Fondo 
de Cultura Económica, 1973; Manuel González Ramírez, 
La revolución social de México, 3 v., México, Fondo de 
Cultura Económica, 1974. Un resumen lleno de suge- 
rencias es el de Jean Meyer, La Revolución mexicana 
1910-1940, Madrid, Dopesa, 1973. Sobre la ideología el 
más comprensivo trabajo es el de Arnaldo Córdova, La 
ideología de la Revolución mexicana. La formación del 
nuevo régimen, México, Ediciones Era, 1973. Es muy útil 
el trabajo de Eugenia Meyer, “Índice bibliográfico de li- 
bros norteamericanos sobre la Revolución mexicana”, 
Anales del Instituto Nacional de Antropología e Histo- 
ria, t. xix, 1966, p. 205-278. 


[ 247 |] Manuel González Ramírez (ed.), Manifiestos 
políticos (1892-1912), México, Fondo de Cultura Econó- 
mica, 1957, p. 5. Véase el reciente trabajo de Charles A. 
Hale, “Scientific Politics* and the Continuity of Libera- 
lism in México, 1867-1910”, Dos revoluciones: México y 
los Estados Unidos, México, Fomento Cultural Banamex, 
1976, p. 149-152: 

[ 248 ] Sobre el positivismo mexicano es abundante 
la literatura, pero toda reconoce como punto de partida 
la obra de Leopoldo Zea recogida en el libro El positivis- 


mo en México. Nacimiento, apogeo y decadencia, México, 


312 


Fondo de Cultura Económica, 1968. Véase también la 
antología de Abelardo Villegas, Positivismo y porfirismo, 
México, Secretaría de Educación Pública, 1972. Recien- 
temente se ha intentado una revisión de las tesis de Zea 
proponiendo que el positivismo no fue la filosofía polí- 
tica oficial de Díaz y que sí lo fue el “cientificismo” 
como tesis de que todos los objetos pueden compren- 
derse científicamente: William D. Raat, El Positivismo 
durante el porfiriato, México, Secretaría de Educación 


Pública, 1975. 


[ 249 ] Roberto Moreno, “México”, The Comparative 
Reception of Darwinism, Thomas F. Glick (ed.), Austin, 
University of Texas Press, 1974, p. 346-374; La polémica 
del darwinismo en México. Siglo xix. Testimonios, México, 
Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto 
de Investigaciones Históricas, 1984, 386 p., ils. (Serie de 


Historia de la Ciencia y la Tecnología, D. 

[ 250 ] Alfonso Reyes, “Pasado inmediato”, Conferen- 
cias del Ateneo de la Juventud, ed. Juan Hernández 
Luna, México, Universidad Nacional Autónoma de Mé- 
xico, 1962, p..195, 

[251] Ibidem, p. 195-196. 

[ 252 ] Justo Sierra (dir.), México: su evolución so- 


cial, 3. v., México, J. Ballescá y Compañía 1901. 


313 


[ 253 ] Porfirio Parra, “La ciencia en México”, México: 


su evolución social, n. 422. 
[ 254 ] Ibidem, 1, 424. 
[ 255 ] Ibidem, n, 425. El subrayado es mío. 


[ 256 ] Ibidem, n, p. 426. 


[ 257 ] Ibidem, u, p. 427. 


[ 259 ] Ibidem, 1, p. 460. 


[ 260 ] Ibidem, n, p. 446. 


[ 261 


] 
] 
] 
] 
[ 258 ] Ibidem, n, p. 458. 
] 
] 
] Ibidem, u, p. 461. 
] 


[ 262 ] Ibidem, n, p. 463. El subrayado es mío. 


[ 263 ] Véase la recopilación de Hernández Luna cit. 
de la nota 250 y el trabajo de Martín Quirarte, Gabino 
Barreda, Justo Sierra y el Ateneo de la Juventud, México, 
Universidad Nacional Autónoma de México, 1970. 

[ 264 ] Hernández Luna, op. cit., 9. 

[ 265 ] Alfonso Reyes, “Pasado inmediato...”, p. 196- 
197 

[ 266 ] Agustín Yáñez, Don Justo Sierra, su vida, sus 
ideas y su obra, 2a. ed., México, Universidad Nacional 
Autónoma de México; 1962. Edmundo 0O'Gorman, 
“Justo Sierra y los orígenes de la Universidad de México 


1910”, Seis estudios históricos de tema mexicano, Xalapa, 


314 


Universidad Veracruzana, 1960, p. 145-201. 
[ 267 ] Alfonso Reyes, “Pasado inmediato...”, p. 210. 


[ 268 ] Justo Sierra, Discurso pronunciado por [...] en 
la inauguración de la Universidad Nacional, México, Im- 
prenta de Manuel León Sánchez, 1910, p. 33. 

[ 269 ] Molina Enríquez, Los grandes proble- 
mas..., cap. IV. Véase James L. Hamon y Stephen R. 
Niblo, Precursores de la revolución agraria en México. Las 
obras de Wistano Luis Orozco y Andrés Molina Enríquez, 
México, Secretaría de Educación Pública, 1975, p. 67- 


127. 


[ 270 ] Madero, La sucesión presidencial..., 3a. ed., p. 
221-222. 


[ 271 ] Ricardo Flores Magón, Antología, introd. y se- 
lección de Gonzalo Aguirre Beltrán, México, Universi- 
dad Nacional Autónoma de México, 1970, p. 37. 

[ 272 ] Román, Ideología y clase..., p. 72. 

[ 273 ] Bernardo García, “La Comisión Geográfico- 
Exploradora”, Historia Mexicana, t. xxw, n.4 1975, p. 485- 
555. Véase también Carlos Sáenz de la Calzada, “La Co- 
misión Geográfico-Exploradora”, Anales de la Sociedad 
Mexicana de Historia de la Ciencia y la Tecnología, 1969, 


v. 1 p. 49-62. 


315 


[ 274 ] Enrique Beltrán, Medio siglo de ciencia mexica- 
na 1900-1950, México, Secretaría de Educación Pública, 


1952. 


[ 275 ] Alberto Barajas, “La investigación físico-mate- 
mática”, México: cincuenta años de revolución, México, 


Fondo de Cultura Económica, 1962, v. 1, p. 169-190. 


[ 276 ] Idem. Fernando Orozco D., “La química”, Mé- 
xico y la cultura, 2a. ed., México, Secretaría de Educa- 
ción Pública, 1961, p. 791-815; Manuel Sandoval Valla- 
ría, “El desarrollo de la física”, ibidem, p. 1169-1178. 

[ 277 ] Domingo Taboada R., “Observatorio astronó- 
mico”, Anales de la Sociedad Mexicana de Historia de la 
Ciencia y la Tecnología , 1969, V. 1, p. 21-39; Ernesto Do- 
mínguez, “Servicio y observatorio meteorológicos”, ibi- 
dem, p. 41-48; Barajas,”La investigación físico-matemá- 
tica...”, p. 185-187. 

[ 278 ] Guillermo P. Salas, “Instituto de Geología”, 
Anales de la Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencia 


y la Tecnología, 1969, V. 1, p. 5-20. 
[ 279 ] Beltrán, Medio siglo de ciencia... mexicana. 


[ 280 ] Enrique Beltrán, “El primer centenario de la 
Sociedad Mexicana de Historia Natural (1868-1968)”, 
Revista de la Sociedad Mexicana de Historia Natural, v. 


xxx, 1968, p. MI-169. Del mismo autor: “La Dirección de 


316 


Estudios Biológicos de la Secretaría de Fomento y el 
Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autó- 
noma”, Anales de la Sociedad Mexicana de Historia de la 
Ciencia y la Tecnología, 1969, V. 1, p. 105-141; “Instituto 
Biotécnico (1934-1940) de la Secretaría de Agricultura y 
Fomento” , ibidem, p. 163-183. También los trabajos de 
Isaac Ochoterena, “La biología”, México y la cultura..., p. 
817-839; Ignacio González Guzmán, “Biología médica” , 
ibidem, p. 915-938. 

[ 281 ] Eusebio Dávalos Hurtado, “La antropología”, 


México: cincuenta años de Revolución..., v. ww, p. 205-238. 


[ 282 ] Enrique Beltrán, Medio siglo de ciencia mexica- 


na. 
[ 283 ] Idem. 


[ 284 ] Eli de Gortari, La ciencia en la historia de Mé- 


xico, México, Fondo de Cultura Económica, 1963, p. 357. 


[ 285 ] Marcos Moshinsky, “Ciencia en México a la 
altura de las mejores”, Excélsior, n. 20279, 30 de sep- 


tiembre de 1972, p. 7-9. 


[ 286 ] Para ver cómo juzgan los científicos contem- 
poráneos la ciencia emanada de la Revolución es intere- 
sante la recopilación de Luis Cañedo y Luis Estrada 
(eds.), La ciencia en México, México, Fondo de Cultura 


Económica, 1976. En particular el destacado ensayo de 


317 


Ruy Pérez Tamayo, “Ciencia, paciencia y conciencia en 


México”, p. 26-42. 


318 


CONTENIDO 

Cubierta 

Descripción 

Aviso legal 

Dedicatoria 

Presentación 

I. DE PLINIO Y LA HISTORIA NATURAL EN 
NUEVA ESPAÑA 

II. ASPECTOS DE LA TECNOLOGÍA EN LA 
COLONIA NOVOHISPANA 


TM. ASTRONOMÍA MEXICANA DEL SIGLO XVIH 
Continuidad 
Los eventos astronómicos 
Varios 
Consideraciones finales 
Tabla de astrónomos o practicantes de la 


astronomía 
IV. EL MÉDICO JOSÉ IGNACIO BARTOLACHE 
1739-1790 
V. ANTONIO DE LEÓN Y GAMA 1735-1802 
León y Gama y su obra 
Escritos astronómicos y matemáticos 
Escritos médicos 
VI. FRANCISCO ANTONIO BATALLER, 
CATEDRÁTICO DE FÍSICA EN EL SEMINARIO DE 
MINERÍA 
Documentos 


VII. LA HISTORIA NATURAL O JARDÍN 
AMERICANO DE FRAY JUAN NAVARRO, 1801 


319 


Índice de las plantas del Jardín de América 
VIH. CIENCIA Y REVOLUCIÓN MEXICANA 

La Revolución mexicana 

La oligarquía “científica” 

La ciencia positivista 

La revolución del espíritu 

Las instituciones y las disciplinas científicas 


Conclusión 
RELACIÓN DE TABLAS 
RELACIÓN DE IMÁGENES 
NOTAS 
CONTENIDO 


320 


ÍNDICE 


Descripción pe 
Aviso legal 3 
Dedicatoria 8 
Presentación 5 
I. DE PLINIO Y LA HISTORIA NATURAL EN 9 
NUEVA ESPANA 
II. ASPECTOS DE LA TECNOLOGÍA EN LA 30 
COLONIA NOVOHISPANA 
III. ASTRONOMÍA MEXICANA DEL SIGLO 
42 
XVIII 
Continuidad 44 
Los eventos astronómicos 68 
Varios 74 
Consideraciones finales 77 


Tabla de astrónomos o practicantes de la astronomía 78 
IV. EL MÉDICO JOSÉ IGNACIO BARTOLA- 
CHE 1739-1790 


V. ANTONIO DE LEÓN Y GAMA 1735-1802 115 


80 


León y Gama y su obra 116 
Escritos astronómicos y matemáticos 116 
Escritos médicos 116 


VL FRANCISCO ANTONIO BATALLER, CA- 
TEDRÁTICO DE FÍSICA EN EL SEMINARIO 1692 
DE MINERÍA 


321 


VIL LA HISTORIA NATURAL O JARDÍN 
AMERICANO DE FRAY JUAN NAVARRO, — 184 
1801 


Índice de las plantas del jardín de América 185 
VIII. CIENCIA Y REVOLUCIÓN MEXICANA 229 
La Revolución Mexicana 230 
La oligarquía “científica” 235 
La ciencia positivista 238 
La revolución del espíritu 243 
Las instituciones y las disciplinas científicas 248 
Conclusión 259 
RELACIÓN DE TABLAS 261 
RELACIÓN DE IMÁGENES 262 
NOTAS 267 


322